Disclaimer: Sekai-ichi Hatsukoi y sus personajes les pertenece a sus respectivos autores, este fic es sin fines de lucro, lo hago solo por diversión. Nakami Souji y otros personajes que NO salen en el anime ni en el manga si son de mi propiedad.
El gato blanco de la mala suerte.-
Cap. 10: "QUIEN MALAS MAÑAS TIENE, NUNCA LAS PERDERÁ"
"Y en el eco de la noche, resuena tu voz como melodía de cuna. Me cuesta creerlo. No me lo quiero creer. El que se arriesga, lo pierde todo. No debo caer en esa trampa. No de nuevo."
Ni siquiera su sonrisa sensualmente burlona, perfectamente curveada, y sin ningún estrago, le dejaba en paz en los sueños. Era la segunda vez que se despertaba de madrugada soñando con él, estaba comenzando a pensar que su mente le estaba haciendo una mala jugada a propósito. Se incorporó perezosamente ayudándose de su codo en su futon shiki*, aferrándose a las sabanas como si fuesen sus salvavidas, confirmando que estaba en el mundo real. Su mente tardó varios segundos en reaccionar y las sienes comenzaron a palpitarle con fuerza. Permaneció inmóvil por algunos segundos, con los ojos cerrados, tratando de reconstruir los acontecimientos anteriores a la intimación con el oji-verde. Entonces se preguntó ruborizado: '¡¿Cómo coños se dejó seducir por él?!'
Con eso no quería decir que no había valido la pena, sino… que creía tener más voluntad sobre su propio cuerpo. Al parecer, su corazón aun le presentaba batalla. Estaba poniendo todo su empeño en ignorar al editor, porque, sinceramente, no sabía cómo reaccionar de ahora en adelante frente a él. ¿Debía hacer como si nada del otro mundo hubiese sucedido? Que mala jugada.
Chiaki ya no ocupaba su mente.
Y esa era la gran inquisitiva: ¿Cómo de repente se deja de amar a alguien que una vez significó el mundo para ti? No sabía cómo demonios, pero poco a poco, el mangaka había salido de su corazón y de su mente, ahora era un amigo cualquiera.
Yuu se frotó la cara con las manos, adelantándose para abrir una de las ventanas de papel de arroz. La fría brisa le azotó el rostro haciéndolo refrescarse y despertarse por completo. Aún faltaban unas pocas horas para el amanecer, pero tirarse en la cama ya no le parecía una idea tentadora, quería evitar de momento volver a pensar en el editor. Así que se dispuso a bajar los escalones y trabajar un poco con algunos escenarios que le fueron encargados por sus mangakas. Mataba a dos pájaros de un solo tiro; se distraía y acabaría su jornada laboral más temprano de lo previsto.
Que estúpido. Se rió en voz baja de sí mismo: —Y yo que creí que nunca volvería a amar de nuevo.
…
Yuu había decidido huir esa tarde.
No me gustaba que se hiciera la idea de que con mi confesión pensara que lo nuestro se trataba de algo de una noche o de amantes furtivos. Yo lo quería para mí, en toda su esencia, en cuerpo y alma y quería que viera que iba en serio, que dejara la estúpida excusa de que todo esto se trataba de un juego en el que yo salía beneficiado. Nunca fue mi intención desde un principio lastimarlo o hacerle sentir mal.
Ahora me sentía como una completa basura. Después de lo que ocurrió en la bañera, no lo forcé a hacerlo otra vez aunque me sobraban las ganas. Opté por dejarle en paz; no parecía terminarse de creer que habíamos hecho el amor. Su rostro mostraba una mueca de confusión que en mi vida había visto. Estaba en las faldas de la cama con su espalda apoyada en el colchón, dándome la espalda y una toalla cubría su desnudez. Tenía una pierna flexionada y un brazo apoyado en esta, no paraba de mirar el suelo como si acabara de cometer el pecado más grande de la tierra y ahora estuviese condenado a arder en el mismísimo infierno.
Yo le observaba desde mi cama, con atención, aunque he de admitir que su reacción no era la que yo esperaría… Bueno, tampoco esperaba que se lance a mis brazos y que todo estuviera excelentemente bien. Quise abrir la boca, disculparme si de algo servía, porque su silenciosa figura me hacía ver lo que lo había hecho con solo dejarme llevar por mis más bajos instintos.
Una mierda.
Una puta mierda. Eso es lo que soy.
—¿Ya acabaste de ordenar?
Levanté la vista, dejando de acomodar los libros a un lado y metiendo algunos documentos en una carpeta. —Ah, si… Dale esto a Mino-san cuando lo veas. —Takano-san deshizo sus brazos cruzados sobre el pecho y dio unos cuantos pasos para recibirlo, abrió el folio y lo hojeó con velocidad. Me miró inconforme; de la forma en que se mira a un niñato malcriado.
—¿No vas a venir con nosotros?
—Me lo estoy pensando. —contesté suavemente sin mirarle, recogiendo mis cosas con calma. No estaba de ánimos. Yuu estaba en mi cabeza. —Tengo una cita esta noche. Con mi cama. Definitivamente vamos a acostarnos.
Masamune apretó los labios, ignorando mi sentido del humor de doble sentido. —Todos nos están esperando. Inclusive Isaka-san, sabes mejor que nadie que vamos a discutir el programa de la fiesta de los ingleses. —me tiró del flequillo para que le mirase a los ojos. —Tú organizaste esta reunión y no tienes derecho a faltar. —me soltó al ofrecerle una mirada asesina.
—Estoy cansado. —mentí. —Pueden hacerlo sin mí, luego me pondré al tanto… —esto no pareció convencerlo. —Además no puedo beber, ¿recuerdas? —dije como última alternativa señalando uno de mis pulmones con un dedo, enarcando una ceja.
—¿Estas siguiendo las indicaciones del doctor?
—Al pie de la letra. —me eché al hombro la correa de mi portafolios siguiendo a Takano-san por el pasillo hasta llegar al ascensor. El hombre se guardó las gafas en un estuche en su maletín y oprimió el botón.
—Estas raro.
¿Tú crees?
—Yokozawa me dijo que estabas pasando por un momento difícil. Aunque intenté hacerlo hablar, no dijo nada. Dijo algo así como que no te presione demasiado.
—Amo lo confidencial que pueden llegar a ser ustedes, de verdad… me motivan a confesarles todos mis secretos. —siseé rodando los ojos. Entré con mi jefe pisándome los talones, se dio cuenta que no era el mejor momento para soltar aquello así que cambio de tema, justo como solía hacer cuando sabía que nuestras discusiones no iban a llevarnos a ningún lado. Mi jefe y yo podríamos ser las personas más opuestas del mundo, pero nos entendíamos a la perfección, como la consciencia del otro y conocíamos nuestros límites, somos como un engranaje, solo que con diferentes ideales.
El elevador se abrió en el primer piso.
—Te necesitamos en tu mejor estado para este evento… ¡Souji mírame de una maldita vez y deja de comportarte como un adolescente! Esto es muy importante, te degollaré si metes la pata.
—¡Ya lo sé, joder! Maldición... Eres peor que una sanguijuela.
—Y te aseguro succionarte la sangre de tu cerebro si no das tu mejor esfuerzo.
Estaba tan molesto que el sermón del azabache no me motivaba en lo más mínimo –a la cruel verdad, mejor empeño-, así que con tal de no oírle la boca con el mismo tema, me adelanté a la salida en busca de un taxi que me llevara a la reunión. Ya no podía faltar, Isaka-san estaba ahí; rechazar o quedarle mal al director era algo de estúpidos, un boleto directo a la lista negra de Isaka Ryuuichirou.
Agucé el oído al escuchar un nombre familiar salir de los labios de una chica de recursos humanos, acompañada por otra de literatura. Pasaron a mi lado con calma, bajando los poquísimos escalones que dirigían al asfalto. Chismeaban "disimuladamente" y aun así, como son las mujeres en Marukawa, se les podía escuchar claramente. Casi parecía que lo hacían a propósito:
—Oye, ¿te enteraste? Dicen que uno de los mejores asistentes de mangaka… Eh, no recuerdo bien su nombre… Bueno, dicen que tiene a un amante entre los empleados de la división de manga o ventas, ¿Cuál era su nombre…?
—¿Uno de los mejores asistentes de mangaka…? ¡Oh! ¿Yanase-san?
—¡Si, ese mismo!
Mis ojos no podían estar más abiertos por la sorpresa.
—Él es muy demandado por los mangakas, no dudo que así haya conocido a su "persona de aventuras."
—¡Lo escandaloso del caso es que se acuesta con un hombre!
Tenía que ser mentira.
No se por cuánto tiempo estuve ahí parado, procesando y dándole mil vueltas al asunto. Sobre mí no podía ser; era demasiado reciente y no hay ser vivo capaz de saber de lo nuestro en mi casa… ¿Quién había inventado aquello? ¿Hatori? No, él no era capaz de hacer algo tan bajo… ¿Su amigo Yoshino? Tampoco, ese tipo era demasiado santurrón y no creo que le haya podido regar algo tan podrido de Yuu-san, mucho menos si son tan amigos. Me llevé una mano a la barbilla. ¿Y si todo era verdad? ¿Y si había estado con alguien antes que yo y ahora la verdad salía a la luz?
Fue tanto el tiempo que gasté en ello, que Masamune apareció junto a mí con una colilla próxima a apagarse. Di unos cuantos pasos esperando que un taxi pasara cerca.
—Aprende a separar tu vida laboral de la personal.
Me paré en seco con la bilis bulléndome en el estómago. Me giré para contestarle con un comentario poco sano, gritarle que no sabía ni tres cuartos de mi vida, que era un bastardo entrometido, pero el editor en jefe de Esmeralda me tomó de cuello de la camisa desde atrás y me haló con una mano con una fuerza que no parecía propia de aquel hombre, haciéndome dar varios traspiés.
—Mi auto esta por aquí. Date prisa.
Takano era como aquel molesto hermano que nunca tuve.
…
—¡Vaya, vaya… aquí están los desaparecidos!
Isaka nos recibió son una amplia sonrisa propia de él, agitando la mano para invitarnos a sentarnos. Lo hicimos en silencio en una de las salas más privadas del restaurante, para no ser interrumpidos por las voces de molestos comensales o insistentes camareros. No éramos muchos, pero tampoco escasos. En la mesa rectangular estaban frente a mí por orden; Asahina Kaoru, Isaka Ryuuichirou, Kirishima Zen, y Yokozawa Takafumi. Las personalidades más importantes en este evento. Hice una corta reverencia en forma de saludo, esforzándome en formar una sonrisa.
—Compórtate. —susurró Takano entre dientes con disimulo.
—No me tientes. —respondí de la misma manera, disimulándolo con una débil risa.
Quedando yo en el medio, Hatori a mi derecha me vió de reojo con expresión de extrañeza y yo le hice una seña debajo de la mesa de "te explico después". Hubo un estruendo afuera de nuestra salita privada, atrayendo la atención de todos, al levantar la vista, una mujer pelirroja de ojos azul grisáceos, y labial carmín entró apresurada, parecía haber corrido un maratón y estaba realmente exhausta. Me entró la curiosidad, se me hacía muy familiar. La mujer tomó unas grandes bocanadas de aire y con una profunda reverencia se disculpó por llegar tarde.
—Lo siento mucho Isaka-san, no hubo manera de convencerlo… ¡es demasiado terco! Quizás a usted lo escuche…
El director reposó una de sus manos en su frente, no decepcionado, sino como una persona a punto de degollar a otra. Isaka estaba muy enfadado.
—Ese malnacido… Bueno, nos conocemos, no se le puede hacer nada. Aikawa, siéntate. Contigo servirá. —la mujer obedeció ocupando el asiento vació al lado de Hatori y Ryuuichirou suspiró; se podía sentir la tensa atmosfera y estaba seguro de que este hombre estaba maldiciendo a los siete vientos dentro de sí.
Señaló a la aludida con la mano. —Muchachos, ella es Aikawa Eri. Editora de Usami Akihiko.
Por eso tanto drama. El autor estrella de Marukawa Shoten, no le había dado la gana de venir a la reunión de uno de los más importantes eventos de la compañía. Todos la saludamos cortésmente, Aikawa pareció abrumada por ser la única mujer, pero después de varios minutos se desenvolvió con total naturalidad como una verdadera profesional. La editora debía de ser todo un reto para Usami-sensei.
La reunión tomó más de tres horas, en las cuales las opiniones de Kirishima, Asahina, Takano y Aikawa marcaron una gran diferencia en el desarrollo de la actividad y puntos importantes a desatacar en el evento, -se cambiaron muchas cosas-. Hatori y Yokozawa colaboraron con sugerencias en cuanto el trato con los extranjeros y lo que se suponía que sería lo más cómodo tanto como para ellos y los mangakas en la fiesta, incluso el mismo director tuvo que considerar muchas cosas que al principio tenía una firme creencia en ellas. En fin, todos aportaron bastante a lo que yo solo daba pequeñas opiniones y cosas a la que estaba acostumbrado, como corroborar los ideales de Takano, nada más.
—Bien, un brindis. ¡Porque el evento sea uno de los más exitosos en la historia de Marukawa!
Cuando la máxima autoridad alzó su copa de sake, todos lo siguieron con un "¡salud!". Yo solo sonreí por inercia, dejando más que claro de que no podía beber. Kirishima-san me frunció el ceño señalando su vasito con los labios a lo que yo le respondí tocándome la sien. Entendió a la primera; asintió levantando las cejas enfocando su atención ahora en el oso salvaje. Las pequeñas conversaciones estallaron, y como cada uno estaba muy concentrado hablando con otros, aproveché para investigar un poco.
Quizás no era el mejor momento para hacerlo, pero yo no podía estar quieto con la duda carcomiéndome por dentro, no podía esperar hasta mañana y no lo llamaría al llegar a casa, eso era muy impropio de mí: llamar para chismear. Era obvio que si lo hacía sospecharía al instante. Mi formal amigo estaba revisando con calma su celular, aprovechando que nadie tenía su atención en él. ¿Le afectaría lo que yo le tuviese que decir? Digo, no se mucho de la relación que guarda con Yuu-san, pero puedes notar a leguas que no se llevan para nada bien. Apoyé mi rostro en una mano, analizando la figura de mi compañero, debatiéndome internamente. A la menor provocación podía hacer explotar a este estresado hombre, y si no quería un escándalo frente a estas personas, debía escoger muy bien mis palabras. Pero, a decir verdad, Hatori Yoshiyuki no era lo suficientemente idiota como para hacer una escena aquí, y mucho menos frente a toda esta gente importante.
Tomé un trago del vaso de agua que el azabache ordenó por mí y solté todo en voz baja. Como si el asunto fuera algo tribal. —Escuché un chisme horrible sobre tu amigo el dibujante.
Guardó el aparato sin mirarme. Entendió que nadie debía escucharnos. —No tengo amigos dibujantes. Y si te refieres a Yanase Yuu, somos menos que amigos. —rellenó su vasito y lo tomó de un trago. Envidié ese momento. Tenía unas ganas terribles de beber.
—Dicen que se anda acostando con alguien de la compañía. —no parecía hacer ningún efecto en él, así que traté de nuevo, soltando la bomba de golpe. —Alguien de nuestra división o tal vez aún más cercano. Un hombre. —despegó los labios del vaso y me miró de soslayo.
—No sabía que los asuntos de los demás te importaban tanto.
Mis cejas se acercaron. No me estaba dando ninguna pista con esa mierda. Se estaba empezando a notar que discutíamos un asunto interesante así que relajé los músculos. No deseaba que nadie nos cortara el hilo.
—No, pero creí que a ti sí. Se ve que son cercanos.
El hombre chasqueó la lengua con asco. Y eso me molestó de sobremanera.
—Lo que haga Yanase con su vida es lo que menos me importa, créeme. ¿No está el trabajando para una de tus mangakas?
—Así es.
—Pues dímelo tú, lo llevas tratando unos pocos meses. Ustedes se le ve cada vez más cercanos.
Así que el centrado trabajólico subjefe de Esmeralda estaba sospechando de nosotros, aunque seriamente, dudo que se haya dado cuenta el solo, ¿su pareja mangaka tal vez le había abierto los ojos? Yoshiyuki era el tipo de persona que no se fijaba en los pequeños detalles a menos que tuvieran que ver con él. El comentario ni me inmutó. Lo que Hatori o el mundo supiera de nosotros me importaba un comino. Se lo podía gritara todos y aun así me valía una mierda.
—¿Importa tanto? —murmuré contemplando como una gota de agua resbalaba por fuera de la botella de mi amigo. Estaba prácticamente afirmándole que estaba tras Yuu.
—Escúchame bien, si te digo esto es porque me preocupo por ti. Yanase no es la persona que crees, no me sorprende que se hayan regado este tipo de rumores. Cuídate de él, es más peligroso de lo que aparenta.
Abrí la boca y tuve que cerrarla de pronto. No sabía cómo negar eso sin sónar muy comprometedor. Y por otro lado, ya habíamos llegado al límite del que había hablado. Hatori dio la conversación por terminada cuando se acabó su botella y dirigió su atención al director y su asistente que ya se estaban despidiendo de nosotros, creando una barrera de "te estoy ignorando" entre nosotros. La reunión había acabado y con ella una oportunidad para indagar en el asunto.
Necesitaba tomar medidas más radicales.
Me apresuré de ir a los mensajes en mi celular. Tecleé lo más de prisa que pude para no parecer grosero ante los anfitriones que ya se habían levantado de sus sillas:
"Necesitamos hablar. ES URGENTE."
En cuestión de segundos la pantalla se iluminó de nuevo, "Su mensaje ha sido enviado". Entonces me tranquilicé un poco, sin apartar los ojos de esa frase. Hasta que alguien me tocó el hombro sacándome de mi ensimismamiento.
…
Estaba seguro de que el auto aparcado del otro de la calle no estaba ahí por pura coincidencia. Negro, lujoso, y estaba encendido; conveniente al frente de Marukawa. Y llevaba una buena media hora ahí encendido… sin hacer ningún movimiento. Fruncí el entrecejo, apretando los dientes, si era lo que yo sospechaba, esto estaba llegando muy lejos.
Sentí una gran mano en mi cabeza que me revolvía el pelo. Como me fastidiaba eso. —¿Qué estás viendo? Pareces un doberman esperando al cartero. —Mino-san se acercó a la ventana, echó un vistazo afuera, al no encontrar nada especial me sonrió con sus ojos cerrados a la espera de una respuesta. Quitó su mano colocándola en una de sus caderas.
—Algo así… el repartidor aun no llega con unas copias de la imprenta. Debió llegar hace mucho. —esto de inventar excusas se me daba bastante bien. Otra profesión por si me llegaba a pasar algo en Marukawa.
—Ya veo. No te tardes, mejor termina tu almuerzo antes de Takano-san se enfade. —dijo antes de retirarse.
Si papá…
A veces a los chicos les gustaba aprovecharse de que soy el menor de todos.
Me llevé la pajilla a los labios terminando mi jugo que conseguí en el dispensador, perforando el automóvil con los ojos, si aunque sea consiguiera verle la placa… pero desde aquí era imposible. Sentí una mirada sobre mí, mis ojos volaron hacia cuatro mujeres en una mesa frente a la ventana -algo alejadas-, que de pronto, al verse descubiertas, apartaron las miradas, ruborizadas. Giré mi cabeza hacia la calle con expresión aburrida, esto de tratar con las chicas era ya cosa de todos los días. Recuerdo que a la semana de cumplir mis veinticinco, encontré una monstruosa cantidad de regalos de parte de mis admiradoras de la compañía. El conserje las había guardado en un armario al ver que debajo de nuestro escritorio ya comenzaban a amontonarse. Me deshice de todo regalando los obsequios al conserje, y nunca se volvió a tocar el tema de los regalos bajo amenaza. No me interesaban las mujeres del edificio, ni ninguna otra.
El celular tuvo que vibrar por cuarta vez para que me diera cuenta de que estaba recibiendo una llamada. Dejé el empaque de jugo sobre la mesa más cercana y me apresuré a contestar.
—¿Hola, Souji, estás ahí?
Aparté el aparato de mi oído que con la prisa no había leído el nombre en el display. Me lo acerqué a la oreja.
—¿Isami-san? Que sorpresa, ¿a qué se debe el honor?
—Ah, que gusto oírte, ¡tienes un buen tiempo sin venir…! ¿No te estoy interrumpiendo el trabajo verdad? Pues no quiero…
—No, no. Estoy en mi descanso ahora mismo. No se preocupe.
Se hizo un silencio del otro lado de la línea, así que esperé pacientemente. Isami-san se aclaró la garganta.
—Es Jun. Se pasó aquí toda la mañana, al principio solo estuvo entrenando y luego escuché que se dirigía a un bar. Se veía tenso. Hace pocos días también vino repentinamente, pero esa vez fue en la noche. Se quedó bebiendo con mi padre hasta que se emborrachó, y fue realmente extraño, él nunca se pasa de tragos. El señor Hirose ya me hizo una llamada; Jun ya casi no va a su casa.
Abrí grande los ojos, enfocándome en la voz de mi tutor.
—Sabes muy bien que ese señor no tiene paciencia y si Jun sigue así, Hirose-san no lo tomará con calma con su único hijo. —Isami-san tomó una gran bocanada de aire y la soltó de pronto. —Pensé que tú podrías ayudarlo, porque son tan unidos. Bueno, son amigos de la infancia.
Mis ojos volaron hasta el auto negro. —Isami-san, ¿a qué hora él se fue del Dojo?
—Etto… veamos… Hace como tres horas aproximadamente. Hijo, no sé qué le ocurre, pero está verdaderamente mal.
Jun no fue a ningún maldito bar.
Takano-san asomó la cabeza por el umbral de la puerta. —¡Souji, las llamadas al mínimo, ya debes de volver!
Le hice una seña con la mano para que esperara un momento y así conseguí deshacerme de él. Volví la atención al móvil. No sabía en verdad que contestarle.
Por un instante, tuve el impulso de bajar a la calle y enfrentarme a ese auto.
—Gracias, haré todo lo que pueda. Adiós.
Al instante de cortar, corrí a la bandeja de entrada de mis mensajes. "Necesitamos hablar. ES URGENTE." Se leía perfectamente en la veinticuatro horas de haber sido enviado y no me había contestado; claramente me estaba evitando. ¿Acaso Yuu-san me odiaba?
…
Una hora antes.
¿Acaso era algo normal buscar refugio con lo que fue tu primer amor luego de experimentar algo especial con esta segunda persona? No, no lo era. Yuu definitivamente era un masoquista y el más raro de todos los masoquistas. Ir a casa de Chiaki luego del trabajo fue la sensación más rara del mundo. Y no sabía porque; había ido mil veces a su casa como si fuera la propia, pero ahora se sentía como un extraño: un intruso.
Soltó una gran bocanada de aire, y terminó de un trago su segunda cerveza enlatada.
—¡Te imaginas! ¡Y lo mejor de todo es que mis mangas viajaran junto con los de Ijuuin-sensei! ¡Y-y con los libros de Usami Akihiko! Aunque la verdad no he leído nada de él… ¡pero es el escritor número uno de la editorial y quizás de todo Japón! —Chiaki lucía realmente emocionado con todo eso del trato que se había concretado con los ingleses, era como ver a tu propio hijo ir al parque de diversiones que ansiaba desde hace meses. No quiso prestarle demasiada atención a lo que decía el castaño, pero era casi imposible con toda esa excitación contenida en un mangaka: hacía gestos con las manos y abría grande la boca haciendo muecas propias de una chica fanática.
Yuu recogió una de sus piernas sobre el sillón, viendo como su amigo se desvivía relatando lo que le había dicho Hatori sobre sus mangas. Tamborileó los dedos sobre la lata antes de dejarla sobre la mesita al frente de él, asintiendo en un momento en que Yoshino se detuvo para confirmar que tenía su atención.
Ya el cuerpo no le dolía, aunque las marcas en su cuello no desaparecieron del todo, hacia todo lo posible por andar con bufandas o con ropa que le cubriera la garganta. Ni siquiera estaba seguro de sus verdaderos sentimientos, clasificó el momento como necesidad de su cuerpo; se había dejado llevar… Como cualquier ser humano, ¿verdad? Si hubiese sido más fuerte, ¿podría el haber evitado aquello?
'¡ARGH!' ¡Ni siquiera el mismo sabía si estaba arrepentido de haber tenido sexo con Souji!
Pero había que dejar algo claro: Le había gustado, le había gustado demasiado y eso era peligroso. ¿Entonces no se arrepentía? Yuu tenía que estar sonrojado hasta las orejas.
—¿Yuu, pasa algo? —Yoshino ladeó la cabeza, algo confuso. Se había dado cuenta. Yuu estaba demasiado distante y de seguro expresó sus sentimientos con alguna mueca de rabia hacia su propia persona.
El sonido del timbre sobresaltó a los dos hombres.
Ambos se miraron preguntando quien sería. Hatori tenía la llave del departamento y no era común que recibiera visitas. Bueno, ¡nunca recibía visitas! —Debe ser alguna de las chicas, aunque habría llamado antes… ¿ve-verdad? —miró la pantalla de su celular, Chiaki no tenía ninguna notificación.
—No seas cobarde. Ve y contesta la puerta.
El nuevo estrepito del timbre le sacó un escalofrío al mangaka, y con ello se levantó con algo de nerviosismo murmurando un "voy". Yuu se quedó en el sillón a la espera de que el oji-azul regresara y pedir que le pasara otra cerveza. Echó la cabeza hacia atrás, pasado unos minutos, aun no regresaba. ¿Por qué tardaba tanto?
Yanase se concentró en la conversación que mantenía el otro con el extraño. Volvió la cabeza a su posición original; arrugó el entrecejo, la voz era familiar.
—Usted debe ser Yoshikawa Chiharu-sensei. Lamento no haberme presentado antes, mi nombre es Hirose Jun.
Sus ojos se abrieron como platos y su mundo se derrumbó.
Las voces se apagaron de a poco, como si estuviesen secreteando. Yanase se llenó de cólera, no solo por lo que el rubio le había hecho pasar, sino por lo que le había hecho a Souji también, ahora veía a ese hombre con desprecio. Se levantó decidido y se dirigió a la entrada principal de la casa. Chiaki estaba ahí, nervioso al estar conversando con un extraño. ¡¿Cómo demonios tenía el valor de presentarse en la casa de Yoshino?!
—Chiaki, ve a dentro. Solo tomará unos minutos.
—¿Lo conoces?
—Sí, ahora ve adentro. —Yanase juntó mas la cejas en un gesto de "largo". Chiaki asintió una vez no muy seguro, así que obedeció cerrando la puerta tras de sí dejándolos a ambos en el pasillo.
La sangre le bullía y era de más saber que estaba a poco de querer molerlo a golpes, anqué sabía que eso no sería de sabios. Se sorprendió un poco al ver al rico tan… desaliñado, al acercarte podías sentir que apestaba a alcohol y sus ojos estaban hinchados y algo rojos –como si tuviera varias noches sin dormir-. Jun le dirigió la más hipócrita sonrisa a modo de saludo, inclinando un poco la cabeza hacia un lado.
—A pasado mucho tiempo, ¿verdad? Pero creo que aún me recuerdas, ¿o necesitas otra presentación? —el hombre dio un traspiés hacia adelante cuando quiso hacer una torpe reverencia occidental, se tambaleó hacia adelante, sonriendo una vez más. —Porque al parecer eres lo suficientemente idiota para retarme, así que no dudo que se te haya olvidado quien soy.
—Estas ebrio. —pensó en voz alta. Cuando Jun iba a soltar la lengua para seguirle arrojando insultos, Yuu se adelantó, altivo y sin miedo. —¿Cómo sabías dónde estaba? ¡Esto es acoso, ¿me escuchas?!
El ambarino alzó un dedo y pestañó varias veces como si fuera lo más obvio del mundo: —Cuando quiero saber algo, lo consigo. ¿Se te olvido eso? Seguro te preguntas que hago aquí…
Yuu alzó ambas cejas cruzándose de brazos.
—La oferta sigue en pie. Es fácil: desaparece del mapa. Aléjate de Souji, para siempre. ¡Y listo! Si quieres, puedo ofrecerte una suma mucho mas grande…
Si su intención fuera jamás verle la cara a Hirose Jun hubiese aceptado enseguida, y todo de pronto pareció demasiado bueno para ser verdad. Se mordió el labio inferior pensándolo con cuidado. Tomó un hondo respiro antes de hablar. ¿Él quería a Chiaki, no? Todo sería más fácil si aceptaba lo que el tipo le ofrecía. Jun le sonrió, había ganado por encima del dibujante.
—Eres peor que un grano en el culo, ¿lo sabias?
—Y tú muy inteligente por darte cuenta de que no tienes más la mínima oportunidad contra mí. —el hombre se dio la vuelta dispuesto a irse. Jun se giró acordándose de pronto de algo. —Enviaré a alguien mañana para que te…
Yuu se rió en su cara; con suavidad, de ese tipo de risas como las que surgen después de un mal chiste. Y más que nada, se sintió delicioso aplastar Jun. —¿Quién dijo algo sobre renunciar? Lo lamento, pero no caeré en tu trampa esta vez. —Yanase apretó la mandíbula dirigiéndole la mirada asesina más atemorizante que podía. —Te puedes ir a la mierda. Tú y tu oferta.
No sabía muy bien porque, pero Yuu le había declarado la guerra en el amor a Jun.
El rico se giró tan bruscamente que casi llegó a parar en el piso. Tuvo que apoyar una mano en la pared para no volver a perder el equilibrio con lo enfadado que estaba. ¿Quién demonios se creía él? ¡Jun solo tenía que mover un dedo para destruirlo y el insistía en luchar! Se podía entrever como el empresario perdía la poca cordura que le quedaba de a poco. El castaño apretó los puños a los lados y se mordió la lengua, esperando que la sarta de insultos, sandeces y amenazas del otro fluyera. Dispuesto a escuchar cada una en silencio aun si el edificio entero los oía, solo para al final recalcarle cuales eran sus intenciones con ese rechazo. Sus principios; no dejarse vencer aunque eso significase una lenta y horrible autodestrucción de su persona sentimental. ¡Eso no quería decir que aceptaba sus sentimientos por Souji, no señor! Solo que, le daría una lección por todo lo que le había hecho pasar y lo mal que había tratado al editor. ¿Verdad?
Yuu no le daba el gusto. Pero la verdad es que no estaba muy seguro si lo hacía por simple orgullo y el temor de ser pisoteado o si era algo más personal: Tal vez realmente le gustaba Souji.
—¡Maldito desgra…!
"Espera un segundo, ¿celoso de quién?
De ti, por supuesto."
Esas palabras le sonaban tan distantes ahora. De él. Hirose Jun estaba celoso de él. Y todo porque Souji tenía su total atención en Yuu. Ahora se daba cuenta de que había otra persona en este mundo que le había arrebatado el puesto a Hatori en su lista negra.
—¿Qué está pasando aquí? Yanase, ¿quién es este hombre?
—Vas a saber de mi muy pronto. —murmuró el borracho entre dientes.
El aludido levantó la vista. El elevador cerró sus puertas tras de Hatori, que a simple vista no se veía nada amistoso. Tori arrugó el ceño al fijar la vista en Jun el cual se aclaró la garganta, fingiendo un estado de sobriedad se dispuso a caminar en silencio hasta el ascensor no sin antes dirigirle una última mirada amenazante al asistente y evitando cruzar miradas con el recién llegado, apretó el botón montándose en el elevador y se fue. El corazón de Yuu respiró aliviado, y por fin pudo relajar los hombros.
El oji-azul se quedó mirando al más bajo esperando una respuesta. Yanase puso los ojos en blanco, cruzándose de brazos, contestó. —Apenas si lo conozco, ¿no deberías estar en la oficina?
—Se me olvidaron unos papeles. Y se supone que yo te tengo que preguntar qué demonios haces tú aquí.
Yanase chasqueó la lengua, decidiendo no contestarle.
—Ya me iba. No dejes mucho a Chiaki solo. Ese tipo no me da buena espina y ya se sabe su dirección.
Hatori alzó una ceja. Al menos coincidían en algo, desde que vio a ese tipo parado en el pasillo, supo que algo no andaba bien. ¿Ese hombre salió en busca de Yoshino y Yuu habrá salido a defenderlo? ¿O era un conocido del dibujante? Sea lo que sea, debía andarse con cuidado, y más con el mangaka que era tan distraído.
El oji-caoba soltó un gran suspiro, colando los dedos por el pelo que no tardaron en volverse a acomodar en su posición original. Pasó al lado de Hatori sin decir nada, dispuesto a irse. Sintió los ojos de su rival clavándose en su nuca a medida que se acercaba más y más al final del pasillo.
—Yanase. ¿Has oído el chisme sobre ti en la editorial?
El hombre apenas se giró con cara de confusión, negó suavemente.
—Dicen que tienes un amorío con un empleado. Un amante. Una "aventura" con un hombre.
—¿Pero qué demo…?
Tori endureció sus facciones.
—¿Tiene esto que ver con la relación que guardas con Souji?
Yuu juró que el alma se le salió del cuerpo. Sus piernas comenzaron a temblar ligeramente.
—No es de mi incumbencia, ya lo sé. Pero déjame decirte que esto no es gracioso: ambos pueden terminar en graves problemas. Nadie más sabe que estas con Souji, solo mencionan a un hombre. Pero los rumores tienen doble cara y lo sabes…
—¡Yo no estoy con él! ¿Qué trabajemos largas jornadas juntos te hace pensar en algo así…? ¿Así como me hiciste con Chiaki? ¡Es cierto, busque muchas excusas para estar con él! Pero eso no me convierte en alguien que va detrás de cada persona que ve. No sé quién mierdas te ha metido eso en la cabeza, ¡pero mira a tu alrededor! ¿Me ves con alguien? ¡Maldición habla, ¿me ves feliz?!
Con cada palabra que Yanase soltaba Hatori abría cada vez más los ojos, desconcertado, confundido y por primera vez en su vida, no estaba enojado con él; le tenía pena. El más bajo tomó grandes bocanadas de aire, por haber hablado prácticamente a gritos y con tanta rabia que había acumulado. Jun lo puso así de tenso y se había desahogado con Hatori: la última persona que deseaba que lo viese tan indefenso… ofreciéndole tantos puntos débiles donde atacar y aun así no tomó ventaja de eso, como solía hacerlo.
—¡Oi, Yanase! Espera…
El castaño apretó tan fuerte el botón de cerrado como le fue posible y escondió su rostro en la esquina del elevador, observando distraídamente los botones.
Abrió su celular, y el mensaje de Nakami apareció de nuevo, así que decidió volverlo a ignorar.
'¿Qué me está pasando?'
Por alguna razón inexplicable, sintió que había traicionado a su corazón.
…
—¡Bien, ya es suficiente por hoy! La clase ha terminado. Despídanse. —con la orden, los niños de cinco a doce años bajaron sus cabezas en una reverencia de agradecimiento terminando con un "Muchas gracias sensei". Yo incliné un poco la mía y al alzar de nuevo los rostros, los estudiantes salieron a cambiarse dispuestos a ir a casa. Muy pocos se quedaron; me sonrieron y se acercaron para darme un agradecimiento más personal. Los rezagados más pequeños se lanzaron a abrazarme y yo los recibí con entusiasmo. Luego de que todos se fueran, Isami-san se acercó a mí con una gran sonrisa pegada al rostro.
—Les caíste bien. Y lo hiciste excelente para ser tu primera lección en años. —mi tutor me palmeó el hombro varias veces felicitándome aún más entre dientes.
—Solo tuve que volver atrás y acordarme, como lo hacía usted conmigo cuando recién empecé a tomar clases. Son buenos chicos.
La verdadera razón por la que fui hoy al Dojo a darles clases a los más pequeños fue…
—¿Y bien, vino hoy?
Él se rascó la nuca, con una mueca en los labios. Negó con la cabeza.
—Nadie lo ha visto, ya llamé a su casa. Creí que hoy también vendría, pero supongo que algo se le habrá presentado, —colocó dos dedos en su barbilla, admirando el salón. —¿crees que Hirose-sama ya haya tomado las riendas del asunto?
Esta vez fue mi turno de negar con la cabeza.
—No fue hace tanto y ambos sabemos qué Jun es un tipo difícil de domar.
Sinceramente, esperaba obtener respuestas.
—Bueno, si lo ve, no se olvide de devolverle el reloj que le entregué. Es importante.
El hombre asintió con una sonrisa dándome palmadas de ánimo en la espalda.
—¡Oh, deberías venir mañana… pues está este grupo…!
—Mañana tengo la fiesta de la editorial y realmente será una noche larga. Y pues…
—No quieres llegar cansado.
—No quiero llegar cansado. Exacto.
Mi sensei puso las manos en jarras y con un suspiro de rendimiento, me dirigió una mirada que decía "ánimos." —Bueno, sabes que esta es tu casa, vuelve cuando quieras. Te avisaré si se algo sobre Jun.
Asentí algo defraudado por no poder ver al rubio esta vez, sabía que algo tramaba y no podría estar en paz conmigo mismo hasta dejar las cosas bien en claro con ese sujeto. Si ya había llegado a amenazar a Yuu-san, estaba totalmente seguro que haría lo que fuera por alejarme de él. Pero ese era otro problema, Yuu-san no hablaba conmigo, no me ha dicho si Jun le ha dicho algo. Tomando mis cosas me encaminé al baño para tomar una ducha, despedirme y luego marcharme. Todo eso antes de que la voz de Isami-san me detuviera.
—Ah, por cierto, Souji. Haruhi-chan ha estado llamando en estos últimos días.
—¿Mi hermana?
…
—¡Sean bienvenidos con el más cordial saludo a todos los presentes, que de tan lejos han venido a acompañarnos! ¡Le queremos dar un agradecimiento especial al…! —a medida que el representante escogido de Marukawa Shoten daba el discurso de apertura, a su lado había una mujer de aspecto extranjero que traducía todas sus palabras al inglés cuando el hombre daba pausas para que no hubiesen confusiones. La cantidad de gente que había era impresionante y ni hablar de la ambientación: Se trataba de una fiesta en Japón con temática inglesa, así que la compañía había decidido que todos los invitados, absolutamente todos, debían llevar un antifaz puesto. Era una regla. Y cada vez que Yuu avanzaba, se daba cuenta de lo tremendamente cuidadosos que eran, pues cada uno de estos antifaces eran distintos en formas, y colores. Grandes candelabros, cortinas rojas y demás cosas provenientes del noroeste. Te daba el sentimiento de estar atrapado en una de esas historias de cortesanos y nobles del siglo XlX. Realmente se habían lucido.
Algunos tenían plumas, otros, flores y los más exquisitos eran alargados arriba; curveados hasta el principio de la frente. El de Yuu no era demasiado excéntrico, era un sencillo antifaz dorado revestido por gotas doradas que se alargaban a lo largo del ojo dando un aspecto de ramificación y los bordes eran de un dorado más fuerte; tenía un hilo trenzado dando apariencia de que toda su máscara estaba hecha de oro puro. Las chicas con las que venían acompañados, se emocionaron y sin decir palabra se marcharon dejando a Yuu y a Chiaki solos entre el gentío de pomposos vestidos y caros trajes. Ambos intentaron identificar a algún conocido, alguien, quien sea, solo para que los sacasen de ese aprieto.
Pudo sentir varias miradas sobre él y luego cuchicheos. Esto no era bueno. Hablaban de él, y lo peor era que hablaban mal de Yanase.
Chiaki le intentó infundir valor con una media sonrisa desde su antifaz azul de punta hacia abajo con gotas de agua blancas, aunque lo hizo pesimamente debido a su muy notable estado de intimidación. Buscó en vano a su alrededor y nada, esperaba ver aunque sea una cabellera castaña rojiza… ¿Desde cuándo demonios estaba buscándolo a él? Decidió que fue una mala jugada de su mente, estaba acostumbrado a que apareciera de la nada a molestarlo, como siempre. Escuchó a Yoshino llamarlo, cuando giró la cabeza lo encontró hablando con Tori. Que por cierto, se había peinado hacia atrás para la ocasión, luciendo un delgado antifaz plateado de extremos con diseños azules igual que a la mitad, el contorno de los ojos eran dorados, con terminaciones en forma de cortos cuernos hacia abajo, un patrón de puntos dorados acababan de conformar su máscara.
¿Era él o todo el mundo se había preparado extra elegante para la ocasión? Hatori le mostró una mirada fría, no una de apatía sino más bien una que decía a gritos "síganme, los sacaré de aquí" Optó por obedecer, ya se sentía claustrofóbico y no por el hecho de que el salón fuese pequeño, al contrario era inmenso, pero la gente aún tenía la maldita manía de concentrarse en un punto para quedarse parados conversando dificultando la movilidad de los peatones. Escuchó a la romántica pareja hablar por un momento, intercambiado elogios e información del evento hasta que Tori se disculpó para atender a otros mangakas y demás personas importantes.
—Arg… La cosas que hago por ti. —murmuró Yuu apoyándose de la pared y cruzándose de brazos.
—Vamos, vamos. No esta tan mal… esto superó mis expectativas a decir verdad. —dijo el mangaka contemplando los impecables candelabros. —¡Yuu!, ¿crees que podamos ver a Ijuuin-sensei?
Su cara de cachorro emocionado le sacó una sonrisita.
—Con todo este lio de máscaras será algo difícil, ¡Y…! —se adelantó, al ver cómo iba a ser interrumpido por su amigo. —aunque tenga su nombre en su gafete, lo más probable es que Ijuuin-sensei tendrá mejores cosas que hacer antes de ocuparse de dos de sus fans, ¿no crees?
—Sí, pero…
Yanase hizo una mueca con sus labios para que se rindiera.
—¡Yoshino, ven aquí! Es hora de la entrevista. —llamó Tori alzando una mano para que fuese fácil para su amante identificarlo. Después de escuchar a Yuu desearle suerte su fue detrás de Hatori a sus deberes asignados para esa noche. El castaño vio como un montón de camareros de negras mascaras salían con bandejas repletas de champán. Una copa no le haría daño, tenía tantas ganas de probarla que podía sentir la bebida burbujeando en su lengua. Con la boca hecha agua, se movió sigilosamente entre la muchedumbre y ya tan cerca del camarero, supo que alguien lo tomó del brazo y lo haló hacia atrás, cuando quiso protestar, ese alguien le tapó la boca con una mano. Las personas allí estaban tan enfrascadas en sus conversaciones y en pasarlo bien que nadie notó cuando fue alejado a gran velocidad de allí. El embriagador y delicioso aroma llegó a sus fosas nasales, creyendo reconocer el olor dejó de forcejear un momento. Y eso, que la persona no llevaba colonia. Su raptor abrió una puerta bien ubicada para una escapada romántica: alejada y era casi imposible saber que la puerta estaba allí.
El chico, lo soltó sabiéndose totalmente a solas en un pequeño almacén donde solo habían sillas. Souji le bloqueó la salida con su cuerpo, parecía algo ansioso.
—¡¿Pero qué demonios te…?! ¡…! —su cuerpo se tensó totalmente cuando el más alto, levando su rostro con ambas manos a cada lado, unió sus bocas un lento beso cargado de pasión. Y aunque los antifaces entorpecían un poco el contacto, no dejo de ser un cálido beso embriagador. Pudo sentir que Souji se estaba conteniendo. Yuu lo apartó de un empujón, quizás algo violento por el sonido que hizo su espalda al golpear la puerta, si no fuera por su máscara y la poca iluminación, el más joven sabría de su sonrojo. Lo vio sonreír: con ternura y alivio. Como quien no ve a su amado luego de largos años de espera.
Ahora que lo observaba bien, tenía también su pelo hacia atrás, solo que varios mechones de su flequillo se había corrido hacia adelante, parecía un guapo joven extranjero.
—Perdona, —rió. —es que no sabía cuánto tiempo pasaría sin poder hacer eso. Qué bueno que la espera no fue muy larga. —dijo con despreocupación. Observándole con aquellos joviales ojos que tanto le hacían perder el control. Cada vez que lo observaba, estaba cada vez más convencido que parecía alguien de alta cuna: su máscara contrastaba con el color de sus irises. La mitad del antifaz era de color negro con un diseño gris alrededor del ojo, -parecido a la abertura que provocaba una bala al impactar- la otra mitad era como ver un tablón de ajedrez en diagonal, de cuadriláteros blancos y rojos la terminación eran tres cortos alargamientos un poco curveados hacia la frente y en la mitad de color negro, un poco de su máscara estaba reducida dejando ver la mejilla derecha del editor. Eso, sumándole su esmoquin gris de chaqueta negra y camisa blanca le daban un aire principesco. Un Souji del siglo XlX.
—Tú también te ves… Wao… —¡¿tanto se notó que le miraba como una quinceañera a un súper modelo?! Mierda. Murmuró un tímido "gracias" reparando en su esmoquin blanco y moño negro, Souji no le quitaba el ojo de encima; como quien ve un delicioso pastel bien elaborado. No estaba ni la mitad de increíble como él, pero suponía que se debía a que era su primera vez que lo veía de traje. Sacudió esos pensamientos acordándose de golpe que estaba encerrado con Nakami en un pequeño almacén.
—¿Para qué me trajiste aquí? Pronto comenzaran a preguntarse dónde estoy.
—Eso lo sé. Te escribí hace días y no me respondiste, quiero saber si sucede algo… Aun sucedido muchas cosas en tan poco tiempo y…
Yuu agachó un poco la cabeza, no sabía cómo reaccionar ante eso. ¡Si, se habían acostado y toda la cosa…! ¿Pero, qué hacer ahora?
—Más que nada, me has estado evitando.
Directo en el blanco, había sido descubierto.
Yuu dio un paso hacia atrás cuando Souji avanzó a penas un poco. Sus irises esmeraldas penetraban en su persona haciéndolo sentir desenmascarado. Eran de esas pocas miradas frías que él le dirigía cuando quería hacerlo sentir culpable.
—Yo no he estado haciendo tal cosa.
—Mírate, lo estás haciendo ahora mismo.
Souji avanzó unos pasos más, a lo que el oji-caoba solo sabía retroceder y cuando estuvieron lo suficientemente cerca, Yuu quiso apartarlo empujándolo del pecho. Pero él no se lo permitió, agarró su mano entre la suya con delicadeza y con la otra libre, lo sostuvo de la cadera, terminando de empotrarlo contra la pared. Su pulgar acariciaba dulcemente el reverso de su muñeca.
—¿Yo te gusto? —preguntó cómo quien pregunta por la hora, con tanta naturalidad y sin ningún atisbo de vacilación.
—…No.
Souji sonrió felinamente cerrando los ojos por unos segundos.
—Te estás contradiciendo.
—¡No lo hago! —bramó furioso, sus mejillas estaban rojas.
—Cuando me acerco demasiado, —cortó casi toda distancia con el estando a escasos milímetros de sus labios. Podía sentir su delicioso aroma. —Tus pupilas se dilatan y tu pulso se acelera. —susurró en su oído como si fuese un secreto valioso. Souji acarició un poco más fuerte el reverso de su muñeca haciendo notar como sabía que su corazón luchaba por salírsele de las costillas. Ahora le miró de frente, doblando un poco su labio inferior con angustia, habló: —Estos dos días han sido horribles para mí, si he hecho algo que no te haya gustado… De verdad lo lamento.
¿Qué… se estaba, disculpando…?
—Aun así no me voy a rendir. Todos tus esfuerzos por alejarme de ti no van a funcionar. Y estoy totalmente seguro de lo que siento, y eso no va a cambiar por más que me rechaces. Te amo, Yuu-san.
Sus ojos se agrandaron un poco y su cara se puso roja hasta las orejas, se la había olvidado como respirar. Estaba acostumbrado a ser el más fuerte, el determinado y el perseverante… Pero había una enorme grieta que lo diferenciaba del editor: Souji no vacilaba y se mantenía firme en todo momento.
Nakami se dio cuenta de lo había inquietado un poco así que para aligerar la atmosfera cambio de tema. No necesitaba una respuesta concreta por ahora, le bastaba con que Yuu-san estuviera sano y a su lado. Le soltó y se separó para darle algo de espacio.
—Han estado diciendo cosas horribles sobre ti en toda la editorial…
El alma del dibujante volvió a su cuerpo, y el nerviosismo se convirtió en neutralismo. —Ese maldito chisme, si yo no tengo nada con nadie en Marukawa. —soltó el mayor apretando la mandíbula sin pensar mucho en sus palabras, sin ver la pequeña grita que provocó en el oji-verde.
—Te creo.
Yanase levantó el rostro. —¿Qué?
—Te mandé ese mensaje para discutir eso. Sé que todo es mentira. Y hasta tengo a un sospechoso en la mira. Es Jun. —la piel se le puso de gallina al asistente. —Estoy seguro de que el armó este chisme y que con ayuda lo infiltró en la compañía. —Yuu-san, contéstame sinceramente: ¿Jun te ha dicho algo extraño…? ¿Te ha contactado, sí o no?
"Vas a saber de mi muy pronto"
La pesadilla apenas comenzaba.
—Yo…
XxxX
Aclaraciones:
Futon Shiki*: Colchón Japonés, parecido al tradicional Futon, solo que este tiene base bajita mientras el otro solo se coloca en el suelo.
Si, si lo sé. Me tardé un montón: casi 2 meses pero no tenía idea de cómo iba este capítulo sumándole mi graduación, exámenes finales y más exámenes e inscripción de universidad. Ah, por cierto, gracias a la chica que me amenazó de mala muerte, sin eso quizás hubiese tardado más en actualizar. Y por dejar todos esos lindos reviews… ¡Qué bueno que Souji les encante! Es todo un amor :3
Bueno, aquí va la fiesta, ¿les ha gustado? ¿Probaron la champaña? El capítulo iba a quedar más largo, se lo merecen pero tenía que cortar ahí o si no perdería el "estilo" (suspenso xD) Iba a describir todas las máscaras del grupo Esmeralda pero sé que harta tanta visualización descriptiva (incluso para mí), así que lo deje ahí (los dibujos de las máscaras están en mi Face, excepto por Yuu y Chiaki, esas están en google)
¡Jun ataca de nuevo y Yuu le da un derechazo! Yuu no se dejara manipular por Ricky Rincón y Hatori tiene sus terribles sospechas. Souji se siente como una mierda y se mete de investigador con ese horrible chisme. No paso mucho pero tan poco paso poca cosa. Y lo más importante: ¡YUU ESTA CONFUNDIDO DE SENTIMIENTOS!
"¿Yuu confesara pronto que ama a Souji?" "¿Qué quiere Haruhi?" "¿Cuándo será el próximo ataque de Jun?" "¿Por qué Mino aún no tiene su homo-pareja?" "¡¿Y por qué demonios aún no ha salido la película de Yokozawa?!"
¡Vea esto y más en el próximo capítulo, sintonícenos!
¡DEJA TU COMENTARIO Y… Souji te hará un striptease! (?)
