Como bien dije recién, seguiría al prólogo para no dejar todo tan... Escaso, con el primer capítulo, que prácticamente corresponde al primer episodio de Saint Seiya Omega, advierto que los capítulos suelen ser largos, trato de colocar escenas de acción y diálogos de manera que no aburre por completo. Lamentablemente, en este capítulo no añadí mayores diferencias que nuevos diálogos y unas escenas ligeramente diferentes. Espero que lo disfruten y más aún, recibir una crítica que sin duda ayudará a mejorar.
Capítulo uno
La leyenda de los Santos
El Santuario de Athena, lugar donde la diosa reside, el Santuario está compuesto por 12 templos, que representan a los 12 signos zodiacales que giran en la órbita solar. Y un templo final, donde se encuentran los aposentos de Saori Kido, la Athena de la última era hecha humana. Allí descansa plácidamente, incauta del peligro que acechaba.
Se encontraba en una salas similar a un jardín, rodeada de estructuras con apariencia griega, que se elevaban majestuosamente como dando la entrada al templo de la diosa. Sentada en un escalón, posaba sus radiantes ojos verdes en un niño, en una pequeña criatura, no podía tener más de un año, de tez blanquecina, ojos color café, y un corto cabello rojizo con cierto tono oscuro, vestido con un entero verde agua.
Saori, Athena, miraba cándidamente al niño jugar, intentando pararse aunque sin éxito, pero persistente, lo intenta nuevamente, esta vez lo consigue, poco a poco, prueba dar su primer paso, mientras Saori, enternecida, se le acerca, acomodándose su extenso vestido blanco, y luego agachándose, esperando a que se le acercase caminando, el pequeño intentó apresurarse, y por su apuro se tropezó y cayó con la cara plantada entre las suaves manos de la diosa. Él la mira, como si de su madre se tratase, mientras ella le responde con una hermosa sonrisa.
De pronto, algo en el aire empezó a sentirlo extraño, la respiración, casi por reflejo, empezó a agitársele, revoleó los ojos de un lado hacia otro, esperando encontrar la fuente de dicho presentimiento. Al no hallar respuesta alguna, empezó a temer, tomó a la criatura entre sus brazos, se irguió, cambió su dulce expresión a una seria y desafiante. El viento empezó a sentirlo más tenso, sus mechas violáceas empezaban a levantarse, a arremolinarse, definitivamente algo grande se acercaba.
Y finalmente, dijo presente, la luna que iluminaba la noche del jardín, desapareció, su blanca luz se apagó unos segundos, y al instante fue reemplazada por una rojiza, agresiva, entre las correntadas se sentía chispazos de tensión. En el cielo, un destello rojo, sobrepasando a todas las estrellas cercanas, el brillo se tornaba más y más intenso, de manera increíble, básicamente irreal, una gigantesca esfera, de proporciones colosales, y de un rojo impactante, se le notaban algunas anomalías en su superficie, como cráteres, no había duda… Marte.
En el aire, frente a la diosa, una gran flama oscura se manifestó, y de ella provino una imponente voz.
- Athena… – Dijo, al tiempo que las llamas se desvanecían, y en su lugar, una figura de aspecto humanoide se presentaba, parecía como una armadura negra de proporciones muy grandes, cubierta por una extensa capa roja. En la zona del torso y la cintura la armadura no estaba, sino que un extraño fenómeno unía todas las partes, se veía similar a un vistazo al universo contenido en una porción de energía. Su cabeza era un casco negro que lo recubría por completo, adornado con una suerte de antenas amarillentas que sobresalían, y a en la punta del casco, una llama aparentemente inextinguible ardía.
- ¡Mars…! – Dijo Saori, agresiva. – No te permitiré que siquiera…
- No me permitirás, eh, pues qué interesante, siendo que solo intentar enfrentarme te produciría la muerte. – La cortó, confiado.
- Mi vida… Sería un precio mínimo comparado con la vida, el amor, la libertad de los humanos que tú pretendes arrebatar.
- ¡Ha! ¡No empezarás de nuevo con tu estúpido discurso sobre los milagros de los humanos! Debo de ser sincero, Athena, ya me repugnas… - Con un tono despectivo, alzó su mano, la cerró un poco, y una gran lanza de energía rojiza apareció. - ¡Muere, muere junto al Santuario! – Se dispuso a lanzarla, pero antes que saliera de sus palmas, la lanza fue atrapada entre una cadena dorada, que la oprimió hasta destruirla.
- ¡Te lo repetiré de nuevo, Mars, no perteneces aquí, deja a los humanos en paz! – Vociferó la diosa, con potencia, ella fue la autora de dichas cadenas, pero ahora se encontraba arrodillada sobre sí, jadeando como si le hubiese requerido una excesiva energía. Una rara mancha se pronunciaba sobre su hombro, poseía colores oscuros, y parecía atrapar a la diosa más y más.
- ¡Me hartaste, Athena! – Exclamó con furia, usando su mano libre, partió las esposas de la otra, y se preparó para lanzar un ataque con el puño, sin embargo…
Algo impactó antes del movimiento del denominado Mars, una mano, se interpuso entre él y Saori con el bebé, un brazo revestido con un manto dorado.
Se conoce de un guerrero que nunca abandonará a la diosa, sin importar qué, ni cuando, ni cómo, en todas las eras conocidas, siempre existió el legendario Santo de Pegaso, que arriesgaría todo por Athena. Allí estaba nuevamente, el Pegaso de esta era, Seiya, protegiendo a Saori de Mars, y de todo…
- ¡S-Seiya…! – Dijo el portentoso sujeto, sorprendido.
- ¡Seiya, gracias al Cielo…! – Aliviada ahora, Saori.
Un aire de solemnidad se dibujaba alrededor del Santo, quien ahora vestía la Cloth de Oro de Sagitario, cuyas magníficas alas resaltaban de la mayoría de la vestimenta, y que pusieron los ojos del pequeño niño en vilo, maravillado por Seiya, ese hombre de alborotado cabello y ojos café, de expresión serena.
- Mars… - Fue todo lo que dijo.
- Seiya, tú, ¿cómo? – Inquirió, pasmado por lo que veía frente a él.
- … Mars, tu oscuridad podrá arrebatarme los ojos, los brazos, mis piernas, e incluso mi corazón, pero jamás arrebatará mi Cosmos. – Respondió, muy calmado.
- ¡Haha, de verdad eres el Santo legendario, eh! ¡No por nada se te llama el "Asesino de dioses"! – Decía en un tono casi jocoso. – Pero… - Se tornó más serio. – Ya no, Seiya, no podrás pecar más.
- No estoy cometiendo pecado alguno, estoy protegiendo la justicia del mundo, por eso lucho por Athena, por eso… Seguiré luchando, arderé, arderé hasta que la llama de mi vida se extinga, y aún así, no dejaré la batalla, por Athena… Por siempre.
- ¡Mereces mi respeto por ser tan valeroso y leal guerrero, Seiya! ¡Pero aquí termina todo!
Mars se abalanzó sobre el hombre lanzando un puñetazo recubierto de una energía rojiza, Seiya chocó contra él pero su energía resplandecía con tonos celestes. Se creó una onda expansiva entre ambos, separaron los nudillos, y comenzaron a lanzarse seguidos golpes, de izquierda a derecha, de abajo y hacia arriba, destellos de energía volaban hacia todos lados, la contienda se mantenía pareja, aunque Seiya empujaba con toda su voluntad para reducir el peligro para Saori.
Hasta que Mars se equivoca, y falla al conectar el puñetazo, Seiya aprovecha para incrustar sus nudillos en la cara de Mars, sin embargo, eso no fue suficiente, su oponente ni se inmutó, le devolvió el golpe en su brazo, partiendo ligeramente la protección dorada que lo vestía. Seiya retrocedió velozmente al tiempo que le lanzaban corrientes eléctricas, las cuales disipa con un aleteo, alejándola de Saori y el niño, quienes seguían perdidos en la magnificencia de Seiya.
- ¡Veamos cuánto puede aguantar tu luz hasta que la despedace! – Amenazó Mars, que volvió a crear la lanza de energía roja que utilizó con anterioridad, no se tomó ningún recaudo en lanzarla a una velocidad inhumana contra su enemigo.
Seiya no dudó, impactó al instante su puño contra la lanza que se desintegró. Mars, no contento con esto, reinició el ataque, reiterando sus violentos lanzamientos, cambiaba la dirección, apuntaba a la cabeza, al pecho, y sin embargo el Pegaso las repelía con veloces movimientos que escapaban a la simple vista, lo único que se podía ver era un rastro de luz que dejaban los puños recubiertos por su Cosmos.
De repente, Mars lo sorprendió, no lanzó en forma directa, sino que apuntó hacia un costado, directo a una columna cercana que colapsó al contacto, se derrumbó precisamente en dirección a donde Saori y el bebé estaban, no pudieron reaccionar a tiempo, mas Seiya, de manera desesperada, despegó los pies del suelo y conectó una rápida patada que convirtió la columna en pequeños escombros, en un instante, aprovechando el impulso del salto, Seiya se posicionó en otra columna cercana, de allí despegó contra su duro oponente, quien ni siquiera tomado por sorpresa, respondió con sus potentes lanzas para repeler al Santo.
Por el impacto, Seiya fue empujado hacia donde se encontraba hace unos momentos, aún así, la protección de su brazo se resquebrajó un poco más, algunos pedazos se le soltaron, y considerando que la situación se tornaba complicada, tomó una rápida decisión, en el tiempo que consideró esto, Mars también estaba listo, desde el suelo hizo brotar, partiéndolo, lanzas similares a las que estaba usando hace un momento, acto seguido, manifestó más en el aire, preparado para atacar.
Seiya hizo lo propio, separó las piernas, y movió los brazos de una manera especial, en efecto, con sus manos dibujaba la constelación de Pegaso, de trece estrellas, una vez finalizó, alzó sus manos y exclamó…
Pegasus Ryuuseiken!
(Estrellas fugaces de Pegaso)
Mars respondió, moviendo las lanzas sincronizadamente en ataque…
Rubellus Scellus Gungnir!
(Gungnir, el Criminal Rojo)
De los puños de Seiya brotaron, fugaces, destellos de energía que se movían velozmente a través del aire, al instante colisionaron con las infinitas lanzas de Mars, las ondas expansivas eran increíblemente intensas. Poco a poco, la fuerza de Seiya cedía mientras Mars empujaba hacia delante, sin embargo, el Pegaso no se rindió, deshizo su técnica, y osadamente se lanzó en medio de las lanzas y reanudó sus "Estrellas fugaces", a pura presión, repitió varias veces lo mismo, hasta estar a una corta distancia de Mars.
- ¡Bravo, Seiya, admiro realmente tu valor como guerrero! Lástima que sirvas al dios erróneo. – Elogió Mars al Santo.
- ¡Ningún dios, ningún error, yo lucho…! ¡Por la Señorita Saori…!
Pegasus Suiseiken!
(Cometa de Pegaso)
Y aquello fue lo último que recuerda, ese valiente hombre que resistía los embates de tan temible enemigo con braveza, cuyas hermosas alas lo elevaban hacia los cielos, mientras su incesante luz brillaba con fuerza…
