NO SOY DUEÑO DE INUYASHA

LOS SILENCIOS…AVECES ALIMENTAN PASIONES…

CAPITULO 100

-"No te diré que no temas, el problema parece ser bastante grande, Saiai, pero hemos atravesado cosas muy duras, siempre juntos…"

El Inu intentaba consolar a su pareja y reconfortarla un poco también, una vez más se debatirían entre luchar y sobrevivir o morir en el intento. Ese pensamiento lo tenía agotado. Ella temblaba y sollozaba. Shimaru compartía el momento de acariciar a su Miko, él también tenía algo que decir

-"Has logrado muchas cosas, cosas que nadie pudo antes, Miko…"

-"Solo soy Kagome tu sabes, ningen, Miko, guardiana de la Shikkon no Tama, y no cumplí mi tarea…Era mi maldita obligación formular ese deseo, cómo pude olvidarlo. Ahora se levanta desde el infierno una cosa terrible, y amenaza las vidas de mis cachorros, mi pareja, mi manada, mi familia"

-"Podremos con esto, princesa, juntos, como siempre, este Sesshomaru tiene razón, has logrado cosas que nadie pudo antes, nada te detuvo, hasta conseguirlas. Te has enfrentado al Concejo de ancianos, venciste a Náraku, sobreviviste a todo pesar de todo lo que soportaste estando en la manada del mestizo, has cumplido con un apareamiento youkai, has parido cachorros con dolores que asustarían e inclusive matarían a cualquier otra persona, tienes más honor que las huestes de los Kamis, llevas la sangre y las marcas de los Taisho con la pureza y el amor que solo tú puedes, y… me has enamorado como un loco"

-" Sesshomaru…"

-"Kagome…"

Las mejillas rojas de la sacerdotisa ardían de pasión, su calor sólo se atenuaba por las lágrimas de emoción que corrían por su rostro. Ellos sabían que no podían actuar, no esta vez. Todo estaría en manos del sus pares del pasado, ellos pasaban a ser sólo piezas de un rompecabezas macabro que la perla digitaba desde las profundidades del averno, esperando el momento oportuno para salir y hacerse del mundo para destruirlo. Nada podían hacer, nada.

Los pergaminos que Kaede enviaba a través del pozo, les advirtieron de numerosas situaciones que habían sucedido en el Sengoku Jidai, luego de la desaparición de Náraku, entre ellas, les había contado la realidad, en la que ellos mismos habían vivido en algún momento, antes de las intromisión de Yashamaru, Sesshomaru y Danaka. Si de algo estaban todos persuadidos era de la inteligencia que ostentaban los miembros del clan Taisho-Higurashi, por supuesto sin desmerecer a los demás, Al ser un gran estratega, Sesshomaru, había deducido el porqué de las extrañas sensaciones que percibían hace unos meses atrás, se había dado cuenta de que al regresar a través del pozo, y haber cambiado el pasado, se había modificado el futuro. Sabía ahora que había vivido siglos sin Kagome, sólo con Yashamaru y los demás miembros de la manada y una hembra Ookami, solitaria a quien había comenzado a ver como a una hija, luego de la muerte de Inuyasha. Pero ahora todo eso era HISTORIA, sonaba tan raro…Ahora tenía a Kagome, a Inuyasha con él, tenía a Yashamaru…y más cachorros, y gracias a Kami, los recuerdos de sus nacimientos, de su crecimiento, de sus presencias en su corazón, Kagome y él hablaban de eso a menudo, pero ambos llegaron a la conclusión de que no les importaba nada de lo que habían olvidado, vivirían su presente felices y con todas sus fuerzas, ya nada dependía de ellos más, al menos no de ellos en este tiempo, debían confiar en sí mismos pero quinientos y tantos años atrás.

Durante un tiempo, se quedaron en silencio… Kagome pasaba una esponja llena de espuma por la enorme espalda de Sesshomaru, el Lord disfrutaba de sus caricias cerrando los ojos y dejándose llevar

-"De todos modos, amor, no hay nada que podamos hacer más que seguir con nuestras vidas confiando en que nosotros haremos lo mejor, o hicimos lo mejor en el pasado, para que hoy estemos juntos y todos seamos felices…"

-"Hn."

-"Igualmente, no nos daremos cuenta si las cosas cambian o se modifican de alguna manera ya que al parecer los recuerdos se implantan también"

-"Hn."

-"¿Sesshomaru? ¿Me estás escuchando?"

-"Hn."

-"¿Y eso qué quiere decir?"

-"Que es verdad lo que dices, tus pensamientos son muy claros al respecto, y ya que al parecer viví tantos siglos sin ti, estamos perdiendo tiempo, ven aquí"

El Inu tiró de la mano a Kagome y la sentó a horcajadas sobre su regazo, enseguida se hundió en su cuello a lamerlo y besarlo, inhalando profundamente, paciendo su lengua de ida y vuelta sobre la marca arrancando los gemidos más desesperados de parte de la mujer entre sus brazos

-"Mía…"

La bestia junto a él en su disfrute sensual, los dos que son uno acariciando, devorando, succionando. Los pechos de la mujer presionando los grandes pectorales del macho, el roce exquisito de las protuberancias rosadas que tanto le gustaban lo estaba atormentando.

-"Mía…"

Kagome rodeaba el cuello de Sesshomaru con los brazos, los besos eran tan eróticos y profundos que les costaba respirar, él la acomodó sobre su miembro rígido y suavemente la fue bajando hasta estar completamente dentro de su mujer. Como siempre a Sesshomaru le gustaba mirar las expresiones de Kagome cuando le hacía el amor, su rostro era tan sensual y bellamente atractivo, tan erótico que, la urgencia de brindarle placer lo dominaba por completo, la desesperación esta vez se hacía cargo, nadie sabía que sucedería mañana, o si sus pares del pasado tomarían la decisión correcta. No podía dejar de disfrutar de su pareja como si esta fuese la última vez que lo hicieran. Entre besos y saliva sus palabras retumbaban en los oídos y en el corazón de la sacerdotisa

-"Tal vez mañana no estemos juntos"

Besaba a Kagome con desesperación y mordía sus pezones

-"Tal vez ya no me recuerdes"

Ella gemía desesperada y él la penetraba con lentitud hambrienta

-"O en tu mente y corazón ya no haya lugar para mí"

De poco aumentaba la velocidad de su pasión y la fuerza de sus caricias

-"Debo asegurarme de que me recuerdes…Y eso haré"

-"Hazme recordarte, que mis células, mi carne, mi mente, mi alma y mi corazón te recuerden a pesar de todo y de todos…Sesshomaru"

El Daiyoukai embestía a la mujer con violencia apasionada, si bien era una mezcla de dolor y placer intensos, Kagome no se resistía. Sesshomaru se aferraba a su hembra hundiéndole las garras en la carne de sus caderas para penetrarla con control y profundamente. La Miko gemía dolorosamente, entre sus orgasmos, el poder de su reiki reaccionaba en un intento por defenderla del youki que la penetraba junto a la pasión de su pareja masculina. Sesshomaru sentía que su mente se nublaba, la necesidad era como una cortina en su cabeza que no lo dejaba actuar de otra manera más que por instinto. El placer envolvía a la pareja, de una forma descarnada, sus ojos estaban húmedos, sus alientos mezclados, las uñas humanas enterradas en la carne youkai sangrándola al extremo, el dolor convertido en fuego, el placer en agonía, el amor en avaricia.

-"Miko, eres mía, sólo mía…"

La semilla derramada en el interior, el calor y el placer en toda su expresión

-"Sesshomaru Sama, usted pertenece a esta Miko, y siempre lo hará"

Kagome jalaba los cabellos del Inu exponiendo su garganta para poder acceder a ella. Enseguida la Miko mordió el cuello de su pareja, haciendo que él tire la cabeza hacia atrás en éxtasis. La reacción de Inu fue repentina, se puso de pie y caminó con ella aún envuelta en sus caderas y enterrándose en su sexo, llevándola hacia la parte baja del onsen, volteándola en sus manos y rodillas, violentamente la penetró de nuevo y comenzó a moverse sin piedad. Asaltando la carne pálida y dulce de su mujer, el Daiyoukai, gemía sin control, sus lamentos excitaban a Kagome que jamás lo había oído expresar su placer de esa manera. Las intrusiones profundas y descuidadas, los rastros de garras profundos en la carne humana, el sudor y la sangre youkai goteando en el agua, los gemidos cambiando a gritos, los gruñidos y sonidos guturales, de la perdición extenuante. Ambos sumergidos en el éxtasis absoluto, turbando sus pensamientos, sólo deseo, necesidad, pasión animal, amor…No había lugar para nada más. Kagome era golpeada una vez más por el clímax más feroz, detrás de la nube que entorpecía sus sentidos ella fue capaz de escucharlo expresar su orgasmo. Sin desacelerar sus movimientos, Sesshomaru apoyó su pecho en la espalda de la joven. El macho apretó los dientes, y rugió apoyando la cara sobre el hombro de la mujer, expresando su goce desesperado junto a su oído. El gran Sesshomaru se entregó humildemente a su hembra que temblaba de pasión extrema y agotamiento. La aguas tibias del onsen de color rojo, la pareja caminando hacia la gran cama, las respiraciones agitadas, ella en brazos de su macho, él observando su obra maestra, recostándose junto a ella, abrazándola como a la posesión más preciada, el Daiyoukai del Oeste, lamía las heridas de amor en la suave piel de su hembra, relajada y entregada con confianza, después de todo, eran uno sólo, un solo cuerpo, una sola alma, una misma mente, un mismo corazón.

Kagome suspiraba agotada pero la sonrisa en su rostro angelical, calaba profundo en el corazón del Señor del Oeste que no sentía ningún pudor en entregarse a la pasión, demostrar su ternura, arrodillarse delante de su mujer, claro que de eso, nadie era testigo, sólo el onsen, la alfombra frente a la chimenea, las estatuas de piedraluna, ellos mismos y las sábanas de seda…