Disclaimer: Sekai-ichi Hatsukoi y sus personajes les pertenece a sus respectivos autores, este fic es sin fines de lucro, lo hago solo por diversión. Nakami Souji y otros personajes que NO salen en el anime ni en el manga si son de mi propiedad.

Gato Blanco De La Mala Suerte.-

Cap. 7: "NUNCA JUZGES A UN LIBRO POR SU PORTADA"

—Souji.

—Lárgate.

—Souji…

—Vete. Me estas interrumpiendo.

—¡Souji!

—Con un demonio. ¡Jun te dije que…!

—No solo me lo prometiste a mí, sino a Isami-san. ¿Ahora eres del tipo que rompe promesas?—refunfuñó el rubio alzando la voz cortándome de pronto y la vez obteniendo la atención de las asistentes y de sensei que estaban absortas en sus fantasías eróticas con Jun.

Para ellas no es fácil procesar cuando un hombre –considerado por la sociedad-, como apuesto, entra de la nada a tu casa y con la más deslumbrante sonrisa te dice: "¿Me pueden prestar a Nakami-san por un par de horas? Si no es molestia, para las señoritas." Y claro, no había nadie para defenderme cuando se dirigen de esa forma tan amable hacia ellas. Las chicas estaban totalmente hechizadas con Hirose, por suerte yo no tenía ese problema. Ahora que lo pienso, seguro Jun las sobornaría con dinero o algo así para que me dejaran "un par de horas libres" que en el idioma de Jun de seguro significa el resto de la tarde.

—Dije tal vez, ¿acaso sabes lo que significa tal vez? Y deja de seguirme a todos lados; algunos de nosotros tenemos un trabajo, cosa que tú, al parecer, no tienes.

Abrió la boca para hablar.

—Y sí, mi intención fue ofenderte. Ahora, adiós. —di media vuelta junto con mi silla dando toquecitos con mi pluma en mi espacio. Ignoré su mirada de cachorro lastimado concentrándome en el trabajo lo cual era bastante difícil cuando tienes una irritante mirada clavándote la espalda.

—Ya volví —la voz de Yuu-san entró con un suspiro ajeno a todo. Al parecer, no queriendo llamar mucho la atención. —, ¿hay algo más que necesiten antes de reti…?

Todas las miradas volaron hacia el castaño. Su cara de confusión era como la de un niño ante un complicado problema de matemáticas. Los ojos caoba se posaron en las chicas que al fin parecieron hacer contacto con el planeta Tierra, luego en Jun –analizando al tipo de arriba abajo, justo como lo hizo con mi hermana-, y finalmente en mí.

Buscaba una respuesta con los ojos.

—Casi terminamos, Yuu-san. —le guiñé un ojo esbozando una sonrisa juguetona. Su reacción no se hizo esperar; chasqueo la lengua desviando la mirada. ¿Era eso un sonrojo lo que vi en su rostro?

Pero, Jun no se inmutó, no mostraba ningún interés en presentarse ante el dibujante. Lo miré, y lo conozco lo suficiente como para saber que esa mirada era de desagrado. ¿Qué estaría pensando?

Una de las comisuras de sus labios se torció y me pregunté si se atreverían alguno de los dos de dar el primer paso, pero ni el rubio o el castaño parecían estar realmente interesados y hablando de Yanase, mostraba una expresión cautelosa mezclada con recelo; como si de un momento a otro, Jun le llegara a hacer algún daño físico.

'Vamos Jun, no es tan difícil: Buenas tardes mi nombre es Hirose Jun y soy un idiota amigo de Souji, hoy vine a joderle la paciencia con mis ridículas peticiones.'

Generalmente, cuando alguien no le interesaba al ambarino, mostraba un sentimiento de empatía disfrazado con pizcas de amabilidad, pero, no me gustó para nada la mueca que hizo con los labios.

No era algo normal en él.

Si describiera la casa de Jun en pocas palabras, sería lo condenada y ridículamente enorme que era comparada con el concepto de mansión en todo el sentido de la palabra. Su padre, Hirose Hayato un competidor fuerte en el mercado importador y bastante ocupado, era el cabecilla del grupo Hirose. Cuando su padre se jubilara, mi amigo tomaría el mando de ese negocio. Jun era hijo único.

A decir verdad, no sé mucho sobre la madre de Jun, cuando éramos niños, solo la pude ver en pocas ocasiones, ni siquiera recuerdo bien su aspecto. Siempre estaba en la biblioteca de la mansión; sentada en una mecedora, la veía desde la puerta, sumida en los libros de su alrededor, ella nunca despegaba la vista de aquellos libros extranjeros. Un día, tuve el valor de acercármele más de lo normal, pero nunca delaté mi presencia y aun así, supo que alguien estaba ahí… La escuché. La escuché, diciendo: "¿Junichi?... Jun, querido, ¿eres tú…?" La impresión me hizo salir corriendo de allí, y no supe que sucedió luego.

Semanas después, una de la cientos de sirvientas de la casa, me encontró asomándome de nuevo en la biblioteca y al descubrir que la señora no estaba allí me confesó: "Akira-sama perdió un bebe hace tiempo… se sintió tan triste que descuido su salud y se empezó a quedar ciega. Ya ni siquiera el pequeño joven amo demuestra interés en su madre que estos momentos es tan inútil" "¿Jun… ya no quiere a su mamá?" La mujer se encogió de hombros "¿Dónde se la han llevado?" Y entonces ella negó con la cabeza y pensé lo peor.
Nunca volví a preguntar sobre la madre del rubio y a su padre yo casi nunca lo veía…

Un gusano.

Eso era lo que yo me sentía al entrar a la lujosa bañera luego de un día de asaltos en el Dojo. Debería practicar Jiu-Jitsu con más frecuencia… Jun me había puesto en ridículo cuando me ganó por un encuentro. Claro que, era más fácil decirlo que hacerlo, el trabajo no me lo permitía entrenar como dictaba la ley, por así decirlo.

Terminé de vestirme con ropa que me había prestado él: me enfundé los vaqueros grises que me quedaban a la perfección y sin mucho preámbulo me coloqué la camiseta blanca de rayas gruesas y azules con mangas que estaban holgadas al ser el rubio más corpulento que yo.
Frotando la toalla contra mi pelo mojado, salí del baño que era más grande que mi propia habitación. Y la habitación era del tamaño de mi apartamento.

Jun estaba recargado contra la pared con el cabello mojado, revisando algo en su celular.

Levanté la vista al escuchar mi nombre en un susurro. —¿Qué te pasa?

Fue entonces que despegó la vista del móvil haciendo caso omiso de mi pregunta. —Oh, te quedan bien… ¿Por qué estabas tosiendo como loco cuando te derribe?

¿Por qué carajos me tiene que echar en cara que me ganó? —La gripe esta en todos lados. No es nada, ya se me está quitando.

Tardó unos segundos en responder, segundos que a mí me parecieron minutos.

—Dime Souji, ¿Quién era aquel tipo?

Alcé la cejas apenas unos instantes. Él siguió con su móvil.

—¿De quién me hablas? —pretendí no entender, sabía que algo ocurría desde el momento en que se encontraron.

—Ya sabes. Cabello castaño, así de alto, —hizo un movimiento con su mano señalando su hombro —el único hombre entre las asistentes… Lo llamaste por su nombre, ¿recuerdas?

—Ah, se de quien hablas… ¿Y? —el rubio se paseó alrededor de mí sin hacer ruido con aire extraño.

Sentía su mirada afilada sobre mi nuca, así que agache la cabeza, pretendiendo secarme el pelo con la toalla.

Nunca lo vi venir.

Jamás me di cuenta cuando se había puesto delante de mí. Solo supe que algo punzante me sostuvo del codo, enterrándose en mi piel, –probablemente sus uñas-,y con una fuerza que parecía casi sobrehumana, me tumbó boca arriba. Nada más solté un quejido cuando mi espalda impactó contra el suelo, creo que mi cuerpo llegó a rebotar en la madera con la fuerza con la que fui lanzado.

Y pensando en el dolor, quise gritarle, exigirle y preguntarle qué demonios sucedía con él... Pero Jun nunca me dio tiempo para hacerlo.

Esas no fueron sus intenciones.

Antes de poder abrir los ojos, una de sus manos, tan fuertes y toscas como grilletes, me apresaron ambas muñecas por encima de mi cabeza. Traté de retorcerme pero todo fue en vano, todo el peso de su cuerpo hizo presión en mis piernas evitando que le alejara a patadas o me removiera lo suficiente.

—¡Jun! ¡Suéltame! ¡¿Qué carajos está pasando conti…?! — pero antes de siquiera terminar, su rostro, que me miraba desde arriba inexpresivo y vacío, mostró una mueca extraña de confidencia en una sonrisa retorcida que nunca había visto y se acercó al mío más de lo debido. Apreté los dientes.

Acortó las distancias antes de que yo pudiese volver a gritar y me besó sin previo aviso.

—Me gustas.

Mi cuerpo se congeló.

—Siempre lo has hecho, desde el día en que nos conocimos. —continuó. Esta vez su mano libre viajó hasta mi cadera, la yema de sus fríos
dedos trazaron líneas en mi abdomen por debajo de la tela. Pero estaba demasiado atónito para prestarle demasiada atención a sus caricias.

Cientos de preguntas repetidas una y otra vez con persistencia me asaltaron la mente en ese instante y me hicieron comprender prontamente en la peligrosa situación en la que estaba.

"… He vuelto a Japón, porque te extrañaba."

'No.'

Intenté retorcerme con más fuerza, solo logrando lastimarme más pues él había cerrado su mano con más firmeza; ya no sentía el pulso en las muñecas de tanto luchar. Me sentí de pronto abrumado por la situación, incapaz de reaccionar a tiempo vencido de antemano por su descomunal apretón. Había olvidado lo fuerte que era.

—¡Déjate de bromas! ¡Te dije que me sueltes, mierda!

—¿Broma? Aquí nadie está jugando, Souji.

Su rodilla libre se clavó en mi pelvis sacándome un horrible escalofrió cuando apenas podía moverme, inicio con movimientos circulares contra mi hombría, yo me sacudí con violencia.

Lo peor de todo fue cuando mi estúpido cuerpo le respondía a sus atenciones cuando ni siquiera era mi voluntad. Lo supe cuando sentí un estirón y el calor más abajo de la boca del estomago.

Me irritaba, porque se trataba de mi mejor amigo, Tenía que hacer algo y rápido, y si esto terminaba mal, acabaría con la satisfacción de que al menos presenté pelea.

Cerré la boca rápidamente antes de que la suya se acercara de nuevo en un intento desesperado para que su insistente lengua no rozara la mía, todavía tuve tiempo de cerrar un momento los ojos y desear que esto fuese una pesadilla. Al ver que evitaba a toda costa cualquier contacto con él, me obligó a abrirla apretándome la mandíbula contra los dientes, fue ahí cuando sentí algo cálido entrar sin permiso a mi cavidad y recorrerme con desesperación hasta el último rincón. Fue algo totalmente desagradable.

Estaba paralizado. Yo estaba paralizado.

—¿Acaso no estas disfrutando? —preguntó al ver que no cesaba de retorcerme debajo de él. —¿Sabes? Que no te dejes pisotear por nadie es algo que siempre he envidiado de ti. Pero, mírame a los ojos Souji, yo no te quiero hacer daño, así que por favor...

A pesar de la firmeza de su agarre y la presión de su cuerpo aplastante, encontré una fuerza que me impulsaba a resistir. —¿Qué no quieres hacerme daño? —reí con sorna. —¡No me jodas! ¡Eres un maldito hipócrita! Pretendiendo ser alguien inocente cuando lo que realmente quieres es esto… —bramé endureciendo la voz.

Mi pierna ya estaba entumecida por el peso de la suya y ya no sentía la sangre en mis muñecas. Intenté moverla, no pude lograr nada, moví los brazos para apartarlo, ningún resultado: ¡nada!

Como cuando éramos niños mis comentarios nunca lo sacaron de sus casillas, al igual que ahora. E ignorando mi reclamación continuó subiendo la camiseta. Mi posición no me permitía hacer mucho... Su rodilla se enterró con insistencia en el mismo lugar.

Un estúpido gemido se me escapó sin querer.

Lo escuché bufar, gustoso —Sigues negándote, pero eso no es lo que tu cuerpo me demuestra.

—¡Cierra la maldita boca! —como si eso ya no lo supiera.

A través del pánico y el vértigo alcance a oír algo que me dio una última esperanza, pero tenía que hacerlo rápido; Los ojos de Jun, que antes mostraban lujuria, ahora ardía en el fuego incontrolable de la necesidad. Tenía que salir de allí a cualquier costo y la ocasión de enfrentarme brutalmente a esa alternativa estaba próxima.

—Joven amo. ¿Sucede algo? —se escuchó de nuevo del otro lado de la puerta. La interrupción me impulsó a mirar la puerta cerrada deseando con todas mi fuerzas que se abriera de una maldita vez.

Deslizando los dedos por mi vientre, delineó el contorno de mis músculos.

—¡Para! ¡No me toques!... ¡Te he dicho que…!

Pero no lo hizo.

—¡HIROSE!

Fue ahí cuando detuvo el movimiento. Nunca lo había llamado por su apellido, entonces fue eso lo que activó de nuevo su mente.

—Sé que me prefieres a mí. —comentó acalorado aun encima mío.

—¡¿Preferir?! ¡¿De qué coños hablas?!

—Dime algo… ¿Cuándo te darás cuenta de que te amo? Esto de hacerte el desentendido, ¿lo haces a propósito? ¿Por qué?

Entonces todo el pánico, el miedo y la confusión se mezclaron en un solo lugar, y por alguna extraña razón, aun inentendible para mí, me enfadé. Tenía tanta cólera que llegué al punto de querer gritarle, golpearle e incluso decirle que le odiaba... Pero me lo tragueé y apreté los dientes con tanta fuerza que los escuché chirriar.

Mi cuerpo se calmó tanto que sentí mis muñecas, paré de resistirme. Me relajé cuando debía quitármelo de encima. Y casi al mismo tiempo el también aflojó el agarre, no solo sus manos, también sus piernas; Su rodilla no estaba sobre mi pierna. Escondí el rostro tras mi pelo.

—¿Joven amo? ¿Qué sucede? Escuche un escan…

Y esa era la oportunidad que buscaba.

Mi rodilla se hundió veloz en su estómago, no con mucha fuerza pero si con vigor. Cuando su mano voló hasta mi cuello –mientras la otra se ocupaba por cubrir el área del golpe-, mis dientes le atraparon en medio acto y lo mordí con la suficiente fuerza como para hacer que retrocediera un poco. Fue ahí cuando me lo quité de encima y si pensar en nada más, salí corriendo de allí a toda prisa, como aquella vez que fui descubierto espiando a su madre en la biblioteca de la casa.

—¡Souji!

Correr era todo lo que podía hacer en ese momento.

—¡Nakami-san!

—¡Maldita sea! —gruñí ya lejos.

Me detuve, tomando grandes bocanadas de oxígeno. Necesitaba recuperar fuerzas. La sensación de vértigo volvió a mí revolviéndome el estómago y alterándome el corazón más de lo que ya estaba. Recostándome con desgano en la barandilla que me separaba del rio iluminado por las luces de la ciudad. Levanté la vista, acordándome del lugar enseguida: "Circus" el parque de diversiones que terminó en bancarrota el año pasado. Estaba abandonado, pues para pagarle al estado dejaron aquí todos los juegos mecánicos y es prácticamente una atracción turística, aunque era muy raro que encendieran las luces del lugar.

Giré intentando controlar mi respiración, estaba lo bastante alejado para que me encontrara, aunque dudaba que lo hiciera con lo incomodo que sería si nos viéramos. Sacudí la cabeza intentando suprimir en vano aquellos desagradables recuerdos.

'Maldita sea.'

Piensa en el rio: una, dos, tres, cuatro embarcaciones en el agua.

—¿Souji? —Mi primer impulso fue el de un horrible escalofrió y fui totalmente consciente de que estaba temblando y no por el frio. —¿Estás
bien? —por Dios… no era él.

Me giré para contestarle con la sonrisa más natural:

—Todo está bien.

'Esta todo fatal.'

—Estas pálido. —confirmó Yokozawa-san.

—¿Qué le trae por aquí? —le corté. Lo que menos quería era que me recordaran porque lucia así.

—Lo mismo pregunto yo… Estoy de paso —suspiró al ver que no le respondí—Solo voy a… casa de… mis padres.

Totalmente falso. Lo pensó demasiado, pero eso no me era de incumbencia.

—Ya veo… —recargué el mentón en el tubo de metal. Él se acercó apoyando su cuerpo del frio tubo a mi lado.

Se produjo un silencio incomodo que finamente fue roto por él:

—Si tienes algo que decir, escúpelo.

—¿Disculpa? —mi ojos volaron hasta su rostro, vi como encendía un cigarrillo y expulsaba el humo con aire cansino.

—¿Cuál es el problema? Dudo que esa cara larga sea por alguna estupidez.

'Yokozawa-san… ¿está tratando de ayudarme?'

—Francamente no creo que te importe.

Carraspeó, claramente molesto —Esta no es la empresa. Vamos, tienes diez minutos.

¿Lo decía enserio?

Levanté el rostro, pensando bien como decirle. No desconfiaba de él pero tampoco lo hacía totalmente. Suspiré intentado controlar el gran nudo que tenía en la garganta y en el estómago.

—¿Qué tal si… una persona importante para ti te haya traicionado? —Observé su reacción: Cerró los ojos haciendo una mueca con los labios y aspiró el cigarrillo hasta el final. Medito unos segundos.

—Mmm… —alzó el rostro hacia el cielo estrellado buscando una respuesta adecuada: —No sé qué tan cercana sea esa persona.
Normalmente cuando te hacen ese tipo de cosas, queda un vacío en el pecho bastante desagradable —aspiró con fuerza otra vez antes de continuar —. Es difícil recuperarse de algo así, pero se debe recordar que no todos los que nos rodean son esa clase de personas. Siempre habrá alguien en quien podamos apoyarnos. —el azabache dobló la colilla y la apagó aplastándola con su zapato. —Enfrenta esa persona cuando sepas que decir.

Sonreí sin querer. Más tranquilo.

—Eso no suena a algo que diría el oso salvaje de Marukawa.

—¿Muy cursi?

Reí un poco antes de admitir. —Si… gracias, Yokozawa-san.

—Ah… se me está haciendo tarde, buenas noches —se despidió —. Souji. Cambia esa actitud, no se parece en nada a ti. —gruñó señalándome con su usual cara feroz que usaba en la editorial.

Bajé la cabeza meditando unos segundos acerca de su respuesta —Umm… s-sí.

Miré el reloj plateado en mi muñeca que parecía en ese momento burlarse de mí con el movimiento de la más delgada aguja. No me podía deshacer de el y mucho menos tirarlo en un cajón y olvidarme de todo, creo que aunque no pasamos mucho tiempo juntos, era hora de devolvérselo.

Y tan pronto como el jefe de ventas se fue, comenzó a llover a cantaros. Ya no sabía qué hacer.

Esa noche no pude dormir.

—¡Buen trabajo!

—Eh, sí. Buen trabajo. —susurré distraído a Kisa que salió apresurado con un paraguas en mano.

No había parado de llover desde anoche. Que fastidio. La lluvia es algo de disfrutar para mí, pero este aguacero ya me estaba irritando. La lluvia me recordaba a la conversación con Yokozawa-san de ayer y la maldita conversación a la pesadilla vivida en casa de Jun. Negué con mi cabeza, en forma de aclararme la mente. Como había dicho mi superior, tendré que enfrentarlo cuando sepa exactamente que decir y lo digo porque… hace un par de horas recibí un mensaje de él: "Tenemos que hablar." Pero, por ahora, era mejor no recordar esas cosas.

Recargué todo mi peso suspirante bajo el techado fuera de la empresa, esperando que la lluvia diera tregua aunque sea por unos instantes, refugiándome entre la esquina de concreto y vidrio hasta que divisé en la distorsionada calle –por efecto del agua-, algo que me llamó bastante la atención para ser desapercibido y dejarlo pasar así por así. Y con el mismo nivel de emoción que me causó, me provocó algo extraño… ¿Furia? ¿Envidia? ¿Celos…? Lo vi reírse de algún comentario que había hecho el mangaka, entonces ese fue la gota que derramo el vaso haciéndome rabiar como un perro.

Me importaba poco si me empapaba, era una oportunidad que no iba a echar a perder así que me apresuré a alcanzarles al otro lado del asfalto. Ninguno de los dos se los espero cuando, más que a propósito, mi hombro impactó contra el de Yuu y este contra el cuerpo de Yoshino-sensei, solo para que el efecto dominó provocara que el oji-azul se empampara. La mirada reprochadora en el rostro del asistente no tenía precio y más con su camiseta de cuadros, chaqueta negra y vaqueros grises que lo hacían ver más juvenil, así que le ofrecí una sonrisa juguetona para molestarlo un poco.

Le sorprendió la repentina llegada del editor, comenzaba a pensar que lo que hacía era acoso. Al principio seguía sin creerlo, y continuaba mirándole con su rostro de asesino pidiéndole mudamente que se largara de allí. Había quedado con Chiaki para comprar algunos mangas de edición limitada en un combini cercano, pero jamás pensó que pasando por la empresa se encontraría con ese molesto castaño.

Cuando por fin reaccionó a su sonrisa de playboy perfecta, le tocó aceptar la realidad de que ese chico estaba ahí con ellos, miró a Chiaki como disculpándose por el atrevimiento de otro, que estaba más afuera que dentro del radio que cubría la sombrilla. Por alguna razón ahí también tardó algo en reaccionar, nadie nunca dejo de caminar, estaba bastante cabreado con Souji…

—Buenas noches. Sensei, Yuu-san…

¡Ronroneó su nombre a propósito!

Miró con algo de desprecio al más alto de todos y atrajo más a Chiaki hacia él por el brazo y quitando parte del paraguas que cubría al más joven. Y como Yuu estaba en el medio…

—Estás mojándote, Chiaki —confirmó en un susurro.

—¿Eh? ¿Y me dejaras empaparme? ¡Eso es de muy mala educación! ¿Verdad sensei?

—Yo... E-etto...

—¡A ti nadie te llamó!

Cerró los ojos apenas unos segundos para mantener su compostura frente a su amigo, pero era difícil cuando Souji lo sacaba tanto de quicio, y para cuando los abrió tenía su rostro intencionalmente a centímetros de él.

Intento mantener su faceta ruda. —¿Q-que quieres? —balbuceó debido a la cercanía. Y al ver que solo le mostraba su sonrisa rompe corazones, desvió la mirada con las mejillas teñidas en carmesí y con el corazón desbocado.

Tsk...

Y Chiaki, ajeno a todo como usualmente sucedía, no entendía bien la relación de los dos hombres. Así que solo se limitó a observar en silencio sin meter mucho las narices y más con el comportamiento tan extraño de Yuu desde que el asistente de Takano-san hizo acto de presencia.

—Si no compartes sombrilla me resfriaré. — dijo en tono exigente pero juguetón. Tomando el armazón de la sombrilla y acercándolo hacia él dejando que sensei se mojase casi por completo, no dispuesto por nada del mundo a compartirla con el mangaka.

Ese derecho solo le pertenecía a él y nadie más.

—¡Oi! ¡Basta! — le reclamaba halando un poco la sombrilla, sin obtener ningún resultado a su favor, su mano parecía estar soldada al paraguas. —¿Qué pretendes? — preguntó ceñudo mirando al oji-verde y al tiempo que halaba al incomodo mangaka de la ropa en un vano intento de cubrir solo sus dos cabezas.

—¡No me mires así! Necesito tomar este mismo camino para llegar a casa. Y ya que no tengo un paraguas…

—Lo estás haciendo a propósito… —gruñó amenazante el de los ojos caoba que ahora parecían bailotear en el rojo de la furia que sentía.

—Yoshikawa-san, —cortó Nakami de pronto, con el ceño fruncido como si le estuviera dando una reprimenda a un adolescente: —creí que usted y Hatori-kun tenían una reunión hoy, ¿no debería estar allá? —recalcó acordándose de la llamada que espió sin querer aquella tarde en el departamento Esmeralda.

—Qué casualidad. —murmuró el dibujante con sarcasmo. El nombrar a Hatori le sacó un poco de quicio, y le hizo mirar a Chiaki, esperando una respuesta a eso. Aunque su rabia la proyectaría más tarde en el editor por haberle acordado eso a su amigo.

—¡¿EHHH?! ¡Lo olvidé por completo! —su nerviosismo estaba a flor de piel. Provocando que los otros dos detuvieran su marcha y con la piel totalmente de gallina, Yoshino revisó su celular confirmando varias llamadas perdidas y mensajes poco amables de parte de su editor y amante. Se enfadaría con el editor de antemano porque conocía lo suficientemente a Chiaki para asegurar que elegiría a Hatori por encima de él. —Tori me va a matar... Perdóname Yuu yo... n-no me acordaba, necesito... si no voy...

Justamente como lo predijo.

Nakami tuvo que girar el rostro para que no lo viesen reírse entre dientes del descuido del mangaka. Las risitas se detuvieron cuando vislumbró por el rabillo del ojo la extraña expresión alicaída de Yuu, tenía un aspecto nadie amigable como quien se traga su propio desahogo.

Yanase permaneció unos instantes en silencio. Dio un profundo respiro y relajó su expresión lo suficiente como para disimular su enfado.

Souji se le quedo viendo a Yuu con indiferencia, ¿si tanto le molestaba porque no era directo con sensei y se lo decía ahí mismo? ¿No se supone que Yanase le gustaba el mangaka? ¿Entonces por qué era tan cruel con sí mismo? Idiota masoquista.
Aunque tenía que admitir que si eso sucedía el que estaría enojado seria él.

Al ver que nadie dijo nada el oji-azul prosiguió. —Perdóname, será para la próxima.—Y con una rápida reverencia, sin mirar a su amigo directamente a la cara, se perdió entre la lluvia.

El más alto siguió con la mirada despreciativa a Yoshino-san cuando se percató que el dibujante lo dejaba atrás sin reparo alguno. —Así que solo quedamos tú y yo. — por más que intentara descifrar su humor, no pudo; Yanase cubría su ojos con sus mechones de pelo y tenía una extraña mueca en los labios. Para levantarle el ánimo solo se le ocurrió en ese momento acercarse más hasta que sus hombros se rozaran. Estaba preparado para que le gritara, le dijera cosas horribles o cualquier forma de desahogo hacia su persona.

Eso nunca sucedió.

—Tsk… —bufó el que sostenía el paraguas desviando la mirada. Ya habían pasado de largo por la tienda de comics a la que se suponían que irían él y Yoshino. Ya ni sabía con seguridad a donde se dirigía, solo quería caminar un poco más para calmarse.—¿Por qué ?

Yanase suspiró y siguió su marcha al lado del otro sin mucha gana, con un remolino de extraños pensamientos en su cabeza: Estaba enojado porque Chiaki le había dejado por Hatori una vez más, pero se encontraba extrañamente alterado y nervioso por la presencia de Souji ahí, solo Dios sabía que tramaba el editor. Y por sobre todas las cosas: molesto. Molesto por su estúpido comentario que había provocado la huida del castaño.

—¿Por qué nos interrumpiste? ¡Está lloviendo, trae tu propio paraguas!

—Lo olvidé en casa. ¡En serio no me mires así, no fue a propósito!

El mayor no dijo nada, solo torció los labios.

—¿Qué te pasa? —trato de sacarle en vano unas palabras, aunque fueran pocas. —¿No me vas a decir nada? ¿Ni un vete?, ¿largo?, ¿me molestas?

—Vete al diablo. — gruño mostrando los dientes como un perro enrabiado. "Adorable" fue la palabra que utilizó el de ojos esmeralda para describirlo; terriblemente se podría tomar a Yuu enserio con ese rostro.

—Dicen que si evitas a alguien es porque en realidad te gusta esa persona. —bromeó con su sonrisa felina sin pensar en cómo lo tomaría el castaño.

Aquel comentario lo hizo estremecerse. Enmarañando más el mar de sentimientos en su pecho, alterando su corazón una vez mas y finalmente le hicieron perder la cordura. —¡Cierra la boca! —gritó deteniéndose en medio del asfalto, las escazas personas que estaban por ahí se quedaron mirando la escena y comenzaron a cuchichear cuando Yanase lo tomó por el cuello de la camisa. —¡Me tienes harto! ¡¿Qué quieres de mí?! —rugió desahogando toda su furia en Souji.

El asistente de Takano no se inmutó; su rostro era frio e indiferente. La gotitas de agua que se resbalaban por su rostro y hacían que se pegara el cabello, le daban un toque salvaje a esas crueles joyas verdes que por un segundo parecieron resplandecer. Souji iba a pronunciar palabra cuando el molesto timbre de un mensaje llegó a oídos de los dos. Con vergüenza de ser el centro de atención de los peatones Yuu le soltó no sin antes mirar al suelo en busca de algo interesante para clavarle la mirada.

'Qué situación más incómoda.' pensó Yanase.

Nakami se congeló cuando al llegar a su bandeja de entrada, vio que se trataba de Hirose:

"¿Dónde estás?, fui a la editorial para la cual trabajas. No me voy a dar por vencido con lo nuestro."

Lo que escuchó Yuu fue un gruñido gutural de parte de Souji y sin darle tiempo de decir palabra, lo tomó de la mano con una fuerza casi aplastante y lo arrastró caminando de prisa. Se veía tenso, muy tenso y molesto. No se atrevió a decir mucho… intimidado claro, por aquella actitud dominante.

Miró extrañadísimo lo que el otro hacía. Por alguna razón no quería que le soltara, sin embargo, una pequeña parte en él decía que debía hacerlo. Iba a reclamar, entonces recordó cerrar la boca a no ser que si decía algo inapropiado haría explotar al editor. Se encontró con una expresión nada agradable en la cara del otro, incluso así, quiso intentarlo. —Oye… ¿Q-qué estás... qué estás haciendo? —preguntó, refiriéndose a su mano tomando la suya y la carrera que parecían llevar.

No tenía la más mínima intención de soltarle. —Es mejor que vayamos a otro lugar, no quiero que me vea contigo... —frunció más el ceño. No se lo dijo de una manera ofensiva, sino, protectora, como si temiera por algo. Jun era peligroso cuando le entraban las ganas, y no quería inmiscuir a Yuu en sus asuntos porque el que saldría herido no sería él.

—¿A qué te refieres? —murmuró no muy seguro de nada sin desacelerar el paso.

—Es mejor que no lo sepas... —después de haber visto la actitud de Jun para con Yuu y lo que le había mencionado el día anterior, ni por asomo quería encontrárselo: él no estaba muy lejos de la editorial, de eso estaba seguro… Pero tampoco quería dejar de compartir el poco tiempo que disponía con el dibujante. —Es… algo de lo que no debes preocuparte.

No muy convencido, el castaño siguió en silencio caminando a su lado. Doblaron en la esquina. Por ahora, no quería saberlo, tenía suficientes cosas en su cabeza como para tener que tolerar más.

—¿Shiro? ¡Oh por Dios! ¿Eres tu Shiro?

Fue cuando su acompañante se detuvo de golpe y el agarre de su mano se volvió más fuerte.

¿Shiro? Ese no era su nombre. ¿Por qué le llamaba así?

Souji tomó un profundo respiro antes de poner una buena sonrisa que no convencía del todo a Yanase y se giró, enfrentando al muy relajado interlocutor. La lluvia ceso poco a poco de pronto, hasta detenerse totalmente así que no vio la necesidad de utilizar la sombrilla. La cerró con algo de torpeza pues su mano estaba siendo sostenida por el otro.

—¿Ryouta, cierto? Disculpa, pero ha sido bastante desde que había visto ese espantoso rostro que hasta se me olvido tu nombre.

'Ouch.' Murmuró en su mente el más bajo pasando los ojos nerviosamente de su acompañante a los del otro hombre.

Era un tipo fornido, azabache, y de ojos castaños claros. Lucia demacrado. Se veía casi en los treinta pero aparentaba más edad porque de seguro tenía una adicción al tabaco o a la bebida.

—Esa maldita lengua tuya… ¡Gato insolente! ¿No sabes respetar a tus mayores?

La risa macabra del castaño hizo temblar a Yuu hasta los huesos.—Sinceramente me importa un comino. Hoy en días las ratas están en todos lados, es mejor cuidarse de no toparse con ellas, ¿verdad, Ryouta? —otra sonrisa. Una que realmente daba miedo.

El asistente se espantó con el comentario venenoso del castaño; era como ver a dos animales intentando arremeter contra el otro. ¿Qué estaba haciendo? ¡Ese idiota solo buscara que le dieran una paliza!

—¡Pequeño bastardo…!

Souji se mostraba impasible ante los gritos de aquel hombre.

Oh no, aquí empezaba el espectáculo frente al café y todos estaban mirando justo en ese momento.

—Déjense de estupideces ustedes dos.

Notó que el menor dio un paso hacia atrás.

El elegante joven que se había presentado en casa de Toriumi-sensei tomaba al ebrio por la camisa del abrigo. Ryouta intentó zafarse, el rubio al ver que resistía, se acercó al oído del azabache y dijo algo inentendible para los otros dos. Al retirarse, Yanase se sorprendió al ver al hombre más calmado hasta temeroso y con un chasquido de lengua le dirigió una mirada furtiva al editor volviendo al café de donde supuso que había salido.

Jun dio unos cuando pasos hacia delante.

—Souji, tú y yo tenemos una conversación pendiente.

—No hay nada que discutir. —contestó dándole un tirón de insistencia al dibujante que parecía querer escapar.

Ambiente realmente tenso. El rubio fruncía el ceño y Nakami con cautela apretaba la mandíbula. —Yo… mejor me voy.

—Eso sería…

Yuu ocultó su sonrojo mirando al suelo cuando el más joven lo tomó de la cadera y lo pegó a su lado con recelo. ¡¿Lo hacía a propósito?! —Él se queda conmigo.

Como hubiese querido gritarle un par de cosas poco amables.

—Deja de ser tan terco y vayamos a otra parte.

—Creo haber sido lo suficientemente claro: No iré a ningún lado contigo. Y si eres tan amable, deja de acosarme, Yuu-san y yo tenemos cosas que hacer. —Su primer impulso fue el de abrir los ojos como platos ¿Cosas que hacer? ¿De qué estaba hablando? ¡¿Por qué su mente maquinaba solo suciedades de esa clase?! Y al parecer su amigo ricachón también se lo había tomado de otra manera. Souji relajó su expresión antes de agregar: —No quiero tener nada que ver con alguien que no entiende a la primera.

Y eso fue como un puñal en el corazón de Yuu, recordándole como había sido todo ese tiempo con Chiaki ¿Así se sentía? ¿Tan molesto era? ¿Un estorbo?

—¿Tú me odias?

—No te odio. Odio lo que me hiciste.

Hirose quiso decir alguna indirecta desafiante al asistente de mangaka antes de marcharse por educación a los comensales del lugar, pero las pupilas retadoras de su amigo acallaron cualquier intento de comunicación. Lleno de envidia, apretó la mandíbula y se dispuso a caminar hacia donde lo esperaba su chofer con un auto ya en marcha.

—Vámonos de aquí. —murmuró Yuu decaído.

Souji clavó la orbes en el joven ¿Acaso él había dicho algo malo?

Así como había cesado la lluvia, habían cesado las palabras entre los dos.

No había pasado mucho tiempo para que su silencio comenzara a preocuparme, ya habíamos dejado atrás el café hace unos buenos minutos y no mostraba interés alguno en comentar algo. Realmente no me importaba a donde nos dirigiésemos, mi jornada de trabajo ya había acabado y me imagino que él no tenía nada que hacer por un buen rato. Sin darle pista alguna lo guíe hasta un pequeño bar que conocía.

Me imagino que tanto como a mí, le sentaría bien un poco de alcohol.

No se dio cuenta de donde estábamos sino hasta que una joven nos ofreció la bienvenida y nos buscó una mesa, lo supe porque se sobresaltó cuando nos detuvimos frente al establecimiento y la señorita nos esperaba sonriente. No había muchas personas, eso me gustaba.
El lugar no era muy grade, pero era bastante cómodo; una larga barra, un par de televisores en las paredes, lámparas de poca iluminación, una que otra planta, aire acondicionado y lo mejor; el escaparate estaba lo suficientemente oscuro para que las personas no miraran desde afuera. No fue mucho problema hacer que aceptara sentarse conmigo a beber un poco, al parecer lo necesitaba.

Después de ordenar un par de cervezas, comencé la conversación.

—¿Tanto te molesto que me deshiciera de sensei? —inquirí.

Se puso a observar a otros comensales con esa expresión de disgusto en su rostro para no contestarme.

—Lo siento. —comencé. —Pero no me gusta que te pases tanto tiempo con él.

Yanase bufó en gracia.

—¿Qué sabes tú?

'Ah, al fin.'

Entonces sonreí con sinceridad, y eso fue solo porque le había logrado sacar unas cuantas palabras.

—Puede que menos que tú. Pero estoy seguro que el sentimiento es mutuo.

La señorita nos dio a cada uno una jarra hasta el tope.

Alzó una ceja antes de atreverse a hablar de nuevo. —¿Yo? ¿Contigo? ¡Já! —Yuu le dio un trago desesperado a su bebida como quien no quiere la cosa.

Recargué mi barbilla en una mano y saboreando la fría cerveza con calma. —Sip. Tu expresión cuando le dije "aquello" fue bastante dulce. ¿No te da buena espina, cierto?

—Y-yo nunca dije eso.

—Es fácil darse cuenta, no es necesario que lo digas para saberlo.

—Bien… Ah, ¿qué es eso en tus manos?, ¿tienes mascotas? — preguntó señalando con el dedo índice las finas y largas rayas rojas dibujadas a lo largo de ambas manos que se perdían debajo de mi jersey púrpura. Las siguió con los ojos apretándolos un poco. ¿Qué estaba pensando?

—¿Esto? No tengo. Fue un gato curioso que se coló a la editorial hace poco. —dije con cierta añoranza en la voz poniendo el dorso de la mano frente a mi rostro contemplando las múltiples heridas como si hubiese sido hace siglos. —Hatori-kun me comentó que lo adoptó una pequeña familia de su edificio.

Yanase bajo la cabeza cerrando el puño sobre el asa de su jarra. —¿Quieres por favor no mencionar a Hatori de nuevo?

Yo apenas le vi de reojo.

—Yo digo que te aferras tanto a él por qué temes perderlo. Tienes esperanza en el corazón cuando la razón ya descarto aquella posibilidad con Yoshino-san.—intentó protestar y logré frenarlo cuando lo miré directamente a los ojos. —Si realmente quieres a alguien, lo único que quieres para esa persona es su felicidad, incluso si tú no se la puedes dar. ¿Verdad, Yuu-san?

Sus grandes ojos caobas me miraban desconcertados.

—Te sabes mi nombre no mi historia. No tengo porque estar escuchando tus sermones.

Di un trago a la cerveza que ya comenzaba a calentarse. El solo esperaba atento a mi respuesta, dispuesto a presentar pelea. —Cuando era pequeño otros niños más grades que yo me golpeaban, entonces conocí a Jun. Él me salvo.

—¿Q-que tiene que ver eso con lo que estamos discutiendo?

—Tiene mucho que ver, porque por miedo al rechazo rechacé a todos primero y por miedo a ser herido, fingí que me gustaba estar solo. Entonces, eso no nos hace muy diferentes, ¿no es eso lo que estás haciendo justo ahora? Rechazas a las personas por miedo a que te vuelvan a lastimar. Justo como hizo Yoshino-san, ¿o acaso me equivoco? —revelé mirándolo de soslayo sin despegar la jarra de mis labios.

—No te atrevas a jugar con los sentimientos de las personas, y mucho menos con los míos.

—Yo nunca intenté jugar contigo. — mi voz era fría y mi semblante era inexpresivamente sombrío, ¿no era más que obvio que lo decía con total seriedad? Sus labios, ligeramente entreabiertos y la sorpresa en sus ojos me confirmaron que me creyó. —Deberías aprender. Haz lo mismo que yo.

—¿Y qué haces? —susurró con fingida curiosidad en la voz.

—No espero mucho. A veces tienes que aceptar el hecho de que ciertas cosas nunca van a volver a ser como eran antes.

Una ligera risa escapó de la boca de Yanase Yuu:

—Cuando se está roto es muy difícil volver a confiar en alguien. —¿lo decía por mí? Mis labios se entreabrieron al ver como sus ojos eran cubiertos por un líquido cristalino. Él quería llorar. Y apenas darse cuenta de que lo observaba con inquietud se secó con el dorso de la mano distrayéndose bebiendo a largos y lentos tragos. —¿Por qué me dices todo esto?

Yo sonreí con ternura: —Porque se lo que se siente no tener a nadie.

Deje el recipiente a la mitad sobre la mesa, un suspiro por su parte me hizo reaccionar y analizar por todo lo que Yuu-san ha atravesado. Es verdad que no se mucho acerca de él, y que me estaba involucrando demasiado, y a pesar de los malos ratos y las discusiones matrimoniales entre los dos sé que existía algo que no me dejaba separarme totalmente de él. Lo miré directamente a los ojos. Por más que lo evadiera, por más que lo hería –las cuales no eran mis intenciones-, y por más que le recordara que Yoshino-san no sería nunca suyo. Algo me ataba.

—Tengo miedo de verte con alguien más. —Y sin darme cuenta, me confesé.

XxxX

Aclaraciones:

Pinches sentimientos :'(…. Bueno, primero que nada Feliz año y fiestas, primer capi del 2014 wiii! *confetti* Emm, no me maten estaba en exámenes y en vacaciones usaba muy poco la pc, pero bueno aquí estamos con el capi 7 y quiero dejar en claro que por más que me tarde en actualizar NO voy a abandonar este fic (Al menos que me suicide con una cuchara, claro está XD)
Al fin descubrieron la otra cara de la moneda con Jun, ¡Bum! Les había dicho que este tenía más acción, es uno de los capis más cortos pero es el que más contenido disfrutable para el paladar tiene: Celos, celos, casi violaciones, Yokozawa es todo un amor, más celos y posesividad. No falta mucho para que Souji se dé cuenta de que esta de cabeza por Yuu-chan. Pero ustedes dirán "¡¿Que carajos?! ¿Qué pasara con Jun y Sou? Y bla bla bla" bueno en el próximo capi les prometo más acción e intriga ewe . Souji es todo una bola de furia cuando ve a Chiaki y a Yuu juntos es una de las cosas que más disfruté escribir. Bueno no se queden ahí y cuéntenme que les pareció. Y no se olviden de agregarme en FB como Rose Thane FF net… (Pobre Sou, casi me lo violan u.u..)

*Les entrega a las que comentaron sus respectivos Nakamis usando solo delantal*

¡Hasta la próxima y comenten bitchis!