Capítulo 35: Felices.
Bella pov.
-Ya sabes... lo bueno abunda...- dijo Em socarrón mientras sostenía a Nisdin en sus brazos sentado en uno de los sofás del salón.
Sonreí como una idiota mientras le tocaba la cabecita a nuestra hermosa sobrina, de verdad que era el bebé más precioso que había visto nunca.
-Sólo espero que no sea igual de torbellino que tú...- murmuró Rose con una sonrisa cansada.
-Lo siento, Rose, pero creo que todos los Piscis son igual de terremotos, aunque con grandes corazones en sus pechos- intervino Esme cayéndosele la baba con su nieta.
Todos sonreímos.
-Que Nisdin haya nacido días antes de mi cumpleaños no es ninguna coincidencia, es el destino, porque los Piscis somos los mejores- contestó Em con esa sonrisa de bebé, dejando ver esos dos hoyuelos que tanto me encantaban.
Todos soltamos una carcajada.
-Y el ego lo tiene el chaval por las nubes...- murmuró la enana.
-Es lo que le faltaba- contestó Jazz.
Me giré para encarar a Rose que no dejaba de mirar la escena de Em con Nisdin en sus brazos.
-¿Por qué no descansas?- Rose movió sus ojos hacia a mí- Nosotros podemos hacernos cargo de ella, duerme hasta la próxima toma al menos- le cogí la mano y se la apreté en señal de apoyo.
-No sé...- vaciló- No quiero dejarla sola...- me sonrió débilmente.
-No te preocupes, Rose- le contesté al tiempo que me levantaba y la ayudaba a ella a hacer lo mismo- Si vemos que te necesita, te llamaremos- le besé en la mejilla.
-Rose, ya tienes tu baño preparado- dijo Ed al tiempo que bajaba las escaleras- Nisdin estará perfectamente bien con tantos pares de ojos vigilándola- todos asentimos.
-Gracias, chicos, de verdad- susurró Rose mientras cogía la mano de Ed- Prometed que si necesita algo, me llamaréis.
-Lo prometemos- dijimos todos al unísono con caras de emoción.
-Vale...- volvió a susurrar la pobre Rose y se tapó la boca antes de que saliera un bostezo de ella.
-Ve, hija, descansa, Nisdin está en buenas manos- Esme le besó en la frente y se puso, en el lugar donde yo estaba, para tocarle la carita a su nieta.
Volví a sonreír por enésima vez en sólo unos minutos por la escena tan tierna y tan preciosa.
Ed y Rose se fueron al piso de arriba a descansar un poco. La verdad era que ninguno de los dos dejaron que nadie se quedara en el hospital los tres días que habían estado Rose y Nisdin ingresadas.
Su argumento había sido que eran los padres de la pequeña y que era su responsabilidad.
Nosotros nos íbamos a regañadientes del hospital, pero con una gran sonrisa en los labios, porque realmente tenían razón. Ellos eran los padres de Nisdin y ellos eran los que tenían que hacerse cargo de ella. Aún así, todos sabíamos que era tiempo lo que les hacía falta a éstos dos. Tiempo para adaptarse a ésta nueva vida y asimilar toda la gran responsabilidad que era tener a un bebé a su cargo.
Se habían comportado como unos padrazos, como si llevaran toda la vida criando a una bebé recién nacida.
Y sinceramente, todos nos lo esperábamos.
Nisdin era la parte, el trocito, que nos faltaba en nuestra vida para que fuera completa y perfecta.
-¿Se la das a su abuela?- dijo Esme con los brazos abiertos y Em sonrió ampliamente mientras se levantaba y se la tendía.
Todos estábamos locas con esa personita tan pequeña con tan sólo unos días de vida, ya nos había robado el corazón por completo.
-Y bueno Em...- intervino Jazz con una sonrisa socarrona- ¿Qué se siente que termine todo esto de ser menor de edad y estar co...?- no pudo terminar la frase porque Al le dió una colleja bastante sonora.
-JASPER HALE- dijo irritada Alice- ¿Ya estamos con eso otra vez?- el pobre Jazz la miraba mientras de sobaba la nuca.
Desde que había cumplido los dieciocho años, todo esto se había vuelto una rutina...
Los chicos decían que yo era una abusona mayor de edad que estaba pervirtiendo al pobre "Emmy" y las chicas me defendían a muerte diciendo que era muy caliente.
Todo esto había surgido porque mis padres, al nacer en septiembre, no me quisieron llevar al colegio con tres años recién cumplidos, por lo que habían decidido llevarme con un año más, o sea cumplidos los cuatro años, ya que decían que era demasiado pequeña, por eso estaba en la misma clase que Em, aunque con un año más que él y todos los de mi clase.
A mí me encantaba que fuera así, como bien decían las chicas era algo muy caliente que nos enloquecía a ambos.
-Envidioso- le saqué la lengua a Jazz juguetonamente y me sonrió ampliamente.
-Voy a llevar a la pequeña a su habitación que se ha quedado dormida- murmuró Esme muy bajito mientras se levantaba y se encaminaba hacia las escaleras.
-Aburres hasta a tu sobrina, Jazzy- dijo Em y todos soltamos una carcajada.
-Sois horribles...- negué con la cabeza mientras sonreía.
-Y tú eres increíble- susurró Em en mi oído y me acercó hacia su pecho.
-Mi lugar preferido en el mundo...- le susurré yo a él y aspiré su aroma varonil que me volvía loca.
Sentí su risa a través de su camisa y me apreté más contra él.
-Chicos, vamos a ver una peli, ¿os apuntáis?- dijo Al.
-No podemos, Al- murmuró Em- Tenemos que estudiar para el examen final de arte que tenemos mañana- me despegué de él y me volví para mirar a los chicos.
-¿Quizás luego?- intervine al ver el puchero de Alice.
-Sí, por favor- me sonrió ampliamente y se le iluminaron los ojos.
Nunca cambiaría.
Pasó la semana de exámenes finales demasiado rápido como para que nos pudiéramos dar cuenta. Tanto, que sólo faltaba un día para el cumpleaños de Emmett y gracias a los chicos y a Esme y Carliste, lo tenía todo bajo control.
-Luego me llevará mamá a por tu regalo para Em- me susurró la enana mientras cogía una manzana del buffet del instituto.
-Perfecto- suspiré- Mil gracias por ayudarme, Al- le abracé y le besé el tope de su cabeza.
-De nada, tonta- se separó de mí y sonrió- Ya está todo listo- me guiñó un ojo y nos encaminamos hacia nuestra mesa de siempre, donde nos esperaban los chicos.
-Vaya notazas ha sacado mi hermana- dijo Jazz sosteniendo un papel entre sus manos.
-Mi chica es muy inteligente, demasiado- murmuró orgulloso Ed antes de dar un bocado a su sandwich.
-La verdad es que la rubia se merece un galardón- Rose no había descansado lo suficiente porque hubo noches que las pasaba en vela, ya que Nisdin no dejaba de darle patadas. Todo eso y el estrés de sacarse el curso, no lo superaba cualquiera. Me senté al lado de mi osito- ¿Qué tal, bebé?- sonreí y le dí un beso en esos hermosos labios que tanto amaba.
-Ahora perfectamente que estás aquí- me devolvió la sonrisa antes de devorarme la boca.
-¡OYE!- soltó la enana demasiado alto- ¡Que eso es escándalo público...!- todos se troncharon de la risa en nuestra mesa.
-Si tú supieras, Alice, si tú supieras...- dije mientras negaba recordando una escena, demasiado caliente, para dónde nos encontrábamos.
Sonó la campana que nos indicaba la vuelta a clases y menos mal que era el último día de esta evaluación al fin. Sólo nos quedaban dos escasos meses, hacer la Selectividad e irnos a la Universidad.
Lo teníamos todo planeado.
Ambos, Em y yo iríamos a la Universidad de Seattle. Emmett estudiaría Medicina, lo que siempre quiso ser como Carliste, un gran médico para ayudar a personas que lo necesitaran y yo haría Administración y Dirección de empresas. Siempre me había gustado junto con la Arquitectura y sentía que se lo debía a mi padre, de alguna u otra forma, porque a él le hubiera encantado verme dirigiendo su gran empresa instalada en Nueva York.
Muchas veces, demasiadas y más últimamente, pensaba mucho en irme tan lejos de aquí, a tres mil kilómetros de mi familia, de la tierra que me vió nacer... pero era algo que todos teníamos que superar y siempre estaría la posibilidad de transladar la empresa a Seattle, según me había dicho Carliste en una de las últimas conversaciones que había tenido con él acerca de todo esto.
Dolía con solo pensarlo, pero ahora mismo sólo me preocuparía por mis metas más próximas y en lo demás, me taladraría la cabeza en su momento.
-Chicos, aquí tenéis los boletines de calificaciones de éste segundo trimestre- nos sonrió el señor Rails.
Repartió a cada uno su boletín y salté de alegría.
-Toma- apreté el puño y lo lancé al aire. Em me miró divertido- Otro evaluación con matrícula de honor- susurré sonriendo como una cría.
-No esperaba menos de ti, princesa- me sonrió con mi sonrisa favorita y me pellizcó la punta de la nariz con cariño- Yo te igualo- me guiñó un ojo y me enseñó su boletin de calificaciones.
Igualito al mío.
Sonreí como una engreída y me acerqué a su oído.
-Veo que no ha servido de mucho que lo pervierta, señor Cullen- me separé de él y le sonreí socarronamente.
Soltó una enorme carcajada, que hizo que muchos compañeros mirasen dónde estábamos nosotros, pero nos dió un poco lo mismo.
-Tendrás que esforzarte más...-me guiñó de manera chulesca y yo le alcé una ceja divertida.
-Enhorabuena a todos, que pasen unas muy relajantes vacaciones para todo lo que les queda en estos dos últimos meses- todos asentimos y nos levantamos de nuestros asientos para salir de la clase con una enorme sonrisa en los labios.
Nos encontramos con los chicos en los aparcamientos del instituto y nos metimos en el BMW de Ed y Rose para volver a casa.
-Cómo adoro conducirlo...- dijo Edward distraídamente mientras cogía la curva que quedaba antes de llegar a casa.
-Disfruta mientras puedas, chaval- murmuró Jazz- En cuanto mi hermana se despegue un poco de Nisdin, te vas a enterar- todos soltamos una carcajada por la gran verdad de sus palabras.
Salimos del coche rápidamente y corrimos hacia la entrada para darle las buenas nuevas a Esme y a Rose.
-¿Qué tal todo, chicos?- nos saludó Rose meciendo a Nisdin en sus brazos.
-¡GENIAL!- medio gritamos la enana y yo y le tendí los brazos para poder coger a mi sobrina.
-Me alegro mucho- nos sonrió y me tendió a Nisdin.
-Hola, preciosa- le di un gopecito en la nariz y me abrió sus ojitos verdes como los de Ed y me sonrió.
Se me cayó la baba.
-Hola, princesa- Ed saludó a Rose y luego me tendió los brazos para que le diera a su hija- Hola, mi princesita- Nisdin gorgojeó y todos miramos la escena embobados.
Nos sentamos todos en los sofás y le dimos las calificaciones a Esme.
-Soy tan feliz- murmuró con lágrimas en los ojos- Mis niños... sois tan increíbles...- nos besó y nos abrazó uno a uno antes de dirigirse a la cocina y poder llamar a Carliste con tranquilidad.
-Enhorabuena, rubia- le besé en ambas mejillas y la abracé- No todo el mundo consigue lo que has hecho tú.
-Y que lo digas- murmuró Em.
-La verdad es que sin todos vosotros no hubiera sido posible- Rose se despegó de mí con lágrimas en los ojos y nos miró a todos- Venid aquí- abrió sus manos y todos la abrazamos- No voy a tener vida suficiente para poder agradeceros todo esto- hipó y todos nos apretamos más contra ella.
-Te mereces todo ésto y más, cariño- susurró Ed con cuidado de no estrujar a Nisdin.
-Ya has pasado bastante, Rose- intervino Alice mientras nos separábamos de Rose- Es una alegría tenerte como cuñada, como hermana y como amiga- le sonrió y la abrazó, de nuevo, efusivamente.
-Malditas hormonas...- susurró la rubia con muchas lágrimas rodándole por los ojos.
Todos sonreímos y volvimos a abrazarla junto con Al.
-Chicos, sois increíbles- Rose nos apretó un poco más antes de separarse de nosotros y tocarle el pelito a su hija- Es tan hermosa...- susurró con una sonrisa deslumbrante en su rostro.
-Al igual que tú, hermanita- dijo Jazz besándole en la mejilla a su hermana y sonriendo igual que su melliza.
-¡Chicos!- Esme entró en el salón con el móvil en la mano- Carliste va a salir antes hoy del hospital y nos invita a todos a comer a nuestro restaurante italiano favorito- se acercó a nosotros y nos deslumbró con su magnífica sonrisa blanca- Hay que celebrar- nos guiñó un ojo y nos abrazó a todos- Os quiero tantísimo- dijo emocionada y Nisdin gorgojeó haciendo que todos soltáramos una pequeña carcajada.
-Hasta mi niña está contenta- murmuró Ed al tiempo que nos separábamos y mirábamos a la pequeña.
-Por supuesto- dijo Al con una enorme sonrisa en el rostro.
Se nos partiría la cara en dos de un momento a otro.
-Bueno, pues hay que cambiarse, chicos- intervine yo y le dí un suave beso en la frente a Nisdin y cogí de la mano a Em- ¿Nos vemos en media hora aquí abajo?- tiré de Em al tiempo que Esme asentía.
-¿Aprovechando el tiempo para pervertir al pobre Emmy?- preguntó Ed con una sonrisa pícara en el rostro.
-Puede...- alcé una ceja y me volví hacia las escaleras.
-Chicos...- susurró Esme divertida al tiempo que cogía a Nisdin en sus brazos.
-Yo quiero que me perviertas...- susurro Em en mi oído y me derretí en ese instante, tanto que mojé el tanga de un segundo.
Puta voz caliente y putas palabras calientes...
-Em...- suspiré cerrando los ojos por un momento antes de tirar de él fuertemente y perdernos escaleras arriba.
Llegamos a nuestras habitación y comenzamos a besarnos rudamente. Em tiró de mi labio inferior al tiempo que ponía cada palma de sus manos en mis glúteos y me alzaba con facilidad.
-Joder- gemí audiblemente cuando noté esa dureza justo en mi centro caliente y Emmett cerró la puerta con el pie.
Me apoyó en la pared que estaba justamente al lado del vestidor, reflejándonos en el enorme espejo que había en él. Clavé mis tacones en sus glúteos al tiempo que le arrancaba la camisa, literalmente, haciendo que los botones saltaran por todas partes.
Salvaje.
Animal.
Así éramos nosotros.
Em gimió antes de clavar sus dientes en el lóbulo de mi oreja. Volví a gemir y comencé a desabrocharle la hebilla del cinturón y los botones de sus vaqueros. Él hizo lo mismo con mi camisa blanca, ayudándose de una mano, ya que con la otra me tenía sujeta, me la arrancó y ya iba otra para la larga lista de camisas totalmente destrozadas.
Sonreí como una pervertida recordando éso y me mordí el labio cuando mi sujetador estalló también en sus manos, haciéndolo añicos y tirándolo, sin ningún miramiento, en el suelo.
-Eres tan hermosa...- susurró antes de inclinarme y morderme el cuello suavemente para ir bajando hacia mis pechos. Gemí de nuevo y miré hacia el espejo, viendo la escena más erótica jamás vista antes.
Em con el torso desnudo y los músculos, de sus brazos y espalda, flexionados a causa del esfuerzo que le causaba sostener mi cuerpo alzado contra la pared. Su pelo estaba revuelto por mis caricias y su prominente erección estaba en todo su esplandor luchando contra la tela vaquera que tenía justo debajo de sus testículos. Mis piernas enroscadas en su cintura, con mi falda en la cintura, dejándose ver mi ropa interior. Y mis zapatos de tacón presionándole, cada vez más, en sus glúteos, haciendo que se pegara totalmente a mí.
-¿Te gusta lo que ves?- susurró roncamente y nuestras miradas se encontraron en el espejo- Eres putamente sexy, Isabella...- oh, por favor, cuánto me ponía que utilizara mi nombre completo con esa voz tan caliente.
-Esta imagen se quedará en mi memoria y en mi retina siempre- dije con voz grave y le sonreí a través del espejo antes de girarme y alcanzarle la boca y devorarle los labios.
Gemimos al mismo tiempo y retiró mi tanga hacia un lado y se clavó en mi de una sola estocada. Empalándome perfectamente en él y llenándome hasta límites insospechados.
Jamás podría acostumbrarme a ese tamaño, nunca, pero era como estar en casa. Estaba tan mojada que no le resultó ningún esfuerzo, resbalaba contra mi carne como su fuera parte de mí.
Y así era.
Em me agarró la nuca con una mano y hundió su lengua en mi boca, apretándome contra su cuerpo en sincronización perfecta con sus embestidas. Cada estocada de su lengua y su polla, hacía que nuestros cuerpos chocaran malditamente sexy y caliente, creando un sonido totalmente erótico.
-Princesa...- susurró Em en mi oído cuando tuvimos que separarnos para poder respirar- Eres única...- suspiró y me mordió el cuello.
Fué lo que me hizo falta para que mi interior lo apretara y llegara a un devastador orgasmo.
-¡Em!- grité agarrándole de los pelos de su nuca y llevándolo hasta el nacimiento de mis pechos totalmente sudados.
-Oh, nena- gimió audible y varonilmente y sentí cómo se corría en mi interior.
Cerré los ojos descansando mi frente en el hueco de su cuello.
-Mía- susurró antes de besarme en el tope de la cabeza y dirigirnos hacia el baño sin salir, todavía, de mi interior.
Em me bajó lentamente de su cuerpo, saliendo completamente de él, y me puso en la encimera del lavabo.
-Te amo- me susurró y me besó en la frente antes de girarse para abrir el grifo y dejar el agua correr.
-Yo si que te amo, precioso- le sonreí y me quité los zapatos, dejándolos caer al suelo con un golpe seco.
-Porque sería de muy mala educación no ir con nuestra familia a celebrar nuestro gran esfuerzo de estos meses, si no, no ibas a salir de aquí en todo el día, señora Cullen- me sonrió arrebatadoramente y negué con la cabeza divertida.
Sólo él podría decir cualquier frase de manera erótica.
Y para qué engañarnos, también me encantaba cuando me decía "Señora Cullen".
Nos duchamos y nos vestimos entre risas y meteduras de manos por doquier.
-Si no paras, seré yo la que te secuestre en esta habitación durante todo el día- me puse las sandalias de tacón y me levanté del asiento saliendo del vestidor.
-No me tientes...- me contestó con una ceja alzada y otra sonrisa pícara.
Solté una pequeña carcajada y me puse un vestido ceñido en la parte del pecho y vaporoso de la cintura hasta encima de las rodillas.
-Te amo, gradullón- me acerqué para besarle suavemente los labios- ¿Vamos?- me sonrió y se terminó de abrochar la camisa, lo que me recordó que las nuestras, las de nuestro uniforme, estaban totalmente inservibles- Mi querida suegra se va a enfadar por eso...- señalé el montón de ropa que había justo al lado de la puerta.
-No creas...- me cogió por la cintura y me besó la nuca, ya que tenía un moño alto dejándole acceso total a mi cuello- Conseguimos otras, como siempre, y listo- me volvió para que pudiera mirarle a los ojos- Diremos que se nos mancharon de aceite de motor y la tuvimos que tirar...- sugirió socarronamente.
La verdad es que podría ser verdad, ya que habíamos cogido una clase extraescolar dónde nos estaban enseñando todo tipo de habilidades mecánicas.
-Muy convincente- le sonreí y le besé en el enorme pecho- Te amo- le cogí de la mano y nos encaminamos al piso de abajo.
-Pero... ¡Si ya estáis!- dijo Ed cuando pisamos el suelo del salón.
-Si, por suerte para ustedes...- contestó Em agarrando mi cintura y apoyándome en su pecho.
Rose y Ed soltaron una carcajada y yo también sonreí ampliamente.
-¿Y los demás?- inquirió Em y me volví para mirarle.
El plan de su cumpleaños estaba empezando a funcionar como teníamos previsto.
-Mamá se ha ido con Al y Jasper hacia el restaurante, ya que tenía que recoger algo de la oficina que se le olvidó esta mañana- dijo Ed muy convincente y me volví hacia él para sonreírle.
-Pues perfecto- Emmett me besó el tope de la cabeza y se dirigió hacia el carrito de Nisdin, que lo estaba empujando Rose- Vamos, entonces- le besó a Rose en la mejilla y se puso en su lugar, dirigiendo el carrito hacia la entrada.
Nos montamos todos en el jeep, con Nisdin en su sillita de bebé, y nos dirigimos hacia Seattle, dónde se encontraba el restaurante.
Pasamos un día increíble en familia.
Después de comer, y a que unos amigos de Esme, se les cayera la baba con Nisdin, nos fuimos al parque de atracciones que habían instalado tan sólo hacía unas semanas y nos lo pasamos en grande.
-Tengo todo listo- me susurró Alice para que sólo yo la escuchara.
-Mil gracias, Al- la abracé y nos dirigimos hacia los coches.
-Chicos, estoy muy orgulloso de todos vosotros- nos dijo Carliste mientras mecía a Nisdin en sus brazos.
Sonreímos en respuesta y nos despedimos para dirigirnos hacia nuestra casa.
Esperé a que Em se durmiera para guardar el regalo que le haría por su cumpleaños. Lo cierto era que estaba más nerviosa yo que él.
Quería que todo saliera perfecto y, sinceramente, en las manos de Alice, todo salía perfecto.
Sonreí cuando abrí la caja y lo volví a guardar en una caja de zapatos dentro del vestidor antes de echarle una rápida mirada a Em.
Cuánto, cuánto lo amaba.
Muy pronto amaneció y la alarma en mi móvil sonó a las ocho de la mañana. Teníamos que aprovechar el día de hoy al máximo.
Me incorporé y me puse encima de Em, suavemente, y pronto sus manos se fueron a mi espalda para abrazarme.
-Buenos días, bebé- le besé ligeramente en los labios- Feliz cumpleaños, precioso- le sonreí y volví a besarle más castamente.
-Gracias, nena- me apretó más contra su pecho y sentí su erección apretando mi centro- Muy buen despertar... como siempre- me sonrió dejando ver esos hoyuelos y me besó en toda la cara, antes de pasar al lóbulo de mi oreja y bajar hacia mi cuello.
Hicimos el amor dos veces y casi una tercera si no fuera porque tenía muchos planes para el día de hoy...
-Em...- le advertí al tiempo que me ponía unas mallas para correr y él me besaba en el hombro derecho- No llegaremos...
-¿A dónde habría que ir estando aquí encerrado contigo?- me miró directamente a los ojos, intentado ver qué era lo que me proponía- ¿Vamos a hacer deporte?- dijo ilusionado mirando mi atuendo deportivo- Porque se me ocurren mil maneras diferentes de trabajar todos los músculos del cuerpo...- su voz estaba ronca y pronto me restregó su ansiada erección en mi trasero.
-Osito...- le advertí por segunda vez y dejó de hacer lo que estaba haciendo para girarme y encararlo- Nada me gustaría más que estar aquí contigo y con esa cabecita tuya maquinando posturas eróticamente increíbles- sonrió de lado- Pero de verdad, va a merecer la pena- le dije muy convincente, porque sabía que mis sorpresas les iba a encantar.
Sonreí recordando todo lo que haríamos el día de hoy.
Le cogí la cara con ambas manos y le besé suavemente antes de darle la espalda y coger uno de sus regalos.
-Toma y póntelo, por favor- le dije poniendo cara de niña buena mientras le tendía un paquete envuelto.
-Oh, empezamos con los regalos- dijo emocionado como un pequeño crío y lo abrió enseguida.
Era un chándal, completo, igualito al mío que llevaba puesto.
-¡ES GENIAL!- me besó eufóricamente y se lo puso enseguida.
Le quedaba como un guante.
Nos dirigimos hacia abajo y todos los miembros de nuestra familia estaban esperándonos con una enorme sonrisa. Nos fundimos todos en un enorme abrazo y le cantamos cumpleaños feliz a un Em emocionado. También aprovecharon los chicos junto a Esme y Carliste para darle algunos regalos.
-Esto es increíble- murmuró Em cuando vió dos entradas para una carrera de jeeps en un circuito privado que sería dentro de una semana.
-Aquí tienes todo lo que necesitáis, hija- susurró Esme en mi oído al tiempo que me tendía una cesta de picnic.
Le sonreí y le besé en la mejilla.
-Muchas gracias por todo, mamá- en sus ojos pude ver el comienzo de algunas lágrimas cuando escuchó "mamá" y es que siempre le pasaba lo mismo. Dejé la cesta de picnic en el suelo y la abracé- Te quiero muchísimo- le susurré limpiándome algunas lágrimas.
Nos despedimos de todos y me dirigí hacia mi preciado Audi.
-¿Dónde vamos?- preguntó Em mientras se sentaba en el asiento del copiloto.
-Ya lo verás, osito- le sonreí y arranqué el motor.
-¿Sabes que te queda demasiado bien esas mallas como para poder concentrarme siquiera en mirar hacia delante, verdad?- ensanché mi sonrisa y lo miré con una ceja alzada.
-Lo sé, pero haz un esfuerzo- le besé en el biceps y nos encaminamos hacia nuestro destino.
Llegamos a los aparcamientos del lago Union y Em me miró emocionado.
-¿Qué se supone que vamos a hacer aquí?- le volví a sonreír y me bajé del coche. Él me siguió enseguida.
-Bueno... vamos a empezar el día corriendo tantos kilómetros por años que tenemos- cerré el coche con el mando y lo encaré- ¿Qué te parece?- le inquirí emocionada.
-No podría seguir el día de mejor manera- me sonrió con mi sonrisa favorita y comenzamos a calentar.
Después dieciocho kilómetros corriendo, estábamos exhaustos, yo mucho más que él, por supuesto, aún así, mi sonrisa no abandonaba mis labios al igual que la suya.
Habíamos corrido todo el canal del río, sorteando piedras, pequeños estanques de agua dulce y varios troncos derribados a causa del peso de éstos. Había sido increíble.
Todo lo que hacía con Emmett era increíble.
-Y bueno...- cogí las toallas que tenía en el maletero y le tiré una a Em, que la cogió al vuelo- ¿Qué te parece si hacemos rafting ahora?- me miró emocionado y tiró la toalla al suelo al tiempo que corría hacia mí.
-¡¿ENSERIO?!- gritó como un niño y me cogió en brazos para besarme toda la cara con mucho amor y cariño.
-Pues claro- le contesté orgullosa de mi gran idea y él me apretó contra su pecho.
-Siempre he querido descender el río en esta parte dónde es más salvaje- me susurró en el oído y me besó el lóbulo de la oreja- La verdad es que no se qué haría sin ti, princesa, todo quiero hacerlo contigo- me besó castamente en los labios y me pusó en el suelo con suavidad.
-Por eso mismo vamos a hacerlo, sé que llevabas años esperando a cumplir tus dieciocho para poder hacerlo en esta parte- le dije recordando que aquí no dejaban a menores de edad hacer rafting por las corrientes tan fuertes ue había en el río.
-Te amo- me besó de nuevo y tiró de mí para ir hacia el establecimientos dónde nos darían indicaciones y todo el material.
Cuando terminamos de descender el río, tenímos una sonrisa que amenazaba con partinos la cara en dos.
Increíble nuevamente, ya iban muchos increíbles en este maravilloso día.
Emmett pov.
No podía pedir nada más en el día de hoy.
Estábamos sentados a pie del río, que momentos antes habíamos descendido, comiendo pastel de carne y yo le daba de comer a Bella.
-Como sigas haciendo ésto- señaló el tenedor de mi mano- voy a acostumbrarme- me deslumbró con su increíble sonrisa y le besé en los labios suavemente.
-Estaría encantado de que lo hicieras- le guiñé un ojo y me separé para darle otro bocado.
Estaba cumpliendo, uno a uno, todos los sueños que siempre había querido cumplir. Todos al lado de mi Bella.
Mi compañera.
Mi amante.
Mi mujer.
Era buena en todos los aspectos. En todos y cada uno de ellos, era perfecta.
Terminamos de comer y nos tumbamos tranquilamente, sobre el mantel a cuadros, típico en el picnic. Nos relajamos viendo el cielo, con algunas nubes y escuchando el sonido de los pájaros y las ardillas.
Cuando nos quisimos dar cuenta, eran las cuatro de la tarde, por lo que recogimos todo y nos encaminamos hacia el coche.
-Gracias por éste increíble día- la abracé y ella puso su cara en el hueco de mi cuello.
-Gracias a ti por estar en mi vida- susurró y me besó, suavemente, en la nuez.
Me separé un poco de ella para mirarla a los ojos y me perdí en esos pozos marrones.
-Te amé, te amo y siempre te amaré, pase lo que pase, no importa, mi corazón siempre será tuyo- le susurré y ella me regaló mi sonrisa favorita.
-Y yo a ti, osito- cómo adoraba que me llamara de esa forma.
Nos encaminamos de regreso a casa, pero Bella se desvió hacia el centro de la ciudad y lo miré extrañado.
-No preguntes, Emmett Cullen- me dijo con una sonrisa y yo sonreí satisfecho.
Sabía perfectamente que mi día no terminaría aquí.
Nos dirigimos hacia nuestro hotel y cuando entramos en recepción, nos encontramos a toda la familia esperándonos.
Los miré mitad extrañado y mitad emocionado.
-¡HOLA!- gritaron todos y les sonreí.
-¿Qué tal el día?- preguntó mi madre mientras me abrazaba.
-Increíble, mamá- le besé en ambas mejillas y la volví a abrazar.
-Venga, Bells, tienes que ducharte y prepararte...- escuché decir de Al y me separé de mi madre para mirarla intrigado.
-Y tú, Emmett Cullen, a la ducha y a ponerse la ropa que te he dejado encima de la cama- ya me extrañaba a mí que la enana no hubiera organizado una de las suyas...- La habitación es la tuya de siempre- me aclaró y no me extrañó en absoluto que así fuera.
-Sí, Alice...- susurré rodando los ojos y terminé de saludar a toda la familia.
Cuando estuve un rato con mi sobrina entre mis brazos, me encaminé hacia los ascensores y llegué a la habitación que siempre compartía con Bella, cuando nos alojábamos aquí, nuestra suite, y vi un traje de chaqueta de color azul oscuro con una camisa blanca.
Rodé los ojos por segunda vez y me fui desnudando camino a la ducha. Terminé de ducharme y de vestirme rápidamente y me puse mi perfume favorito, Le Male de Jean Paul Gaultier.
A Bella le volvía loca este perfume.
Sonreí como un verdadero imbécil al recordar a mi preciosa novia.
Tenía que recordar darle las gracias a Alice por no olvidarse de ningún detalle.
-¿Ya estás?- Jazz entró en la habitación y lo vi vestido exactamente igual que yo, pero el color de su traje era negro.
-Si- le golpeé el brazo- ¿Vamos?
-Sí, vamos- salimos de la habitación y nos encaminamos hacia los ascensores para ir a la recepción del hotel.
-¿Y las chicas?- miré hacia todos lados y no había ni rastro de ellas en toda la recepción.
-Están preparándose, ya sabes...- Jazz me empujó hacia la salida.
-¿Qué tal el rafting, hermano?- preguntó Ed llegando con mis padres.
Mi madre iba con un vestido largo color champán y mi padre y mi hermano con trajes de chaqueta.
Todos estábamos realmente elegantes, pero siempre era así.
Sonreí.
-Genial- le miré a los ojos- Tengo que repetirlo con todos vosotros- le aseguré.
-Bueno... espero que cambien la mierda de ley para los menores de edad en esa parte del río- intervino Jazz bajito para que mis padres no lo escucharan.
-Seguro, hay mucha demanda- le contesté y en ese momento, llegó el aparcacoches con el Mercedes de mi padre.
-Te amo, cariño- susurró mi padre a mi madre antes de besarle en los labios y abrirle la puerta del copiloto del coche.
Éso era exactamente lo que quería con Bella, toda una vida de felicidad a su lado.
Volví a sonreír como un idiota.
-¿Vamos?- dijo mi padre cuando le cerró la puerta a mi padre y se giró para mirarnos.
-No hagas preguntas, Em- me dijo Edward cuando vió mi interrogante en la cara y yo asentí sin decir una palabra.
Nos dirigimos hacia el Starbucks que se encontraba en el muelle y nos tomamos un batido helado cada uno mientras hablábamos de mi día y del futuro que teníamos por delante.
-Bien, mi vida- Jazz colgó el teléfono y me miró con una sonrisa.
-¿Qué pasa?- alcé una ceja y todos me estaban mirando- ¿Nos vamos?
Estaba ansioso por abrazar a Bella y besarle en esos suaves labios que me volvían loco.
Estaba deseando verla, porque seguro, estaría deslumbrante.
-Claro, pero tengo que ponerte ésto- me enseño un pañuelo del mismo color que mi traje y me sonrió.
-¿Es necesario?- no me pasó inadvertido que todo esto era obra magnífica de Alice. Bueno... realmente lo había sabido desde el principio.
-Me meto que sí, hermano- Jazz ser acercó a mí y me palmeó el hombro- No te preocupes, ya falta poco.
Dicho y hecho, nos encaminamos hacia el coche y allí Jazz se encargó de ponerme el pañuelo, tan milimétricamente bien, que no veía absolutamente nada.
-Hermanito...- empezó a decir Ed- Vas a flipar.
Paramos al cabo de un rato y los chicos me ayudaron a bajar del coche. Anduvimos unos metros y llegaron a mis oídos una tenue música.
-¿Listo, hijo?- mi madre me cogió del brazo y me besó en la mejilla- Feliz cumpleaños- me quitó el pañuelo de los ojos y una enorme sonrisa se formó en mis labios.
Estábamos en el yate de la familia.
Todo estaba absolutamente decorado a la perfección, una tarta en forma de pesas gigante y una pizza de unos diez metros ocupaba casi toda la proa del barco, pero lo que de verdad me cautivó fueron ese par de orbes chocolates que tanto amaba.
Bella, que estaba junto a las chicas y mi sobrina, se acercó a mí con una gran sonrisa en los labios y enrolló sus brazos en mi cuello.
-Feliz cumpleaños, amor- miró mis labios y me besó cómo sólo ella sabía hacerlo.
Nos fundimos en un abrazo y todos aplaudieron a la vez que cantaban cumpleaños feliz, ahí me dí cuenta de que había más personas aparte de mi familia.
Me separé un poco de Bella y le besé en la frente para poder encarar a todos los invitados.
-Muchas gracias por todo esto, es increíble- amplié mi sonrisa, aún más, como si eso fuera posible, y comenzó la fiesta.
Carreras de sacos, el juego de "yo nunca..." y bailar hasta con mi sobrina fue lo siguiente que le siguió a éste maravilloso día.
Todo era perfecto.
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¡HOLA A TODOS/TODAS!
ANTES QUE NADA QUIERO AGRADECER A VARIAS CHICAS QUE ME HABÉIS COMENTADO EN EL ANTERIOR CAPÍTULO Y DE VERDAD, DE VERDAD, QUE NO LO ESPERABA, PENSABA QUE OS HABÍAIS ABURRIDO DE ESPERAR Y ES TOTALMENTE COMPRENSIBLE. VUESTROS COMENTARIOS SON COMO LA GASOLINA QUE ME FALTA PARA SEGUIR CON ESTE CAMINO LLENO DE INCERTIDUMBRE Y EMOCIÓN.
JAMÁS PENSÉ QUE LA ESTUVIÉSEIS ESPERANDO CON TANTA ANSIA.
CARITOFORNASIER, PERDONA POR NO HABERTE CONTESTADO ANTES, PERO TODO ESTE TIEMPO NO HE PISADO FANFICTION Y LOS CORREOS ELECTRÓNICOS LOS BORRABA SIN SIQUIERA MIRARLOS... PERDONA, DE VERDAD. MUCHAS GRACIAS POR TU FELICITACIÓN, AHORA ESTOY ORDENANDO UN POCO MI VIDA DE LOCOS, POCO A POCO. ESPERO QUE TODAVÍA SIGAS LA HISTORIA Y TE VEA POR AQUÍ. MUCHOS BESOS!
HELENAGONZALEZ26-ATHOS, MUCHÍSIMAS GRACIAS POR SER TAN COMPRENSIVA, TIEMPO ES LO QUE NECESITO Y LA ESCRITURA SE ALIMENTA A BASE DE ESO, TIEMPO, MUCHO TIEMPO, PERO ESPERO SACARLO COMO LO HE ESTADO HACIENDO RECIENTEMENTE, DE VERDAD QUE LO VOY A SEGUIR INTENTANDO. MUCHAS GRACIAS POR TU COMENTARIO, FUISTE LA PRIMERA EN COMENTAR DESPUÉS DE ÉSTE "EXILIO" Y ESO SE AGRADECE Y MUCHO.
IRE 2.0, ESPERO QUE NO PASE TANTO TIEMPO PARA EL PRÓXIMO CAPÍTULO, QUIERO SUBIR UN CAPÍTULO CADA 15 DÍAS, ÉSTE HE TENIDO TIEMPO Y LO HE PODIDO SUBIR POCOS DÍAS DESPUÉS DEL ANTERIOR, PERO ÉSE ES MI PENSAMIENTO, ESPERO PODER CUMPLIRLO. ME ALEGRO MUCHÍSIMO QUE TE FUSTE LA HISTORIA, DE VERDAD, SOIS MI INSPIRACIÓN.
ANDRECULLEN, NO SABES LA SATISFACCIÓN QUE ME DA QUE NO HAYAS DEJADO DE LEER, ÉSO ES PORQUE LA HISTORIA TE GUSTA Y MUCHO, ME LLENAS DE DICHA AL LEER TUS PALABRAS. DE VERDAD ESPERO QUE TE SIGA GUSTANDO, MUCHAS GRACIAS POR COMENTAR, ME HACE MUCHÍSIMA EMOCIÓN.
Y A TODOS/AS LOS/AS DEMÁS QUE LEEN Y NO SÉ QUIÉNES SOIS, IGUALMENTE GRACIAS, AUNQUE SEÁIS ANÓNIMOS, ME LLENA MUCHÍSIMO DE CONFIANZA QUE HAYA GENTE LEYENDO MIS LOCAS OCURRENCIAS, PERO DE VERDAD, MERECE LA PENA PERDER DOS MINUTOS PARA ESTE HUMILDE SERVIDORA Y SABER VUESTRA OPINIÓN.
QUE PASÉIS UNA MAGNÍFICA TARDE (HORARIO ESPAÑOL) Y CÓMO NO, UN GRAN FIN DE SEMANA!
NOS VEMOS PRONTO,
ROMIINA.
