NO SOY DUEÑO DE INUYASHA
LOS COMENTARIOS FUERON GENIALES. GRACIAS
ME PIDIERON UN LEMMON DE MI HIJO AKIRA DANAKA?
SON TERRIBLES. Y YO SOY PEOR, PORQUE LES DOY LOS GUSTOS JAJA.
ADVERTENCIA: ESTE CAPÍTULO CONTIENE LIMÓN PICANTE, PERO NECESARIO PARA LA HISTORIA, SI BIEN NO ES DE LA PAREJA PRINCIPAL, RESPONDE A PEDIDOS DE ALGUNOS LECTORES, LES RECOMIENDO A LOS QUE NO LES GUSTA, SALTEARLO Y ESPERAR AL SIGUIENTE. TRATARE DE ACTUALIZAR RÁPIDO.
CAPITULO 82
Kibò lloraba desconsoladamente, Inuyasha no comprendía.
Si él le había dicho que era a ella a quien él quería, las lágrimas por qué? Simplemente porque ella había pensado que lo había perdido.
Que él tenía intenciones de unirse con otra, y a pesar de estar herida, lo animó a luchar por esa hembra fuera quien fuera.
Luego él, la sorprendería con la nueva de ser su elegida. Tanto tiempo lejos de él, sus miedos, sus luchas, su sentido del deber, todo conspiraba para alejarlos. Ella no estaba segura de poder corresponder a sus intenciones de apareamiento, debido a sus deberes. Sólo le salió eso, llorar sus frustraciones en los brazos del ser que más amaba.
-"Kibò, por qué lloras?"
-"Yo sólo estoy feliz, eso es todo"
Inuyasha acarició su cabello, levantó el rostro de la joven hembra y la besó, apenas, suavemente, ella se puso tensa pero decidió que quería probar más, esa acción le hacía sentir mariposas revoloteando en el vientre…Oh tan delicioso y tan placentero…
Como Inuyasha no pretendía soltarla, ni dejarla ir, ella simplemente se aferró al haori azul del inu mestizo. Mientras exploraban sus bocas con apetito, ella se apartó para verlo a los ojos, rojos apenas, pero su mitad demonio estaba allí. Kibò estaba feliz para los youkai, si la bestia o demonio interior no se presenta durante las situaciones íntimas entre cortejantes, simplemente significa que no hay deseo, ni afecto.
-"Tu respuesta?"
-"Sí, mil veces sí!"
En el lobby del hotel, las parejas miraban los techos altísimos, las enormes lámparas con caireles de cristal, las alfombras y cortinas, el lujo los rodeaba.
-"Oh! Qué luminoso es. Y qué bellamente decorado, parece un palacio"
-"Bienvenidos al hotel Silver Moon, mi nombre es Kaoru en qué puedo servirles?
-"Mmmm. Nos han regalado una estadía…"
-"Tienen reservaciones?"
Gran problema, ellos no preguntaron. Noriko intentaría con su propio apellido
-"¿Higurashi?"
-"Por supuesto, Higurashi por dos"
-"Eh…. sí, claro"
La mujer llamó al botones y le indicó que los llevara a sus habitaciones, Danaka les dio un momento complicado para subir al ascensor, pero finalmente accedió. Una vez allí comenzaron el ascenso, el artefacto subía por fuera y sus paredes eran transparentes, se veía la ciudad completa desde sus posiciones. Estaban admirados y sin habla. Noriko se preguntaba de dónde Souta podría haber sacado tanto dinero como para pagar menudo regalito. Tal vez mañana le preguntaría, solo tal vez.
Esta es la habitación de los Señores Higurashi Miroku, por aquí.
Entraron, estaban muy asombrados de los muebles y artefactos que había en la habitación, el botones salió con los demás y les mostró su habitación al final del pasillo.
-"Higurashi, Akira"
En ese piso sólo había dos habitaciones. Noriko y Danaka una vez dentro de la suite, comenzaron a revisar todo. El tigre preguntaba acerca de lo que a él le pareciera extraño, Noriko disfrutaba de explicarle de qué se trataba y para qué servía. Como youkai hábil que siempre fue y muy inteligente además, enseguida se familiarizaba con todas las cosas.
-"Sería bueno tomar un baño después de tanto trajín, no crees Akira San?"
-"Sería agradable, Noriko San"
Se asomaron al baño y quedaron con las bocas abiertas, era inmenso, su grifería dorada, una bañera ancha, cómoda, con yacuzzi, rodeada de rocas, lo que se asemejaba a una laguna, ducha amplia, todo decorado con plantas selváticas, las paredes de un hermoso y profundo color verde azulado, espejos enormes. Sentían que estaban en un sueño.
Luego en la sala de la habitación, lujos por doquier, pieles en la cama, bebidas a elección, frutas y diversas carnes crudas y postres, alimentos gourmet, cocidos y preparados para los seres humanos. Acaso sabrían que Danaka era youkai, no deberían, su collar de subyugación ocultaba las características más fuertes de su apariencia.
No importaba, él se acomodó en un sofá enorme, se quitó las sandalias, realmente disfrutaba caminar descalzo en estas alfombras, le recordaban a su habitación en el palacio de la luna.
-"Tomaré un baño ahora Akira san"
Él solo la miró y sonrió levemente. Es tan distinto, una hembra humana, una mujer, es tan diferente. Si fuese una hembra youkai estaría luchando por el dominio, rasgando sus ropas, doblegando su espíritu hasta hacerla someterse a él como su macho y alfa de su pareja.
Sesshomaru había sido terminante en eso, "no hay manera de que una mujer resista un apareamiento youkai tradicional."
Aunque él sabía que La Dama de Occidente lo había hecho, era una mujer fuerte, entrenada y poderosa Miko además, pero él conocía el valor y la entereza de su madre, suponía que Noriko era más que capaz de enfrentar el ritual, y de disfrutarlo también.
Pero habría de esperar, explicarle del ritual, sabía que ella estaba preocupada ahora, podía oler la incertidumbre y los nervios de su esposa…Esposa que extraño sonaba, miraba el anillo de su dedo, totalmente sin sentido para el mundo que él conocía, pero para el mundo ningen él era el esposo de Noriko y esa era la marca de su unión.
De pronto comprendió, los humanos no marcan a sus parejas, ¿cómo podrían si no tienen colmillos, sino dientes romos, inútiles para cazar, comer carne cruda o defenderse y la manera de ello para demostrar a los demás que se tiene una pareja era con una joya, un anillo o argolla.
Tomaría el recaudo de observar a los humanos antes de regresar al pasado, el hotel estaba lleno, seguramente habría algunos emparejados, más bien "casados" para mirar sus manos en busca del pequeño elemento, y enorgullecerse del suyo .
Sí, hoy tenía una pareja.
Una humana que entró en su corazón ganando su admiración, por su entereza, su valentía, su belleza tan clara, su cuerpo hermoso y la dulzura de su trato para con él.
Se encontró cansado de la guerra, la lucha, Náraku, la muerte. La muerte asolando a los ningen, apartándolos de sus seres queridos implacablemente. Acaso ella…
No. No lo permitiría.
Él alargaría su vida para estar juntos todos los siglos por venir. Sí, definitivamente se aparearía de la manera tradicional, él le alargaría la vida a esa hermosa y valiente onna que se encontraba con él en esa habitación y ahora tomaba un baño, era suya, su esposa y su pareja.
La duda una vez más, Sesshomaru había dicho…Tal vez sería más seguro el camino de los ningen. Si debía adoptar el ritual humano, por ella lo haría, estaba más que dispuesto a descubrir cuán distintas eran la hembras humanas de las youkai y pensaba disfrutar todo el proceso, pero no descartaba intentar aparearse.
Una sonrisa perversa surgió de su siempre seria expresión. Tan valiente, tan hermosa…La amaba…la deseaba….Tanto.
Noriko llenó la laguna yacuzzi, fue llevando sus cosas para ponerse cómoda. Su corazón parecía que se saldría de su pecho.
"No pienses, Noriko, no pienses"
Se repetía en su mente. Hacía tantos años que no estaba con un hombre, y menos aún jamás había estado con un youkai. Sus pensamientos vagaban a su hija, al amor inmenso del que Sesshomaru había demostrado ser capaz, cuánto necesitaba que ese tipo de amor tocara a su puerta y ahora…Se sentía en las nubes, un hermoso macho torayoukai, esperaba por ella en la otra habitación. Su vida a partir de hoy sería distinta llena de amor y con un ser que prometía protegerla y amarla toda la vida.
Una vez llena la tina, vertió sales aromáticas, se quitó su atuendo y se metió en el agua. La experiencia más placentera y relajante, las aguas masajeando su cuerpo, ella estaba en el cielo. Echaba su cabeza hacia atrás apoyándola en el borde sobre una toalla, su cuerpo sumergido hasta las costillas, en el agua cálida y perfumada.
En la otra habitación, los humanos investigaban a su manera también, estaban admirados de los adelantos técnicos y prácticos de los humanos de este tiempo, perdidos en un programa de televisión se ponían al corriente gracias a los comerciales de propagandas. Eran como niños corriendo cortinas, espiando aquí y allá, tocando botones y descubriendo sus utilidades.
Sango muy intrigada, se asomó al baño, increíble, cómo a alguien se le puede ocurrir tener ese trozo de paraíso en su propia casa. Admiraba interiormente a quien se le hubiese ocurrido decorar la habitación de esa manera. El baño estaba decorado al estilo japonés, tradicional, en los colores blanco, negro y rojo, las puertas shogi, y los bastidores, las pinturas finas y las toallas y los aceites y esencias. Una gran tina entre cortinas y pinturas delicadas, tan extraña, esa bañera tenía agujeros dentro una botonera que indicaba ya…cuzzi ¿Qué será?
Ella optó por lo más sencillo, solo utilizaría la ducha, era más agradable para ella, no tener miedo de desmayarse flotando como en un onsen.
Miroku por su parte se quitó la ropa y se colocó la yukata del hotel, abrió la puerta del freezer y encontró toda clase de bebidas y postres.
La elección fue sencilla, fresas cubiertas de chocolate, dos copas hermosas de cristal y una botella verde con etiqueta negra, que dice champa…?gne, o lo que sea.
Con sus delicias elegidas se dirigió a la gran sala, se sentó en la mullida alfombra y esperó a que Sango apareciera. Su corazón parecía latir en su garganta, no podía quitarse la charla de sake de esta mañana.
Afortunadamente, Sango no traía su hiraikotsu. La convicción de que moriría en manos de su amada lo estaba torturando, masticando una fresa mantenía la mirada fija en la puerta del baño. En seguida una diosa apareció vestida con una yukata rosa muy sensual, era una visión etérea, su corazón de nuevo atascado en su garganta, era tan hermosa, él sintió que no volvería a ver a Sango con los mismos ojos nunca más.
Danaka por su parte, caminó lentamente al baño. Una vez allí se maravilló con el cuerpo desnudo de su esposa humana. Todo parecía estar diseñado para él, oh! Cuánto disfrutaría descubrir los secretos que guardaba esa hermosa hembra frente a él.
Se quitó la ropa, y el rosario de subyugación, sus marcas youkai a la vista en toda su gloria. Sus ojos recorrían los rasgos de la mujer, el cuello, los labios carnosos, sus pechos, los montículos rosados…
" Mmmm. Pezones."
El ombligo un pocito, misterioso.
"Hermoso."
La hombría del enorme macho se balanceaba hambrienta de su mujer deliciosa.
Noriko suspiraba relajada, cuando sintió, que el agua se movía en pequeñas olas, abrió los ojos y se encontró cara a cara con un youkai tigre desnudo, muy mojado con todo su cabello tirado hacia atrás y los ojos verdes fijos en ella, la sensual sonrisa mostraba la punta de los colmillos.
-"Ven"
Ella lo miró sorprendida, él la trajo hacia sí, apoyó la espalda de la mujer contra su pecho musculoso, ella recostó la cabeza una vez más, pero en el hombro del tora.
Danaka tomó la esponja y la llenó de jabón. Con suavidad fue acariciando el cuerpo de su hembra con la espumosa esponja, le preocupaba la incomodidad de Noriko, por lo que decidió que lo mejor sería conocerse ayudados por el acto de asearse mutuamente, un acto muy íntimo entre los youkai de todas las especies.
A los tigres les fascina el agua, casi todas sus actividades sociales que realizan, tienen que ver con el agua. El amor y la pareja no eran la excepción.
Ella respiraba relajada, el tigre rozaba la piel con la esponja y las garras, muy suavemente. Resbalando por el pecho de Noriko, enjabonando y cubriendo con espuma el vientre, las piernas, la entrepierna de la mujer jadeante entre sus brazos. La bestia clavando las garras en el piso de su mente. El momento más erótico.
Danaka dejó la esponja a un lado y comenzó a recorrer el cuerpo de su esposa con las manos. Las espuma le hacía cosquillas al resbalar por la piel, acunaba ahora los pechos de Noriko mientras besaba su cuello, lamía y mordía suavemente, la oreja, la mandíbula y el hombro dejando chupetones.
Tomaba los pezones entre sus dedos, los estimulaba, presionaba los senos de la hembra fascinado por sus reacciones, continuando con los besos, ronroneando bajo, ella muy excitada se arqueaba disfrutando de sus caricias, él sonreía, las hembras humanas realmente eran un espectáculo para disfrutar, continuó ronroneando, las vibraciones en la espalda de Noriko recorriendo su espina dorsal, ella sentía su cuerpo estremecerse con los sonidos. Eran los sonidos de apareamiento de los youkai tigre, los sentidos de la hembra se disparaban y el aroma a excitación lo volvía loco, lentamente la dio vuelta y ahora la sentó a horcajadas, mirándolo a los ojos. Tiraba de sus cabellos cortos exponiendo el hombro derecho, amando la manera de responder de su mujer.
-"Me deseas?"
Ella aturdida asintió
-"No tienes miedo?"
-"Un Poco, pero a lo distinto, no a ti. Mi hija es la pareja de un Daiyoukai, he vivido los últimos años rodeada de youkai, no tengo miedo Mi Señor"
Ella muy dulcemente acariciaba las marcas negras del rostro del tigre, su piel era clara, pálida, contrastaba en gran medida con sus rayas oscuras y sus ojos irisados. Recorría el cabello mojado, largo que caía hacia atrás de la espalda ancha y musculosa, luego lo besaba suavemente, tímidamente, como ella recordaba, ser besada con amor.
Sonriendo Danaka arrastraba los colmillos por la columna del cuello de su dama. Sus respiraciones, demasiado calientes
-"Deberías temer Mi Señora, mi bestia lucha por liberarse y poseerte"
-" Déjala salir entonces"
-"No deseo lastimarte, haremos esto a la manera humana"
-"Akira san, yo te amo y quiero ser tu pareja, con todo lo que eso implica, un poco de daño pasional no está mal, yo sé que no me lastimarías, demasiado"
-"Pero un apareamiento…"
-"Es lo que yo deseo. Las dos ceremonias, las dos uniones, Yo sé que el apareamiento debe ser la primera noche, no me rechaces…Acaso soy tan indigna de tu marca?..."
Los ojos verdes del tigre se abrieron, no esperaba que ella tomara su cuidado como un rechazo, él no sabía cómo resultaría todo esto, quería hacer las cosas de manera correcta o lo mejor que pudiera, si la bestia se hacía cargo, no sabía lo que sucedería.
Poco de su control quedaba, sentía el amor y el deseo que su bestia estaba experimentando por ella desde la primera vez que la vio.
La mirada cristalina de la onna , dejaba entrever unas lágrimas semi-ocultas. Ella las escondía, agachando la mirada. El tora levantó su rostro y besó sus labios, sintiéndose más atrevido agarró sus cabello y atrajo su cara hacia la de él, pegándola a su pecho, sintiendo en la piel los latidos de su corazón desbocado.
-"Novecientos ochenta"
-"Mmmm?"
Lamía el cuello y dejaba pequeños besos en los pechos de la mujer
-"Los años que he vivido sin una pareja, porque no había nadie digno para mi bestia y para mi"
Ella entendió su manera de explicarle que en casi un milenio no había encontrado una hembra youkai o humana que fuera suficientemente digna de sus atenciones hasta ella.
Noriko respondió a sus cariños, ella con la experiencia que tenía, que no era demasiada, se animó a expresarse con su macho, tironeando de sus labios en un beso, mordisqueando su mandíbula, él ronroneaba en aceptación a su argumento, no se podía decir que era exactamente romántico, pero Danaka era muy masculino y sabía demostrar cuando sentía amor o afecto hacia alguien. Se quedó mirándola unos instantes. La atrajo hacia él y la abrazó tiernamente.
-"Mi pequeña onna, Mía"
Lamía su cuello con su lengua áspera.
Ella se atrevió a tocarlo una vez más, besaba sus labios, él abrió la boca y con su lengua inundó a Noriko que respiraba extasiada. Recorría la espalda de su macho con las manos enjabonadas. Trazaba las rayas de su cuerpo, él jadeaba, y cerraba los ojos. La curiosa mujer besaba los pectorales y las manos del youkai succionando todos sus dedos, abriendo los ojos Danaka la miró besar sus manos.
Muy excitado, introdujo un dedo en la boca de Noriko. Ella mantuvo su mirada fija en él, mientras lamió el dedo, lo succionó y luego lo mordió, fuerte.
El tigre retiró el dedo con rapidez y sonriendo. Ella era todo lo que a él más le gustaba.
-"No me tientes mujer, soy youkai después de todo, un depredador"
Se puso de pie, la levantó con facilidad y la llevó a la cama, depositándola sobre las pieles, mojados como estaban separó las piernas de la mujer y llevó su boca a su sexo lamiendo y explorando, familiarizándose con su aroma, su sabor, su piel. El apéndice flexible y abrasivo, provocaba fuertes gemidos de la hembra, el tigre la sostenía en su lugar, reprimiendo sus impulsos de arquearse. Separaba los pliegues y observaba la carne dulce que se abría frente a él. Con su garra exploraba y acariciaba todo lo que veía. Noriko gemía agarrando las sábanas en puño. Encontrándose muy atraído por la pequeña protuberancia, esa de la gloria, se dedicó a estimularla de todas las maneras posibles
-"Deliciosa…"
Ella se retorcía desesperada. El tora la mantenía quieta, soportando sus caricias, llevándola al clímax una y otra vez.
-"A-akira, yo… te deseo"
El macho la miró, los ojos de la hembra estaban húmedos y su rostro jadeante, su instinto se disparó, tuvo que sostener a su bestia, que rugía desesperada y sin esperar más se colocó en su entrada y la fue invadiendo lentamente. Sentía la dificultad para penetrarla, pero era un deleite absoluto, esta mujer estaba llevándolo a límite entre el cielo y el infierno.
Para ella el gran tamaño del macho le hacía sentir cada milímetro ganado hacia su interior. Placer puro y sensual. Ella agarraba los cabellos del tigre, acercándolo a su boca. Él se movía lentamente al principio pero luego los lamentos de la hembra cambiaron a gemidos placenteros y el tigre aceleró sus embestidas haciéndolas más profundas. El aroma a sexo en el aire y los jadeos de la mujer, casi liberaron a la bestia que exigía su marca. Aferrada con las uñas a los fuertes brazos del macho ardiente que se movía entre sus piernas
-"Grita mi nombre mujer, hazme saber lo que te place"
La sola voz penetrante del tigre la hizo estallar de placer una vez más. El sonido de su voz llamándolo desesperadamente.
Inmediatamente Danaka la dio vuelta, levantó las caderas de Noriko, la penetró desde atrás una vez más.
Él no tenía más control sobre su bestia. El apareamiento tendría lugar y no había vuelta atrás. Danaka se retorcía con el placer que su hembra le daba, él devolvía en justa medida y la bestia clamaba su participación, él también la amaba. Los dos que eran uno jadeaban y se hundían en la suave carne de la mujer seductora que gemía de deleite pasional. Mientras se acercaba a su propio orgasmo, la tomaba con sus manos y sus garras se clavaban en sus caderas redondeadas, moviéndose rápido y profundamente dentro de ella, a medida que los sonidos de placer de su hembra se hicieron oír. El tigre dejó fluir su youki sobre ella, tomándola de los cabellos tiró para exponer su garganta a un lado, puso su boca sobre el hombro derecho y casi llegando a la nuca, mordió.
Noriko gritó presa del dolor y del placer, era la marca, él la había marcado! La emoción de sentir su youki correr por sus células, la conexión inmediata con su macho, el orgasmo interminable…Era increíble.
El momento transcurrió mágicamente, las embestidas del tigre cesaron enterrándose muy dentro de la hembra, alcanzando ambos su liberación dulce y espasmódica.
Intentando relajarse, y no agotar a su mujer, Danaka la recostó en la cama sin salir de ella, se quedaron uno junto al otro abrazados jadeando por unos momentos hasta que pudieron hablar
-"Cómo…Te sientes…"
-"Feliz y muy bien"
-"Fue de tu agrado? No te lastimé?"
-"En ningún momento me lastimaste y Sí, me agradó mucho…Y tú?"
-"He disfrutado cada instante"
Ella sonrió. Él la besó
-"Ore no onna"
-"Hai, solo tuya"
Sango tímidamente se dirigió hacia la sala para sentarse en la alfombra junto a su marido. En la mañana, las mujeres, habían comprado la lencería especial para esta noche.
Ella no comprendía el objeto de ello, pero Kagome y Noriko le explicaron que era como envolver un preciado obsequio, que su esposo adoraría desenvolver, y si la envoltura fuese sensual, mucho mejor.
Sango comprendió y eligió un camisolín de seda rosa, con pequeños dibujos en violeta muy corto, hermoso, sus cabellos sueltos y mojados caían a su espalda y unos mechones sobre su hombro izquierdo. Fue a sentarse en seiza frente al monje desesperado, que le ofrecía una fresa en la boca, con la mano temblando.
-"Dis…frutaste de tu baño?"
-"Ahá. Mmmm"
Ella la mordió, el jugo corrió por la comisura de su boca, Miroku no resistió y se acercó a Sango. Lentamente la atrajo hacia su rostro, lamió lentamente la barbilla y el labio inferior aprovechando el sabor de la frutilla; La rodeo con sus brazos y la besó.
Ella tensa al principio pero luego separó sus labios para recibir a la intrusa carnosa y caliente que exploraba su dulce boca lamiendo y rozando el interior sacándole unos gemidos que hicieron al monje acercarse más. Colocándose de rodillas frente a ella también en seiza, fue avanzando sobre la mujer sonrojada y temblorosa
-"Eres tan hermosa…"
Suavemente él la recostó sobre los almohadones en la alfombra, profundizando su beso, ella respiraba con dificultad.
Él se apartó unos momentos. Ella tenía la mirada brillante, sus mejillas rojas y sus labios carnosos mojados por el beso, Sango se veía tan sexy, que no creía estar despierto
-"Pellízcame"
-"Houshi?"
-"Dime que no eres un sueño"
La joven sonrojada, sonrió apenas visible
-"Estoy aquí, Miroku Sama, a tu lado"
Miroku la besaba por toda la boca, el cuello, los hombros, Sango respiraba jadeando, ella se animó a mover sus manos sobre el cuerpo de su esposo. Al rozarle la entrepierna con su cadera Miroku siseó, ella pensó que hacía algo mal y cesó sus caricias.
-"Hice algo mal? Lo siento"
-"No, no mi amor. Estoy muy excitado y me es difícil contenerme, sólo fue un reflejo de placer"
Ella sonreía ante la dulzura de Miroku. Oh ese hombre hacía que su cuerpo gritara por él.
Miroku se quitó su yukata, ella lo miró completamente desnudo, los ojos viajeros se posaron en la virilidad del hombre, la madre de Kagome tenía razón, Miroku tenía sus atributos masculinos bastante grandes.
Ella inspiró, en sus ojos había pasión y amor, pero también temor. El monje se dio cuenta y entonces tomo las manos de sango, las colocó en su pecho, con una sonrisa sexy
-"Tócame, yo te amo y te deseo Sango y quiero sentir que me deseas también."
Ella se sintió más relajada.
A medida que descubría los secretos de la piel de su esposo, la mujer se tranquilizaba.
Miroku se recostó a su lado. Apoyado en un codo, suavemente mientras ella lo acariciaba, él tocaba la misma parte de su cuerpo. Se familiarizó con cada parte, cada rincón, cada lunar, solo su mano derecha permanecía cubierta y envuelta en un rosario. Ella continuaba acariciándolo y a medida que sus toques se hacían más atrevidos, él los imitaba.
Besando y lamiendo, succionando y apenas mordiendo, de a poco el monje sentía que iba a desmayarse de pasión, Sango gemía y rasguñaba los costados de Miroku.
Él muy delicadamente le quitó el camisolín y se quedó mirándola, la saliva se juntaba en su boca. Kami era tan hermosa. Y a partir de hoy, solamente suya.
El hombre fue luego recorriendo su cuerpo con su dedo índice, el rostro, la mandíbula, penetraba los ojos de la mujer con su mirada violeta, intensa, pasaba su dedo por el valle entre los senos, Sango inspiró, él sonrió, abrió sus manos para tomar y acariciar un pecho y luego otro, los pezones se endurecían, Miroku se acercó y los tomó con su boca, dulcemente y con suavidad, uno a uno recibieron su atención experta y delicada.
Ella arqueaba la espalda, Miroku apenas sonrió, continuó bajando ahora solo con la mano, mantenía su atención en los pechos abundantes de su esposa, pasando de uno al otro y regresando. La ropa interior moderna era tan sexy, la suavidad de la seda y la sensualidad del diseño, merecían su atención completa. Tomándose su tiempo, deslizaba la delicada prenda por sus largas piernas. Su mano viajera encontró el lugar secreto reservado sólo para él. Ella le tomó la mano para detenerlo. Él la miró por un momento, ella respiraba agitada y estaba insegura, él continuó sus atenciones pero viéndola a los ojos.
-" Te amo tanto…"
Ella acarició su rostro, se besaron profundamente, Sango se relajaba y acariciaba el cuerpo de Miroku, de pronto todas las vivencias y momentos trágicos y bellos que pasaron juntos le recordaban el amor incondicional del que era capaz ese monje, el monje pervertido que la estaba pervirtiendo con su amor. Interiormente, se rió, no había nadie más en este mundo al que le permitiera pervertirla. Sango bajó las manos al trasero redondeado de su macho humano. Miroku saltó un poco por la sorpresa, ahora los ojos de Sango estaban brillantes y eufóricos
-"Te amo tanto Miroku"
Esa voz excitada y temblorosa le provocó la más erótica sensación.
Sumergió la boca en la de ella, batallando por amor, sacando jadeos necesitados, ella lo atraía hacia su cuerpo, sus pechos, agarraba sus cabellos con fuerza.
Él se encontró resbalando sus dedos entre dos pliegues redondeados y cálidos, acariciando la "puerta a la gloria", su amigo carnoso y pequeño que lo saludaba con los gemidos más dulces que escuchó jamás, ella era tan receptiva y tan sensible, lentamente fue besando su vientre, hasta besar la cadera, el muslo y con su boca llegar a su sexo. Ella se turbó un poco, pero él le susurraba palabras de amor, dulcemente la lengua del monje recorrió toda la carne húmeda de la exterminadora indefensa ante sus asaltos eróticos, mientras succionaba la pequeña perla escondida arrancando los gemidos más sensuales que había oído jamás. Su miembro estaba siendo atormentado por la mano exploradora de la mujer que en un arranque de valentía decidió darle placer a su amado esposo, sin pensar en la vergüenza nunca más. Miroku estaba al borde de la desesperación
-"Miroku, siento calor en el vientre…"
-"Relájate mi amor, yo te amaré, te daré placer, te haré mía con todo el amor que puedo"
El monje besaba, mordisqueaba, acariciaba cada punto sensible de Sango, ella jadeaba y gemía, Miroku sentía que ella estaba cerca de tener su primer orgasmo con él, eso lo emocionaba, el primero de toda una vida de placer juntos. Regresando la boca a sus pechos, lamió y succionó los pezones, manteniendo el ritmo constante de sus caricias entre las piernas en su punto de placer. Pastoreando con sus hábiles dedos, se debatía entre penetrar y masajear, haría las dos cosas.
La lucha de los dedos contra la estrechez de la onna, le quitaba el aliento, ella era muy ajustada, debería tener mucho cuidado.
Sus atenciones a entrar y salir rítmicamente sacaban música de la atormentada mujer. Y así, con desesperación, Sango gimió y se aferró a los hombros de Miroku
-"Mírame, mi amor"
Ella hizo lo que pudo, para mirarlo. Su cuerpo se contorsionaba de placer, sus gritos llenaron la habitación, se besaban con deseo más allá de las palabras, ella era golpeada por el clímax y las lágrimas rodaron por sus mejillas.
Miroku sentía el orgullo crecer en su pecho, él había sido el primero en darle placer a su hermosa mujer.
El monje se puso de pie y levantó a Sango para llevarla alzando hasta la cama, con cuidado la recostó, puso su boca en el cuello de la joven, besaba, todo el cuerpo. Sin perderla de vista, él se colocaba entre las piernas de ella. Sango temblaba de excitación, intentaba acariciar el vientre del monje. Él no lo permitiría, al menos hasta terminar con lo que hacía tanto tiempo deseaba hacer. Pero ella tenía otros planes, lentamente fue recostando a Miroku.
Él intentaba resistir pero ella lo miró con temor en su rostro. Él era suyo tanto como ella era de él, por qué se resistía?.
Él vio la decepción en sus ojos, entonces se recostó y trajo a su mujer cerca suyo, ella besó los hombros del monje , recorrió con su lengua todo lo que le pareció delicioso, el monje gemía en voz alta, no podía controlarse. Jamás se había perdido en las caricias de una mujer, Sango sacaba una parte de él que ni él mismo conocía. La amaba, y se lo demostraría.
Ella se detuvo frente su sexo. Grande, palpitante, le llamaba a probar. Y lo hizo, mientras ella llevó su miembro a la boca, lo succionó y lo lamió, Miroku se aferró a las sábanas, hundía los talones en la cama, su cabeza hacia atrás, jadeaba descontroladamente, ella se movió arriba y abajo perdida de pasión, y cuando el monje la detuvo lo miró desconcertada
-"Quiero llegar, pero dentro tuyo"
Se levantó, la recostó y se posicionó entre sus piernas
-"Yo te amo…Mi hermosa esposa"
Lentamente fue empujando, pero sin detenerse, ella se retorcía y mordía su labio inferior, Miroku sentía tantas ganas, pero debía resistir el impulso de hundirse en ella. Su estrechez lo apretaba demasiado.
Sango gemía dolorosamente, enterraba las uñas en la espalda del monje adolorido que mantenía la presión, adentrándose de a poco hasta llegar al fondo del camino. La sangre cubría sus sexos. Caliente, resbalosa.
Cuando ella suspiró, el joven comenzó a moverse lentamente pero en profundidad, ella fue aflojando sus rasguños, el dolor iba cediéndole espacio al placer. La danza de los amantes se realizaba dulcemente llevándolos al éxtasis más exquisito, rasguñando el clímax Miroku aceleraba el ritmo de sus penetraciones, Sango gritaba su nombre y tiraba de sus cabellos, lo que debía ser dolor era estímulo para continuar, sujetando los tobillos de su mujer, el monje se hundía y se hundía en la carne virginal de la hembra, el orgasmo los atrapó entre gritos y algunas lágrimas, simplemente maravilloso…
Cuando se sintió bajar un poco, salió de ella y recostándose frente a frente, entre caricias y besos, se susurraban palabras de amor. Gracias a los dioses la noche recién comenzaba. Las horas transcurrían entre gemidos y placeres, las parejas de enamorados, perdidos en las caricias no tuvieron más conciencia del mundo exterior.
En el Lobby un teléfono sonaba
-"Hotel Silver Moon, Buenas Noches"
-"Señorita Kaoru"
-" Señor Taisho"
-"Los novios han llegado ya?"
-"Sí, Mi Lord. Todo va según lo esperado"
-"Hn. Gracias Kaoru"
-"A sus órdenes, Sesshomaru Sama…"
Del otro lado de la línea, sentado en un sillón de cuero marrón se encontraba sentado un InuDaiyoukai de unos mil trescientos años, entre las penumbras de su despacho, sosteniendo una copa de sake, se debatía entre el sentido del honor y el deber o la necesidad de venganza y la tristeza.
-"Mañana regresarán… Mañana…"
-"Hn."
