Disclaimer: Sekai-ichi Hatsukoi y sus personajes les pertenece a sus respectivos autores, este fic es sin fines de lucro, lo hago solo por diversión. Nakami Souji y otros personajes que NO salen en el anime ni en el manga si son de mi propiedad.

gato blanco de la mala suerte.-

Cap. 5: "DONDE HAY CELOS HAY AMOR."

El escaso frío del último invierno abandonaba poco a poco a Tokio, dando paso a la mitad de primavera. Ya comenzaba a hacer calor, pero, a pesar de eso, en las noches, uno que otro traicionero viento gélido azotaba la ciudad como si se estuviese despidiendo de nosotros.

Aun así, subí la cremallera de mi abrigo, aunque realmente no era ese tipo de frío el que sentía en esos instantes... Volví la vista hacia el camino: cansado, de mal humor... y... Había otro sentimiento que me era imposible identificar, hacía que me doliese el pecho y que mis ánimos bajaran. Al no poder reconocerlo le hice caso omiso.

—... ¿Nakami-kun?, ¿estas escuchando?

—Lo siento Yukina, ¿qué decías? —dije aparentando normalidad.

Mañana iba a ser nuestro último día de trabajo en "Libros Marimo".

—Te pregunté que si no te molestaría tomar ese camino. —señaló una esquina más adelante a nuestra izquierda, estaba casi desierta. Era el atajo más rápido a la estación.

—Claro que no. Vamos. —respondí como si fuera lo más monótono de la vida. Ya me había acostumbrado a caminar con ellos cada noche hacia la estación. Suspiré.

—Sou-kun, ¿estás bien? Últimamente te estas comportando… extraño. —Kisa-san que había permanecido todo el tiempo callado, pero menos que yo, habló.

—Lo estoy... Ya dejen de mirarme así, estoy completamente bien. —solté desesperado por aquellas miradas inquisidoras que no tenían intención de dejarme en paz. Esto me molesto un poco, simplemente no sentía el mismo deseo de hablar o de andar molestando y ya se sobre-preocupaban por mí.

Continuaron caminando después de intercambiar varias miradas insatisfechas. Yo me llevé las manos a los bolsillos levantando la vista por mero instinto con una mueca de desagrado pegada al rostro. No puede ser… no ahora…

Rió escandalosamente antes de hablar, Yukina y Kisa se habían detenido antes que yo, desconcertados. —¡Pero vean quien está aquí! ¡Fuuto, este fue del que te hable el otro día! ¿Oye lindura, me extrañaste?

Apreté lo dientes aguantando el asco para evitar vomitar. Era el mismísimo imbécil que intentó pervernos cuando me encontré a Yuu-san en aquel bar.

Esta vez eran cuatro, reconocí a sus dos originales acompañantes de inmediato como idiota número uno e idiota número dos, y el tal "Fuuto" que estaba recargado en uno de los árboles del parque en que estábamos, abrió los ojos como quien despierta de una larga siesta interrumpida. Fumaba un cigarrillo.

—¿De verdad no se cansan de lo mismo y su patética existencia? ¿O es que les gusta que le rompan los huesos? —los dos idiotas temblaron al escuchar lo último. Le di una mirada furtiva a Yukina-kun para que estuviese alerta. Este asintió casi de inmediato.

—¿Dónde está el otro chico? ¿Eres el que les dio una paliza a estos tarados? — sonrió de lado, totalmente complacido.

Apreté los dientes con un frunce de ceño con la sola mención de Yuu, aun así, lo ignoré y de inmediato curvé mis labios en una sonrisa—¿Qué si lo soy? Dime por fin que quieren de mí, me están hartando con sus estupideces…

—Pero que criatura más arrogante. —apagó el cigarrillo con los dedos, y arrojándolo al suelo, se acercó a nosotros. —Ahora que te veo más de cerca veo que mi compañero no mentía, realmente eres guapo.

3…

Retrocedí un paso arrugando la nariz, mi cara se descompuso en una mueca de repugnancia. Qué asco.

Aguanta no vomites, se fuerte y no vomites…

Dirigió su mirada a mis compañeros que respondieron retrocediendo con cautela. —¿Quiénes son estos chicos? También son adorables.

2…

—¿Dijiste algo? Es que hablas tan rápido que no me da tiempo de ignorar todas las asquerosidades que dices. —sonreí con un tono apacible cuando realmente estaba a punto de darle una buena patada en sus partes nobles.

Susurró Yukina, preocupado. —Nakami-kun…

Llegó junto a mí, alzando una mano buscando tomarme de la barbilla, pero mis palabras le detuvieron: —Te juro que si me tocas te arrancaré los dedos con los dientes.

Los idiotas e imbécil se colocaron uniformemente detrás de Fuuto, como perros a la espera de que el alfa arremeta contra un miembro rebelde de la manada.

Aún tenía su mano a centímetros de mi rostro al decir: —Debería arrancarte esa lengua tan insolente.

1…

No iba a aguantarle esta mierda a nadie.

El tipo simplemente no lo vió venir. Atrapé con mis manos cada lado de su muñeca, llevé su brazo hacia abajo, alzándolo de nuevo, desde otro ángulo y colocándome con velocidad de espaldas a él, utilicé su propio peso para la lazarlo con todas mis fuerzas por sobre mi hombro. La espalda de Fuuto produjo un estruendoso sonido al aterrizar contra el suelo.

Cuando ví al otro tipo abalanzándose sobre mí con una navaja en mano, temí por mis amigos que no estaban muy lejos de nosotros, así que actúe rápido. Golpeé con ambos dorsos de mis manos donde el pulso de su muñeca residía, el cuchillo cayó al suelo automáticamente.

Al verse desprotegido lanzó un gancho izquierdo hacia mi rostro, pero le detuve con mi brazo y con una mano libre, lo sujeté de la hombrera de la chaqueta para bajar su cuerpo, dándole un rodillazo certero en el estómago, el tipo aulló de dolor.

Fuuto se había levantado para intentar arremeter de nuevo a pesar de que ya no lo hacía con la misma velocidad, bamboleaba de un lado a otro. Le di un puñetazo al rostro al pervertido y lo lancé hacia su compañero casi cojeante, ambos cayendo de bruces al suelo. Totalmente aturdidos, no se pudieron levantar más.

—No digan que no se los dije. Si me los vuelvo a encontrar, no seré tan considerado: los mataré. —les sonreí desde arriba con una mirada afilada. Sus rostros solo mostraban pánico mientras se retorcían de dolor en el suelo. —No es una amenaza, sino una advertencia. —busqué a idiota uno y dos con los ojos. No estaban, habían huido.

—¡Nakami-kun eso fue genial! ¡Como leíste sus movimientos y reaccionaste de inmediato! ¡Eres realmente eres asombroso! —aquellos comentarios de Yukina-kun increíblemente me sacaron una sonrisa a pesar de que no sentía con ánimos.

Era imposible gastarle una broma o fastidiarle como a los demás, su rostro era como el de cachorro a la espera de una golosina, demasiado puro e inquebrantable… Demasiadas intenciones honestas en una sola persona.

Las puertas del tren se cerraron empezando de nuevo su marcha. Cuando me cansé de mirarles la cara a las personas de mí alrededor, noté que el azabache estaba más callado que una tumba en su asiento junto al castaño. Tenía un ligero fruncimiento de ceño: era una expresión de confusión, miraba pensativo sus manos en su regazo.

Me sostuve con fuerza del tubo cuando la velocidad aminoro de golpe y el tren volvió a correr como si nada.

—¿Sucede algo? —tardó varios segundos antes de darse cuenta de que hablaba con él.

—¿Qué? ¿Eh? Ah… este, no es nada. —balbuceó. Estuve fulminándole lo que parecieron minutos, nada convencido, él no cambiaba su expresión algo desconcertada, aunque me sostenía la mirada supe que me estaba ocultando algo.

Los altoparlantes del tren me interrumpieron cuando abrí la boca para hablar: nos detuvimos en otra parada.

—¡Ya llegamos! ¡Hasta mañana!

La de Kisa y Yukina para ser exactos... Al parecer vivían cerca, creo. El azabache se levantó de golpe, aliviado ya que no tenía que seguir con aquello. Yukina fue más paciente, con una reverencia y una amable sonrisa se despidió y dando de nuevo las gracias por lo ocurrido, desaparecieron por las puertas junto con la multitud.
¿Qué demonios le habrá picado a Kisa?
Suspiré.

Es en ese momento realmente aterrador… cuando no le prestas atención al celular, y al regresar te das cuenta de que tienes 19 llamadas pérdidas. Piensas lo peor: que dirá aquella persona cuando conteste, las palabras que dirá para regañarte, cuál será la emergencia, ¿murió alguien? Trague duro remarcando el número en el display. Ya podía oír su voz infantil reprendiéndome.

—¡Onii-chan! — apreté los ojos.

—Lo siento, Haruhi-chan, no estaba junto al celular. —mentí.

—¿Sabes lo mucho que estuve intentando comunicarme contigo? ¡Hasta llame a Isami-san! —aunque estaba molesta, su voz sonó melodiosa como siempre, y, como de costumbre, me regañaba como si tuviera cinco años.

—¿Eh? ¡No seas malvada! Ya me disculpe. ¿Qué pasa? ¿Por qué tanto alboroto?

Suspiró más tranquila —Es que pensé, como tengo vacaciones de la universidad, que podría ir unos días a visitarte… —abrí un poco los ojos, no me esperaba esa. Con la situación de Yuu-san había dejado de lado a todos, no me acorada de que Haruhi y yo nos reuníamos todas las vacaciones posibles. —¡No será mucho tiempo! Menos de una semana como mucho. —se adelantó como si supiera lo que estaba pensando, lo decía como si fuera una carga demasiado pesada para mí. Tonta, ella nunca sería una molestia, al contrario, su compañía en estos momentos me llenaba un poco por dentro. —¿Onii-chan?

—¡Ah! Eh… Claro que puedes venir, haremos muchas cosas. Iremos a ese festival que te gusta tanto, pasearemos por la ciudad, visitaremos a Isami-san, ha preguntado mucho por ti, ¿sabes? ¡Y muchas cosas más! —mi voz se quebró. ¿Qué me pasaba? Sonaba como un desesperado por algo de compañía.

—¡Sí! —dijo emocionada. —Ya casi es tu cumpleaños, ¿Qué quieres que te regale? ¡Tiene que ser algo especial! Quizás algo lujoso, tienes que darte gustos de vez en cuando…

—No. No me hace falta nada.

—¡Pero si te quiero regalar algo!

—Con que llegues sana y salva es suficiente para mí. ¿Y? ¿Cómo te está yendo con el trabajo? ¿Te dieron aumento? ¿No te está interrumpiendo los estudios? ¿No se meten contigo, cierto? ¿Los clientes no te acosan verdad? —Haruhi-chan trabaja medio tiempo en un restaurante de comida rápida.

—¡Onii-chan! —suspiró — Me va muy bien. Ya hable con el gerente para un aumento. Para nada, todo en orden. Nadie se mete conmigo y… a ver… ¡Claro que no me acosan! Moo… Como siempre te preocupas demasiado.

Me saqué toda la ropa excepto por los pantalones, acomodándome en la cama. —Como no hacerlo si eres mi hermanita, —'y mi única familia' pensé —además estas a cientos de kilómetros y no puedo estar ahí para protegerte.
Ambos nos quedamos en silencio por unos instantes. Mamá y papá me vinieron a la mente. De seguro ella pensaba lo mismo.

Una risilla se escuchó del otro lado de la línea.

—¿Haruhi-chan?

—Souji. Quiero que procures ser feliz.

Abrí los ojos como platos. Estaba mudo, no sabía que decirle, realmente mi hermana era la única capaz de leerme la mente. No sé cuánto tiempo estuve ahí, pensando en ello, ¿ser feliz? Eso no es algo tan fácil, Haruhi. Pero, aquella voz maternal, realmente me enterneció.

—¿Hola? ¿Onii-chan? ¿Estás ahí?

—Gracias, Haruhi. ¿Cuándo planeas venir a Tokio?

—Bueno… ¿Pasado mañana? ¡No tienes que venir con Isami-san! Conseguiré irme en autobús.

—¿Y tú vuelo? ¿A qué hora llega?

—Este… yo… ¡Buenas noches!

—¡Oi, Haruhi! ¡No me…! — cortó la llamada. Genial.

Volví a marcar:

El número al que usted intenta llamar, ha sido apagado o está fuera de nuestras redes de servicio.

Esa niña…

Resignado y con pereza me metí al baño en busca de una fría ducha.

—¡Souji-san!

Me saqué los audífonos de los oídos al escuchar mi nombre por encima de la música, fastidiado por la interrupción.

—¿Si? —intenté que mi voz sonara amable.

—Este… acaban de llegar los libros de Akikawa Yayoi, y bueno… como hay más cosas que descargar necesitamos que los lleves al almacén del tercer piso… —fruncí el ceño y Yosuke pareció tragar duro. —Si no es molestia. ¿Por favor?

Dejé de acomodar mangas, él se hizo a un lado de prisa. —Esta bien. —murmuré deteniendo el playlist y enredándome los audífonos al cuello, guarde el dispositivo en uno de mis bolsillos.

Era increíble no saber que me ocurría. No poder poner en palabras exactas lo que sentía, mis cambios de humor, mi lejanía hacia los demás, mi actitud arisca… Comienzo a pensar que me estoy convirtiendo en una chica en pleno periodo.

—¡Ahí estas! Esta va en el tercer piso. Cuidado, que esta pesada muchacho.

No respondí, estaba demasiado perdido en mis pensamientos para hacerlo:

¿Por qué me molesta? ¿Por qué no lo dejaba pasar y lo dejaba en paz de una buena vez? Esta no es la primera vez que me ocurre… Recuerdo cuando perdí a mi primer amigo; no fue por mi culpa, yo no lo herí, yo no abrí la boca, yo no dije nada, yo no lo rechacé, yo no le dije que se fuera, no fue mi culpa. Su pérdida me dolió mucho y me volví así por su estúpida culpa, pero, en aquel entonces, era un mocoso.

¿Podría entonces su caso compararse con el de Yanase Yuu?

No. Este era un sentimiento diferente.

Me detuve en la puerta del tercer piso: Solo empleados.

¡Demonios! ¡No le encontraba nombre! Solo se, que duele… y algo se siente frío en mi pecho. Lo que más me irrita es que le daba demasiada importancia, ¡si desde un maldito principio me propuse a no implicarme con él! Pero, de alguna manera u otra, incomprensible para mí, no quería dejarlo ir.

Gruñí abriendo la puerta con la espalda.

Desafortunadamente, lo que encontré ahí, no fue totalmente placentero para mis ánimos en esos momentos…

El más incómodo silencio hizo presencia en menos de un segundo:

Yukina Kou, besaba a Kisa Shota acorralado contra una de las paredes del almacén, totalmente aprisionado por su cuerpo, solo se detuvieron cuando el más bajo se removió al verme. Alcé una ceja, estático. Ambos se paralizaron en un instante separándose sin aflojar posiciones. Vi la cara del azabache de todos los colores antes de finalizar en el más pálido rostro que jamás había visto. Nadie dijo nada.

'Momento incomodo…'

—Este… B-bueno… yo.

—Aun espero por la explicación. Vamos, no tartamudees. —media hora en la misma incógnita y no me ha dicho nada concreto. Comenzaba a volverse algo molesto. Miré a Yukina, esperando una respuesta, seguro sería más útil que el sonrojado-tomate de Kisa-san.

—Lo que pasa, Nakami-kun…

—¡Espera no se lo digas!

—¿Por qué no debe decírmelo?

—¡Eso es porque… no debería andar diciendo eso!

—¿Eh? ¡Pero si fue tu culpa! Ahora tengo la duda, ¿planeas dejarme así?

—¡Es precisamente porque eres tú!

Mis labios se convirtieron en una línea, me crucé de brazos —Eso ofende, ¿sabes?

El oji-café iba a abrir la boca para refutar, pero el más alto hizo el grandísimo favor de tapársela, por más que se removiera y pataleara, no logró liberarse del agarre del empleado —Nakami-kun. —llamó y desvié la vista hasta encontrarme con sus ojos—Kisa-san y yo estamos saliendo. —en ese instante escuché al azabache gritar algo sobre su mano. Yukina lo soltó sonriente sin ningún despecho y el más bajo se dejó caer en su silla, -nos habíamos apartado a uno de los últimos niveles de lectura, a esas horas, estaba totalmente solitario y nadie nos escucharía- Uno de los editores del grupo Esmeralda, reconocido por el record de más mangas vendidos en esta librería en los últimos tiempos, se ruborizó mirando hacia su regazo y apretando los ojos. Parecía un perro que esperaba una horrible reprimenda luego de haberse hecho en la alfombra.

Entonces comprendí de golpe sus cambios de ánimos, las veces que evitaba cruzarse con el estudiante, y sus sonrojos repentinos. Todo tuvo sentido.

Me senté frente a él. Suspirando, dije ahora con voz más suave:

—¿Era eso lo que temías contarme?

El aludido levantó el rostro e inquirió sorprendido —¿E-eh? ¿No te molesta?

Suspiré, otra vez. ¿Lo preguntaba enserio?

—¿Debería?

—Yo…

—¿Dejarás de trabajar en Marukawa?

Frunció el ceño negando suavemente —¡Claro que no!

—¿Dejaras de ser mi amigo?

—No…

Sonriendo con sinceridad le dije: —Entonces no hay nada de malo en lo absoluto. Te preocupas por demasiadas estupideces.

—Souji… —lloriqueó con su habitual tono alegre, así estaba mejor, ese era el Kisa-san que yo conocía.

—¿Qué esperabas personalmente de mí? —inquirí con curiosidad.

—¡Es que eres Sou-kun! ¿Crees que no te conozco? ¡Me molestarás! —Yukina soltó una risilla.

—No. No me interesa. —aparté la mirada, cabreado.

—¿Se-seguro?

—¿Quieres que te moleste?

—¡NO!

—Yukina-kun.

—¿Si?

Me levanté del sillón. —Por favor, cuida de Kisa-san. Te lo encargo. —dije al tiempo que le acariciaba paternalmente la cabeza a mi sempai totalmente rojo y me retiraba por las escaleras. Cuando nadie me vió, solté un pesado suspiro, recordando como era antes de esta situación, no me opuse a volver a sentir aquello.

Era mi último día y quedaban menos de veinte minutos para cerrar. Debía despedirme de todos y agradecer por la oportunidad de trabajar aquí.

4:00 pm.

Una chica de baja estatura para su edad, de cabellos castaños recogidos en una larga coleta sobre el hombro, con cara aniñada y ojos chocolate apareció tras mi puerta:

—¡Onii-chan! —saludó sonriente abriendo los brazos.

—Estoy muy molesto contigo, no me abraces.

Su cara se descompuso en un instante.

—Estaba bromeando, ven aquí. —la apreté fuerte aun en el umbral de la puerta. Tuve que alzarla, pues le sacaba una cabeza de altura. —
Haruhi-chan no vuelvas a hacer eso, tienes que avisar, ¿y si te hubiera pasado algo?

—Tengo veinte, y todo bajo control, creo que puedo defenderme sola. —me correspondió el abrazo.

—Esa no es excusa. Sigues siendo una enana. —reí disimulando mi actitud lo más que podía ayudándola con la maleta, la dejé acomodarse—
¿Cómo estuvo tu vuelo?

—Sin problema ni retrasos, en realidad fue divertido ¿Qué huele tan bien?

—Taiyaki de chocolate, le faltan unos cinco minutos así que…

—¡Eh! ¿Enserio? ¡Mis favoritos! ¡Muchas gracias!

Sonreí. —De nada. Debes estar cansada, saldremos como eso de las 7:30, ¿te parece?

—¿Pero qué estás diciendo Onii-chan? Tarde menos de hora y media en llegar aquí. ¡Vengo de Kyo no del otro lado del mundo! —alzó un brazo al aire totalmente eufórica —¡En una hora iremos al Dojo y luego pasearemos por ahí!

¿De dónde saco tanta energía?

—¿Eh?

—"Eh" no, ¡así! —me alzó un brazo— ¡Banzai*!

El olor a sake mezclado con pescado fue lo suficientemente pesado para sacarme de la habitación a tomar un respiro en el jardín trasero. Escuche el alboroto del nuestra "familia" acosando a Haruhi-chan con preguntas sobre su vida y demás cosas. Ah sí, con "familia" me refería a Isami-san, Sakura-san –su esposa- y Satou-san –padre de Isami-san y maestro del Dojo en Kendo-. Las risas inundaron la habitación.

Tomé un hondo respiro, el sonido de una de las puertas de papel de arroz abriéndose llegó a mis oídos.

—Si sigues suspirando así se te entraran moscas. —esa voz grave y masculina la reconocería donde quiera.

—¡¿Jun?! —volteé.

—¿Cómo has estado, Souji? —dijo apenas con una sonrisa de lado, aún mantenía esa postura estoica pero amable tan característica de él.

—Eres un desgraciado… —reí por primera vez en varios días. —¿Puedes explicarme que hace el niño rico en Japón?
Hirose Jun, mi mejor amigo de la infancia, rodó sus irises cobrizos, riendo entre dientes pasándose una mano por la cabellera rubia.

—Realmente esperaba una golpiza de tu parte, ¿Te has suavizado con los años? —se sentó en la escalerita que separaba la casa del jardín y yo le imité.

Jun fue mi primer amigo y mi último verdadero. Nos conocimos hace quince años, para esa época ya tenía un año viviendo en el Dojo:

—¡Ya déjenlo en paz! — escuché decir al niño nuevo, era rubio y de extraños ojos. Me asomé sobre la esquina de la casa, curioso.

—¿Y qué vas a hacer hijo de papi? — Kimura sonrió con sorna. Al sacar más la cabeza vi que el de cabellos azabaches tenía a un pollito sostenido por las patas, el pobre animalito piaba en busca de auxilio aleteando con pánico.

—¡He dicho que no lo molesten! —el nuevo le dió una patada en la pierna, Keisuke aulló de dolor y el pollito cayó en sus manos. El rubio quiso echarse a correr, pero el dolido niño le golpeó con una espada de madera justo en la espalda haciéndolo caer. Aun así, el de ojos extraños protegió al asustado pollito entre sus brazos recibiendo los golpes del mayor y sus acompañantes.

—¡Ustedes! ¡Déjenlo en paz! —intervine con voz segura y altiva.

Los otros niños se paralizaron cuando me vieron, haciendo que el líder se detuviera.

—¡Shi-Shiro…! No tiene caso, vámonos de aquí.

—Muchas gracias. — susurró sentándose con dificultad. Abrió las manos y yo le quité el animal, con algo de preocupación revise que no tuviera ninguna herida por más leve que fuera, a Kimura no le importaba si eras una hormiga o un elefante, igual te golpearía.

—¿Estas bien?

—¡Si!

—No te lo preguntaba a ti, se lo decía al pollito. —respondí cortante acariciándole el puente entre su pico y cabeza, el animalito pio gustoso y más calmado.

El oji-cobrizo me miraba como si fuera una escultura romana, con sus mejillas sonrojadas y una estúpida sonrisa dibujada en el rostro. —¿Q-que? —pregunté con inocencia asustadiza.

—¿Eh? ¡No es nada! —aún tenía su mirada puesta en mí.

—Tú… ¿No vas a huir?

El niño ladeó la cabeza como un perrito. —¿Por qué habría de hacerlo?

Evite mirarlo. —Porque… soy Shiro. —al ver que no respondía grité molesto: —¿Acaso eres tonto? ¡Vete! ¡Yo cuidare de él!

El rubio se levantó de golpe, sonriente. Mis ofensas no provocaban el efecto deseado en él, no importaba cuanto lo intentara alejar de mí, lo ofendiera o le gritara, él volvía a mí, como un molesto boomerang:

—¡Mi nombre es Hirose Junichi! ¡Es un gusto conocerte!

—Cierra la boca antes de que me arrepienta… Oye Jun, en aquel entonces, ¿porque nunca me avisaste que te irías?

Jun era el heredero de una famosa empresa exportadora de té Ingles en Japón, en otras palabras, un rico. Había desaparecido sin dar señales cuando nos graduamos de la preparatoria, meses después, me enteré de que estaba estudiando en una universidad de Inglaterra.

—Eso… es otra historia. Pero, en general, mi padre quería que siga con la compañía, así que tuve que ir a Londres a estudiar. —musitó mirándome fijamente, había una intención en sus ojos que no pude identificar a tiempo. Volvió la vista admirando el jardín y las luciérnagas que comenzaban a aparecer. —A pasado un montón, ¿no crees? Estas cambiado. Recuerdo cuando eras unos centímetros más bajo que yo, ahora estas de mi misma altura. Tu cara ya dejo de ser aniñada pero sigue siendo juvenil.

—¿Debo tomármelo como un alago? —alcé una ceja, divertido.

Se encogió de hombros.

—¿Cuánto planeas quedarte aquí? —fruncí el labio, esperando que dijera algo así como "pronto".

La brisa nocturna jugueteaba con el pelo ondulado de Jun y le acariciaba suavemente las mejillas. —Tengo como unas dos semanas, creo. No me iré por un buen tiempo… ¿no quieres que me vaya, primor?

—Creo que estoy considerando seriamente darte esa paliza…

Jun soltó una sonora carcajada, cuando acabo, su cara se volvió seria: nostálgica. —No has cambiado nada… La verdad es que… he vuelto a Japón, porque te extrañaba.

Solo lo miré una vez más, confundido.

'¿Qué acaba de decir?'

—¡Entremos aquí!

—¡Haruhi-chan! ¡Oi! ¡Espera! —la tomé de la mano de entre el gentío. Ella me haló con una fuerza que no parecía propio de tan menudo cuerpo hacia un tipo de librería extraña mezclada con un combini y demás tientas mixtas… Solo sé que tenían de todo.

Después del Dojo, la llevé a recorrer las calles de la ruidosa Shibuya. Prácticamente de compras, insistiéndole en pagarle, y con lo terca que es, rotundamente se negó. Quisiera haber muerto en el momento en que me obligó a entrar a esa tienda de lencería, no quería dejarla sola, pero eso ya era demasiado. Estuvimos lo que creo casi veinte minutos discutiendo, al final estúpidamente cegado por el amor del hermano mayor, accedí. Por más que me intentara alejar de toda pieza provocadora, las señoras y jovencitas que estaban ahí se pusieron a cuchichear: ¡Y ahora soy todo un depravado sexual!

Por segunda vez: mátenme.

Frené en seco al divisar un producto que me llamó la atención al instante, haciendo que la menor rebotara al aun estar unidos de manos y de vuelta a mi lado.

—¿Qué es?

Alcé un brazo tomando el libro entre mis manos, leí el título en voz alta:

—"Cien postres del mundo." —estaba ido en mi propio mundo de dulces y repostería.

Sentí a la chica asomarse un poco. —¿¡8500* yen!? ¡Te mataría si te atrevieras a comprar eso! —rió nerviosa.

—¡Estoy seguro de que vale totalmente la pena!

—¡Onii-chan!

—¡Estoy jugando! ¡Estoy jugando!— lo coloqué de vuelta en la estantería. Dejé me guiara a través de pasillos y corredores, curioseando entre tantos objetos extraños e interesantes.

Sin darme cuenta, su compañía animó, sonreí sin pensarlo. Pero… me derrumbé de nuevo al encontrarme con él en ese preciso instante, frené en seco y mi sonrisa se borró repentinamente escudriñándolo con la mirada. ¿Cómo actuaria? No lo había visto desde el incidente en el baño de la empresa. Yuu desvió la mirada de inmediato con un sonrojo al verse descubierto, estaba solo. Qué raro. Su rostro mostraba una mueca de total desconcierto, me miró a los ojos con un ligero fruncimiento de ceño y luego pasó la vista a Haruhi. La miraba de arriba abajo, cada detalle de su anatomía, y su rostro, me di cuenta de que se detuvo un momento en su mano derecha, arrugó la nariz. Nadie dijo nada por unos segundos hasta que el mayor decidió romperlo sin mirarme a los ojos:

—H-hola. —balbuceó.

—Hola. —contesté secamente.

Se encontraba deambulando por aquella tienda de artículos varios, intentando no pensar mucho y a la vez sentía que su cabeza estaba a punto de estallar, con todo lo que había ocurrido últimamente era como para querer que la tierra se lo tragara. Yuu suspiró por enésima vez, en un vano intento de no pensar mucho en su situación, especialmente en cómo se había comportado con el oji-verde: ¡Sí que se lo merecía! Pero… ¿No se habrá excedido un poco? Sin darse cuenta, caía otra vez en el mismo círculo vicioso. Trabajaban juntos y no podía simplemente renunciar por la presencia de Souji en la misma habitación. ¿Qué haría cuando lo viera de nuevo?

Escuchó con atención una voz algo familiar, cuando iba a dar media vuelta -pues no estaba de humor para ver a nadie en esos instantes-, levantó la vista, jamás esperó encontrarse algo así: Souji estaba con una chica, una muy guapa además. Estaban tomados de la mano, sonriendo y hablando como si nada. ¿Eran acaso... pareja? ¿Quién era ella y por qué tanta cercanía entre ambos?

¿Qué diablos estaba ocurriendo? ¿Por qué estaban tomados de las manos? ¿Y qué hay con esa sonrisa perfecta? ¡No era el rostro triste que le había mostrado durante su discusión!

'Y esos anillos… son idénticos' pensó mirando el dedo femenino donde portaba la plateada prenda. Frunció el ceño intentando leer la grabación en el accesorio: "Souji"

¡Pero que maldito desvergonzado! ¡¿Si tenía novia porque carajos se había acostado con él?!

Desvío la mirada, sintiéndose avergonzado y con sus mejillas calientes. ¿Cuánto tiempo llevaba mirándoles? Debido a la cercanía de la pareja y él, y al obvio hecho de que ya ambos habían notado la presencia del otro, no podía simplemente darse la vuelta y huir. Volvió la vista hacia el chico, y repentinamente su mirada fría le hizo mirar hacia otro lado. ¿Estaría enfadado?

—H-hola. —fue lo único que salió de su boca.

—Hola. —dijo penetrándolo con la mirada. ¿Qué? ¿Eso era lo único que iba a decirle? ¿Ni una disculpa ni nada? Bueno… la verdad… el que le había hablado horrible fue él, pero, su orgullo no se permitiría doblegarse ante alguien como Souji y darle una disculpa directa. Mierda.

Arqueé una ceja dándome cuenta de que el asistente de mangaka miraba fijamente a mi hermana con el entrecejo fruncido. Ladeando apenas la cabeza, no aparte los ojos de su rostro enojado, bueno eso era lo que aparentaba. Haruhi no sabía cómo actuar, su mirada se paseaba desde mi rostro hasta el otro hombre y de vuelta. Tenía la incógnita pintada en su cara, media acobardada por la tensa atmósfera, apretó el agarre de nuestras manos como una niña pequeña, escondiéndose de la mirada inquisidora y terrorista de Yuu detrás de mí. Esto pareció molestar más a Yanase.

—¿Q-Qué... qué haces aquí? —¿En serio? Lo preguntaba como si fuese un acosador, ¡no podía adivinar a donde iba! Yuu-san estaba nervioso, en ningún momento me miró directamente a los ojos. —¿Y-y bien? —dijo refiriéndose a la chica a mi lado. ¿Quería que se la presentara?

Iba a abrir la boca para hablar, pero Haruhi-chan se adelantó decidida y cautelosa a romper esa barrera tan irritante. —Disculpa, este... ¿se conocen? — la ojeada reprochadora del dibujante momentos antes la paralizó y con nerviosismo jugueteó con el anillo. Solo me limitaba a escuchar con atención la respuesta de Yuu, me daba curiosidad lo que se atreviera a decir.

Esta vez no dio atisbo de intimidación y sus ojos marrones rojizos se encontraron con los míos —Algo así. —murmuró serio.
Me dio otro vistazo, una vez más, desesperado, tal vez, porque yo hablara. Al no obtener respuesta volvió su vista a la chica, sin aflojar mucho la expresión de perro rabioso, parecía que iba a decir algo.

No se lo permití, no quería permanecer más ahí, no podía seguir viéndole a la cara con ese desagradable dolor en el pecho: —Haruhi-chan, vámonos. Con permiso. —refunfuñé en tono frio, y con la más rápida reverencia, halé a mi hermana fuera de ese lugar.
Vislumbré a Yuu-san levantando una ceja, perplejo e inmóvil en su mismo lugar, mientras yo salía a toda prisa. Me siento como un perro con el rabo entre las patas, soy el más grande de los imbéciles: era la primera vez en mi vida que me retiraba cobardemente.

Me removí debajo de las sabanas buscando una posición más cómoda por milésima vez en lo que llevaba la noche.

Imposible.

Era un hecho: no podía dormir. Aproveché para hurgar en mi conciencia e intentar resolver las molestas interrogantes que me asaltaban estos últimos días sobre aquel molesto e irreconocible sentimiento… Tenía que enfrentarme con la disyuntiva de una buena vez, o si no sabría cómo acabaría mi caótica vida.

'¿Podría ser que…?' me mordí la lengua para no reírme ante tal estúpido pensamiento.

Ridículo.

Levantándome del sillón di algunas vueltas en silencio alrededor de la habitación mientras trataba de poner en orden mis ideas. De pronto me detuve frente al balcón y poniendo las manos sobre el vidrio mire fijamente al suelo:

'¿Se trataría de soledad?'

Pero si Haruhi estaba conmigo. No. No era ese tipo de soledad. ¿Por qué no podía separarme de él y dejar el asunto atrás? Era como un perro fiel detrás de su dueño. Estaba molesto. ¿Con él?, ¿con Yoshino-san? ¿Con quién?

Conmigo mismo.

¿Por qué?

Porque no podía separarme de él.

¿Qué?

Porque dependía de él.

Solté un gruñido. No quería aceptarlo.

Encaminándome a mi habitación, giré la perilla lo más silenciosamente posible y abrí la puerta despacio sin hacer un ruido.

—¿Onii-chan? —aun así la desperté.

—Hola. —susurré desde mi lugar.

Ella sonrió somnolienta, inclinándose. Al parecer no tenía mucho tiempo durmiendo. —Hola. ¿Estás bien?

Desvié la mirada. —No. Haruhi… ¿Puedo dormir contigo?

La castaña me sonrió. De pronto mamá me llegó a la mente, tenían la misma sonrisa maternal y sus ojos chocolate eran igual a los de ella.

—Claro, ven aquí. —murmuró, corriéndose hacia la izquierda y colocando una almohada a su lado. Cerré la puerta tras de mí arrastrando los pies hacia la cama, no dejé que me viera el rostro. Me recosté a su derecha, escondiéndome con el edredón. —¿Qué ha ocurrido? Te ves triste.

Lo notó.

—Fue… una pesadilla. —mentí.

Haruhi podía ser menor que yo, yo el responsable de cuidarla y protegerla aun en los momentos más oscuros, en esos donde las tinieblas amenazan con envolverte por completo y te muestran los fragmentos de aquel accidente que nos arrebataron a nuestros padres. Pero, aun así, siendo cuatro años menor que yo, ella podía ver las espinas clavadas en mi corazón que luchaba por seguir latente a pesar de los problemas. A veces sentía que la que me acunaba en sus brazos es mama y no Haruhi. Es nostálgico, pero a la vez, me pone muy feliz.

Ya entumecido por el sueño, rebusqué casi en la inconciencia la pequeña mano de Haruhi, cuando di con ella, entrelacé nuestros dedos en busca de calor fraternal. Entonces cerré los ojos, aliviado.

—Jun… ¿Quieres explicarme por qué carajos me citas aquí a esta hora? ¡Tengo trabajo!

El aludido levantó la vista por sobre las gafas de lectura, cerrando el periódico, cruzó la piernas y con serenidad hizo ademan para que tomara asiento en frente. Gruñí resignado, lo conocía bastante bien para saber que él nunca tomaba un "no" por respuesta. Me desplomé sin despegar la vista de sus irises cobrizos.

El leía el menú de Panda Way hasta que notó la mirada furtiva que le dirigía.

—¿Por qué estás tan enojado?

Me masajeé el hueso de la nariz. —A ver, creo que no estas sordo aún, ¿cierto? Solo tengo una hora de descanso, y para colmo, cuando me
mandas un mensaje de "estoy aquí"… —hice el gesto de las comillas con los dedos, apretando todos los dientes para no matarlo ahí mismo.

—¡Lo único que veo es un lujoso coche y un chofer que me arrastró hasta este lugar!

—Es que si te decía que vinieras a Panda Way en estos momentos, me mandarías al diablo y apagarías tu celular.

Sonreí sin perder el toque sarcástico —¡Por qué tengo trabajo, imbécil! Esto te va a costar caro… Seguro que los de la empresa ya estarán soltando estupideces. —gruñí para mí.

—Claro, claro… ¿Eh? ¿Así que trabajas para esa empresa de mangas?

—¿Enviaste un auto a buscarme sin saber que trabajaba ahí?

—Solo le di la ubicación satelital que decía tu celular a Tanue-san. No fue muy difícil. —paseó los dedos por el menú.

—Te vendría bien dedicarte a acosar.

Jun sonrió ante mi ácido comentario.

Se levantó y ordenó un plato de galletas y dos tazas de café.

—¿Y Haru-chan? —preguntó poniendo nuestro servicio en la mesa.

—Hizo planes para una reunión de amigas que había dejado antes de irse a Kioto, no vendrá a casa sino hasta en la noche. —me llevé una galleta a los labios. —Aún sigo preguntando por que me trajiste hasta aquí.

Hirose alzó una ceja. —¿Qué no puedo tener una charla contigo?

'¿Tenía que ser precisamente ahora?'

Rodeé los ojos. —Espero que cuentes con otro chofer para devolverme a Marukawa, por que no planeo tomar un tren o caminar.

—No te preocupes, eso está arreglado.

—Quiero que me deje unas dos cuadras antes de la empresa, no deseo llegar y escuchar rumores sobre mí.

—Anotado.

Mordisqueé la galleta, más tranquilo de no tener que gastar energías en mi regreso. Él se llevó la taza a los labios dando lentos sorbos. Niñato de la realeza…

Había algo que me estaba molestando desde anoche… Jun es mi mejor amigo, así que supongo que le podía pedir consejo, creo. Hirose Junichi cambió con el tiempo, tanto física como su arrogante e impecable personalidad, pero eso no le quitaba al Jun que yo conocía. —Oi, Jun… ¿Cómo sabes cuando estas interesado en alguien?

Levantó la vista sin bajar la taza de la altura de sus labios. —¿Por qué preguntas eso tan de repente?

—Solo contesta.

Suspiró. —A ver… Si te gusta por su físico, es deseo. Si es por su inteligencia, es admiración. Por su dinero, es interés. —comentó mojando una galleta en su taza y llevándosela a la boca.

—Ya veo. —musité. No digo que Yanase Yuu no tenga un buen físico, pero dudaba que fuera por eso… ¿Admiración? No creo, sería más fácil molestarlo cada día de su vida. ¿Dinero? Seriamente descartado.

No me había dado cuenta de que mi acompañante no me había quitado un ojo de encima, parecía al asecho. —Pero… —hizo una corta pausa. Escuché atentamente bebiendo a largos tragos mi café, si no me daba prisa el demonio de Takano-san se enojaría. —Si no sabes por qué, es amor. —escupí el contenido hacia un lado estupefacto por lo que acababa de decir, tosí varias veces, sintiendo mis mejillas calentarse un poco. El rubio estuvo atento a cada una de mis reacciones como si esperara algo de mí.

—¡Imposible!

XxxX

Aclaraciones:

*Banzai: !Hurra!
*8500 yens= 85 dolares americanos.

Primero que nada me disculpo, tuve muchos problemas: el teclado de la laptop se dañó, problemas con algunas escenas, y demás cosas, pero ya estoy aquí.

Este capítulo está dedicado especialmente a pony salva… *cof cof* Perdón, a la roleadora de Asato Tsuzuki y Yanase Yuu en FB. ¡Muchas gracias Asa-chan! Sin ti no pudiese continuar con este capítulo: aplausos para la colaboradora que me ha ayudado con este capítulo y varias escenas más (incluyendo el lemon de este fic, O/ que no fue nada fácil) y por aguantarme todos mis berrinches. ¡Siempre te estaré agradecida!

¿Qué les pareció el capítulo? Ya sé que Yuu-chan apareció muuuy poco pero todo a su tiempo conejitos de la pradera, que luego vendrán más escenas de la pareja principal (?). Bueno, demasiadas cosas para un solo cap, ¿no? Pero al menos conocieron a la adorable hermanita y a su antiguo mejor amigo, sé que algunas dirán: WTF ¿Quién es ese? ¿Por qué se comporta así con Shiro-kun? ¡Mátenlo! Jun tendrá un rol importante en este fic así que ya verán *risa malvada* (*suspiro con una sonrisa* Me iré al infierno por esto ._. XDD ) Lamentablemente el tiempo de Kisa y Souji en la librería se acabó, pero que mejor sorpresa al encontrarte a tu sempai siendo casi-violado por uno de los empleados en un cuarto y mejor aún, ¡tú sempai no opone resistencia! Jejeje w adoré escribir la escena donde Souji acepta a Kisa-san y a Yuki-kun como son…. *arcoíris* Ya Souji maas o meenos se esta dando cuenta de que siente algo por Yuu pero no sabe que es.. u Quedo muy fluffly?

Sin nada más que agregar, ¡hasta la próxima!
Si me comentas un Yuu-chan aparecerá en tu habitación, semi-desnudo en media hora.

Espero tus comentarios, y Yuu-chan en tu habitación XD