Disclaimer: Sekai-ichi Hatsukoi y sus personajes les pertenece a sus respectivos autores, este fic es sin fines de lucro, lo hago solo por diversión. Nakami Souji y otros personajes que NO salen en el anime ni en el manga si son de mi propiedad.

-. El gato blanco de la mala suerte.-

Cap. 6: "EL AMOR ES COMPLICADO."

Unos pocos días después…

Yanase ya había terminado. Se levantó de su asiento dolorido por estar sentado por varias horas en la misma posición; comenzó por estirar los brazos, luego el cuello y flexionó los dedos. Sentía el cuerpo pesado por el cansancio, como cada fastidiosa vez que terminaba una larga jornada de trabajo. Tomó un largo trago de aire por la nariz mirando alrededor. Allí no había nadie, excepto por cierta persona que en esos momentos le daba la espalda, parecía concentrado.

Parecía…

Porque sinceramente, más bien lo evitaba. No de la forma fastidiosa, sino de una forma madura: como si Yanase Yuu fuera otra persona más, o nunca se hubiesen conocido. Era una situación realmente incomoda, había sido estúpido pensar que alguien como él le dirigiera la
palabra después de las cosas horribles que le había gritado en el baño. Se lo merecía, pero el asunto se le salió de las manos y le soltó cosas que nunca debieron escapar de sus labios. ¿Qué podría hacer para suavizar el problema?

¿Disculparse? ¡Já! Ni en sueños... Además él le debía una disculpa por lo sucedido en la tienda ¡Andaba con una mujer!

Tomó un profundo respiro y se decidió a por lo menos acercársele para saludar. Su corazón estaba en su garganta, apretujándose contra el nudo que tenía. Tenía que confirmar si verdaderamente estaba enojado, le odiaba o que pasaba por su cabeza, porque desde que le había dado la espalda con ese rostro tan frio, Yuu pasaba los días torturándose con una pizca de arrepentimiento en su demacrado corazón.

—Umm… Hola. —susurró a su lado. Pretendiendo acomodar las plumas, lápices y tinteros casi perfectamente organizados sobre el espacio del editor. Se le quedó viendo apenas unos segundos a la espera de su respuesta, y desvió la mirada avergonzado por la posición sumisa que presentaba ante alguien como Souji, se sentía patético y rebajado.

No es que realmente estuviese ocupado. Souji analizaba por quinta vez cada detalle de los personajes de apoyo del número que sería publicado para el próximo mes, pero al verse prácticamente solo, no había algo más productivo que hacer, pues las chicas ya se habían ido y Toriumi había salido a comprar algo en un combini cercano.

Gruño a causa de la tensa atmosfera.

Escuchó un tímido "hola" acompañado de la presencia de alguien a su lado, pero no levantó la vista.

Al no recibir respuesta, alzó la mirada directamente a esas aburridas joyas verdes. No había hablado tan bajo para no ser escuchado, ¿ese tarado lo estaba ignorando?

—¿Se te ofrece algo? —dijo en tono frio sin siquiera voltearse para responder. Sus irises esmeralda volaron directamente a los caoba cuando no recibió una respuesta inmediata. No estaba siendo hipócrita ni mucho menos desconsiderado… Más bien, estaba siendo cruel. Quería deshacerse de ese fastidioso sentimiento enfrentándolo cara a cara, porque, lo que le había dicho Jun, estaba seguro que era totalmente equivocado. Era algo que siempre le había dicho a su amigo en repetidas ocasiones desde pequeños: "Soy cruel porque he aprendido a llevarme menos del corazón. Y así, nadie me lastima"

En el rostro del dibujante había una mezcla de asombro y molestia. Indignación, si era eso. Esa respuesta tan ruda no se la esperaba de alguien como él.

Yanase se tuvo que tragar su orgullo:

—Quiero… que me disculpes por lo que pasó.

El otro alzó una ceja. Giró su cuerpo con la silla giratoria en su dirección. —¿Y eso?

—Yo te dije cosas… y bueno, este… Nunca debí decirte eso en primer lugar. —murmuró avergonzado y a la vez sorprendido de sí mismo, al menos comenzó con el pie derecho. —Y bueno… Lo siento. —gruñó forzosamente.

—¿Qué?

—¡¿Acaso no me estas escuchando?!

—Lo hice, solo que estoy algo sorprendido. No me lo esperaba de ti.

Yuu se ruborizó. —También por las estupideces que te dije cuando estaba borracho aquella vez, sino fuera por eso, no hubiésemos tenido esa pelea.

'Y no me hubiese acostado contigo' pensó el dibujante apartando la mirada.

Souji dejó las hojas sobre el escritorio antes de darle el visto bueno. —No. De eso no me arrepiento. —el asistente abrió grande los ojos.
¿Qué? Debía estar jugando.

—¿Y? N-no vas a perdonarme, ¿cierto?

—Te perdono. Pero sigo molesto. —sonrió por primera vez.

Yuu chasqueó la lengua, impaciente. Esta vez no se tragó la ira. —Al parecer estas muy feliz. ¡Yo ya me largo!

Yanase se apresuró a ir a su lugar y metió todo desesperadamente dentro de su bolso. Cuando quiso salir por la puerta, el esbelto cuerpo del editor lo bloqueó.

—Te digo que aún sigo molesto, ¿y esa es tu respuesta?

El tipo no se movía ni un centímetro, más bien parecía muy cómodo recargando su peso hacia su última salida. No quería estar más tiempo ahí, lo irritaba de sobremanera ese tema.

—¡El que debería estar molesto soy yo! —el otro se cruzó de brazos, como afirmando que no le dejaría pasar. —Me retiro, no quiero quitarte más tiempo. No vaya a ser que tu novia se enoje.

¿Por qué se molestaba? Es como si realmente le importaba lo que sucedía entre la romántica pareja que se agarran de manos.

—¿Novia? Espera, espera, espera… ¿De qué mierdas estás hablando?

—¡¿C-como que de qué?! ¡Me andas molestando y… y aparte de lo que pasó en… tu c-casa tienes novia! ¿Haruhi-chan? ¿Cuánto tiempo llevan juntos? ¡Eres un cínico! —se ruborizó sin saber por qué.

—Pfff…

Una sonora carcajada inundó el lugar de pronto. Nakami se llevó una mano al rostro, intentando controlarse, pero era imposible, parecía que estaba a punto de llorar por el ataque de risa. Yuu estaba paralizado por la reacción del más alto. ¿Qué carajos?

—¿Acaso dije algo gracioso? ¡¿De qué te ríes?!

—¿Esa es tu conclusión?

El menor posó una mano sobre la cabeza de Yanase y le revolvió el cabello. Un brillo honesto se asomó por sus ojos, lo veía, podía leerlo en sus irises felinas, en su sonrisa despreocupada, en esa mirada. Sus ojos ya no eran fríos ni apagados. Eran luminosos, juguetones, confiables. Era el Souji de antes.

—Haruhi es mi hermana menor.

—¿Qué?

—¿No te diste cuenta?

En verdad había un pequeño parecido entre ambos: el cabello, si te fijabas bien tenían las mismas orejas y aquellos labios… ¿los labios? El asistente ascendió hasta sus ojos, sonrojado de habérsele quedado viendo la boca.

—¡¿Eh?!... Me estas tomando el pelo.

—Para nada. —Souji sacó del bolsillo trasero de sus jeans su celular, y con habilidad buscó en la bandeja de entrada el nombre de su hermana, volteó la pantalla mostrándole el contenido del mensaje. —¿Qué dice ahí? Vamos, no seas tímido: Léelo en voz alta.

—Nakami Haruhi… —con la boca entreabierta y muerto de la vergüenza por su acusación, buscó los ojos del editor.

—Sigue leyendo, no te detengas. —sonrió.
Obedeció más por la curiosidad que por otra cosa, pero cuanto hubiese deseado que no siguiera leyendo el mensaje. Lo hacía quedar como un completo idiota. —O-onii-chan… se acabó la leche y el jugo de naranja… ¿do-donde queda el combini más cercano?

—¿Ves? No te mentí. Aunque debo admitir que te ves realmente adorable cuando estas celoso y toda la cosa.

Otro rubor. —Y… ¿Qué hay de los anillos? —murmuró con la mirada desviada. No quería sonar realmente interesado.

El más joven abrió un poco los ojos. Sorprendido de aquella pregunta que en sus labios sonaba tan inocente pero a la vez tan turbada. Sus orbes se suavizaron a los pocos segundos, rejuveneciendo unos años —Fue un regalo de mi tutor cuando éramos niños, desde entonces no nos hemos desecho de ellos. —dijo acariciando la prenda que colgaba de su cuello.

¿Tutor? ¿Qué quería decir con eso?

Aquello solo provocó que las mejillas se le tiñeran de rojo. Yuu frunció el ceño. —¡N-no quiero escuchar más! Tengo muchas cosas que hacer, con permiso.

Pero el asistente del editor en jefe no le hizo caso, por el contrario se acomodó más recargando su espalda en la puerta y flexionando una pierna componiendo sus brazos cruzados. Sonrió peligrosamente. —¿Cómo podría dejarte ir después de haber montado tal espectáculo? Que dulce eres. Anda, admite que estabas celoso. —sus irises esmeralda relampaguearon de gusto.

La sangre se le subió al rostro. Intentó disimularlo con una risilla fanfarrona lo cual no resultó porque la voz le flaqueó en el nerviosismo.

Buscó componerse: —No se dé que demonios me estás hablando. D-déjate estupideces y déjame pasar.

—¿Qué harás si no quiero?

Yanase apretó los dientes.

¡Este tipo era increíble! Una disculpa y se componía más rápido que un rompecabezas. Debería aprender a manejar las situaciones, porque Nakami Souji llevaba la delantera por más que odiaba admitirlo, siempre estaba uno, dos, ¡cinco lugares por delante de él!
El castaño dio un paso amenazador hacia él, sus rostros estaban a centímetros de rozarse.

¡¿Q-que estaba i-intentando ha-hacer?! ¿Acaso él? ¡No podía! Yanase cerró los ojos con fuerza, a la espera de algo, cualquier cosa, pero que por favor fuera rápido.

Solo sintió el cálido aliento golpearle la cara acompañado de una disimulada risa.

—Estas temblando.

Claro, Souji estaba bromeando y él era su juguete.

Entonces abrió los ojos de golpe, escondiendo su rostro tras el flequillo deseando solo que se lo tragase la tierra. El editor comprendió que era suficiente y le ofreció el paso libre con una sonrisa pegada al rostro. ¿Es que este tipo no iba a cambiar su actitud tan…? ¡Irritante! El oji-caoba salió con prisa y la puerta se cerró con un fuerte azote.

Al menos ya se había disculpado.

...

A Takano-san se le estaba haciendo un hábito eso de hacerme perder el tiempo con ridículas peticiones.

—Quiero saber quién fue el gracioso que me dijo que Isaka-san estaba en su oficina. —gruñí antes de entrar al departamento Esmeralda después de haber salido de casa de sensei.

—¡Feliz cumpleaños! — corearon los chicos recibiéndome con un pequeño pero generoso pastel blanco adornado con enormes fresas y revestido de perlas de chocolate sobre mi escritorio. A su lado había platos y cubiertos desechables.

Mino y Kisa fueron los primeros en abalanzarse sobre mí dándome sus buenos deseos y palmadas en la espalda. Hatori me tomó una foto de la mueca extraña que tenía pegada al rostro desde su celular con un gesto taimado y Takano, estaba en su silla con una sonrisa presuntuosa y los pies sobre el escritorio, orgulloso del resultado de su mentira piadosa. En ese instante Onodera-kun apareció tras de mi con una bolsa de lo que según escuchaban mis oídos eran latas, quizás de refresco y me felicitó procediendo a repartirlas e irse a partir el pastel.

—¿Es… mi cumpleaños?

Entonces todas las miradas volaron a mi rostro confundido y como si una bomba detonara, todos se echaron a reír de la forma más escandalosa e irritante.

—¿Olvidaste tu propio cu-cumpleaños? ¡Pero que idiota! —rió mi jefe a mas no poder.
Los otros ocultaron sus rostros con revistas y hojas, pero no las risas fastidiosas que aun retumbaban en mis oídos. Ahora si estaba cabreado. Takano-san se quitó los lentes secando una lágrima de su ojo derecho, me encolericé y le saqué el dedo medio con mi cara en una mueca de hastío, lo que provocó que se carcajeara aún más.

Revisé disimuladamente el calendario más cercano a no ser que me estuvieran gastando una broma: 21 de marzo.

Realmente si era un idiota.

—¡Sí, si, muy gracioso! ¡Búrlense! — los tarados estos se compadecieron de mí como si fuera un mocoso: tuve más manos encima de mi
antes de abrir los ojos de nuevo, pellizcándome las mejillas, revolviéndome el cabello y embarrándome el rostro con crema para pastel.

Entonces, Hatori me colocó en las manos una menuda caja de madera envuelta en una sencilla y colorida servilleta de tela—Aquí tienes.

—¿Qué es? —dije analizándola desde todos los ángulos posibles sin abrirla.

—Hace varios meses te empeñaste en molestarme exigiéndome un bento hecho por mí y ahí lo tienes. Espero que estés satisfecho, feliz cumpleaños. —se llevó un trozo de pastel a la boca y se concentró en masticarlo.

Yo sonreí sin darme cuenta. No puedo creer que se haya acordado.

—¡Jee! No sé si tienes buena memoria o un gran corazón enterrado en lo más profundo de tu ser. —Hatori rodó los ojos. —Kisa-san, ¡mira! Mi esposa me preparó el almuerzo. —canturrié abriéndolo sobre la superficie y Kisa refunfuñó tras de mí, ya que en esos tiempos los dos creamos la alianza de insistirle a Hatori un almuerzo hecho por él –personalmente creo tiene manos bendecidas por los dioses y tocadas por Zeus para la cocina- pero se rindió antes que yo cada vez que el oji-azul decía "Estoy muy ocupado para eso".

Sí que el sub-jefe de Esmeralda se lució: Arroz, tamagoyaki, pulpo, salchichas, verduras, mariscos, legumbres y carne.

Todo se veía tan jodidamente delicioso. Lo tapé para comerlo más tarde cuando los ojos curiosos se arremolinaron detrás de mí. Incluido el envidioso Kisa.

—Aun no nos han dicho como les fue en Libros Marimo. —Mino apareció detrás de mí. Mi sonrisa peligrosa se dibujó en mi rostro a lo que

Kisa casi se atragantó con el pastel algo sonrojado.

—¡Sou-kun se tomaba el trabajo muy enserio! ¡Buscaba todas las maneras posibles de atraer clientes! —se adelantó para evitar que yo abriera la boca. Aquello sonaba más como una acusación que como una afirmación.

—Si no me lo tomo en serio, no creo que valga la pena el empleo. —contraataque saboreando el primer trozo de pastel. Delicioso.

—Exagerabas.

—¿En qué división los colocaron? —preguntó Onodera.

—¡Manga Shoujo! —festejé levantando un brazo. Sé que dije que no lo iba a molestar, pero solo por esta vez no pude resistirme:—Tenían muchos artículos interesantes. Nos llegamos a conocer mejor, ¿verdad Kisa-san? —reí pasándole un brazo por el hombro, nadie entendió la indirecta. Su mirada solo decía "muérete."

—No es novedad que ustedes tengan algo entre manos. —agregó Hatori suspirando.

—¿Hicieron amigos? —comentó Takano como quien no quiere la cosa.

—Había un joven en especial que en realidad… —entonces fui acallado por un trozo de pastel que se precipito en mi boca de parte del azabache.

—¡Come y calla!

En serio ya no quería oír otro "¡Feliz cumpleaños!" hasta el año entrante. La gente de la editorial se empeñan en recordarte que eres un año más viejo, pero debía ser fuerte y aguantarlo por el resto de la noche. —¡Feliz cumpleaños! — escuché antes de asomarme a la sala.

Llegué al Dojo gracias al, nada más y nada menos que por el chófer de Jun, por más que le dijera que dejara los servicios de autos y les insistiera sus chóferes que pararan con eso, siempre decían: "El joven amo lo ha ordenado especialmente para usted, no le podemos fallar"... no me hacían caso, debería golpearlo solo por esto.

Sonreí sin esforzarme. Frente a mi estaban Isami-san, Sakura-san, Satou-san, Haruhi y Jun ofreciéndome una cálida bienvenida con confetti. —Gracias chicos, me sorprendí al no recibir llamadas de ninguno de ustedes. —refunfuñé entrando a la habitación y sentándome donde había un lugar vacío junto al rubio.

—Esto lo planeó tu hermana, nos amenazó a todos para que no dijéramos nada, ni siquiera una felicitación. —se carcajeó Isami-san mientras servía sake y su mujer colocaba los últimos platos de comida.

Miré a la aludida divertido con una ceja enarcada a lo que ella dirigió su mirada hacia otro lado como si no tuviese nada que ver con aquel complot.

Satou-san me dio varias palmaditas en el hombro con una sonrisa y procedió a darme el ochoko*. Era un hombre de entrada edad pero lucia joven y es sano como un roble ya que es maestro. Solo las canas y las arrugas delataban su verdadera edad. Y así mismo le dio un vaso a
Jun que lo bebió con aire estoico. Cuando le pasó uno a Haruhi, se lo quité de inmediato bebiéndolo de un gran trago.

—¡Hey! —protestó boquiabierta.

Coloqué el ochoko vacío donde antes estaba. —Eres una niña. —El calor del líquido deslizándose por mi garganta me relajo por unos segundos, aflojando músculos y calentándome el estómago.

—¡Eso no se vale, yo quiero probar!... ¡Dame el tuyo!

—¡No lo haré! —ronroneé alejando el vasito en dirección a Jun, este estaba observando la escena totalmente indiferente, como si fuera lo más usual de mundo. Haruhi se me lanzó encima intentando alcanzar con sus brazos el sake. Su otro brazo asió el mío por detrás y cuando por fin pudo acercar la taza, estiró la cabeza ansiosa de probar el alcohol.

Mis labios tomaron primero el borde y lo bebí con rapidez. Me fije, que los ojos de Jun no se despegaban de cada movimiento que yo hacia.

—¡Onii-chan!

—¿Qué?

Yuu sabía que algo quería Chiaki cuando le citó al estudio del pent-house donde acostumbraban trabajar, ya había caído la noche.

—Buenas noches. —musitó con su habitual expresión aburrida.

—¡Hola…! ¿Yuu? —que su mejor amigo le llamara por su nombre colaboraba en romperle el corazón. El mangaka, ajeno a todo lo que ocurría en la cabeza del otro, miraba desconcertado desde el umbral por su reacción.

—¿No me vas a dejar pasar? ¿O es que Hatori está aquí? —bufó. Las palabras que escupía estaban cargadas de veneno, indirectas crueles era lo que necesitaba el oji-azul a ver si dejaba de ser tan despistado.

—¡Lo siento! —reaccionó automáticamente rascándose la nuca. —Tori no está aquí. —empezó, haciéndose a un lado a lo que Yanase pasó mirando disimuladamente el lugar, confirmando que no había señales del editor.

—Qué raro.

—La verdad es que no ha venido en todo el día. —continuó, rebuscando algo entre su descuidado escritorio. —Dijo que uno de sus compañeros cumple años y que no llegaría hasta más tarde. —¿cumpleaños? Ese dato se le hizo vagamente familiar, había una fecha en especial que recordaba, pero no se podría tratar de una coincidencia, ¿cierto? Algo resonó en su cabeza:

El 21 de marzo cumplo los veinticinco.

—Chiaki. —el aludido levantó la vista. —¿Qué día es hoy?

—Jueves, ¿sucede al...?

—Sé que es jueves. —lo cortó de pronto. —Me refiero a que día exactamente.

—Esto… creo que hoy es 21 de marzo.

El castaño se sorprendió al recordar ese pequeño fragmento a pesar de que la cabeza le daba vueltas. ¿Ese tipo de cosas surgieron aquella noche? ¿Hubo conversación antes de pasar a la intimación? El colmo era que se había portado gruñón aquella mañana. Si lo hubiese sabido antes, tal vez, solo tal vez, Yuu se comportaría más suave con el editor. Tal vez… no. Nunca dejaría de presentar pelea, y eso se debía a que

Souji siempre sabía cómo sacarle la delantera.

—¿Estas bien?

—Lo siento. ¿Para qué me llamaste?

Las cejas del mangaka se acercaron, perplejo de su actitud para con él.

—Quería entregarte el horario personalmente. —dijo ofreciéndole un papel que el asistente miró de reojo, un horario apretado, nada cómodo algo que ya no era raro en las jornadas que compartía con Yoshino. Levantó la vista hacia su amigo a la espera de alguna otra cosa. —T-también quería disculparme… por lo de Tori

—Estoy acostumbrado… a que Hatori me trate así. Pero, no estoy acostumbrado a que tú me trates así. —dio un paso, murmurando decaído y a la vez cegado por tantos sentimientos confusos dentro de aquel magullado corazón.

'¿Cuánto más Chiaki?' pensó.

—Este, yo… —el oji-caoba alzó una mano buscando la de Yoshino, pero se detuvo. Se detuvo antes de apenas rozarla sin saber por qué.

El oji-azul continúo. —Lo siento, es que los manuscritos, retrasos… Tori. —era increíble como alguien podía romper su corazón, y sin embargo, seguía amándole con cada uno de los pedacitos extendidos en el suelo. —¿Me perdonas? —retiró su mano sonriendo débilmente a duras penas. —¿Estamos bien? —Sonrió sensei, juntando sus cejas; una perfecta cara de cachorro. Por fin empezaba a superar su separación, esa brecha profunda que se hacía cada vez más extensa, comenzaba a aceptar que Chiaki nunca sería suyo, que tenía a Hatori: Pero le sonrió, estropeándolo todo.

¿Enserio debía consolarse a sí mismo porque eran solo amigos?

—Estamos bien. —puso todo su esfuerzo en corresponderle en una sonrisa convincente, y con lo despistado que era Yoshino, no se dio cuenta de lo gris que era su corazón en aquel momento.

Y todo por su maldita culpa.

Ni siquiera puse mucho esfuerzo en secarme el cuerpo luego de salir de la ducha, simplemente me vestí lanzándome hacia el sillón. Había sido un día realmente largo, lleno de sorpresas, risas y buenos momentos. Lo que menos quería era pensar.

Miré la puerta que conducía hacia mi habitación, Haruhi ya se había ido a dormir mucho antes que yo.

Bostecé.

Ya le había mandado un mensaje a Hatori dándole las gracias por el bento. Y, fui lo suficientemente condescendiente para compartirlo con los demás en el Dojo, Ah, y hablando de ellos, Satou-san terminó ebrio, como siempre; fue gracioso ver a su yerna reganándolo mientras él le hacía muecas infantiles e imitando sus quejas con una voz aguda.

Me regalaron un pastel de cumpleaños de parte de Isami-san y su familia, Haruhi me dio un álbum de fotos blanco de apariencia delicada revestido de hojas otoñales grabadas en plateado. En la portada había una foto de hace unos doce años atrás. Los mayores tres estaban de pie con Isami-san en medio, Haruhi miraba a la cámara no muy convencida sosteniendo mi mano y mi izquierda estaba Jun, mostrando todos los dientes con alegría con uno de sus brazos sobre mi hombro.

Yo tenía una sonrisa apenas visible, pero no miraba a la cámara, mis ojos iluminados por la inocencia miraban el rostro de felicidad de Jun y recuerdo que me pregunté en ese momento como podía mostrar toda esa alegría sin despecho alguno.

Hablando de ese tarado, que siempre buscaba destacar en todo lo que hacía, no encontró, según sus propias palabras algo "adecuado" para darme y que el regalo que me dio era lo más sencillo que había podido comprar en todo Tokio. Y para colmo de males no me dejo devolverle el dichoso reloj de plata… ¡de plata! ¿Cuándo carajos yo tendría dinero para pagar un reloj de marca?... ¡Y de plata! Me lo colocó a la fuerza en la muñeca y me amenazó diciéndome que si me lo quitaba o lo perdía me ahorcaría.

Demonios, estaba jodido…

Como acostumbraba coloqué mi celular lo más cerca posible de mí; en la mesita. No sabía qué hora era, si estaba amaneciendo ya, pero lo único que me importaba en ese instante era dormir, los parpados me pesaban kilos.

Un sonido molesto me sacó de mi ensoñación, era un mensaje. Con flojera abrí el aparato mascullando una sarta de maldiciones entre dientes, 11:56 pm. Vaya maldita hora de hablar, busqué la bandeja de entrada. Mi corazón dio un vuelco cuando leí el nombre en el display:

"Yanase Yuu te ha enviado un mensaje:

Feliz cumpleaños."

Eran tan solo dos palabras. Quince letras, tan sencillas, tan monótonas. Pero fueron lo suficientemente valiosas como para hacerme sentir realmente feliz. Las curvaturas de mis labios formaron una sonrisa, después de releerlo como unas diez veces, lo guardé en favoritos y me dormí con el celular entre las manos.

¿Cómo fue que acabe así?

—Entonces, ¿estos son los folletos que daremos para la promoción del especial? —preguntó Hatori echándole un vistazo al impreso.

—Así es. —respondí. —Coloca dos diferentes por cada asiento. A ver, solo queda… La presentación. ¿El proyector está listo? — cuestioné revisando el horario de la reunión de planificación. Faltaba una hora antes de que todos se presentaran.

—Sí. Solo falta colocarle la memoria al ordenador y… Souji.

—¿Qué hice ahora?

—¿Dónde está la memoria?

Tomé un hondo suspiro.

—La dejé encima de la fotocopiadora junto a la ventana. ¿Sabes que el que tiene el colgante de Twinkle a un extremo, verdad?

—No est… ¡Maldición!

—¿Pero qué…?

Ambos nos quedamos inmóviles ante su exclamación y cuidando de no asustar al gato negro que jugueteaba con el peluche del conejito mágico. Cundo se percató del silencio tomó el colgante entre sus fauces con la memoria y encorvó el lomo con las orejas hacia atrás fijando su mirada dorada por varios segundos en nosotros. Un seco siseo ahogado por el adorno en su boca se escuchó por toda la sala.

¿Por dónde había entrado? ¿Y cuando había entrado?

'Oh, la ventana. ' Estaba completamente abierta.

Y estaba de más decir que nos ubicábamos en el primer piso así que no sería un problema para él o ella haber ingresado a la empresa.

—Ve por la izquierda, yo intentaré espantarlo para que vaya hacia a ti. —susurró mi compañero a lo que asentí dando ligeros pasos rodeando el gran escritorio.

El animal al sentirse acorralado, se levantó mirando apurado sus opciones de huida y en menos de un segundo echo a correr por la habitación seguido de nosotros.

—¡Hatori cierra las ventanas! — el oji-azul corrió antes que el animal llegase obstaculizando su única salida de escape. El felino saltó hacía el escritorio provocando un desastre, los folletos estaban tirados en el suelo, las hojas de la reunión estaban todas arrugadas y algunas sillas yacían en el suelo.

—¡Souji atrápalo está detrás de ti!

—¡Ya lo vi!

—¡Demonios!

—¿Que está pasando? ¿Por qué tanto ruido? —tenía que ser justo en ese momento que mi queridísimo compañero de trabajo, Onodera Ritsu abriese la puerta de par en par. El aludido levantó una pierna apretando contra su pecho unos folletos que llevaba consigo cuando el manchón de bolas de pelo negro paso veloz por su lado. —¡¿Qué fue eso?! ¡Hey! ¡Chicos!

Fue ignorado por ambos, corrimos siguiéndole el paso que a la vez se dirigía hacia las puertas principales, no queríamos darle la oportunidad
de irse con nuestra memoria. Si perdimos esa memoria todos estaríamos muertos.

—¡Mino no te muevas!

A pesar de que mi grito desesperado lo detuvo, no fue lo suficiente para evitar que el sensor detectara el cuerpo del sonriente editor y se abrieran ambas puertas.

—¿Dónde está?

—¡Allí arriba! —señalé enojado. El gato al parecer había trepado por los pequeños arbolitos que adornaban a cada lado la entrada al edificio.
Y allí estaba recostado sobre su panza en la cornisa del segundo piso, mordisqueando el adorno con tranquilidad mientras meneaba la punta de su cola de un lado a otro. —¡Gato! —gruñí, los dos pozos amarillos se posaron en mí. —¡Devuélveme eso antes de que pase algo de lo
que te arrepientas!

El animal bufó.

—Te ha mostrado los dientes. —dijo Hatori a mi lado con las manos en las caderas.

—¿Alguien puede decirme que pasó? ¡La sala de conferencia está hecha un desastre!— acalorado, Onodera-kun tomó un hondo respiro intentando calmarse pues había hablado atropelladamente.

Mino, extrañado, no sonrió esta vez. —¿Qué paso? ¿Por qué me gritaron como si fuera el fin del mundo?

—¡Eso ocurre! —indiqué con la cabeza —La maldición de Twinkle* esta sobre nosotros por esa bola de pelos… Mino-san, en serio estoy en contra del abuso animal, pero solo por esta vez dame tu zapato.

—No le vas a lanzar el zapato de Mino. —rugió el sub-jefe antes de chasquear la lengua. —Tiene la memoria USB de Esmeralda.

—¡¿Eh?! ¿Y qué piensan hacer?

Alce una ceja. —Querrás decir: haremos. Ese pendrive contiene 64 gigabytes de información de nuestro departamento de los últimos seis meses. Estamos jodidos si no lo recuperamos antes de la junta. —comenté mientras revisaba la hora de mi nuevo reloj: teníamos cuarenta minutos para aquella importante misión.

Todas las cabezas se dirigieron al felino que dio un estirón y con el conejito en la boca, exploró su alrededor para al final optar por entrar por la ventana más cercana. —Mino, Souji. Ustedes dos vayan a quitarle esa memoria al gato, no dejen que nadie se dé cuenta de que hay un animal en la empresa. Yo iré a arreglar el desastre en la sala. Onodera. Retrasa a Takano-san, Isaka-san y Yokozawa-san. No tardaran en llegar.

—¿Qué? ¡¿Yo?! ¡¿Pero qué…?! No.

—En primer lugar, fue tu culpa que acabásemos en esta situación. Sé un buen chico y distrae a las bestias, ¿sí? —Le palmeé el hombro esbozando una sonrisa. Me fui a paso apresurado detrás de Mino que se había adelantado, dejando al editor novato con la respuesta en la boca.

—Yo iré por las escaleras de emergencia, tu ve por el elevador.

Asentí.

Fui lo suficientemente distraído al entrar en el metálico compartimiento que no le había dado los buenos días a las personas que entraron conmigo —Buenos días Kirishima-san. Shi-chan, buenos días a ti también. —presioné el segundo nivel.

—Buenos días.

—Ya le he dicho que no me llame así las suficientes veces como para que lo tenga en cuenta. Y mucho menos le agregue el "chan", gracias.

Rodeé los ojos divertido por su actitud. No le vendría mal al azabache juntarse con Yokozawa-san de vez en cuando.

El editor en jefe de Japun sonrió.

—Tan simpático como siempre… Bueno aquí me bajo.

El rubio murmuró al verme salir. —¿Tu departamento no está en el cuarto piso?

—Mi novia esta en este piso. —curveé los labios, alzando las manos como un inocente. Kirishima-san frunció el ceño confundido. El ascensor se cerró.

—A ver, si yo fuera un gato… ¿en dónde me escondería?… Mino-san, ¿lo viste?

—¡Ay!

Era el grito de una mujer. Lo encontramos: Se estaba paseando con bastante libertad por debajo de los escritorios. Costara lo que costara, recuperaríamos esa memoria. Si se hundía uno, todos nos iríamos con el desdichado.

Cuando sentí su pequeña cabeza empujando contra mi pecho en busca de algo de atención, no me resistí a acariciarlo en silencio.

—Buenos días, Sou-kun.

La impresión me hizo cerrar mi bolso con prisa.

—Souji. Sí que llegaste realmente temprano. —me saludo el editor castaño

—Oh, son ustedes. Mino-san, Kisa-san… Deberían ser más ruidosos antes de entrar.

—Souji… ¿Qué escondes ahí? ¿Es algún postre? —su sonrisa pareció ensancharse más de lo que ya era posible cuando se acercó a mí.

Un agudo maullido me interrumpió, su pequeña cabeza se asomó harto de estar ahí adentro.

—Es ese gato problemático del que Mino me contó, ¿te lo llevaste a casa luego de…?

No esperé a que acabara, puse un dedo sobre mis labios silenciándolo. —¡Shhh! Bajen la voz… Intenté buscarle un hogar pero nadie de la oficina ni de mi edificio puede ocuparse de él.

El enigmático Mino habló primero. —Es mejor que se lo encuentres antes de que se den cuenta. Ya sabes que la entrada de animales al edificio está prohibida, además luego te encariñarás de él… ¿Es macho verdad?

Le dije que si con la cabeza.

—¿Le has puesto nombre?

—Algo así. —desvié la mirada.

—¿Y cuál es? Bueno, ya que es negro…

—Masamune.

Quise haber creído que la sonrisa que Mino tenia era de diversión, pero creo que más bien era una de nerviosismo.

—¡Oi! ¡¿P-pero que nombre es ese?! —se alteró Kisa.

—¡Yo creo que es perfecto! Es problemático, tiene una actitud demoniaca y sin mencionar que tiene mucho orgullo, es realmente egoísta. Por supuesto que, es mucho más lindo que Takano-san.

—Buenos días. —saludó Hatori con malhumor sin percatarse del gato sobre mi regazo.

—Oh, Hatori-kun llegó.

Con un gruñido seco se dejó caer en su asiento. —Souji, si tienes tiempo para hablar, ¿por qué no mejor…? ¿Qué-es-eso?

—El gato de ayer, es obvio

Hatori dio un suspiro antes de decir:

—Sé que es un gato, a lo que me refiero, ¿qué hace un gato aquí?... No me digas que te lo llevaste a tu casa.

—Sip. Quería ver si alguien en la oficina lo adoptaría, así que lo traje a escondidas. —las curvaturas de mis labios se elevaron al escuchar su ronroneo frotándose contra mí. A pesar de que dio bastantes problemas y nos arañó a todos los involucrados en su captura, se había amansado después de bastantes problemas en mi casa.

Como respuesta, Masamune dio un agudo maullido y saltó hasta llegar al regazo de Hatori recostándose sobre sus piernas.

Kanade se llevó una mano a la barbilla. —Mmm, el gato te ama Hatori-kun.

—¡Tengo muchas cosas que hacer! ¡Souji!, quítamelo de encima.

—Llámalo por su nombre y se bajará. —dije apoyando los codos sobre el escritorio con cada mano en mis pómulos.

—Deja los jue… Dios, ¿cuál es? —bufó resignado.

—Masamune.

Boquiabierto, el oji-azul tomo un hondo respiro. —Por favor dime que esta es otra de tus retorcidas bromas…

—¡Es enserio! ¿Verdad? ¿Masamune?

Masamune emitió un corto maullido en respuesta.

—¿Ves? Responde a su nombre correctamente…

—¡Souji! ¡Mino! ¡Hatori! ¡¿Que estupideces le han estado diciendo a Isaka-san?! —entró Takano-san hecho una furia con pesados pasos señalándonos a los tres con un grueso fajo de papeles, parecía que se estaba conteniendo para no explotar

—El horripilante Masamune está aquí. —refunfuñé haciendo un puchero con los labios.

—¡Discúlpame por no ser la princesa que soñaste anoche! ¡Y no recuerdo haberte dado permiso para llamarme por mi nombre! —me apuntó al cuello con el fajo de hojas chirriando los dientes. —Dejando eso de lado, ¿qué es lo que está ocurriendo? Ustedes tres han estado regando que robo material de oficina, ¡y que me escabullo por debajo de los escritorios! ¡¿Qué carajos les pasa?!

Algunas chicas de asuntos generales se dieron cuenta de que traía a Masamune conmigo, no les di muchos detalles, pero eso explica cómo se propagaron este tipo de rumores. Me prometieron que no le contarían a nadie lo del gato, cumplieron la promesa, pero ahora hay dos
Masamunes.

—Culpable~ —canturrié con las manos entrelazadas detrás de mí nuca.

—¿Isaka-san dijo algo?

—Querrás decir que fue lo que no me dijo. ¡Me reprocho! : "Puedo hacer la vista gorda con el material de oficina, pero no escabullirte debajo de los escritorios de otros. ¡Eso es acoso, Takano! Vete a disculparte de inmediato…" ¡¿Saben cuánto me costó aclarar este malentendido?!

Rompí a reír:

—¿Intentaste explicarte y él no te creyó?

—¡Cierra la boca! Ustedes tres… ¿Cómo pudieron difundir estos rumores? No me sorprendería de Souji… —¿acaba de hacer énfasis en mí? —
Pero Hatori y Mino… ¿Es que acaso no pueden distinguir lo que está bien de lo que está mal? —sí, yo soy la oveja negra. — ¡¿Qué demonios les pasa?!

—Bueno, eso… —comenzó Yoshiyuki.

Pero un maullido lo detuvo.

—¿…? ¿Me pueden explicar esto? —reparó por primera vez en la presencia del animalito.

—Cómo puedes ver, es un gato. ¿Qué? —repliqué por su mirada de reproche que me dirigía.

—¡Sé que es un gato!… Espera... ¿Masamune se escabulle por debajo de los escritorios? —se dijo para sí mismo. —¿No me digas que…?

—¡Por supuesto! Se trata de este gato. ¿Quién más creíste que era?

—¡Desgraciado! —gritó —¿Te divierte ponerle mi nombre a un gato? ¡Me hiciste ver como un idiota!

—Buenos días. —en el momento en que Onodera-kun ingresó en el apartamento, el gato erizó por completo su pelaje, con su cabeza en dirección al oji-verde encorvó la cola y emitió un ronco gruñido.

Los gatos y animales en general odiaban a mi compañero.

—Buenos días. —repitieron el grupo de editores.

Por la mirada de advertencia que le dirigía Masamune desde su lugar, el novato se protegió detrás de Mino. —¿Es el gato endemoniado de ayer?

—¡Sip! Souji lo atrapó cuando hizo de las suyas después de que los chicos te echaran y lo nombró Masamune. Como podrás ver, Takano-san lo descubrió y ahora está realmente furioso. —aclaró Kisa-san.

El castaño torció una de las comisuras de sus labios.—Ya veo…

—¡No te estoy haciendo ver como un idiota!, eso sería imposible, realmente imposible. —rezongué con sarcasmo.

—Hiciste esto a propósito…

—¿Cómo podría tener tales motivos? No puedo predecir cómo te sentirás, no soy adivino.

El felino maulló.

—¿Qué ocurre, Masamune? ¿Tienes sed?

—¡Tori! ¡Deja de llamar a ese gato como yo!

—Hatori-san… se ha encariñado con el gato… —confirmó Onodera-kun.

—Creo que deberías ser menos gritón, así los animales te amarían más.

—Bastardo... Además, ¡no debiste nombrar a un gato con mi nombre! ¿Cómo te sentirías tú si tuviera un perro o un loro llamado "Souji"?

—¿Eh? ¿Takano-san ha nombrado a un animal como yo? Eso es tan desagradable. Por favor detente. —arrugué la nariz. Molestar a Takano-san nunca había sido tan divertido, estaba en un punto donde la rabia lo llevaba por argumentos sin sentido. Mi semblante se volvió curioso
de pronto. —Cuando vas a casa, ¿le hablas al perro como, "Souji, Souji… Hice esto el día de hoy"?

—O quizás: "Souji… Hoy me dijeron mujeriego." —se unió Kisa-san.

—Podría ser: "Souji…Vamos a dar un paseo." —agregó Kanade Mino.

—¡Yo no le hablo a los animales! ¡Dije si… SI! Y si no te gusta, ¿cómo carajos crees que me siento?

—No cambiaré de parecer, Masamune es el perfecto nombre para él.

Acariciando el pelaje azabache, Hatori murmuró —Como se esperaba, terminaron discutiendo.

—No entiendo cómo pueden trabajar juntos.

—Bueno, al final, Takano-san se rebajó al nivel de Souji. —rió Kisa entre dientes.

—Tal vez en realidad nombremos a un animal Souji algún día.

—¡Ni de coña! Que no me gusta… —refunfuñé mordisqueando un pocky que tenía guardado.

El editor en jefe me golpeó en la cabeza con un fajo de papeles antes de dejarlos sobre mi espacio. —¡Mocoso! Levanta tu perezoso trasero y llévale estos documentos a Isaka-san. Los que están en blanco y negro entrégaselos a la encargada de recursos humanos.

—Cuanto molestas. —gruñí sobándome el área afectada, levantándome de mi sitio.

—Lo bueno es que discuten y se arreglan a los pocos segundos, como si nada hubiese sucedido.

Mis compañeros asintieron dos veces.

—Hatori. —llamó el verdadero Masamune— Búscale hogar a ese gato. Esta es una oficina, no un albergue de animales.

Asomé la cabeza al escuchar sus palabras. —Sabía que al menos tenías corazón para no echarlo. Que orgu…

Creo que fue una regla lo que me lanzó antes de vociferar: —¡Que le lleves los documentos! Y tráeme algo de beber. —sentenció.

—¡Por favor!

—No.

—¿Por favor?

—No.

—¡Vamos, no seas malo! ¡Será la última vez que te lo pida!

—¿Cuántas veces he oído eso antes?... Ya lo recuerdo ¡Muchas! —suspiré. —Cada vez que me ves de "buen humor", lo cual no estoy ahora mismo, me pides un postre nuevo. —me giré mirándolo a los ojos, dejándole unas fotocopias en el espacio de Onodera que me había pedido momentos antes. —Kisa-san te vas a poner como una vaca. Los jóvenes últimamente prefieren a las personas de vientres planos.

—Yo emm… ¡Ja, ja, ja! ¿P-pero q-que dices?

El tema de la repostería llego a más oídos y en menos de dos minutos, tenía a todos los chicos del departamento encima de mí pidiéndome algo diferente.

—Las galletas de la última vez estaban deliciosas, ¿puedes hacer más? —pidió Mino-san rellenando una propuesta desde su escritorio.

Onodera entró cargando varios pesados folletos y los dejó caer ruidosamente sobre su espacio, fue cuando se dio cuenta de las fotocopias.

—Oh, gracias. Nakami-kun, ¿sabes cocinar?

—¡Así es! Sou-kun hace los mejores postres que te puedas imaginar. De todos los tipos, tamaños y formas… Muchachos, ¿recuerdan los dangos del año pasado?

—Dios, esos dangos… —ronroneó Hatori escribiendo veloz en su portátil.

—¿Cuándo volverás a hacer dangos? — preguntó Takano-san antes de colgar el teléfono.

—¿Enserio? ¿Cómo es que…?

—Trabajé en una repostería en una parte de la preparatoria y cuando iba a la universidad. —mi teléfono en mi espacio comenzó sonar, así que dejé los papeles que estaba organizando para responder, vi los ojos de Onodera bailar antes de contestar. —Grupo de editores Esmeralda, Nakami habla… Si… si, es correcto. No, no tengo ningún problema… —los murmuros de mis compañeros hablando entre ellos se detuvieron y se me quedaron viendo con una expresión aburrida. ¿Ahora qué demonios querían? —¿Y no están disponibles los mensajeros? Recuerde que estamos a mitad de ciclo... Ya veo… Bien. Lo esperaré. Gracias por su esfuerzo.

Coloqué el teléfono en su respectivo lugar dando por finalizada la llamada.

—Quiero dango de té verde.

—Galletas de mantequilla.

—Tarta de chocolate.

—¡Mochis!

—Pastelitos de calabaza

—Pero si serán…

—¡Buenos días muchachos! Onii-chan, deja de ser grosero con ellos. —no fue hasta que hizo mención en mí, que me di cuenta de que Haruhi, estaba detrás de mí, con un puchero en los labios y reprimiéndome con su fruncimiento de ceño. Estaba vestida con un kimono azul oscuro de hermosos detalles; flores de cerezo de color rosa pálido parecían bailotear con cada movimiento que ella hacía, su figura estaba sujeta por un impecable obi* blanco, su cabello estaba recocido en un moño artesanal, aunque varios mechones, se colaban de su lugar.

Cargaba una bolsa de papel, la dejó suavemente saludando a todos los presentes con una sonrisa, todos les correspondieron pero sintieron más curiosidad por el dulzón aroma que despedía la bolsa.

—Oye Haru-chan, ¿eso es para nosotros? ¿Qué es? ¿Quién lo hizo? —inquirió Kisa-san sorprendido.

Finalmente reveló su contenido. Yo bufé dejándome caer en mi silla.

—¡Anpan! —chillaron Kisa y Mino.
Los chicos fueron recibiendo su dichoso anpan mientras lo engullían a grandes bocados—¿Por qué no les dijiste que los habías hecho, onii-chan?

—Si ¿Por qué? —quiso saber el editor en jefe mientras me daba molestos toquecitos con una pluma en el hombro. —Oh, gracias. Eres muy amable en venir hasta aquí solo a darnos de comer cuando tu hermano no lo hace.

—Por qué primero que nada, son unos golosos. Y segundo, no soy su maid para estar horneando cada vez que quieran llenarse la panza de azúcar.

Los chicos me clavaron sus miradas —Eres un horrible persona.

—¡Si fuera por ustedes estuviera en un prostíbulo para pagar el alquiler!

Mino-san tragó su bocado, ignorándome por completo—Oi, Haru-chan. Estas muy bonita, ¿Cuál es la ocasión?

—Ah, esto… ¡gracias! —murmuró antes de sonrojarse.— Hoy habrá un festival en el templo de Kiyoku, ¿ustedes no irán?

Mierda, lo había olvidado por completo.

Mi mano se movía a mayor velocidad, intimidado por las agujas de gran reloj en la pared. Habría pasado lo que creo una semana desde la partida de Haruhi hacia Kioto. Hubiese querido que se quedara por más tiempo, pero si ella pasaba un corto tiempo más, sus clases se retrasarían.

Suspiré.

Estábamos retrasados en la entrega del manuscrito y todo por culpa del imbécil de Jun que me sacó a patadas de mi casa con sus insistentes apuñaladas a mi pobre timbre muy temprano por la mañana -el muy descarado sabe que odio ser despertado por la mañanas de los fines de semana- nada más y nada menos a "dar una vuelta por ahí" llámese recorrer todo Shibuya, visitas a museos, acuarios, parques, lugares que solíamos visitar de jóvenes y, ¡Y! a restaurantes que solo con vender todos mis órganos podría pagar un platillo de entrada. Yo, lánguido, sin energías, fatigado y con humor de perros, moría por darme un baño y abrazar mi cama. Y eso no fue posible, porque en mi fax residía una carta de auxilio da sensei enviada a las 8:34 pm y en ese momento eran las 9:17 pm.

Le voy a dar una patada en el trasero solo por esto. Y por el hecho de que me mensajeaba a cada rato para salir con él de nuevo.

—Esta es la última. — respondió Yuu-san, cuando le pregunté sobre la situación.

—Gracias a Dios... Revisa si todas las hojas tienen la foto-tipografías. —ordené sin mirarle a los ojos con voz segura. Solo un poco más…

—¡Acabe! Ya le he revisado varias veces, ¿alguien puede echarle un ojo? — preguntó una de las asistentes.

—Eh, ahora mismo no puedo… —murmuró Toriumi dibujando con velocidad. —Nakami-kun…

—Negativo. —canturrié aplicando pegamento cuidadosamente sobre un guion.

—Yanase-san, cuando acabe de eso ayude a Makoto, ¿sí? Confío en usted.

—Bien… Déjame ver… Arg, ¿de quién es el celular que no para de sonar? —gruñó el castaño, buscando con los ojos el dichoso aparato.

—Es el mío. ¿Me haces un favor?... Tómalo y quítale la batería… Exacto, eso es. Ahora el chip, quítaselo. —tenía que hacer algo, Hirose estaba llegando a un punto en el que interrumpía mi trabajo y el de los demás, se iba a tener que acostumbrar a que le cortara los planes.

Al menos pude respirar tranquilo por un rato. Espere esa mirada de extrañeza de parte de Yuu ante mi petición tan extraña.

No había acabado con mi parte de trabajo cuando me quedé viendo las manos del asistente. Se veían tan delicadas, perfectas como porcelana. No reparé en lo que estaba haciendo cuando antes de que él se marchase a lo suyo, tomé una de sus manos entre las mías ensimismado en mi mundo.

No quería soltarle.

'¿Qué era lo que me pasaba?'

XxxX

Aclaraciones:

*Ochoko: pequeña tacita donde se sirve usualmente el sake.

*La maldición de Twinkle: según el Glosario de Marukawa que sale al final de cada episodio, Twinkle es un conejito que puede concederte 3 deseos con su varita mágica, si lo tratas bien pasan cosas buenas, si no, pasan cosas malas.

*Obi: cinturón de tela que sujeta el kimono.

A pasado mucho tiempo, ¿verdad? La computadora tuvo un montón de problemas y la falta de ideas me ataco. Sé que es casi un capitulo relleno y que casi no apareció Yuu, pero debe hacerse así porque el próximo capi estará cargado de acción ¡BOOM! ^^… No, niñas no ese tipo de acción xD pero eso no tardará en llegar tampoco así que cálmense xd ¡Y! no pueden quejarse lo hice 3 páginas más largo según Word.

Al menos ya Yuu-chan se disculpó, supo una parte de la verdad y descubrieron que Souji hace repostería *0* y cumplió sus 25 años ¡wiii! Un estúpido y sensual Kirishima a aparecido junto con un Shizuku Ishi salvaje ¿Qué opinan de Jun? ¿Verdad que un lambiscón? Entonces ustedes se preguntaran ¿Por qué? ¡¿Por qué?! ¡¿POR QUE?! Me imagino, supongo y entiendo que algunas de ustedes lo sabrán ya…. Al menos espero sacarle unas risas con la escena del gato, 7w7

Este capi va para: Misaki23, Sekaiichi Hatsukoii, Marcela G. Herrera, Laurie (pony salvaje), Marii Jesu Maro (Mao-chan), Van Phantomhive, noquichinda, Sakuyachan17 ¡y a aquellas que me siguen leyendo desde las tinieblas! Gracias por siempre comentarme y brindarme su apoyo, significa bastante! OuO

Espero sus comentarios, y si lo hacen Sou-kun les horneara deliciosos pastelitos usando SOLO un delantal…