Aparición

Al fin había llegado. Pero seguía ahí de pie, sin decidirse a entrar de sorpresa o a llamarla para que ella saliera a buscarla.

¿Acaso eres una chica pequeña, Sato?

Pero es que nunca antes pensó que iba a ingresar a ése tipo de sitios. Desde afuera parecía una casa ordinaria, con una estructura arquitectónica bastante elegante. Pero entre sus paredes altas y envejecidas, y en sus ventanas victorianas con mosaicos de cristales de múltiples colores, había un discreto cartel, tan elegante como todo, en el que simplemente se leía "El Portal".

Lo primero que se le vino a la cabeza fue esos lugares en los que no decían nada pero que a la vez decía todo. Como las casas en donde se vende droga, por ejemplo, en donde solo te dan un nombre y solo por contactos, llegas.

Esto era similar. Sin las instrucciones que ella le había especificado, jamás se le hubiera pasado por la cabeza que ésa casa era un sexshop perfectamente camuflado. No es que un lugar así fuera ilegal, pero a los ojos de la sociedad seguía siendo escandaloso. De esta manera, siendo un lugar discreto, les daba a los clientes una oportunidad de pasar desapercibidos, de ir seguros hasta sus casas en donde podían probar, en la seguridad de sus paredes, felices su producto.

Felices el producto – sonrió Asami, y de inmediato se reprochó mentalmente por los pensamientos tan sucios que tuvo.

En ese momento, una de las grandes puertas de madera se abrió, dejando salir a una pareja del lugar. Asami alcanzó a ver la sonrisa con la cual la chica observaba al hombre antes de que ellos la vieran y la miraran sorprendidos. Eso la hizo sentir incómoda. Se sintió casi como una pervertida, que esperaba a las parejas a las afueras de ese tipo de lugares solo para ver sus rostros. Demonios ¿por qué tenía que ser tan perseguida? La mejor forma de terminar con ello fue dándoles una sonrisa y de inmediato subió los cortos escalones hasta alcanzar la puerta que aún no se cerraba del todo y, de una vez por todas, ingresó al lugar.

Adentro era un ambiente completamente distinto a la tranquila la calle residencial en la cual estuvo indecisa por algunos minutos. El interior estaba muy iluminado, distintos ambientes se abrían paso a lo largo de la casona. El suelo alfombrado bajo sus pies daba un aire bastante profesional al negocio, de seguro eran importantes, demasiado importantes como para que el lugar luciera tan ostentoso. Una rápida mirada y de inmediato observó como un chico de piel morena y pelo largo se acercó a ella. Esto sería incómodo.

- ¿Buscas algo en particular?

- No "algo" – respondió con una sonrisa incómoda -. Sólo a Korra.

- ¿Korra? – dijo el chico, y Asami captó el efímero brillo en sus inexpresivos ojos -. Tú debes ser la chica.

- ¿La chica?

- Su novia – aclaró, sin ninguna expresión en su rostro.

Asami sintió que su rostro ardía. Sin embargo, ¿por qué debía avergonzarse? Debía ser el hecho de escuchar el título, dicho por otra persona, por alguien cercano a Korra.

- ¿Eres tú su…? – preguntó Asami, tardando su pregunta.

- ¿Familiar? – completó la pregunta -. Sí, soy su primo, Desna – la saludó, de un modo bastante apático, y Asami no supo muy bien cómo corresponder.

En ese momento la inconfundible risa de su pareja hizo que dirigiera su mirada hasta un lugar apartado de una sala, en donde estaba sonriéndole a un atractivo chico. Una señal de alerta se encendió dentro de Asami.

- Veo que ya la has encontrado. Que disfrutes tu estancia en la tienda – le dijo Desna a modo de despedida, separándose de su lado.

Asami se quedó estática en el lugar. Ahora que lo pensaba, él lucía exactamente como alguien con el que Korra saldría, en el caso de que fuera heterosexual. Alto, atlético, popular. La robusta mano de él que envolvió el brazo expuesto de Korra hizo que sus piernas avanzaran sin que ella lo notara, y cuando al fin parpadeó se encontraba a pocos metros de ellos dos, intentando quitarse de la cabeza la vieja imagen que tenía de Korra cuando la había pillado a horcajadas de aquel sujeto.

Odiaba esos días, en que sus pensamientos optaban por caminos más oscuros y autodestructivos. Todo estaba bien ¿por qué pensaba en ello siquiera? ¿Cuándo se había vuelto tan pesimista? Pero, aunque se reprochara no podía detenerse.

- … Con seguridad estaría contigo – escuchó decir al tipo, y eso solo ayudó a que su descontrol aumentara.

- Lástima que ella ya está con alguien – respondió, imponiéndose frente a ellos.

- ¡Hey! – exclamó sonriente Korra y esa sonrisa la hizo sentirse un poco culpable, pero aun su guardia estaba alta.

Sin embargo, el atractivo chico solo rió divertido, provocando que esta se enfadara aún más.

- Debes ser Asami, Korra me ha contado mucho de ti.

Responderle en ése estado hubiera sido más descortés que simplemente no responderle, por lo que ella solo observó a Korra, buscando algún tipo de respuesta antes de que abriera la boca. Después de toda la batalla que se había formado en su mente, el sentido común peleaba abriéndose paso.

- Él es mi cliente regular – dijo Korra, en un "intento" por presentarlo.

Hablas como si fueras alguna clase de "dama de compañía". Demonios, Sato ¿quieres dejar de pensar en esto?

- Suena bastante extraño si lo dices de ésa manera, Korra – agregó el chico, dándole razón a sus pensamientos.

Gracias.

- Eres un estúpido, tú sabes lo que quise decir. Además, no somos compatibles.

- En éste momento – dijo, en una especie de broma que Asami no entendió. Pero no necesitaba hacerlo.

- Sigue así, y ella te golpeará – dijo Korra, apuntando a Asami.

- Discúlpame. No creas todo lo que digo – se disculpó.

Y la razón de advirtió a Asami que era mejor que no abriera la boca.

- Bien, es mejor que me vaya. Te comentaré cuando pruebe el producto.

- Por dios, sin tantos detalles como la última vez – sonrió.

- Eso te da experiencia. Deberías agradecerme – le dijo dándole un codazo en forma de broma, que Korra alegre devolvió.

- Sólo vete de una vez – dijo en respuesta la morena, y Asami estuvo completamente de acuerdo en ello.

El alto chico se despidió de ambas, y antes de que Asami pudiera decir algo, Korra la arrastró hasta un estrecho y poco iluminado pasillo de aquella casona y rápidamente la besó, sin darle tiempo para nada.

- Quizás armaré un alboroto con esto, pero dime Asami ¿estabas celosa? – le preguntó sonriente cuándo se apartó.

Su mente estaba en blanco, y hubiera mentido si lo hubiera negado.

- Es tu culpa por estar tan pegada a él – respondió haciendo una mueca y volteando su rostro, que a esas alturas sentía que humeaba de la vergüenza.

La risa de Korra volvió a abrirse paso por el lugar, por su cabeza, y eso extrañamente le molestó.

- Sato, eres una ridícula.

Tan amorosa que era. Alimentando, además, el fuego que sentía crecer en su estómago. Y antes de que pudiera protestar, Korra la estaba acorralando contra la pared, capturando sus labios entre los suyos, ingresando sin permiso su lengua a su boca mientras aquella mano se colaba dominante por debajo de su polera, presionando la piel de su abdomen.

- Espera – jadeó. Penosamente fue lo único que pudo decir.

- Hay un cuarto justo acá al lado – le susurró mientras mordía su oído.

No podía perderse a sí misma. Esto no resolvía nada, de hecho, ni sabía por qué estaba sucediendo. Debía sobreponerse.

- ¡No! – dijo sobresaltándola -. No puedes pretender que tenga ganas de hacerlo luego de que me hayas dicho ridícula y de que te haya sorprendido coqueteando con un tipo.

Listo. Lo había dicho.

Pero Korra solo rió.

- ¿Y por qué mierda te estas riendo? – dijo secamente, intentando mantener su enojo controlado, aunque fuera jodidamente difícil.

- ¡Asami… él es gay!

Típico, Sato. Si me hubieras escuchado no estarías avergonzándote a ti misma.

- ¿Qué? – soltó, sintiendo como el balde de agua fría bajaba por su cuerpo, mientras la razón se reía de ella.

- ¡Estabas celosa de algo insistente!

- Pero… ¡lo oí diciendo que de seguro estaría contigo!

- Trabajando aquí, si es que tuviera tiempo. ¿Qué puedo decir? Mi trabajo es divertido, recibo mucha información gracias a él, y deberías sentirte agradecida – le dijo en doble sentido, sintiéndose desfallecer por lo estúpida que había sido.

Jamás se había sentido tan estúpida.

- Entonces…

- Yo… - no sabía dónde ocultarse. Realmente odiaba esos días.

- Ven – la tomó Korra de la mano y besó su mejilla -, deja ir a cambiarme. Vamos a casa.

.

.

Era extraño, estaba un poco avergonzada, pero a esas alturas su cuerpo y se estaba acostumbrando a las altas demandas físicas a las cuales Korra la imponía. Y no solo a ésas, sino a lo que se esperaba de ella. Pero la expectativa no cumplía un rol importante acá, ella quería hacer eso, más aún, lo deseaba.

Antes habían hablado que utilizar un arnés sería un poco inadecuado, un poco invasivo para comenzar. Si bien lo habían hecho todo apresurado no estaba demás ir un poco lento con respecto a ciertas cosas. El tema de utilizar ciertos juguetes era en lo que Asami quería ir despacio, lo disfrutaba ciertamente, pero algo de pudor le quedaba, necesitaba preparación, acostumbrarse a eso antes de que todo se descontrolara y fuera al siguiente nivel.

¿Y cuál era ése?

Lo que las había llevado ahí. Asami de espaldas, como la mayoría de las veces se encontraba, con Korra entre sus piernas, cubriendo aquel objeto desconocido y ajeno a su cuerpo, esperando ingresar también a ella.

Observaba el rostro preocupado de Korra. Ella estaba luchando con algo más, la carga era más pesada para ella ya que aparte de también llevarlo, debía ocuparlo correctamente. Quizá hubieran comenzado con algo más simple, más unilateral, en la cual una pudiera obtener el completo control, sin comprometer el suyo. Pero entremedio de toda esa preocupación, también había determinación. Cuando algo ingresaba a la mente de la morena, nada podía disuadirla de ello.

A pesar de la espera, ya lo estaba disfrutando. A veces poco importaba donde se encontrara su mente, su cuerpo fácilmente la traicionaba, desligándose de su razón, de sus problemas y preocupaciones, entregándose por completo al deseo.

Sus caderas ya se movían erráticas, buscando prolongar el contacto que los dedos de Korra le ofrecían, humedeciendo toda su parte baja, aumentando la temperatura de su cuerpo, de su libido, comprometiendo su respiración y nublando cada vez más su razón. La misma que se había reído de ella hoy en la tarde.

Pronto sintió que Korra se acercaba más. Había avanzado hasta que sintió claramente aquel objeto justo en su entrada, pidiendo permiso para ingresar ahora que estaba lista. Una mirada de cariño mezclada con lujuria bastó para que abriera un poco más las piernas, arrimándose más a su cuerpo, sintiendo las manos de Korra afirmarse de su cadera, mientras el strapless strap-on se abría paso dentro de ella. Un quejido de satisfacción salió de sus labios. Pensaba que iba a ser frío, que lo iba a sentir incómodo al principio, pero sin demora se había adecuado a su temperatura, pero eso no era lo que ocupaba su mente.

- Ah – gimió Korra, mientras lentamente ingresaba el objeto de silicona, dando ambas un gemido de excitación.

- ¿Qué… sientes? – preguntó ahogada Asami, disfrutando el momento.

- Como si te tuviera dentro… es extraño, ya que yo lo estoy… o esto está…

Asami quiso probar algo. Con cuidado movió oscilante sus caderas, juntando un poco más su cuerpo al de Korra mientras la sujetaba firmemente de sus caderas, y de inmediato escuchó como ésta jadeaba.

Estaba en lo cierto – pensó, sonriendo.

- ¿Por qué sonríes?

- Porque con esto no solamente tú tienes el control. Como también lo llevas dentro, cada movimiento que haga, también lo sentirás. Ambas sentiremos lo que la otra haga – explicó, y de inmediato Korra sonrió.

- Probemos tu teoría.

Korra alejó su cadera de Asami, sintiendo perfectamente como aquel objeto se deslizaba por sus cálidas paredes, y cuando iba a medio camino, intentó cambiar un poco la dirección y luego ingresó con rapidez, ganando un gemido en respuesta. Eso siempre la hacía perder el control de sí misma.

Dentro de poco Asami solo sentía la piel caliente de Korra, casi ardiendo cada vez que su pelvis se acercaba a la suya, penetrándola profundamente, tocando con aquel objeto partes de ella que conocía a la perfección, sabiendo que ella lo estaba disfrutando tanto como lo hacía. Cada vez que llegaba al fondo, ciertas partes anatómicas de aquel juguete friccionaban su nódulo placentero, haciéndola gritar cada vez más alto.

El rostro brillante de Korra evidenciaba que eso debía requerir más esfuerzo del que estaban acostumbradas, y eso era decir mucho. Aunque era una excusa completamente válida por ser aquella la primera vez.

La frecuencia aumentó. Asami sentía que su cuerpo se movía sin control. Sus propias piernas ya no querían prolongar el contacto, si hacia eso probablemente terminaría pronto, y aun no le había sacado todo el provecho. Intentó alejarse un poco, disminuir la fuerza y la frecuencia con que Korra lo hacía, pero al agarre en sus caderas era más fuerte, y su voluntad en aquellas circunstancias siempre terminaba siendo escasa.

Pero no podía darse el lujo de agotarla, o agotarse.

La respiración de Korra iba aumentando, sus gemidos también, casi asemejándose a los gritos que Asami daba. La observaba desde abajo, viendo sus pechos oscilantes, moviéndose al ritmo de su cadera, mientras se perdía en su cara desbordante de lujuria con sus ojos cerrados, escondiendo detrás de aquella fina capa de piel sus ojos de un azul que a veces era celeste, tan único como ella lo era. Su pecho subía y bajaba errático. Era el momento.

Con una fuerza de voluntad de la cual se sorprendió, agarró las manos de Korra, soltando su agarre y se permitió detenerla, a pesar de haber estado a las puertas del éxtasis.

Una mirada preocupada de la chica la enterneció, y antes de que pudiera formularle alguna pregunta, ella se apartó, sacando sin alguna duda el strap-on que la estaba penetrando, aunque no pudo evitar dar un gemido cuando lo sintió deslizarse fuera.

- ¿Asami? ¿Qué sucede? ¿Te hice daño? – se apresuró a preguntar Korra y Asami solo pudo sonreír.

- Shh – la calló, levantándose mientras posicionaba un dedo en sus labios -. No quiero que te canses, porque aún falta demasiado – dijo, sorprendiéndose de lo caliente que había sonado su voz.

El rostro de Korra se enrojeció, y Asami aprovechó de besarla ardientemente, vertiendo sus sucios deseos en aquello, chupando y deslizando su lengua con sensualidad entre los labios de Korra, obteniendo como respuesta gemidos y estremecimientos por parte de su novia. Cuando sintió que ya no ofrecía resistencia, posicionando una mano en su pecho la empujó suavemente de espaldas a la cama, mientras se acomodaba a horcajadas sobre ella. Esta vez ella iría arriba.

Sonrió maliciosamente, si bien le costaba impregnarse de ese sentimiento de desinhibición, una vez que lo hacía lo explotaba al máximo. Y con esa idea en mente emitió una encantadora risa, enganchando un mechón de cabello suelto detrás de tu oreja, agachándose para continuar besando a Korra mientras se apoyaba en su pelvis, siendo plenamente consciente de que el juguete seguía dentro de Korra.

La morena comenzó a ganar confianza, acariciando con sus manos toda la piel de Asami que tenía al alcance, descendiendo por sus caderas, afirmando su trasero, y luego volviendo a subir, hasta cubrir sus brazos y abrazar su cuello. Era dulce, era posesivo, era ambas cosas y más. Asami sentía como Korra disfrutaba. Jamás habían tenido un acuerdo de qué papel sexual cumplía cada una de ellas en eso. Era ridículo, pretender que siempre habría una activa y una pasiva definitiva. Eso en las relaciones entre mujeres jamás existiría, y de hacerlo, una jamás obtendría placer, el verdadero placer. Eso solo sería calentarse viendo como otra llegaba. Y con eso en mente, su determinación se encontraba en querer ser ella la guía, aunque desconociera el camino, aunque se perdieran ambas. Y eso era lo que más le gustaba.

Mordiendo el labio inferior de Korra, Asami la miró traviesa, diciéndole con la mirada que iba a comenzar. Dejando un camino de mojados besos, se deslizó por el pecho de la morena, frotando sus pechos al pasar, escuchando el gemido de recompensa, alimentando sus ganas. Cuando llegó a su ombligo se irguió completamente y elevándose solo un poco, sin dejar de mirar a los ojos de Korra, con sus manos buscó el objeto, y antes de que Korra hiciera algún movimiento, Asami se ubicó justo sobre ello, y descendiendo su cuerpo, lo guió dentro de ella, lanzando un sonoro jadeo de satisfacción.

Los ojos de Korra brillaban de la excitación, desde abajo podía ver el cuerpo desnudo de Asami estirado en todo su esplendor. Su pálida piel contrastaba visiblemente con la de ella, y mientras su vista se deleitaba con su anatomía, ascendiendo por su sudado abdomen, perdiéndose entre el valle que se formaba entre sus pechos hinchados, ésta se perdió cuando llegó a su rostro y se sumergió en sus ojos verdes, oscurecidos y a la vez brillantes por el deseo. Solo esa imagen de ella la hacía gemir, controlándose para no irse penosamente solo con la imagen de su novia sobre ella.

Pero al parecer eso no dependía de ella, ni de Asami, ya que veía que ella estaba batallando con lo mismo con lo que ella batallaba.

Asami sabía que la clave no estaba solo en entrar y en salir, sino que en estimular los puntos correctos, dejando espacio para la añoranza, para rogar por aquel toque, por aquella fricción. Deslizando sus manos por el abdomen de Korra, ascendió hasta posicionarla sobre sus pechos, amasándolos y apretándolos con deleite, mientras comenzaba lentamente aquel baile sobre sus caderas, en un sensual vaivén que iba orquestado con la música que salía de entre sus labios. Sentía perfectamente como ella dirigía el objeto en su interior, era casi como si se estuviera masturbando encima de Korra. Una acción así hubiera sido egoísta si es que hubiera sido solo un corsé unilateral, pero sabía, por la intensidad de los gemidos de Korra y por cómo ésta la agarraba, intentando dirigir un poco la oscilación de sus caderas, que ella lo estaba disfrutando tanto como ella.

Deslizaba su pelvis demorando el recorrido, ascendiendo un poco por la pelvis de Korra para luego hacer presión en la parte baja, sintiendo la humedad desbordándose y embebiendo aquel juguete, provocando que la penetración fuera más fluida, casi descontrolada. Era momento de subir la intensidad.

Arqueó un poco su cuerpo, acercando su torso al de Korra, poniendo a prueba la flexibilidad del strap-on, la cual respondió perfectamente. Con satisfacción, Asami se preparó para lo siguiente. Nuevamente capturó los labios de Korra en un beso que iba subiendo cada vez más de intensidad, ingresando a territorio desconocido y peligroso, y aprovechando esa añoranza, descendió violentamente sobre el artefacto, gimiendo en su boca, acogiendo el grito de Korra en la suya, sintiendo sus uñas arañar la parte baja de su espada. Ese era el precio que debía pagar, ahora oficialmente estaba perdida.

Las manos de Korra se aferraron a su cadera y la esta vez la guiaron sobre su propio cuerpo, ayudando a Asami con su tarea, y aprovechando eso, Asami optó por buscar apoyo en el respaldo de la cama, posicionando sus manos en la madera, mientras ambas guiaban la danza, permitiendo que aquello llegara hasta el fondo de Asami y que presionara el techo de la pared del interior de Korra.

Asami comenzaba a sentir el cansancio por todo su cuerpo. Sus brazos entumecidos intentaban afirmarla, manteniéndola erguida cuando sentía que aquella bomba de electricidad recorría su cuerpo cada vez que descendía. Pero hasta sus piernas comenzaban a flaquear. Tenía que aguantar un poco más.

Korra entregada a las sensaciones no perdía detalle del rostro sudado de Asami justo sobre ella. Cada vez que hacía cierto movimiento, ella abría la boca dejando escapar una especie de grito ronco, como si el alma se le fuera en ello. Korra, con dificultad intentaba mantener sus propios ojos abiertos, pero su cuerpo también le estaba pasando la factura. Y se le habían ocurrido tantas ideas para probar con Asami una vez que la vio montarla de ésa manera, era una pena.

Tomando una profunda y dificultosa respiración, se determinó a acabar con ello. Asami no aguantaría más.

Llevó sus manos hasta las de Asami, y suavemente las dirigió hacia sus hombros, de manera que se apoyara en ella. Habiendo hecho eso, nuevamente colocó sus manos en su pálida y calurosa cadera y moviendo también la suya, comenzó a aumentar el ritmo de descenso de Asami, procurando de friccionar su nódulo, para no tardar la ansiada liberación que había pospuesto tanto.

Asami comenzó a jadear cada vez más fuerte y pronto no encontró la fuerza para seguir sosteniendo su cuerpo, por lo que erguida solo se permitió sentir cada penetración que Korra guiaba. Su cabeza comenzaba a doler, pero era por una presión distinta. Sin importarle como sus pechos bailaban ante cada acción, se llevó una de sus manos hasta su frente, presionándola, mientras gemía sin decoro alguno.

Estaba cerca, Korra lo podía sentir ya que le costaba avanzar por aquellas estrechas paredes, ella sentía lo mismo. Pero debía superar esa barrera para llegar al final.

Friccionando un poco más, observó con deleite como Asami abría un poco más la boca, tensionaba los músculos de su abdomen, arqueando levemente su espalda y entonces un ahogado grito salió de ella, el mismo que salió de los labios de Korra cuando se permitió liberar toda esa energía que había guardado atormentándolas.

El movimiento había cesado. Absorbiendo aun las pequeñas contracciones que ocurrían discretas dentro de cada una de ellas. Asami seguía con una mano cubriendo su frente, afirmándose a su pelo, como queriendo descargar en él toda su energía. Cuando salió de su escondite, emitió una risa entrecortada y pasó sus manos por sus ojos, secándolos, lo cual enterneció a Korra.

- Hey ¿estás bien? – le preguntó, tomando su mano, acariciándola con su pulgar.

- No es nada, disculpa – dijo Asami.

- Ven.

Y tirándola suavemente atrajo a Asami sobre su cuerpo, recostándola sobre su pecho, y al hacer eso, aguantó la respiración.

- Espera, antes necesito que salgas – dijo Korra, ahogando un jadeo.

Con cuidado Asami removió el straples de su interior, y a continuación lo quitó de Korra, arrojándolo a un lado en el suelo antes de volver a recostarse sobre ella, al fin descansando luego de todo el ejercicio y la tensión.

- Fue una muy buena idea – susurró con su rostro escondido en el cuello de Korra.

- Una muy buena idea – compartió la otra, riendo ante el comentario de Asami y acariciando su suave espalda.

- Demonios, pensé que no lo iba a lograr.

- Somos dos, pero valió completamente la pena.

- Esto no ha acabado, Korra. Es solo una tregua – dijo somnolienta Asami, acomodándose más en el cuerpo de la morena.

- Jamás he dicho lo contrario – dijo antes de cerrar los ojos y esta vez perderse en las profundidades del sueño, no sin antes depositar un beso en la frente de Asami.

- Te amo – dijo de manera inconsciente.

Korra sonrió, nada podía ser más sincero que ello.

- Y yo a ti.

.


- ¿Dónde estás? – preguntó Asami por teléfono, mientras esperaba frente a pared en donde estaban expuestas las notas de algunos exámenes.

- El entrenador llamó. Ahora estoy en el descanso de la práctica de basquetbol.

- Oh – emitió decepcionada -. ¿Terminarás pronto? Puedo esperarte, podemos ir juntas a casa.

- No te preocupes, creo que esto llevará tiempo, no quiero que tengas que esperar… un momento ¿a qué casa? – preguntó alterada por la línea, dándose cuenta del doble sentido de la pregunta.

- Mi padre anda fuera de la ciudad, así que puedes decidir – dijo sonriendo Asami.

- Demonios… aun así no puedo escaparme.

- Eso te pasa por martirizarte.

- Ve a casa, apenas termine correré hacia allá.

- Te estaré esperando.

.

.


Una nueva jornada estaba empezando. A medida que pasaba el año las clases se estaban complicando, pero no solo era eso, sino el impresionante desinterés con que a sus profesores no parecía importarles su vida personal, o siquiera pensaban en que necesitaban dormir. Cada uno de ellos actuaba como si su materia fuera la única de la carrera, dejándola sin tiempo para demasiadas cosas, obligándola a hacer malabares para equilibrar su vida como nunca antes pensó hacerlo.

Las cosas con Korra estaban avanzando mejor de lo previsto, ahora estaban más abiertas a toda clase de conversaciones. Atrás parecía haber quedado aquella chica tosca y carente de tacto que la había obligado a hacer cosas. El cariño por una persona transforma y abre muchos nuevos caminos, y hasta este entonces ella había sido su relación más querida.

Mientras apuntaba algunas cosas que decía el profesor, comenzó a dibujar sus propios modelos protésicos. Ansiaba enormemente terminar de una vez por todo con las clases para tener tiempo dedicarse a lo que en verdad le gustaba. Odiaba ese sistema de enseñanza, por culpa de ello había tantos desertores a lo largo de la carrera, por culpa de ello nada era apreciado por el verdadero valor que tenía. Pero había logrado adaptarse, aunque nada de eso le agradara.

Un constante chasquido detrás de ella desde hace rato la estaba molestando, y se sorprendió un poco cuando una mano tocó su hombro, haciéndole comprender que ése molesto sonido de hace un rato era para ella, y jamás hizo nada para acallarlo.

Aquella era una clase avanzada, no conocía a ninguno de los pocos estudiantes que había en el salón, por lo que aquel toque le fue extraño. Cuando volteó vio a una mujer que le ofrecía una sonrisa. Jamás la había visto y eso que destacaba bastante. Nuevamente se recriminó por poner tan poca atención a su entorno.

- Dime – le respondió Asami.

- Hola. Dime ¿cuál es tu nombre?

- Asami – respondió continuando en el estado de confusión.

- Asami, ¿vas a tomar alguna asignatura de formación académica?

Esa era una pregunta extraña, aún más de parte de alguien que no conocía.

- Ehh…

- Soy Ginger – se adelantó, de nuevo sonriéndole.

- Ginger, estás interrumpiendo la clase – le dijo seria Asami.

- Oh, ya veo. Después de clases hablaremos.

Treinta minutos después y éstas hubieron finalizado. Si tuviera que ser sincera, Asami no había puesto real atención después de la interrupción de aquella mujer preguntando cosas sin sentido. ¿La conocía? ¿sería alguna conocida de Korra o de los chicos? Así mismo se había presentado Bolin a ella una vez, y las cosas no salieron del todo bien.

Si es que a ella no le interesaba cierta persona, le incomodaba un poco que se acercaran a ella de esa manera. Pero ya había llegado el tiempo de aclarar quién era esa pelirroja.

- Ahora podemos hablar – escuchó que ella decía a su lado.

- ¿Podemos hacerlo camino a la biblioteca? Debo devolver un libro.

- Por supuesto, me ahorrará el viaje que tenía que hacer hacia allá.

- Hm – emitió un poco incómoda Asami -. Y dime, ¿por qué me preguntabas eso?

- Quería saber.

- ¿Para qué?

- Por nada en particular, solo era para iniciar una conversación.

- ¿En medio de la clase? – preguntó Asami levantando una ceja. Esto olía a problemas.

- Eso no es lo importante.

- ¿Qué lo es? – se estaba impacientando.

Ginger se adelantó rápidamente unos pasos y se interpuso en su camino, justo en frente de ella, llamando completamente su atención.

- Dime, Asami… Tienes una relación amorosa con una mujer ¿cierto?

.

.

.

~o~


N. de la A.:

¿Por qué el capítulo se llama así? Porque de repente Asami se deja ver, liberando quizá el hambre reprimida que todos alguna vez presentan y que temen a mostrar. Por esos malos días infundados, llenos de lo peor, volviéndonos paranóicas. Por esas personas extrañas (para bien o mal) que aparecen y "revuelven el gallinero".

Y algo completamente aparte, diré que sinceramente no había terminado de leer por completo la real historia que estoy adaptando. Pero ya lo hice, y les digo para los que quieren ver el mundo arder, que eso está cerca. No sé porque les gusta tanta maldá.

Ahora entraremos de lleno al uso de juguetes exóticos, he intentado documentarme bastante al respecto pero jamás cerraré las puertas para saber si quieren ver algo en específico (por favor, nada tan extraño). Y colgándome a esto, de hecho este capitulo fue inspirado en un comentario sobre este determinado objeto (Share XS). Para que vean que tomo en cuenta y averiguo sobre ello. (Agradézcanle a su "amiga" por contarme de esto, chicas).

Listo. Le reviews:

KorraAsami: Hohoho, son unas sucias, y me caen muy bien. Y ya les dije todo lo que tenía que decirles.| Ninixxx: No pasa nah, hasta que las velas ya no ardan, es ahí cuando me marcharé. Quedé perturbada sobre lo que quieres ¿alguien que te azote contra una reja y que te lo haga mayoritariamente en público? (y loh peshoh wuahahaha) Pero yo no juzgo. Weón, jamás había comido tanto estas fiestas, y puras empanadas (no, no hay doble sentido acá) la nación de las empanadas invadió a mi familia y aquí estoy, intentando volver a lo que era antes del 18. Y ni recuerdo sobre lo bebido, pa' que cachí miha. Espero que lo hayas pasado igual de bien, compañera (leerse con voz Allendesca).| Ponshy: Aun es muy pronto. Hay que dejar que vivan esa calma que hay antes del tornado.| Ruha: Aw, que digas eso es mucho viniendo de ti y de tu kilometraje leyendo ese tipo de historias. La verdad yo soy reacia a leer, me aburro fácilmente y solo sigo algunas cuantas, pero por eso es genial que lo digas. Y he estado un poco desaparecida, no he olvidado nuestra alianza; dame tiempo, debo solucionar algunas cosas antes.| Shizuma94: Opal es muy preciada para que la odien. Ginger es perfecta.| Kanu-Unchou: ¡Qué desaparecida andaba, mi victoriana lectora! Y veo que anduvo recreando su vista en otra de mis adaptaciones, esa es un poco más... hmm... cruda. Pero es genial que te haya gustado. ¿Y no habías quedado en decirme tu? Y al parecer volvimos al "usted".| Agnesami: Gracias. Si, el tema de Hiroshi va y viene en mi cabeza. Apenas encuentre una apertura solucionaré ello, aunque siento y temo que correrá sangre (es solo una expresión).| catching RE: Hohoho, más que sorprendida la dejó.| Aile1323: Tsk, está bien, no más comentarios oscuros e irónicos de ésa índole. Entendí con el perfecto uso que le diste al "aweonadamente" (*se levanta y aplaude*). Hahaha, tienes una relación pasiva-agresiva con Asami. Yo encuentro que eso le da veracidad al personaje, o te reto a decirme que ¿acaso alguna vez no te enfrascaste con pensamientos así, miss paranoia? Lo dudo, y si me equivoco esperaré ansiosa mi castigo. Mientras tanto, Asami debe seguir con eso hasta que aprenda. Dar hasta que duela.| Benada: Mi teclado se derritió cuando escribí esas cosas, pero vuelve a renacer cuando sé que valió la pena. ¿Qué puedo decir? Si bien el cambio de Korra fue catalizado por ciertos sucesos, finalmente lo hizo por ella. Pero es cierto, la sociedad critica antes de conocer. Solo hay que dar una oportunidad.| Jaz98: Eso es justamente lo que hacen, maravilloso que lo hayas dicho.| AlexandraArcher: Oh, saboreo el momento en que se le caiga el rostro a Hiroshi descubriendo que Korra es la adecuada para su hija. ¿Te gustaría una amiga como Korra? Son un grano en el trasero, pero a la larga terminan siendo las más fieles. Siempre aparece una, ya verás.| DjPuMa13g: ¡Hey! Otro gran review, que desencadenó aquella tan larga respuesta.| Tenshi Hikari: También me encanta Korra con pelo corto, la hace lucir más determinada. Hahaha, mi pobre e incomprendida Asami ¡observen el momento exacto en que comienza a dominar a la bestia! hahaha.| Nami-Nem: Hahahah, escribiste como la callampín bombín (algo que les digo cuando les hablo a mis sobrinas) pero tu sabes a qué me refiero (como las reverendas weas) y dejando de lado mi toc solo puedo darte nanais devuelta. Pero ya sabes como es Pocahontas, va allá donde la lleva el viento y vuelve cuando menos lo esperas, cual Korra buscando a Raava.

Puse estas separaciones ("|") porque en la plataforma de celular de fanfiction queda la tremenda escoba donde últimamente no se leen las letras en negritas. Los que tienen la aplicación en el celu sabrán.