Conexiones
Otra fiesta más. Otro evento actuado en donde todos los asistentes encontraban excusas para lucir lo mejor que tenían, para hablar de lo mejor que sabían y reír casi con hipocresía de todas las cosas, elevando el ambiente clasista y sobreactuado. ¿Por qué ella seguía haciendo estos eventos? ¿Qué quería lograr? ¿Kuvira era como uno de esos excéntricos millonarios que solo gastaba su fortuna en increíbles fiestas banales? Independiente de la respuesta, todos parecían estar divirtiéndose, todos menos ella, ajena y excluida de todo, apoyada contra la pared cerca del ventanal más alejado de la multitud, observando como si fuera ella misma parte de la escenografía mientras todo se desarrollaba a su alrededor, observando el comportamiento humano que drásticamente parecía cambiar de acuerdo a su entorno, adaptándose, tal cual Darwin lo había dicho con las especies.
Bebiendo aburrida de su trago, pasó la mirada por todo el salón hasta que su vista se encontró con la figura de la anfitriona, que como siempre estaba riendo falsa y altaneramente. La verdad era que le resultaba complicado tratar con personas como ella, simplemente porque no sabía qué era lo que pensaba con certeza, y eso le molestaba. La hacía sentirse inferior. De pronto, sus inexpresivos ojos le devolvieron la mirada, como si supiera que la estaba observando. Korra no apartó la suya, y terminando de beber el contenido de su copa, le indicó hacia la salida, era tiempo de irse. Kuvira solo cerró los ojos, asintiendo levemente, y continuó con su conversación, como si nunca hubiera tenido un intercambio mental con Korra.
.
.
- ¿Estás bromeando? ¿Por qué tienes que trabajar justamente ése día? – exclamó Korra enfadada porque Asami tenía que trabajar justo su día libre.
- ¿Y qué sucede con todos mis días libres en los que tú "trabajas"? ¿Acaso eso no cuenta? ¿Por qué armas un gran escándalo cuando yo decido trabajar estropeando uno de tus días? – le respondió Asami, sin dejarse amedrentar.
El silencio se hizo presente, cargado de una extraña tensión mientras ambas sostenían sus miradas, teniendo esta vez una silenciosa batalla visual. Korra estaba molesta, principalmente porque Asami tenía razón. Había sido injusta, había armado un alboroto por algo pequeño, teniendo en cuenta que ella pasaba casi todos los días haciendo llamadas para organizar eventos y luego asistiendo a éstos, llegando a altas horas de la madrugada a casa y durmiendo hasta tarde, para luego repetir el ciclo. Eso sin contar las veces que tenía que estudiar para sus exámenes y tenía que entrenar para sus partidos del club.
Era una batalla perdida, lo sabía. Así que sin alargar esto, suspiró dando por terminada aquella pelea y bajó la mirada. Pero terminar con ello no le quitaba la frustración con tanta facilidad.
- Así nos veremos cada vez menos – dijo en voz baja.
Asami por su lado también se sentía estúpidamente culpable. Sabía que no debía sentirlo, pero ver el rostro entristecido de Korra le rompió el corazón. Quizás ella tenía planeado algo para ese día y lo había arruinado, pero ¿qué iba a saber ella? Además, no tenía opción, debía trabajar.
Y aprovechándose de que para ella era más fácil deshacerse de todos los sentimientos negativos, se acercó a Korra, abrazándola por la espalda, de manera que su cabeza se asomaba por su hombro, sintiendo su calor y el olor de su piel. Un leve estremecimiento bastó para que decidiera ascender sus labios hasta su oído, atenta a todas las reacciones de su pareja.
- Te he extrañado mucho – le susurró.
Korra supo que lo había dicho en todos los sentidos. Esa semana había sido muy larga y apenas había tenido el suficiente tiempo de estar con Asami. Ella también la extrañaba, con la misma intensidad, de la misma manera, tanto emocional como físicamente. Una creciente necesidad de ella bastó para quitarse el mal humor de encima, y ganado fuerzas se volteó hacia Asami, de manera que esta quedó atrapada entre sus brazos, completamente sorprendida por el cambio de actitud y de control de la situación, pero antes de que pudiera alegar, Korra se le adelantó.
- ¿Estás cansada?
Asami sabía a lo que Korra se refería, no había venido esa noche hacia su departamento pensando en ello, pero ahora que la oferta estaba sobre la mesa no podía dejarlo pasar, no quería mentirse.
- Esa es una pregunta que yo debería hacer – se burló, acercando su cuerpo al de Korra, rodeando su cuello con sus brazos para fundirse en un ansiado beso.
- Pero quiero que hagas eso – interrumpió entre besos Korra.
- ¿Eso? – preguntó curiosa, sin saber a lo que se refería, deteniendo por completo el beso para observar a Korra a los ojos, y la respuesta estuvo en ellos: era algo indecente.
- Las esposas – respondió con aire malicioso, acercándose para captar nuevamente sus labios.
- No… no quiero – emitió con dificultad Asami, sintiendo como la caliente lengua de Korra ingresaba a su boca, acariciando la suya, jugando con sus labios, mientras como siempre su mano ya estaba quemando directamente la piel bajo su ropa, encaminándola lentamente hasta que estuviera por completo a su merced.
- Por favor – le susurró en su cuello, mordiendo suavemente su piel, haciéndola soltar fuertes respiraciones.
- No…
Ante la negativa, Korra rápidamente cambió el rumbo de sus manos, y sin entretenerse las posicionó casi con necesidad en el muslo de Asami, adentrándose en el calor que había entre sus piernas, agradeciendo silenciosamente que ese día Asami hubiera optado por vestir una apretada falda y unas simples pero elegantes medias que cubrían solo los tres cuartos de su pierna, dejándole el camino libre hacia su ropa interior y con eso hacia su centro mismo, sin siquiera tener que despojarla de algo, solo bastaba con colarse por uno de los lados de su prenda y la tocaría directamente.
Sus manos no perdieron tiempo, ascendió hambrienta hasta pasar maliciosamente el dedo por sobre la tela que ya estaba comenzando a humedecerse, sintiendo claramente los relieves escondidos al otro lado. El calor palpitando, deseoso. La respuesta de Asami fue inconsciente, ella solo subió un poco su falda para abrir más sus piernas, facilitándole el trabajo a Korra, pero a la vez delatando su propia hambre de ella. Korra deslizó sus dedos lentamente por su muslo, moviendo despacio aquella delicada tela de su piel, generando el espacio necesario para ingresar un par de dedos que de inmediato fueron recibidos por aquel líquido delator. Lentamente y haciendo una presión recorrió la extensión de su sexo, apenas tocando lo que Asami deseaba que tocara, recolectando la esencia de su excitación, aumentando la presión dentro del pecho de Asami, quien con los ojos cerrados estaba lista para sentirla dentro, y cuando Korra demoró más del tiempo habitual ella abrió los ojos, encontrándose con los traviesos azules de ella.
- Mira lo lista que estás, Asami – enfatizó -. Sería una lástima que no decidiera continuar.
- No te atreverías.
- Si tan solo quisieras cumplir mis demandas – amenazó despreocupada Korra.
- Entonces me satisfaceré yo misma - amenazó devuelta.
- ¿Y sería tan placentero? – emitió alzando una ceja, altanera.
¿Cómo había llegado a eso? En un momento estaba llena de amor abrazando a Korra; al siguiente estaba lista para sentirla dentro, extasiada; ¿y ahora se sentía utilizada? No quería dejarse esposar, pero su cuerpo tampoco quería que Korra se detuviera. Había caído en su trampa, sabiendo que en ésas circunstancias su cuerpo respondería por ella, ganándole a su parte racional. Avergonzada, apartó la mirada, no queriendo darse cuenta de la indecorosa situación en la que estaba.
- Solo date prisa.
Korra emitió una media sonrisa y levantándose la cargó entre sus brazos, apegándola rápido a su cuerpo para dirigirse a otra parte del departamento.
- Si es así, entonces debemos ir a la pieza – comentó sonriente.
- Solo no hagas nada… inadecuado – le pidió Asami, sin saber muy bien a qué prepararse.
Cuando llegaron a la habitación, Korra la depositó sobre la cama, girándose rápidamente hacia el velador extrayendo de él unas esposas y antes de que Asami cambiara de parecer, sin demorar mucho pronto se escuchaba el "clic" que decía que ya no había vuelta atrás. Asami sintió intranquila el frío metal rodeando sus muñecas, pero la mirada de excitación con que Korra le dedicó antes de acostarla contra la cama fue suficiente para reactivar el deseo que tenía entre sus piernas.
Siendo jalada de las cadenas, sus manos se elevaron por sobre su cabeza, extendiendo todo su cuerpo. Estaba lista para comenzar todo eso, para aprender de ella, pero antes de poder adelantarse se encontró de espaldas a ella, con su rostro hundido entre las almohadas y sus piernas abiertas, siendo inmovilizada.
- Dijiste que no debía hacer nada inadecuado – emitió Korra a su espalda, besando su espina dorsal, estremeciendo su cuerpo -. Pero así será más divertido.
- Espera – dijo Asami intentando apoyarse en sus codos, pero Korra la ayudó a sostener su cuerpo sobre sus rodillas, afirmando sus manos en la cornisa de la cama, siempre amarrada a esas cadenas.
- ¿Cuándo he hecho algo que no te haya gustado? – le susurró a su oído, pegando su pelvis a su trasero, sintiendo aquel juguete listo para ingresar al juego, a uno en donde ella no tendría voz, o solo la usaría para gemir.
- ¿Cuándo…? – intentó preguntar Asami, pero antes de que lograra terminar la frase, eso se abrió paso entre sus piernas, ingresando lentamente dentro de ella, llenándola a tal punto que no pudo evitar emitir un jadeo de satisfacción.
- Ya verás, Asami.
.
.
Distraída, escuchó como el sonido del papel metálico le informaba que su mano a tientas había alcanzado su objetivo, pero estaba demasiado concentrada como para confirmarlo con su mirada, ocupada en aquel libro que sostenía frente a ella. Escarbando en la bolsa, enseguida encontró otra galleta que se la llevó de inmediato a la boca, sosteniéndola entre sus dientes mientras que con su mano libre daba vuelta la página, volviendo a sostener la galleta luego de haber efectuado tal acción.
Estaba sola sentada en aquel rincón del parque de la facultad. Leyendo uno de los libros que Asami le había prestado mientras comía unas galletas, matando el tiempo, esperando a que ella terminara sus clases. No podía negarlo, aunque no era afín a esa rama literaria, la historia estaba interesante, es por eso que no estaba pendiente de su entorno, y cuando una sombra se reflejó en una de las páginas de aquel libro fue recién cuando levantó la mirada, en un principio ilusionada, pero la llama de inmediato se apagó reemplazándose con una desinteresada, fría.
- Vaya, qué recibimiento – se burló aquella mujer.
- Hey – emitió como saludo Korra, más que nada porque las leyes de la cortesía lo indicaban, y Kuvira se dio cuenta de ello, por lo que solo sonrió divertida.
- Que raro ¿estás comiendo sola?
- No serás una especie de acosadora ¿verdad? - soltó Korra, un poco sorprendida de que ella la hubiera encontrado en ese lugar estratégicamente apartado de todos. En su lugar apartado de todos.
- Tranquila, solo tuve que preguntarles a siete personar por ti – continuó burlándose -. Eres alguien popular.
- Hm.
Kuvira, con su blusa elegante y sus tacones refinados, sin pedir permiso de pronto ya se encontraba sentada junto a Korra, lo cual aumentaba las defensas de la última, no solo por la mera presencia de esta mujer, sino por la ligereza con que se tomaba las cosas, como si la conociera, como si fueran familiares.
- Te estuve buscando porque tengo una propuesta mejor.
- Hey – llamó la atención Korra -. No tengo planeado seguir trabajando contigo – sentenció.
Era cierto. De todas las fiestas o "eventos" a los que había asistido, en ninguno se había divertido, todos eran reuniones sin sentido que dejaba salir cierto aire arrogante de la gente, transformándolas y no para bien, y a ella no le gustaba tanto cinismo junto, además, no ganaba mucho.
- ¿Y eso? – se sorprendió Kuvira.
- No es que no tenga intención de ayudarte… pero no me interesa ser una organizadora, además es poca la paga – se excusó Korra.
- La paga es poca ¿eh? – repitió, llamando la atención de la morena -. Tiene un significado diferente cuando lo dice una chica "de tu clase". Pequeñeces como esta no son aptas para ti ¿verdad?
- ¿Qué? – preguntó molesta Korra.
- Con solo mirarte, tu ropa, tus zapatos, tu bolso… son demasiado costosos para una estudiante promedio – evidenció Kuvira -. Claro, podrías haberlo pagado con el dinero de un trabajo a media jornada, pero justamente no estás interesada en el dinero.
Korra la observó asombrada ¿solo una mirada había bastado para que ella supiera todo eso? ¿o en verdad la había investigado?
- Ya que no necesitas depender de las conexiones de los eventos para buscar trabajo – continuó -, tan solo ayudas con el negocio familiar. Lo único que puedes hacer ahora, aparte de ello, es disfrutar de estos dos años que te quedan en la universidad y listo.
Eso sonaba como una burla, se estaba burlando de ella, haciéndolo sonar como si todo fuera tan fácil, como si supiera todo de ella. Eso la hizo enfadar.
¿Qué le sucede a esta tipa? ¿Acaso busca pelea?
- Pero… - continuó Kuvira -, yo creo que tu objetivo es tener pronto el título.
Eso parecía ser un giro en sus palabras. Primero la había criticado por lo "fácil" que había sido su vida, por la seguridad que siempre la respaldara, como si supiera que fracasaría y ella iría a resguardarse bajo el cobijo de su familia. Pero esto último lo había dicho queriendo decir lo contrario, como que entendía que ella quería probarse a sí misma que podía valerse por sí misma, por su esfuerzo, sacando con ganas este título universitario, su carrera, su profesión.
Aun así, no me importa saber qué es lo que quiso decir.
Levantándose sin siquiera mirarla, se acomodó su bolso en el hombro.
No puedo ganarle con palabras, no a ella. Y no quiero provocar una discusión. Lo mejor es que me vaya.
- Sí, sí. Gracias por tu advertencia – le dijo Korra, lista para marcharse.
- Espera – la detuvo Kuvira, extendiéndole un papel -. Te dejaré esto.
- ¿Estás bromeando? ¿por quién me tomas? – exclamó Korra, pensando que era otro de sus eventos, como si ni hubiera entendido nada.
- Si sigues sin entender el "por qué" de todo esto, me rendiré, y admitiré que me equivoqué.
.
.
Era tarde, muy tarde y ella había abandonado la fiesta apenas había llegado, decepcionada de no haber encontrado de inmediato la respuesta a las verdaderas intenciones de Kuvira. Acostada en su cama, el ruido de la vibración de su celular la había despertado y apenas observó las altas horas de la madrugada cuando contestó, sin querer despertar por completo.
- Diga – respondió somnolienta.
- ¡Korra! Suponía que seguías despierta a éstas horas.
- No lo estoy… - dijo cada vez más lento.
- ¡Oye! ¡No te duermas!
- ¿Qué hora es?
- Mas de las cuatro de la madrugada.
- ¿En serio?... Eh, muchas gracias por asistir hoy, aunque les avisé muy tarde – agradeció Korra. Gracias a Bolin había podido reunir rápidamente a toda esa gente para ese mismo día, aunque todo hubiera sido en vano.
- No te preocupes por eso. La próxima vez que Kuvira quiera divertirse, házmelo saber.
"Si sigues sin entender el 'por qué' de todo esto, me rendiré"
- Entonces… ¿qué tipo de persona es Kuvira? – le preguntó, sabiendo que Bolin compartiría directamente con la anfitriona de la fiesta, solo porque así era su personalidad.
- Hm, parece alguien adinerada, ya que lleva un reloj extravagante y joyería fina siempre.
- Hm… – emitió Korra, eso no era más de lo que ella sabía.
- Además, ese bar donde nos citó tiene una gran reputación, y parece que ella es socia de acá.
¿En verdad tiene dinero? Si no se trata de buscar clientes y obtener beneficios… ¿será para buscar patrocinadores entonces?
- Ella… ¿preguntó por mí?
- Claro. Al parecer sabe que somos amigos cercanos.
- ¿Qué es lo que dijo?
- "Un favor por otro, es parte del juego", la verdad es que no le entendí, pero supuse que era un mensaje ara ti.
Así que de eso se trata. No es por el dinero ni por patrocinadores, es para "ampliar sus contactos".
- Lo entiendo. Gracias Bolin.
- Cuando quieras. Mañana hablamos Korra.
.
.
- Concluyo que solo intentas ampliar tus contactos estratégicamente ¿es eso? – le habló Korra, un tanto molesta de verla nuevamente en su lugar apartado, pero satisfecha con haber encontrado una respuesta coherente.
La mirada de Kuvira por un segundo se ablandó, sonriendo como jamás Korra la había visto: sinceramente.
- Correcto – respondió la mujer, luego de volver a erguir aquel escudo a su alrededor -. Aunque la mayoría de la gente me dice que es para buscar patrocinadores.
- ¿Y bien? ¿Piensas establecer tu propio negocio? ¿A cuántos millonarios conoces?
- Nada de eso – respondió Kuvira, sorprendiéndola -. Creo que aún estoy en la etapa de encontrarme a mí misma.
¿Qué?
- ¿Me estas tomando el pelo? – preguntó asombrada Korra. ¿Qué es esa mierda de "encontrarse a sí misma"?
- Es parte del crecimiento de una emprendedora, necesitas eso para establecer tu propio negocio. Pero aun no tengo una idea específica – le confesó sonriendo, de la misma manera con que lo había hecho hace unos segundos atrás -. Por eso solo creo las bases para mi vida. No todo es por inversión, sino por redes de conocimiento.
- ¿No sabes lo que quieres hacer, por eso estás expandiendo tus conexiones? – intentó aclararse, y la confiada sonrisa de Kuvira le otorgó la respuesta.
- Solo estoy calculando los beneficios de mis opciones. Yo no los llamaría "conexiones".
Ella está jugando conmigo.
- Está bien. Creo entender parte de lo que quieres, pero aun no sé qué es lo que hago yo en tu ecuación, por lo que pasaré de tu oferta.
- Oh… ya veo – comentó levemente decepcionada -. ¿Puedo saber por qué?
- No creo que sea capaz de hacer eso. Lo he hecho bien hasta ahora, pero se podría decir que tengo las manos ocupadas en otra cosa.
- ¿En qué? Parece que me faltó investigar más.
- Esto – respondió Korra, mostrando el anillo en su dedo.
- Ya veo. Perdí de vista ese detalle – sonrió Kuvira.
Korra se despidió bajando un poco la cabeza, esperando que todo se hubiera acabado esta vez, y cuando se volteó Kuvira llamó su atención, arrojándole una pequeña pelota de papel.
- Por cierto, Korra. Las conexiones son especialmente importantes para los bibliotecarios. Esa es la información de contacto de uno de conozco.
¿Y qué me importa eso? ¿por qué incluso conoce un bibliotecario?
- Le he hablado de ti, ve a verlo. Lo demás dependerá de ti. Buena suerte.
.
.
- ¿Un trabajo a medio tiempo en la biblioteca? – preguntó confundida Asami por la línea de teléfono, esperando a que Korra dijera que era otra de sus bromas.
- Alguien me recomendó. Estoy curiosa por algunas cosas, me gustaría ver qué sucedería allá.
- Parece ser que pocas veces reclutan bibliotecarios jóvenes. Pero por conexiones sorprendentemente alguien te recomendó.
- Veo que sabes bastante – se burló Korra.
- Ya sabes, soy una nerd ¿recuerdas? Además, no estaría trabajando en un café si tuviera la posibilidad de hacerlo en un mundo de libros.
Korra rió, le encantaba cuando Asami hacía bromas, utilizando las mismas palabras que ella había dicho antes, pero siempre en su contra. Asami era muy diestra con las palabras.
- Estoy feliz de que hayas conocido a una buena persona, Korra.
¿Buena persona? ¿Kuvira lo era? Ciertamente no era una mala, pero era ese aire indestructible lo que no le permitía saber más de ella, y no sabía con claridad qué es lo que quería saber, por qué a pesar de todo lo que había hecho para alejarla, seguía esforzándose por querer saber algo más de ella. ¿Qué quería probar?
- ¿Aunque eso signifique que no podamos vernos esta semana?
- Si. Pero es algo irremediable.
- ¿En verdad no estás enojada? – preguntó Korra -. ¿De verdad está bien? Puedes pedirme que haga lo que quieras.
- Hm.
- ¿Hm? ¿Qué sucede? ¿Qué estabas imaginando?
- Estúpida… pero en serio recordaré tus palabras. Te pediré que hagas algo… cuando nos veamos.
- Puedes pedirlo, cualquier cosa.
.
.
- ¿Eres Korra? – le preguntaba un alto hombre calvo con una extraña barba negra -. Mi nombre es Tenzin.
- Mucho gusto, Tenzin.
- Kuvira me habló un poco de ti, eres tal cual ella te describió – comentó mientras caminaban por la biblioteca.
Korra no estaba segura de qué significaba eso.
- ¿Eso es bueno?
Tenzin solo sonrió.
- Claro. Y dime ¿qué tipos de libros te gustan?
- Hmm, últimamente solo he leído libros eróticos – confesó.
- Tan sincera – rió Tenzin -. Yo prefiero el trabajo de los grandes novelistas galardonados con premios, y también los libros sobre educación.
Ya habían llegado a lo que sería el puesto de trabajo de Korra. Un escritorio detrás de un mesón, con un computador, una torre de libros por ordenar y algunas carpetas.
- En el primer día, por favor registra todas las respuestas de las encuestas hechas por los lectores.
- Claro.
.
.
Su tercer día, y se encontraba silenciosa haciendo un inventario junto a Tenzin, quien tarareaba tranquilo una canción. En ese tiempo no había aprendido mucho, con respecto a qué es lo que ella hacía ahí. Tenzin no había estado muy desocupado para sacarle alguna clase de información sobre Kuvira. Jamás pensó que el trabajo de un bibliotecario fuera tan arduo, y desconocía los beneficios de hacerlo, más que por el mero placer por la lectura.
- Disculpa, Tenzin – dijo Korra, llamando la atención del hombre -. ¿Cómo conociste a Kuvira?
- Es una conocida del amigo de la novia del sobrino de un amigo de la infancia – respondió tranquilamente, confundiéndola.
- O sea, son unos completos desconocidos.
- Podría decirse – rió -. Pero ella realmente nos ayudó antes.
El silencio de Korra era una invitación a que contara una historia, la historia de cómo Kuvira se había ganado la confianza de este hombre.
- Habíamos perdido un libro que estaba agotado en todos lados, y además pertenecía a otra biblioteca. Fue Kuvira la que encontró el reemplazo perdido, y no solo eso, sino que nos entregó, de manera completamente desinteresada, unos cuantos ejemplares para que fueran parte de la colección de esta biblioteca – resumió -. Yo ya lo había buscado por cielo, mar y tierra, lo había encargado a otros países, pero aun así no pude encontrarlo. No sé cómo ella lo hizo.
- Parece alguien con muchas conexiones.
- Eso es verdad, ya que, si no fuera por ella, tu no estarías sentada acá – sonrió Tenzin.
- Tienes razón – respondió Korra, también sonriendo.
- ¿Y bien? ¿Qué te parece el trabajo de bibliotecaria?
- Es bastante aburrido.
Ante aquella respuesta tan sincera, Tenzin no pudo evitar reír gustosamente, complacido de la personalidad de aquella chica.
- No esperaba otra respuesta de tu parte – dijo aun riendo.
- La verdad es que sabía cómo sería, pero…
¿Estará bien decirlo?
- Es justo como Kuvira lo dijo – emitió sonriente Tenzin -: "Aunque parezca que esta petición es algo descarada, conozco a alguien que está interesada en el trabajo de biblioteca, aunque no sea lo suyo", eso fue lo que ella me dijo.
Demonios, vio completamente a través de mí. Vine acá queriendo atrapar el humo.
- Ambos sabemos que no viniste aquí buscando este trabajo. Viniste por un conocimiento, que ni los libros ni yo podemos darte, ni incluso "ella". Ella no lo hizo más que para demostrarte que tiene conexiones.
- ¿Por qué… le seguiste el juego?
- Bueno, fue irremediable, ya que era su petición. Un favor por otro, es parte del juego, de las relaciones humanas.
.
.
- Hey – la saludó Kuvira a lo lejos, mientras que Korra se acercaba a donde estaba sentada en aquel parque, leyendo uno de sus libros -. ¿Y? ¿Qué tal fue tu experiencia como bibliotecaria?
- ¿Para qué me hiciste hacer eso? – preguntó directamente.
- ¿Por qué accediste a hacer eso? – le respondió.
- No sé, para saber qué es lo que quieres de mí quizás.
- ¿Y qué es lo que quiero de ti, Korra?
- Si lo sabría no estaría rondando a tu alrededor, como si fuera un maldito cometa.
- Eres tan sincera…
Korra esperó unos segundos a que respondiera, y no lo hizo. Enfadada se volteó para esta vez alejarse por completo de ella, el tiempo se encargaría de olvidarla, su desinterés se haría cargo.
- Korra – la llamó, impidiendo que se fuera -... La verdad es que tampoco sé esa respuesta. Solo sé que seríamos grandes juntas, ya sabes, como compañeras.
Ella también lo sintió así. Podría aprender muchas cosas de aquella molesta mujer, no sabía qué, pero podría beneficiarse de esa relación humana. Tampoco era como si quisiese alejarse por completo sin conocer la verdad de todo ello, el trasfondo de su relación, cementada, al parecer, en la incongruencia.
- Ten – le extendió Kuvira, otro de sus famosos papeles con direcciones y horarios, continuando el juego de las conexiones.
Korra observó aquel papel entre sus manos. Su rostro sonreía, no había ningún signo de altanería, se estaba mostrando agradecida, como si en verdad la necesitara, sin saber por qué. Con lentitud, tomó el papel, sosteniéndolo en sus manos, sin quitar la vista de aquella mujer de hierro. Después de unos minutos no pudo sino hacer lo mismo que ella, pero Korra sonrió derrotada. Había perdido.
- No puedo contra ti.
Esto de los contactos realmente no me importa. Pero estoy interesada en saber realmente cuál es su objetivo, qué es lo quiere lograr haciendo todo esto. No es que vaya a seguirle todo el juego, ya que ni siquiera ella sabe a lo que está jugando, solo se está divirtiendo.
.
.
- Entonces ¿dejaste el trabajo de biblioteca y te convertirás en una organizadora de eventos? – preguntó Asami desde las alturas.
- Si – respondió Korra, avergonzada, escondiendo su cabeza en las piernas de Asami, abrazándose a su cintura.
- Está bien – respondió pensativa Asami, acariciando la cabeza que estaba oculta en sus piernas, lo que llamó la atención de Korra.
- Hey ¿qué era lo que querías que hiciera? – dijo, intentando llamar su atención.
Asami desvió la mirada, y Korra pudo notar sus mejillas enrojecidas. De inmediato se levantó del sillón, y sentándose de rodillas se acercó a su rostro, instigándola a que le dijera lo que quería de ella, sabiendo que era algo físico.
- Vamos, puedes decirme, lo haré.
- ¿Lo harás? – preguntó Asami, mirándola fijamente.
- ¿Qué tan terrible puede ser?
Asami acercó sus labios a su oído, y saboreando su futura recompensa se lo dijo, obteniendo como resultado un avergonzado alarido de Korra,
- ¡No puedo hacer eso!
- Claro que puedes, tu misma dijiste.
- Si, antes de que supiera tus sucios deseos – dramatizó, abrazándose a sí misma, causando la risa de Asami.
- Oh vamos… te deberé una en el futuro – le susurró incitante, besando el ángulo de su mandíbula.
Korra cerró los ojos, incapaz de abrirlos y de responderle mirándola directamente. Se le debía, ella jamás le había pedido algo, debía complacerla.
- Está bien.
- Oh Korra, no te arrepentirás.
.
.
.
~o~
N. de la A.:
Lo maravilloso de utilizar a Kuvira, es el estigma de que tan solo su presencia trae olor a lluvia, anunciando la tempestad. Es una horrible generalización de la cual siempre me he aferrado, debido a que este personaje tan simple genere tanto revuelto. Uno simplemente la menciona y ya está, como si fuera una especie de maleficio.
Por ahora soy una mujer de pocas palabras.
Hice una clase de mix con los review, comentando los dos a la vez de quienes habían comentado. Ahí sabrán los aludidos
Kanu-Unchou: "Nunca se debe mendigar por amor o cariño, por más enamorado que se esté", sabías palabras, que en la historia intenté dárselas a Asami, entendiendo que uno puede hacerlo debidamente cuando se quiere a sí mismo. |Shizuma94: Loco, es increíble, pero he leído unos cuantos fics en donde Opal siempre parece tomar esa personalidad, aunque en la serie se vea "chica buena" ya sabemos como hubiera sido ella en la era actual. Sería interesante verlo, pero no sé si tendrá cabida acá, sería solo por la mera recreación de ver a Opal y Ginger, sucia, hahaha. Y con Kuvira, diosa del caos y la destrucción traerá cambios con su aparición. |DjPuMa13g: Soy una convencida de que jamás debes dejar a tus amigos por una novia, ya que, posiblemente, puede dejarte, y los amigos son como familia y no lo hacen. Claro que es válido cuando la amistad es maás vieja que el romance mismo, pero es importante saber qué es lo correcto, como Asami lo hizo. Hahaha, hablas como una vieja con experiencia en desamores, pero propensa a hacerlo. Es un tanto tragicómico para alguien como yo que se divierte leyendo. Pero jamás hay que arrepentirse. |Ninixxx: Ya puedo imaginar tu cara diciendo estas cosas, ahora puedes ver de qué tantos colores soy de acuerdo a lo que escribo, aunque siento que desde ahora el color poco a poco comenzará a desvanecerse con la lluvia ocasionada por ya tu sabes.|Tenshi Hikari: Ahora es Korra quién lo hace, y por ahora es inocente y Asami lo entiende. Pero el tiempo mata muchas cosas. |Cryp: Korrita va creciendo civilizadamente, hasta que aparezca una yegua como Kuvira que le haga perder lo que tanto le ha costado tener. Ahí verás a Asami agresiva ¿o lo dices en plan sersual? bueno, en el próximo la verás agresiva también, hahaha. |HanelBlumeTanu: Gracias, ahora sí que sí. Hemos vuelto para el principio del caos. |Nami-Nem: Dale colooooooor yegua, si fueron unos días no más. Eso te pasa por perderte en el argumento de las palabras, cuando perfectamente las podrías usar para tu beneficio, como un juego de ping-pong. Ahora te di ambas cosas ¿no? ¿algo así? pero sabes que esto es un juego de tira y afloja. Y no me pidas eso, me impregné en el aire destructivo y desinteresado de Kuvira, hahaha. |Jaz98: Y fueron, y la pasaron bien. |Aile1323: Por favor ¿puedes entrar a una iglesia sin quemarte al instante? Además, tengo la gracia y el permiso del señor para hacer todo esto, de lo contrario no podría vivir conmigo misma, hahaha. Además, nadie te obliga a leer, menos sabiendo de qué trata. A Kuvira siempre se le puede sacar un tremendo potencial sin que ella emita una palabra, siempre escondida en el misterio, eso es lo interesante de ella, y es por eso que todos sufren su presencia. Y esta no será una excepción. |UchihaIkeda: ... ¿A menos que Asami sea uno de ellos? (¡chan!) |coronelmary-1: Hahaha, weón, me imaginé a Don Ramón diciendo eso, y no hay nada más cierto en estos fics, hahaha. |Ruha: Hahaha, lamento haberte timado, el tiempo me atrapó y debía ir a trabajar. Loco, tú con tus sinónimos me hacen reír. Y puedes tener algo de razón, en los zoológicos hay carteles que dicen "no molestar a la leonas", ya sabrás lo que sucede. |Kaori: Lo necesitaban, y no solo ellas al parecer, hahaha. Los celos empiezan. |AlexandraArcher: Sé que lees esto en pasado, pero sentí que debía hacerlo, ya que siempre te preocupas de dejarme algún comentario (con el de Ginger me mataste, hahaha).
