Disclaimer: Sekai-ichi Hatsukoi y sus personajes les pertenece a sus respectivos autores, este fic es sin fines de lucro, lo hago solo por diversión. Nakami Souji y otros personajes que NO salen en el anime ni en el manga si son de mi propiedad.

gato blanco de la mala suerte.-

Cap 8: "HEAD VS. HEART"

¿Cuántos días habrán pasado después de aquello? ¿Dos, tres? Porque yo no tengo ni la más mínima idea. Solo sé que desde ese día las cosas han estado tensas entre nosotros. No lo culpo. Solo a mí se me ocurre saltarle con tal disparate en ese momento, fue algo sin sentido. No estaba mintiendo en ese momento cuando dije aquello, aunque pensándolo bien, no me arrepiento de nada; pensé en voz alta. Y para colmo de males, no era el momento indicado y su reacción no fue la más… apropiada, podría decirse.

Suspiré con pesadez. Escuché que alguien me llamaba pero le resté importancia.

Él no dijo nada al instante, sus ojos estaban tan abiertos como platos y me miraban como si fuera la reencarnación de un muerto. Recuerdo muy bien que ofreció una torpe disculpa y se esfumó como alma que lleva el diablo dejándome con la palabra en la boca.

Con esta situación, se puede algunas veces entender el amor.

No pasó mucho tiempo para que volviera a escuchar mi nombre, cada vez con más irritante insistencia.

Me veo a mi mismo caminando bajo la lluvia y me doy cuenta de que mi camino no se termina y podría estar caminando por siempre, las voces de mi cabeza solo logran confundirme mucho más... Por siempre, a menos que le diera un fin definitivo. La verdadera pregunta sería ¿Cómo darle fin?

—¡Souji, presta atención!

—Qué. ¿Qué? ¡¿Qué?! —gruñí. Estaba más que claro que rabiaba por haber cortado el hilo de mis pensamientos. Le dediqué una mirada desafiante a Takano por varios segundos.

—Tu otra mangaka tiene un buen rato esperándote en la línea. ¡Vuelve a la tierra, mocoso!

Mascullando una sarta de maldiciones entre dientes y con más de una mirada clavándome en el rostro por mi reacción agresiva levanté el teléfono sin mucho interés.

—¿Si?

¡Ah! Etto… ¿Nakami-san? Yamamoto-sensei le habla… Le telefoneé para saber si es correcto que…

Tamborileé los dedos sobre mi laptop que descansaba cerrada sobre el amplio escritorio. Ni siquiera presté la suficiente atención a la charla de sensei, que al ser mucho mayor que yo y ser editada por mí, -alguien de la edad de sensei me consideraría como un "niño"-, me hablaba con inseguridades y nerviosismo.

Y de nuevo me perdí en su áspera voz.

...

—¿Yanase Yuu? — su cuerpo se congeló al ser nombrado tan repentinamente. Estaba seguro que hace pocos segundos estaba totalmente solo, cruzando la calle para llegar donde Chiaki a enfrentarse con la presión de su manga en la fecha límite de entrega.

—Soy yo, ¿pasa algo? —refunfuñó sin voltearse.

El hombre tardó segundos en retomar la conversación por lo que se giró sobre sus pasos y levantó la vista.

La interrupción de su jornada laboral se vió interrumpida y la voz vagamente familiar lo hizo mirar con detenimiento al hombre que con aires de elegancia y grandeza lo observaba con el rictus serio y un ligero arrugamiento de la nariz. Sufrió un sobresalto al reconocerlo como aquel "amigo" de Nakami Souji, porque, la verdad no estaba seguro de la relación que guardaba con el chico del grupo Esmeralda.

Su lengua se pegó del paladar, impidiéndole hablar; realmente no quería pasar ni un segundo con ese rubio odioso, lo hacía sentir bastante inseguro.

—Quiero hablar con usted. Venga conmigo. — ordenó con voz segura sin esperarlo.

Por un momento sus pies se pegaron al suelo negándose a obedecer lo que mandaba su cerebro. Le daba curiosidad lo que tenía para decirle, y si quería saber quién era Nakami Souji, más valía buscar respuestas… Además, Chiaki podía esperar un poco. Jun volteó unos instantes con una ceja enarcada a la espera de que el dibujante estuviese pisándole los talones, solo necesitó un gesto con los ojos y Yanase estaba detrás de él.

Con cautela y guardando distancia le hizo caso. No había mucha gente en las calles, lo cual les facilitó la caminata hasta llegar a un café cercano, el trayecto fue lo más estrictamente silencioso en todo el sentido de la palabra –ni siquiera escuchaba los lustrosos zapatos del hombre haciendo algún sonido contra el asfalto,- no es que tuviera muchas ganas de romper el hielo, sino era mejor esperar y escuchar lo que tenía el otro para decirle.

No había casi nadie dentro así que era perfecto.

—¿Bebe café? ¿Sí? Dos cafés, por favor. —la maid asintió y se fue con la orden.

Ni si quiera le dio tiempo para responder.

El ambarino bajo el menú y se acomodó acercándose a la mesa con los dedos entrelazados como si le fuese a contar sobre el secreto más preciado de la tierra.

—No me gusta andar con rodeos así que seré directo: quiero que se aleje de Souji.

Dos cafés, tan oscuros como la conversación, fueron colocados al frente de cada uno. El tipo le dio una sonrisa a forma de agradecimiento a la chica, todo para que se fuera.

—¿Huh?

Jun levantó una ceja, mostrando un poco los dientes. —¿Acaso no fui lo suficientemente claro? Corte cualquier tipo de comunicación con él, para siempre. —"Hirose Jun. Grupo Hirose" eso decía en la elegante tarjeta de presentación que le ofreció al pasarla por la fría superficie. Estaba su número telefónico y todos esos contactos requeridos.

El rostro de Yuu se comprimió en una mueca de disgusto mientras el otro le daba un sorbo a su café.

El oji-caoba bajo la cabeza. —Creo que se está equivocando.

—El que está equivocado aquí es usted. — Yanase levantó la vista de golpe con los ojos realmente abiertos. —¿Quién es para que Souji se fijara de inmediato en usted? Él nunca había sido así con nadie. ¿Qué le hizo? Yanase Yuu, estas en mi camino. Deje de revolotear alrededor de él como alma sin culpa. Detenga los juegos, porque no voy a aceptar que le haga daño cuando le venga en gana y menos alguien como… un simple asistente de mangaka. Cuando considero algo como un tumor, lo extirpo desde la raíz… Y usted, Yanase Yuu es un tumor muy grande.

—¡Yo nunca…!

¿Un simple asistente de mangaka? ¿Quién carajos era este tipo?

—No hay nadie, mejor para él que no sea yo. — interrumpió de golpe alzando la voz. —Así que, le agradecería que se hiciese a un lado. Y le pido que deje de creer que nada ocurre, porque él seguirá sonriendo sin importar lo herido que este.

¿Qué tenía Yanase Yuu que desconectaba a su mejor amigo del mundo real? Nakami siempre había sido frio, indiferente y sarcástico, pero cuando estaba con el dibujante, su actitud cambiaba totalmente y podía percibir un brillo en sus ojos que le era difícil de adivinar. Recordaba cuando aún iban a la escuela. Cada uno llegó a tener varias novias, aunque por respeto al oji-verde, Jun terminaba con ellas al poco tiempo de aceptar. Ni siquiera con las chicas que Souji había salido por todos los años que llevaba conociéndolo lo veía tan… "a gusto" con alguien.

—Esta conversación se terminó, Yanase Yuu. Creo que dejé todo en claro. —murmuró dando largos tragos a su taza aún humeante. Él ni siquiera le había puesto un dedo a la asa.

—Yo... —las palabras no le salían adecuadamente, su cabeza estaba hecha un embrollo y el corazón se le apretujó contra el pecho en una horrible sensación de vacío. ¿Por qué? ¿Porque de pronto se sentía tan sofocado?

Tenía miedo.

—Renuncie. — Yuu abrió los ojos como platos por un momento. —No será problema encontrarle trabajo con otra mangaka... Pero si no es eso lo que le preocupa, le aseguro que tendrá mejores condiciones de trabajo y un aumento. —murmuró con el envase de porcelana entre sus labios. Jun lo observaba por el rabillo del ojo, ante cualquier reacción que delatara la tentación sobre aquella propuesta. En cambio Yanase evitaba penetrarlo con su mirada asesina casi rojiza, apretaba los puños debajo de la mesa, tenía una extraña mueca en los labios y su ceño decía que le dedicaba más atención a sus pensamientos que al propio anfitrión. —Puedo pagar la cantidad que desee.

Sus nudillos los comenzaba a sentir blancos de la rabia, la sola imagen de lo que le presentaba como un gran chance le daba nauseas. ¿Quién demonios se creía ese maldito niñato?

No tuvo ni la más mínima intención de contenerse:

El castaño estampó ambas manos con furia sobre la mesa, levantándose de golpe haciendo temblar la taza y su contenido. La furia que bullía en su cabeza no le permitía hablar con calma.

—¡Usted está malentendiendo todo! ¿Yo? ¿Interesado en alguien como él? ¡No me jodas! ¡La verdad es que no lo soporto...! —Algo en él se removió con dolor. ¿Que no lo soportaba? Era cierto que Souji era fastidioso y bastante latoso, ¿pero de verdad le desagradaba tanto? —Y por sobre todo, no soy del estereotipo que se vende de esa manera... —gruñó arrastrando cada palabra con resentimiento y desagrado. Toda la maldita situación le provocaba nauseas. No podía permanecer ni un segundo más con aquel tipo.

Con brusquedad se abrió paso hacia la puerta. Su única salida. No tuvo compasión ni aminoró la marcha hasta la puerta de vidrio que lo despedía con el letrero de "cerrado" y más panfletos coloridos. Sus músculos estaban totalmente tensados y se mordía la lengua para no soltar una palabrota poco amable.

Respiró contando hasta diez para calmar su furia.

"Considere la oferta" fue lo único que oyó antes de desaparecer de la vista del rico.

Lo único capaz de apaciguar su estado físico fue la caminata de regreso a casa. El viento gélido le dio de lleno en el rostro recordándole como mantenerse firme, pero en su cabeza todo era totalmente diferente. Ya le había mandado un mensaje a Chiaki a modo de disculpa, nunca le había fallado excepto en ese momento, muchas veces tarde pero siempre ahí para él. Sabía por adelantado que si asistía solo los retrasaría por no poder concentrarse y todo por culpa del joven de joyas esmeraldas.

Yuu dejó que el agua tibia se deslizara por su cuerpo, aflojando músculos, calmando esa ansiedad que lo agobiaba, como si quisiera recordarle lo que había sucedido momentos antes.

'Vamos, tranquilízate'.

¿Por qué no conseguía aplacar ese sentimiento?

Sus orbes ambarinas eran crueles y avariciosas. Aun sentía ese escalofrió en el pecho cuando recordaba el tono autoritario de su voz exigiendo respuestas y declarando su amor por el editor con tal indiferencia y seguridad. Ese hombre iba en serio y él estaba justamente en el medio.

Como si fuese la cosa más natural del mundo.

Era como tener la voz de su conciencia en carne y hueso torturándole: no debía ceder ante los encantos de Nakami Souji.

...

Atrapado. Atrapado, acorralado, sin salida... igual que un ratón. Analicé bien mis posibilidades: ¿derecha o izquierda, adelante o atrás? En cualquiera de los casos estaría perdido. Fruncí el ceño, desesperado y alcé la vista encontrándome con la impecable sonrisa de Kanade Mino que parecía burlarse de mi posición. Dolía. Y mucho. El movimiento que hizo con la ayuda de su mano me dejaba en clara desventaja. Solté un corto suspiro buscando ayuda con los ojos, pero no la encontré. Seguía observándome el arriba y yo abajo. Era la primera vez que lo veía despedir tanta confianza en sí mismo y en lo que hacía, todo un puto experto. No parecía que se fuera a detener, y eso fue lo peor...

Mino era bastante bueno en esto.

—Mino-san... —rogué en un quejido.

—¿Qué pasa? ¿Tienes miedo? Y eso que... me estoy conteniendo. — lo escuché reírse.

Como odiaba... perder.

—Vete al diablo, ganaste. —confirmé al mover mi último peón en pie hacia delante.

—Jaque Mate. —dijo arrastrando las palabras como restregándome en la cara su victoria y derribó mi pieza.

Hatori que estaba de pie observando mi derrota con cara de póker, se pasó el dedo índice por el cuello con una expresión lúgubre de muerte. Suerte que Takano no estaba cerca, estaba en el departamento de ventas junto a Onodera, que en muchas ocasiones se ponía de agua fiestas. Y Hatori, bueno, Hatori estaba a cargo claro, pero al estar de buen humor nos dejaba hacer lo que queríamos y participaba paulatinamente en nuestros ociosos momentos.

—Ya se, ya se. No sirvo en el ajedrez y Mino el rey... ¿Alguien más osa desafiar al gran as de ajedrez?

—¡Yo quiero jugar! —dijo Kisa entusiasmado. A lo que yo me levanté del asiento de Hatori.

—Dile a Mino que se contenga, no tendrá misericordia sobre tu pobre alma si no lo haces. —le aconsejé al azabache en el oído colocando una mano de por medio para que Kanade no oyera. Pero a pesar de mis advertencias Kisa solo me lanzó una sonrisa cómplice y su infantil alma deseaba comenzar con ansias.

El asunto de sensei ya lo resolví, me tocaba ir a su casa mañana. Y los demás, ya habían entregado los manuscritos, con excepción de Tori, que a mi parecer se lo tomaba con calma. Encontramos espacio para poner el tablero que Mino escondía en uno de los casilleros del departamento, todo en medio del horrible desastre.

No habían pasado ni cinco minutos y Kisa Shouta ya se lamentaba de haber perdido.

Creo que no existe alma en la tierra que pueda ganarle a Mino Kanade en el ajedrez.

El teléfono de Hatori timbró con insistentica. Estiré el brazo y se lo pasé.

—Departamento de... —alguien lo interrumpió detrás de la línea. —¡¿Qué?! ¡¿Yanase nunca llegó?! La verdad es que no le he visto por aquí... Intentare comu... ¿Tampoco contesta? Si, ya voy para allá. —declaró estampando el aparato contra la base. Todos lo miramos con extrañeza. Hatori tomó su saco y maletín. Se fue con prisa antes de decir:

—Souji. Dile a Takano-san que ocurrió una emergencia de último momento. Es importante que nos compre más tiempo y estas a cargo.

—Si... —susurré confundido.

¿Qué habría pasado? ¿Que Yuu-san nunca había llegado?

Fruncí el ceño.

Esto no me gustaba para nada.

...

Ya era de noche cuando decidí volver a casa después de calmar la bramante furia de mi jefe por el descuido de Hatori y su mangaka. Lidiar con ese tipo de personas no era fácil, pero ya estaba más que acostumbrado así que me daba igual. Había decidido no tomar el tren por si en el camino me encontraba con Yuu-san, si no asistió a Yoshikawa era porque algo había ocurrido, y no creo que haya sido algo bueno. Desistí de llamarlo al quinto timbrazo de la primera llamada, si no le contestaba a los demás dudaba que me contestara por simplemente tratarse de mí.

Guardé el móvil sin muchas ganas en uno de los bolsillos del maletín y solo me dediqué a caminar por un rato entre la oscuridad, mirando sin disimulo alguno a todas partes, buscando encontrarme con las irises casi rojizas por las calles poco iluminadas. Tengo que admitir que me desvié unas cuantas veces con la esperanza de hallarlo. Tampoco iba a ser lo suficientemente exagerado para empezar a llamarle a gritos o como si de un perrito se tratase; "Yuu-chan, Yuu-chan... Ven aquí muchacho"

Sonreí inconscientemente. No. Para nada.

Los arboles cercanos mecieron sus hojas tiernas con gracia por culpa del viento, y al mismo tiempo la suave brisa trajo consigo la lluvia. Y para mi hermosa mala suerte no tenía ni paraguas ni de donde resguardarme de la repentina lluvia, aunque eso no era lo que me intrigaba en ese momento. Forcé la vista un poco, deteniéndome cuando creí ver la silueta de una persona adulta recargada del muro de un gran edificio color ladrillo que separaba lo privado del asfalto, creo que se trataba de un instituto o algo por el estilo.

Volví a enfocar la vista a no ser que la noche me estuviera haciendo una jugarreta.

—¿Soy tan fácil de olvidar?

Reconocí la voz de inmediato y caminó hacia a mí con aire amargo.

—¿Qué quieres? —solté con cierto recelo.

Se detuvo bajo la luz del farol. Se dio cuenta de que quería guardar distancias y no avanzó más.

—¿Que qué quiero? No contestas mis llamadas, ignoras mis mensajes, y nunca atiendes a la puerta. ¿Acaso me odias?

Su pelo comenzaba a pegársele a rostro al igual que su ropa a causa del aguacero, apuesto que a mí me pasaba lo mismo pues sentía un molesto cosquilleo en la cara pero no le di mucha importancia, estaba más concentrado en lo apartarle la mirada de sus penetrantes ojos. A medida que hablaba, más cauteloso estaba yo.

—Esa sería una muy buena solución.

Lo juré ver boquiabierto aunque fuese por un segundo. El endureció la mirada. Me di la vuelta acomodándome el bolso -que por suerte era algo resistente al agua,- dispuesto a irme. No me dejó ni dar el primer paso cuando gritó con bramante furia:

—¡¿Lo dices por él, cierto?! ¡Era demasiado evidente que estuvieras tan raro todo este tiempo! ¡¿Dónde está el maldito egoísta, y sarcástico Nakami Souji que conozco?! —la desesperación se le notaba a leguas en el tinte de su voz, no parecía él mismo, ni siquiera parecía un adulto. —¡Oi, te estoy hablando idiota!

Cerré los ojos tomando un hondo respiro.

—Cuando dijiste aquella vez, "sé que me prefieres a mi"... ¿de qué exactamente estabas hablando? —dije sin girarme.

—Te estás haciendo el desentendido de nuevo... —murmuró burlonamente.

—Contesta.

Tardó unos segundos, como si no se terminara de creer lo que le exigía —¿Crees que no me he dado cuenta? ¡Andas como perro faldero detrás de ese tipo! ¿Por qué no puedo ser suficiente para ti?

—Jun. —siseé a forma de reproche. Pero el rubio no se detuvo.

La lluvia se hacía cada vez más fuerte, parecía que la naturaleza lo hacía a propósito solo para opacar nuestras voces. —¿Un asistente de mangaka? ¡Por Dios! ¿No te das cuenta de que solo es un maldito hipócrita? Te aseguro que es el tipo de persona que estaría con cualquiera.

—¡Cállate! —controlado totalmente por la cólera, me abalancé sobre él, mi portafolio salió despedido por el brusco movimiento. Poco me importaba ya que se tratara de mi amigo. Cerré un puño sobre su mandíbula. —¡Nunca te atrevas a hablar tan a la ligera! ¿Que podrías saber tú? ¡Ni siquiera lo conoces! —lo oí quejarse. Retrocediendo un poco, alzó la vista. —¡Di algo maldición! —grité al tiempo que alzaba un puño por sobre mi cabeza, casi temblando por la oleada de rabia y furia, y, de un fuerte puñetazo, lo tiré al suelo, vi sangre en su comisura bajar a su barbilla antes de continuar golpeándolo. —¡Tienes las suficientes agallas para decir que te gusto, pero ni siquiera piensas como me voy a sentir al respecto! —estaba encima de él, agarrando el cuello de su camisa para que me mirara a los ojos, lo golpee dos, tres. Tres veces más.

Detuvo con una mano mi puño a centímetros de su rostro. —¡¿Desde cuándo te importa tanto?!

—¡...! —paré instintivamente ante aquella confesión, estupefacto. Sinceramente no sabía si lo que decía era una realidad... ¿Que desde cuando me importaba tanto? Un gancho derecho se atinó en mi pómulo haciéndome caer sentado, y, antes de que pudiese abrir los ojos por completo, tenía a Jun sobre mí.

—¡"Aléjate de mí, no te involucres conmigo, yo no soy tu amigo..."! ¿¡Sabes lo que me costó sacarte esas palabras... lo jodidamente herido que estabas!? —apenas pude ver que sus ojos estaban brillando y voz estaba entrecortada. Antes de que las gotas de lluvia me cayeran en los ojos, sentí otro punzante dolor en la mandíbula— ¿¡Por qué un completo extraño puede hacerte cambiar en un segundo y yo no!? ¡No sabes ni que mierdas estás haciendo! —otra vez su puño se cernió en mi rostro.

Jun era realmente fuerte. La parte donde me golpeo se me acalambro, a pesar del horrible dolor de los golpes, no me detuve. Él tampoco lo hizo.

—¡Hirose...! —esta vez fui yo quien reaccionó antes de que el próximo golpe llegara a su destino. Uno de mis puños le dio certero en el estómago, haciéndolo retroceder varios pasos fuera de la luz del farol que era el testigo de nuestras acciones. Cayó de rodillas, demasiado aturdido como para ponerse en pie de inmediato. Lo vi apretar la mandíbula sangrante, frunció el ceño y aflojó la expresión extrañado.

Me levanté jadeante, con la bilis en la garganta de tanta rabia y tensión acumulada por nuestra situación en todos estos días, estaba totalmente consciente de que estaba fuera de mi mismo. Pero antes de que diese siquiera un paso, algo me tomó de la cintura evitándome moverme. Me estaba arrastrando hacia atrás, obligándome a retirarme. Quise avanzar, pero la persona que me sujetaba apretó el agarre con más fuerza, enredando sus brazos alrededor de mí como una soga y tiró una vez hacia atrás.

Si no me soltaba de inmediato, iba a ser también víctima de mi enfado.

Sin importar que el ruido que provocaba la pesada lluvia ahogara los sonidos, escuché algo inentendible mezclados con varios "¡detenta ya!".

Me giré, relajando los músculos y suavizando mi cuerpo tenso, la sorpresa me la llevé al ver a Yuu sostenerme con tanta determinación a pesar de que fácilmente podía derribarlo en cualquier momento.

Sus ojos relampaguearon en una súplica muda, pero a la misma vez una mirada regañadora.

—¡Tú...! —siseó Jun con la respiración entrecortada poniéndose de pie. Por impulso retomé mi posición, dispuesto a atacarlo de nuevo ante cualquier movimiento. Y realmente lo iba a moler a golpes si se atrevía a siquiera tocarle un solo cabello a Yuu-san. Él pareció notar que el jaleo continuaría así que me arrastró unos cuantos pasos hacia atrás.

Hirose quiso avanzar. Fue detenido a medio camino. —¡Ustedes dos! ¡Hey, hey! ¡Tranquilo muchacho! —un hombre fornido de pelo negro y ojos oscuros tomó sus brazos por detrás.

Jun forcejeó un poco. Pero a pesar de tener la capacidad de poder zafarse con facilidad, no lo hizo, porque sabía que tenía un perfil que mantener y ya había metido la pata una vez. Nunca en mi vida lo había visto así —¡Te volviste así porque nunca me diste la oportunidad! —agregó alzando la voz.

—¡Kamijou! —gritó el hombre que había aparecido del interior del recinto, cuando me vio todas las intenciones de volver a lanzarme contra mi amigo. Otro hombre, posiblemente menos corpulento que el primero corrió hacia mí y me sujetó los hombros, por un segundo escudriñé con la mirada al joven sujeto; su pelo era castaño y sus ojos chocolate.

Palidecí de rabia. —No... ¡Nada de esto hubiese sucedido...! —arrastrado por la furia de mis propias palabras, perdí toda compostura restante y grité a todo pulmón: —¡SI DESDE UN MALDITO PRINCIPIO ME HUBIERAS LLAMADO SHIRO!

Esta última declaración impulsó a Jun a abrir los ojos para volver a contemplarme por una última vez. Después de ver sus labios entre abiertos, observándome mientras yo me recuperaba tomando bocanadas de aire. Se relajó totalmente, deshaciéndose del agarre del hombre -y puedo suponer que era un profesor por su vestimenta de camisa y corbata- sin ningún motivo agresivo hacia él o de volver a arremeter contra mí.

—Entiendo.

Susurró una disculpa a los señores y sin mirarme se perdió bajo la lluvia de primavera. Confirmé que eran profesores luego de buscar con los ojos la placa en los muros "Universidad Mitsuhashi."

Kamijou me soltó no sin antes darme una advertencia, algo así como que no me fuera tras él a matarnos de nuevo. Sin embargo, Yuu no me soltó, solo varios minutos después de que Jun se fuera.

...

La puerta cedió a la primera cuando inserté la llave. Me hice a un lado haciendo ademan con la mano, el dibujante miró tímido el interior antes de musitar un "con permiso" y dejar los zapatos en el genkan. Aún estaba alterado, Yuu lo sabía y evitaba cruzar palabra conmigo. Cerré la puerta masajeándome las sienes, ahogando un quejido por la paliza recibida.

—Te traeré una toalla enseguida. —murmuré sacando a prisa la portátil, el celular y los fajos de hojas que por poco y se arruinaban. Dejé todo sobre la mesita de la sala y me apresuré por las toallas.

No me había dado cuenta de que tenía la cabeza gacha todo este tiempo hasta que le coloqué el lienzo sobre la cabeza y al ver que tardó unos pocos segundos en reaccionar, la froté contra su cabeza en un torpe intento de secarle el cabello con una sola mano.

—¡Yo puedo solo...! G-gracias —dijo arrebatándome la toalla. Se me quedó mirando unos segundos antes de apartar la mirada.

—¿Qué tanto escuchaste?

Volvió a levantar la vista con semblante apenado. —Casi todo, solo actué como si no lo hice.

Hice una mueca con los labios, como desearía que no hubiera presenciado esa escena.

—Por cierto, —comencé, invitándole a pasar. —¿cómo me encontraste?

—No lo hice. Estaba dirigiéndome a comprar materiales de dibujo cuando me refugié por la lluvia y... b-bueno, escuché tu voz y te vi. ¿Q-que estabas tú haciendo que terminaron en todo ese caos?

—Buscándote. —sus mejillas se tiñeron de un suave rosado. —Escuché en la editorial que no fuiste a trabajar donde Yoshino-sensei así que me desvié esperando encontrarte. Aunque la verdad no me esperaba ver a Jun esta noche... Ni muchas otras. —pensé en voz alta.

—¡Ah! Es cierto, debo irme. Los demás deben de estar trabajando duro sin mí. —no evité dejar de fruncir el ceño, notó que me molestaba.

—Es casi media noche, estas todo mojado, no llegarás a tiempo para tomar un tren y no permitiré que tomes un taxi.

—¡Debo irme, es trabajo!

El aire fresco que entraba por el balcón hizo tiritar su cuerpo.

—¿Por qué te pusiste nervioso cuando mencioné a Jun? ¿Ves? No paras de sobresaltarte.

—No me sobresalto. Agradezco tus atenciones, pero ya debería irme.

—No. —lo tomé de la muñeca, dirigiéndome al baño. Le di varios empujoncitos para hacerlo entrar. —Ahí están las toallas limpias. Iré a buscar algo de ropa para ti.

—¡Oye...! ¿Es realmente necesario? —bloqueé la puerta con mi cuerpo alzando una ceja con aire de superioridad cuando intentó escapar.

Como otras tantas veces durante nuestras discusiones, mis razonamientos vencieron la resistencia de Yuu. Sin embargo, asumió otra refutación a modo de defensa hacia su posición como última alternativa:

—¿Acaso pretendes que pase la noche aquí? —preguntó, con deje de nerviosismo.

Esperaba una negativa de parte mía para no tener una razón por la cual quedarse. —Sí. Es posible —sonreí sin pensar la respuesta dos veces.

—Tengo cosas que hace... —fue interrumpido por un estornudo repentino.

—Ah, ¿ves? Ya te vas a resfriar. —sin darle tiempo a quejarse le di varios empujoncitos tomándolo por los hombros para que retrocediera, permaneció un rato inmóvil en silencio como analizando sus opciones, con la vista pegada al suelo; resignadamente aceptó y cerré la puerta. Dejé mi mano asida en el manubrio para asegurarme de que no intentara escapar y después de varios segundos, alcé la voz: —La izquierda es la del agua caliente... —lo escuché soltar un pesado suspiro y me fui de ahí para darle espacio.

Arrastrando los pies, sin reparar mucho en el desastre de agua que dejaba tras de mí, fui al balcón sin cerrar la puerta de vidrio tras de mí. Cerré los ojos unos segundos aspirando el inconfundible olor a lluvia y a ciudad, escuchando como aminoraba de poco a poco aquel aguacero. Hacia frio, pero gracias al tejado que tenía sobre mi cabeza no era posible mojarme, aun así, enfoqué la vista admirando las luces de la vecindad.

Me quedé solo, entregado a mis pensamientos, no muy seguro de interpretar lo que me sucedía pero oscuramente consciente de que "algo" muy importante me pasaba. ¿Era algo que podía dejar pasar? ¿Ignorar esto que sentía y continuar como si nada?

'Maldita ironía.'

Me pasé los dedos entre mi cabello mojado hacia atrás, reí un poco sintiendo mis mejillas calentarse.

Era un estúpido, un idiota... Por simplemente, no haberme dado cuenta antes. Yuu era importante para mí, ya no tenía ningún sentido seguir negándolo. La idea de perderlo por alguien más me torturaba. Hasta Jun lo había dicho; algo en mi había cambiado. Pero, incluso en cuestiones del amor, estar con las chicas la primera vez no es totalmente disfrutable... entonces, ¿cómo sería con un hombre? ¿Más placentero? ¿Doloroso? ¿Cómo se sentiría?

Negué varias veces con la cabeza para alejar esos pensamientos, me estaba yendo un poco lejos.

Yo era un caso diferente... Desde un principio heterosexual. Desconocedor de la anatomía de otro ser masculino. ¿Qué iba a hacer? ¿Qué podía hacer con esto que sentía en el pecho?

El sabor amargo de la inseguridad hizo acto de presencia en un instante.

Me quemaba. Me quemaba vivo y ya no quería, no, más bien, no podía resistirme. Tomé una decisión, me importaba poco si me iba al infierno por esto, ya no quería ignorar lo que me estaba ocurriendo. Una sensación de vértigo me revolvió el estómago y alteró los latidos de mi corazón.

Alcé la vista cuando escuché el manubrio del baño abrirse sin darme cuenta hasta ese punto, de que estaba temblando a causa de la baja temperatura. ¿Cuánto tiempo había estado divagando en mis pensamientos?

Finalmente, lo reconocí por mí mismo: estaba enamorado de él.

...

¿Por dónde carajos empezar? ¿Debía primero darle las gracias por poder darme un techo donde pasar la noche, o simplemente inventar cualquier estúpido pretexto para irme? La primera opción ni siquiera estaba lo mínimamente cerca de lo que yo planeaba hacer -tengo mis razones,- y la segunda era bastante tentadora, pero habían dos pequeños inconvenientes; prácticamente me había amenazado muy a su manera para que me quedase y... bueno, a parte del molesto silencio entre nosotros, era, la verdad, agradable estar ahí por más extraño que sonase viniendo de alguien como yo.

Me dio un cambio de ropa; se trataba de una vieja camiseta azul claro con el rostro de un pequeño panda con bigote a un lado y unos pantalones negros de algodón, aparte del par de calcetines que me había proporcionado para asegurarse de que yo no cayera enfermo. Cabe decir que el cambio de ropa me quedaba grande al ser Nakami más alto y un poco más esbelto que yo.

Lo oí soltar un corto suspiro y regresé al pie del sillón donde mi esperaba aseado, con un cambio de pijamas limpias y una mirada de curiosa malcriadeza. Era un imbécil, eso había que aclararlo desde un principio, pero no podía negar que el hecho que era una persona atenta. Hizo una extraña mueca cuando coloqué el pequeño botiquín de primeros auxilios frente a él. Me dio bastante trabajo encontrarlo, el mocoso se negaba a decirme donde estaba solo para evitar curarle las heridas que ya comenzaban a convertirse en moretones bastante visibles. Su pijama era un pantalón verde apagado y un suéter crema de tela fina.

Recogió las piernas extendidas para hacerme espacio para poder comenzar. Me senté comenzando por su herida en la comisura de su labio; era una cortada pequeña, pero se podía infectar fácilmente. Gruñí al ver que no me daba la cara. Tomé su mentón para obligarlo a mirarme en un arrebato de brusquedad, la pequeña toalla en su cabello mojado dio un brinco, lo escuché quejarse.

—Perdón.

Él no dijo nada.

Tomé la solución antiséptica, y confirmando la fecha de vencimiento, mojé un algodón colocándolo sobre la herida.

—Arde.

—Sopórtalo un momento.

Se removió. Esperé que hiciera un comentario irritante o algo para molestarme. Nunca lo hizo y asumí que no estaba de ánimos luego de la pelea entre... su amigo o lo que sea que sea y él. Dejé el algodón sobre un plato que traje para desechar las cosas y continúe examinando las heridas restantes. Escarbé en el botiquín, tomando una pomada, revisé que era para los golpes.

—Gracias por permitirme quedarme y... perdona si ocasiono molestias. — me recriminé interiormente por haber dicho aquello, me puse todo un manojo de nervios cuando levantó la vista a mitad de mi corto dialogo; me perdí un momento en su mirada cuando se dignó a mirarme directamente a los ojos, Las irises esmeralda tenían un brillo peculiar cuando se encontraron con la mías, no era aquel brillo de siempre: el juguetón y seductor, no. Este era algo totalmente diferente, podía percibirlo cuando sus ojos pasaban de una mirada de asombro a una de que expresaban aburrimiento. Apreté la mandíbula concentrándome en mi tarea, cerré la pomada, buscando torpemente la gasa adhesiva.

Y yo que en la mañana había dicho que no lo soportaba. Que mentiroso.

Me estaba mirando. Podía sentir sus ojos clavándome el rostro analizando cada movimiento que hacía.

Intenté evitar el contacto visual lo más que podía, era como ser asechado por un animal que está apunto de devorarte. Sin mucho preámbulo, quité el adhesivo cubriendo los moretones de su cara; en total eran dos moretones y un corte en la comisura izquierda de sus labios. Me recriminé mentalmente por quedármele viendo los labios un segundo, espero que no lo haya notado. Guardando los utensilios y poniéndome de pie para devolver el botiquín, lo descubrí tosiendo.

—No debiste tomarte la molestia. Gracias. —dijo con la cabeza gacha al volver y recogí las piernas sobre el sillón, el me daba la espalda y eso lograba tranquilizarme un poco. Quise preguntarle muchas cosas. Cosas distintas, obtener respuestas. Saber más de él. Por curiosidad, claro. No éramos tan cercanos para tener una confianza establecida, ¿pero de verdad estaría mal saber un poco más? Pero tenía que hallar la manera de iniciar una conversación normal y persuadirlo para que respondiera a todas mis preguntas.

Si iba a pasar la noche en su apartamento en contra de mi voluntad, era mejor aprovechar la oportunidad.

Se me ocurrió una manera de entablarla, algo que jamás me había atrevido a hacer. Justo como hizo él en el momento en que llegamos, coloqué mis manos en su cabeza y froté con timidez la tela contra su cabello castaño rojizo. Ante la sorpresa que se llevó, solo atinó a mirarme de reojo por el hombro cuando vio que estaba más que avergonzado de hacer ese tipo de estupideces, volvió la vista hacia el frente soltando una risita.

—¿Qué haces?

—¿Por qué se pelearon? Parecían muy unidos.

La sonrisa de su rostro se borró. Metí la pata. Bien hecho Yuu.

—Estaba celoso. Y yo no estaba de acuerdo. —había que darle un aplauso, fue directo al grano y me asombré de que fuera tan sincero.

—¿Celoso?, ¿de qué podía estar celoso una persona que al parecer lo tiene todo? Tch.

Hizo una extraña mueca con los labios; una sonrisa de hastío y se perdió en algún punto entre la cocina y el pasillo de la residencia.

—Tanto tú como yo vimos por primera vez al verdadero Jun. Déjame contarte una historia, es posible que no la conozcas. 'Hace mucho tiempo, un pequeño gato perdió a su familia. Solo tenía a su hermanita. Un perro muy amable, los acogió y los trató como si fueran sus propios hijos. El perro era dueño de un Dojo. Pero al pequeño gato lo maltrataban los alumnos y le decían cosas horribles. Varias cosas sucedieron y no volvieron a molestarlo. Fue ahí cuando conoció a la serpiente, con el tiempo, la serpiente y el gato se volvieron inseparables. Pero después de varios años de amistad, la serpiente desapareció. Y el gato se quedó solo otra vez. —hizo una corta pausa, en lo que yo estaba ensimismado en aquella historia infantil. —Un día, después de muchísimo tiempo, la serpiente regresó de la nada y le hizo cosas al gato que le resultaron desagradables, exigiéndole al gato escoger. ¿De quién crees que es la culpa?

Pero yo ya conocía esa historia: la situación tenía sus similitudes con lo que estaba pasando entre Chiaki y yo.

Su relato no daba muchas pistas de cómo se conocieron ni que sucedió, aunque no me animaba indagar en ese tema. No quería saber nada que tuviera que ver con Hirose Jun. Mi perspectiva de aquel hombre fue de mal en peor.

—De la serpiente. ¿Por qué un gato? ¿Y que hay con los demás personajes?

—Es solo una figura retórica... Más bien, una ironía. Con los otros personajes he improvisado.

—¿Una ironía? —indagué. Una corazonada me indicó que tenía que ver mucho con lo que yo intentaba descubrir.

Levantó la vista. —Shiro.

Mientras decía estas palabras, tenía la vaga sensación de haberlas escuchado en otra ocasión.

—Blanco.

—Cuando era niño, me metía en problemas. Los que me molestaban me apodaron de ese modo y me comparaban con un gato. Entonces me preguntaba... ¿Por qué me llaman de esa manera? ¿Por qué me dicen Shiro? Ahora caigo en cuenta de que todo fue mi culpa. Yo mismo me lo busqué. Mierda. —lo vi sonreír sin resentimientos con cierta nostalgia.

La voz del empresario llegó a mi cabeza: "él seguirá sonriendo sin importar lo herido que este."

Y así era, su sonrisa hacia las personas que no eran cercanas, era, a primera vista, una amistosa actitud, pero en realidad era una máscara: Souji guardaba un fuerte sentimiento de indiferencia hacia los que lo rodeaban. Difícilmente se notaba, pero estaba ahí, lo podía ver en esos hipnotizantes ojos esmeralda, casi felinos. Todo este tiempo llevaba una máscara. Una máscara que en ese segundo tan lejano y a la vez tan infinito caía a pedazos frente a mí.

Detuve el movimiento de mis manos.

Me preguntaba si era la primera vez que contaba este tipo de cosas tan abiertamente a alguien. Sentí pena y culpa a la vez. Yo mismo trazo mis planes, construyo mis metas y escribo mi vida. Pero todo se me derrumba frente a mis ojos, se desmorona. El único que estaba ahí para tenderme una mano era él, se preocupaba en serio y justo en ese momento fue que lo noté. Y lo peor de todo es...

Que no me desagrada.

Apreté los ojos, retomando la conversación y mi labor como una persona normal que intenta reflejar sus nervios en una toalla.

—Espera un segundo, ¿celoso de quién?

Me miró, parpadeando un par de veces como si esperaba que yo ya supiese la respuesta.

—De ti, por supuesto.

—¿Qué? ¡¿Como que "por supuesto"?! —exclamé confuso. Estiré el cuello para ver la expresión en su rostro. Por sobre su hombro vi su semblante cambiar en un segundo. Se cubrió la boca con una mano para no reírse.

—Creí que ya te habías dado cuenta.

Enarqué una ceja, con fervientes deseos de ahorcarlo. El chico apenas se giró para verme. Detuve lo que estaba haciendo después de retomar la toalla inconscientemente, sintiéndome como un estúpido, hacía rato que no caía ni una solo gota de su cabellera. Pero la verdad es que estaba orgulloso de mi mismo por no acabar con el pie equivocado y por fin tener una conversación normal.

¿Por eso Hirose Jun se había empeñado en hacerme cambiar de parecer queriéndome renunciar de mangaka mas reciente? ¿Por celos? La verdad es que cualquiera que oyera eso le sonaría un poco ridículo.

La sala se sumió en un total silencio que reinó por varios segundos.

Apoyó la cabeza en el mueble mirando hacia arriba, su cabello rozaba mis rodillas. —¿Y qué me dices de ti? ¿Algo ha pasado ente Yoshino-san y tú?

¿Acaso esperaba que fuera tan abierto como él? Bueno… se lo merecía, más bien, se lo debía. Pero no me era cómodo, ni fácil hablar de mi vida personal con alguien, nunca lo fue. "Ojo por ojo, diente por diente" dicen por ahí… Lo pensé varios instantes. A lo que yo creí que se había aburrido de esperar, me encontré con su rostro expectante observándome con sus parches y la mancha rojiza de la medicina desde la misma posición.

Como otras de la cientos de veces, alguien habló en mi lugar cuando ni siquiera tenía deseos de expresarme delante del chico. Y no pude detener mi lengua.

—No mucho. Tengo una situación desesperanzada con alguien el cual no tengo una oportunidad.

Suspiré sin analizar bien lo que había escapado de mis labios. Me distraje por un momento con la luz de la luna que se colaba por entre las cortinas descorridas del balcón.

—Yuu-san… yo nunca te haría daño —murmuré pensando en voz alta, lo sentí distante.

—¿Eh? ¿Perdona, dijiste algo?

—No es nada. —contesté levantándome del tatami y estirando los brazos a la vez sin darle la espalda.

Lo vi hacer un puchero, frunciendo la frente en signo de desaprobación.

—Si vas a decir algo dilo, sino, mejor quédate callado. —quería reír; su rostro y esas pijamas le quitaban bastantes años de encima. Parecía un niño que perdió el argumento contra su padre.

El chocolate caliente se había enfriado hace bastante tiempo por culpa la búsqueda del estúpido botiquín.

—Te ves tan lindo.

—C-cállate. Soy un hombre y los hombres no son lindos.

Puse los ojos en blanco para no reírme. Lo vi durante un largo rato, pensando que había sido lo que me había atraído de él. Estaba tan perdido en mi propio mundo que lo vi retomar la conversación, sus labios se movían pero yo ya no escuchaba nada; mi cuerpo no respondía a lo que mi cabeza gritaba, actué por puro instinto.

Apoyé una rodilla en el otro extremo del sillón, me acerque más de lo que una persona consideraría cómodo y tomándolo por un hombro lo tumbé sin brusquedad pero con la suficiente fuerza para que no pusiera resistencia, de manera que yo quedé encima de Yuu-san. Mi mano aun la tenía aferrada en su hombro para asegurarme que no intentara escapar y la otra estaba aprisionando su muñeca restante por delante de nuestras cabezas. Me miró perplejo y tardó milésimas de segundo para reaccionar. Ya no pensaba con claridad, solo quería una cosa y no iba a hacer lo que hizo mi mejor amigo conmigo; me sentiría como un desgraciado si Yuu-san pasara por ese tipo de experiencias conmigo o cualquiera en contra de su voluntad.

—¡O-oi! ¿Q-que estás haciendo? —su rostro estaba totalmente rojo y solo me provocó hacerle una jugarreta.

—¿Alguna vez lo has hecho con un hombre? —susurré estando a pocos centímetro de su cara. Yanase apretó la mandíbula frunciendo el ceño. Me acordé de lo que nos había metido en tanto en embrollo, eso de que se había acostado conmigo cuando estaba ebrio, así que dije: —Estando consciente, claro.

—¡¿Q-que estás diciendo?! ¡Déjame ir! —su tono de enfado me dijo que ya era suficiente, más si continuaba solo acabaríamos discutiendo.

Me alejé un poco y solté su muñeca, mi mano aún estaba firme sobre su hombro, era ahora o nunca. Tenía un amargo rictus entre la confusión y la cólera, pero se esfumó al instante al ver que no me movía, escuché por unos segundos su respiración y abrí la boca para hablar:

—Yuu-san, hay algo que tengo que decirte y quiero que por favor me escuches… La verdad es que…

Un estrepitoso sonido me frenó y maldije el día en que inventaron los malditos celulares. Recuerdo haber perforado con la mirada el celular de Yuu deseando hacerlo explotar por su insolencia hacia el único momento que pedía paz. Yanase se revolvió debajo de mí, estiró un brazo y dándole a un botón se pegó el aparato al oído, contestó.

—¿Qué quieres Hat…? ¿Cómo dices? ¡Lo sé, lo sé! Estaba buscando los materia… ¡Cierra la boca, ya entendí! —del otro lado solo se escuchaban zumbidos de una voz grave que a lo mejor estaría gritando. Las muecas de los labios del dibujante pasaron de desagrado hasta el coraje, volvió a decir unos comentarios poco amables antes de decir "voy para allá" y colgar. Me senté a su lado totalmente cabreado, no quería reflejar mi malhumor en él, pero ese "voy para allá" me había tumbado todos los ánimos.

—Lo siento, pero se ha presentado una emergencia con el manuscrito y debo irme. Gracias por tus atenciones. —balbuceó con prisa, recogiendo sus cosas.

Se había dado cuenta de que estaba enterado que se dirigía a donde Yoshino-san, lo supe porque no me miraba directamente a los ojos. Yo no dije nada, no intenté detenerlo aunque quisiera: nuestros lazos no nos ataban tanto como para tener el derecho de hacerlo. El sonido de la puerta abrirse y cerrarse llegó a mis oídos. Me quedé solo, con el zumbido del silencio reinando en la sala. Había tomado dos decisiones esa noche:

La primera, haría lo que fuese necesario para tener a Yuu-san a mi lado. Y la segunda, me vengaría de Hatori y era una venganza que saborearía de por vida.

XxxX

Bitches i'm here, ¿me extrañaron? Espero que sí, porque yo si extrañaba publicar. Debo confesar que este fue uno de los capítulos que más trabajo me dio por todos los pensamientos, los sentimientos y todo ese tipo de cosas fluffly (actualizo hoy bajo amenaza de alguien)… Bueno no se me pueden quejar, no quedo exageradamente largo, pero cumple y Souji ya se dió cuenta de sus sentimientos / Yuu está interesado en el editor pero no le ha pasado por la cabeza que sea un interés romántico U.U, pobre Tori, Sou lo va a acribillar… Y, y, cuéntenme, ¿Qué les pareció la aparición de Miyagi y Hiroki en este capítulo como defensores de la paz pública XD? Ya conocieron al verdadero Jun y sus planes malévolos de cortar relaciones JA JA JAAA (supuesta risa malvada) ¿Y la escena del ajedrez, eh? ¡Mentes pervertidas, im so ashamed of you! ¿Verdad que los engañé? ¿Eh, eh,eh ehhh?

Chicas/os (creo que hay por ahí e3e7) espero sus comentarios y nos vemos cuando la inspiración me ataque, no me tardare, espero. Gracias por apoyarme y el que me comente tiene un premio sorpresa (BOB) fuck, que sucia XDD, bye-bye! ;*