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Hay cosas a las que es fácil acostumbrarse. La cambiante personalidad de Korra fue una de ellas; como ella se muestra tan seria y desinteresada frente a personas que no conoce, ni quiere conocer; tan segura y confiada frente a sus amigos, como si pudiera protegerlos de todo; y tan relajada y cálida cuando está conmigo, mostrándose completamente vulnerable, durmiendo despreocupada entre mis piernas mientras leo un libro. De alguna manera me recuerda a un gato, y al igual que él le encanta acostarse sobre mí cuando hago cosas importantes. Cuando estoy en el computador me abraza por detrás, demandando mi atención. Cuando duermo, acaricia mi rostro hasta despertarme. Cuando leo, como ahora, se recuesta en mis piernas y cae profundamente dormida.
"Domesticar" sería una horrible palabra para referirse a esto, "acostumbrar" sería la más precisa, pero es más que eso, es necesitar, dicho de forma imperante y desconociendo el final práctico de todo ello. Solo sé que la necesito.
La vibración, seguida de un agudo y corto ruido proveniente del bolsillo de los pantalones de Korra la sacó de su trance. Había estado observándola atónita, atenta a sus respiraciones, a como su rostro cálido y enrojecido comenzaba a despertar por aquella interrupción. Una larga respiración y el movimiento de piernas le indicó que pronto abriría sus ojos, y en cuanto lo hizo su corazón no pudo evitar frenar su palpitar, víctima de la profunda mirada de aquella chica por quien estaba completamente embelesada.
Korra en primera instancia la observó confundida, pero en una fracción de segundo su mirada cambió a una llena de ternura. Esa era su mirada, una destinada solo para ella.
- ¿Pudiste terminar el capítulo? – fue lo primero que dijo la recién despertada, bostezando.
- Algo así – mintió Asami, sin decirle en realidad que la mayor parte del tiempo se había quedado observándola -. Creo que te llegó un mensaje – mencionó, indicándole con la mirada el bolsillo de su pantalón.
- Es cierto.
Korra llevó su mano para coger el celular y ver qué es lo tan importante que le había despertado. Asami observó cómo ésta arqueaba una ceja, extrañada, y antes de que pudiera preguntar Korra ya estaba extendiendo aquel aparato hacia ella.
- ¿Sabes de lo que está hablando? – preguntó.
"Finalmente conocí a mi pareja predestinada ¡daré lo mejor de mí! – Ginger" es lo que decía el mensaje, y Asami solo pudo sonreír.
- ¿Qué quizás ya está lista para intentarlo de nuevo? – respondió Asami.
- No se tratará de alguien enamoradiza ¿cierto?
Encogiéndose de hombros Asami respondió con una sonrisa. No lo sabía, pero lo importante era que su amiga estaba interesada en alguien, lo suficientemente tangible y real como para haberle mandado ese mensaje a Korra, "su modelo de pareja ideal". Ese recuerdo siempre la hacía sonreír.
Nuevamente sonó el teléfono de Korra, y ésta apenas observó de quién se trataba se levantó de las piernas de Asami, incorporándose para leer el mensaje.
- Solo un momento – se disculpó Korra, y Asami de inmediato supo de qué se trataba, de quién se trataba, pero no podía tener esa clase de pensamientos, no cuando hace tan solo unos minutos estaba desbordante de amor. No llenaría su cabeza con fantasmas. No se pre-ocuparía.
Pero no podía evitar darse cuenta de las expresiones que ésta daba, llenándola de sentimientos encontrados.
Cuando Korra empieza con su trabajo de reunir personas, pone una expresión que adoro. Pareciera que al fin se está divirtiendo, pero… me da un poco de celos que no sea conmigo.
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- Asami, hay un chico muy atractivo que pregunta por ti – le comentó una compañera de trabajo, que había ido a buscarla al otro lado de la cafetería.
- ¿Un chico? – se extrañó, no esperaba que nadie la fuera a visitar.
- ¿Es él, cierto? – preguntó su compañera, levantando las cejas burlonamente, y antes de que siguiera con el posible cuestionario, Asami se apresuró a ir al encuentro, y cuando llegó a la mesa, sorprendida reconoció a Mako, quien le regaló esa extraña sonrisa que siempre daba cuando parecía tener dobles intenciones.
- Mako.
- Así que en verdad trabajas aquí – fue lo primero que dijo -. La otra vez observé por la ventana y creí verte adentro atendiendo a alguien, pero iba muy apresurado como para haber entrado.
- Hoy no lo estás, al parecer – apuntó Asami.
- Siempre querré visitar a una amiga en su trabajo – le sonrió, esta vez genuinamente, contagiándola de aquella pequeña alegría.
Pero la alegría es efímera.
- ¿Qué estás haciendo aquí? – escuchó que alguien decía a su espalda.
De inmediato Asami se volteó para observar a Korra, quien miraba desconfiada a Mako, sospechando también de sus intenciones. Al parecer no era la única que lo intuía, pero no sabía por dónde empezar para comenzar a conjeturar en qué era lo que tenía el chico entre manos, por lo menos no en su turno de trabajo.
- Hola, Korra – le sonrió éste, visiblemente satisfecho.
- ¿Qué haces aquí? – repitió la morena.
- Solo pasé a saludar a una amiga ¿qué haces tú aquí?
- ¿Acaso eres estúpido? Asami es mi novia, es normal que pase a saludarla – dijo tranquilamente, mientras que Asami se ruborizó completamente, un tanto alarmada por lo alto que había dicho esto último.
- Pues qué manera de saludarla – ironizó sonriente Mako -, no has hecho más que atacarme desde que llegaste. Me atrevería a decir que ni siquiera la has mirado correctamente.
Eso era cierto, pero antes de que Asami pudiera hacer algo, Korra la agarró de un brazo, y de inmediato la besó, sin importarle el lugar en donde estaba, presa de lo que Asami interpretó como un inexplicable ataque de celos y para demostrar que ella era su pareja, y de nadie más.
Cuando terminó el beso, su rostro le ardía de vergüenza, temerosa de mirar a los lados y de encontrarse con todos sus compañeros de trabajo, que de seguro habrían estado atentos a la escena, y por supuesto ahora sabían con quién ella estaba. Una forma un tanto violenta de enterarse.
Un carraspeo detrás de su espalda la espantó, y aterrada se volteó lentamente, maldiciendo en su mente por cómo se habían descontrolado las cosas. Cuando quedó frente a frente con aquella persona, el primer sentimiento que la invadió fue de alivio, ya que no era su supervisora; de ahí el siguiente fue de confusión y hasta de desconfianza ¿por qué una desconocida las había interrumpido? ¿de alguna manera se había molestado con aquella muestra de afecto? Esa era la clase de cosas que no quería que le sucediesen, sentirse atacada por el público por ser como era, algo no aceptado para la sociedad.
- Me ha quedado más que claro – dijo aquella mujer, pero no mirándola a ella, observaba a Korra, con una confiada sonrisa en su rostro.
No era un cliente, era alguien cercano, pero no a ella. Asami de inmediato se dirigió a Korra, buscando explicaciones, y alarmada observó un leve rubor en las mejillas de su pareja. Ella conocía a esa mujer.
- Estaba por los alrededores y te vi acá dentro, pero no quería interrumpir alguna clase de reunión – dijo observando a Asami y a Mako, confundidos.
- Creo que es el día de las reuniones – ironizó Mako, y Asami estuvo mentalmente de acuerdo.
- Así que ella es – continuó, observando a Asami.
- Asami, ella es Kuvira, la chica con quien trabajo – se apresuró Korra a presentarlas.
¿Ella es Kuvira?
- Mucho gusto, Asami. Me alegro de poder conocerte – la saludó Kuvira, extendiendo su mano.
Asami fue un poco más lenta en ello, jamás se imaginó que Korra trabajara con una mujer así, por ello le costaba ordenar sus pensamientos. Todo era demasiado casual.
- Hola – finalmente respondió ésta, estrechando su mano, observándola directamente a los ojos.
Cuando el saludo terminó, Kuvira dirigió su mirada hacia Mako, y sorprendiendo a las chicas le dio una desafiante sonrisa.
- Mako – lo saludó.
- Kuvira – le devolvió éste el saludo, obsequiándole la misma sonrisa desafiante y fanfarrona.
- ¿Se conocen? – preguntó Asami.
- Algo así – respondió Mako -. Es difícil no hacerlo cuando se trata de una persona como ella.
Asami de pronto sintió como Korra depositaba una mano en su cintura y en seguida ella se encontró en su oído, lista para susurrarle.
- Esto va a ser un poco incómodo. Ellos no se llevan bien, así que iré a pedir los cafés directamente al mesón – se excusó Korra, alejándose del grupo.
- ¿Cómo es que eres amiga de Korra? – le preguntó Mako, llamando la atención de Asami.
- No diría que somos tanto como amigas – sonrió Kuvira, llevándose un mechón de pelo detrás de su oreja -. Más bien como que me la gané.
¿Qué?
- Ella atrajo mi atención desde que la vi – finalizó, observando a Asami.
- No me calumnies – dijo Korra, apareciendo con dos vasos de café en la mano -. La verdad es que Kuvira es una extraña persona.
- Eso es cierto – agregó Mako -. ¿Y mi café? – le preguntó a Korra.
- Pensé que ya lo habías pedido. Solo pedí el mío y el de Kuvira.
- ¿Descafeinado? – preguntó ésta.
- Si.
- Ya deben ser cercanas como para que sepas cuál es el café que a ella le gusta, Korra – se burló Mako, dándole una extraña mirada a Asami. Algo quería decirle, y las inseguridades de Asami cada vez se estaban volviendo más palpables.
- Ok – cortó Kuvira -. Korra, hay algunas personas que me gustaría presentarte mañana, puedo darte los detalles ahora mientras terminamos el café.
- Claro – contestó ésta, y en seguida le dio una mirada a Asami de momentánea despedida, para ir a sentarse junto a Kuvira a otra mesa un poco más alejada.
Asami observó en silencio como éstas se sentaban y comenzaban a hablar, completamente inmersas en la conversación. Ver aquella sonrisa entusiasmada, dársela a otra persona, le generaba un vacío en el estómago.
- No me gusta ésa mujer – dijo Mako, sacando a Asami de sus cavilaciones -. Pero no sé qué es lo que me hace desconfiar de ella.
Al parecer no soy la única…
- Debe ser porque Korra en verdad pareciera que disfruta estar con ella – continuó -. Quizás solo esté un poco celoso.
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A la noche siguiente, Asami se encontraba estudiando en el departamento de Korra, esperando a que ésta llegara de su trabajo, deseando que no lo hiciera tan tarde, de esa manera no alimentaría su imaginación con cosas que no lo eran.
El ruido de las llaves abriendo la puerta hizo que su corazón se alegrara, ya que recién eran las diez de la noche. Jamás había tenido a Korra tan temprano en casa.
- Hey – la saludó Korra, apenas abrió la puerta.
- Hey – sonrió Asami -. ¿Cómo te fue?
Korra se acercó a donde ella estaba sentada y la besó, para luego sentarse a su lado, agotada.
- Era un lugar como cualquier otro, pero el ambiente estaba más aburrido que otras veces, por lo que me vine apenas tuve la oportunidad.
- Oh… ¿y dónde estaba Kuvira?
- No asistió.
… ¿Quizás por eso fue aburrido?
- Korra, me pregunto… la próxima vez, ¿puedo ir contigo? – preguntó Asami, casi sin pensarlo.
- ¿Quieres ir a una de esas reuniones?
- Claro. Pasas la mayor parte del tiempo libre en ellas. Me gustaría encontrar otras cosas que hacer contigo, ver en qué es lo que trabajas.
- Será aburrido.
- No importa – se apresuró en responder.
Korra levantó extrañada una ceja, y de inmediato se acercó a Asami, observándola atentamente a los ojos.
- Sato…
- No me digas así – la cortó.
- … ¿estás celosa?
- ¡¿Qué?! – exclamó avergonzada.
- ¡Oh dios mío! ¡lo estás! – se burló Korra, abrazándola.
- ¡Por supuesto que no!
- Me encanta… - dijo Korra sosteniendo su quijada, obligando a una sonrojada Asami a mirarla, y apenas tuvo su real atención la besó.
Asami se aferró a ella, a ese beso. Podía sentir como todos sus otros sentidos se anulaban para concentrarse por completo en el toque de sus manos, en su aliento bajando por su cuello. Su cuerpo estaba listo para recibirla, así como su mente estaba en blanco.
Quizá estoy realmente feliz de que… sus manos sean tan gentiles, sus mordidas dejen marcas.
Un gemido escapó de sus labios cuando Korra mordió uno de sus pechos, mientras su otra mano desabrochaba su pantalón, deslizándolo rápidamente entre sus piernas.
Puede ser un poco violenta…
Esta vez un grito salió, sintiendo a Korra dentro, desesperada, mientras su respiración agitada chocaba contra su cuello. Parecía que a ninguna de las dos le importaba alargar eso, sus dedos en su interior abusaban una y otra vez de sus puntos sensibles, sin esperar a que Asami se lo pidiera a gritos, sin llevarla hasta el límite de la cordura. Por su parte, Asami hacía lo mismo. Habiendo desvestido a Korra ya se encontraba dándole el mismo placer que ella le estaba dando. Ambas solo querían llegar, agotadas como estaban sabían que no podían hacer mucho más.
El grito de Korra en su cuello fue lo que le dijo que estaba cerca, Asami se acomodó un poco en su lugar, invitándola a llegar más adentro, más lejos, acabar juntas.
Su cuerpo agotado se desplomó sobre ella. Podía sentir su agitada respiración contra su pecho, su agitado corazón martillando contra ella. Sus brazos envolviéndola...
Pero algunas veces… cuando me abraza así, tan tiernamente, como si fuera algo tan frágil… Vuelve todo tan frustrante.
- ¿Asami? – le susurró.
- ¿Hm?
- ¿Sabes? Al principio creía no estar interesada en planificar eventos… pero, no tenía idea de que finalmente pudieran gustarme tanto.
- ¿Si?
- Es por eso que vendrás conmigo mañana – dijo Korra, apoyándose en los codos para quedar sobre el nivel de su rostro.
- Claro – sonrió ilusionada Asami.
- También deberías conocer a Kuvira – agregó.
¿Kuvira…?
- El ambiente es un poco extraño al principio, lleno de esa gente que no sabes si es así en verdad o está actuando, o toda su vida es una actuación. Pero por lo menos sé que te agradará Kuvira.
¿Lo sabes?
Observó su rostro, tan ilusionado, lleno de una inocente alegría para que llegara el día de mañana, pero Asami sentía todo lo contrario.
Sus palabras no tenían malicia… pero… de alguna manera, lograron atravesarme el corazón, dejando una leve marca.
- Ok.
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Era la segunda vez que estaba frente a esa gran casona antigua. Había salido antes de clases y tenía ganas de verla, y era su horario de trabajo, del trabajo donde ayudaba a sus primos. Además, había algo que tenía que hacer allí.
Abriendo la pesada puerta ingresó a aquel lugar, escondido a simple vista, barriendo con la mirada en busca de Korra. Pero no estaba.
- ¿Sato? – escuchó que alguien se acercaba.
- Hola, Eska – saludó.
- Korra no está.
- ¿Hoy no ha venido?
- Si lo hizo, pero recibió una llamada y dijo que tenía algo que hacer.
- Ya veo – comentó Asami deprimida.
- Pero dime ¿puedo ayudarte en algo? – preguntó, apática.
- No. Creo que mejor me iré.
- Está bien, nos veremos después – dijo Eska alejándose.
Asami dio unos cuantos pasos hacia el pasillo que la llevaría al exterior. Sospechaba dónde podría estar Korra, y esa información nuevamente trajo aquel vacío a su estómago. Se sentía perdida.
Derrotada estaba girando la manilla, pero algo le dijo que no podía irse así. Estaba en aquella tienda, debía aprovechar la oportunidad.
- ¡Eska! – llamó Asami, acercándose -. La verdad es que hay algo en lo que me puedes ayudar.
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Saliendo de aquel lugar, Asami se encaminó a su hogar, cuando de pronto su celular sonó, mostrando en la pantalla de aquel aparato que se trataba de Korra.
- Hey – contestó.
- ¡Asami! ¿estás ocupada?
- No, voy camino a casa.
- ¿Aun quieres venir a los eventos?
- Quieres decir ¿ahora?
- Claro, surgió uno un tanto importante. Y dime ¿quieres venir? Eso si hay una condición – el silencio de Asami hizo que Korra continuara -, ¿tienes algún vestido en casa?
- ¿Qué clase de pregunta es esa? Claro que tengo vestidos.
- ¿Alguno elegante?
- Puedo buscar – respondió encogiéndose de hombros.
- Bien. Pasaré a buscarte a las nueve de la noche.
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Ese no era para nada el evento que había imaginado. No había dado ni siquiera una buena cantidad de pasos dentro de aquel salón cuando ya se sentía un poco intimidada. El ambiente desbordaba una clase de elitismo que Asami creía que se había quedado en el Siglo de las Luces. Estaba equivocada. Tanto hombres y mujeres estaban ricamente vestidos, no haciendo gala de un atuendo victoriano, pero si con trajes como si fueran prendas exclusivas de diseñador. La música tranquila y el pasar de garzones con pequeños tentempiés le gritaba a Asami que tenía que tener mucho cuidado con su actuar y hablar allí. Ellos eran distintos.
Buscando consuelo, dirigió la mirada hacia Korra y en ella encontró algo que le costó creer, aquella chica estaba emocionada. En primera instancia, la personalidad rebelde de Korra no le hubiese permitido estar en un lugar como aquel, pero ahí estaba, tan complacida como si todo eso hubiera sido obra suya, y en parte lo era, ya que su trabajo era reunir a gente en lugares así. Ella pertenecía a eso, que fuera rebelde no significaba que no podía estar acostumbrada a ello, bien su crianza podría haber sido de clase alta, eso no lo sabía con seguridad. Había muchas cosas que aun desconocía de Korra.
Con aquella media sonrisa observó el lejano ambiente, sin siquiera sentir que Asami la estaba observando a ella. Se veía hermosa. Una simple falda negra y una blusa celeste ceñida a su cuerpo bastaba para darle un aire entre formal y casual, distinguiéndose entre el gentío ataviado con otra clase de prendas, vestidos largos en su mayoría. Asami por su parte había escogido un rojo y ajustado vestido que llegaba hasta los tres cuartos de su muslo. Nada muy elegante, pero nada tan casual.
Korra saludó con la mano a unas cuantas personas antes de que sus ojos se encontraran con los de Kuvira. Asami también la vio venir, y su aliento se congeló en su garganta. Esta vez el llamado de atención fue palpable.
Con aquella ostentosa sonrisa se acercaba aquella mujer luciendo un largo vestido color negro, pero no era la solo la tela la que marcaba muy bien sus curvas; era aquel escote; era aquel corte al lado del vestido que mostraba parte de su pierna cuando caminaba; era su maquillaje, que delineaba muy bien la forma de sus ojos, sus largas pestañas, sus finos labios, y aquel lunar que parecía más un muy buen elegido accesorio que algo natural en su rostro. El conjunto en sí era algo que cortaba la respiración. Y Asami se sintió en desventaja.
- Me alegra encontrarte aquí, Asami – la recibió, tomando una de sus manos y depositando un suave beso en ellas, algo que la contrarió -. Korra – saludó a continuación -, ¿tienes un momento?
- Cla-claro – vaciló ésta, observado a Asami, quién asintiendo le permitió alejarse un poco.
Eso no era bueno. Korra no podía estar siempre cerca de una mujer como ella, vestida como ella, tan dominante y segura como ella. Sabía que ella no haría eso, confiaba en Korra, pero demonios, hasta para ella era desconcertante estar en su presencia. Se imaginaba a Korra lidiando siempre a su lado, bebiendo mientras sonreían, mientras hablaban quién sabe de qué cosas, hasta poder embriagarse quizás… y ahí se detuvo. No debía entrar en pánico.
Una avergonzada risa de Korra llamó su atención, y acto seguido un fuerte impulso la hizo ir a donde estaba.
- Korra – la llamó, tocando su brazo, sorprendiéndola.
- Dime.
- Necesito ir al baño.
- El baño está a… - contestó Korra, pero enseguida fue interrumpida.
- Acompáñame – demandó Asami, y Korra solo pudo asentir, preocupada.
Caminaron tranquilas y en silencio hasta llegar a él. Una vez adentro, Asami se adelantó para inspeccionar los tres cubículos separados que había al interior, asegurándose de que no habría nadie que las molestara, acción que preocupó a Korra.
- ¿Asami? – la llamó.
Ésta se volvió hacia ella, observando la duda plasmada en su rostro, e impulsada con el mismo arrebatado sentimiento que la obligó a actuar, se abalanzó contra Korra, besando violentamente sus labios, sosteniéndola de las caderas, impidiendo que ésta pudiera resistirse.
- Asami, ¿qué…? – intentó preguntar Korra, pero la lengua de Asami ya había ingresado a su boca, silenciándola.
Una de sus manos agarró el cabello de su nuca, tirando de su cabeza hacia atrás, exponiendo su cuello, el cual enseguida fue a atacar, chupando y mordiendo los puntos sensibles de Korra, mientras esta, aun confundida, se aferraba de los brazos de Asami, intentando comprender su actuar, intentando no dejarse llevar por la situación.
Los botones de su blusa uno a uno fueron abriéndose, descubriendo la ropa interior de Korra. Asami mordió su cuello y fue bajando hasta la base de él. Desnudó uno de los hombros de Korra y lo mordió, escuchando aquel pequeño gemido de doloroso placer. Si, aquel sonido era solo para ella, nadie jamás imaginaría a Korra tan indefensa como ahora estaba, apoyada en aquel amplio lavamanos de mármol, completamente a su merced.
¿Pero qué pasaba si Kuvira ya la hubiera tenido de ésta manera? Ella luce mucho más seria que Korra, pudiendo doblegar su personalidad, doblegarla a ella.
- Basta – se dijo a sí misma en voz alta. No podía pensar esas cosas. Korra era de ella.
- ¿Qué? – susurró contrariada Korra.
En ese entonces una mujer abrió la puerta del baño, encontrándose con Korra acorralada en el lavamanos, con la blusa abierta y su falda levantada, con Asami entre sus piernas. La chica se heló ante la escena, ruborizándose completamente, y antes de que pudiera decir o hacer algo Asami actuó.
- Vete – sentenció seria, y la chica obedeció de inmediato, cerrando rápidamente la puerta por detrás.
- Debemos detenernos – dijo Korra, pero Asami no se movió de su lado -. Asami….
- Shh – la calló ésta, atacando nuevamente su cuello.
- Es-pera… - intentó resistirse Korra, mientras sentía como Asami la despojaba de sus panties -. ¡N-no puedes hacer eso!
- Me debes una, Korra. Ahora es el momento – le dijo seriamente, mientras se arrodillaba y abría las piernas de Korra.
No le dio tiempo de defenderse, en tan solo un momento su lengua se encontró recolectando todo el desastre que había entre sus piernas, culpa de ella. Escuchaba la fuerte respiración arriba, podía sentir la tensión de sus piernas apoyadas sobre sus hombros, el calor y la excitación que emanaba de su centro, gritando ser atendido.
Con una maliciosa sonrisa, Asami pasó el dedo por toda la extensión de su sexo, haciendo gemir a Korra, quién se movió ante el contacto. Tragando su saliva, Asami se acomodó en su posición para ir a su encuentro. Comenzó despacio, lamiendo sus labios, tocando con su dedo los alrededores de aquel nódulo que, quejumbroso, gritaba junto con Korra. Se divirtió un momento haciéndolo círculos justo en la entrada de su sexo, saboreando extasiada el licor de Korra, sin atreverse a ingresar, escuchando complacida los gemidos de frustración que emitía la morena.
Por un momento sus manos se alejaron de sus piernas y su cadera, dejando que ésta se moviera oscilante entre el mesón y la boca de Asami, mientras que ésta buscaba a tientas algo en su cartera.
Korra estaba agitada. Ya era tarde para resistirse, su cuerpo ahora solo ansiaba llegar al límite y luego liberarse. Era distinto hacerlo en un lugar desconocido, donde nadie la ubicara. Pero ahí era peligroso, en cualquier momento podría ingresar alguien que la reconocería, ¿y qué sucedería entonces? Pero el actuar de Asami era implacable, pocas veces la había visto tan dominante como estaba en ése momento, algo que no me molestaba en absoluto, pero no podía dejar de tener esa clase de sentimientos contrariados. ¿Por qué había decidido hacer eso?
Asami se levantó, pero sin salir de su lugar. Apegó su cuerpo al de Korra, y al tiempo en que mordió su cuello ingresó uno de sus dedos en su interior, lo más profundo que pudo ir, escuchando el ansiado grito ahogado de ésta. Sonrió sobre su piel, deslizando lentamente su dedo fuera, colocando silenciosamente entre sus manos el objeto que había extraído de su cartera. Entonces, elevó sus labios hasta el oído de Korra, besándolo suavemente mientras ingresaba el frío y suave objeto dentro, escuchando la aguda exclamación de su pareja, quién la observó interrogante. Asami solo le dio por respuesta un casto beso en su hombro descubierto, y acto seguido se separó del cuerpo de Korra, dejándola completamente confundida.
- ¿Qué demon-? – preguntó llevándose una mano entre sus piernas, para palpar un pequeño cordel que había quedado fuera de su cuerpo.
- No puedes sacártelo.
- ¡Asami! – protestó avergonzada -. ¡¿De dónde sacaste esto?!
- Tu prima – le sonrió.
- ¡¿Eska?!
- Ella me lo facilitó.
- Por… ¿por qué justo ahora? No podemos jugar esto aquí.
- Te equivocas, aquí es el mejor lugar para hacerlo – le respondió Asami, acercándose amenazadora -. No podrás satisfacerte a menos que yo lo indique, y no dudes en que lo haré cuando menos lo tengas pensado.
- Pe-pero… ¡está lleno de gente!
- Tendrás que actuar muy bien, Korra. Ah, por cierto, me llevaré esto – le dijo, mostrándole sus panties que con una maliciosa sonrisa las metió dentro de su cartera, abandonando el baño.
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Korra luego de arreglarse había vuelto al lado de Kuvira, Asami lo había permitido, solo porque tenía otros asuntos entre manos, asuntos a larga distancia. Con el discreto control remoto entre las manos podía contrariar (o complacer) a Korra en cualquier momento. La fiesta había cambiado abruptamente de ánimo, ahora a Asami le interesaba.
Apoyada en la barra, de reojo podía observar cómo Kuvira le hablaba a Korra de una manera que se podía describir como seductora, lo que no le agradó para nada. Había llegado el momento de probar aquel juguete.
Korra se encontraba alerta pero atenta a la conversación de Kuvira, y cuando le sonrió, aterrada sintió como algo había comenzado a vibrar silencioso entre sus piernas. Sobresaltada, de inmediato dirigió su mirada hacia Asami, quien la miraba traviesa desde el bar, sorbiendo provocativamente de su bebida.
- ¿Korra? ¿Estás bien? – le preguntó Kuvira.
- S-sí, no pasa nada.
- ¿En serio? Pareciera como si quisieses estrangular el vaso entre tus manos – apuntó.
Y antes de que la situación empeorase, de que Korra dejara salir un sonido, la vibración se detuvo. Aliviada emitió un suspiro. Había sido una terrible idea. Tenía que salir de ahí.
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El viaje a casa había sido terrible. Asami no la había dejado descansar en ningún momento, siempre privándola de lo que ella ansiaba. Apenas cerró la puerta, ella se abalanzó contra los labios de Korra, quien no dudó en recibirlos. No hubo besos cariñosos, suaves e incitantes. No. Estos tenían un claro propósito, por lo que la lucha entre sus lenguas no demoró en aparecer.
Cuando Korra parecía tener el control, Asami presionaba aquel botón que causaba que sus piernas se debilitaran, perdiendo todo el terreno que había ganado. Usaba esto a su favor, atacando su cuello, sin importar en dejarle marcas, todo estaba calculado, quería hacerlo, quería que todo el mundo supiera que ella tenía una dueña.
Acorralándola contra la pared, levantó una de sus piernas para de inmediato tocar donde estaba su juguete escondido, y sin entretenerse lo sacó y lo arrojó. Esta vez seria ella quien causara la excitación directa de Korra.
Sin dejar de besar su cuello, su oído, su mandíbula, con una mano apoyó una de las piernas de Korra en su cadera, y ésta se aferró a su cuerpo. Parecía como si estuviera poseída, esta vez no quería hacerle el amor a Korra, en vez de eso quería sexo rudo y violento, quería arrancarle la ropa, hacerla gritar por más, llenar su cabeza solo con las sensaciones que ella le daba, solo ella.
Levantando su cabeza, la posicionó de manera que quedaran cara a cara. La expresión de Korra era una mezcla entre asombro, sumisión y excitación. Jamás se había resistido, era un tanto sospechoso, y por eso ella estaba haciendo esto. Sin dejar de mirarla, con la yema de uno de sus dedos tocó la piel interna de su muslo, subiendo lentamente por él, adentrándose en el desbordante calor de Korra. Estaba atenta a sus reacciones, a cómo el aire parecía estancarse en su garganta conforme se acercaba más y más a su centro. Sus dedos pronto comenzaron a sentir la humedad que ensuciaba sus muslos, no pudo evitar gemir al palpar la tierna carne humedecida, blanda y resbalosa a su toque.
Las manos de Korra se aferraron a sus brazos, buscando su mirada, y Asami vio como sus ojos relucientes querían pedirle algo.
- Por favor… - pidió avergonzada -, ha sido una verdadera tortura….
- ¿Qué es lo que quieres? – preguntó juguetonamente.
- Tsk… vamos – protestó, cerrando los ojos.
- No puedes hacer eso. Tienes que pedírmelo, mirándome a los ojos – demandó Asami.
¿Qué estaba ocurriendo? ¿Por qué Asami estaba actuando así? No se entretuvo buscando la respuesta. Era un juego, uno que extrañamente la estaba excitando más allá de lo imaginado.
Tragándose su vergüenza, Korra levantó la mirada hacia aquella desconocida y atrayente Asami. Su cuerpo gritaba ser liberado, ella solo podía pensar en sus dedos, en sus labios.
- Asami, llévame al orgasmo – pidió directamente, mientras una de sus manos guiaba la de Asami entre sus piernas.
Esta no perdió un segundo, sin dejar de ver el rostro de Korra ingresó dos dedos lentamente dentro de ella, extasiándose con el dulce gemido que salía de sus labios entreabiertos. La calidez de sus paredes le dio la bienvenida, lentamente los ingresó hasta el fondo, arqueando levemente los dedos para tocar la caliente zona dentro de ella, ganando otro gemido más fuerte como regalo, y a continuación comenzó a bombear. Sacó sus dedos rápidamente, y con la misma velocidad embistió. La respiración de Korra se agitó ruidosamente, y de un momento a otro se encontró afirmándose al cuello de Asami, jadeando, gritando en su oído por más.
Sintió como las paredes aprisionaban sus dedos, como sus músculos comenzaban a tensarse. Su cuerpo estaba agotado, Asami lo sabía, ya que había aguantado toda la fiesta aquella silenciosa tortura. Sentía como sus ojos vidriosos en cualquier momento se echarían a llorar, solo de frustración sexual. Se veía hermosa, tan frágil y complaciente agarrada a ella, pidiéndole con su cuerpo llegar al éxtasis, quebrando su voz en cada cansado gemido que daba.
Asami sonrió. Debía acabar.
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La molesta luz sobre su rostro la obligó a darse vuelta en la cama para ocultarse y seguir durmiendo por un tiempo más. Pero en vez de encontrarse con algo caliente en donde esconderse, la recibió un vacío. Alarmada abrió los ojos y se incorporó sentándose en la cama. Con la mirada buscó por la habitación. La ropa esparcida por el suelo, algunas partes de las sábanas manchadas, y finalmente en el velador había un papel. Alargó su mano hasta él, y decepcionada leyó el mensaje matutino.
"Tenía trabajo que hacer. Estabas tan cansada por todo lo que hicimos anoche que no te quise despertar. Te llamaré apenas me desocupe – Korra"
- Trabajo que hacer – repitió en voz alta.
Sus ojos ardieron. No planeaba despertar así en la mañana, quería que Korra fuera lo primero que ella viera, pasar tiempo con ella, pero ya casi ni recordaba la última vez que la había tenido sin preocupaciones, sin que ella estuviese atenta a aquel maldito celular. Lo detestaba.
Recordando las escenas de aquella noche, se percató de que no había dado el correcto mensaje a Korra, en vez de eso, ambas habían jugado aquel juego, en el cual habían escondido sus sentimientos, vertiendo sus preocupaciones en un acto sexual desinteresado y desinhibido. Ese había sido sexo frustrado. Entendía eso viniendo de su parte, ¿pero y Korra? ¿de qué frustración se estaba liberando?
Una lágrima caliente abandonó su cuna, quemando su piel mientras descendía por la mejilla. Se había comportado como una idiota, en vez de decirle sobre sus preocupaciones había usado el mismo modo operante que una vez Korra utilizó con ella, confundiéndola y alejándola aún más ¿acaso era eso lo que le esperaba? ¿por qué lo había hecho?
La frustración no la dejaba pensar, su mente solo estaba llena de mil ideas negativas, de lo estúpida que había sido. Ahora, desnuda en la cama de Korra, se abandonó a las lágrimas, al llanto desconsolado al pensar en un futuro lejos de la calidez de sus brazos.
¿Qué había ahora? Actos de sexo desbocados, y tristes despertares solitarios.
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N. de la A.:
En primera instancia este capítulo lo iba a titular "Frustración", como una mezcla de varias cosas. Una porque me costó demasiado escribirlo (por eso lo actualizo con un día de tardanza), y soy demasiado dejada como para arreglar las partes que no me agradaron. Y otra por las chicas, por Asami más que nada, que es la protagonista de este capítulo, enloquecida por los fantasmas de la desconfianza, dándose cuenta finalmente de que algo anda mal y que Korra, silenciosa, no expresó nada.
Pero, pensándolo mejor, este título le queda mejor. Es el Inicio. Donde la "comunicación" vuelve a ser tan pobre como al principio, se podría decir.
Le reviews:
GOGOY: ¿Y por qué ahora lo haces? simple pregunta, pero me interesa saber qué es lo que escribí para que hubieras salido a la luz. |Cryp: Quería control a distancia, todo gracias a la tecnología sexual, a ésos vibradores recargables a control remoto ¿los conoces? Ideal para asistir a aquellas reuniones aburridas, haciendo cosas a escondidas. |chocho345: Wow, muchas gracias. Todo es parte de la adaptación, no es solo mérito mío. Ahora, a propósito omití a Korra en éste capítulo, centrándolo solo en Asami, ya que es ella la que comenzará con todo. Pero se sabrá que es lo que quiere Kuvira. Otra cosa, ¿cómo leen esto en clases? |Afrody24: Celos camuflados y mal expresados hubieron, además de sangre en forma de lágrimas, y eso que recién está empezando la guerra. Pos', ¿de qué país soy? de la mezcla de todos (¿en serio nadie lee la información de perfil? he fallado como escritora.) |Shizuma94: Por el amor de dios, creo que también fuiste tú la que en un fic anterior metiste la semilla de la discordia por hacer un trío entre personajes ¿o me equivoco? ¡Pero me mantendré firme! Solo tengo una misión ahora, y no tiene buenas intenciones (y no me refiero a "esa" clase de intenciones). |Luke Hibiki: Hahaha, gracias por ello. No sé qué me pasó, pero te confiezo que no es la primera vez, y de pura pava y aburrida pasa. Como sea, te doy la bienvenida, en una parte de la historia donde comienzan las frustraciones. |HanelBlumaTanu: Sospechosa la cosa, pero ya ves que el volcán erupcionó, de la peor manera posible. Falta que eso le ocurra a Korra. |Ninixxx: Vi lo que había escrito y pensé "¿Qué wea, P**?" (nombre censurado, hahaha) No sé qué me fumé, suelo escribir tonteras de repente. Pero era donde ahora somos amiwis de red (vomita arcoíris) y que puedo tener una idea de tus expresiones (y de tus secretos de internet, te tengo re-cacha', no comento porque o sino todos sabrían lo que comento y ahí sí que queda la grande) ¿Ahí si?. Descomponer es una buena palabra, más aun frente al "efecto Kuvira" que se desencadenó, sinónimo de la cagá. Es que esto se va a descontrolaaar. |Aile1323: Me resulta culpablemente gratificante comparar estos actuales reviews tuyos, con los que tímida me hacías en un principio. ¿Y todo en menos de un año? Cacha, si ahora hasta planeas hacer un diplomado de aquello, en el que supongo que aprenderé bastante, ya que me enseñarás ¿cierto? Mientras tanto, te entretendré con frustraciones, que sé que te encantan (ironía activada). |Ritsuki Kurusawi: Hahaha, pues aquí está. |Nami-Nem: Wahahahahhaha, ahahaha, csm. ¿En verdad escribiste eso enojada? solo me hace reír más. ¡Pero! weón, no te cuento ninguna weá más, así tal cual yegua, adiós a la dama que hay en mí, siempre sacas a la é. ¿Y qué mas quieres, loco? Hay algo que se llama psu, ¿recuerdas? así que pégate con una piedra en los dientes donde recibes esto con solo un día de retraso y no con una semana. Indignada. Y ahora con más ganas llevaré a cabo lo que dije, cosa que duela la weá. Y todo fue dicho con dulce amor.
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¿No querían drama?... Se arrepentirán de haberlo pedido alguna vez.
