Disclaimer: Sekai-ichi Hatsukoi y sus personajes les pertenece a sus respectivos autores, este fic es sin fines de lucro, lo hago solo por diversión. Nakami Souji y otros personajes que NO salen en el anime ni en el manga si son de mi propiedad.

gato blanco de la mala suerte.-

Cap. 3: "A MAL TIEMPO BUENA CARA."

Le dolía la cabeza, y mucho. La resaca se sentía como si lo hubiesen molido a golpes y luego le hubiera pasado un tren por encima. En ese momento sus parpados pesaban kilos, que más daba, 'Ni que tuviese que despertar por ahora' pensó hundiendo la cara en la almohada. Yanase tanteó la superficie de la cómoda cama, había algo raro… Esperen un momento: ¡El edredón de su cama no era tan mullido! ¡Y esta almohada…! ¡Olía diferente! El castaño se levantó de golpe, algo atontando por los traviesos rayos del sol que se colaban a través de la gran ventana, interrumpiendo su dulce sueño, mirando alrededor totalmente desconocido para él como un lunático en un parque diversiones.

Las paredes de la pequeña, pero acogedora habitación eran de un suave crema, haciendo juego con las sabanas. Al lado de la gran cama matrimonial, había una mesita de noche con una lámpara, un despertador digital que marcaba las 12:00 pm, unas cuantas latas de refresco y las cosas de Yanase –como su reloj, la billetera y su celular-. La pared de su derecha era en realidad un gran balcón semi-oculto por dos cortinas blancas y a su izquierda un pequeño librero de piso, contenía algunos mangas shoujo y libros: algunos eran clásicos occidentales, habían unos tres del gran autor Usami Akihiko y unos de autores japoneses que él desconocía.

Se llevó las manos a la cabeza masajeando las sienes que ya le estaban palpitando. Con algo de brusquedad se bajó de la cama y cayó de bruces al suelo cuando resbalo con algo: Era su abrigo. Cuando se miró a si mismo se dio cuenta de que no llevaba nada de ropa de las caderas hacia arriba, excepto sus pantalones –aunque los llevaba puestos,- estaban desabrochados ¡Mierda! En efecto encontró sus prendas que había llevado la noche anterior regadas por el suelo. ¿¡Donde coños estaba!? ¿Lo habían secuestrado? ¿Y si tal vez lo habían…?

¡Imposible! ¡Realmente imposible!

Tenía que salir de allí y rápido, pero más importante, encontrar la dueña de aquella casa que no era la suya.

Se colocó su ropa con rapidez, temeroso de que alguien entrase por aquella puerta y lo viera en ese estado. Se abrochó los vaqueros y cogió sus cosas de la pequeña mesita con algo de brusquedad, como si el mueble le hubiese negado la devolución de sus pertenencias. Miró alrededor una vez más con el ceño fruncido antes de girar la perilla de aquella puerta. La luz de sol que se colaba por el balcón de la sala lo cegó completamente por unos segundos, pestañeó varias veces echándole un vistazo al lugar:

Era pequeño, pero acogedor: la sala constaba de una pequeña televisión que en su mesita tenía más tomos de mangas debajo, este apuntaba a un sillón de color marrón. En frente de este había una mesita de madera con muchas cosas desordenadas –píldoras, agua, una cajita de pockeys, una laptop, un portafolio y un celular- había un pequeño abanico de piso a su lado y la pared estaba adornada por sencillos cuadros, se notaba que estaban allí más por compromiso que por verdadera decoración. La cocina, increíblemente impecable, no era la gran cosa: no había pared que la dividiera de la sala, era de admirar lo pulcra y ordenada que estaba. A su derecha había un pasillo donde había otras dos puertas, supuso que era el baño y tal vez la lavandería o el cuarto de huéspedes.

Miró la mesita intentando buscarle dueño a aquellas cosas, pero su mente, por más que tratase de recordar no le daba ni siquiera una imagen de lo ocurrido sobre la noche anterior. Y como si el mueble hubiese respondido a sus dudas, las puertas de cristal de aquel balcón se corrieron dándole una vista de aquella persona: Nakami Souji, editor de mangas shoujo del grupo Esmeralda y compañero de Hatori Yoshiyuki, su rival en el amor.

Por un momento se le olvidó respirar, pues lo miraba como si fuese un marciano. Así que tomó una gran bocanada de aire. En su vida se había imaginado que acabaría en la casa de ese tipo. Esto no era un dulce sueño… ¡Era una maldita pesadilla!

El joven, se dio cuenta de su presencia y levantó la vista.

—Ya despertaste… ¿Cómo te sientes? ¿Aun estás mareado?

Vestía solo unos pantalones oscuros de dormir, algo holgados -cabe decir.- Tenía una pequeña toalla echada al cuello y estaba mojado. El chico le miraba con indiferencia mientras una que otra gotita se estrellaban en su pecho suicidamente desde sus alborotados cabellos castaños rojizos donde los mechones le acariciaban el rostro cada vez que el viento de afuera se los mecía.

Era bien proporcionado y alto, alto para lo joven que lucía. Sus labios eran finos y sus ojos eran como los de un felino: de un verde oscuro, más bien, esmeralda. De largas pestañas y cejas elegantes más oscuras que su cabello. Se fijó de nuevo en sus ojos; solo le faltaba que sus pupilas fueran alargadas para parecer un gato. Su piel, que era menos pálida que la de él mismo, su vientre plano, casi delgado y su torso bien marcado para alguien que está trabajando en Marukawa -parecía alguien que había pasado su vida metido en un gimnasio trabajando músculos-. Luego estaban sus brazos: moderadamente trabajados, pero se veían que guardaban gran fuerza. Los ojos de Yanase volaron a su rostro que se mostraba frío, sin emociones.

Se fijó en aquella corta cadena en su cuello que sujetaba un anillo plateado. ¿Sera de compromiso? ¿O tal vez de una ex-novia? ¿Qué significado guardaba para que lo tuviera puesto?

Maldición. Había pasado una noche de perros con ese tipo, '¡Te dije que te arrepentirías!' me gritó mi subconsciente.

—¡Cállate! — le contesté de vuelta como si realmente pudiésemos interactuar.

Tenía un desastre por toda la casa, pues Yanase me obligó a ir al combini más cercano a buscar golosinas y más latas de refrescos a buenas horas de la madrugada. Oh, pero eso no es todo…Creí que acabaría cuando se durmió después de haberle dado de comer, pero no, no fue así…

Me había dirigido a lavar los platos, estaba tan perdido en mis pensamientos mientras intentaba sacar una mancha difícil del sartén, que no me había dado cuenta de que Yuu-san no estaba en el sillón, lo busqué con los ojos por la estancia pero allí no había nadie.

—¡Waa! — exclamé cuando algo cálido me presionó la nuca. Cuando volteé enfadado con un cuchillo en mano dispuesto a rebanar aquel provocador del tal atrevimiento, me llevé una sorpresa al ver a Yanase detrás de mí con una expresión aburrida y las mejillas encendidas, tenía un dedo encorvado apuntándome. No sé cómo demonios no me di cuenta de que estaba detrás de mí. ¿Tan ensimismado estaba?

Solté un suspiro y coloqué el cuchillo donde lo había encontrado, también cerré el grifo del lavabo. Tomé al castaño de las caderas y lo cargué como un saco de patatas sobre el hombro. Extrañamente no pesaba casi nada, pero más impresionante aun, fue que no reclamó ni una sola vez.

—Quédate. — le ordené señalándolo con el dedo cuando lo dejé en el sillón, como si fuera un perro ante una orden inquebrantable.
Me di la vuelta para continuar con mis tareas, pero algo me haló de la camisa. Era él, evitaba mírame.

—¿Qué ocurre ahora? — suspiré acercándome a su rostro y vi que estaba llorando. Otra vez.

—¡Eres un maldito insensible! — gritó cerrando su puño y lanzándolo contra mí. Bloqueé aquel golpe con mi brazo cruzado cubriéndome el rostro.

—¿Esto te parece divertido?

Abrió la boca para hablar y de pronto la cerró. Al fin lo tenía donde quería: sumiso y avergonzado. Sus lágrimas bajaban cada vez más rápidas y en mayor cantidad. Como odiaba ver a la gente llorar.

Entonces habló.

Lo que nunca esperé, fue que en ese estado de ebriedad, me contaría sobre su amor frustrado.

¿En qué demonios me metí?

Después de estar hasta las tres y media de la mañana escuchándolo hablar atentamente y sin opinar, me quedé dormido en el sillón junto a él. Me desperté temprano bañado en sudor –al parecer los síntomas habían regresado,- con una almohada de mi cama y una fina sabana encima, de seguro él me las había dado mientras estaba en el quinto sueño.

Fui a mi habitación, lo encontré acomodado durmiendo y sus cosas estaban tiradas por todo el suelo. Reí internamente: se había sacado casi toda la ropa, si otra persona hubiese entrado en ese momento malentendiera la situación completamente.

Y aquí estaba yo, sentado afuera tomando el sol después de una larga y fría ducha. Analizando todas las cosas que me había confesado sin querer. Estaba impresionado, no parecía ser el tipo de persona que tenía problemas en su vida, bueno, todo el mundo los tiene… solo que no creí que él tuviera este tipo de problemas.

Pero el rostro que me mostró en la madrugada y esa faceta descompuesta… hasta sentí una punzada de pena 'El verdadero Yuu-san ¿eh?'

Me levanté de la silla, ya era suficiente por ahora. Corrí la puerta, caminé unos cuantos pasos y miré hacia arriba.

Tampoco espere encontrármelo despierto a esta hora con lo mucho que había bebido.

—Ya despertaste… ¿Cómo te sientes? ¿Aun estás mareado? —ya había sido demasiado amable con él, era hora de sólo ser educado.

Estaba boquiabierto, casi horrorizado. Creo que esto era malo, no reaccionaba y se me quedaba viendo sin dar noticias de que estaba vivo. Sacudió la cabeza varias veces, despejándose como si esto fuese un mal sueño.

—¿¡D-donde estoy!? ¿E-esta es tu casa?

—¿Eh? ¿No recuerdas nada? — esto era precisamente lo que me temía, entonces aquella confesión de anoche inmediatamente se convirtió en un secreto prohibido. Negó con la cabeza —¿Nada de nada?

—No.

Mantuve la cordura a pesar de que su expresión estaba al borde del desquicio.

—Eres increíble, después de lo que pasamos anoche… Incluso me golpeaste. —gruñí mostrándole mi brazo donde se había formado un moretón con la forma de sus nudillos.

Creo que lo malinterpretó, pues retrocedió varios pasos y su expresión se descompuso una vez más. Sonreí con sorna, dejando que entendiera que anoche lo hicimos, quería ver su reacción después de jugar un poco con él.

—Hablaste muchas cosas extrañas anoche sobre… A ver, ¿qué era?... ¡Ah sí! Algo como: "Y después de que fui a su casa, ese imbécil llego a empeóralo todo. Después de su rechazo no quería tener que verlo a él de nuevo…"— cité imitando el tono de voz con el cual había hablado — ¡Y muchas cosas más! Fue una novela muy interesante. — entrecerré los ojos con una sonrisa triunfal en los labios.

—¡Eso no es posible! ¡Yo j-jamás dije eso! — se sonrojó. Estaba enfadado, muy enfadado.

—Yo no creo que me lo haya inventado, ¿y tú?

—¡Maldición!— masculló sin mirarme — ¿T-tanto bebí?

En serio no recordaba nada. —Seis botellas completas y querías más. —reí.

'Puedes pudrirte en el mismísimo infierno' pensó Yanase cuando Souji se río de esa manera tan confiada. Es como si realmente supiera que palabras exactas utilizar para irritarlo.

Había estado en ese bar ahogado sus penas. Después de dejar la compañía atrás, se dirigieron a casa de Chiaki, tenía que intentarlo, tenía que confirmarlo una vez más, solo una. Pero como hubiese deseado que no le hubiese soltado aquel tema de nuevo.

Chiaki lo rechazó. Otra vez, de una forma casi tan impropia de él que hizo que su corazón se resquebrajara en mil pedazos. Una virtud de ser amigos es poder quedarte a su lado para siempre, ¿no? ¿Entonces por qué tuvo que confesarle sus sentimientos de nuevo? Ah, porque Hatori estaba un paso delante de él y eso no lo soportaba. Tenía esperanzas, esperanzas que se derrumbaron cuando se enfrentó al editor en el edificio y perdió contra sus crueles pero ciertas palabras.

Pero tenía que comprobarlo con Chiaki '¿Es eso cierto Chiaki? ¿Tan lejos estoy de ti?' pensó.

Y ahí estaba de nuevo: Hatori lo arrastró lejos de su amante cuando lo encontró acorralándolo contra una pared, atacando con preguntas que lo llevaban a ningún lado. 'Maldito sea este sentimiento' gritó en su subconsciente ya ofuscado. Se había dirigido a casa esperando calmar esas ganas de golpear al editor, pero no pudo, hasta su apetito se había ido lejos.

Entró al bar a media noche, pagando por adelantado las botellas que pretendía beber. Sólo que no había calculado que se emborracharía tanto.

"¿Yanase-san?"

Fue lo único que pudo escuchar antes de caer totalmente en la penumbra de los efectos del alcohol.

—Además, no sabía que Yuu-san tenía una lengua tan afilada. — continué burlándome mientras me dirigía a la cocina dispuesto a preparar algo de comer.

Me seguía con la mirada, cauteloso. Pude sentir como me apuñalaba la espalda con esa mirada de enfado.

—¿De qué hablas? — su expresión cambió a una de confusión.

Abrí el refrigerador y saqué las verduras.

—¿Tampoco? —no esperé que contestara. — "Qué demonios quieren malditos bastardos." —reí imitando su voz. — Eso fue lo que les dijiste a los pervertidos de anoche.

—¿¡Qué!?

Las pesadas y violentas pisadas que daba, se escuchaban cada vez más cerca.

—¡Debes de estar jugando! ¡Es imposible que yo haya dicho algo de eso!

Me giré. Estábamos cara a cara, parecía un pequeño niño discutiendo: apretaba los dientes y se alzaba sobre las puntas de los pies para quedar a mi altura, mantenía los puños cerrados, parecía estar al borde de golpearme. Cerré los ojos ofreciéndole una sonrisa. Pude oír como mascullaba algo incomprensible entre dientes.

—¿Cómo puedes asegurar eso si supuestamente no recuerdas nada? ¿Sabes? Eras más adorable cuando estabas ebrio.

De nuevo esa expresión sonrojada: no sabía con qué contraatacarme.

Soltó un bufido. —De todos modos, gracias y disculpa las molestias que te causé. Perdona haberte golpeado.

—¿…? — Después de hacerme pasar un infierno anoche se va, ¿así sin más? —Oye, oye, ¿A dónde crees que vas? — gruñí apresando una de sus muñecas, acorralándolo contra una de las encimeras entre la mesa y mi cuerpo.

—¿Pero qué…?

—Me debes dinero, evité que te violaran y te di de comer. Además, ¿Qué vas a hacer con lo que pasó anoche? —le coloqué la factura que había dejado en la encimera entre los dedos. Por supuesto que yo me refería de la gran charla pero el oji-caoba no lo entendía así, se ruborizó antes de mirar el papel.

Frunció el ceño. —Dime que esto es una broma. — levantó la mirada hacia mí, le solté cruzándome de brazos

—Nop. Tienes suerte de que te detuve o de seguro te hipotecarían la casa para pagar lo que bebiste.

Sacó su billetera de su bolsillo y me dio unos cuantos billetes.

—Lo siento, esto es todo lo que tengo, luego te pagaré el resto.

Que sucio me sentía. Doblé los billetes y se los metí en su bolsillo delantero, Yuu-san respondió con un respingo ante aquel contacto.

—¡…!

—Estaba jugando, no tienes que pagarme nada.

—Pero yo…

El sonido de mi celular en vibración interrumpió al asistente, captando mi atención al mismo tiempo.

—Lo siento, debo contestar. — me apresuré a la mesita y recogí el artefacto negro, presioné el botón verde. —¿Si? Nakami habla.

Souji. Tu mangaka acaba de llamar, se presentará en una convención en Libros Marimo. Takano-san contestó y dice que quieres que vayas para allá de inmediato. —La voz de Hatori-kun resonó en la otra línea. No pude evitar pensar en lo que me había contado Yanase Yuu, aunque su voz era indiferente, como de costumbre, pude notar ese tinte de mal humor a través del teléfono.

—Toriumi-sensei, ¿cierto?

Sí. Onodera y Mino están de camino para allá, al parecer Mino le instruirá más sobre estos eventos.

—Está bien. Ya voy para allá. — corté la llamada.

—Aún sigo pensando que debo pagarte.

—Así está bien. Me entretuve mucho anoche. — frunció más el ceño, sonrojándose.

—Q-que nada de lo que aquí paso… ¡Y me refiero a todo! S-salga a la luz. ¿Entendiste?

—Hai, hai.

—Con permiso.

—Nos vemos. —sonreí despidiéndome con la mano. Se colocó los zapatos que reposaban en el genkan y cuando la puerta se cerró, mi expresión cambio a una seria mezclada con algo de… ¿desilusión? — Eso fue divertido… Esta más silencioso ahora. — la habitación se había sumido en el más sepulcral silencio que hasta podía ser cortado con un cuchillo, me agradaba más el alboroto que habíamos hecho. Guardé las verduras en el refrigerador. Comería algo en el camino, otra vez —Bien. A trabajar. — me dije a mi mismo en busca de algo de ropa.

—¡Vaya! Mira que por solo avisarnos que sensei está dando una presentación, tenemos que venir hasta aquí.

—Bueno, trabajo es trabajo. — me animó Mino-san, caminando junto a mí en busca del dichoso puesto donde nuestras mangakas supuestamente estaban firmando autógrafos.

—Esto es aburrido, no ha pasado nada interesante. ¿No, Onodera-kun?

—¿Eh? ¡Ah, sí! — se apresuró en contestar el chico a mi lado.

—¿Por qué tan distraído? ¿Qué estás viendo?

—La decoración del lugar… es realmente impresionante. — murmuró admirando el amplio lugar decorado con atractivos stands de colores femeninos, animales de felpa, unos cuantos Twinkles distribuidos por todo el lugar, listones rosas y demás cosas llamativas y afeminadas. Era como estar dentro de aquella película inglesa, Charlie y la fábrica de chocolate, solo que, se trataban de libros y no caramelos.

—¿En serio? Yo creo que es un poco exagerado. Y eso que pensaba que nadie podía superar la decoración de nuestro departamento.

—¡KYAAA! ¡Son los editores de Marukawa Shoten! — huí en cuanto divisé aquel grupito de mujeres, escondiéndome detrás de unos cuantos puestos de libros de genero… ¿Lolicon? Que mala broma.

Me apresuré salir de allí, dejando a mis compañeros atrás entre el grupo de fans, y antes de que alguien me viera y tuviera una muy mala impresión de mí.

—Sensei. — llamé al encontrarla cabizbaja sentada un puesto donde el público podía acceder sin problemas, al parecer habían acomodado los libreros para que estos no interfiriesen con las filas que pronto se formarían.

—¡Nakami-kun! —lloriqueó la mujer de cabello azabache y ojos del mismo color.

Toriumi Keiko era una de las mangakas más jóvenes que tenía Marukawa, constaba solo de veintidós años de edad y la descubrimos cuando solo tenía diecinueve, fue mi primera mangaka y una joya muy difícil de pulir. Es insegura, negada y muy obstinada. Tiene un concepto del shoujo totalmente nueva, con una imagen fresca, por eso la eligieron de entre muchos aspirantes y por eso yo la escogí.

—Cálmese, cálmese. ¿Para algo estoy aquí? ¿No? —le di varias palmaditas en la espalda pues se aferraba a mi como si hubiese visto un grizzly a punto de devorarla. — Y por sobretodo, este no es el primer evento al que asiste.

—Pero… ¡Es un nuevo manga! ¿Y si no les gusta? ¿Y si no viene nadie? ¿¡Que voy a hacer!? Mi futuro ya está escrito: Estoy destinada a dormir en las calles pidiendo limosna.

—Siempre de exagerada, sensei. No trabajamos tan duro para echar la toalla tan rápido, —le sonreí. — nunca dejaría que acabaras en las calles. Jamás me equivoco, ¿cierto? — ella negó con la cabeza secándose las lágrimas de cocodrilo. — ¡Entonces demos nuestro mejor esfuerzo!

—S-sí.

—Tranquila. El evento no empieza sino hasta dentro de media hora, mandaré a que le busquen algo de beber para calmar esos nervios.

—Gracias. — masculló sentándose de golpe en su silla.

Estuve lo que creo que fueron unos diez minutos divagando alrededor después de haberme encontrado con el encargado de la sección de shoujo 'Brillante, digno de estar a cargo de esta sección' pensé al recordar a un chico de ojos avellana oscuro y cabellos del mismo color, un poco más claros, tenía una sonrisa de oreja a oreja y parecía deslumbrar como el sol. "Enseguida, siempre es un honor servir a Toriumi-sensei" fue lo que dijo cuándo pedí un té para ella.

Se sabía su apellido, obviamente sabia del evento, pero habían más mangakas que se presentarían ese día… ¿Seria tal vez un fan de su trabajo? Quién sabe.

La firma de autógrafos había sido todo un éxito. Hasta sensei lo disfrutó verdaderamente, sus fans le habían dado sus buenos deseos y ánimos -además de regalos,- tuve que llamar a la compañía para pedir unos cien ejemplares más, pues los que residían en la librería se vendieron como pan caliente, y seguían llegando cada vez más personas.

—Estoy realmente harto…— gruñí.

—Y que lo digas…— respondió mi sonriente compañero detrás de mí. Estábamos en una banca en las afueras de la muy ridículamente enorme librería, recargándonos uno en la espalda del otro para no derrumbarnos del cansancio. Onodera-kun había ido en busca de algo de comida para los tres. Espero que sea algo realmente grande para saciar el hambre que sentía.

—Mino-san…

—¿Si?

—¿Por qué siempre sonríes? ¿No te cansas? — era una duda que me carcomía desde hacía ya varios años, realmente no le di importancia en aquel entonces, pero uno no tenía que ser muy inteligente para darse cuenta de que aun en los momentos donde pegábamos el grito en el cielo con eso de los manuscritos él no bajaba las comisuras de sus labios.

¿De qué color serían los ojos de Mino-san? No era algo que realmente quería averiguar, pienso, que si en algún momento abriese sus ojos, el apocalipsis junto con la caja de pandora se desatarían… he podido ver a Mino Kanade enfadado, no era una experiencia grata de repetir, y yo que creía que era un demonio cuando me enfadaba.

—¿No crees que es más sencillo sonreír que decir que te pasa? — me sorprendí un poco con aquella respuesta, pues a veces hacia lo mismo para salir de paso de las incesantes preguntas estúpidas y repetitivas: "¿Qué te pasa? ¿Estás bien? ¿Por qué lloras?". Era como tener una sanguijuela en el trasero.

—Supongo. —susurré.

—¡Chicos! Compré sushi… Aquí tienen. — el oji verde nos pasó una cajita con unos palillos y una lata de refresco de color gris. La misma que le había dado a Yuu-san para que se le pasara la borrachera.

'Es más sencillo sonreír que decir que te pasa' ¿Esa ley se aplicaba a Yuu-san, cierto? Hizo lo mismo cuando Yoshikawa-sensei interrumpió luego de que Hatori se fuera con la cola entre las patas aquel día –por así decirlo.- Había cambiado de expresión repentinamente, sólo ocultaba lo que realmente sentía, no estaba actuando, sólo disfrazaba el momento para evitar ser herido aún más.

Admirable, realmente admirable. Supongo que en una situación así yo hubiese hecho lo mismo.

Sin darme cuenta, no lo veía más como un pesado o un tipo que me caía mal. Lo veía como realmente era en ese momento: Una persona que sentía dolor como yo.

Pero en cambio, el eligió sufrir y por eso se aferró a la bebida aquella noche. Estaba pensando mucho en ello, esto no me llevaría a ningún lado. 'Tienes que darte cuenta de que sentir dolor es inevitable, pero sufrir es opcional.' Dije en mi mente como si el realmente el mensaje en mi cabeza pudiese llegar a él.

Abrí la cajita que me separaba de mi tan ansiada cena, pues ya eran las 6:00pm y no había probado bocado desde la mañana. Engullí el primer rollo con algo de amargura.

Las palabras, la tristeza con las cuales había dicho todo aquello se clavaban en mí, haciendo que me hundiera con él, que sintiera por lo que él estaba pasando. No me había sentido tan ofuscado desde la muerte de mis padres, hace quince años atrás.

'Estás pensando mucho en ello.' me recordó mi subconsciente 'Lo sé.' Le respondí en mi cabeza. Esa era una de mis muy malas costumbres: Juzgaba a un libro por su portada en vez de por lo que contenía. Yuu Yanase era realmente una persona misteriosa e interesante.

No debía involucrarme. Eso ya lo sabía desde el inicio.

—¿En serio no podía esperar hasta mañana?

—No, Isaka-san lo tiene que ver hoy, mañana no vendrá a trabajar.

—¿En serio? ¿Y eso por qué?

—Pregúntaselo tú mismo.

Afilé mi mirada con los brazos cruzados haciendo resonar un bufido más ruidoso de lo necesario.

Takano-san se apareció de la nada al frente de la librería y me metió en su auto después de terminar mis rollos de sushi, nos dirigíamos a casa en busca de unas propuestas y varios documentos que necesitaba que pasaran primero por Isaka-san antes de ser totalmente oficiales.
Se suponía que sólo tenía que ir a la convención, por eso no me preocupé de llevar mi bolso o algo relacionado con el trabajo.

—Si la cosa era tan urgente, debiste avisar esta mañana cuando Hatori-kun llamó. — parece que esto lo molesto más, pues se concentró en fruncirme el ceño por unos segundos antes de volver la vista al camino.

—¿Acaso eres idiota? Tienes que ser precavido, debiste llevarlos contigo todo el tiempo.

Apreté los dientes.

—¿Dime que carajos iba a hacer con unos documentos en una convención? ¿Repartirlos a los fans? Y después andas hablando que hay que ser cuidadoso…

—¡Cierra la boca! Además, ¿no deberías tener un maldito auto? ¡Deberías conducir hasta donde mí, no yo hacia ti!

—No pretendo conducir en mi vida después de ver cómo le aplastaron los sesos a mis padres con una de estas cosas. —cruel, crudo, pero cierto.

Parece que entendió que no quería hablar del tema pues no abrió más la boca, quizá esa declaración con excesivo realismo le resultó demasiado desagradable como para volver a hablar o sólo mostraba respeto a mi posición. Pude sentir como me miraba de reojo varias veces, lo vi reflejado en el cristal cuando miraba hacia afuera con indiferencia. La mayoría en Esmeralda sabían que era huérfano, incluyendo a Isaka-san claro, pero nadie sabía el motivo de sus muertes, supongo que ahora lo saben.

Llegamos más rápido de lo que esperaba. Di gracias internamente, me dolía la cabeza y no quería tener aquella vocecita exigente de Takano-san zumbándome los oídos. Cerré la puerta del auto, el azabache hizo lo mismo con la suya, no esperé que dijera algo, sólo me dispuse a caminar con el siguiéndome los pasos. Abrí el pequeño portón de una reja no muy alta que dividía el estacionamiento de la propiedad con asfalto público.

—¡Oh, es Souji!

—¡Souji vamos a jugar!

—No puedo, estoy ocupado, lo siento. — le contesté a los tres niños que se acercaban con paso apresurado hacia mí, eran mis pequeños vecinos y amiguitos con los cuales pasaba una que otra tarde libre y jugaba con ellos de vez en cuando. Tenían cinco, ocho y seis años respectivamente.

—¡Por favor, no seas tan aburrido! — replicó el mayor, Kotarou-kun era de cabellera castaña y grandes ojos del mismo color.

—¡Souji! —llamo el más pequeño. Haru-kun, tenía unos ojos avellanas y el pelo del mismo color que… Yuu-san.

—¡Souji! ¡Souji! ¡A jugar! — Y Kenta-kun, el de ocho años, tenía unos extraños ojos azul oscuro y sus cabellos de un fuerte azabache.

—Está bien, está bien, bajo en un segundo, ¿sí? — dije acariciando la cabeza del menor de todos que se aferraba a una de mis piernas y me halaba de los vaqueros.

—¡Sí!

No me detuve y subí las escaleras a la segunda planta. Por un segundo se me había olvidado que Takano-san estaba detrás de mí. —No sabía que te llevabas bien con los niños.

—No puede evitarse, son demasiado buenos como para ignorarlos.

—Oye, ¿no es algo tarde para que estén jugando allá abajo?

Inserté la llave, la perilla cedió de inmediato. Hice ademán de que pasara y así lo hizo.

—No hay de qué preocuparse, siempre una de las madres está con ellos. En esta calle todos prácticamente nos conocemos, así que no hay mucho por lo cual temer.

Fui en busca de mi portafolio donde se suponía que tenía los papeles que exigía mi jefe, pero me detuve a mitad de camino, un mareo fue lo suficientemente fuerte como para hacerme tomar un descanso, me llevé una mano a la cabeza intentando concentrarme, pero me fue imposible. Algo me dolía desde el interior, sentí una punzada en el estómago.

—¿Mmm? ¿Te pasa algo?

Sentí la bilis quemarme en la garganta y tosí agresivamente cerrando los ojos por instinto, cuando los abrí, algo viscoso, húmedo pero cálido se escurría entre la mano que me había llevado a la boca por instinto: Era sangre.

No oculté mi sorpresa, estaba asustado, ¡había tosido sangre! Pero… ¿por qué? No llegué a escuchar lo que Takano-san gritó tras de mí, sólo sé que la vista se me nubló de repente, mi cuerpo no me respondía y todo se puso negro en un segundo.

Ese inconfundible y horroroso aroma a medicina llenó mis pulmones; ese asqueroso olor a alcohol, a máquina nueva, a esterilizante, a desinfectante. Todas esas cosas mezcladas en un solo aroma. Todos los hospitales olían igual.

Abrí los ojos con lentitud, buscando a alguien que respondiera a mis preguntas, pero sólo me encontré con la mirada seria de Takano-san y su ceño fruncido, cruzado de brazos en un sillón al frente de la camilla. Llevé una mano libre a mi rostro, tenía puesta una mascarilla para respirar pegada a mi cara ¿Pero que...?

—Al fin despertaste, mocoso. — hacía mucho que no me llamaba así. —Si no estuvieras hospitalizado te daría la patada de tu vida, ¿sabes?

—¿Alguien más sabe que estoy aquí? —intenté ignorarlo pero su mirada de reproche me exigía una respuesta que yo desconocía.

—Onodera pasó y se llevó los documentos para Isaka-san. —esta vez fui yo el que frunció el ceño. —No te preocupes, sólo le dije que colapsaste por que no habías descansado el fin de semana. —hubo una larga pausa donde sólo me fulminaba con la mirada.

En ese momento una enfermera irrumpió en la habitación rompiendo el tenso silencio que se había formado.

—Nakami-san… ¿Cómo se siente? — preguntó con una sonrisa después de confirmar mi nombre en su lista.

—Estoy bien. Me quiero ir. — gruñí secamente.

—¡Pero que impaciente es! — rió. —¿No piensa oír el diagnóstico del doctor? — dijo la mujer mientras anotaba en su carpeta los resultados de las maquinas.

—¡Auch! — exclamé cuando moví la mano y me di cuenta de que tenía una intravenosa atravesándome la muñeca.

—¿Quieres quedarte quieto?

—Así es Nakami-san, tenga cuidado, no queremos que se haga daño. — su sonrisa hipócrita me estaba sacando de quicio.
Un hombre calvo con bata blanca entró a la sala, debía ser el doctor por supuesto, su placa de identificación decía: Watanabe.

—¿Y? ¿Qué es lo que tiene?

—Después de analizar la muestra de sangre, y las radiografías que le tomamos, no cabe duda de que se trata de neumonía viral. — indicó finalmente el doctor.

—¿¡Neumonía!? —exclamamos mi jefe y yo al mismo tiempo.

—Tienes suerte de que tu caso no sea tan grave, he visto peores.

—¿¡Cómo demonios pudiste ser tan descuidado mocoso!?

—No tengo ni idea. —murmuré más para mí mismo, desviando la mirada a mi regazo.

Eh oído que la neumonía puede contagiarse. Pudo haber sido cualquiera; tal vez en la editorial, en la estación de tren o simplemente en algún puesto de comida. Pero me lo había buscado por estar tanto tiempo en las calles y principalmente por no cuidarme de las lluvias, pues realmente no me importaba salir con o sin paraguas en los días lluviosos, pues me encantaba sentir el agua golpearme el rostro.

—Takano-san— llamó el doctor. —Tengo entendido, que el paciente expulsó esputo con sangre, ¿no es así?

El oji-café asintió.

—Joven. ¿Practicas algún deporte o algún hobby de actividad física que debamos saber?

—Sí. Llevo casi toda mi vida practicando Jiu-jitsu, ¿por?

—Las radiografías de tu caja torácica revelaron un pequeño rasguño en la parte inferior de tu pulmón izquierdo. —hizo una pausa y los ojos de mi superior se ensancharon.—No es nada de lo que debas preocuparte tanto, no será necesaria una intervención quirúrgica. Pero si te pediré que bebas bastantes líquidos y un medicamento que sanará aquel rasguño. Debes quedarte aquí por lo menos tres días bajo observación, te daremos de alta cuando tus condiciones físicas se calmen un poco. — '¿Qué? ¿Tres días? No juegues conmigo…' —Tendrás que tomar tres tipos de fármacos durante un periodo de tiempo. Si sigues estrictamente la receta sanarás en un parpadeo.

—Entiendo. —dije más calmado. —Takano-san… —llamé la atención del azabache que ya se había levantado. —Ni una palabra acerca de esto a los demás, ¿está bien? — me llevé un dedo a los labios, sonriéndole a pesar de tal mala noticia.

El asintió una vez.

—No te mueras. Luego te llamo.

—Gracias.

Un chico alto, con bata, de ojos azules y cabellera oscura entró en mi habitación, todas las miradas recayeron en él:

—Disculpen la intromisión. Doctor Watanabe lo necesitamos en pediatría de inmediato. — pude ver su identificación antes de que se volteara: Kusama.

—Entiendo. Enseguida voy. Por ahora, Nakami-san, descanse por favor.

La puerta se abrió y un grupo de pasos salió por la misma, se cerró y quedé completamente solo.

Qué día.

Me consideraba una persona positiva. Verdaderamente capaz de vivir con las desgracias y los problemas, sin dejarme caer en la autocompasión por nada del mundo. No iba a bajar la guardia, si tenían que inyectarme veinte agujas o bañarme en acido lo soportaría con tal de salir de aquel horrible lugar. Odiaba los hospitales.

1 Semana después.

Realmente no quería borrar esa sonrisa triunfal, soberbia y altanera de mi rostro en ese momento.

—Nakami-kun, él es…— apuesto a que sensei la confundió con una sonrisa amable. —Yanase Yuu. — pero él sabía perfectamente que no se trataba de una "buena" sonrisa. —A partir de hoy trabajará parcialmente con nosotros.

Su expresión realmente no tenía precio: tan pálido como una hoja, boquiabierto y con los ojos desorbitados, realmente abiertos, el dibujante se paralizó ante mi imponente y segura figura.

—Es un gusto conocerle Yuu-san ¿Es la primera vez que nos vemos, cierto? — me burlé, quería reírme en su cara en ese momento.

—Apuesto a que sí. — contestó apretando los dientes, creo que vi una aura negra emanar del oji-caoba.

—Y dígame, ¿qué lo llevó a trabajar con este humilde grupo? — sensei ajena a todo, sólo se limitaba a escucharnos con una sonrisa inocente.

—Una de las mangakas para las cuales trabajaba, renunció cuando lanzó el último tomo de su manga. —contesto más calmado por el cambio de tema. Me senté, y él hizo lo mismo, cruzándome de piernas, apoyando mi rostro en una mano, dándole mi total atención al castaño. Me podía pasar toda una vida molestándolo y no me aburriría. —¿Q-qué? — preguntó cuándo se dio cuenta de que me le quedé viendo fijamente.

—No es nada. — solté una pequeña risilla recordando su reacción. —Bueno, bueno, a trabajar, esas hojas no se llenarán solas.

—¡Sí! — exclamaron las otras asistentes.

Arrastré mi silla hacia el escritorio de Toriumi-san, para ayudarla con unas escenas en especial. Yuu-san me seguía con la mirada en alerta a cada movimiento que hacía, ¿Acaso pretendía que en cualquier momento le saltaría encima?

Y allí nos quedamos, alrededor de tres horas dibujando con cortos recesos y corrigiendo lo que pretendía dibujar la joven, las otras chicas ya se habían ido. Miré por sobre mi hombro ante un sonido algo molesto de celular, el asistente lo había dejado vibrar con insistencia sobre el escritorio y se concentraba en dibujar con una mirada melancólica en su se dio cuenta de que lo observaba cambió a una expresión de molestia, cogió el aparato y lo dejó caer en su bolso, aún se podía escuchar aquel débil sonido. Hicimos contacto visual por un buen rato, yo con una expresión curiosa y él con el ceño fruncido.

—Nakami-kun. ¿Así está bien?

—Ah, sí… ¿Puedes ponerle más detalles en esta escena? Si, así. Quiero que parezca una noche inolvidable...

El asistente se levantó con prisa ante mi indirecta, se dirigió hasta nuestro escritorio y estampó en el la hoja con un impresionante escenario.

—Lo lamento sensei, pero ya debo irme. Tengo algo de prisa.

—Umm, b-bueno, está bien. Nos vemos mañana.

—Nos vemos mañana. Con permiso. — se reverenció con sus cosas echadas al hombro y salió por la puerta.

—Tengo que pasar por la editorial, —mentí. — mándame esta escena por fax, ¿sí? Le llamo luego para decirle si algo hace falta.

—Pero… ¡Nakami-kun!

—Fax, por fax.

—Está bien. —suspiró derrotada.

Salí de la casa en los suburbios y busqué con los ojos al castaño. No estaba muy lejos de allí, caminaba con un paso desganado, casi de luto pero apresurado. Dobló en una esquina, apreté el paso buscando alcanzarlo.

—Que me evadas y me mires de esa manera se está volviendo algo molesto, ¿sabes? — susurré en su oído.

—¡…! — el más bajo dio un pequeño salto cuando le alcancé y coloqué una mano en el hombro pero él la quitó de inmediato. — ¡Maldición! Casi me das un infarto, no vuelvas a hacer eso.

—Lo siento, no pretendía asustarte. Ahora, por segunda vez, ¿no vas a contestarme?

—¿Por qué habría de hacerlo? —desvió la mirada.

—¿Acaso te comportas así por Yoshikawa Chiharu?

Entonces detuvo sus pasos. Estaba furioso, me lazó la misma mirada que le había dado a Hatori días atrás —¿Qué fue lo que dijiste? ¡Eso no es asunto tuyo! — empezó a caminar con un paso más apresurado y yo le seguí.

—Eso fue lo que me dijiste, ¿crees que esa estúpida aura melancólica no se te nota?

—¡Cierra la boca! ¡Me tienes harto! Sólo te burlas de mí, con esa actitud egoísta…

Ahora me sentía indignado. —¿Le estas diciendo egoísta a alguien que salvó tu ebrio trasero y te escuchó hablar de sensei por horas?

Lanzó un gruñido cerrando lo boca de pronto, acomodándose el bolso.

—Sólo déjame en paz, ¿quieres? No estoy de ánimos para ser tu centro de diversión por ahora.

Sonreí, curioso. —¿Eso quiere decir que luego puedo 'divertirme' contigo?

Torció la boca al darse cuenta de que no debió haber utilizado esas palabras. —¡No! ¿Y que con eso? Tienes un concepto de la diversión bastante extraño… —me miró confundido.

—Eso es porque me resultas interesante. — ante aquel despreocupado comentario, el oji-caoba se sonrojó desviando la mirada.

—¿Q-que tanto… te conté? ¿Surgió otro nombre?

—Umm. — me llevé el dedo índice a la barbilla mirando las estrellas. —Quizás…

—Eres de lo peor…

—Eso lo tengo bastante claro.

Su gesto se calmó, después de mirarme un par de segundos soltó una risa corta por lo bajo. Tenía que hacerlo reí porque esa "aura melancólica" se estaba prolongando demasiado. Hice que se relajara, esa era buena señal.

—Creo que debería emborracharte más seguido, — entrelacé la manos detrás de mi cabeza admirando las constelaciones, sin quitarle un ojo de encima. — sigo pensando que eras más adorable borracho.

Provoqué otro sonrojo de parte de él.

En ese instante, el celular del dibujante sonó una vez. El chico se detuvo, buscó el móvil, leyó el mensaje y lo dejó caer de nuevo, el aparato se perdió entre los objetos que llevaba consigo en el bolso. Yanase siguió caminando ahora con una mirada vacía y perdida, había aminorado el paso. Debió ser el mensaje.

—¿Todo está bien? — esta vez pregunté más por curiosidad que por otra cosa. Para hacer que cambiara a esa actitud tan seria de repente, debía de tratarse de algo importante.

El dibujante suspiró. — Sí. Solo se trata de otra ridícula invitación a un bar. — dijo pasándose la mano por la cara. Pude ver como por un momento apretó la mandíbula.

—Oi. Aprende a mentir mejor. — le acaricié la cabellera desordenándosela más, pero él la apartó sonrojado de un manotazo. —Mándele mis saludos a tu mangaka amigo. — me despedí desviándome hacia la derecha.

—¿Cómo…? — uno no tenía que ser muy astuto para adivinar que estaba paralizado en el mismo lugar fulminándome la espalda con la mirada.

—Prácticamente me mostraste el mensaje. Para la próxima, bájale el brillo a tu teléfono. — le sonreí sarcásticamente por sobre mi hombro antes de continuar caminando. Pronto lo perdí de vista.

Yuu Yanase. ¿Quién eres realmente?

Es malo aferrarse a una cosa, pero es aún peor seguir luchando por lo que ya perdiste.

Cuando era un mocoso malcriado, aún bajo el cuidado de Isami-san, recuerdo que me dijo una vez que solo existían dos personas en el mundo entero cortadas por el mismo cuchillo.

En aquel tiempo no le hallaba nada de sentido a ello, "¿A qué se refería?" "¿Está tratando de hacerme sentir mejor a causa de la perdida de mamá y papá?" "¿Está hablando de Haruhi? ¡Yo la protegeré por siempre!" Esas eran de las principales dudas e interpretaciones que asaltaban mi ingenua mente en aquella época, donde todo era más sencillo, más inocente y menos agrio.

Creí, por un momento, que si me volvía más fuerte podría permanecer al lado de las personas que más quería en este mundo. Por eso nunca me importó que me llamaran Shiro, que los vecinos, los compañeros de clases y los chicos en el Dojo me llamaran día tras día "miserable", mientras pudiese proteger lo que más me importaba en ese momento iba a aguantar todos los golpes, todos los insultos y aquel nombre que tanto despreciaba y aun desprecio:

"Shiro."

"Miserable."

"Débil."

Aun podía oír sus risas mientras me golpeaban y el lloriqueo de Haruhi-chan gritando que se detuvieran.

Dime, Yuu-san. ¿Entonces estamos cortados por el mismo cuchillo?

¿Creíste, como yo, que si te esforzabas más podías permanecer a su lado para siempre? ¿Qué podías soportar las duras palabras de Hatori-kun y el rechazo de Yoshikawa-sensei, con tal de que algún día te aceptaría?

Tonterías.

Frases como: "Voy a dar mi mejor esfuerzo" "Lo lograré" y "Te lo prometo" ya están muy gastadas. Son frases que no producen resultados.

¿Dime, que vas a hacer ahora?

Ahora te veo con esa cara de derrota, de sufrimiento. Me das pena, te ves patético.

Si ya no puedes más ¿Por qué no te detienes? El tiempo que pierdes lamentándote de tus fracasos deberías utilizarlo para cambiar esa actitud. Todos nos merecemos ser felices, pero hay quien no tiene la voluntad de ser feliz.

"Isami-san. ¿Qué pasa si todo esto es solo un sueño y no existimos realmente?"

"Entonces deberías esforzarte para convertirlo en un sueño feliz."

¿Alguna vez has sentido la calidez de una sonrisa? Yo sí, en ese momento, me llenó y reconfortó el alma, olvidé por un instante, por un segundo, todas esas cosas que me atormentaban en aquel entonces. Deberías dejar de sufrir, pero no te pido que no dejes que te duela, porque lo hará.

¿Sabes algo?

Realmente me dolió verte llorar aquella noche.

¿Y sabes otra cosa?

Me escondo detrás de las burlas y del sarcasmo porque temo ser abandonado y herido de nuevo.

Es mejor alejar a las personas que quieres, a tener que aguantar ese horrible escalofrió en el pecho cuando están cerca. Perdí muchas amistades con mi actitud. No hagas lo mismo que yo. Por qué yo las alejé de la peor manera: hiriéndolos con mis palabras hasta sacarles un 'te odio' que se clavaba dentro de mí.

El amor no correspondido no te va a matar, pero pierdes tu preciado tiempo y la oportunidad de abrir tu corazón hacia alguien más. Y eso es porque en el amor no se trata de quien merezca más a quien, se trata de quien haya ganado el corazón de esa persona primero. Y tú, Yuu-san, no fuiste el ganador.

Quieres parecer fuerte, pero en este juego del gato y el ratón… Tú eres el indefenso ratón…

—¿Qué es lo que estás pensando, Yuu-san? —murmuré a las calles vacías.

Me giré al sentir una presencia y un escalofrió me recorrió la columna en ese momento, me paralicé con lo que vi:
Allá, al otro lado de la calle, bajo la luz de la luna, había un gato totalmente blanco que me observaba con sus grandes ojos verdes, brillantes como luciérnagas en la oscuridad.

Y cuando parpadeé, desapareció.

XxxX
Aclaraciones:

Perdonen la tardanza, se me acomularon muhas cosas ¿Y? ¿Qué les parece? ¿Nadie salió Ooc, cierto? Bueno, la relación está avanzando de a poquito, ya el menor (Souji, se llevan 4 años) lo está acosando y jodiendolo desde el inicio, *trollers everywere*XD pero es un tipo muy dulce (ya me enamoré de él XD)

Pobre Souji, me dolió enfermarle, pero no sé, creo q será una lección de vida o algo así… Bueno ¡Un Nowaki salvaje a aparecido! ¿Quién se lo esperaba? Originalmente no iba a estar ahí y luego dije: ¿Por qué no? Tal vez aparezcan algunos otros de junjou como este, ¡ah! Y no olvidemos a Yukina, también tuvo su encuentro con Souji, jejeje, ¿Qué hubiese pasado si Kisa estuviese ahí? Ah y aquellos crueles pero sensualosos pensamientos del final *0*

Chicas, gracias por sus comentarios y más ahora que tengo problemas de inspiración (5to capitulo), pues ya empiezo el cole el viernes, ridículo ¿verdad? - ¡NOOOO! Bueno, sin nada más que agregar, nos vemos el miércoles que viene. ASI QUE COMENTA. XD