Disclaimer: Sekai-ichi Hatsukoi y sus personajes les pertenece a sus respectivos autores, este fic es sin fines de lucro, lo hago solo por diversión. Nakami Souji y otros personajes que NO salen en el anime ni en el manga si son de mi propiedad.

gato blanco de la mala suerte.-

Cap. 9: "EL CORAZÓN ES DÉBIL, PERO LA CARNE LO ES MÁS"

La verdad es que no sabría decir si las cosas malas que me pasan se podrían clasificar como Karma o simples descuidos. La cosa es, que el haberme pasado tanto tiempo bajo la lluvia, mi estado aun delicado, no haberme tomado los medicamentos para mi neumonía cuando Yuu-san curaba de mis heridas, todo eso, si le sumamos que pasé un rato en el balcón expuesto a los fríos vientos mientras alguien tomaba un baño. Y eso nos da como resultado: una hermosa fiebre repentina. Me encanta pensar que se tratan de lecciones de la vida, pero en estos momentos no me encontraba con ánimos para sacar un poco de optimismo de mi sarcástica existencia.

Hice a un lado el termómetro que marcaba los 39 grados y me bajé de la cama con perezosa lentitud. Tuve que apoyarme un momento del colchón, un dolor de cabeza repentino me hizo plantearme la posibilidad de quedarme en cama por el resto de la noche. Arrastrando los pies me puse en marcha y abriendo la puerta de mi habitación con pesar, me dirigí a la cocina. Al abrir la nevera por segunda vez en todo el día, miré dentro con la esperanza de que algún ser mágico con su varita o hechizos recitados la rellenara con comida digna de ingerir. Pero no, prácticamente había solo botellas de agua, un cartón de jugo, bebidas energízantes, condimentos, salsas, y unos dos limones. Genial, moriría de hambre ¡Yupi!

Cerré con desprecio el metálico contenedor y mis ojos volaron por inercia al mueble marrón donde antes de ayer Yuu y yo charlamos. Muy, muy cerca de haberle confesado mis sentimientos y la interrupción de Hatori que había derribado el momento, y hablando de ello ya me he estado planeando varias formas de vengarme, solo había que elegir una. Takano al saberse de mi situación y mas que no soy una persona de estar excusándome para no ir a trabajar, me dio unos pocos días libres. Asumió que me estaba muriendo: nunca he faltado al trabajo, exceptuando aquella vez que tuve que quedarme con él en su casa.

Con respecto a lo de mis sentimientos hacia el asistente de mangaka, había tenido tiempo suficiente para pensar durante estos dos días de soledad y había llegado a conclusiones muy concretas. Ya me había decidido y no había marcha atrás. No soy un hombre de mucho autocontrol cuando se me provoca y había unas cuantas dudas que quería aclarar, solo por si acaso. Era demasiado vergonzoso buscar por mí mismo aunque más o menos ya tenía una idea de cómo sucedía el proceso. Nunca me había llamado la atención ese tema, por eso es que no sabía mucho de ello, lo mío se basaba en suposiciones y cosas que de chico escuchaba de mis compañeros de clase.

Me mordí la lengua tomando el negro aparato que había dejado hace horas en la encimera y marcando un número guardado entre los contactos. Al quinto timbrazo, contestó:

¿Hola? ¿Sou-kun? Es extraño que llames, ¿sucede algo?, ¿te sientes mejor?

—Estoy bien. —mentí. —¿Dónde estás?

En mi casa, ¿por?

—¿Yukina-kun está contigo?

¿Eh? ¡N-no!

—¿Estás seguro? Kisa-san, si alguien escucha o se entera de nuestra conversación te juro que sufrirás un infierno. —aseguré sin perder el tono jovial en mi voz.

¡Estoy totalmente solo, de verdad!

Dudé por un momento de este método, pero la verdad es que sentía muchísima curiosidad. Ya no podía echar para atrás. Llené mis pulmones de aire.

—¿Cómo es que lo haces con un hombre? Digo, Yukina-kun y tú tienen sexo, ¿verdad?

El silencio se hizo presente del otro lado de la línea, miré la pantalla del móvil y vi los segundos de la llamada pasar, por supuesto que no me había cortado, eso sería algo suicida.

—¡Lo pregunto de verdad, contesta Kisa-san!

Kisa-san soltó un gran suspiro, ya sea por los nervios o por el tipo de pregunta. —Sou-kun… ¿P-por qué me preguntas eso?

—Curiosidad.

¿A mitad de la noche, c-como si nada?

—Curiosidad nocturna. ¿Entonces, como lo hacen tú y Yukina?

El azabache dio un poco de trabajo de convencer. Mas era su vergüenza la que no le dejaba hablar tan explícitamente y darme con lujo de detalles aquella información. Habló sobre la persona "x" y la persona "y", que "x" hacia esto y "y" aquello, todo para evitar nombrase a sí mismo y a su pareja. Me lo había supuesto, pero era mejor confirmar a no ser que las reglas hayan cambiado. Kisa-san había sido de mucha ayuda, le tenía confianza pero nunca le dije el verdadero motivo de mi búsqueda, podía imaginármelo todo rojo pasándose la mano por la cara con timidez. Además solo lo tenía a él y también estaba Hatori, pero aparte de que sería muy obvio, sentía cierto rencor por lo que me había hecho hace poco. No era la misma confianza.

Y, como en días anteriores, acabe tocándome.

Sentí frio a pesar de que el abanico de piso estaba apagado y el balcón cerrado por prudencia. Intentando concentrarme en las veloces imágenes que pasaban en la televisión a bajo volumen, me acurruqué en el sillón apretando contra mi pecho un cojín soportando el frio antes de oír el timbre. Era de extrañarse por que no acostumbraba a recibir visitas, deduje que se trataría de alguno de mis vecinos con una petición. Ahogando un quejido de dolor escuché el timbre de nuevo. Era de extrañarse, no acostumbraba a recibir visitas, y los vecinos no solían ir a tu puerta, así que me planteé que se debía tratar de algún visitante que se equivocó de apartamento.

—Voy, voy. — murmuré con voz ronca por abstenerme a hablar en un buen rato, no era del tipo de persona que hablaba solo. Me aclaré la garganta y apagué la televisión con el control remoto levantándome del sillón, deje el remoto sobre la mesa. Masajeándome las sienes por otro dolor de cabeza, sentí mi frente y garganta arder. Ya era bastante molesto tener que procurar tomarme las medicinas para el desgarre y la neumonía… y encima tenía fiebre. Guau, lo que siempre quise para navidad: fiebre. Me acomodé los pantalones de algodón e ignorando las sandalias en el genkan abrí la puerta con los ojos entrecerrados del cansancio. —¡Jee! ¡Pero si es Yuu-san! —dije con más ánimos y una sonrisa ávida en mi rostro, hasta yo me sorprendí de mi reacción.

Yuu estaba en el umbral sin mover un músculo. El nerviosismo se le adivinaba en sus movimientos y el brillo en sus ojos me decía mucho: parecía que se había preparado mentalmente con que decir o hacer antes de presentarse ante a mí, ¿a si de intimidante resultaba ser yo? Se detuvo unos segundos a mirarme el rostro confirmando que no tenía ningún parche, los moretones pasaron a hacer unos amarillentos y aunque mi comisura me dolía un poco, solo hizo falta algo de medicina para que mi labio cicatrizase.

—Compré… compré algo en el camino, ¿puedo pasar? —me hice a un lado con una sonrisa pegada al rostro a lo que el entró al apartamento con algo de velocidad quitándose los zapatos con torpeza, se apresuró a llegar a la cocina y dejó las cosas en la encimera. Con pasos cansinos me dejé caer en el sofá con un profundo suspiro entrelazando mis manos detrás de mi cabeza en los brazos del mueble. Miré al dibujante sacar los comestibles con el ceño fruncido como si no quisiera despegar la vista de ellos para no tener que mirarme, era más que obvio que yo le observaba, y me pareció tierno.

—¿Cómo sabias que estaba en casa?

—Llamaron a sensei de Marukawa para decirnos que "te sentías mal" y no irías, que incluso faltaste a tu reunión con Yamamoto-sensei ayer. Y realmente no creo que exista otro lugar a donde irías… —nuestros ojos se encontraron por unos segundos y desvió la mirada algo incómodo. Se fue a lavar las verduras en el grifo. —P-por eso, al terminar, decidí pasar a ver si estabas vivo.

'Estoy seguro de su casa no queda por este vecindario, sino hace años nos hubiésemos encontrado en las calles de camino al trabajo o algo por el estilo.'

—Dime que no has comido.

Sus ojos impasibles volaron hasta mí y un fuerte gruñido revolvió mi estómago contestándole al asistente haciéndome doler la cabeza al mismo tiempo. —¡Muchaaa! — dije ansioso encogiéndome por el hambre.

—Tomaré los utensilios necesarios.

—Lo que quieras.

—¿Qué me preparará mi hermosa esposa? —su reacción no se hizo esperar; un violento sonrojo azotó su rostro, abrió grande los ojos apretando todos los dientes, escuché alguna cacerola resbalársele de las manos y estrellarse contra el lavabo.

—D-deja de decir tantas estupideces… Cocinaré algo de sukiyaki*, así que intenta dormir. —murmuró cortando los vegetales sin hacer mucho ruido, aún tenía ese adorable tinte rosado en sus mejillas.

—Claro. —dije con un fingido bostezo casi real. Cerré los ojos. ¿Cómo esperaba qué me durmiera así nada más cuando lo tenía a pocos metros delante de mí? Con el tiempo, escuché el sonido del agua, de la estufa, el corte del cuchillo y los olores comenzaron a inundar el lugar. Mi estómago se estrujó de nuevo. Si no estuviera estúpidamente enfermo, estaría aprovechando mejor el tiempo con el asistente en cosas más productivas. Me molesté de sobremanera conmigo mismo, revolviéndome con inconformidad.

Unos pocos minutos más transcurrieron cuando sentí las pisadas de Yuu acercarse y el sonido del platillo sobre la mesa, olía tan jodidamente bien. Me llamó con un "oye" para despertarme, yo tenía el rostro escondido en el espaldar del sillón. Yanase soltó un bufido y se acercó dándome toquecitos con su dedo índice en el hombro cuando lo sentí más cerca de mí, aproveché tomándolo velozmente del brazo y con un fuerte tirón, lo apreté contra mi pecho. Levantó el rostro confundido.

—¿Qué se siente estar encima de mí?

—¡¿Q-qué?! ¡Oi! ¡S-suéltame!

—Si primero te duermes conmigo.

Nuestros rostros estaban tan cerca que su alterada respiración chocaba contra mis labios. Lo aferré más contra mi pecho al ver su carita roja.

—¿Qué? ¡Estás loco, sabía que tu fiebre era muy alta! ¡Te digo que me sueltes!

Tuve que pensarlo varias veces antes de acatar su orden a regañadientes. Se levantó con prisa algo acalorado mirándome con cierto recelo. Yo reí suavemente.

—Yuu-san… —llame como un niño pequeño sentándome despacio en una de las esquinas de sillón. —Estoy cansado y no me concentro: dame de comer.

—¡Hazlo tú mismo!

Apoyé el mentón en el brazo izquierdo del mueble con aire decepcionado. Imité a la perfección la cara de perrito abandonado. —Creo que dormiré. Para mañana la comida estará desperdiciada y moriré de inanición, ¿sabías que no he comido en todo el día? —mi estómago gruñó de nuevo apoyándome en esta contienda.

—¡Pero si serás…! — lo veo cerrar unos segundos los ojos tomando un hondo respiro y componiendo su cara en una mueca que solo me decía que pronto me asesinaría. —¡Bien! Tú ganas. —tomó la bandeja con el caldo y lo puso entre nosotros. Se sentó delante de mí como acostumbraba: con las piernas cruzadas sobre el sofá. —Abre. —ordenó y yo obedecí. Tuve que bajar un poco la cabeza al ser el más bajo que yo. Sentí la primera cucharada como la gloria de Buda, el caldo bajo por mi garganta calentándome por dentro, aparte de que estaba buenísimo, mi paladar y estomago lo agradecieron enormemente.

—Caliente. Pero delicioso. —Una de las comisuras de sus labios se dobló hacia arriba con un rubor por mi último comentario. Hizo caso omiso y sopló la segunda cucharada porque sabía que ya no tenía caso discutir conmigo. Mientras me daba de comer no existió charla, hubo un momento en se quedó viendo mi pecho, donde colgaba mi anillo y sus orbes rojizas achocolatadas me vieron por un segundo, enterneciéndose de mi torpeza por la fiebre, mis ojos estaban adormilados y mis mejillas calientes. Se estaba compadeciendo de mí. Intentaba concentrarme en comer pero era casi imposible.

Yanase Yuu me miraba con ternura.

—¿Tanto te gusta mi cara?

—N-no te hagas ideas estúpidas, maldito fanfarrón… ¿le has dicho a Haruhi que estas enfermo? —entendí porque miraba tanto el anillo. Y me enfadé por un segundo: había dicho el nombre de mi hermana con tanta naturalidad y el mío no la ha mencionado ni una sola vez, salvo en el bar, hace bastante tiempo.

—No. No voy a causarle molestias innecesarias, Haru se atrevería a tomar el primer avión por cualquier tontería.

Después de varios bocados más, dijo:

—Al menos agradece que tienes una hermana que se preocupa por ti.

Negué suavemente con una débil sonrisa.

—Debo agradecer, porque Yuu-san está cuidando de mí. De verdad lo aprecio.

La sorpresa se adivinaba en su rostro, sus mejillas se colorearon.

—Me has alegrado la noche. —sonreí con sinceridad y se ruborizó violentamente.

Terminé por comerme de ultimo las verduras con la panza felizmente llena y Yanase colocó el plato en la mesita antes de ponerse de pie, no dejé que fuera a llevar los trastes a la cocina, tomándolo de la muñeca. Y repliqué en busca de su atención:

—He sudado un poco, así que imagino que como buena persona que eres, me harás el favor de bañarme.

—¡Eso jamás, pervertido!

—¿Eh? ¿Por qué no? Si quieres nos podemos bañar juntos.

—Claro, ¡que no! Tienes manos y piernas, suficientes para hacerlo tú solo. Ya estas bastante grandecito.

Ambos nos quedamos viendo al otro por un instante.

—Por favor.

—No.

—¡Por favor!

—¡No!

Apreté los labios, buscando cualquier excusa sabiendo de antemano que no llegaríamos a ningún lado, pero me encantaba discutir con él por más estúpida que fuese la razón.

—¿Y si me ahogo?

—Te ahogaré yo mismo si sigues con esto, ya he dicho que no. —gruñó acercándose y con la frente arrugada en una señal de enfado —¡Ya vete a bañar! —respondió mirándome fijamente señalando en dirección al baño. Yo miré hacia donde su dedo apuntaba con desencanto.

—¡Pero no quiero hacerlo si no estás tú! Además no tengo las energías suficientes para hacerlo. —le halé de su camiseta roja como niño pequeño haciendo un puchero.

Puso los ojos en blanco. —¡Arrg! Dios mío, eres todo un mimado. —me tomó de la mano levantándome del sillón con delicadeza pero sus pasos se volvieron fastidiosos una vez que estuve de pie arrastrándome con él hasta el baño. Abrió la puerta. —Entra ahí. — exigió señalando la bañera.

Observé la bañera con parpados cansados por un largo rato, desencantado de no estar en óptimas condiciones. Yuu me esperaba con una mirada que exigía una reacción normal de parte mía.

—¿Qué? —cuestionó ante mi semblante aburrido perforándolo con la mirada.

—Desnúdame. —sonó más como una orden que como una petición con un cierta intención sexual.

Se sonrojó un poco, colocando una mano en mi frente. —Ya estas delirando más de la cuenta.

—Quiero darme un baño, pero estoy demasiado cansado para quitarme la ropa. —tenía los ojos cerrados, dispuesto a no escucharme por mucho tiempo.—Yuu-san, ¿me ayudas con esto? —dio un respingo cuando susurré su nombre suplicando con los ojos.

—Vine aquí a ver si no estabas muerto, no a hacer de enfermera. —lo vi dispuesto a irse así que lo abracé por detrás apoyando mi mentón en su cabeza y cerniendo todo el peso de mi cuerpo sobre él. Le fue tan inesperado que no se removió desde el inicio. —¡Hey! ¡Te estas aprovechando más de la cuenta! —me miró de reojo con sus mejillas coloreadas que solo me provocaban besarlas.

—¿Sabes lo lindo que te vez sonrojado? —lo apreté más contra mí. No quería dejarlo ir.

—Cállate. —forcejeó de un lado para otro sin perder el tono de sus mejillas y sin conseguir muchos resultados. Cuando se detuvo, volvió a hablar. —Tsk… ¿No tienes fuerzas para bañarte pero si para acosarme, verdad?

Sonreí al decir: —Son dos cosas totalmente diferentes. —le susurré al oído, después de una corta pausa agregué —Aunque, si puedo sacarte la ropa a ti también y hacer otras cosas…

Se estremeció ante mi tono, deseaba verle bien la cara para ver su reacción, pero solo conseguí que se retorciera de manera fastidiosa. —¡Y-ya suéltame!

De pronto esa frase, ese "suéltame" retumbó en mi mente por varios segundos y las imágenes de lo sucedido en casa de Jun llegaron a mí: era justamente lo que yo le había dicho al rubio, ¿estaba yo haciendo lo mismo que mi hizo mi mejor amigo a Yuu-san? Quería pensar que no, pero recordé todos esos sentimientos y sensaciones de repulsión, no me gustaba para nada. Y pensé que si no me gustaba no debía reflejar mis deseos con Yuu de la misma manera que lo había hecho el otro.

—Perdóname. —dije con una falsa y débil sonrisa. Esperaba que no se notara mucho. Y le dejé ir.

Retrocedió unos pasos guardando distancias. —¿Q-que diablos te pasa? La fiebre te ha freído las neuronas, ¡ya entra la bañera!

Si, ojala fuese la fiebre.

—Sí señor. —coloqué una de mis manos en su cabeza dando toquecitos como si de un animal tierno se tratara, hizo una graciosa y adorable mueca con los labios. Dispuesto a no causarle más molestias tomé cada lado de mi camisa halando hacia arriba sintiendo mis brazos pesar más de la cuenta. ¿Me habré bebido las medicinas para la neumonía?

Yanase miró en otra dirección y se cruzó de brazos mientras Souji hacía el intento de desvestirse. Le vio de reojo para confirmar si en serio se sentía mal o si estaba de broma para al final terminar aprovechándose de él, como solía ocurrir. ¿En serio se sentía tan mal? Dudó un momento, decidiendo si ayudarle o no hacerlo. Souji evitaba mirarle, parecía ensimismado frente a una visión que el solo podía contemplar, lo vio cerrar los ojos a causa de la fatiga. Cuando la prenda le cubría la cabeza se decidió a tomarla por los costados al verlo en apuros y darle el ultimo tirón para develar el perfecto abdomen del más alto, no mentía cuando decía que había sudado un poco; su pecho estaba escarchado de un escaso sudor apenas visible, ósea que lo de la enfermedad y toda la cosa iba realmente en serio. Y se sintió algo apenado por el editor.

—No sabía que estabas tan mal. —susurró desviando la mirada y haciendo la camisa a un lado.

—Yuu-san… —Souji no se esperaba que el mayor aflojara su posición, pero le alegró porque significaba que si se preocupaba por él. Cegado por sus instintos y lo que acababa de hacer el otro, perdió la cordura por un momento, Lo tomó sin previo aviso del mentón, acercándose peligrosamente a sus labios. Pero se detuvo. Se detuvo apenas a escasos milímetros de sus labios, sin atreverse a acariciarlos con los suyos. En su lugar, torció los labios y retrocedió desviando la mirada.

Ignoraba cuál sería su reacción ante aquel contacto.

Tenía que suprimir ese impulso y preservar la cordura por un tiempo más… No, no era un impulso… era necesidad. Pero no era una necesidad que se podía satisfacer con cualquiera, tenía que ser él.

Si no era él…

No podía ser nadie más.

Yuu abrió grandes los ojos y se sonrojó a más no poder. Lo tenía tan cerca, no se lo esperaba. Pero a decir verdad, no le desagradaba en lo absoluto. No lo evitaba, no le discutía, pero aun así estaba perdido entre tantos sentimientos. Con el pulso a mil por hora apenas y pudo soltar un corto suspiro, no de alivio; sino de sorpresa.

Creía que las insinuaciones de Souji se trataban de un puro y simple juego. En ese instante, descubrió lo equivocado que estaba.

La noche anterior, cuando salí del baño, me di cuenta de que había dejado los frascos con las medicinas para mi enfermedad en un lugar visible. Sorprendí a Yuu con uno de los frasquitos y la prescripción con todos los datos en las manos. No hubiera sido algo tan caótico sino fuera porque se lo tomó muy mal; fui agredido verbalmente por alguien cuatro años mayor que yo, con palabras como "maldito descuidado" "idiota" e "irresponsable" me lo merecía, pero Yuu había exagerado un poco, recordé lo que era un padre por diez minutos. Tuve que prácticamente rogarle para que no divulgara la noticia. Y estaba enfadado haciéndome un interrogatorio policial sobre los síntomas y toda la cosa. Nunca lo había visto así.

Cerca de la media noche, mi salud decayó. De la nada, me sentí realmente fatigado, y no podía permanecer mucho tiempo con los ojos abiertos porque me azotaba un dolor de cabeza terrible.

Según Yuu-san, que me había llevado hasta la cama, anoche mi temperatura subió peligrosamente y se había planteado seriamente llevarme al hospital. Pero con varios cuidados improvisados me había estabilizado hasta tener una temperatura normal, eso fue lo que recuerdo cuando desperté un momento por la madrugada y me contó lo sucedido.

Al abrir los ojos aquella mañana, algo me sorprendió aún más.

Giré el rostro a mi izquierda al sentir una presencia y él estaba allí, en mi cama; durmiendo como si ningún mal podría asecharle. Me concentré en escuchar el sonido de su respiración por un rato. Estando durmiendo de costado no me fijé de inmediato en el termómetro que llevaba protegiendo en una de sus manos. Me quedé lo que creo que fueron minutos contemplando su rostro luego de retirarle cuidadosamente algunos mechones de la cara. Si fuera así de dócil cuando está despierto…

Como si se tratase de mi pareja de toda la vida, estiré el brazo hasta alcanzar su rostro y con dos dedos le acaricié con suma suavidad una de sus mejillas. Seguí bajando hasta toparme con sus labios, acaricié por varios segundos su labio inferior hasta que se removió un poco ante el contacto. Era la primera vez que lo tocaba. Con una sonrisa retiré la mano y viendo el reloj en la mesita de noche, me fijé que ya había pasado el mediodía. Sin hacer ruido, me levanté de la cama quitándome la servilleta húmeda que colocó en mi frente junto a los otros utensilios caseros improvisados por él. Me imaginé que cuando despertara tendría hambre, así que me adelanté a la cocina dejándolo arropado con una ligera sabana.

Preparé un desayuno ligero pero generoso; algo de salmón, arroz, una variedad de vegetales y un poco de sopa. Dejé todo preparado sobre la mesita y bien tapado para que cuando despertara lo encontrara caliente.

Estirándome totalmente renovado, abrí las cortinas y me quedé un rato en el balcón respirando el aire fresco. No sé qué tipo de magia curativa hizo Yuu-san pero me sentía realmente bien, esperaba que yo no le haya causado muchos problemas anoche, dado que se veía cansado cuando desperté. Miré más allá del paisaje: los árboles de cerezo ya comenzaban a florecer. Los pétalos de Sakura se estaban adelantando este año. Escuché unos griteríos abajo y varias veces mi nombre. Saludé con la mano a Kotarou y a Kenta que jugaban en el estacionamiento con una pelota, me devolvieron el saludo con entusiasmo y siguieron jugando. Me retiré de allí y fui al baño.

Cuando iba a girar la perilla alguien la abrió desde adentro y sin reparar mucho en mi presencia, caminó hasta tropezarse contra mi pecho. Lo tomé de la muñeca al verlo dar unos traspiés hacia atrás. Aún estaba algo atontado por el sueño. Frotándose la cara, levantó la mirada.

—¿Estas bien?

—¿Eh? Ah, si…

—Te causé muchos problemas anoche.

—No tantos. Además, si no fuera por mí, estarías en coma. Y supongo que te lo debía… —yo reí y luego de una corta pausa agregó: —Ya creo que fue suficiente, lo mejor sería que ya me vaya a casa.

Yo no quería que se fuera.

—¿Estás diciendo que soy importante para ti?

Levantó el rostro de golpe. —¡Y-yo nunca dij…!

—Fue muy dulce de tu parte quedarte conmigo toda la noche, — se detuvo, miró para otro lado y sus mejillas tomaron color. —Nunca creí que tu rostro seria lo primero que vería al despertar. Gracias.

El corazón de Yuu dio un vuelco.

Iba a pronunciar un tímido "de nada" pero sus labios fueron acallados por algo suave, cálido y realmente agradable. Abrió los ojos como platos cuando descubrió al editor besándole con ternura, no tuvo tiempo de protestar o retirarse anqué su cerebro le gritara que se alejara él no lo hizo, algo lo detenía, su corazón latía desbocado y le martillaba las costillas con fuerza.

Era el primer beso del que Yuu estaba totalmente consciente.

Sintió en su rostro agolpársele un calor intenso y se puso nervioso. Souji se separó de él a escasos centímetros de su rostro observándole con los hermosos pozos verdes, su semblante era juguetón pero serio. Quiso decir algo, cualquier cosa que le saliera de la boca pero tenía un terrible nudo en la garganta. Souji lo metió en el baño, cerró la puerta y lo acorraló contra una pared con sus brazos a cada lado de su cuerpo para que no escapara.

—Nunca me han roto el corazón porque no me tomé el riesgo de querer amar verdaderamente. No sé mucho sobre el tema, ni siquiera sé si lo que siento es real. Simplemente ignoro el tema y no me decepciono. He tratado de darle mil vueltas buscando lo que me llamó la atención de ti. Me he inventado millones de excusas y he llegado a pensar que confundía sentimientos. Y tomé mi decisión, quiero estar contigo más que nada. —hizo una corta pausa en donde Yuu solo sentía el corazón en su pecho. —Cuando nos conocimos, no tenía ni la menor idea de que serias tan importante para mí. —el oji-verde tomó la mano inerte de Yanase y la colocó en su mejilla. Observando como el más bajo lo escuchaba atento en silencio con los labios entreabiertos por la inesperada confesión. —Yuu-san, me gustas. No me importa lo que te haya sucedido en el pasado, haré que tú también me quieras. —Nakami le tomó del mentón, su mano resbaló del rostro del otro. Acercándose más de lo debido y finalmente le besó; con tanta lentitud y delicadeza que Yuu sintió que le faltó el aire de pronto, él estaba probando sus labios.

El dibujante había oído en silencio las argumentaciones de Souji hasta que llego a ese punto. Toda la sangre que debía estar en su cuerpo se le acumuló en el rostro ¡Y ni hablar de su corazón! Se había alterado tanto como si tratase de hacer saber de su obvia presencia en ese alocado galope que llevaba en su pecho. Sintió como algo de sí mismo se removía confundiéndolo aún más y murmuró: —Y-yo… Sou… ji

El aludido abrió los ojos sorprendido por las palabras del otro y se corazón latió de la felicidad. Se inclinó sobre él para decirle suavemente: —Tendrás que quedarte conmigo para siempre. Incluso si quieres escapar, no voy a dejarte ir.

El menor lo besó con urgencia. Por un segundo solo existieron sus labios. Yuu estaba entumecido por lo repentino del caso, su cabeza daba vueltas y sin darse cuenta, estaba correspondiendo a los labios de Souji. Los movimientos que hacía con sus labios y como mordía y succionaba ocasionalmente aquellos, lo estaban haciendo perder la cordura. Sintió una mano en su cadera que subía su camisa con lentitud tortuosa, tocando sus costillas a propósito con las yemas de sus dedos. Quiso gritarle, decirle que no jugara con algo tan delicado, pero no encontró su propia voz. Una tibia y húmeda lengua lo distrajo cuando entró a su boca y se enredó con la de Yuu, saboreándolo enteramente. Prácticamente hechizando la boca de Yanase.

Y cuando rozó en interior de su boca, sabía que estaba perdido. No se dio cuenta cuando el editor logró deshacerse de su camisa, solo supo que no estaba allí cuando las caricias aumentaron; Souji paseaba libremente las manos por las curvas se su cuerpo. No sabía que lo había impulsado a enredar las manos en el cabello castaño rojizo, pero lo hizo, profundizando más el contacto de sus lenguas en un apasionado beso.

Al separarse por la falta de aire, ahogó un quejido cuando el otro le mordió con suavidad el cuello depositando cortos y húmedos besos hasta detenerse en su clavícula. ¿Cuándo demonios Souji le había desabrochado el pantalón? Soltó un pequeño gemido del cual se arrepintió al sentir la sonrisa triunfante del más alto, cuando la lengua del él le acariciaba uno de los pezones, mientras que con la otra bajaba con lentitud su pantalón.

—Deten… te, espera… ¡Souji! ¡Ah!

Fue empujado hasta la bañera con algo de brusquedad y al abrir los ojos, la prenda superior del otro había desaparecido. Mostrando la musculatura perfecta y bien torneada de Souji sin llegar a ser exagerada.

—Creo que he esperado demasiado tiempo por ti… —¿a qué se refería? ¿Lo decía quizá simplemente por el deseo de acostarse con él o el tipo de "espera" para que él llegase a su vida? Ni siquiera la dio tiempo para pensarlo, cuando sus labios de nuevo fueron atrapados y sus pantalones fueron arrojados lejos luego de un fuerte tirón. Sintió el calor que se avivaba en la parte baja de su estómago y maldijo a los mil vientos en su cabeza, si seguían ya no tendría la cordura suficiente para detenerlo. Totalmente avergonzado, solo esperaba que su erección no se notara tanto.

El oji-verde pasó una mano por su espalda desnuda hacia abajo, deteniéndose en el cintillo del bóxer negro de Yanase. Distrayéndolo con seductores besos en sus labios logró bajar un poco la prenda acariciando intencionalmente el trasero del dibujante. La frente de Souji estaba perlada en un apenas visible sudor, se notaba que se estaba conteniendo, pues no sabía si Yuu era nuevo en esto o no. Se separaron para tomar aire.

Yuu lo miraba con expectativa, jamás en su vida pensó que acabaría siendo seducido por el más joven de los editores de Esmeralda. Y no le desagradaba del todo, pero, había algo, más bien, alguien más. Alguien por el cual no se había atrevido a tener sexo con hombres para tener una experiencia: por respeto, por estúpida esperanza, porque aun esperaba que Chiaki le diera el "si" y eso lo destrozaba. Como en un segundo, se estaba lentamente dando por vencido. Sin remordimientos, sin culpas, se estaba entregando tan libremente a alguien que no era Chiaki.

Estoy lentamente rindiéndome.

—He pensado como seria tocarte. —le pasó dos dedos por los temblorosos labios de Yanase, se los llevó a la boca y los lamió. Un gesto tan simple y a la vez tan seductor. Sus ojos relampaguearon en la habitación apenas iluminada, Yuu estaba hipnotizado. —Como se sentiría, como sabría. —su mano viajó hasta su barbilla y la levantó para admirar los hermosos orbes rojizos. —Estando en casa, pensaba en ti y me tocaba. —el color rojo no se esfumó de la cara del asistente. El corazón estaba por salírsele de la garganta. —Seré amable.

—No… —cerró los ojos. —Yo no…

Después, no supo qué decir.

Le provocaba una extraña sensación en la que la impaciencia se mezclaba con sus más bajos deseos de posesión, deseos mundanos nublados de lujuria y cegadas por la desesperación. Yuu se resistió hasta que el primer gemido se le escapó sin su permiso, toda la morbosidad que retenía en su cabeza luchaba por salir con ansiedad. Y sin embargo, no pensaba con claridad en lo que estaba haciendo. No tenía su mente en el movimiento que provocaba que poco a poco resonaran en la habitación las quejas y hermosos gemidos del castaño. Debía detenerse, si no se controlaba le acabaría haciendo daño, sería algo de lo cual no sabía si se arrepentiría. Pero no era algo de lo cual podía escapar fácilmente.

Le quemaba, le dolía, le gustaba. Al ver su rostro ruborizado, suplicando mudamente con las manos enredadas detrás de su cuello, entendió que ya era muy tarde. Había tocado fondo, haciendo que se hundiera en el desastre que se había convertido su mente. Siguió masturbándolo hasta que supo que si no hacía algo al respecto con su propio "asunto" las cosas acabarían de mala manera. Y los gemidos de Yuu no lo ayudaban en nada.

Yanase escuchó el grifo de la ducha abrirse y el agua helada le cayó de lleno en el pecho provocando que un escalofrió le recorriera la espina dorsal, vislumbró a través de la cortina de agua el perfecto rostro de su acompañante y como el cabello se le pegaba al rostro, dándole así un aspecto intimidante. Souji le dio la vuelta haciendo que los pezones sonrosados se aplastaran contra la gélida pared de la bañera, sintió su cálido cuerpo amoldarse al suyo perfectamente, una ligera presión se cernió en su espalda baja y rápidamente comprendió que se trataba del miembro erecto del otro. Cada vez que avanzaban más, intentaba retractarse, pero su mente estaba nublada por el deseo.

El más joven llevó una mano hacia ese lugar tan prohibido y apoyó dos dedos ya humedecidos por su propia saliva en el orificio, sin esperar, el dedo se adelantó trazando círculos por un rato acompañado por cortos estremecimientos del dibujante. La respiración de Souji le golpeaba la nuca, descontrolándolo aún más. Cuando los dedos se hundieron, le arrancó un sonoro quejido orgásmico que hacía rato trataba de retener. Souji se relamió los labios con gusto. Por su parte el editor vio como el cuerpo del dibujante daba una fuerte sacudida y tembló cuando su tibia lengua atravesó desde su omoplato hasta detrás de su oreja. Comprendió el papel del agua en todo ese asunto; lo hacía solo para calmarle y distraerle, para que se relajase. Los dedos se hundieron cada vez más dentro de su ser, los movía de forma suave y pausada pero sin detenerse en ningún momento.

El cuerpo cálido de Nakami cubriéndolo se sentía tan bien. A pesar de que su corazón estaba desbocado de manera incontrolable, pudo sentir el de Souji. El latido de su corazón era cada vez más rápido y más fuerte. Pudo saber que el también estaba… ansioso.

—Sou… ¡Ah! Mmm… Ya, par… ¡Ah!

Ni siquiera el mismo se creía sus propias palabras. En ningún momento quería que se detuviera. Uno de los fuertes brazos le rodeó la cintura y los dedos salieron de su interior. Y sin previo aviso, lo penetró. Fue una sensación tan embriagante como dolorosa que soltó un gemido al instante. La corta risilla le golpeó el oído. Para la propia satisfacción de Yanase, comenzó con estocadas lentas pero sin pausas. El nombre del editor en la boca de Yuu sonaba a gloria. Y las lágrimas en el rostro de Yanase no tardaron en aparecer y de inmediato se mezclaron con el agua del grifo.

Yuu estaba realmente estrecho, dificultándole la entrada de su miembro, pero aun así no se rindió. Empujó una vez más, con cuidado al escuchar un "duele" entrecortado. Souji estaba impaciente pero tenía que esperar un poco más, descargó su excitación con Yuu: comenzó con dulces besos en su nuca que pronto se convirtieron en mordiscos. Unos más suaves que otros, pero eran marcas, marcas que definían que Yanase Yuu le pertenecía él y solo a él.

Se trataba de un contacto mucho más real, más humano y maravilloso que los que habían sido posibles hasta ese momento. Era una sensación realmente indescriptible: más adicto que un beso y más electrizante que simples caricias.

Conquistar esa etapa, llegar a ese momento, no había sido fácil, y no por la actitud del castaño sino por el arduo proceso de sanar poco a poco el corazón de Yanase. Cada vez que compartían un momento juntos hacia todo lo posible por hacer que lo pasara bien, que diera una pequeña sonrisa, que olvidara por un momento a Yoshino Chiaki.

Por primera vez, Yuu escuchó a Souji soltar roncos gruñidos que podían ser clasificados fácilmente como gemidos.

—Esto te gusta. —no era una pregunta, era una afirmación.

—N-no me gusta nada… ¡Ngh! —mintió sin mostrarle la cara, siendo castigado por una profunda estocada. ¿Por qué era tan orgulloso? Dolía un infierno, y aun así le encantaba.

Con la mano libre y sin detenerse pasó los dedos con suavidad por su plano abdomen, deteniéndose para darle atención a sus pezones, acariciando y aplastándolo a su paso. Sus labios ya estaban fríos por el agua. Lo escuchó maldecir por lo bajo.

—Así no puedo besarte. —soltó sin más. Sus músculos se tensaron ante el tono sensual del menor contra su oído, y decir que, su cálido aliento chocando contra su oreja no ayudaba para nada.

—¡Souji!, ¡ah! ¡Oye, no! ¿Q-qué haces?

Lo tumbó contra el suelo de la bañera procurando de no hacerle daño a su espalda o cabeza, Souji estaba encima de él. Y finalmente pudo admirar la belleza del cuerpo de Nakami Souji. Respiraba agitado y tenía un semblante de ansiedad, sus ojos joviales tenían un brillo difícil de descifrar. Y con la mayor de las necesidades se lanzó a sus labios con desesperación. Apenas si le pudo seguir el ritmo, pero lo compensó abriendo su boca, invitando a su lengua a entrar. Y así lo hizo, con un beso que le dejaba el sabor del más exquisito éxtasis. Con ayuda de una de sus manos, lo volvió a penetrar dolorosamente.

El vaivén de caderas lo dejaban sin aliento. El dolor y el placer mezclados en uno solo, lo volvían loco.

—Ah… So-Souji, Ngh, ah, ah, ah ¡Sou…!

El oji-verde gimió cuando las cortas uñas de Yanase se clavaron en su espalda. Lo obligó a abrir las piernas aún más murmurando unos pocos "relájate". Su piel demandaba que lo tocaran y así cumplió sus deseos. Paseando su lengua por los pezones y chocando caderas al mismo tiempo logró arrancarle su nombre varias veces más.

—Yuu… Se siente tan bien. —era la primera vez que lo llamaba por su nombre de pila sin ningún honorifico. Y le gustaba. Le gustaba demasiado como para hacérselo creer a su corazón.

Pequeños mechones de su cabellera castaña caían por su frente perlada en sudor haciéndolo lucir aún más ingenuo con sus mejillas sonrojadas, sus ojos entrecerrados y sus labios ligeramente abiertos en busca de aire que lo excitaron aún más. Le besó el cuello, succionándolo suavemente sabiendo que pronto serian marcas rojas en su piel. De pronto, sabiéndose cerca del orgasmo, se movió a una velocidad vertiginosa, provocando más placer que dolor. Sintió sus cálidos labios sobre su mandíbula antes de terminar en sus propios labios con urgencia.

—¡Souji! Mmm… p-para, no… ¡Ngh! ¡Me vengo! ¡Ah! ¡AH! —Yuu arqueó la espalda a mas no poder clavándole las uñas con fuerza. El líquido blancuzco se espacio entre los vientres de ambos. Ese fue el toque final para que Souji alcanzara el orgasmo. Llenó el interior de Yanase sintiéndose palpitar. Totalmente extasiado, Yuu se apretó más contra él cuando el más joven cayó agotado sobre él sin salir de su interior. El editor bajó las manos dejándolas resbalar por las caras internas de sus muslos, estremeciéndose de placer al roce suave y lento de sus dedos alrededor de su hombría sin llegar a tocarla. En el silencio, Yuu dejó que el otro reposara su cabeza en su pecho y se concentraron por varios minutos a controlar sus respiraciones. Ambos intentaban compartir el calor de sus cuerpos entrelazados que el agua chocante en sus espaldas le quitaba. Yanase dirigió su mirada al techo en un vano intento de controlar sus latidos que de seguro el oji-verde escuchaba fuerte y claro.

No hacían falta las palabras. No existía un porque o una explicación. El corazón de Souji le pertenecía a Yuu. No había marcha atrás. Yuu tenía miedo, mucho miedo. Por primera vez en su vida, se había entregado totalmente a alguien. Y eso era algo que aterraba.

Odiaba esos días en que la gente se esmeraba en mirarle por cualquier cosa. En esa ocasión había llegado solo cinco minutos tarde a una sesión en Marukawa, ¡cinco minutos tarde! Y ya había captado la atención de todos los presentes. Bueno, también portaba una estúpida bufanda que le cubría el cuello entero en plena primavera, pero… ¡no iba a dejar a la vista los chupones y marcas rojas que tenía en casi todas partes! Camino disimulando el dolor de haber intimado con Souji la tarde anterior. Ese maldito bastardo le había desecho la cadera y apenas si se podía mover. Entró a la sala y una silla le llamaba a gritos. Se apresuró a llegar con la esperanza de no tener que levantarse hasta que acabara el asunto. Apoyó las manos en los brazos de la silla, y con suma lentitud se dejó caer de golpe tragándose un quejido. Yoshino lo saludó con la mano mientras hablaba por el celular. Yuu solo se limitó a observarle por unos segundos antes de ver la hora en su celular.

Estaba allí por invitación especial de la editorial, pues trabajaba con varias mangakas de la compañía y Chiaki había sido llamado para lo mismo, así que decidió acompañarlo por petición del muchacho. Ninguno de los dos sabía que se traía entre manos los directores de la editorial. Pero le restaron importancia, ya que nunca los citaban a menos que fuera un evento de gran auge.

Escuchó a las asistentes de Chiaki hablar sobre los hombres guapos de la editorial y demás cosas de mujeres, mientras esperaban que un representante de dicha compañía se presentase y ojalá que fuera rápido, Yuu aún estaba agotado. Por sobre todo le daba vueltas en su cabeza a la pronta confesión de Nakami, ¿qué iba a hacer? Veía a Chiaki y veía a Souji, dos personas totalmente diferentes que habían logrado llenar un lugar en él. No, Chiaki le pertenecía al imbécil de Hatori. Y dolía admitirlo.

Pero ya no dolía tanto.

¿Qué? Imposible. Era estúpido escucharse a sí mismo porque no lo encontraba el sentido. Enamorado desde la preparatoria de la misma persona y a sus veintiocho años, a pesar de haberse confesado de diferentes formas, aun no era correspondido. Ni nunca lo seria. No quería pensar más en ello, no debía introducirse más en el tema porque sabía que saldría herido de nuevo. Amaba su trabajo pero, en ocasiones, le dejaba un amargo sabor en la boca; dibujar escenas románticas donde el amor era correspondido y el héroe siempre se quedaba con la chica, ¿Por qué era así la vida? Incluso las creaciones que salían de sus hábiles manos parecían burlarse de él plasmadas desde las hojas.

Todos se pusieron de pie cuando el director de la compañía, el jefe de ventas y el editor en jefe de la sección shoujo hicieron acto de presencia. Avergonzado, puso todo su empeño por ponerse de pie velozmente. Después de cordiales saludos y agradecimientos por acudir al lugar, la sección empezó. Se preguntó por qué Hatori no estaba allí si era el editor de Chiaki, hizo caso omiso: no quería tener la cara de Hatori cerca de todos modos. Isaka Ryuuichirou habló sobre una gran oportunidad que le ofrecían del extranjero por los mangas de Yoshino y los libros de Usami Akihiko y no querían desaprovechar la gran oferta. La sesión se hizo cada vez más larga dando detalles específicos sobre aquel acuerdo y entregando unos folletos donde se detallaba el evento.

—Más de medio millón de copias de Yoshikawa Chiharu serán llevadas a Londres para traducción y venta, asimismo como la reproducción de los últimos tomos en una editorial inglesa. De los nuevos tomos que serán publicados, será un ejemplar llevado vía aérea en el futuro. Claro, todo si sensei está de acuerdo… —Takano hizo una pequeña pausa para arreglarse las gafas. —Los ingleses están muy emocionados con esto, quieren dar a conocer el potencial del manga en su cultura. No solo usted sensei, mangas de Japun, Zafiro y demás departamentos serán publicados en el extranjero.

Cuando Takano-san acabó, el jefe de ventas de los cuales corrían rumores de ser un oso salvaje, habló. —Casi todos los autores aceptaron la oferta, y por lo tanto, Marukawa organizará una fiesta en el hotel Teito para darles el chance de que los ingleses sepan con que autores están tratando. Y para que conozcan las personas que harán internacional sus éxitos. Será como una bienvenida a Japón, solo que lo convertiremos en una gala de lanzamiento al estilo británico. —esta vez le dirigió una mirada especial al oji-azul, pues era famoso por ser una incógnita para sus admiradoras. —Altos ejecutivos y la prensa estarán allí. Si acepta, su asistencia es obligatoria, al igual que la de todos sus asistentes. No se preocupe por decepcionar a sus autoras, su identidad solo lo sabrán gente de alto rango.

La oferta no estaba nada mal. Si querían volver los mangas de Chiaki internacionales, significaba que tenían mucho éxito en Japón. Yoshino lo miró y Yuu le dio una sincera sonrisa que decía "felicidades". El otro, sintiéndose con total confianza tomó un gran respiro, al principio se sentía incómodo por que la figura de Hatori que le brindaba seguridad no estaba allí cuando se suponía, pero había hecho una decisión por sí mismo y se llenó de orgullo. Aceptó y los tres hombres soltaron un tembloroso suspiro de alivio.

Intentó no verse distraído. Su mente le dio vueltas. Aun podía sentir los delicados dedos de Souji recorrer cada centímetro de su piel, y sus cálidos labios sobre los suyos. Se aclaró la garganta sabiéndose sonrojado. Los tres hombres se marcharon y su amigo y las chicas celebraron a voces sin él. ¿Por qué no simplemente se olvidaba de Chiaki y le brindaba paso en su corazón a Souji? Porque abrirse de nuevo a ese sentimiento era algo que simplemente había rechazado hace un tiempo.

Escuchó un alboroto acercándose cada vez más detrás de la puerta que se le hacía conocido coreado por carcajadas y levantó la vista. Los demás detuvieron el improvisado festejo.

La puerta se abrió de par en par.

—¡MALDITA SEA SOUJI, VUELVE ACA!

Los gritos de Hatori fueron respaldados por la más melódica y perfecta carcajada. El oji-verde se apresuró lo más que pudo para no ser alcanzado por el horroroso Yeti de Yoshino que le pisaba los talones y estaba realmente enfadado. ¿Era su imaginación o vio un borrón negro en la cara de Tori? Las chicas espantadas retrocedieron y antes de que el mangaka pronunciara palabra, fue tomando por los hombros con fuerza y al ser halado hacia atrás, Souji se refugió entre su amigo y una de la esquinas de la pared. Y sintiéndose a salvo por un momento, se rió a todo pulmón. Chiaki miró a las asistentas y luego a Yuu buscando una explicación de todo eso hasta que advirtió la oscura aura de Hatori frente a él. Alzó la vista tragando duro.

Hatori parecía un endemoniado gorila a punto de descuartizar a alguien.

—¡Hat…! Ah, ¡esp-espera! ¡Me duele el estómago! —se oyó decir al editor más joven.

—¡Pequeño bastardo…! ¡¿Esto te parece gracioso?!

—¡Mucho!

Chiaki vió por sobre el hombro como se hizo el chico para que Tori no le destrozara la cabeza de un puñetazo con ese comentario, pudo sentir su cuerpo temblar en carcajadas.

El pobre mediador de Chiaki balbuceó nervioso. Yuu moría de curiosidad.—¡Hey, tra-tranquilos! ¿Qué..? —Yanase vio a Yoshino inflar las mejillas y llevarse una mano a la boca para no reírse. —¿T-Tori…? —no resistió y rió en la cara del hombre. —¿Qué le, que le pasó a tu cara?

—Él nació con esa cara.

Todos en la sala se rieron del subjefe de Esmeralda y Yanase no fue la excepción por más que trato de ocultarlo. Yoshiyuki giró en un semblante de mala muerte para que callaran y entendieron el porqué de tanto jaleo y las chicas junto a Yanase se carcajearon a mas no poder. Los kanjis de "prepararé algo de pescado" y "necesito hablar con sempai" se leían perfectamente en toda la parte derecha de su rostro, parecía un tatuaje y entendió inmediatamente que se trataban de unas fotocomposiciones del guion de algún manga. ¿Cómo carajos había hecho ese mocoso para marcar de tinta fresca en el editor? Se compadeció del chico; Hatori lo iba a matar.

—¡¿Acaso es divertido jugar con mi cara?! ¿Qué demonios te pasa? ¡¿Yo que te hice?!

Todos callaron, más interesados en la discusión.

—Solo estoy cobrando unas cuentas y te confieso que no me arrepiento de nada.

—Esto no se quedará así.

El oji-verde alzó una ceja, saliendo de su escondrijo.

—Oh, ¿acaso me estas retando, Hatori-kun?

Hatori apretó la mandíbula, considerándolo.

¡¿Qué carajos hacia ese idiota?! Estaba jodido, ¡que se disculpara y ya! Una sonrisa adornó el rostro de mejillas coloreadas por la risa del editor joven.

'¡Discúlpate Souji!' gritó la mente de Yanase.

—Tsk… no tiene caso. —Tori arrugó la nariz y se dio media vuelta.

Hatori cruzó por la puerta. —En el combini venden alcohol, diles que te envío yo.

Todos están boquiabiertos: el oji-azul se había ido con la cola entre las patas ante una pequeña amenaza de Souji. ¿Quién coños era Souji? Yuu despegó los orbes caobas ruborizado, cuando Souji le dirigió una mirada seductora. Yuu sentía como se lo comía vivo con los ojos.

XxxX

*Sukiyaki: consiste en carne o en la versión vegetariana hecha de tofu, cocido a fuego lento o hervido en la mesa, junto con vegetales y otros ingredientes. Generalmente se sirve como plato único en los días más fríos del año o para las enfermedades comunes.

He actualizado pronto bajo amenaza. ¿A que nadie se esperó que le besara de la nada? Souji es un amor, 7u7 Soy una loca, lo sé, ya no se pueden quejar de que Yuu no tuvo mucho papel en el capi, porque sí que tuuuvo /. ¿Les gustó el lemon? Ya era hora de que Souji se confesara y, que les puedo decir, Yuu no pudo con sus hormonas y se dejó llevar. Y la fiesta británica estará bien guay, I promise. Ya vieron la venganza de Souji, pobre Tori ha sido víctima de bullying XDDD, andar con un ridículo tatuaje en la cara con tales frases no es nada fácil cuando se supones que eres un hombre serio. Luego verán cómo fue que terminó con la cara llena de tinta de impresora.

Si se fijan en el capi Sou dice lo que la imagen del fic dice. Y coloqué una foto de cómo se vería Nakami Souji a petición.

Sin nada más que decir, me despido, espero que lo hayan disfrutado . ¡Dejen sus comentarios, me animan a escribir! (por algo he actualizado tan rápido)