Velado

- Asami…

No importaba cuanto tiempo hubiera pasado, ni cuantas veces lo dijera, siempre escuchar su nombre dicho con aquel tono tan… deseoso, la estremecía por completo.

- Espera – jadeó, casi sin ganas.

Sentía como sus labios besaban y mordían la piel de su espalda, subiendo hasta su cuello, recorriendo peligrosamente la zona tan sensible de sus hombros. Pero no era solo eso, sus manos, escondidas bajo el agua caliente y humeante, acariciaban su abdomen, alternándose entre sus pechos y la ingle, sin decidirse a qué atormentar primero.

La presión en su cabeza se estaba volviendo cada vez más fuerte. Las altas temperaturas, tanto corporal como ambiental, estaban dificultando su capacidad de razonar lógicamente: estaban en un sitio público, en cualquier momento llegaría alguien y las vería, haciendo esas cosas. Debía detenerla, esta vez de verdad.

- Korra… - volvió a intentar, pero solo bastó una mordida en su hombro, y un pellizco a uno de sus pezones para que, en solo un gemido, perdiera el poco dominio que le quedaba.

- Date la vuelta – ordenó Korra.

- ¿Qué?

- Siéntate sobre mí – explicó.

Cerró los ojos por un momento, su cabeza le molestaba, pero el embrujo de Korra era más fuerte, debía obedecerla, su cuerpo sabía que sería recompensado. Lentamente se desplazó sin dificultad unos centímetros por aquella gran piscina natural de agua caliente, dándose espacio para voltear sin chapotear demasiada agua, ni hacer demasiado ruido. De cara frente a Korra, no alcanzó a efectuar algún movimiento cuando dos posesivas manos se aferraron a su trasero, guiándola a sentarse a horcajadas sobre ella, abrazando con sus piernas la cintura de la morena, sintiéndose tremendamente expuesta mientras que intentaba esconder su vergüenza en el cuello de Korra.

- ¿Y si viene alguien? – susurró avergonzada.

- Entonces sabrá que molesta, y se irá – respondió.

Claro, como si fuera tan fácil ¿y qué sucedía si no se iba? ¿si las descubrían y las obligaban a abandonar el hotel? Korra no pensaba en eso.

- Te preocupas demasiado – la tranquilizó -, cuando en lo único que debería ocupar tu cabeza, es en no meter ruido.

Apenas terminó de decir la frase, Asami emitió un agudo y ahogado gemido en cuanto sintió los dedos de Korra deslizarse dentro de ella. A pesar de estar en un estado latente de excitación, podía archivar todas las nuevas sensaciones que iba adquiriendo junto a Korra. Con su cuerpo, caliente por el agua, aun podía sentir los dedos aún más calientes de Korra desplazarse entre sus suaves paredes, presionando y haciendo pequeños remolinos mientras se movían demandantes, saliendo y entrando, sin emitir ningún sonido indecoroso. La sensación era maravillosa, el agua potenciaba todo, creándose una especie de vacío cada vez que Korra salía, aumentando la presión cuando volvía a penetrarla con los dedos. A cada embestida, su cadera se apegaba al cuerpo de Korra, sus pechos friccionaban los de ella, estimulando además sus sensibles pezones, dolorosamente erectos.

De repente, sus sentidos comenzaron a adormecerse. El aire denso le dificultaba la alta demanda de oxígeno que su cuerpo le pedía. El agua caliente no ayudaba a que su cuerpo disipara el calor, en vez de eso lo calentaba aún más. El dolor de cabeza aumentó a tal punto que tuvo que descansar un momento su frente en el hombro de la morena, mientras esta seguía con su tarea, ajena a todo lo que estaba sintiendo Asami.

El punto sensible dentro de ella la obligó a erguirse, gimiendo en contra de su voluntad. Estaba cerca, tenía que apurarlo, de lo contrario colapsaría.

A cada nueva embestida de Korra, Asami comenzó a mover sus caderas para ir a su encuentro, sintiendo claramente como su pelvis chocaba contra la de ella. Sus ojos estaban tan vidriosos como los de ella, su boca igual de abierta, emitiendo los mismos jadeos a cada movimiento. Korra la estrechó más, pegándose por completo a su cuerpo, abriendo más sus piernas, y mientras mordió uno de sus pechos, su mano se impulsó para llegar de una vez por todas a aquel ansiado clímax.

De pronto Asami se encontró gritando, lo sentía, aquella presión subiendo por su espalda, presionando su abdomen, tensando sus extremidades, ahogándose en su garganta hasta que, al fin… al fin todo había acabado.

- Asami - escuchó decir a Korra alarmada.

Su rostro aterrado la confundió. Concentrada en ella, débilmente sintió como algo caía de su nariz. Levantando lánguida una de sus manos, se la llevó a su nariz para apreciar cómo éstas se teñían de un líquido escarlata. En la palma de su mano, pálida y arrugada por el agua, aquél el color no tenía sentido, y al segundo siguiente la fuerza la abandonó. La ultima cosa que observó fue la sangre en su mano descomponerse en pequeños puntos de color rojo, mientras que atrás alcanzó a ver puntos cafés y celestes mezclarse, preocupados llamando su nombre.

- ¡Asami!

.

.

Un suave cielo entablillado fue lo primero que observó, previo a que comenzara a recuperar sus sentidos. La blanda colcha en su espalda fue lo que confirmó sus sospechas: se había desmayado en las aguas termales, justo después de haberse liberado. La presión debió haber sido demasiada para que su cuerpo hubiera quedado en ése estado.

- ¿Asami? – escuchó a su lado.

Pestañeó por segunda vez y ahí la observó, hermosamente preocupada junto a su cama. Aún tenía el pelo mojado y solo vestía una empapada bata, diciendo que apenas había tenido tiempo para secarse.

- ¿Estás bien?

- Me desmayé – respondió, como una confirmación más que como una pregunta.

- Epistaxis – dijo Korra, y ante la confusión de Asami, ella agregó -: Antes de eso, sangraste. La presión en tu cuerpo debió ser demasiada.

Asami sonrió. Al parecer Korra aún estaba preocupada.

- Pero ahora estoy bien, no pongas esa cara – dijo mientras se levantaba con suavidad.

- No… - se apresuró a tocarla Korra, para impedirle que se levantara, pero Asami continuó.

- Dije que estaba bien ¿ves? – le mostró, sentada en la cama.

Korra le dio una media sonrisa y Asami la correspondió, mientras sentía la cálida mano de Korra apoyada en su mejilla.

- No te sobre exijas demasiado ¿está bien?

- Hm, no lo haría si me permitieras descansar, si pararas un poco cuando te digo que lo hagas – respondió Asami, dando una infantil mueca de indignación.

- Hm ¿esa es acaso una queja, Sato?

- No del todo, solo digo que, quizás, puedes ser un poco más cuidadosa – argumentó, poco convencida de su pobre excusa.

Korra se separó de ella, sentándose erguida en su posición, dándole una mirada la cual Asami interpretó como algo juguetonamente amenazante.

- Creo que estás avergonzada porque fui tan buena que hasta te desmayaste cuando llegaste al orgasmo ¿no es así? – disparó.

- ¡Korra! – exclamó Asami, mirando hacia ambos lados, atenta a que nadie las escuchara.

- ¿Qué? ¿Acaso estoy mintiendo?

No podía ganarle.

- Eres imposible.

.

.


Su cabeza no paraba de recordar todo lo ocurrido en esas pequeñas vacaciones en las aguas termales, donde Asami había estado solícitamente siempre a su disposición. Pero no solo era eso, no todo tenía que ver con eso, solo pensar en cómo los labios de ella se curvaban en aquella sonrisa, o el pelo jugaba en sus mejillas, la hacían sonreír bobamente. Por ella su mente siempre parecía estar en otra parte. Esa era una de las razones de porque ese día, en aquel ruidoso comedor de la facultad, jamás sintió a alguien detrás de ella hasta que la mirada de sus amigos fue demasiado evidente, fue ahí cuando volvió a la realidad.

- Hola Korra – escuchó nuevamente a sus espaldas.

La breve mirada que le dio a su grupo de amigos, sentados frente a ella en el casino bastó para indicarle que se trataba de alguna estudiante de otra carrera, pero con quién de seguro compartía ciertas clases. La mirada boba de Wing hizo que rápidamente se volteara antes de que éste dijera algo estúpido, avergonzando a todos.

- Hola – la saludó.

- Pasaba por acá y pensé en preguntarte si piensas unirte a algún grupo de estudio – le preguntó alegre la muchacha.

- Oh – respondió, aun confundida por la extraña intervención de aquella compañera -. No lo creo.

- ¿En serio? Es una lástima. Pensé que sería divertido estar en el mismo club que tú.

¿Ah sí?

- Es que entre el equipo de básquet y mi trabajo se me hace complicado hacerme de tiempo para estar en algún grupo – se apresuró a excusarse.

- Oh, con qué era eso – respondió, visiblemente desilusionada.

- Y tú ¿has pensado en unirte a alguno? – se apresuró a preguntar Korra.

- Si.

- En ése caso. Si consigues apuntes o ejemplos de exámenes anteriores ¿te importaría compartirlos conmigo? – le preguntó, regalándole una amistosa sonrisa -. Te invitaré a almorzar.

- ¡Cla-claro!

- Muchas gracias.

Y tan sorpresivamente como la chica había interrumpido el almuerzo, una amiga suya la llamó, abandonando apresura y feliz el grupo de Korra. Todos la vieron marcharse, y apenas estuvo lo suficientemente lejos de ellos, sus amigos no tardaron en iniciar una conversación de ello.

- Oye, oye… ella está muy bien – comentó Wei, sin despegar su vista de los atributos de aquella chica.

- Dime Korra ¿de dónde es?

- Compañera de la clase de ortopedia. Hemos hecho algunos ejercicios juntas – respondió sin importancia Korra.

- ¿Hm? ¿Qué clase de ejercicios? – preguntó inquisidora Opal, y Korra supo de inmediato a qué se refería.

- No son físicos, si es a lo que te refieres – respondió con una mirada asesina.

- Hey, tranquila Korra. Si fuera tú, yo me volvería gay para estar con aquella chica – comentó Wing, provocando que ambas chicas de aquella mesa intercambiaran una mirada cómplice.

- Bueno, al menos conseguiste ayuda para estudiar sin estar en un grupo – comentó Opal, finalizando el tema.

- Si, con aquella atractiva muchacha – respondió uno de los gemelos, incapaz de dejar pasar eso -. Te envidio, Korra. No importa si es chico o chica, todos caen a tus redes. Me imagino cuantas cosas sucias has hecho que no nos has contado.

- No hago esas cosas – dijo Korra, llamando la atención del grupo -. Además, ya tengo a alguien, no necesito otras.

La información dejó al grupo por unos momentos en silencio. Como el silencio ensordecedor justo antes de que explote una bomba, tal como iba a suceder.

- ¡¿Qué?!

- ¿Korra es de las serias?

- ¿Cuándo sucedió esto?

- Meses atrás – respondió bebiendo de su botella de agua.

- ¡Korra! ¡¿Cómo es que no sabíamos?!

- ¡¿Quién se atrevió a ultrajar a nuestra pequeña amiga?! – dramatizaron los gemelos.

- ¡¿Quién fue el maldito?!

Korra lanzó una inocente mirada hacia Opal y de repente los dos chicos se encontraron acosándola, buscando la verdad. Un asentimiento bastó para hacerle entender que tenía el permiso de rebelar su secreto, y tomando una profunda respiración, creó el ambiente para preparar a los chicos con lo que diría a continuación.

- Asami Sato. Pero yo diría que ella fue la ultrajada.

.

.

- Asombroso – comentaba Ginger observando fascinada aquel simple anillo entre sus dedos -. Ya tienen anillos de pareja. Korra debe ser tan romántica cuando están solas.

Precisamente romántica no lo era. Tierna sí, pero tan sumisa como podría llegar a ser, lo era igual de salvaje. Su viaje y su desmayo en el hotel de las aguas termales era la suficiente prueba de ello. Y no era para nada una queja. A ella le gustaba así.

- Me encanta que me haya obsequiado algo así, me hace sentir más cerca de ella. Pero una parte de mí no puede dejar de pensar en que también es una clase de repelente.

- Pues claro que lo es, Asami – respondió Ginger, sorprendiéndola -. Está protegiendo lo que es suyo. Es una manera de cuidarte – dijo, colocando el anillo de nuevo en uno de los dedos de Asami.

Ésta alzó la mano hacia el cielo y finalmente sonrió, observando satisfecha como aquel pequeño aro de plata brillaba en su mano.

- Y cómo te decía ¿no quieres unirte a algún club? Podríamos ir juntas.

- Oh, ya tenía pensado unirme a uno en particular – respondió Asami.

- ¿Cuál?

- Es de un amigo mío. Me ayudó mucho en los exámenes del año anterior. Ya egresó, pero viene a hacer ayudantías junto a con otros estudiantes.

- Suena prometedor.

.

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A pesar de siempre estar con un gran grupo de gente alrededor, la verdad era que Korra disfrutaba de la soledad y el aire fresco. No tenía ninguna preocupación que la aquejara, simplemente quería sentir la fresca brisa de la tarde en sus mejillas. Con los ojos cerrados, las imágenes del fin de semana por lo pronto parecían no querer abandonarla, y ella las disfrutaba. Unas pisadas en el pasto junto a al banco donde estaba sentada la hizo fruncir el ceño, pero no abrió los ojos hasta que escuchó un carraspeo. Un poco molesta abrió resignada los ojos y levantó su mirada para observar al intruso que demandaba su atención, y resultó que era una intrusa, una que jamás había visto.

Una alta chica de tez blanca y mirada altanera la miraba desde arriba, como casi exigiéndole respuestas.

- Hola, Korra – le dijo con un tono de voz que expelía confianza en sí misma.

Korra la observó con cara de pocos amigos. No conocía a ésa chica, de hecho, no recordaba haberla visto alguna vez por el campus, pero no se extrañaba, ella no era de las que se fijaba en todas las personas. Aun así, algo de ella no le daba buena espina. Quizás era el aire de confianza, ¿o era de superioridad?, de su mirada, como si estuviera completamente convencida en que nada podría ponerse en su camino. Además, ése lunar que tenía, de alguna manera ayudaba al cuadro completo de extrema confianza. Una atractiva y peligrosa muchacha, esa fue la primera impresión de Korra.

Ante el silencio imperante y la clara falta de comunicación de Korra, la recién llegada volvió a iniciar la conversación.

- ¿Sabes? Necesito ayuda para reunir cincuenta chicas para un evento este jueves.

- ¿Ah? – contestó sin haber entendido completamente aquella repentina petición, como si se tratasen de viejas amigas, cosa que no eran -. No entiendo lo que dices. Ni siquiera te conozco.

- Oh, disculpa. Pensé que lo hacías – respondió sonriendo fanfarronamente.

- ¿Debería?

- Claro. Así como yo te conozco a ti.

Nuevamente hubo silencio, pero ahora el rostro de Korra se había endurecido un poco más. La chica sonrió, divertida ante la situación.

- Me llamo Kuvira, estudio en el edificio de al frente, Ciencias políticas.

- ¿Y qué necesitas de mí?

- Ya te dije, cincuenta chicas para este jueves. Si lo haces te llevarás una buena comisión.

- ¿Comisión? - ¿de qué rayos está hablando? ¿hay algo que me perdí? -. Además, es imposible. Eso es pasado mañana.

- ¿Qué me dices de treinta?

- Sigue siendo imposible – respondió de inmediato Korra.

Kuvira rió, sorprendiéndola. ¿Qué era lo tan gracioso?

- Encuentro divertido que creas que sea imposible – dijo -, más aun sabiendo que eres popular. ¿No podrías hacer nada para que funcione?

- Parece que no sabes cuándo rendirte – le sonrió Korra, amenazadora.

- Tengo un montón de conexiones, pero estoy buscando a personas que tengan la capacidad de reunir gente.

- Ha. Es un tanto contradictorio lo que dices.

- ¿Qué te parece si te recompenso con trabajos de otros cursos? O apuntes de las materias más exigentes.

- Ya tengo mi propio método para conseguirlo, gracias – respondió, mirando aburrida hacia otro lado.

- Ah. La chica antes, a la que invitaste a almorzar si compartía sus apuntes – comentó Kuvira, llamando la atención de Korra -, ¿crees que solo fue casualidad que viniera a hablar contigo, Korra?

¿Qué mierda?

Ante eso, Korra aumentó sus defensas. Aquella chica la había estado observando.

- Ser una organizadora de eventos no me beneficia en nada. Además ¿no sabes que se volvieron estrictas las leyes de moral pública? A un conocido lo encarcelaron por ello. Déjalo de una vez.

- Oh, estás equivocada. No es ninguna fiesta extraña – comentó sentándose junto a ella -. Estoy ayudando a unos amigos sobre unos productos para mujeres jóvenes. Yo solo soy la chica de los recados. Ten mi tarjeta.

Korra recibió de mala gana el papel, observando desconfiada la simple escritura.

¿Qué? Es solo el departamento de marketing de una gran compañía ¿no dijo que estudiaba ciencias políticas?

- Mira, la verdad es que esto suena bastante aburrido. Realmente no quiero.

- No digas tonterías – rió, acercándose más a Korra, casi tocándola -. Esta será una buena oportunidad para probar si puedes reunir algunas chicas.

¿Para qué se supone que me sirve eso?

Ante la mirada convencida de negación de Korra, Kuvira decidió cambiar su abordaje.

- La carrera que estás cursando… cada año, por lo menos la mitad del curso tiene que hacer una prueba de recuperación…

Imposible…

- … Y solo la mitad logra lo que quiere. Soy una mujer de contactos, Korra. Ayúdame, y te prometo que todo será más fácil. Y por supuesto, no es nada ilegal, solo ayudantías… y facilidades de estudios.

¿Facilidades de estudios? ¿A qué se refiere? ¿Ella sabe lo que estudio? ¿Dirá completamente la verdad?

Mientras Korra se decidía a creerle, Kuvira de pronto se levantó y avanzó unos pocos pasos.

- Pero no puedo hacer nada si no logro convencerte. Es mejor que deje de ser tan insistente – dijo despreocupada.

¡¿Y ahora se hace la interesante?! ¡¿Qué le sucede a esta chica?!

- ¡Espera! – se le salió a Korra, y en el momento en que lo dijo supo que había firmado su sentencia de muerte.

- ¿Te interesa?

- Te conseguiré las treinta chicas – murmuró a regañadientes, avergonzada consigo misma.

- Cincuenta.

- ¡¿Qué?!

- No me falles, Korra.

.

.

Asami suspiró aburrida mientras observaba como Korra se paseaba de un lado a otro en el balcón de su departamento mientras hablaba por celular. Había llegado hace una hora y ella seguía haciendo llamadas. Ya estaba oscureciendo y comenzaba a sentir que había sido una pérdida de tiempo haber ido para estar un rato con ella, ya que claramente estaba haciendo algo que no podía posponer.

- Me rindo – escuchó decir a Korra, mientras suspiraba cansada -. Esto es absurdo.

- Aun no sé qué es lo que estabas haciendo – dijo Asami, intentando ser comprensiva.

- Me propusieron ser una organizadora.

- ¿Organizadora? ¿Qué es eso?

- Es quien ayuda a reunir personas para un evento o una fiesta, convenciendo a amigos y conocidos, haciendo presentaciones, y después, al final de todo eso, gana comisiones.

Asami respingó su nariz, intentando imaginar aquella clase de trabajo.

- Los organizadores pueden hacer algunas conexiones con antiguos alumnos para futuras oportunidades de trabajo.

- Suena un poco… ¿ilegal?

Korra rió.

- A veces lo es, sobre todo cuando no se sabe el "contenido" de determinadas fiestas, que al final resultan ser ilícitas.

- Hmm… - emitió desconfiada Asami -. No quisiera que anduvieras metida en ésas cosas.

- Tranquila, no planeo eso. Por el momento me vi tentada en aceptar porque aquella chica me ofreció ayuda para los estudios, y habló algo de tener conexiones. Creo que nunca está demás tenerlas… Pero juntar cincuenta personas con solo dos días de plazo es un insulto. Me ha ido bien hasta ahora – dijo refiriéndose a su carrera -, no me quita el sueño contar con apuntes de otros años, la verdad.

- Pero la chica que te lo pidió ¿no estará en problemas?

- Ni siquiera la conozco. No me importa.

- Esa es una actitud realmente horrible – la reprochó Asami -. Si dejas de inmediato lo que te piden hacer, fracasarás miserablemente cuando salgas a la sociedad.

- ¿Miserablemente? – se ofendió -, ¿de qué lado estás?

La mirada de decepción de Asami habló por sí misma. No estaba de ningún lado en particular, pero siempre ayudaría a Korra a ser "una mejor persona". Ayudar a alguien desconocido claramente era una de las cosas que tenía por hacer.

- Tsk – farfulló Korra, dándose vuelta y marcando de nuevo en su celular.

.

.


Y el día de la "fiesta" había llegado.

El ambiente no era para nada como lo había imaginado. Varias personas habían decidido asistir con un conjunto de ropa elegante y con eso la supuesta fiesta se había adoptado algo de estatus. Varios chicos en trajes conversaban por allí y allá con los asistentes sobre ideales, ambiciones y necesidades empresariales, captando la atención de ambiciosos jóvenes que veían eso como futuras posibilidades de trabajo, o por lo menos de alguna conexión.

Korra estaba en una esquina del amplio e iluminado salón, observando aburrida todo aquel ambiente falsamente burgués, bebiendo distraída del vaso de licor que un garzón le había ofrecido, y que ella mecánicamente había aceptado. Kuvira aún no aparecía, y su último mensaje con ella había sido unas indicaciones de cómo debía asistir al evento. Un vestido lo había encontrado absurdo, y en vez de eso había decidido asistir con una teñida casual: una blanca blusa que se le ceñía a su cuerpo y un pantalón de tela azul, calzando solo unas zapatillas del mismo color.

Terminando de beber el contenido de su vaso, emitió un aburrido suspiro cuando sintió el resonar de unos tacones acercarse a ella. Al levantar la vista se quedó sin habla. Finalmente Kuvira había decidido aparecer, vistiendo un largo vestido atrevidamente escotado, mostrando sin pudor sus atributos. Korra tuvo que obligarse a solo mirarla a los ojos, demostrando que en ningún momento se sentía intimidada por aquella extraña mujer, ni con su vestuario ni con su forma de ser.

- Has venido – la saludó Kuvira, dándole una coqueta sonrisa.

- Si hubiera sabido que sería así – respondió Korra, describiendo el entorno con la mirada -, no habría venido. Menos sabiendo que llegarías tarde.

- Quien lo hubiera dicho, eres una chica puntual – se burló -. Pero si no hubiera sido de este modo, no habría podido probarte.

Korra se acomodó en su sitio, dirigiendo su mirada hacia el centro del salón. No quería dedicarle más atención de la necesaria a Kuvira.

- ¿Cuántas personas crees que hay? – preguntó Kuvira.

- Quién sabe. No sé si cumplí realmente con lo que pediste.

- Oh, pareces molesta.

- No sabía qué tipo de evento sería, y a todos los que invité sonaban tan confundidos como yo. Pero ya ves que vinieron.

- Ya veo – respondió Kuvira, cruzándose de brazos satisfecha.

Korra la observó de reojo, y de inmediato volvió su mirada hacia el gentío, adoptando su aura aburrida.

- Si… por si acaso, lo abandonara… – comentó Korra, refiriéndose a los eventos -, ¿qué pasaría?

- Eso sería bastante problemático… – dijo, volviéndose hacia Korra.

Ahora la tenía frente a ella, con aquel rostro confiado y misterioso, vistiendo y luciendo ridículamente atractiva, agregando puntos a lo inalcanzable que parecía ser. Eso no importaba mucho, Korra no tenía interés en ella propiamente tal, sino a lo que podía ofrecerle.

- … Ya que estoy emocionada contigo.

- ¡Kuvira! – se escuchó que alguien llamaba, interrumpiendo la extraña aura que había creado.

Korra observó que uno de los hombres vestidos de traje se acercaba a ellas, luciendo con un rostro complacido y satisfactorio.

- Realmente fuiste de gran ayuda. Te agradezco mucho la asistencia – comentó el hombre.

- La verdad es que todo fue gracias a ella – respondió Kuvira apuntando a Korra, sorprendiéndola.

- Oh ¿una amiga tuya?

- Así es – afirmó, observándola sonriente.

- ¡Ya veo! Eres una chica prometedora

¿Qué?

- ¡Bien por ti, muchacha! No te arrepentirás de esto, desde ahora el mundo se abrirá para ti.

La sonrisa velada que le estaba regalando aquella mujer le dio a entender a Korra que había algo que estaba olvidando para tener una mejor apreciación del cuadro completo, un cuadro cuyo título ni siquiera conocía, pero que sabía que complicaría, de alguna inexplicable manera, su modo actual de vivir.

En otras condiciones, ella se habría negado a hacer todo eso, a pertenecer a ello, pero había algo en la actitud de Kuvira que funcionaba como un campo magnético para Korra, siendo atraída por ése aura desconocido y con aires de grandeza.

¿Qué era lo que quería? ¿Solo ayuda para estudiar? Sabía que no era solo eso, pero temía saber ahora la verdad. Por el momento avanzaría lento, paso a paso, hasta encontrarse con ella y recién ahí decidir qué es lo que iba a ser con aquel nuevo conocimiento.

Por ahora, la cálida sonrisa de aquel hombre de apariencia importante, y una indescriptible seguridad de tener a Kuvira a su lado, le eran más que suficiente para seguir con todo esto. Pero solo hasta que encontrara la real causa de por qué no debía hacerlo.

No sé por qué, pero tengo un mal presentimiento.

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~o~


N. de la A.:

Les juro que tenía todo listo para subir la historia la semana pasada, solo faltaba editarla; pero unas visitas de última hora, trabajo, problemas fugaces de salud y con la compañía de internet se unieron en mi contra.

Como sea ¿alguien preguntaba por Kuvira? Pues acá la tienen. El comienzo del caos ha llegado personificada.

Le reviews: Lo siento, por esta vez no lo haré. Me queda poco tiempo antes de que tenga que arreglarme para ir a trabajar, por eso solo subo el capítulo. Pero ya saben para la próxima! hohoho~