NO SOY DUEÑO DE INUYASHA
LOS COMENTARIOS FUERON GENIALES. GRACIAS
MUCHAS GRACIAS POR SU APOYO. ES MUY IMPORTANTE.
MIL DISCULPAS POR LOS ERRORES.
GRACIAS PAME30 . AL PARECER LA PÁGINA TRADUCE Y RETRADUCE LOS TEXTOS, POR LO QUE TU ME HAS HECHO VER, APARECEN INNUMERABLES ERRORES ORTOGRÁFICOS Y DE SEPARACIONES. LAMENTABLEMENTE HABRÁ QUE ACOSTUMBRARSE. YO REVISO TRES O CUATRO VECES ANTES DE PUBLICAR. OBVIO ALGO SE ME PUEDE ESCAPAR.
A TODOS LO QUE COMENTAN LES CUENTO QUE SIGO TRABAJANDO EN SUS SOLICITUDES. Y ME ALEGRA CUANDO LA PAGINA ME AVISA QUE HAY UN NUEVO COMENTARIO. MARIPOSAS EN MI ESTÓMAGO.
AHRG GRACIAS POR TUS PALABRAS. JAJA NO TEMAS LA MALDAD NO ME ALCANZA PARA TANTO. TEN PACIENCIA.
ABRAZO.
CAPITULO 85
Inuyasha se paseaba por el despacho en un estado de irritación profunda, Sesshomaru debía estar de regreso en la madrugada pero aún, nada. Rin como hija de Occidente y Kouga como Señor del Norte, lo representaban en las reuniones matutinas del día de hoy, Sesshomaru debía presidir el almuerzo y encargarse de las reuniones posteriores, pero no había llegado aún. El humor del mestizo era de los peores que le conocían en los meses en que residía en palacio. Los sirvientes se mantenían a su alrededor, sirviéndole alimentos, té caliente o alguna colación o refrigerios a lo largo de toda la mañana. Para peor, el general auxiliar, youkai oso se mantenía adherido a él, como si fuera su sombra lo que irritaba sobremanera a Inuyasha. Había guardias todo alrededor de él, en los pasillos, fuera de su dormitorio, en su terraza, y el poderoso semi-demonio estaba abrumado y su estado de ánimo era pésimo, con pronóstico de ir de mal en peor.
La única cosa que le significaba relajación, paz y felicidad era la presencia de Kibò, a su lado todo el tiempo. Estaba muy emocionado de que su cortejada lo acompañara en todo lo que emprendiera, desayunaron juntos, entrenaron temprano en la plaza de armas, juntos, bebían té juntos, Inuyasha era feliz. Pero su cara, su ánimo y su malhumor constante, parecían demostrar todo lo contrario.
-"Mi Lord, acaso eres infeliz por algún motivo?"
-"Lo único que me alegra el día eres tú Kibò"
-"Qué te sucede Inuyasha Sama?"
-"Estoy cansado de ser perseguido por la guardia, todo el tiempo estoy rodeado de sirvientes y funcionarios de Sesshomaru, falta que me alimenten en la boca, estoy harto…"
Kibò, por supuesto estaba pegada a su amado. Y también Rin, Kouga, la guardia, todo el palacio del Oeste.
-"Encima culo Sama ni piensa en cumplir su parte del trato y aparecer antes de la medianoche…Maldito hijo de puta"
Esta sería la noche pico de la luna negra, Inuyasha cambiaría a humano, y su debilidad se hacía notar desde el día anterior, el palacio estaba completamente lleno de youkai, de todas clases y posturas políticas. Inuyasha estaba a cargo de las negociaciones, lo cual era una bendición después de todo, debido a que gracias a su mal genio controlaba bastante bien la situación. Le tenían más que respeto, pero esta noche todo cambiaría y no era algo que los visitantes debieran presenciar. Seguramente no reconocerían la autoridad de un humano, para presidir las negociaciones y podrían aprovecharse de la situación para dañar a Inuyasha y así debilitar al Oeste, pero Sesshomaru había acordado regresar el día antes de la luna nueva. No sabía aún que la pre-revolución gestada por Náraku, estallaría en el Occidente y su hermano tendría que lidiar con ella. Hasta que Danaka llegó a él con las noticias, las cosas iban tranquilas y mejorando para todos. Pero… El tiempo se estaba acabando, la maldad estaba cobrando aliados, si él no regresaba pronto, la guerra sería el resultado más obvio a la hora de defender posiciones políticas. No había tiempo, Inuyasha sabía. En realidad eso era lo que lo tenía como loco, y si, en parte la debilidad humana de la que formaría parte en breves horas cuando en el cielo, la oscuridad sea quien reine y no la luna.
En la cabaña de Kaede, el grupo analizaba las palabras de la anciana y de Kanna. No había más remedio que comenzar con la reorganización y preparación de la resistencia. Parte de los aliados estaban ya en el Oeste, pero sin una preparación adecuada, Náraku sería capaz de penetrar las barreras y causar mucho daño. Cosa que ni Sesshomaru, ni Kagome iban a permitir. Si bien la joven Miko estaba agotada por el embarazo, ella tenía planeado participar de la batalla, qué lugar más seguro para ella y el cachorro que junto a su alfa en todo momento. Las nuevas parejas se sentían muy afectadas por la inminencia de una guerra, la información dada por Kanna hablaba de ataques y reyertas a lo largo y ancho de Japón. Ellos decidieron emparejarse para aprovechar todo el tiempo posible para estar juntos, ya fuera mucho o poco, antes de que algo sucediera y no fuera del todo agradable. Sesshomaru era un Daiyoukai muy poderoso y antiguo, en su larga vida había visto muchas cosas y luchado un sinfín de batallas, su experiencia lo hacía un extraordinario estratega, basándose en ello diagramaba las actividades del palacio y de la manada. Ésta, Su manada, no era la excepción. En ella estaban los seres que más cerca a su propia familia consideraba. Por lo que debía funcionar mejor que la del castillo de la Luna. Él veía la manada completa, como si fueran círculos concéntricos girando a su alrededor, él era el centro y el círculo más cercano era su manada de humanos. De esa manera contemplaba la manada del Oeste, la casa del Oeste, en su totalidad y a la vez, las identificaba en sus distintos círculos a medida que se iban integrando. Esperaba que las demás manadas aliadas se unieran para hacer una masa de leales para repeler a Náraku y asegurar la victoria. Por el momento debía llegar a casa. Las mujeres se mantenían cerca unas de otras y al pendiente de Kagome, los machos estudiaban estrategias, hacían guardia, proveían y protegían, en líneas generales la manada multirracial era una célula muy funcional y ordenada
Lo que según Sesshomaru era la base para una buena defensa. Teniendo en mente los pasos a seguir en Occidente, se preparó para regresar.
-"Sesshomaru?"
Kagome abría los ojos luego de dormir unas tres horas. El despliegue de poder del que habían sido testigos le había drenado la energía casi por completo. Sesshomaru se encargaría de trasladarla alzando a todas partes. Por ahora mantendría bajo su poder hasta llegar al palacio y analizar los eventos ocurridos e idear una manera de poder manejarlos mejor, no iba a arriesgar la salud de su hembra y su cachorro. Para ello llevaría consigo a Kaede, nunca se sabe cuándo se necesite calmar sus energías sagradas. Kikyo y Miroku eran muy fuertes, pero él necesitaría al monje luchando a su lado y además confiaba más en la experiencia de la anciana, ni muerto permitiría dejar a Kagome y a su heredero a cargo de Kikyo.
Su cachorro…Las comisuras de la boca se elevaban dibujando una cálida y casi imperceptible sonrisa. El pequeño o pequeña lo había desafiado, defendiendo a su madre. Él había sentido el poder atravesarle la carne. El orgullo lo inundaba de una manera increíble. En ese mundo redondo y cálido se gestaba el Futuro Idaina Daiyoukai, sabía que su padre estaría orgulloso también, Sesshomaru estaba agradecido a la vida de haber comprendido la nobleza de los seres humanos y descubrir el verdadero poder y la fuerza de los mestizos, que en vez de rebajar las razas puras, combinaban lo mejor de ambas, creando un ser perfectamente equilibrado, justamente medido y completamente capaz de obtener las mejores características de las razas youkai y humana. El problema radicaba en lograr que los youkai ortodoxos abrieran los ojos, comprendieran esa realidad y la aceptaran. Menuda tarea. Sesshomaru suspiraba, la tozudez de ellos sería la puerta por donde Náraku ingresaría. Tenía que hacer algo. Sin perder más tiempo, reunió a la manada y partieron hacia el Oeste.
************************EN EL CASTILLO DE NÁRAKU******************************
-"Y tú de dónde vienes?"
Kanna hizo caso omiso al exabrupto de Byakuya de los sueños, caminó a través de la habitación y desapareció detrás de la puerta principal.
-"Esa maldita mocosa! La detesto!"
Moryomaru y Kagura, observaban a la joven alejarse sin decir palabra.
-"Déjala Byakuya, después de todo es nuestra hermana"
-"Suya, no mía…Yo tenía a mi hermano Hakudoshi, ustedes no son nada para mí."
Akago ingresaba a la habitación y se sentaba junto a Byakuya
-"Y entonces qué demonios haces aquí? Vete, busca tu camino, cuál es el sentido de luchar, si no nos consideras parte de nada. Ah! Lo olvidaba…Le tienes pavor a Náraku verdad?"
Ofuscado Moryomaru se levantó, caminó hacia el ventanal y se arrojó al vacío, más lejos se vio su figura volando hacia las montañas.
-"Y quién no le teme a Náraku…"
-"Mmm."
Kagura los miró y respondió
-"El Señor del Oeste"
La miraron con incredulidad, realmente había dicho eso? Sí. Y al parecer por el mutismo de todos, sabían que era verdad
-"Náraku le teme a la sangre de Inu no Taisho, eso es porque sabe que pueden acabar con él, ¿Han pensado en eso alguna vez?"
Ninguno dijo nada…Lo habían pensado, claro que lo habían hecho. No era algo de lo que iban a hablar abiertamente, pero sí lo habían tomado presente, y en el fondo también, se habían preguntado cómo sería vivir en libertad, atendiendo sus propios asuntos y no obedeciendo planes descabellados arriesgando sus vidas para salvarle el culo a otro, ni más ni menos, a Náraku.
-"Ésta vez, Náraku se recluyó casi dos días antes de la luna negra, no comprendo por qué"
Akago se puso de pie y caminó hacia la chimenea y arrojó un leño para luego atizar el fuego
-"Pretende lograr un gran cambio en su ser"
-"¿Cambio?"
-"En su cuerpo dices?"
El youkai de apariencia infantil, asintió y continuó
-"Él pretende fortalecerse en la luna negra, en lugar de debilitarse, está usando la energía pura de todos los sagrados que consumió durante estas últimas lunas, su sangre y sus poderes se incrementan de manera diferente dependiendo la fase lunar que atraviesen, pero jamás se debilitan. Náraku encontró la manera de sacar provecho de eso, y aplicarlo en su cuerpo para ser invencible"
En el sótano del castillo la masa informe de carne y despojos, latía rítmicamente mientras se iba transformando en el nuevo Náraku, mejorado, poderoso y demoníaco, Estaba desesperado de ganas de poder demostrarle a los Taisho especialmente a Sesshomaru el nuevo poder del que era dueño. Dentro de la decrépita crisálida, la conciencia de Náraku palpitaba en regocijo pensando los beneficios que conseguiría con su apariencia y fuerzas potenciadas.
"Desearán no haber nacido Sesshomaru tú y tu asqueroso hermano mestizo jajajajajajaja!"
Faltaban dos días y estaría terminado, solo dos días y se levantaría como el monstruo más poderoso del planeta. Cuando consiguiera los fragmentos del lobo, podría transformarse en un youkai completo, lo que sumado a su cambio sería la gloria absoluta de su reinado de miseria y caos…Estaba feliz. Era todo en lo que podía pensar ahora. Felicidad.
***************************EN OCCIDENTE**************************************
El palacio de la Luna estaba desconcertado por el mal genio de su Señor secundario, el atardecer llegaba y cada vez más, Inuyasha parecía estar perdiendo los estribos contra todo aquel que se interpusiera en su camino. La mayoría sabía el motivo, por lo que se apartaban cuando él se acercaba, el desconcierto era de los demás Señores y ancianos, que esperando debilidad y sentimientos humanos en un mestizo, se dieron con la novedad de que era aterrador y cuando perdía la noción de sus cabales, era MUY peligroso. La actitud cuasi asesina del hanyou del Oeste, había ganado sin querer, el apoyo de muchos de los ortodoxos que habían llegado al palacio a refutar el decreto de Sesshomaru y la reunión Cardinal. Con cada reacción, actitud y rebeldía de Inuyasha se convencían más de los beneficios de un mestizaje entre razas. Los ancianos se aferraban a sus creencias antiguas y las defenderían hasta las últimas consecuencias.
Las enormes puertas se abrieron con un violento golpe. Los youkai reunidos en el salón saltaron en sus lugares y se quedaron observando a Inuyasha que caminaba con el porte de un rey, a gran velocidad, acompañado por su futura pareja el General Ookami, los Señores del Norte, El Lord del Sur y su prometida, Jaken y una guardia de seis capitanes y doce soldados. Todos se pusieron de pie, reverenciaron al Señor de la casa de Oeste y lentamente y muertos de curiosidad, de a uno se dispusieron a seguirlo. Se dirigía hacia los grandes portones principales.
En la enorme explanada se detuvo y se quedó allí esperando, mirando al horizonte
-"Capitanes! Dispónganse a realizar los honores!"
-"Sí, Lord Inuyasha!"
Los Lores estaban muy bien ataviados, con las mejores galas y sus armaduras reales, las mujeres con sus atuendos ceremoniales, bellamente adornadas y maquilladas. Kikyo hasta tenía una peluca llena de peinetas de Jade y Oro. Si bien refunfuñaba en contra de su presencia allí, se veía bastante aceptable.
Las ondas magnéticas comenzaron a elevarse hacia la cúpula de energía que formaba la barrera, las chispas y explosiones marcaban la inminente apertura de la misma. Los youkai miraban hacia el origen de las explosiones y vieron con asombro cómo la barrera se abría permitiendo el ingreso del InuDaiyoukaitachi caminando, tranquilamente en las tierras circundantes rumbo al palacio. La vista aguda de los demonios podrían notar a Kagome muy embarazada y en brazos de Sesshomaru, envuelta en su piel. Para evitar arriesgar el secreto, Inuyasha ideó un plan de acción
-"Jaken!"
-"Sí, Mi Lord"
-"Envía a AhUn por Lady Kagome y las mujeres, que las lleve directo a los aposentos de Sesshomaru Sama"
-"Enseguida Inuyasha Sama"
La guardia se colocó en posición de recibimiento honorífico. Los ancianos observaban cómo en las paredes y techos del castillo flameaban banderas con el símbolo de la casa del Oeste. Los jardines estaban en su máxima gloria. La guardia del Norte tomaba posiciones a los lados de la explanada, exhibiendo sus armas brillantes. El ejército del Sur hizo lo propio a los lados del palacio y hacia el frente, poderosos dragones en sus armaduras y aferrados a sus armas firmemente, una imagen aterradora. Los asombrados invitados, miraban los movimientos precisos de los sirvientes, soldados y personal del castillo. Habían trabajado mucho en la recepción de su Señor. Pero ¿Cuándo se enteraron de que regresaba? Ellos no habían visto ningún mensajero, nada les hizo pensar en el arribo del Lord del Oeste y su manada. Susurraban entre ellos…No podían creer la cantidad de soldados presentes y sólo era una pequeña parte del los ejércitos del Oeste, Norte y Sur. Todo estaba listo para la llegada del Príncipe heredero, pero ellos habían estado sumergidos en sus peleas sin sentido y discusiones vacuas, mientras Sesshomaru se acercaba. Habían perdido un tiempo muy importante. El mestizo los había controlado muy bien sin ellos darse cuenta de nada. Ahora con el Lord Principal en su casa, todo sería más complicado y sus intenciones de acabar con el acuerdo firmado con sangre iba a ir cuesta arriba.
AhUn sobrevolaba hacia el dormitorio real, protegiendo su preciosa carga de los ojos maliciosos de los visitantes del palacio. Atravesando la guardia de honor, el grupo de machos encabezado por Sesshomaru, avanzaba entre las filas de los soldados youkai más fuertes y poderosos de su guardia personal. Luego enfrentaba a la guardia del Norte y asentía. Lo mismo con la guardia del Sur. Todos ellos los reverenciaban comenzando por su Señor y al joven heredero kitsune
-"Bienvenidos Sesshomaru Sama, Shippo Sama"
-"Bienvenidos Danaka Sama, Miroku Sama"
Ellos asintieron y continuaron avanzando hacia el frente, hacia Inuyasha y los Lores. La mirada de Sesshomaru fija en su hija, con su luna creciente en la frente, vestida con las mejores galas, su cabello arreglado hermosamente y sonriéndole con pequeñas lágrimas de emoción. Cuánto había crecido…Qué hermosa mujer, el orgullo le llenaba el pecho, la familia estaba completa y toda junta, protegida en la casa del Oeste. Por ahora…
