Bien, un día antes del update semanal, traigo el tercer capítulo, donde veremos la batalla entre Kouga y Mars, quizás aún no noten la gran diferencia con respecto a la serie original, y aún falta para ver qué hay realmente de diferente, sin embargo, puse gran esfuerzo en que este capítulo transmitiera lo que yo creo debió hacer, espero haberlo hecho de manera que lo disfruten, en fin, sin más introducción, el capítulo.
Capítulo tres:
Brilla, arde, mi Cosmos
- ¡Oye, la señorita Saori…! ¡¿Es Athena?! – Vociferó Kouga, con los puños cerrados, tratando de asimilar un hecho que no comprendía. - ¡Contéstame, vamos!
- Tú… No interfieras. – Le respondió la figura, ignorándolo por completo, dirigiendo su mirada nuevamente a una paralizada Saori. – Athena, esta vez, Seiya no podrá salvarte.
- Mars… No importa qué, ¡no vas a corromper la armonía de la Tierra, no te lo permitiré! – Dijo la diosa, firme en su postura, aunque su situación se veía considerablemente adversa.
- Veamos cómo no me lo permites. – Contestó, burlón, el ser extraterrestre. - ¡Ven aquí!
Cuando Mars quiso acercar sus gigantescas manos sobre Athena, como una estrella fugaz, Kouga se interpuso con su cuerpo, envuelto en un aura celestial, sin embargo, este embate corporal fue fútil, pues Mars no sintió la más mínima cosquilla, lo que es más, provocó una descarga eléctrica de gran potencia al joven, quien no pudo hacer más que revolcarse del dolor en la arena, sin posibilidad a mover un solo dedo, solo sentía espasmos de corriente que circulaba su cuerpo.
- Esa energía… Acaso, tú eres… - Mars comenzó unas elucubraciones hasta dar con la respuesta. – Aquel bebé, aquella vida que Seiya protegió.
- S-Seiya… - Murmuraba el joven en el suelo.
- ¡Será mejor deshacerme de ti antes que seas un problema! – Exclamó Mars, mientras formaba una de sus características lanzas rojas, la cual lanzó sin dudar al abatido Kouga.
Sin embargo, el ataque no tuvo el resultado esperado, pues como un relámpago, prácticamente de la nada, Shaina de Ophiuchus apareció en ese instante, desviando con un zarpazo eléctrico la lanza, no sin casi sacrificar su mano, el simple contacto con tan poderoso ataque le provocó grandes quemaduras en su brazo.
- ¡Sh-Shaina! – Exclamaron Kouga y Saori, asustados por el estado de la Santo.
- ¡N-No pasa nada, Kouga, estoy bien…! – Quiso calmarlo, aunque sin embargo se sentía totalmente destruida, no pudo contener la compostura y se desplomó en el suelo.
- ¡No, Shaina, Shaina!
- Otra basura más al cesto, qué más da, la única que me interesa… Eres tú, Athena. – Comentó Mars, indiferente a la caída de Shaina, concentrado ahora en Saori. – No tiene sentido que te resistas, inevitablemente, ¡eres mía, Athena!
- ¡Jamás, Mars, jamás lo lograrás!
El alienígena intentó abalanzarse sobre Saori, quien respondió fugazmente creando un escudo de energía dorado, que impedía los feroces embates de un enfurecido Mars. Eventualmente, el escudo fue destruido a manos de las garras del imponente ser, finalmente, la diosa, desprotegida, se ve sin recursos ya, la desesperación le invade, y el miedo la dejó caer en la mano de Mars, que la alzaba como trofeo de guerra, poco a poco, Saori se desvanecía de la impresión hasta perder la conciencia.
- ¡Deja…! ¡A la señorita Saori! – Fue un grito ahogado de Kouga, que aún se esforzaba por ponerse de pie.
- Oh, ¿así que aún tienes fuerzas para hablar, eh? Se ve que eres persistente… Qué humano, y qué estúpido. – Dijo Mars, quien sin darle verdadera importancia a las palabras del muchacho, presionó un poco el cuerpo de la diosa, quien comenzó a lanzar gritos del dolor, al tiempo que una extraña mancha oscura la rodeaba en todo el cuerpo, era similar a la que ya poseía en un hombro.
- ¡Te dije…! ¡Que te detengas, pedazo de mierda…!
- ¡Ahora el mono insulta, el hablar de los imbéciles! ¡No imaginas qué divertido se torna esto, humano!
- ¡Basta…! – Contra la lógica, Kouga se estaba levantando de a poco, ya estaba sobre sus pies, pero cabizbajo, no era capaz de levantar la vista aún.
Alrededor del muchacho, un aura de colores blancos y celestes lo rodeó, ligeramente esta se acrecentaba, esto llamó la atención de Mars, quien se puso a la expectativa. A medida que esta energía parecía incrementarse, Kouga daba pasos hacia delante, y levantaba la cabeza, hasta erguirse completamente, y dirigir una mirada desafiante hacia Mars.
- Deja a la señorita Saori, ahora.
- ¡¿Qué…?! ¿Cómo osas siquiera mirarme, asqueroso humano? ¡Muere! – Al instante el alien lanzó un rayo de energía roja directo al pecho de Kouga, quien, sin embargo, lo esquivó a una velocidad inhumana, sin perder su mirada llena de furia.
Rápidamente, sucesivos ataques llegaban a Kouga, aunque no conseguían hacer contacto, los evadía con facilidad, tras el último, se echó a la carrera para alcanzar a un perplejo Mars, que había cesado los ataques por un momento, chance perfecta para el muchacho que parecía haber despertado un poder increíble. Soberbio casi, Kouga dirigió un puñetazo directo al rostro de Mars. Este conectó claramente, pero no fue suficiente, fue como lanzarle una hormiga a un león, el alienígena respondió con un brutal golpazo en el estómago, que lo estrelló contra la arena nuevamente.
Pero Kouga no cayó, aún de pie, se mantenía firme, con su mirada puesta en Mars.
- Aún… No perderé, ¡no perderé!
Se lanzó velozmente a enfrentar cara a cara con él, para encontrarse con un nuevo contraataque en su cara que lo hubiese estrellado en el lugar contra el suelo, no obstante, Kouga seguía de pie, apenas le volteó la cara, y entonces repitió su ataque de recién, solo pare que Mars lo tomase por el rostro, al cual oprimiéndolo, provocó una explosión que lo lanzó hacia atrás.
Una vez caído, Kouga sentía que las fuerzas comenzaban a fallarle, quizás ese último ataque fue demasiado, su confianza le terminó jugando en contra. No se sentía capaz de levantar la vista una vez más, por más que quisiera. Sin embargo, algo lo motivó de nuevo, pudo vislumbrar como Saori, desmayada en las manos de Mars, comenzaba a ser consumida por esa extraña mancha oscura.
- ¡NO! – Pensó. - ¡Señorita Saori, no puedo dejar que…! ¡No puedo…! – Su mente se desesperaba poco a poco. – Pero, ¿cómo? ¡Es demasiado poderoso! ¿Qué hago?
- Kouga… - Como una estrella fugaz, una voz se presentó en su cabeza.
- ¿Q-quién…?
- Kouga, levántate, una vez más, levántate. – La voz se le hacía familiar, pero no podía asimilarla correctamente. - ¿No vas a proteger a Saori acaso? ¿No te convertirás en un Santo de Athena? ¡Que tu Cosmos arda…! ¡Que tu Cosmos arda tan fuerte, que desde todos lados se vea brillar como una estrella inmortal! ¡Kouga, conviértete en una estrella!
- ¿S-Seiya…? ¿Eres tú…?
- Kouga… Confía, no dudes, ¡vamos!
- Yo… ¡Yo…!
- ¡¿Qué demonios?! - Exclamó Mars, atónito.
Contra viento y marea, Kouga es capaz de levantarse, aunque sus piernas le temblaban, y parecía a nada de desplomarse, eso no lo detuvo en erguirse, en levantar la mirada una vez más, envalentonado por las palabras que llegaban a su corazón.
- ¡Mars…! ¡No te perdonaré!
- ¡Soy un monstruo imperdonable! ¡Ha, creo que me sienta bien! – Se mofó Mars de la seriedad del joven, mientras presionaba un poco más el cuerpo de una desfallecida diosa, Kouga sintió como la sangre estaba a punto de brotarle de los ojos, y su ira explotó.
¡MARS!
El colgante que se ocultaba bajo su remera comenzó a brillar, parecía un gran diamante con forma rómbica, comenzó a liberar destellos blanquecinos a la par que el cuerpo de Kouga, la energía cósmica dormida en su cuerpo se elevaba a una velocidad absurda, incomparable, e ilógica a lo que hasta ahora era capaz. A una manera casi abrumadora, la energía se expandía varios metros en todas direcciones. Kouga, sobrepasado por su imparable Cosmos, libera la tensión con un potente grito, a medida que su poder seguía incrementando.
Un fenómeno en el cielo se presentó anormalmente, entre las rojizas nubes que cubrían el firmamento, una especie de fractura se produjo, parecía una grieta que se abría poco a poco, hasta notarse un claro "agujero", no era tal, sino que de hecho, a través del "agujero", se podía ver una sección del universo, estrellas, y cometas circundando. Pero ciertas estrellas se iluminaron por sobre las otras, no eran cualquier estrellas, eran trece, y no se colocaban de manera al azar, formaban un dibujo, una imagen, una constelación. La constelación de Pegaso, el mítico caballo alado, y la constelación que una vez guardó a Seiya.
Kouga le dirigió una mirada, Mars también, ambos quedaron estupefactos al ver la anomalía, que no solo no se detuvo, sino que, incluso, las estrellas brillaron más fuertes, y titilaban como si fuesen a desprenderse del universo y caer en la Tierra. El muchacho alzó una mano, y lo que menos creía posible sucedió, una estrella pareció lanzar una luz sobre su brazo, lo recubrió con una protección color blanco de tintes celestes, decorado en el codo con un diamante incrustado. Esto lo sorprendió, pero mucho más lo impresionó cuando las estrellas restantes se caían del firmamento directo hacia el joven, revistiéndolo en un extraño traje del mismo color que el brazo, lo último en colocársele fue una tiara decorativa, a los costados se le abrían alas metálicas, y en el centro una pequeña cabecita poco detallada de ojos rojos, con alas doradas los costados. Era, definitivamente, la Cloth de Pegaso, que descendió de los mismos cielos para proteger a Kouga.
- Esa… Esa Cloth, ¿cómo diablos…? – Se preguntaba Mars, estaba confuso y no comprendía la situación en ningún sentido.
Kouga se vio a sí mismo, movió un poco los dedos, luego los brazos, y el poder que sintió recorrer por sus venas fue indescriptible, e incomparable. Volvió a plantar la mirada en Mars, que por primera vez se tornó a la defensiva, esta vez, Kouga sintió mucha más confianza.
- Es el momento, Kouga, deja que el Cosmos fluya naturalmente dentro de ti, y déjalo salir, así…
Como si el Cloth le estuviese hablando, e indicando cómo moverse, Kouga adoptó una peculiar posición que tomó a Mars por sorpresa, la clásica, e inolvidable pose del legendario Pegaso, Seiya.
Pegasus Ryuuseiken!
(Estrellas fugaces de Pegaso)
Con el puño hacia delante, centenares de ráfagas celestiales se desprendían directo hacia el extraterrestre, quien solo pudo responder a desviarlos a rápida velocidad. Prontamente, Kouga sintió una dificultad al atacar, no podía mantener el brazo derecho, y por tanto, fallaba varias veces.
- Hnng… ¡No puedo mantenerlo, es muy fuerte! – Pensaba.
- Kouga, no te centres en un solo punto, mueve tu cuerpo, extiende tu poder por todos lados, y expúlsalo sin temor a fallar. ¡Adelante, Kouga! - Dijo la voz que ya lo había aconsejado.
Haciendo caso, Kouga empezó a usar ambos puños, las ráfagas salían alternadas, derecha e izquierda, ahora iba incluso más rápido y con mejor puntería que recién, a medida que acrecentaba su ataque, intercaló con distintos tipos de puñetazos, ganchos, golpes bajos, su rango se incrementó, Mars empezó a elevar su energía para repeler tantos ataques.
- ¡¿Cómo puede ser que esta escoria me plante batalla?! ¡NO ME TOMES POR ESTÚPIDO, HUMANO! – Lleno de ira, a su alrededor numerosas lanzas carmesí generó, y repelió absolutamente todos los golpes que Kouga lanzaba con cada una de ellas, poco a poco, le ganaba en terreno.
Pero esto no detuvo al joven Pegaso, empezó a acelerar sus movimientos que ya casi se volvían desenfrenados y dignos de un súper hombre. Mars buscó nuevos ángulos de ataque, lanzando por las flancos, y aún así, no hacían mella en Kouga.
Lejos del fragor de la batalla, Shaina de Ophiuchus recobraba el conocimiento, se vio sorprendida por cómo Kouga enfrentaba al imponente Mars, pero algo le llamó mucho más la atención. Observó con detenimiento las estrellas fugaces de Kouga, detectó una extrañez en los colores blancos y celestes, ¿tintes de oscuridad? Extrañamente, sí, esto prácticamente le quitó el aliento, no dudó en levantarse velozmente para actuar rápido.
En tanto, el alienígena estaba preparado para un nuevo ataque. En el aire, sobre su cabeza, una esfera de energía carmesí se manifestó, cada vez se acrecentaba más, hasta tomar proporciones casi tan grandes como su propio cuerpo, la esfera destellaba oscuridad por doquier, sin embargo, Kouga no le prestaba atención alguna.
Todo ocurrió en un instante extremadamente veloz.
VERMICULUS METEORON!
(Meteoro Carmesí)
El marciano invocó su ataque, que se dirigía no muy rápido en dirección al muchacho, este lo notó apenas con claridad, y preparó un poder de Cosmos concentrado, en su puño se formaba un aura de luz, sin embargo, empañada con un negro que hizo reaccionar a Shaina al instante.
Antes que Kouga pudiese lanzar su ataque, Shaina elevó abruptamente su Cosmos, y se interpuso en la ruta entre la esfera roja y Kouga, en sus manos desarrollaba unas altas descargas eléctricas para luchar contra el fuerte poder de Mars.
THUNDER CLAW!
(Garra del Trueno)
Clavó las garras entre la superficie del meteoro, proporcionándole altas descargas eléctricas, a costa de su propia seguridad, ya que sentía como la presión la estaba a punto de destrozar, primero lo hizo con su máscara, revelando un maduro rostro de mujer, continuó con su Cloth, se caía a pedazos de a poco, hasta finalmente consumirla casi por completo. El meteoro estaba lejos de ser detenido, por ello, Shaina, en un esfuerzo sobrehumano, forzó su Cosmos para intentar absorber todo el impacto.
- ¡No, Shaina, espere!
Rápidamente, el meteoro la cruzó de un lado hacia otro como una espada, y lanzándola despedida contra los bosques, sin que pudiera poner la más mínima resistencia. Aterrado, Kouga se da vuelta, eso lo distrae de la batalla, y recibe por la espalda numerosos impactos de las lanzas de Mars, que no lo dejaron tendido en el suelo por su inquebrantable voluntad de luchar. Se volteó dispuesto a continuar, sin embargo, Mars se le había adelantado, ya le colocó un dedo encima, y de alguna forma paralizó al joven, que solo pudo desplomarse en la arena.
- Te dejaré vivir, Pegaso… Quizás esto se vuelva interesante, ¿no te parece, Athena? – Concluyó Mars, con Saori en sus brazos, cada vez más consumida por la mancha oscura que atravesaba su cuerpo entero. Kouga, impotente, miraba la escena.
En una manifestación de llamas la figura de ambos se consumía, Mars soltaba una risa, mientras el rostro de Saori quería soltar una lágrima que no podía existir…
¡SAORI…!
[…]
