Disclaimer: Sekai-ichi Hatsukoi y sus personajes les pertenece a sus respectivos autores, este fic es sin fines de lucro, lo hago solo por diversión. Nakami Souji y otros personajes que no salen en el anime ni en el manga si son de mi propiedad.

gato blanco de la mala suerte.-

Cap. 2: "NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA."

Esto era… realmente estresante.

Días para la entrega final de manuscritos: 1

Coloqué mis cosas sobre el desastre-basurero en que se había convertido nuestro departamento, y sin pensarlo me dejé caer con pesadez en mi silla.

Acababa de regresar de la imprenta, normalmente mi trabajo se hubiese entregado antes, pero debido a mi enfermedad misteriosa, me tarde más de lo acostumbrado. Debí irme a casa, pero sin embargo me encuentro aquí; abatido, derrotado y con ojeras pronunciadas ¿Por qué era que me encontraba aquí? La cabeza me estaba dando vueltas, ya realmente ni recuerdo.

Miré a mí alrededor. Mino estaba desmayado en su silla, ni Hatori-kun, Onodera o Takano-san estaban en el departamento. La montaña de cosas se movió a mi lado: era Kisa-san, debajo de una pila de copias, libros, hojas y demás disparates, seguro estaba convulsionando o algo así.

Me levanté para irme a casa antes de ser el siguiente en la "morgue Esmeralda" con todo y aura pestilente incluida. Suspiré con tal pesadez que mi cuerpo succionó casi toda mi energía restante.

—Gracias por su esfuerzo.

—Jaaa… —fue lo único que pudieron responderme aquellos dos zombies.

No había dado ni un paso hasta que Hatori apareció, me había llamado antes al celular preguntando donde estaba, le di una respuesta vaga y colgó. El hombre estaba desaliñado, tambaleante y al igual que todos: con ojeras.

—Souji, Takano-san te está buscando.

—¿Eh? Si acabo de hablar con él, ¿ahora que quiere? —chasqué la lengua masajeando el hueso de mi nariz, ese hombre me estaba sacando de quicio, ¡no podía ser posible que quisiera algo en este momento! — Si quiere un maldito café dile que se lo busque él mismo, yo me voy a casa. —sentencié reacomodando el tirante de mi maletín, pasé a su lado buscando el ascensor con los ojos.

—Ven conmigo. — gruñó al tiempo que su mano asió mi brazo con una fuerza descomunal, que se me hizo imposible reaccionar de inmediato.

—¡Oi! ¡Hatori-kun, suéltame! ¡Hey! —no tenía tantas energías de forcejear en ese instante, me hubiese gustado derribarlo, pero no creí que fuese sensato.

Fui arrastrado hasta el ascensor. Ya dentro, presionó el primer nivel.

—¿Pero que...?

Bueno si era así que estábamos… Presioné el botón de abrir sólo para cabrearlo justo en el instante en que cerraba sus puertas. Me miró de mala manera a lo que yo le sonreí juguetón.

Oprimió el botón de cerrado, yo volví a estirarme para presionar el anterior botón, él le dio al de cerrar de nuevo con el ceño fruncido. Cuando vió que iba de nuevo por el botón, me empujó contra la pared y le dio repetidamente al botón de cerrado.

—Ya deja de jugar… Por cierto, tú sabes dibujar, ¿no?

Alcé una ceja cruzándome de brazos, muy pocas personas sabían ese detalle y Hatori no figuraba entre ellas. —¿Cómo sabes eso?

—Que bien… lo leí en tu currículo. —soltó un suspiro como si estuviese aliviado.

—¿Eh? ¿Cómo demonios tuviste acceso…? Ah, olvídalo. — gruñí recostándome contra la pared.

—Necesito de tu ayuda, camina. — iba a esperar a que las puertas se abrieran para emprender una rápida huida, pero él fue más listo de lo que creí, me tomó de nuevo desde el segundo piso.

Mátame ahora.

Mis reclamaciones fueron a parar en oídos sordos, las muy pocas personas que se hallaban en el vestíbulo se nos quedaron viendo y nadie me ayudó. Me secuestraba con un paso apresurado a las salas reservadas para pequeñas reuniones. Abrió la puerta, o en este caso, para que los mangakas terminaran sus manuscritos.

Los cuatro asistentes, el sensei "Yoshikawa Chiharu", Onodera y Takano levantaron la vista cuando Hatori me arrojó en una silla con brusquedad.

Takano-san no perdió la oportunidad de burlarse: —Bienvenido al club, Souji. — ahora dirigió su mirada a Hatori. — Creí que no lo lograrías.

—Tendría que ver el espectáculo que montó en el camino. — suspiró el editor mientras se rascaba la cabeza.

—No lo habría hecho si al menos me hubieras explicado que querías, maldito gorila mentiroso. — las asistentes soltaron una que otra risilla, pero había un chico, de ojos marrones rojizos que se me quedó viendo unos segundos con una expresión de aburrimiento y luego volvió la vista a lo que estaba haciendo.

—Perdona a Hatori, Nakami-kun, pero realmente necesitamos una mano aquí, así que si no sería molestia…

Reposé mi mejilla en una mano, me le quedé viendo al chico casi pálido que estaba al otro extremo de la mesa. Lo había visto un par de veces aquí en Marukawa y de lejos en la fiesta de la editorial de año nuevo pasado, pero era la primera vez que lo veía de cerca. Tenía el entrecejo fruncido y movía con rapidez la muñeca, bajé la vista hacia su dibujo y reconocí de inmediato el estilo, estaba haciendo un fondo de un parque, el chico tenía muy buena mano.

Levanté la vista hacia su cara, por instinto arrugué la nariz: Se veía que era arrogante y egoísta.

—¿Nakami-kun?

—¿Ah? Lo siento, sensei. — Hatori colocó en mi espacio la referencia de los personajes, el tomo anterior y varios paisajes utilizados en el manga mostrándome la técnica utilizada en el dibujo. Podía hacerlo, pero no lo iba a hacer gratuitamente. —Con gusto le ayudaré. — antes de que el editor pronunciara palabra, le halé de la corbata para que su oído quedara a la altura de mis labios. —Me debes una y muy grande. — susurré.

—¿Qué es lo que quieres?

Había algo que quería hacer desde hace mucho, pero nunca se presentó la oportunidad.

—Nos iremos de copas todos los de Esmeralda mañana, y tú pagas.

El castaño chasqueó la lengua, vaciló durante unos segundos y luego aceptó a regañadientes. Le solté, ofreciéndole una sonrisa triunfal, miré bien a los personajes de la hoja y todo lo que me había entregado.

Hoy era sábado. Yo no acostumbraba a beber, solo cuando me invitaban o en las ocasiones especiales. Pero teníamos mucho tiempo que no la pasábamos bien en un bar y quería compartir con ellos. Era en esos momentos en los que podíamos mandar a todos al diablo y quejarnos libremente de cada mosca que nos pasaba por el lado -por así decirlo-.

—La escena que necesitamos, te la dirá Yanase. —el aludido se levantó de su asiento.

¿Yanase? Así que ese era su apellido.

Se acercó a mi espacio y me dio las explicaciones detalladas como si fuese un novato o un retrasado. Yo le resté importancia, creí que no debía juzgarlo, pero no me agradaba como me trataba, no me agradaba para nada.

Cogí la pluma negra y empecé con unas líneas que tomaron forma. Todos estaban dando su mayor esfuerzo, durante más de cuatro horas nadie dijo nada. Miré el reloj en la pared, las tres de la mañana y ya había terminado la primera hoja, se la di a Onodera-kun después de recibir adulaciones del sensei y un "no está mal" de señor arrogante.

El tiempo pasaba y amanecía, después de dibujar tres hojas enteras y recibir la aprobación de Yoshikawa-san, fui el primero que acabó. Miré a una chica en especial, de cabello castaño y ojos azules que dibujaba con algo de frustración pues su mano estaba muy tensa. Dejó la pluma y extendió su mano en busca de una plumilla más fina. Abrí los ojos como platos cuando sin querer golpeó una lata de café casi vacía y su líquido se aproximaba peligrosamente a la hoja del manuscrito.

Mi reacción fue inmediata: me levanté abruptamente, por suerte, quité la hoja del escritorio antes de que una gota le cayera, el café se vertió en su espacio bajando peligrosamente hacia su regazo, con la otra mano libre, hice mi abrigo una bola y presioné dejando que absorbiera el líquido.

Todos soltaron un gran suspiro de alivio.

—¡Lo siento sensei no era mi intención! —sollozó la mujer levantando la vista hacia mí. —Perdóneme Nakami-san, Dios, su abrigo.

—No te preocupes, como sea tengo que lavar. Sólo sé más cuidadosa la próxima vez. —le ofrecí una sonrisa a lo que ella respondió sonrojándose, la pobre parecía estar al borde del llanto.

Un bufido apenas audible llego a mis oídos, busqué su procedencia y nuestras miradas se encontraron por unos segundos ¿Qué le pasa a este tipo? Yanase rompió el contacto primero dando ligeros toques con el extremo de su pluma a su página.

Más tarde los detalles finales fueron agregados. A las ocho en punto, Onodera salió disparado hacia la imprenta, las chicas se estiraron aliviadas, se despidieron y desaparecieron por la puerta. El sensei estaba dormido sobre su escritorio…creo, Yanase estaba tirado en su silla mirando al techo y Takano-san se había ido a buscar unas bebidas.

Reposé mi cabeza sobre la superficie del escritorio, me estaba quedando dormido.

—Creo que te quiero más de lo que creía. —bromeó mi compañero en el suelo cerca de mí. —Gracias Souji.

—Que esto... No se te vuelva costumbre, Hatori.

—Mu-muchas g-gracias Nakami-kun. —balbuceó el oji-azul.

Sensei parecía… al borde de entrar en coma.

Takano-san apareció por la puerta con una bolsa y procedió a darnos a cada uno una lata de bebida energízante. Me negué, me dolía la cabeza y lo último que quería era desperezarme. El azabache me había dejado irme a casa después de dos días desde mi primera estadía, mi fiebre desapareció y ya no presentaba síntomas. Fue una gran lucha, después de horas de argumentación lo logré convencer, pero aun así no me quitaba un ojo de encima cada vez que tosía ocasionalmente.

Yoshikawa-sensei se levantó más animado y con algo de prisa, después de darle varios sorbos a su bebida. —¿Dónde está el baño?

—Al fondo a la derecha. —murmuramos los tres al tiempo.

—Yo también voy. —levanté la vista al escuchar su voz con mi rostro aun escondido entre mi brazos entrelazados, siguiendo con la mirada el camino que recorría el de los ojos caoba, mientras los dos salían por aquella puerta.

Juré a ver visto una sonrisa socarrona en la cara del asistente mirando donde yo estaba, no era para mí... Si no, ¿para Hatori? La puerta se cerró y con ella, después de varios segundos, un muy enfadado Hatori se levantó con rabia refulgiendo en los ojos saliendo por la misma con un paso apresurado.

¿Qué demonios estaba pasando?

...

—¿Yuu te sucede algo? — preguntó el mangaka como quien no quiere la cosa mientras se lavaba las manos. Lo notaba tenso, él podía llegar a ser muy despistado pero había notado lo pedante y hostil que se estaba comportando desde que Hatori se fue había ido en busca de Nakami-kun.

Tal vez fuera otra cosa, temía por que la respuesta fuese la que acostumbraba a oír: sobre sus sentimientos hacia él. Aunque le repitiera una y otra vez que solo le gustaba como amigo, Yuu no paraba de insistirle. ¿O sería otra de sus bromas? Debía ser eso, ¿no?

—¿A mí? A mí no me pasa nada. —respondió con sarcasmo, apoyado de la pared esperando a que acabase.

—Ah... ¿Estas s-seguro? Bueno, no es nada... ja ja. —trató de ignorarlo, no quería saber la respuesta pero… ¿¡Por qué carajos le seguía preguntando!?

Vio sus ojos reflejados en el espejo, casi inexpresivos.

—¿Quieres saber por qué estoy molesto?

—Yo...

—Estoy molesto porque no confiaste en mí cuando te dije que podía hacerlo y que podíamos acabarlo a tiempo. ¿Por qué le diste más importancia a lo que hacia ese chico en vez de lo que yo podía llegar a hacer? ¡Y mira! ¡Nos sobró una hora! —protestó señalando su reloj en su muñeca izquierda.

—¿Disculpa? ¡Yuu no seas así! Tenemos que estar agradecidos de que nos haya echado una mano, estábamos al borde de colapsar y además salvó una hoja del manga.

—Lo adulaste demasiado y se le subió a la cabeza.

—¿Qué? ¿Ahora me dirás que estas celoso porque alguien te casi iguala en el dibujo y le felicité un par de veces?

Ahora estaban cara a cara, Yanase con los brazos cruzados sobre el pecho y Yoshino defendiendo su posición con una mano en la cadera y el ceño fruncido.

—Sí.

—¿Eh?

El castaño soltó un gran suspiro. —Chiaki, me quiero ir a casa, ¿podrías ir por nuestras cosas?

—Oh, bien.

Yanase esperó a que la puerta se cerrara. Sabía perfectamente que Hatori estaría por ahí rondando y estaba listo para enfrentarlo. Solo necesitaba que el oji-azul se marchase y así evitar una escena con Chiaki de testigo peor de la que iba a acontecer.

...

—¿Estamos hablando del mismo Hatori Yoshiyuki?

—Así es... ¡Ah sí!, y él paga. —Takano-san me miró por sobre las gafas, dudando de lo que le decía — Ya le avisé a los demás y están de acuerdo, aunque Onodera-kun dio trabajo de convencer. Hoy a las diez.

—¿Hatori invitándonos?... ¿A beber? — el elevador se abrió en el cuarto piso que estaba completamente vacío... Y desordenado, parecía como si un huracán nos hubiese visitado. Sabia por que dudaba, Hatori-kun no tenía problemas con salir a beber, pero que el haga la sugerencia era raro.

—Ah... Estoy impresionado de la gran confianza que le tiene a su asistente. — fingí una voz melodramática que provocó que mi superior frunciera los labios antes de salir de aquella caja metálica.

—Como confiar en ti, si la mayoría de las cosas que no se tratan de trabajo son parte de tus bromas pesadas. Debo buscar mis cosas y unos documentos, ¿no te iras a casa? —se llevó las manos a los bolsillos de su pantalón.

—¿Y quién cree que me dará un aventón? Lo espero en la entrada. —las puertas se cerraron antes de darle la oportunidad al azabache de quejarse.

Estaba realmente exhausto. Llegaría a casa me daría una baño rápido y me dejaría morir en el sofá, no tenía tiempo de prepararme algo de comer con lo cansado que estaba.

Las puertas aún no se habían abierto, pero podía escuchar a dos voces masculinas teniendo una fuerte discusión. Cuando el elevador abrió sus puertas, la voz de Hatori y Yanase-san llegaron a mis oídos como perros ladrándose. Agucé el oído, me sorprendí de sobremanera al escuchar a mi compañero. Hatori-kun siempre mantenía su compostura, era un hombre muy respetuoso y decente. Pero en ese momento pareciese que lo hubiera mandado todo al diablo, la rabia y el rencor se le notaba en el tono de la voz.

—¿Acaso no comprendes? ¿No te cabe en la maldita cabeza que ya te rechazó?

Había estado tanto tiempo escuchando, que no noté cuando el condenado elevador cerraba sus puertas conmigo dentro, por instinto presioné aquel botón que me permitía escuchar la conversación y las puertas se abrieron.

...

Dolía, dolía demasiado como para soportarlo y no necesitaba que ese desgraciado se lo restregara en la cara.

—¿¡Hasta cuando vas a seguir interfiriendo Yanase!? ¿¡Cuántas veces más aguantarás su rechazo!?

—¡Déjame en paz! Mientras seamos amigos seguiré insistiendo. Sólo desistiré cuando él mismo me lo deje bien en claro. —sabía que aunque dijera eso sus oportunidades con su amigo eran casi nulas, no importaba que hiciera o dijera, sus palabras eran más para darse ánimos a sí mismo que una advertencia hacia el editor.

Hatori estaba harto de esa actitud insistente, aprovechaba cada situación para demostrarle que iba en serio y estaba llegando a su límite de paciencia para con él.

El más alto soltó un sonoro suspiro. Estaba realmente molesto.

—¿Que no te quedo claro cuando te dio aquel puñetazo? ¿O prefieres que yo te lo deje en claro? —gruñó amenazante con una mirada afilada. Definitivamente iba a cumplir aquella amenaza.

Un tenso silencio se hizo presente, hasta que el dibujante decidió romperlo:

—Vete al diablo Hatori. —fue lo único que el más bajo pudo sisear, sus ojos centellaron cargados de rabia y prepotencia, ya estaba derrotado y fuera del juego.

Las facciones del más alto se contrajeron. No lo iba a soportar más, no se lo iba a permitir, no esta vez. En un movimiento imperceptible para Yanase, Hatori le sujetó velozmente del cuello del abrigo como en aquella ocasión lluviosa. Alzo el puño por sobre su cabeza con el pómulo izquierdo del dibujante como objetivo.

...

—¡Hatori-kun!

Logré parar aquel golpe a centímetros del rostro de Yanase-san, quien, como si de pronto supiera lo que viniese, no cambio su expresión: sus grandes ojos caobas miraban a mi compañero con enfado y rencor, juré ver que apretaba la mandíbula.

—¡Suéltalo! —demandé por lo bajo.

—Esto no tiene nada que ver contigo. —dijo con tono frío sin mirarme.

Mi mano apresaba su muñeca, y, a pesar de que forcejeó unos segundos, cedió cuando coloqué mi pulgar y presioné en aquella sensible parte de su muñeca donde la piel es más clara.

—Creo que dije que lo sueltes... Hatori-kun.

Me miró por unos segundos, y endurecí más mis facciones demandando mudamente. Hatori soltó su abrigo y se liberó de mi agarre, dio media vuelta dirigiéndose a los elevadores como quien pierde la batalla.

—¿Yanase-san, te encuentras bien? — pregunté por mera educación.

—Ah... sí. Gracias. —murmuró ocultando su rostro bajo el flequillo. Se veía avergonzado... y derrotado.

Pude oír el ascensor cerrarse.
—Perdona a Hatori-kun. Nunca se pone así, realmente es una persona muy centrada. Debe ser el estrés del trabajo. —tuve que excusarme ridículamente, ¿qué más le iba a decir? "Discúlpelo, no sé de qué se trató todo esto, pero al escuchar su conversación a escondidas, concluyo que debe tratarse de un malentendido." No, para nada, debía hacerme el estúpido.

Miré el número que marcaba el piso en que se bajó. El cuarto.

—Ah, aquí estas Yuu, ¿has visto a Tori? Lo he estado buscando... Oye, ¿estás bien?, ¿te sientes mal?

El sensei irrumpió en la sala con dos bolsos en cada brazo. Le colocó una mano en el hombro al castaño que reaccionó con un pequeño respingo.

—No exageres, estoy bien. Vámonos, que muero del cansancio.

¿Es mi imaginación o este tipo cambio de repente de humor?

No, estaba mintiendo, el vacío se le notaba en la mirada, como si algo se hubiese roto dentro de él, aunque sus expresiones denotaban otra cosa. Felicidades, todo un gran actor.

—Pero…

—En cuanto a Hatori, no lo sé y no me importa. —el dibujante tomó su bolso, me ofreció una reverencia con un educado "con permiso" y se dispuso a caminar hacia la salida.

Yoshino-san y yo lo miramos avanzar.

—Sensei, Hatori-kun ha olvidado algo, me dijo que le avisara que se adelantara, que luego le alcanzaría. —dudaba que el editor bajase por ahora y tenía algo que discutir con él.

Yanase gruñó disimuladamente ante mi mentira.

—Ah, este... entonces gracias. ¡Ah, y gracias por lo de hoy, fue de mucha ayuda! —sus bolsas debajo de los ojos eran casi el doble que las mías y estaba tan pálido como el papel.

—Por nada, ha sido un honor. —le ofrecí una sonrisa.

—Tsk... ¡Chiaki!

—¡Lo siento! Nos vemos. —balbuceó dando una torpe reverencia para salir disparado buscando a su amigo impaciente.

Menudo tipo. Era un hecho: Yanase-san era justo el tipo de persona que no toleraba... porque me recordaba a mí. Esa parte que nadie conocía, que a través de los años quise enterrar en lo más
profundo de mí ser: La debilidad y la inseguridad. Aunque sabía que ese detalle aún seguía latente en mí.

Ese tipo de personas simplemente me asquean.

...

— ¡Escuchen! ¡Hatori-kun pagará la cuenta, así que beban todo lo que quieran hasta dejarlo en quiebra!

—Desgraciado sólo porque yo pago...

—¿En serio? ¡Hatori, muchas gracias! ¡Voy a beber hasta que explote! —rió Kisa.

El ambiente en el bar era ameno, aunque Hatori-kun parecía refunfuñar de vez en cuando, se veía que disfrutaba de nuestra compañía. Mi reloj marcaba las 10:30 y solo faltaba Mino-san.

Y hablando del rey de Roma...

—Mino, esperábamos por ti. —habló Takano-san haciendo ademán con una mano notando un asiento vacío a la izquierda del castaño de ojos verdes a su lado.

—Lo siento, no me esperaba que el tráfico estuviese atestado a estas horas.

Las ojeras y el cansancio habían quedado atrás. Personalmente desde que llegué a casa, me dejé caer dormido desde que mi cabeza tocó la almohada y desperté gracias a la alarma que había programado. Dudo que los demás hayan hecho otra cosa, ya que habían rejuvenecido al menos unos trece días atrás. Toda una metamorfosis.

—No hay cuidado, estamos aquí para despejarnos. —dijo Kisa-san con una sonrisa y ese típico tono juvenil en su voz.
En una mesa familiar, estábamos: yo en la silla izquierda, Kisa-san en el medio, y Hatori-kun en el otro extremo junto al azabache. Al frente de mí, estaba Takano-san, en el medio Onodera-kun y a su lado Mino-san

—¿Beberemos qué…? ¿Sake, cerveza...? —preguntó un tímido Onodera.

—Yo no sé ustedes, pero yo quiero una gran cerveza. —Kisa-san movió las manos delante de él materializando el tamaño de su bebida deseada.

Mis ojos se desviaron de Kisa-san hacia Onodera-kun comprendiendo su nerviosismo, pues no despegaba los ojos de la mesa y evitaba a toda costa mirar a Takano-san. Hace poco mi jefe me comentó que el oji-verde no toleraba muy bien el alcohol.

Sonreí. Era tiempo de sacarle provecho a esa información:

—Por supuesto que, todas las personas aquí no pueden beber como Kisa-san.

Todas las miradas se dirigieron a mí ante aquel comentario. Apoyé mi mejilla sobre un puño, mi compañero novato -no ya tan novato-, ladeó un poco la cabeza intentando comprender lo que le decía. Entrecerré un poco los ojos analizando su reacción y fue ahí cuando se dio cuenta a que me refería.

—¡Takano-san! ¿L-le dijiste de aquel incidente? —gritó.

—¡Pero que ruidoso eres! ¿Quieres sentarte?, te están mirando los demás clientes.

En efecto, el editor se había levantado y mantenía un puño alzado, estaba apretando los dientes indignado. Se sentó rápidamente con un "Lo siento". Nosotros soltamos una que otra risa, -unos más que otros,- logré el resultado deseado, era tan fácil molestar a Onodera-kun que a veces lo consideraba mi "juguete".

Un empleado se acercó, y después de que Hatori-kun ordenara por todos, volvió a los pocos minutos con seis generosas jarras de cervezas frías.

Kisa-san me dirigió una mirada cómplice después de haberle dado un gran sorbo a su jarra, como diciendo que quería seguir con aquello y le dirigí la misma mirada dándole mi cómplice aprobación.

—Ricchan... ¿No nos vas a decir que sucedió aquella noche? ¿Por favor?

—¡Pero si ya les dije que...! —y ahí estaba de nuevo, nervioso y balbuceando con un pequeño tinte rojo en sus mejillas.

—Me salvaste con el bloqueo de sensei. Gracias de nuevo, tu situación fue de mucha ayuda. —el editor encargado de Yoshikawa-san se había unido a la conversación, interrumpiendo y dejando al castaño boquiabierto.

—Hatori-san dime que por favor no... ¿Sí?, ¿en serio lo...? —el otro asintió una vez. —Ah... Mierda.

La situación radicaba en que, hace poco, Takano-san y Onodera-kun habían ido a un viaje en nombre de la compañía a ver a una nueva autora o algo así, en fin, lo que sucedió fue que a la hora de llegar al hotel, hubo un error y tuvieron que compartir una cama matrimonial. Nadie sabía cómo se propagó aquel rumor, pero prácticamente toda Marukawa estaba enterada y no paraban de acosar a la pareja, especialmente el grupo Zafiro, preguntando qué sucedió aquella noche, las personas se lo preguntaban medio en broma, pero nosotros, como buenos amigos que somos, utilizábamos el tema para molestarlos a ambos.

Aunque pudiera jurar que la curiosidad de Mino-san y Kisa-san eran auténticas. Estoy seguro de que si realmente hubiese sucedido "algo" la mayoría estuviera más bien, traumatizados. Yo no tenía nada en contra de aquello, me refería a la orientación sexual de alguien, digo, seguían siendo personas normales, ¿no?

—¿Entonces lo permitiste? —Mino le miró con esa sonrisa tan característica de él pegada a su rostro.

—¿A qué te refieres?... ¡Oye! ¡Por favor no saques conclusiones por ti mismo!

—¿No nos vas a contar lo que pasó entonces? —cuestioné dándole un largo trago a mi cerveza. Insistí por seguir el juego, pero realmente no esperé que me diera tal respuesta:

—Yo... Intenté dormir en el suelo.

En ese instante, Kisa-san escupió su trago dándole palmadas a la mesa, yo me ahogué en la mía al mismo tiempo, tosí un poco mientras él y yo nos carcajeábamos sin disimulo alguno. Aunque Hatori-kun trataba de ocultarlo cerrando los ojos y cerrando la boca, sus hombros subían y bajaban, sí, se estaba riendo. Mino-san sólo evitaba mirarlo para no reír como nosotros, se había llevado una mano a la boca.

El castaño estaba estupefacto con nuestra reacción, Takano, en cambio permanecía indiferente mientras bebía.

—¡Por favor Takano-san, di algo!

—¿Qué quieres que diga?

La noche realmente se ponía divertida.

...

Después de despedirme de los chicos, me encaminé a casa. Eran las 1:00 de la mañana y ya había perdido el último tren, aunque los demás se ofrecieron a llevarme a casa por alguna extraña razón me negué.

—Veamos... Mejor tomaré este camino. —mencioné al unísono, las calles estaban prácticamente vacías; solo encontraba personas, que como yo, salían de bares y restaurantes karaokes.
Doblé a la derecha, acomodando mi abrigo azul por el frío de esas horas. Aunque ya nos estábamos adentrando en la primavera, realmente aun hacia frío.

Luego de haber caminado unos diez minutos pasé cerca de otro bar más pequeño y le eche un rápido vistazo, tenía un gran ventanal que daba acceso a la vista y se podía ver las personas dentro, no sé por qué demonios tuve que mirar de nuevo a mi izquierda: una figura sentada en la barra se me hacía conocida. Di unos pasos y mi cuerpo entró al establecimiento sin yo habérselo ordenado. La persona levantó la cabeza de la barra cuando sintió mi presencia a su lado.

—¿Yanase-san?

—¿Na-Nakami Souji, verdad? —su voz era temblorosa debido al alcohol, yo asentí mientras contaba las botellas de sake a su lado: eran seis.

—Demonios, ¿por qué has bebido tanto? ¿Soportas el alcohol verdad?

—¡No te atrevas a reprenderme! Y si, puedo beber mucho más si quiero. —hizo una pausa agarrando una de las botellas. —Ahora si me disculpas, quiero estar solo.

Le quité la botella antes de que se la llevara a los labios.

—¡Oi! ¡Devuélvemela!

—Ya no más por esta noche —la alejé de su alcance, pues luchaba por recuperarla —Disculpe, ¿ha pagado la cuenta? — le pregunté al hombre detrás de la barra, señalando con la cabeza al castaño.

—Solo pago por tres de ellas... Esta es la cantidad que debe. — la factura me sorprendió un poco, era sake del caro pero no le di importancia y le pasé los billetes que demandaba el papel. —Muchas gracias.

Le ofrecí una rápida reverencia al bartender.

—Nunca te dije que me quería ir... Oye, ¿me estas escuchando?

Sabía de antemano que me arrepentiría de esto, pero no podía simplemente dejarlo ahí por más pesado que resultara el tipo, estaba ebrio y solo Dios sabría que podría pasarle si lo dejaba a sus anchas. Sostuve una de sus manos entre las mías, le tiré con un poco de fuerza sacándolo de aquel lugar. Yanase forcejeaba sin energías y vi que apretaba los dientes.

—¡Suéltame! ¿Por qué demonios pagaste? ¡Te-tengo dinero! , ¿sa-sabias? —lo miré cuando detuvo su caminar, el brillo en sus ojos se había perdido y los tenía un poco hinchados como si estuviese llorando tiempo atrás. —¿Qué esperas? ¡Suéltame ya! Además, somos hombres, ¡nos van a ver! —su rostro estaba sonrojado debido al sake, a pesar de asegurar que lo soportaba pero...

—Como si me importara. —suspiré —Dime algo, ¿comiste antes de beber? —le halé de la mano para que caminará y así lo hizo. Sin darme cuenta estaba dirigiéndome a casa... con él.

—No... —evitó mirarme a la cara, tenía todo su derecho de avergonzarse pues le lancé una mirada de reproche cuando me dio tal respuesta.

—Es lo primero que debiste hacer.

No había más remedio, si quería llegar a casa pronto debía tomar este callejón. Tuve que darle varios tirones a mi acompañante que se había quedado perdido mirando algún punto en la distancia. En aquel pasillo largo y apenas iluminado, vislumbre tres figuras apoyadas en la pared a la distancia. El dibujante levantó la vista hacia mí cuando sintió que apretaba el agarre y no despegaba la vista de aquel lugar en alerta. Por estos imbéciles no iba a detenerme.

—Pero… ¿Qué es esto? ¡Chicos vengan a ver! —dijo una voz ronca y sus acompañantes se pusieron de pie de inmediato. —No deberían caminar tan solos a estas horas, hay muchas personas peligrosas por ahí —los otros tipos lo corearon con risas y ridículos silbidos. —¿Por qué no los acompañamos?

—No. No creo que sea nes...

—¡¿Qué demonios quieren malditos bastardos?! —abrí los ojos como platos alzando una ceja ante aquel acto de estupidez y valentía del asistente a mi lado. Reí internamente, no sabía que un hombre como él tenía ese tipo de vocabulario. Bueno, después de lo de esta mañana nada debería sorprenderme de este chico.

Estando en esa condición se defendía como un toro dispuesto a embestir en cualquier momento, pero no se daba cuenta de que era un pequeño ratón a punto de ser devorado por perros.

—¡¿Qué fue lo que dijiste?! ¡Maldito insolente! —gruñó el más bajo de los hombres, avanzando con pasos peligrosos a lo que yo me posicioné para cuando se acercara más de lo debido.

—¡Cierra la boca!... Me gustan los chicos difíciles. —el hombre se acercaba con una sonrisa perversa, cuando alzó la mano para tocar el rostro del castaño -que tenía la misma expresión de enfado-,
detuve sus intenciones en un rápido movimiento apresando su muñeca.

—No te atrevas a tocarle ni un sólo cabello, ¿sí? —la sonrisa hipócrita se me había borrado del rostro siendo sustituida por una expresión fría, llena de furia, algo impropio de mí para estar defendiendo a alguien que apenas conocía.

El tipo se volvió hacia mi confiado:

—¿Huh? No tienes que hacerte del rogar, pues también tienes una cara bastante linda.

Suspiré asqueado ante tal repugnante interpretación. En ese momento tenía la atención de todos los presentes.

Una sonrisa altanera y arrogante se dibujó en mi rostro —Jum. Dime, ¿tu idiotez es enfermedad o costumbre?

No le di tiempo de responder: al soltar su muñeca, le di un golpe certero en la nariz, rompiéndosela en el acto. Tambaleante, el tipo alzó un puño y el golpe nunca llegó, retomé mi posición al instante y con velocidad le di una patada en el estómago con mi rodilla haciéndolo caer lejos, cerca de sus amigos. Sus acompañantes me miraron vacilantes con torpes posiciones de ataque. Miraron a su amigo que yacía inconsciente y sangrante en el suelo.

—Largo —los tipos temblaron ante el tono severo de mi voz, —¡Ahora! —entonces echaron a correr.

Yanase Yuu me miró estupefacto, pero no se atrevió a decir palabra alguna en la media hora en que tardamos en llegar al pequeño edificio de dos pisos, evitó cruzar mirada conmigo y tenía el ceño fruncido todo el camino. Cuando se dio cuenta de que el lugar no era en el cual vivía empezó a protestar. Fue todo un alboroto convencerlo de pasar. Su estómago no paraba de gruñir, era un punto a mi favor ya que utilicé eso como excusa a parte de su ebriedad.

—Yuu-san, ¿está bien si preparo algo de okonomiyaki*? —el aludido estaba sentado en el sofá mirando alrededor como si estuviese en otro planeta. Esperen un segundo... ¿Lo acababa de llamar Yuu-san? ¿Qué demonios me estaba pasando? ¡Apenas si sabía quién era! Me tapé la boca como si de pronto se me hubiese escapado un secreto importante.

—¿Eh...? ¡Ah!, a-adelante. —parece que no se había percatado de que le había llamado por su nombre. Prestaba atención a los papeles que tenía distribuidos en la mesita delante del sofá.

No había pared que dividiera la cocina con la estancia, así que podía mantener un ojo en él. Rebusqué en el refrigerador casi vacío, por suerte, tenía los ingredientes para preparar la receta. Una lata grisácea llamó mi atención, la tomé dirigiéndome a la sala y se la coloqué al dibujante en las manos.

—¿Q-qué es esto?

—Refresco de limón. Te ayudará para que se te pasen los efectos, así que bébetela toda.

La giró varias veces, escudriñándola con la mirada, desilusionado de que no haya sido cerveza o algo así. A los quince minutos volví con un plato humeante, guardando los papeles en mi portafolio, puse aquel platillo delante del chico que tardó en reaccionar. Que hilarante, ¡hasta le tuve que colocar los palillos entre los dedos!

Sería algo mal visto pero, todas las personas las trataba de "tú" a menos que su cargo fuera superior que el mío, o a alguien realmente desconocido.

—¿No crees que eres muy joven para beber tanto? —Yuu-san debía figurar más o menos mi edad o quizás más joven, ya que yo era media cabeza más alto y su rostro era realmente jovial. Me senté a su lado, con las piernas entrecruzadas sobre el mueble, intentando descifrar que era lo que realmente estaba pensando.

—¿Pero... Que estupideces estas diciendo? ¡Tengo veintiocho!

—¿En serio? ¡Pero si no los aparentas! — veintiocho... debía ser una broma.

—¿Y t-tu cuantos tienes? ¿Veintidós? —preguntó apuntándome con los palillos, estaba muy fuera de sí debido al alcohol... Como si me mostrara al verdadero Yuu-san.

—El 21 de marzo cumplo los veinticinco.

Ambos nos miramos con una expresión vacía durante unos segundos:

—No te creo.

—Yo tampoco.

Saqué mi billetera y él hizo lo mismo pero con torpeza, al intercambiar identificaciones vi que no mentía. Lo miré de reojo por sobre la tarjeta y estoy seguro de que pensaba lo mismo.

—Tu comida se enfriará. Vamos, come algo. —cambié de tema recibiendo mi identificación, yo le devolví la suya.

Me levanté para lavar los utensilios con los que había cocinado cuando me percaté de que algo bajaba silencioso por las mejillas del dibujante. Estaba llorando.

—Yuu-san, ¿te encuentras bien? ¿Quieres vomitar? — el aludido se puso de pie dando torpes trancos. Lo tuve que sostener por los hombros o si no hubiese caído de bruces al suelo, alzó su cara hacia mi mostrándome su rostro lloroso. —¿...?

Pero antes de que pudiese formular la pregunta, apoyó sus labios sobre los míos: era un beso inocente y casto, un encuentro suave y apenas cálido, pero cargado de amargura.

¡No sabía cómo carajos reaccionar ante aquel acto! Cuando quise apartarlo, él ya había roto el contacto. Decir que estaba boquiabierto y que me sorprendí de sobremanera era poco. No… esas no eran las palabras exactas: estaba totalmente desconcertado e impresionado ¿Acaso Yuu-san es...?

—Chiaki eres un imbécil...

¿Chiaki? ¿Acaso se refería a Yoshikawa-sensei? De pronto la escena en el vestíbulo llegó a mi mente como un relámpago. Ahora todo tenía sentido. Un momento... entonces, ¿Hatori-kun también es...?
¡Demonios, que carajos importaba! Seguía siendo mi amigo y compañero de trabajo, no podía dejar que una condición de esa persona interfiriese en nuestra amistad.

Como si no hubiese sucedido nada del otro mundo, el oji-caoba atacó el okonomiyaki como si no hubiese visto comida en días, destapó la lata con la misma urgencia y la bebió a grandes tragos, cuando acabó con la bebida, dirigió su atención a la otra porción que le quedaba y la engulló de un bocado.
Mientras él disfrutaba su comida yo estaba aún de pie, en la misma posición, anonado. Perdido en mis pensamientos... Los cuales no estaban tomando un rumbo muy sano, ¿Que estaba pensando? No era posible que por sólo ese beso iba a verlo de otra manera, una manera más extraña, una manera más hostil, una que decía claramente: aléjate.

Ridículo.

Cuando miré hacia abajo, Yanase Yuu dormía plácidamente con un cojín entre los brazos murmurando incoherencias. Me acerqué lo suficiente como para ver bien su rostro, alargué el brazo apartándole los mechones que ocultaban sus párpados y parte de su rostro por mera curiosidad.

Definitivamente, este tipo era un demonio con cara de ángel.

XxxX

Aclaraciones:

*En Yokozawa Takafumi no baai, en la primera novela ligera, hay una escena donde los chicos de Esmeralda molestan a Onodera con lo de la cama matrimonial compartida, mientras Takano dice "Hagan lo que quieran", de hecho en uno de los CD dramas de la serie, Onodera explica que pasó esa noche y los acontecimientos después de su llegada del viaje. En resumen, la información es verdadera, y si, Ricchan quiso dormir en el suelo. Aunque yo ya me lo suponía. XD

*Investigue, y de hecho, el último tren de Tokio sale a las 12:15 am

*Okonomiyaki: consiste en una masa con varios ingredientes cocinados a la plancha. Es frecuentemente comparado con el omelette o tortilla francesa, por la variedad de ingredientes que puede contener, e incluso llega a ser llamado pizza japonesa.

Chicas, gracias por sus lindos reviews, me animaron mucho, estoy acabando el cuarto capítulo (17/20 paginas) Exhausto, realmente exhausto, ya que es difícil descifrar la personalidad de Yuu con tan poco que sale en el anime y yo que no leo manga… Bueh, en fin.

¡Dejen sus comentarios y nos vemos el próximo miércoles!

Muchos besos.