NO SOY DUEÑO DE INUYASHA
ESPECIALMENTE…PARA LAS DAMAS
CAPITULO 109
Sesshomaru caminaba rápidamente hacia su despacho, tenía una jaqueca monstruosa, el sake y él jamás se llevarían bien. Se había acordado una reunión privada entre su pareja y su madre, pero no pensaba dejarlas solas ni por un momento, ya todo estaba mal con Kagome, así es que añadirle un motivo más a su molestia, no sería nada. Danaka lo seguía en silencio. Había presenciado todo el intercambio, pero conocía a su Señor y sabía que no era necesario pronunciar palabra.
-"Supongo que ella tiene razón"
Danaka no respondía
-"No puedo evitar mis demandas de alfa habiendo tanto youkai peligroso rondando a mi mujer y a mi hijo, ni hablar de la manada"
Danaka y su silencio sepulcral
Las puertas del despacho abiertas y luego cerradas detrás de ellos, Sesshomaru se sentó, más bien se dejó caer en su sillón.
-"Habla"
El tora sirvió una copa de agua a Sesshomaru, y luego una para él, caminó hacia la ventana mirando hacia el despliegue de alegría exterior
-"Todos están felices, Mi Lord, ha sido una buena celebración"
-"Sabes a qué me refiero, Akira"
-"Si, lo sé. Es loable tu sentido de protección y también lo es tu preocupación por el bienestar de la manada, pero el corazón de tu pareja es frágil ante tu trato, ella ha sido maltratada en la manada de Lord Inuyasha, disminuida ante sus ojos, venida a menos, comparada con la otra Miko, inclusive tu, has tratado de asesinarla, y más de una vez"
-"Le he demostrado mi afecto y protección, mi interés por ella, mi…amor"
-"Eso es bueno, pero ella no necesita que la disminuyas ante los demás, ya no tienes que fingir ante nadie, todos saben que la Dama del Oeste es humana, una Miko, la Shikkon Miko, tan poderosa como para merecer las atenciones del Lord del Oeste. Entonces qué te mueve a tratarle tan fríamente, la presencia de tu madre?"
-"No. No lo sé"
-"Acaso ella te hace brotar el sentido y necesidad de mostrar tu dominio de las tierras que antes fueron suyas, que eres más poderoso de lo que ella fue, o tu padre"
-"Nadie es más poderoso que mi padre"
-"Te equivocas, no olvides que yo lo conocí y luché a su lado durante siglos antes de que tu nacieras, cachorro. Tu eres más poderoso que él, eso yo te lo aseguro"
-"Danaka, yo…"
-"Lady Kagome no es tu madre, es tu hembra, tu pareja, la madre de tu hijo. Tu trato despectivo dirígelo a quien corresponda, yo no creo que esa sea tu mujer"
Sesshomaru bebía su agua. Danaka estaba en lo cierto, tanto la presencia de su madre como la de todos los demás youkai en palacio, forzaban el surgimiento de su sentido de alfa, necesitaba marcar su dominio absoluto de sus tierras.
Constantemente esperaba las embestidas del youki de su madre intentando aplastar el suyo. Las miradas despectivas. Aunque no llegaban, estaba acostumbrado a un trato determinado por parte de sus padres, ellos habían parido un Daiyoukai y lo habían criado para serlo. Era la necesidad de demostrar lo grande y poderoso que se había convertido, inconscientemente buscando la admiración y aceptación de su madre. No deseaba herir a su amada, pero el poder escapaba de su aura, de sus poros, era su instinto a flor de piel. Pero urgía explicárselo a Kagome. Debía hacerlo pronto o algo se rompería entre ellos y sería muy difícil de solucionar.
-"Dile a Kagome Sama que…"
Danaka lo miró y levantó una ceja
-"Nada, yo iré"
-"Me parece lo mejor"
Y así lo hizo, entró en su dormitorio, olía a sal y hierbas amargas, ya lo esperaba, Kagome estaba sentada frente a la chimenea apagada, sostenía una flor blanca de los arreglos florales que puso en el dormitorio de Inuyasha, tenía la cabeza hacia atrás y mirada fija en el techo
-"Fue una hermosa ceremonia"
-"Si, lo fue"
Ella continuaba mirando al techo
-"Algo que necesite o desee Lord Sesshomaru…"
Él se quitó las armaduras y katanas, caminó hacia ella, parándose frente a Kagome se arrodilló, y suavemente apoyó su cabeza sobre su regazo, ella bajó la cabeza para mirar qué hacía
-"Tu perdón, saiai"
-"Mi Lord…?"
-"Soy yo, Kagome, sólo yo, un simple youkai que necesita a su pareja, su perdón y comprensión…"
Kagome sintió la angustia de su pareja, el vínculo le mostraba las sensaciones de Sesshomaru, sus inquietudes acerca de todo y todos, su madre, los youkai, ella y Yashamaru, su orgullo por el cambio de Inuyasha, todo aquello que Sesshomaru no podría decirle con palabras, y ella comprendió.
La joven, suspirando, bajó sus manos y comenzó a acariciar la cabeza de su pareja, corría sus dedos por su cabello, acariciaba las orejas hasta las puntas, recorría las marcas de su rostro, sus lágrimas de pronto caían sobre las mejillas del Daiyoukai que se incorporó y la miró de frente
-"No llores, yo te amo…tanto…Kagome"
-"Debí saberlo…Es demasiado peso para un solo ser"
-"Yo puedo todo, si tú estás a mi lado, mi amor"
Las palabras de Sesshomaru calaban hondo en su corazón
Ella se acercó a él y le tomó el rostro besándolo muy profundamente, lento y apasionado, suave y caliente, el beso de Kagome transmitía a su corazón, una vez de hielo, el sentimiento más fuerte y más hermoso que jamás creyó que pudiera existir y menos aún, merecer.
Lentamente se puso de pie, ofreciéndole la mano a Kagome. Ella la tomó y se quedaron mirándose frente a frente, en silencio, sin decir palabras. Sesshomaru fue suavemente conducido por Kagome tan dulcemente a la cama, él permitió que lo llevara, caminaban lento sin apartar los ojos del otro, ella se sentó.
El Lord se quedó de pie esperando por una señal de que ella deseaba estar con él. De otra manera no se acercaría más que para abrazarla y dormir.
Kagome con los ojos llorosos y los labios hinchados y rojos, se veía tan sexy, tan desvalida, tan apetecible, aún así Sesshomaru esperó.
Kagome se fue acomodando de manera de quedar sentada en seiza, arrodillada sobre la gran cama y estirando la mano a él lo invitó a su lado. También Sesshomaru, se sentó en seiza frente a ella. Nuevamente esperó.
Ella se fue quitando la ropa, mirándolo fijamente, él hizo lo mismo.
Una vez desnudos se miraban con sus manos se acariciaban como aprendiéndose cada parte de sus cuerpos, sólo recorrían la piel con las yemas de los dedos.
El vínculo fluía entre ellos, no necesitaban palabras, solo sentir. Enderezándose para quedar parados sobre sus rodillas se abrazaron, ella apoyó su cabeza en el pecho musculoso, él aspiraba el aroma a frutas de su cabello. Se besaban, se tocaban, se deseaban…
-"Sesshomaru…"
Él se apartó para verla a los ojos
-"Hazme el amor"
El Lord tomo el rostro de su pareja entre las manos, la besó tan desesperadamente, la fue recostando sobre su espalda y besando cada parte de su cuerpo, se entregaba completamente indefenso a la pasión y el amor de una mujer, no era la Shikkon Miko, ni la guerrera que destruyó a Náraku, era simplemente una mujer, su mujer, Kagome.
Danaka entraba en su dormitorio, Noriko acunaba a Yashamaru, Krisstal estaba en la celebración, ella también merecía descanso y diversión.
-"¿Qué sucedió, Akira?"
-"Comprendió"
-"Ah, eso es bueno…Té?"
-"Gracias"
El tora se puso cómodo quitándose la armadura y dejando sus armas, Soltó su cabello y se fue a sentar junto a su esposa, tomando al niño de sus brazos. El pequeño observaba al tigre que mantenía sus ojos verdeazulados fijos en él.
-"Tu sí que serás poderoso Mi Joven Señor"
Noriko sonrió ante las palabras de su esposo y pareja.
-"Verdad?"
-"Yo he visto al Yashamaru del futuro, su aura es impresionante, es verdaderamente impresionante"
Yashamaru sonrió levemente y luego comenzó a bostezar y rascar sus ojitos
-"Pero hasta el Gran Gran youkai debe dormir así que, a la cama mi cielo"
Noriko lo tomaba de Danaka y lo llevaba a dormir a la cunita junto a su cama.
En la suite nupcial, la lucha se calentaba. La loba se retorcía intentando liberarse de la jaula de los brazos de Inuyasha, que mientras la sostenía contra sí, le besaba el cuello y mordía su oreja.
La hembra gemía de placer, pero nuevamente su instinto le marcaba luchar, su macho debía ser más fuerte que ella, ella necesitaba respetar al que iba ser el padre de su descendencia, se sabía hembra fuerte, necesitaba alguien que la protegiera y a sus cachorros, no un débil, macho que sólo se viera atractivo, forcejeó un poco más, si Inuyasha deseaba aparearse con ella debía ganárselo.
El valiente mestizo tomó coraje de donde no supo que tenía, tomó a la hembra del cabello y la forzó a mirar hacia arriba exponiendo así la yugular de la loba y en ese instante ella le prodigó un zarpazo que le cruzó el pecho salpicando de sangre la pared. Inuyasha la tomó de la mano y la tiró por encima de su cabeza arrojándola sobre la cama, enseguida sobre ella inmovilizándola de pies y manos.
Con la lengua marcaba la piel de su hembra, lamía el cuello, los hombros, ella jadeaba en busca de aire, la bestia femenina se revolcaba ante las vibraciones del youki del demonio interior del hanyou
-"Mía…"
La ropa interior blanca estaba roja de sangre, Inuyasha sangraba profusamente sobre Kibò. Ella lo pateaba, lo mordía, gruñía desesperada por liberarse, y liberar el poder oculto de su macho.
Inuyasha clavó sus garras en las muñecas de la hembra, haciéndola gritar. Arrastrando sus colmillos le arrancó el soutien, Kibò se arqueaba, luchaba por su amor, su instinto y su fuerza.
La bestia de Inuyasha reconocía a esa hembra como suya y haría que se someta a él y a su dominio. Marcadamente más fuerte que ella, el mestizo liberó su demonio y el aura abrumó a la loba que comenzó a lamer su barbilla.
-"Alfa"
Ella aún se retorcía
-"Eres mía, loba"
Colocando a la hembra con su vientre sobre la cama, Inuyasha le arrancó el resto de la ropa interior. La obligó a doblegarse con su peso, con su pierna separó las piernas de ella y se colocó en posición para tomarla a la manera Inu.
-"Débil mestizo, déjame ir"
-"Si soy tan débil, libérate"
Lo intentaba con todas sus fuerzas, pero Inuyasha la superaba en fuerza, peso y poder. El youki de los Taisho opresor implacable doblegaba el aura de la Ookami. La bestia de la hembra se regocijaba del poder de ese macho que logró atraparla
-"Soy Inuyasha Taisho, segundo Señor del Oeste, y tú eres mi hembra, te marcaré, llevarás mi marca con orgullo…parirás mis cachorros y te haré mía para siempre"
Kibò tenía la cabeza de costado con una mejilla sobre las pieles de la gran cama, el cuerpo del hanyou le impedía moverse, jadeaba en busca de aire, temblando de anticipación. La excitación de saber que iba a aparearse con el macho que amaba, su bestia exigía someterse, deseaba a ese mestizo, masculino, viril y poderoso
-"Alfa, y tú eres mía"
De un golpe la penetró arrancando un fuerte gemido sensual, la hembra se mantuvo quieta al principio, luego a medida que Inuyasha se movía violentamente en ella, comenzó a participar. Disfrutaban de su apareamiento de manera furiosa, a medida que se acercaban a su liberación, Inuyasha la tomó del cabello una vez más exponiendo su cuello y el hombro derecho a sus fauces babeantes, y con toda su fuerza la mordió, la ola de placer que los golpeó provocó gruñidos y aullidos de placer que retumbaron en palacio. La celebración afuera y la audición youkai, sonrisas y las copas de sake en el aire, el brindis por el poder del mestizo que logró marcar a su pareja, una hembra muy fuerte, él, mucho más. Respeto y honor al linaje de Inu No Taisho.
-"Campai!"
-"Campai!"
-"Salud!"
En la habitación de Sesshomaru y Kagome, sexo, besos, jadeos y gemidos, se vieron interrumpidos por un segundo en que se miraron y sonrieron. Reanudaron las actividades sensuales
-"Mmmm …Taishos calientes…"
-"Hn…mmmmm"
Sesshomaru separando las piernas de su mujer, colocándolas sobre sus hombros, besando los pies, las piernas, se hundía en ella una y otra vez, lo más profundo que podía. Kagome extasiada, jadeaba y gemía. El poderoso orgasmo que los golpeaba. Sesshomaru hundiendo sus colmillos en un tobillo de la joven. El golpe de youki, clímax intenso, gemidos de un Daiyoukai…
En otra parte del castillo, una habitación cálida abrazados en la cama un monje y una tajiya, se despertaban sobresaltados
-"Miroku?"
-"Inuyasha"
-"Ah…Eso fue…"
-"Aterrador"
-"Inquietante, aterrador no"
-"Ese aullido no te aterró? Sólo te inquietó?"
Miroku sobre un codo mirando a Sango en la penumbra
-"No, el tono del aullido no fue espeluznante, como los que oímos en nuestros viajes, recuerdas, cuando había luna llena, cerca de las montañas del Norte?"
-"Sí es verdad, este aullido era como más…"
-"Agradable"
-"Sensual"
-"Hot, como dice Kagome"
-"Sexy"
-"Apetitoso"
-"Hermosa"
-"Delicioso"
-"Atractivamente erótica"
-"Maravillosamente masculino"
-"Sango…"
-"Miroku…"
El monje se deslizaba entre los muslos de la mujer, sabía muy bien qué hacer para complacer a su esposa. Agradecido a Kami por la bendición de una mujer tan hermosa para degustar y disfrutar, Miroku se entregó a la pasión y la deliciosa dulzura, felina de Sango, interrumpiendo de vez en cuando para decirse
-"Musculoso y tan fuerte"
-"Dulce y apasionada"
-"Bésame, Houshi"
-"Sólo tienes que pedir, mi amor"
Noriko se sentaba en la cama, Danaka no estaba. Ella caminó hasta la cuna de Yashamaru, tampoco estaba, fue hacia el balcón y miró la luna enorme que iluminaba el cielo, abrió las cortinas para que la luz pálida entrara y la ayudara a buscar a sus hombres. En el sofá los encontró, el tigre dormía sentado con el pequeño sobre su pecho, firmemente sostenido, la madre de Kagome, sintió una oleada de ternura y orgullo. Se había enamorado de un gran youkai, de corazón puro, paternal, fuerte y muy sexy. Mientras ella sonreía, notó el brillo azulado de los ojos de su esposo que la observaba en silencio.
-"Estaba inquieto, los sonidos, la celebración, ya sabes…"
-"Ya está dormido, vamos a acostarlo"
El sonrió y se puso de pie, llevando al cachorro a la cuna otra vez
Danaka tiró a Noriko de la mano.
-"Es una noche hermosa"
-"Lo es"
El beso surgió de inmediato
-"Te gustan los niños, Akira?"
-"Y a ti?"
-"Me encantan, ya tengo dos"
-"Tenemos dos"
-"Sí, es verdad, sólo que…"
-"Qué?'"
-"No tengo cachorros…"
Ella sonrojada bajaba la mirada. El tigre sonreía seductoramente y con una garra levantaba el rostro de su esposa
-"Eso se puede solucionar…"
Kibò se dejaba caer en la alfombra de piel de la habitación que compartía con Inuyasha. Estaba agotada pero muy feliz. Inuyasha lamía la sangre del cuerpo de la hembra. Ella tenía marcas, rasguños y mordidas por todo el cuerpo. Se sentía muy masculino y verdaderamente satisfecho. Merecedor de la hembra que sostenía entre sus brazos.
Sentía que no se cansaba de ella. Demasiado tiempo deseándola. Una vez más sensualmente lamía el vientre de la loba, provocando que se le erizara la piel.
Ella era tan sensible a su tacto, una guerrera implacable en batalla, una hembra insaciable en la cama
-"Soy un hijo de puta afortunado"
Ella sonrió
-"Cállate y bésame, hanyou"
-"Lo que usted desee General Ookami"
