Estábamos ingresando de lleno al verano. Sol, ropa más ligera y hasta helados uno espera encontrarse en la calle. Pero no ésta lluvia, la última, en todo sentido. Quizá es por eso que me costó tanto comprender lo que ella decía, de reaccionar ante las lágrimas que se confundían con la lluvia y bajaban por su rostro. Luego de un momento ya no la escuché ¿para qué? Si con lo poco que entendí, logré captar lo que era mejor para las dos, es por eso que me enfoqué en el ruido de las gotas que caían en el piso, de la gente que pasaba a nuestro alrededor, tan ajena como yo misma.
No mentiré, algo me decía que, después de recibir aquel mensaje de Asami, sucedería esto.
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Era una mañana como cualquier otra. Sin alguna razón de por medio, sus pasos la habían conducido hasta aquella alejada banca del parque de la facultad, sin esperar ser acompañada más que con los sonidos de aquella hora. El olor a pasto húmedo se sentía por doquier. Complacida, escuchaba sobre ella el débil sonido de las hojas de los árboles moverse y rozarse entre ellas, y en ocasiones algún pequeño pájaro que saludaba al sol. Con los ojos cerrados, todo esto se magnificaba, siendo apenas consciente del presente, sintiendo tenuemente como la luz se colaba entre las hojas para llegar hasta su piel, acariciarla, y apenas calentarla para volver a esconderse en la copa del árbol.
Era justamente lo que ella trataba de hacer, esconderse.
Parecía una mañana como cualquier otra, pero no lo era. Como nunca sentía plenamente la soledad envolviéndola, siendo parte de la silenciosa naturaleza, añorando permanecer inmutable, invisible y tranquila. No como el torbellino que arreciaba su mente.
Y es que es difícil separarse de algo una vez que te has acostumbrado.
El vacío en su estómago ahora no parecía nunca abandonarla. En vez de eso se había propagado por su cuerpo, y las constantes noches en solitario se habían encargado de alimentarlo. Pero su mente seguía batallando con todo eso, a pesar de que todo lo viera oscuro y pesimista, se negaba a ceder por completo el control. Y esa batalla la estaba enloqueciendo.
- Qué extraño verte por acá.
Como si la hubiese llamado con el pensamiento, aquí estaba, luciendo aquella sonrisa despreocupada, como si nada jamás hubiera pasado. Y nada había ocurrido, ése era el problema. Ella se seguía comportando como siempre, el poco tiempo que estaba con ella, y eso le inundaba la cabeza con preguntas. ¿Acaso era solo su imaginación? ¿o ella estaba actuando?
- Lo mismo digo – le respondió casi sin pensarlo, observando como Korra respingaba su nariz ante tal respuesta.
- Estaba con Kuvira – se excusó.
Lo suponía.
- La salida de anoche fue divertida. Deberías venir – la invitó, mientras se sentaba a su lado.
- Estorbaría si fuera con ustedes – dijo Asami, y cuando se dio cuenta que estaba a la defensiva, suspiró -. De todos modos, no soy muy buena socializando con gente.
- Tienes pocos amigos ¿hay alguien más aparte de Ginger?
- También está Mako y Bolin – respondió después de un momento, incómoda.
- Pff, hasta a ellos los tienes que contar – se burló Korra -. Es mejor que conozcas algunos métodos para socializar más, algo como leer las expresiones de los demás.
- Mira quien lo dice.
- Siempre he sabido leer las expresiones, solo que jamás me han interesado. Solo ahora que trabajo con mucha gente, es que me doy cuenta de lo necesario que es.
- Si fuera tan fácil, ya lo habría hecho – comentó, encogiéndose en la banca.
- Ah – dijo entusiasmada -, entonces llamaré a Kuvira para nuestro próximo encuentro. Ella podría enseñarte algunas cosas – agregó Korra, emocionándose.
- No lo hagas.
- Vamos, no digas eso. Ella es alguien interesante, te agradará fácilmen-
- ¡¿Puedes callarte?! – exclamó Asami, sobresaltando a Korra -. Sé que te llevas bien con ella, me lo has dejado más que claro. Pero de verdad no quiero que me involucres en eso.
- Pero… antes me pedías que saliera más contigo.
- Si, pero solo las dos. ¿Qué caso tiene salir juntas, si luego me abandonas en los eventos?
- Pero, si son mi trabajo.
- Es por eso mismo… tsk, ya no importa – respondió enfadada.
Korra suspiró, recostándose en la banca. Últimamente no sabía muy bien cómo actuar. Demasiadas cosas rondaban en su cabeza y eso jamás ayudaba para alcanzar a captar el estado de ánimo de Asami, que siempre parecía estar a la defensiva. Tenía una idea, pero no quería alimentarla.
- Entiendo – respondió, cansada -. No lo volveré a hacer. No tiene remedio.
Aquello último hizo eco en Asami. ¿A qué se refería? ¿Qué no tenía remedio? ¿ella? ¿la relación? ¿otra cosa que no quería comunicar? Daba lo mismo que pensara, ya que solo serían conjeturas que la ayudarían a empujarla al borde de la locura. De lo que sí estaba segura es que jamás antes Korra se había mostrado tan insistente en que ella conociera a alguien para que le agradase. Todo lo contrario, ya que siempre quería tenerla para sí sola. Y eso ya no pasaba.
Ofendida por lo que no le estaba contando se levantó de aquella banca, y sin siquiera despedirse se encaminó al edificio principal del campus. En ese momento no podía estar con ella. No así.
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Despertó porque era hora de hacerlo. Lentamente abrió sus ojos y perezosa los cerró, pero algo no calzaba con la vista. Asustada, se levantó de golpe, desconociendo todo a su alrededor. Pero aquella brusca acción hizo que su cabeza diera vueltas, y el malestar en su estómago le advirtió que no podría hacer movimientos muy abruptos si no quería enfermar.
La habitación en la que estaba no le resultaba para nada familiar. Las claras paredes y el entorno ordenado no hacían más que aumentar su confusión. ¿Dónde estaba? ¿Cómo había llegado allí? Solo cuando estiró una pierna fuera de la cama, hasta sentarse y tocar el suelo le dio cuenta que estaba parcialmente desnuda, solo con su ropa interior, a decir verdad. Eso la aterró.
¿Qué había hecho? No recordaba absolutamente nada.
Tomando una manta que había en una silla cercana, se levantó por completo y se cubrió, caminando vacilante hacia la puerta, deseando no encontrarse con nadie, solo con sus pertenencias para salir rápido de allí.
Caminó silenciosa por un pasillo, el cual era adornado por unos cuadros, hasta que llegó al living. Alcanzó a avanzar unos pasos cuando una fuerte respiración la alarmó.
- Veo que despertaste – escuchó.
Korra se volteó al reconocer la voz familiar, pero eso no la tranquilizó en absoluto. Aumentó más su terror. Una suave risa le dijo que su rostro debía ser explícito, reflejando completamente la duda y la desesperación por no entender, de estar parada frente a ella, semi desnuda y sin recordar nada.
- Tranquilízate, no sucedió nada.
- ¿Nada? – expulsó, aun atónita.
- Anoche solo tomaste más de la cuenta. Volteaste muchas veces los vasos en tu ropa, eso explica el por qué estas así.
- ¿Tú me desvestiste? – preguntó con un hilo de voz, que la hizo reír.
- ¿Quién más?
El silencio fue lo que vino a continuación. Korra desesperadamente intentaba ordenar las pocas ideas que lograba formular, mientras aquella mujer se mantenía tan tranquila como siempre, divirtiéndose ante la escena. Korra comenzó a incomodarse aún más, sin saber qué hacer, por lo que ella decidió ir en su ayuda.
- Tu ropa debe estar lista en la secadora. Está en el baño – le indicó.
- Hm – asintió -, iré a vestirme – y devolviéndose por el pasillo, alcanzó a dar dos pasos cuando se detuvo, devolviéndose apenada -. Kuvira… ¿dónde queda el baño?
La encantadora risa la acompañó hasta su lado, adelantándose hasta abrir una puerta y darle el paso. Korra agradeció silenciosa, y antes que pudiera cerrar la puerta, Kuvira habló:
- Cuando termines, ve al living, para que desayunemos. Ahí te contaré todo lo que sucedió anoche – mencionó, dejando cosas ocultas, como si algo más hubiera pasado.
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- ¿Puedo preguntarte algo? – formuló Kuvira, luego de unos minutos en silencio mientras tomaban desayuno.
- Dime.
- ¿Sucedió algo con Asami?
Aquella pregunta hizo que Korra se atragantara con un pedazo de comida que había ingerido. Aquella acción claramente denotaba una afirmación, pero era distinto cuando era expresada con palabras. Korra se tomó el tiempo para responder, debatiéndose en dejar salir sus miedos a aquella mujer que conocía hace relativamente poco. Pero no tenía otra persona a quién más confiárselo, no cuando ella y Asami compartían amigos en común.
Suspirando, con la taza de té entre ambas manos, se decidió a hablar.
- No lo sé con certeza, pero siento que nos estamos alejando.
- ¿Y eso por qué? – preguntó interesada.
- Ella no ha hecho nada…
- ¿Tu sí? – la interrumpió Kuvira.
- No exactamente. Ése es el punto, no sé por qué no he hecho nada.
Kuvira le dio un sorbo a la taza de té, intentando darle tiempo a Korra para que aclarara su mente, para no bombardearla con tantas preguntas que no harían otra cosa más que confundirla. Y cuando el rostro de Korra se neutralizó, continuó.
- Korra, te lo preguntaré directamente ¿hay alguien por quién estés interesada? - la pregunta hizo que ésta se tensara, pasmada. Por lo que Kuvira continuó -: No tienes que responder si no quieres.
- No… no es eso, no completamente. Solo… temo hacerle daño.
- ¿En qué sentido?
- En herirla, en un futuro.
- Hablas como si no confiases en ti – comentó.
- Es justamente lo que no estoy haciendo. Últimamente muchas ideas recorren mi cabeza, estoy viviendo muchas cosas nuevas y, me está gustando, pero… es extraño cuando ella no forma parte de ello.
- Estar en pareja no significa que solo tienes que divertirte cuando está ella.
- Entiendo eso, pero me preocupa que me esté divirtiendo más cuando ella no está. Las cosas se invirtieron, antes estaba el trabajo y ella, ahora el trabajo ya no es pesado, es divertido…
- … ¿entonces el trabajo sería ella?
La vista de Korra estaba fija en su taza de té. Que ella no dijera eso no lo hacía más suave, sonaba igual de mal, y se sentía pésimo por ello. ¿Por qué se sentía así con Asami? ¿Qué había cambiado?
- ¿Por qué crees que comenzaste a sentir todo esto? Me refiero a que ¿por qué ahora, Korra?
- He estado pensando en ello, en por qué no había sucedido antes y eso se debe a que he cambiado un poco. Antes no me importaba hacer cosas, simplemente porque no me interesaba, no tenía expectativas en mí. Pero ahora ¡mírame! – exclamó con un triste entusiasmo -, soy una de las mejores de las clases, titular del equipo de básquetbol de la universidad, y el trabajo que hago, que tú me diste… lo hago bien ¿no?
Kuvira sonrió. No conocía a la Korra de antes, pero sin duda le gustaba la actual.
- Jamás alguien lo había hecho mejor.
- ¿Ni siquiera tú? – preguntó maliciosa, a lo que Kuvira le devolvió una mirada traviesa, aligerando el ambiente.
- ¿Entonces…? – dijo ésta después de unos momentos.
- Entonces nada – respondió Korra -. No haré nada. Quizá sea solo un sentimiento pasajero, y después todo vuelva a la normalidad.
- Eso es un poco arriesgado, ¿no crees que quizá Asami ya esté sufriendo por ello?
- No sé qué es lo que tengo que hacer – susurró triste.
- Aun hay una pregunta que no me has respondido.
Korra sabía perfectamente cuál era, y que ella se la hubiera hecho la avergonzaba, como si fuera algo obvio. Tenía que confiar en ella, arriesgarse a responderla no cambiaría nada, no si ella no hacía nada.
- Hay alguien que me interesa – respondió, nuevamente en un susurro.
- Perfectamente esa podría ser la respuesta de por qué ahora el estar con Asami se ha convertido en trabajo y el trabajo se ha vuelto algo placentero – emitió, mirándola directamente.
- ¿Acaso tú…? – intentó preguntar vacilante, con una mezcla de miedo y asombro en los ojos, mientras que su corazón ya había aumentado su frecuencia, agitado, y ella comenzó a repetir en su mente que no pasaría nada si no hacía nada.
Kuvira descansó en el respaldo de su asiento, esperando un momento para quitarle tensión al ambiente, ya que lo que diría a continuación sería decisivo.
- En los eventos – comenzó -, he visto como poco a poco te has acercado a mí. Al principio fue por aburrimiento, porque no querías compartir con toda esa gente y, de alguna manera, solo lo hacías si es que yo te los presentaba. Parecías más como una niña asustada que como una chica rebelde que estaba allí solo por trabajo – sonrió -. Pero ése acercamiento que mostrabas, hizo que yo comenzara a desear aquellas noches contigo. Quizá fue mi culpa, ya que inconscientemente comencé a buscarte, con más trabajo, con más palabras y gestos…
Korra la miraba absorta. El sonido de su corazón la estaba ensordeciendo, casi sentía como el calor inundaba su rostro. Eso estaba mal, muy mal.
- Bueno, y ya sabes por qué estamos aquí.
- Así que… ambas sentimos lo mismo ¿no? – emitió Korra, jugando con la taza entre sus manos, sin atreverse a mirarla.
- Parece que sí. Aunque nada es claro – sonrió tristemente Kuvira.
- Dime la verdad, ¿no pasó nada anoche?
- Jamás haría cosas sin consentimiento. Solo te acosté.
- Hm…
¿Qué se supone que debía hacer con todo esto? Eso le añadía otro grado de dificultad a todo el asunto. Tenía que pensar rápidamente en las desventajas de ello, tenía que salir de allí, pero ¿y el trabajo? Jamás se arreglarían las cosas si ella pretendía comportarse como si nada de esta conversación hubiera ocurrido.
- ¿Qué haremos? – preguntó Korra luego de unos minutos.
Kuvira se levantó de su asiento. Korra la observó acercarse, peligrosamente, pero ella no podía moverse, algo se lo impedía. Cuando estuvo a su lado, ésta se arrodilló, quedando a la altura de su rostro. No sabía muy bien qué iba a hacer, todo dependía de Korra.
- La pregunta es qué es lo que quieres hacer tú.
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- Asami… ¡Asami! – le gritó Ginger mientras afirmaba su rostro.
- Auch – protestó, sobresaltándose ante la brusquedad.
- ¡Desde hace rato estás distraída! ¡Y yo estoy intentando abrirte mi corazón aquí! – exclamó Ginger.
- Lo siento.
- ¿Qué pasa? ¿Sucedió algo entre tú y Korra?
No ha pasado nada entre yo y Korra, ése es el problema.
- Si, cuéntanos Asami ¿sucedió algo? – preguntó una voz masculina por detrás.
Al voltearse, Asami observó cómo Bolin había ingresado al café en sorpresiva compañía de Opal. Una casualidad que ellos se encontrasen allí, además de juntos, pero no pasó por alto el rostro de preocupación de ambos. Si ellos estaban así significaba que algo era tangible en el aire, y eso la preocupó.
Los chicos sin esperar invitación, pasaron a sentarse en la mesa del café, en donde, momentos antes había empezado a hablar con Ginger o, mejor dicho, donde Ginger había empezado con su ausente monólogo.
- Pareces algo triste – apuntó Opal, sentándose a su lado.
- No es nada – respondió.
Opal y Bolin intercambiaron miradas, alzándose de hombros. No sacaban nada con obligarla, era mejor si ella misma se decidía a contarles. Si no podían ayudar con eso, por lo menos podían hacer algo con el humor.
- Hey – la llamó Bolin -, ¿quieres ver las fotos que acabo de revelar de cuando éramos pequeños?
- Korra se ve realmente adorable – agregó sonriente Opal.
Asami tomando las fotos entre sus manos sonrió.
- Korra era muy linda en ése entonces – dijo Ginger, sonriendo ante algunas fotografías que Asami dejaba en la mesa.
- También lo es ahora – no pudo evitar decir, y luego, tomando una fotografía agregó -: Aunque parezca enfadada en esta foto.
- Eso se debe a la partida de sus padres al sur. Eso la afectó demasiado.
- ¿Sus padres viven lejos de ella? – preguntó Ginger, y ante la afirmativa de Bolin continuó -, ¿Y por qué no se fue con ellos?
- No lo sé muy bien. Quizá porque ella tenía su vida acá – respondió vacilante Bolin -. Korra siempre poseyó una personalidad un tanto obsesiva, apegándose mucho a las personas.
- Pero son sus padres.
- Si, pero ellos eran trabajólicos. Korra pasó prácticamente todo el tiempo con nosotros. Encuentro que fue natural el que no haya querido abandonarnos. Allá hubiera estado sola.
- Hm, eso explica lo del anillo entonces – comentó Opal, observando el dedo de Asami -. Es algo típico de ella.
- Ella ignora a cualquiera cuando tiene una relación seria con alguien. Puedes estar segura de ello, Asami.
Si bien Bolin lo dijo para tranquilizarla, eso estuvo lejos de hacerlo. Se negaba a aceptar al fantasma que desde hace semanas la había estado persiguiendo. Y no podía compartirlo. En el momento en que lo hiciera se materializaría.
Nadie puede entender esta inquietud que tengo. Korra ahora es demasiado popular, lo veo en los ojos de todos, que saben lo grande que es ella ¡Yo sé lo grande que es! La he visto crecer y cambiar en tan poco tiempo, y ahora ese cambio me afecta a mí. Pero a pesar de eso, intenté permanecer a su lado de forma calmada, ya que soy especial para ella.
Pero…
¿Qué pasa si encuentra a alguien que ame más que a mí, que la entienda más que yo? Esa no es la pregunta que necesito responder, aunque es una que me está matando. La verdad es que ¿por qué soy yo, la que no puedo creer en ella?
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Los días van pasando y las cosas no han cambiado. Es como si quisieras huir de todo esto encerrándote en otras actividades. Dime ¿acaso no la extrañas?
Por supuesto que lo hago… a veces.
¿No sientes añoranza?
¿De ella? Claro que sí. A veces el sol en mi rostro me recuerda al calor de su piel, a lo bien que huele, y a lo extrañamente segura que me sentía oculta ahí, sintiendo en mi mejilla su pulso acelerado, su piel pegajosa y caliente, mientras oía como intentaba recuperar la respiración.
¿Pero?...
Pero siento que eso mismo, esto tan bien narrado, "poético" es lo que me mantiene aferrada, como la mención honrosa a un bello recuerdo.
¿Y qué ha cambiado?
Me he y me han preguntado tantas veces lo mismo que ya no sé si la respuesta es mía o es lo que digo para complacer a los demás, y a mí. Por supuesto no debería importar el resto. Todo tiene que velar por la felicidad ¿no? siempre todo debe ir en pro de ello… de ser feliz.
¿Acaso ya no lo eres?
Sería egoísta decir que no lo soy, pero sé que ella no lo es. Eso es suficiente para que ocurra todo esto, y en este momento no puedo hacer nada para arreglarlo. Simplemente no puedo. Y quizás todo esto sea necesario para que alcancemos ese bien común. Quién sabe. Más adelante recordaremos todo esto e intentaremos sacarle alguna enseñanza. Con todo esto ya me doy cuenta que he crecido un poco ¿sabes? Ella es la culpable de ello. Y ya estoy agradecida.
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- Asami – la saludó Mako un tanto incómodo -. ¿Tienes un momento?
- Hola Mako. Claro que tengo un momento.
- No aquí. Ven, vamos al parque.
Un poco preocupada lo siguió, atenta a las expresiones corporales que él daba, a sus hombros tensos y aquella sonrisa un incómodamente forzada que acompañaba una conversación banal. Sin preguntarle nada lo siguió, respondiendo todas sus preguntas, contándole de ella, escuchando de él y de su hermano con Opal, y jamás le pasó inadvertido que intentó jamás mencionarla a ella. Así que se trataba de Korra.
- Mako, ya estamos lo suficientemente lejos y a solas para que me cuentes qué es lo que sucede – le cortó Asami cuando ya se encontraban debajo de un árbol, observando miedo en los ojos del chico -. … ¿Se trata de Korra? – preguntó dubitativa.
- Sabes muy bien que soy su amigo, de toda la vida. Soy más como un hermano, y es por eso mismo que te cuento todo esto. Porque no estoy enceguecido por el cariño que le tengo…
- Lo has dejado claro en el pasado.
- Eso ya pasó y las cosas son diferentes ahora ¿no? Porque tú eres mi amiga, y has sido la pareja más estable y sana que Korra ha tenido.
Asami le permitió unos segundos para que ordenara sus ideas, segundos que la inquietaban. Debía ser difícil y ella ya temía.
- La otra vez, en los eventos – comenzó -, un amigo me informó que Korra había tomado más de la cuenta, y lo siguiente que vio fue a Kuvira llevándosela.
Tragó saliva, preparando su cuerpo para lo que viniera a continuación.
- Apenas recibí la llamada, fui a su departamento, para ver en qué condiciones estaba. Pero no la encontré allí... Ella no es estúpida, Asami. No te estoy confirmando nada, solo cumplo, como amigo, en decirte que a la mañana siguiente la vi saliendo de la casa de…
- Kuvira – completó, secamente, mientras sentía como su estómago se apretaba.
El silencio de Mako bastó para transmitirle todo, para materializar todos sus miedos. Por unos segundos el aire pareció no querer entrar a sus pulmones, y sus piernas tiritaron levemente antes de que decidiera no perder el control de la situación. Eso no significaba nada. No mientras no hubiera una confirmación.
- Gracias Mako – fue lo siguiente que dijo, regalándole una triste sonrisa.
- Las cosas con Korra, van bien ¿cierto? – preguntó como si él también quisiera convencerse de eso.
Asami mirando al cielo, a las extrañas nubes grises que habían empezado a conglomerarse desde hace unas horas, intentó buscar la respuesta, sin poder quitarse ese mal presentimiento que el entorno le estaba dando. Pero su mente estaba en blanco.
- No lo sé – respondió con sinceridad -. Yo… no lo sé.
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Y ya no hay mucho que explicar acá. Ya que ocurrió hace tiempo.
Recuerdo que caminábamos en silencio, luego de haberle pedido por mensaje que quería verla. Eso había querido hacer desde hace tiempo y no sé por qué no me atreví a pedírselo antes. Tomada de su mano todo se sentía irreal, mi cerebro no lograba asimilar el calor y la presión de su agarre, solo recordaba imágenes pasadas de todo lo que habíamos vivido, desde nuestro extraño, forzado y mal comienzo hasta donde estábamos ahora, caminando como si se tratase de una procesión hacía el final de algo. Nuevamente en la tensión de sus hombros sabía que ella también lo sabía, y me sentía terrible porque no fuera ella quien me lo dijera directamente. La impotencia de la situación fue tal, que de un momento a otro me encontré luchando con todas mis fuerzas para controlar el temblor de mi cuerpo.
¿Y ella? En silencio, como muchas veces, con una expresión seria, o mejor dicho distante. Como al principio.
Da lo mismo que intente comprender y recordar todas las frases vacías que dijimos. Aferrarse a lo que otrora nos era familiar y seguro no nos lleva a nada, ya que todo fue y va cambiando.
Cuando sentí algo bajar por mis mejillas fue cuando recién pestañeé y levanté la vista al cielo. Había comenzado a llover, pero no solo el cielo estaba soltando lágrimas. Había que soltar.
- Korra – la llamé, deteniéndome en medio del gentío.
- Asami… - dijo mi nombre, detenida frente a mí, sin atreverse a tocarme, como si ya no tuviera derecho.
- ¿Tienes algo que decirme?
La lluvia comenzó a intensificarse, y la multitud a nuestro alrededor estaba extasiada con aquel fenómeno, con la lluvia de verano. Pero un vórtice atemporal parecía separarnos del resto, invisibilizándonos.
No he vuelto a experimentar una lluvia como esa.
- … ¿me quieres? – pregunté casi sin pensarlo, y con miedo de escuchar la respuesta.
- ¿Eres feliz? – me respondió ella, omitiendo mi pregunta.
- ¿Qué?
- ¿Eres feliz?
- No… ¡Por supuesto que no lo soy!
- Discúlpame – dijo ella, mirando al suelo, lo que llenó más de lágrimas mis ojos.
- ¡Dime que no hiciste nada! ¡Dime que estás confundida! ¡Dime que no te has desencantado y no has conocido a otra persona! – dije precipitadamente, desesperada, aun intentando aferrarme a esa débil llama que poco a poco la lluvia se estaba encargando de apagar.
- No he hecho nada, tampoco estoy confundida ni he conocido a nadie. Solo…
- ¿…Solo qué?
- No puedo darte lo que quieres.
Después de arrojar muchas preguntas, sin respuestas, caí en la cuenta de que ella ya no me estaba escuchando, ya no estaba conmigo. Solo estaba ahí, parada frente a mí. Era como mi propio reflejo: triste, vacío, culpable. Y mi garganta ardía, al igual que mis ojos. Mi cuerpo intentaba seguir peleando, cuando era mi mente la que poco a poco estaba perdiendo fuerzas, asimilando toda la situación. Sus ojos estaban tan rojos como los míos.
Así que así sería.
Mentiría si dijera que no lo veía venir. Mi pensamiento pesimista había arrojado una alternativa como esta, pero no la quise escuchar ¿Quién lo haría?
Y después de eso en mi mente las cosas se vuelven un poco borrosas. Recuerdo poco. Un final triste, como el de muchas relaciones que deciden terminar, desencantadas o en busca de algo más.
Jamás había llorado tanto en mi vida, hasta ahora, y en ése entonces me permití hacerlo.
Después de eso las clases terminaron, y no volví a verla. Y lo digo en serio, no volví a verla. Se desvaneció, tan repentinamente como aquella lluvia.
Nadie sabía que esto terminaría así. En realidad, nadie sabe cómo van a terminar las cosas. Pero ha pasado un tiempo desde ese entonces, y es tan fácil resumir todo, aunque haya sido un corto periodo de tiempo a su lado, en el que aprendí demasiado de mí misma, gracias a ella.
Ahora, mucho más tranquila, sé que las cosas ocurren por algo, que conocemos a ciertas personas por algo. Ella me hizo crecer, a su manera y yo aprendí, a mi manera.
Entiendo que ninguna de las dos estábamos preparadas, y que ambas fuimos necesarias para cambiar. No era nuestro momento, no era la indicada en ése entonces. Aunque claro, digo todo esto después de haber dejado pasar mucho tiempo.
En verdad mucho tiempo.
En su momento la odié, como todos solemos hacerlo.
Pero como dije en un principio, no lamento nada. Jamás me arrepentí de haber conocido a Korra.
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~o~
N. de la A.:
Lamento haber demorado tanto en esto, en la historia en sí. Hace mucho tiempo había llegado el momento de finalizarla, desligándome de la rama argumentativa original. La historia real aun continúa, por lo que sé, y ahora que esto ha terminado (y para los que no sabían) es que puedo revelar a qué adaptación pertenecía todo esto. Y se trata de un manga, Hidoku Shinaide, por si lo quieren buscar, pero advierto que es de chicoxchico.
Fue un abrupto término, pero se olía en el aire, tal como a veces se puede oler el olor a lluvia.
¿Por qué decidí terminarlo? Porque había partido desde otra parte del supuesto manga, y las cosas son distintas en la vida real.
Una vez me dije que quería crear una historia con un final más o menos triste, y otra que fuera netamente sexual. Pues ya ven, acá, y sin quererlo, hice ambas. Ah, y agreguen un final abrupto y que a más de uno dejará insatisfecho (sinceramente me incluyo, pero en verdad estaba corta de ideas y no quería dejar pasar más tiempo).
Era eso o dejarla inconclusa para siempre. Es por ello que intenté darle un final "no tan concreto".
Reviews:
Shizuru forever: Tardé un poco en hacerlo, y además lo hice a modo ultimatum, lo siento por eso. No odies a Kuvira, ella no es mala, solo la pintamos así. |Ninixxx: Con esto, lo anterior no pareció ser nada. Pero entiéndeme chiquilla, fin de año, mente estresada, necesitaba concluir esto, aunque me gane un odio supremo. Pero Asami con el tiempo aceptó todo, como todos suelen hacerlo. Y como comentario aparte, puta que eres chistosa en fb weona, hahaha. |Afrody24: ¿Empezar? hahahah. Terminar. Soy la peor por romper tus expectativas de esta manera. |GODOY: Una tortura de casi un mes, para una sorpresa como esta. Otra disculpa más. |Cryp: Los celos, y una pequeña desconfianza los cambia a todos, hasta que te llevan al punto de no retorno. Aunque no es necesariamente malo, al final. |chocho345: Te entiendo. Hace tiempo ya no leo cosas que me hagan sentir ansias, a lo más dos que andan pausados por allí. No hubo mucho drama, me salté un poco eso y me fui al final. Maravilloso ¿no?. |Blanca Rothlis: No hubo medio, solo el inicio y el fin. La verdad es que no soy muy buena para el drama, si bien comienzo algo siempre lo termino de inmediato, ya puedes ver por este final. |Shizuma94: Muchas gracias, eso quería lograr con Asami. No solo retratar los sentimientos hermosos de una relación, sino que la frustración y demases. Tu pregunta no puedo responderla, pero lo haré más adelante. |Ruha: Hahahha, tú siempre con tus aportes humorísticos. Nadie me creería si respondo a tu pregunta. Pero con respecto a las inseguridades, creo que a veces es mejor dejarlas pasar antes de materializarlas sin ningún sentido, y eso puede desembocar en dos cosas: o era falsa alarma, o era cierta. Acá lo fue cierta, en parte, por lo menos en que la relación estaba muriendo. |Aile1323: Mujer masoquista. Y como vez, no di drama. Ignoré todo ello y me fui derechito al final, así que no espero ningún reclamo de ello. A mi tampoco me gusta el drama, soy mala en ello. Hubiera sido ultra-extraño haber terminado todo después de algún acto "lujurioso", como si se tratase de un encuentro casual. Ahora, haciéndome cargo de este "Prometeo" (a lo Dra. Frankenstein) que dices ser, sé que no te tengo que alimentar solo con escritos sucios, sino que con emociones. Algo así intenté hacer aquí. Tú, mi querida lectora se encargará de decirme qué tal. |KoAsLM005: Claro que si. Lo hice ¿no? aunque presiento que no es como querías que sucediera. |DjPuMa13g: Oh chiquilla, también te extrañaba, con tus comentarios tan acertados. La femme fatale si quería hacer todo lo que dijiste, ahora lo de la familia de Korra me desconcertó un poco. ¿El látigo? hahaha, no, no quería mezclar roles de dominancia acá, eso está para la otra historia, es por ello que no podía pasar la delgada línea de los sex-shop, donde comienza el sado. Acá solo era sado emocional. Lo siento por no hacerlo más sensual, más largo, pero mi mente ya no quería más guerra, y por eso todo terminó como lo hizo, aferrándome del típico problema del poco tiempo, que es lo que termina matando: el descuido. Hahaha, siempre hablas como vieja e' mierda (tómalo con cariño), yo soy igual, pero en otros sentidos. Soy un alma vieja. Ya quiero leer tu crítica, chiquilla. |AlexandraArcher: Loco, todos nos sentiríamos preocupadas por alguien así que pasa tanto tiempo con nuestra pareja. Creo es una respuesta normal, condicionada por la pertencia, claro... claaaro. Hahaha. Pero no fue la intimidación, sino la inseguridad lo que causó esto.
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Sha tah. Para no ser tan odiada me comprometo a un epílogo. Antes de fin de año.
Como sea, les deseo una feliz navidad, hahaha.
