Disclaimer: Sekai-ichi Hatsukoi y sus personajes les pertenece a sus respectivos autores, este fic es sin fines de lucro, lo hago solo por diversión. Nakami Souji y otros personajes que NO salen en el anime ni en el manga si son de mi propiedad.

gato blanco de la mala suerte.-

Cap. 4: "QUIEN BIEN TE QUIERE, TE HARA LLORAR."

—¡Ni de coña!

—¿Quieres pensarlo un poco antes de negarte? Esta es una buena oportunidad que no podemos dejar pasar.

—Ya lo pensé: No. Este mes será pesado por las vacaciones y quieres que trabajemos en otro lugar, ¿por una semana?

Yokozawa resopló. —Kisa. No has dicho nada, ¿aceptarás, cierto?

En efecto, mi sempai no había abierto la boca en un buen rato sólo para dar exclamaciones sorpresivas y preguntar si se trataba de una broma de mal gusto.

Yokozawa-san nos había llamado apartarte con la excusa de que "tenía algo importante que ofrecernos" y nos viene con esto:

El departamento de ventas había tenido una reunión con Isaka-san, ya que en nuestro grupo de editores, Kisa-san y yo, obtuvimos los rankings más altos en la venta de la revista y los mangas publicados el mes pasado, y debido a eso, nuestro director les dio su aprobación de que por una semana, trabajáramos en "Libros Marimo" como propaganda y estrategia de venta, ya que, al ser una de nuestros principales lugares donde se realizan eventos a nombre de la compañía, supuestamente somos conocidos entre la clientela.

Me crucé de brazos alzando una ceja: Kisa-san no respondía, estaba ensimismado en su propio mundo, más pálido que nunca.

—Yo… bueno, esto… No.

Sonreí. Dos contra uno, Yokozawa Takafumi había perdido. Me di la vuelta dispuesto a volver a trabajar.

—¿Saben que les pagarán como si fueran empleados de medio tiempo? — hizo una pausa cuando yo me detuve ante la mención de la palabra: paga —Y creo que Isaka-san dijo algo sobre un bono.

—¿Eh? Bueno, yo… aun así….

—¿Y eso por qué? ¿Tan necesitados están de propaganda?

Los labios de Yokozawa-san se convirtieron en una fina línea antes de contestar —Varios de los empleados tomaran unos días por las vacaciones de primavera. El gerente prácticamente me rogó que trabajaran allá, ellos también saldrán beneficiados si aceptan.

—¿Y qué pasará con nuestras mangakas? —cuestionó el azabache.

—Estoy seguro que Takano y los demás podrán con ello por ese corto tiempo.

Abrí la boca para hablar.

—Takano dijo que no tenía ningún problema.

La cerré de repente.

Ese imbécil…

Bueno, si lo pensaba bien, no estaría mal aceptar, ya que todo mi dinero se lo estaban comiendo las medicinas y las citas al médico. A parte de que gracias a alguien, tengo que hacer compras con más regularidad para cuidar de mi salud bajo amenaza de abrir la boca y contar sobre mi enfermedad. No tener a Takano-san encima por una semana… realmente sonaba a gloria.

¿Acepto o no acepto?

—Lo haré.

—¿De verdad? — los dos se sorprendieron ante mi respuesta. ¿Ahora qué? ¿No era eso lo que Yokozawa-san quería desde un principio?

—¡No lo hagas! ¡Sou-kun, no puedes! — Kisa-san negó repetidamente haciendo un puchero mientras se aferraba a mi suéter verde por detrás. —¡Realmente no puedes!

—¿Por qué no?

—Kisa. —llamó el oso salvaje y el azabache detuvo su jaleo llamando mi atención a la vez. —La cosa esta, de que si uno de ustedes aceptaba, el otro tiene que hacer lo mismo por obligación.

—¡¿QUÉ?! ¡Renuncia ahora que puedes! — suplicó zarandeándome esta vez del cuello de la prenda.

—No puedo. Necesito el dinero. —Kisa-san ya estaba exagerando un poco a lo que yo sospeché. —¿Por qué no quieres que trabaje ahí?

—Bueno, eso es por qué… eh…

—¿Qué estas escondiendo Kisa-san? — sonreí juguetón.

—¡Nada! ¡No estoy escondiendo nada!

—¿En serio crees que me voy a tragar eso?

—De todas formas, empiezan pasado mañana de cuatro a nueve. — dijo el azabache mientras se iba.

—¿Eh? ¿No nos vas a acompañar?

—Tengo una junta ese día. Ya saben dónde está el lugar, así que buena suerte. —se despidió presionando el botón para llamar al elevador.—Nakami, compórtate, ¿oíste?

—¡Haaai! mamá oso. —canturrié provocando que me frunciera el ceño, fulminándome y su imponente figura se tensó como si estuviese considerando darse la vuelta para darme una paliza, pero en vez de eso, chasqueó la lengua entrando en el compartimiento.

—Realmente quiero matarte. — la voz del azabache venía desde abajo, cuando miré, mi sempai estaba arrodillado con un puño sobre la pared, apoyando su cabeza en esta. Estaba realmente pálido y un aura negra se cernía sobre él.

¿Qué tenía de malo trabajar en una librería?

—¡¿QUÉÉÉ?! ¡Nakami-kun, realmente no me puedes hacer esto!— Lo sollozos de sensei subían cada vez más de tono al otro lado de la línea. —¡La edición especial es en una semana y media, realmente contaba contigo!

—Lo siento, pero son órdenes de la dirección… Estará con Takano-san, y los demás editores le darán su apoyo, ¿no era que usted se moría por ver de nuevo al renombrado editor en jefe de Esmeralda?

La voz de sensei se apagó por un segundo, estaba seguro de que estaría roja hasta las orejas. —¡Es precisamente por eso! ¡No es la misma confianza! ¡Voy a estar con Takano Masamune!

—¡Oh, sensei! ¡Me está haciendo sentirme celoso!— sonreí, quería hacerla ganar confianza pero al parecer fue todo lo contrario:

—¡D-d-d-de todas formas… r-realmente, no puedo!

Sonreí, sensei era una mujer realmente vergonzosa.

—Debe presentarse dentro de una hora con sus asistentes en Marukawa, ¡de su mejor esfuerzo!

—¡Nakami-kun!

—Bye-bye~

Y corté la llamada antes de darle tiempo de protestar de nuevo.

—Eres demasiado directo, apuesto a que estaba al borde del llanto. —murmuró Kisa Shouta a mi lado luego de que guardara el móvil en mi bolsillo.

Estábamos de camino a la dichosa librería a la hora indicada donde pasaríamos una semana entera trabajando, lejos de los gritos de Takano-san, los comentarios malhumorados de Hatori-kun, los demás y sin Yokozawa-san armando un alboroto por la venta de los mangas. No desmayos, no ojeras, no rabietas y sin discusiones: Esto era realmente un milagro en bandeja de plata.

—¿Tú crees? Yo pienso que fui claro. Si no hago eso, sensei me perseguiría con un estilete dispuesta a matarme y diciendo: "¿¡Porque no dijiste que Takano-san me ayudaría!?".

Kisa-san soltó un bufido llevándose una mano a la boca para no soltar una risilla.

Takano-san creyó que no me daría cuenta… ese maldito bastardo de mierda…

Kisa tenía uno de los rankings más altos en las ventas en Libros Marimo… junto a Hatori, yo simplemente quedo en tercer lugar por muy poco. Entonces, ¿Por qué Hatori-kun no me sustituye si sus mangas son más famosos que los míos? Ding, ding, ding y la respuesta es: simplemente porque mi salud es delicada.

Takano-san me recomendó sin romper su palabra, de tal manera que no tuviera que aguantar el estrés y la fatiga que causaba estar la compañía en estas fechas, él sabía que el ritmo que llevaba la librería era más suave que Marukawa. Creyó que no lo vi cuando él y el doctor Watanabe salieron por aquella puerta, sus labios se movían, eso quería decir que aquel doctor habló con Takano-san de algunas condiciones.

Tenía la ligerísima sospecha –nótese mi sarcasmo,- de que si no accedía, de alguna forma u otra me obligaría a aceptar la propuesta de Yokozawa-san.

'Idiota'

Eso quería decir que también estaría apartado de Yuu por una semana.

'Lo quiero matar'

Pero, mi bolsillo no sufrirá tanto.

'Aun así quiero molerlo a golpes'

—Oh, ya llegamos. — levanté la vista, admirando la infraestructura antes de entrar: definitivamente era ridículamente colosal. Avancé hasta la entrada y las puertas se abrieron, pero Kisa-san no estaba a mi lado. Cuando miré por sobre mi hombro, me percaté que el peli-negro estaba en el mismo lugar, paralizado como una estatua y pálido como el papel— ¡Oi, Kisa-san, vamos! No queremos llegar tarde el primer día, ¿verdad? —No contestó, tuve que arrastrarlo del cuello del abrigo, puso oposición poniéndose más tieso que nunca, parecía hecho de plomo.

Dimos con la sección de manga shoujo por irónico que suene. Había un empleado acuclillado no muy lejos de nosotros, parecía darle unos toques finales a un stand realmente llamativo. Volví la mirada a la cabellera avellana reconociéndola como la del chico del té y el encargado de esa sección. El chico al parecer se dio cuenta de que le mirábamos, bueno al menos yo, porque Kisa-san desvió la mirada con una extraña mueca en su rostro.

—¡Oh! ¡Bienvenidos! Escuche que venían unos editores de Marukawa a darnos una mano, ¡pero nunca pensé que serían de Esmeralda!

—Kisa-san… El empleado está brillando. — susurré a su oído.

—Si… lo sé…

Se levantó limpiándose las manos en el oscuro delantal. Era alto, aunque mediamos la misma altura, parecía un jodido príncipe, realmente les mentiría si no les dijera que parecía sacado de un manga shoujo de Ichinose Erika-sensei.

—Es un gusto conocerte, también fue una sorpresa para nosotros. — dije haciendo una reverencia y pasándole mi tarjeta. Yo recibí la de él a cambio: Yukina Kou.

—¡Impresionante! ¡Realmente los editores de Esmeralda son hermosos!

Levanté una ceja ante aquel comentario.

—No seas maleducado, preséntate tú también Kisa-san. — el peli-azabache giró la cabeza hacia mi forzosamente al estilo exorcista, dirigiéndome una mirada peligrosa que se me hizo extraña, pues casi siempre estaba alegre.

Yukina rió despreocupado:

—Yokozawa-san nos presentó hace un tiempo.

—Jum, bueno, en ese caso, por favor cuida de nosotros. —bajé la cabeza como era debido y tuve que colocar una mano sobre mi sempai y bajar la suya también, por que no daba ni un atisbo de que su alma aun residía en su cuerpo.

—¡P-por favor cuida de nosotros… ! — ¿Tanto brillo le afecto? ¡Estaba sonrojado!

—Por cierto, ustedes parecen cercanos, ¿se conocen desde hace mucho? — el rostro del castaño era tan puro e inocente, adornado con una sonrisa deslumbrantemente blanca y encantadora que inspiraba confianza, que no puse oposición:

—Kisa-san es mi sempai. — Hice una corta pausa dirigiéndole mi más ingenua y sarcástica sonrisa, —Y mi juguete sexual. — dije sin más, pasándole un brazo por el hombro de mi compañero con despreocupación.

El aludido se puso más blanco de lo normal, con los ojos abiertos como platos y exclamando mudamente. Cualquier indicio de amabilidad
desapareció de Yukina-kun, su sonrisa se volvió forzosa y tenía un ligero tic en su ceja derecha, también estaba pálido pero no tanto como Kisa.

—Pfff…— me llevé una mano a la boca antes de soltar una sonora carcajada, con una mano en el estómago y la otra en la cabeza, traté controlar mis temblores, pero era algo casi imposible. —Lo siento, lo siento…. —dije apenas entre risas— Pero Yukina-kun… ¡Te veías tan inofensivo… que no me resistí! ¡Debiste verte la cara! — al recobrar la compostura me di cuenta de que había llamado la atención de más de un cliente.

—¡Idiota! ¡No debes bromear con esas cosas!— gritó Kisa-san que me zarandeaba.

—¿Eh? ¿Por qué? — contesté divertido.

—Por Dios, ¡por eso es que las personas no te toman en serio! — me dijo halándome del cuello del abrigo.

No me esperé que el empleado se riera ante aquella situación.

—¿Ves?, Yukina-kun se está divirtiendo, así que detente por favor o si no lo consideraré como violencia y acoso entre empleados.

Y así lo hizo.

Esta vez fue el príncipe de manga el que habló:

—Por lo que veo nos vamos a divertir mucho.

Ante las palabras del chico le ofrecí una sonrisa de lado al azabache, pero solo recibí una afilada mirada de muerte súbita a cambio con un ligero rubor de mejillas.

Ese imbécil.

¿Realmente se había acostado con él?

Lo peor es que por estar bebiendo irresponsablemente, le había contado su más preciado secreto, ¡y ni siquiera le había dicho si realmente mencionó al otro editor! Entonces, si había mencionado a Hatori, realmente Yanase había metido la pata y ahora no tenía como sacarla.

El muy idiota se lo tomaba bastante bien, mientras él se exprimía el cerebro buscando los recuerdos de aquella noche, solo recordaba una fecha en particular y aquel okonomiyaki, pero después de ahí… ¡Nada! Simplemente, nada.

Era como tratar de ver en la oscuridad con los ojos llenos de barro.

No podía evitar sonrojarse ante la mención de cualquier estúpido y descarado comentario. Souji no podía ser más directo, es como si tuviese un cartel pegado en la espalda: Yo me acosté con Yanase Yuu aquella noche. Realmente tenía ganas de golpearlo, y tampoco podía evitar ponerse furioso ante sus indirectas que involucraban a terceros o como había dicho él: "¿Acaso te comportas así por Yoshikawa Chiharu?"
'¿¡Quién demonios se creía él para hablarle de esa manera!?' pensó esa tarde de camino a casa de Toriumi-sensei.

Él no era gay. Que sólo su amigo de la infancia se había convertido en alguien realmente especial para Yanase no significaba que era homosexual. Su amigo había pasado a ser su más atesorado deseo emocional y protagonista de sus mas eróticas fantasías… ¿Souji era gay? Habló sobre que pasaron la noche juntos… Entonces, ¿eso lo convertía en homosexual?

'¡No pienses en eso! ¡Estarías afirmando lo que hiciste en su casa!'

Le dolía la cabeza con sólo pensar en enfrentarse con esa mirada felina esmeralda que lo escrudiñaba desde su asiento, si podía comparar esa mirada con algo, sería la de un gato que asecha a su presa antes de zampársela de un bocado.

—Buenas tardes. — saludó con monotonía, recibiendo a cambio la misma respuesta de todas las que residían allí.

Buscó disimuladamente con los ojos aquellas joyas verdes… pero allí no había nadie con esos ojos.

Suspiró con pesadez, aliviado, antes de dejar sus cosas donde acostumbraba y dirigiéndose al asiento que desde hace pocos días le correspondía a él.

Cuando sintió la puerta abrirse su cuerpo se tensó con un escalofrió repentino.

—Buenas tardes, chicas, Yanase-san. Toriumi-sensei, es un gusto volver a verla. — pudo respirar aliviado, no era él. Esperen un momento, ¿se podía saber que hacia el editor en jefe de Esmeralda allí? ¿Dónde estaba Souji?

'¡Qué importa! ¡Concéntrate!'

Y no venía solo…

Reconocería aquel tipo como el más reciente editor de Esmeralda, ¿Cómo se llamaba? ¿Onodera…Ritsu, cierto? Le había ayudado a Chiaki varias veces con el pegado de viñetas.

—Buenas tardes a todos, gracias por su esfuerzo. —dijo el novado, algo tímido.

—¡Ta-Takano-san! ¡Es un gusto… volver a verlo! ¡G-g-g-gracias por siempre cuidar de mí! — Levantó una ceja con su acostumbrada expresión aburrida al ver a sensei tan roja y dando repetidas reverencias totalmente innecesarias. Las asistentes a su lado también hablaban entre ellas en voz baja, parecían colegialas enamoradas.

Yanase se dejó caer en su silla, más tranquilo. Y sin más preocupaciones, el oji-caoba movió la mano con habilidad sobre la hoja que tenía delante.

Era increíble lo entrometido que podía llegar a ser ese chico, en el momento que aquel pesado le dijo sin escrúpulos sobre que le bajara el brillo a su celular, realmente le hizo caso, más por vergüenza que por otra causa y es que la verdad, la cosa con Chiaki no había mejorado en nada.

Después de aquella conmoción en la casa del mangaka, su amigo sólo le dedicaba a enviarle mensajes en donde sólo se disculpaba por la actitud de Hatori, recibió una llamada del editor aquel día donde entró a trabajar con Toriumi-sensei, pero en ningún momento mostró interés en contestarle. Seguro que era para fastidiarlo o algo relacionado con el trabajo.

Como empezaban las vacaciones de primavera, la agenda de todos era realmente apretada.

'Vete a la mierda Hatori.'

¿Esta ocasión seria como las otras? ¿Nos peleamos, no nos hablamos por varios días y cuando uno necesite del otro acudimos como si nada hubiese pasado?, realmente quería creer que esta vez fuera así. Como siempre.

¿Por qué Hatori? ¿Por qué no él? ¿Es que acaso Yoshino no veía que Yuu se había enamorado de él desde el momento en que lo conoció?

'Chiaki, idiota.'

No se atrevería a llamarlo, estaba harto, no iba a ayudarlo esta vez, ¿Para qué?, intentaba con todas sus fuerzas complacer al oji-azul y cada vez se iba con una herida en el pecho más dolorosa que la anterior, a ese paso, su corazón acabaría desparramado en el suelo, inútilmente desperdiciado.

'Chiaki. Dime, ¿por qué no me das una oportunidad para amarte?'

A veces se sentía con la impotencia de arrancarse el corazón, arrojarlo a la basura y olvidar toda esa mierda sobre los sentimientos y el amor. Realmente odiaba a Hatori ¿Entonces ese era el fin? ¿Había perdido contra él? ¿De verdad había perdido a su mejor amigo? Bueno eso era lo que realmente eran… sólo amigos.

Se había esforzado por tantos años intentando que Chiaki lo notara, que le diera una oportunidad, recordó cómo le había dicho en una ocasión: "Podría haber una posibilidad de que te enamoraras de mi si me vuelvo un mejor hombre"

Estúpido. Realmente estúpido.

La posibilidad se convirtió en cero por ciento de la noche a la mañana.

Podía volverse más fuerte, más guapo, más romántico que Hatori, ¡e incluso le podía nacer otro brazo! Y aun así, su amigo no tendría ojos para él.

Sólo para el estúpido editor.

¿En que había fallado? ¿Fue por qué Hatori conocía a su amigo desde antes? ¿Por la confianza entre los dos? ¿En qué demonios necesitaba cambiar? ¿En que debía mejorar? ¿Qué tenía Hatori que no tenía él? ¿O que le hacía falta para volverse como Hatori Yoshiyuki?

Demonios, todo ese asunto hacia que su cabeza le diera vueltas. Así nunca llegaría a ninguna parte.

"Eso fue lo que me dijiste, ¿crees que esa estúpida aura melancólica no se te nota?" la voz del chico resonó en su cabeza como balde de agua fría ¿Tanto se le notaba? Había tratado de continuar con su usual expresión de aburrimiento, nadie le había dicho nada al respecto, pero él, simplemente se dio cuenta.

Nakami Souji, realmente lo irritaba.

—¿Yanase-san? ¿Me está escuchando? ¡Yanase-san!

—¿Eh? ¡Ah, lo siento! No me di cuenta de que estabas ahí. — sus pensamientos lo había llevado a la luna, dándole la vuelta a marte y cuando una de las asistentes lo llamó con insistencia, fue cuando regreso a la tierra.

—No debe de andar tan distraído, mire, ¿esta página no está sobrecargada? — la mujer de cabellos cortos y azulados colocó la hoja de manuscrito sobre la mesa retrocediendo para darle espacio.

—No, así está bien, pero en este cuadro, coloca más detalles al cabello de la chica. — corrigió señalando con la parte reversa de su plumilla. No quería que le interrumpieran por estupideces, así que agregó: —¿Algo más que deba ver antes de seguir trabajando?

—No, no, así está bien, muchas gracias. —respondió avergonzada, retirándose a su lugar.

No le contestó, sólo se acomodó en si silla, viendo lo que tenía sobre la superficie. Dos perfectos fondos terminados ¿Tanto tiempo había estado en la laguna que se había convertido su mente? Miró la hora que marcaba su celular, se atragantó con lo que vio: Habían pasado casi tres horas desde que la punta de su pluma había tocado la hoja del manuscrito. Sus desordenados pensamientos se estaban carcomiendo su mente. De todas las autoras que hay en Tokio… tenía que aceptar a la que él editaba…

Increíblemente, aquella noche, Souji no fue a la casa de Toriumi sensei.

Yukina-kun, a pesar de su apariencia de Adonis, es un chico realmente amable y dedicado. Era increíble creer que era encargado de una sección siendo tan sólo empleado de medio tiempo, también descubrí que es un estudiante de arte y vaya que tenía talento, cada stand de shoujo era hecho completamente por él.

—¿Nakami-san, podrías ayudarme con estas cajas?

—En seguida voy. Deja de llamarme Nakami-san, me haces sentir viejo…

Acuclillado, acerqué una caja llena de tomos a mi regazo.

—¿Eh? ¡Le digo así por respeto! —rió. Las flores aparecieron alrededor de su rostro —Aunque realmente te ves joven. —el castaño tomó una de las pesadas cajas entre brazos— ¿Qué edad tienes?

—Veinticuatro. —respondí tomando otra caja más y saliendo del almacén.— Y tres años trabajando para Marukawa.

—¡¿EH?! ¿En serio? ¡¿Tenías mi edad cuando comenzaste a trabajar?! —asentí, también me di cuenta de que, Yukina Kou, era un tipo fácil de impresionar.—Nakami-kun, ¿No están muy pesadas?

—Para nada, estoy acostumbrado a esto, así que no te preocupes por mí. —estoy seguro de que él se dio cuenta al igual que yo, de que habían unas cinco chicas espiándonos detrás de sus revistas, por lo que ambos nos sonreímos y dimos pequeñas risas entre nosotros como si fuéramos cercanos para llamar la atención de las mujeres, que respondieron con un violento sonrojo. Fue el consejo de ventas que él nos había dado ayer:

Luego de colocarnos nuestros uniformes, y ser puestos bajo la tutela de "Romeo", nos dió varios consejos. Mientras hablaba, el castaño no paraba de darle miradas furtivas a mi sempai, quizás era porque el uniforme de la librería lo hacía ver más aniñado que su cara sonrojada. A esto le llamé, entrenamiento de estrategia de ventas con Yukina:

—¡Bien! —comenzó diciendo con euforia— Atraigo a los clientes de una manera particular,— se llevó un dedo a la barbilla mirando al techo pensativo y juntando levemente las cejas— ¿Cómo era la palabra…?

—¿Prostituirse? —dije.

—¿Perro en celo? — agregó Kisa, desviando la mirada.

—No… eso no era…

—¿Fan service?

—¿Un host? —intenté.

—¡Sí! ¡Como un host! —me señaló.

Me crucé de brazos, si era parecido a lo de año nuevo no habría mucho problema, ya había asistido tres veces, suficiente entrenamiento para toda la vida, miré a mi compañero. —Ya veo… es como en la fiesta de año nuevo.

Ajeno a nuestra confianza, el oji-avellana continuó —Lo que deben hacer es…

—¿Sonreír mucho?

—Sí.

—¿Ser amables? — esta vez fue el azabache el que habló.

—Si…

—¿Complacer a las clientas?

—Sí, bueno…

—¿Y persuadir?

—Este… ¿Cómo saben eso? — preguntó desconcertado.

—Digamos que es una corazonada…— dijimos al mismo tiempo, dándonos una sonrisa de lado.

Tan sólo en ese día, aprendí a usar la caja registradora, el nombre de la mayoría de los empleados, el ritmo de la librería, –acudían más personas en las noches y en las mañanas estaba un poco desierto- y donde quedaba cada división de manga y libros. Se podía decir que podía ganarme la vida en Libros Marimo.

Ya me había acostumbrado a las miradas indisimuladas de las mujeres, a los cuchicheos y a las extrañas peticiones de las clientas "¿Nakami-kun, ¿puedes tomarte una foto conmigo?" "¿Puedes decirle algo lindo a la cámara?" "¡¿En serio eres editor de estos mangas?!" No se cómo el estudiante de arte aguantaba, aquí las chicas rayaban casi en el acoso, pero tenía su lado bueno, cada vez que me sentía sofocado se las mandaba a Kisa-san con un: "¿Eh? Kisa-san está solo, parece que esta triste, me dijo que hoy tenía grandes recomendaciones, pero que no encontraba a quien dárselas" La mujeres al instante se conmovían por el pobre Kisa Shouta, e iban corriendo hacia él como una manada salvaje de hienas hambrientas mientras yo me mofaba de su situación.

Hablando del otro editor, estaba algo raro: siempre andaba de malhumor, cuando yo estaba acostumbrado a su voz infantil en la oficina y cada vez que Yukina aparecía o intercambiaban pocas o ninguna palabra, se ponía nervioso, con un pequeño color rosa en sus mejillas. Trataba de evitar al empleado a toda costa, hubo una ocasión en que los encontré muy cerca el uno del otro mientras pasaba por su pasillo para descargar unas revistas, Kisa-san se alejó como si el chico tuviese algún tipo de enfermedad contagiosa y ambos se me quedaron viendo como si esperaban que dijeran algo. El editor estaba sonrojado, balbuceó un "¿Qué?" yo lo miré por un par de segundos para tortúralo mientras él esperaba que abriera la boca para hablar, cambié mi expresión a una aburrida y le saqué la lengua con un "Fu~". Se quedó boquiabierto con indignación y yo me retiré riéndome entre dientes.

Lo único que era capaz de percibir era que había una tensa atmosfera cuando Kisa-san estaba cerca de Yukina-kun.

—¡Tonto, tonto, Kisa-san, chibi, torpe, torpe, que tooorpeeee!

—¡Ya entendí! ¡Arrg! ¡Sou-kun, ve a molestar a alguien más que estoy ocupado!

—Eres el único que tengo cerca, Yukina-kun está en el tercer piso, y aquí no está Mino, Hatori, ni mucho menos Onodera.

Un hombre rubio se me acercó, y me entregó tres tomos del manga "The Kan" eran las ediciones de unos meses atrás. Kisa-san respiró aliviado al verme ocupado y continuó con su tarea de acomodar un stand hecho por Yukina y por la expresión de su rostro se veía que le estaba dando bastante trabajo.

Le ofrecí una sonrisa. —Buenas tardes, ¿quiere que se lo envuelva?

—Umm… ¿What? Sorry but… I only speak english. —se disculpó. Un extranjero, por su apariencia era más que obvio.

—It's okay, don't worry. I was asking you if you wanted me to put a wrap on the books. —hablé un poco más alto de lo debido, ya que, nuestro propósito aquí era conseguir más clientela. Al parecer funcionó por que varias mujeres universitarias se colocaron detrás del norteamericano, y muchas otras se me quedaban viendo con un rubor en las mejillas, considerando seriamente acercárseme.

—Oh. Yes, yes! It's a present for my son, he is learning Japanese.

—I'm glad to hear that. —claro, mientras sean de Marukawa… Dios, ya me estaba convirtiendo en un Yokozawa-san y su ferviente deseo de ventas. Pasé los libros por el identificador, tomé el dinero colocándolo donde era debido, envolví los libros y se los devolví con mi más encantadora sonrisa. —Have a nice day, and come again soon!

Cuando el hombre se retiró, la horda de mujeres se acercó al mostrador, leyeron el apellido en mi placa y comenzó el ataque de preguntas:

—Oye, oye, Nakami-kun,— todas las mujeres tenían la necesidad de ponerle el "kun" a mi apellido — ¿Cómo puedes hablar inglés tan perfectamente ?

—¡Ni siquiera se te nota el acento! — dijo otra soltando un gritito de emoción.

Kisa-san estaba atento a la conversación, también sentía curiosidad.

—¿Eh? ¿Debería contarles? —recargué mi rostro en mis dos manos con los codos apoyados en el mostrador, como si realmente estuviera interesado en la charla. —Les contaré con gusto si me compran manga.— guiñé un ojo.

Las mujeres se quedaron perdidas momentáneamente, se fueron y a los pocos segundos volvieron con varios tomos, estaban los de Hatori-kun, Kisa-san y los míos. Sonreí mientras ellas sacaban sus monederos —Estudié por un año cuando acabé la universidad, y luego me dediqué a ver películas extranjeras para ampliar mi vocabulario.

—¡KYA! ¡Asombroso! ¡De verdad asombroso! — Les cobré y aun con las bolsas en las manos, las chicas continuaron hablando, pero yo hice
oídos sordos. Kisa-san volvió a lo suyo.

Bien, era hora de deshacerme de ellas:

—Chicas, ¿no creen que Kisa-san se vería realmente lindo en cosplay de Twinkle? —susurré con confidencia señalando a mi amigo.

Asintieron con tanta fuerza que por un momento creí que sus cabezas se desprenderían. Estas mujeres estaban cerca de derrame nasal.

—Él me contó que no lo haría a menos que alguien se lo pidiera. — las universitarias se quedaron boquiabiertas— Es nuestro secreto, no le digan que he sido yo, ¿está bien?

—¡KYAAAAA! ¡Kisa-san…!

—¡SOU-KUN!

El plan de Takano-san estaba dando resultado, el ritmo de la librería era agradable, pero aburrido. Con las medicinas, los dolores se calmaron, mi salud mejoraba y no volví a ver sangre salir de mi boca. Pero siempre tenía que andar con una ridícula botella de agua o jugo en mano y las pastillas en los bolsillos. Me habían reducido la cafeína y los trabajos realmente forzosos, no era alguien enfermizo, pero querían mantenerme a raya porque me conocían bastante bien, era el tipo de persona que se exigía hasta el límite.

'¿Que estará Haciendo Yuu-san en estos momentos?' Es lo que me estaba preguntando desde hace un buen rato. Tenía esa extraña necesidad de ver su cara, pero realmente quería que me hablara de su situación con el mangaka, quería saber si estaba más animado, simplemente, saber cómo estaba –aunque, con su actitud hostil, dudo que fuera tan fácil-. Si le tenía que dar una patada en el trasero o emborracharlo para que hablara, lo iba a hacer. Mi tercer día y estúpidamente prefería estar en casa de sensei espiando al castaño.

Aun no superaba aquella faceta enfadada, era adorable ver como deseaba discutir con todas sus fuerzas y se retiraba ante las mordaces respuestas que le daba a cambio. Pero debía mantenerlo a raya por el beso, con ese tipo de cosas me volvía esquivo, Yanase Yuu dice que no recuerda nada, por eso no le doy mucha importancia a la hora de molestarlo, lo cual es realmente divertido. Quería ver cada una de sus reacciones, avergonzarlo y luego poder mofarme, aunque sinceramente no quería lastimarlo, no como a los otros a los que he lastimado con mis palabras. Estaba sufriendo por culpa de Yoshino-san, y con los plazos de los manuscritos debía estar cansado, por ahora no necesitaba de alguien como yo para distraerle. Empecé a imaginarme al chico quejándose sinceramente mientras se bebía una jarra de cerveza.
'¡Maldita sea no quiero estar aquí!'

Habían pasado alrededor de tres días desde que el editor en jefe y el novato se habían hecho cargo de la autora. Tres días más en los cuales no había recibido noticias de Yoshino Chiaki. Y más importante: tres días sin rastro de aquel fastidioso editor y su sonrisa perfecta pero burlona.

Recogió el tomo del manga "The Kan" que había dejado sobre la pequeña mesa, y lo abrió con algo de desinterés mientras se tumbaba sobre su espalda en la misma salita donde había pasado el incidente con Chiaki hace un buen tiempo atrás. La semana realmente había estado estresante con las ediciones especiales que hacían las compañías en esas fechas, tuvo suerte de haber salido "temprano" de la casa de su más reciente mangaka, pues ya eran casi las 9:30 pm y había estado en casa de sensei desde la mañana.

Su celular vibró una vez sobre la mesita indicando que se trataba de un mensaje. Sin soltar y despegar la vista del libro, alzó una mano, buscando a tientas hasta que dió con aquel aparato, lo abrió y movió con habilidad su pulgar buscando en la bandeja de entrada:

"Yoshino está realmente en aprietos, apreciaría que nos brindaras tu ayuda por esta vez. Si no conseguimos otro dibujante de inmediato, su plazo de entrega estará muerto."

Cerró el aparato con furia y lo estampó contra el suelo. Ni siquiera llevaba quince minutos en la comodidad de su casa y ya tenía que salir de nuevo. ¡Chiaki no podía ser más irresponsable! ¡Si su amigo había escogido la vida como mangaka, debería equilibrarse con su trabajo de una buena vez! El estúpido de Hatori no podía hacer mucho por él, en serio, ¿en que estaba pensado ese idiota?

"Por esta vez" ¡Ja! ¿Acaso el editor pretendía que por aquel lio dejaría de trabajar con su mejor amigo? Le daba coraje, pero eso era lo de menos, ¡es su maldito asistente!, no había forma que dejara de trabajar con su amigo a menos que el mismo lo despidiera.

Abrió el aparato, más calmado y volvió a leer el mensaje.

"Plazo de entrega muerto" Sabía bastante bien lo que eso significaba, es cuando tu manuscrito se termina después de la fecha de entrega limite, las imprentas se enfadan contigo y deciden no publicar el tomo por más perfecto que este. En su vida como asistente de mangaka, había sido testigo de esos casos: era todo un esfuerzo arrojado directamente a la basura.

El mayor defecto de Yanase era que quería parecer el tipo de persona que no abandonaba una posición por más argumentos que se le diera, pero realmente, acababa sucumbiendo ante las peticiones de los demás.

Eso fue lo que ocurrió aquella noche de primavera, cuando Yanase salió de su casa con el pent-house de su amigo como destino.

Era realmente difícil colocar en palabras el maldito malhumor que sentía en esos instantes. Cuando volviera a ver a Takano Masamune definitivamente lo mataré, sí, eso haré, ya me decidí.

Con fuertes pisadas y mi orgullo por los suelos, entre resignado a la librería que se había convertido en mi lugar de trabajo. Creo que toda persona a mi alrededor podía notar mis ánimos, porque evitaban severamente cruzarse en mi camino. Existían mil y una formas de asesinar a alguien, rebusqué en mi mente buscando la más creativa y dolorosa en lo que apretaba la mandíbula. ¿Asfixia? ¿Veneno? ¿Se "cayó" por las escaleras?

Toqué mi frente, tenía el ceño fruncido.

Intenté relajarme con la mueca de sonrisa forzosa e hipócrita que había aprendido a utilizar en las fiestas de año nuevo. Abrí puerta que tenía un cartel pegado: "Solo empleados" abriendo mi casillero temporal comencé a desnudarme, y a colocarme uniforme.

Le había pedido al gerente que me dejara la noche libre para ir a la editorial, pues había estado cubriendo horas extra desde la mañana para ver cómo le estaba yendo a la mangaka y ver si necesitaban algo, pero, Takano-san sólo me dejó ver como estaban progresando el especial y hacer varias correcciones ya que yo era el editor, cuando se dio cuenta de que pensaba quedarme por el resto de la noche, se puso como una furia y me echo del departamento, literalmente… Maldito demonio en cuerpo de hombre…

Ya con mi cambio de ropa y mi casillero cerrado –violentamente cerrado,- salí de allí rechinando los dientes. Subí al segundo nivel, al área de shounen, donde había estado trabajando desde la mañana para encontrarme con un hombre en traje, bastante extraño, pues miraba a todos lados con desesperación. Sospechoso, de verdad sospechoso. El hombre caminó con rapidez por los laterales evitando los largos pasillos de las estanterías. Lo seguí silencioso, el tipo dobló adentrándose a los pasillos con un aire de nerviosismo.

—¿Cuántas veces más te lo tengo que decir? ¡Déjame en paz!

—¡Shouta!

—¿Pasa algo malo? —intervine. El tipo acorralaba a mi sempai contra una estantería: resultó ser un pervertido. Eso le pasaba a Kisa-san por tener cara de niño.

—¡Largo de aquí, tengo asuntos pendientes con Shouta! —Ese imbécil se estaba buscando que lo matase allí mismo. Pervertido-kun se giró para continuar acosando a Kisa. Se sabía su nombre, ¿qué relación tendría con él? Eso no era asunto mío. Reí suavemente cuando recordé "largo de aquí", al parecer el azabache notó mi peligrosa aura negra, pues me miraba como si hubiese visto un horrible fantasma e ignoraba por completo al pervertido mas asustado por mi presencia que por su propia situación. —¡Te digo que…!

Halé al tipo de la corbata con violencia, casi ahorcándolo.

—No te estaba preguntando a ti, así que cállate, ¿te parece? —le di la sonrisa falsa que utilizaba cuando quería que alguien notara mi faceta hipócrita.

—¡¿C-como te atreves a hablarme así?! ¡Hijo de…! —retrocedí el brazo hacia arriba apretando más fuerte y acercándolo a mi rostro.

—Hoy no estoy de buen humor que digamos, — hice una pausa sin dejar de sonreír — así que déjame decirte algo en un idioma que entiendas: no me importa una mierda quien coño eres o porque carajos estas aquí, si no desapareces en los próximos cinco segundos te voy
a arrancar la cabeza, ¿comprendes?

En el momento que su cuerpo tocó el suelo, se fue corriendo despavorido como cerdo en el matadero, le seguí con la mirada confirmando que había salido de la librería.

—Sou-kun… realmente… das mucho miedo. —murmuró Kisa-san tan blanco como la nieve, encogiéndose a sí mismo, aterrado.

—Hmph, ¿no te hizo nada cierto?

—Sou-kun es un sádico… ¿Eh? No… Gracias, parece que me confundió con alguien…

—¿Con su hijo tal vez? —bromeé, más relajado de haberme desahogado en ese sujeto.

—¡No a ese nivel!... ¿Sou-kun? ¿Por qué estás tan molesto?

—Takano-san.

—Ese lo explica todo. — asintió varias veces, algo nervioso rascándose la nuca. —Todos pasamos por eso...

—¿Puedes creer que me haya arrojado un sacapuntas eléctrico? Takano-san definitivamente tiene que estar en sus días…

El encargado de la sección de shoujo apareció, un poco sofocado por la carrera.

—¿Están bien? Hace un momento un hombre salió por la puerta como si hubiese visto al diablo. — Yukina Kou miraba con preocupación al más bajo de todos, y este evitaba hacer contacto visual con él.

—Sí, digamos que le di unas palabras alentadoras.

—Ya veo. ¿Kisa-san estas…?

—¡Estoy bien!

Ambos no sorprendimos un poco ante el rudo tono que había utilizado, el semblante de Yukina se suavizó pero era triste, Kisa-san miraba al suelo con un ligero sonrojo. Mis ojos se desviaron del empleado al editor y del editor al empleado intentando descifrar que estaba pasando, es como si se comunicaran sin la necesidad de las palabras.

Kou rompió el silencio primero:

—¿Nakami-kun? ¿Por qué fuiste a Marukawa si ya te sustituyen tus compañeros? — cambió de tema a propósito.

—Sencillamente porque no confío en los cambios y arreglos que les dan. — suspiré —Es… complicado, puede que Takano-san tenga más experiencia que yo pero, la "esencia" por así decirlo, no es la misma, cada editor tiene su estilo. Podemos poner un mismo manga, y ser corregido por dos editores diferentes, el resultado no sería el mismo.

Es cierto, no podía confiar ciegamente por las correcciones de mi superior. Cuando mi turno terminara iría a visitar a sensei, y lo mejor era que, Yuu-san debía de estar con ella. Aquel pensamiento me subió los ánimos de sólo pensar las pequeñas bromas que le gastaría al castaño.

—Yanase-san se fue hace una hora. Nos ayudó mucho aquí, así que le dije que fuera a casa. — mencionó mientras limpiaba los espacios de
los asistentes.

Aquella respuesta me tomó por sorpresa, había salido a las ocho en punto para poder ver cómo le iba a sensei, pero también para encontrarme con él, ¿y ahora me decían que ya se había ido? Esto era el colmo. En aquel lugar sólo estaba Toriumi Keiko y mi jefe que ya tenía sus cosas echadas al hombro dispuesto a irse.

—Que decepción. ¿Takano-san a dónde vas?

—A la editorial, Hatori está teniendo problemas con Yoshikawa Chiharu.

'¿Cuando no?' respondió mi subconsciente.

De pronto caí en cuenta de que si Yoshikawa-san estaba en Marukawa, de seguro Yanase también estaría ahí. Y después de todo lo que me dijo, ¿aun así lo iría a ver? Este tipo tiene agallas, esperaba que evitaría al mangaka por al menos un corto tiempo más, pero al parecer no era así. Me irrita. Porque siento que aquel secreto ya no tenía sentido. ¿Por qué las personas insisten con algo que ya han perdido? No tenía el derecho a opinar mucho sobre aquello.

—Takano-san, ¿podrías llevarme a la editorial? —me miró ceñudo, sabía que si no me excusaba convincentemente vendría una negativa —Matsou-sensei me ha llamado pidiéndome unos documentos muy importantes, los tengo en la oficina y no sería buen visto fallarle ya que nos reuniremos mañana temprano.

Me fulminó con la mirada unos segundos y cuando soltó un suspiro, dijo:

—Sube al auto.

Asentí.

—Buenas noches sensei. Llámeme por si necesita algo, ¿bien?

—Sí, gracias por su esfuerzo, a ambos.

El trayecto en auto fue silencioso, como siempre. No dijo mucho, sólo preguntó por mi enfermedad y si estaba tomando los medicamentos indicados, cuando le dije que sí y cómo iban las cosas, entonces su semblante aflojó.

Al llegar, Takano se dirigió a las salas que acostumbraba a ocupar el mangaka en situaciones como esta. Tomé el elevador hasta nuestro departamento, el piso estaba completamente vacío y con las manos detrás de la cabeza me tumbé en mi silla mirando al oscuro techo. No se por cuánto tiempo me quede allí, en la misma posición, pudieron ser minutos, quizás horas. Inspiré hondo y el pecho me dolió, cerré los ojos por unos segundos intentando hacer que el dolor desaparecería -no sabía que respirar podía doler-, cuando lo hizo tomé de las gavetas que me correspondían, unos documentos al azar.

No podía simplemente quedarme allí.

Ya casi era media noche y apenas si llevaba una página hecha.

"Yoshikawa Chiharu" tenía cinco páginas sin fondos, doce sin las foto-tipografías y seis por colorear. En serio, ¿en que estaba pensando ese tarado? Si él no hubiese respondido a su llamada de auxilio, Chiaki realmente hubiese estado en problemas.

No se habían dicho nada en el transcurso de la noche, el mangaka se sorprendió cuando lo vió aparecer tras la puerta, desistió de hablarle por la mirada fría y vacía que le había dirigido, bueno, principalmente por que Hatori le había recriminado con un "concéntrate". Los dos movían la mano tan rápido cómo les era posible. Esta vez habían sido considerados y les habían dado hasta las nueve del otro día, pero, aun así, para el oji-azul, una hora de más, no era suficiente tiempo. Si tan solo no hubiese estado holgazaneando tanto… El lado bueno era que al menos el editor en jefe había llegado hace un rato para ayudarle con la fotocomposición, se sentía mal en parte, porque por sus descuidos, que Yuu, y Takano-san estuviesen sacrificando su tiempo por él, lo avergonzaba en grandes cantidades.

El editor en jefe se levantó de su silla, y diciendo que iba en busca de café para todos, desapareció por la puerta.
Yuu se estaba empezando a desesperar. Antes su amigo decía por lo menos algo desde que él cruzaba la puerta, pero esta vez, el oji-azul abrió la boca y la cerró de pronto como si ya no tuviese importancia. Yanase tampoco era "el mismo" desde aquel último rechazo, su semblante y la forma en que miraba, no sólo al mangaka, si no a todas las personas alrededor no era la misma; era más frio, más melancólico, más apagado. Un torbellino de sentimientos azotaba a su corazón cada vez que Chiaki estaba cerca, dejándolo cada vez más confundido.

A pesar de todo, de una cosa si estaba seguro, de ninguna manera no quería perder la amistad con el castaño.

La puerta se abrió, y todos esperaban a que el editor en jefe terminase de entrar, pero no era Takano. El corazón de Yanase dió un vuelco y su pulso se aceleró al recibir una mirada sombría desde arriba, era algo por lo cual temer, ya que el editor siempre tenía un brillo especial en aquellos ojos felinos como si se estuviesen riendo, pero esta vez, sus gemas verdes eran inexpresivas y nebulosas. Su semblante se transformó cuando cayó en cuenta de que era observado por todos, y con una sonrisa que el oji-caoba clasificó como falsa, repartió las tazas de café a cada persona, que volvieron la vista a su trabajo y por último, a Yanase.

Su mano parecía pegada a la taza, pues cuando lo colocó sobre su espacio, no la soltó, en vez de eso, dejo su mano ahí. Cuando el asistente se sintió sofocado por la sensación de la mirada penetrante sobre él levantó la vista, nervioso. —Es un gusto volver a verlo, ¿no? Yuu-san. — el tono juguetón estaba ahí, pero sintió un pequeño escalofrío al detectar un tinte de enfado en aquella voz. El editor soltó la taza, colocándose la bandeja bajo el brazo. Su alocado corazón estaba a punto de salirse por la boca, el tipo se estaba comportando muy raro. El chico se acercó a su oído, y con un aire de confianza, susurró: —A usted y a sensei. Creí que ya había sido rechazado, pero no parece, ¿cierto? — el dibujante abrió los ojos con sorpresa y su boca estaba ligeramente entreabierta, frunció el ceño realmente enojado, controlado por la cólera, se levantó para enfrentarlo.

Pero el editor había desaparecido por la puerta.

—Chiaki. ¿Te molesta si vuelvo en un segundo? Necesito ir al baño.

Levantó la voz casi agresivo, sorprendiendo al autor.

—Este… no hay problema.

—No te tardes Yanase.

Ignoró a Hatori y salió en busca del aquel chico para encararlo, al tiempo en que Takano entraba por aquella puerta desconcertado por lo tenso que se veía el dibujante.

Respiré hondo por quinta vez en lo que llevaba del encuentro con el asistente. Intentando controlar mis impulsos de querer golpear la pared con todas mis fuerzas, me mordí la lengua masajeando el puente de mi nariz con un largo suspiro.

'Te dije que no debías involucrarte', recriminó mi conciencia. Ya había perdido la cuenta de cuantas veces me había dicho lo mismo, pero realmente me enfadaba como las personas, especialmente él, no se daban por vencidas, ya empezaba a comprender un poco a Hatori. Este tipo insiste en que lo hieran una y otra vez antes de desfallecer completamente.

La puerta del baño se abrió estrepitosamente y levanté la vista.

—¿Cómo me encontraste?

—¡Eso que demonios importa! — gritó. Abrí los ojos un poco sorprendido de aquella furia repentina, parecía que se estaba conteniendo para no golpearme —¿Quieres decirme de una buena vez que intentas? ¿A qué coños estás jugando?

Mi expresión ante aquellas reclamaciones al parecer era tranquila, porque mi indiferencia le molestó más —Eso es lo que debería decir yo. "Soy mejor que Hatori, debo estar ahí para él", "ya no aguanto más, ¿qué debo hacer?". Dime, ¿Qué pretendes tú diciéndote eso una y otra vez?

Entonces estalló, toda la rabia que había acumulado en su corazón estalló:

—¡¿Qué?! ¡Eso no es de tu maldita incumbencia!

Torcí la boca, entrecerrando los ojos—Intentas construir un mundo donde todos son felices cuando tú vida es deplorable. Abre los ojos de una buena vez, el que se está dejando convertir en un juguete eres tú. ¿Qué intentas ganar con todo esto?

—¿Pero qué…?

—Tienes demasiado orgullo para admitir que ya no puedes más, y lo compensas con vanas ilusiones, no intentes negarlo, porque sabes que es verdad.

Yuu apretó los dientes entreviéndolos, el espacio entre sus cejas se hizo más diminuto y sus mejillas comenzaban a colorearse por la rabia.

Una de sus manos atrapó velozmente el cuello de mi suéter y me empotró contra una de las puertas de los baños con violencia. Aun así, mantuve mi cara de póker, luchando para no decirle "algunas cosas" que lo pudiesenrealmente ofender.

—¡¿Qué demonios vas a saber tú?! ¡Llamándome por mi nombre y diciendo cosas como "me resultas interesante"! ¡No me jodas! —tomó una gran bocanada de aire, a mí se me hizo un nudo en la garganta. ¿Qué era esta sensación? No, no era culpa lo que sentía… —¡¿Por qué demonios sigues tratándome como si realmente fuéramos algo?! ¡No soy tu juguete, y mucho menos tú centro de diversión! ¡Así que no intentes meterte en mi vida! ¡No sabes nada de mí!

Las comisuras de mis labios se doblaron, y no fueron hacia arriba.

—¡Nuestra relación sólo es de trabajo! ¡Así que déjame en paz! — …lo que sentía en aquel momento se llamaba tristeza. El pecho me dolió y no fue causado por mi neumonía. Cuando era más joven, nunca me había causado aflicción el rechazo de alguien. Entonces, ¿por qué me dolía tanto aquí? ¿Por qué con él si me dolía? Me sentía…

Vacío.

Hubo un corto momento de silencio en el que no tuve que pensar mucho para darle aquella respuesta:

—Sí.

El agarre casi tembloroso en mi ropa, aflojó y me soltó con lentitud. Mi mirada se dirigió a nuestros pies, dejé que mi flequillo cubriera mi rostro. Sus zapatos desaparecieron. La puerta se abrió abruptamente y se cerró con un fuerte azote.

Por primera vez en mucho tiempo, algo se rompió dentro de mí.

XxxX

Aclaraciones:

Estúpido y sensual Souji ._. Me declaro enamorada de mi OC (?). ¿Qué les parecio? ¿Les gusto el capi? Jeje~ ¿Qué me dicen de la introducción de Yukina? Ah, BTW lo que estos tortolitos estaban haciendo cuando Souji les saco la lengua, fue que Yukina le robo un beso repentino antes de que mi Nakami apareciera :3 Bueno, es que dije: Yukina tendrá que hacer algo por que dudo que se resista a compartir 5 horas al dia con el azabache sin hacer "nada". Me dio penita hacerle pasar por el rechazo de Yuu TT^TT pero todo pasa por una razónSinceramente ame escribir este capitulo y el lado sadico de Souji *babea*… gracias a la o las que me comentaron, me suben los animos, de veritas.

Dedicación de este capítulo: Nathalia Rosmary, ¡si a ti Lady! Gracias por tu incontable apoyo de verdad que me subes el azúcar y me hacer vomitar arcoíris de la felicidad, te quiero mucho y nunca cambies, gracias por aquel bonito comentario QuQ

Tengo malas noticias: Lini.02, mi beta, esta en parciales y por lo tanto el próximo miércoles ni el otro de arriba podre publicar porque ella estará ausente, pero adelantaré mientras tanto. ¡Lini mucha suerte en tu examenes!
¡Las quiero a todas nos vemos en la próxima! ¡y lamento la tardanza!