Disclaimer: Sekai-ichi Hatsukoi y sus personajes les pertenece a sus respectivos autores, este fic es sin fines de lucro, lo hago solo por diversión. Nakami Souji y otros personajes que NO salen en el anime ni en el manga si son de mi propiedad.
-.El gato blanco de la mala suerte.-
Cap. 11: "CON LOS GATOS Y EL FUEGO, NO SE JUEGA."
¿Que como supe dónde estaba Yuu-san? Fácil.
El humano promedio empieza a chismorrear de una persona cuando la ve llegar. Entre los murmuros y el gentío, divisé su cabellera castaña. Lo malo era que los comentarios negativos sobre aquel chisme no le daban tregua al pobre dibujante. Desde un principio supuse que eran falsos, aunque he de admitir que por un momento me invadió la inseguridad. Pero hablar y tenerle cerca me reconfortó bastante, me sorprendió el hecho de que ya supiera sobre ese rumor, ¿alguien ya le habría dicho sobre ello? Lo importante es que no estaba decaído por ello; tuvo la energía para sepárame de sus labios, aunque eso ya me lo esperaba.
Ya eran las 12:30 y mi "Cenicienta" ya se había ido sin darme una respuesta.
Había evitado la pregunta como si fuese lo más usual del mundo, cambiando repentinamente de tema y huyendo como yo estaba acostumbrado que hiciera. Eso me preocupaba, normalmente hacia eso cuando quiere ocultar algo. Solo había una cosa que hacer, ocuparme de Jun y rápido.
—Souji, quédate a esperar los últimos invitados de Isaka-san. Ya los demás están cubriendo otros puntos de salida. Yo despacharé a los productores. —asentí una vez ante las ordenes de Takano-san y todo resultó bien al final.
Levanté la vista. Era increíble como Yokozawa-san trabajaba tan duro cuando ya no le correspondía estar aquí. Estaba casi del otro lado del salón con dos ingleses encargados también de las ventas en su propio país... Esperen un segundo, ¿Yokozawa-san acababa de sonreír? ¡Oh, también se rió! Ay... si estos tipos lo conocieran en la oficina, seguro no le estarían haciendo malos chistes a los que el oso estuviera forzado a responder...
—¡Ah, Nakami-chan ahí estas!— dijo mi jefe de más alto rango con aire alegre a lo que yo sonreí a forma de saludo. Lo que más admiro de este hombre es que es una excelente estratega en los negocios, el no aceptaba fallar. Agaché la cabeza diciendo "muchas gracias por trabajar con nosotros y por su esfuerzo", se trataban de una mujer en los finales de sus veintes, un hombre de unos cincuenta y tantos y un chico joven que no pasaba de veinte tres. Todos rubios, ojos azul grisáceo y de media estatura. Al momento de recibir saludos y darles mi tarjeta de presentación, Isaka-san se me colgó al cuello con camaradería. —Nakami-chan es uno de los editores más jóvenes que tengo a cargo de mangakas. Shizuku, el que les presenté cuando nos trajeron las copas, es otro. Y aun así no puedo creer que tengamos tanto público con los mangas que están a cargo.
Y a medida que el director de Marukawa Shoten continuaba relatando sus historias sobre los mangakas, y los ingleses les respondían en un casi perfecto japonés, fuimos caminando hacia la salida donde Asahina-san esperaba a todos en el asiento del conductor de un amplio auto. Por fin pude soltar un gran suspiro, me había forzado a sonreír y a sostener conversaciones toda la noche con completos extraños. Mas, Takano-san llamándome de aquí para allá como su perro guía. Trataría de ir lo más pronto al hospital a obtener información sobre mi estado de salud, porque seriamente necesitaba un trago.
Desaté mi antifaz y le eché un vistazo, con la prisa que llevaba hice que Onodera-kun me lo colocara sin prestarle atención a la máscara que la mujer de la entrada me había dado. Era bonita, nada más. La tomé entre mis dedos dispuesto a quedarme allí a esperar más y más órdenes del demonio de Takano. Me quería ir a casa.
—¡Sou-kun, ya acabamos por hoy! — dijo Kisa dándome una palmada en la espalda y se quedó mirándome fijamente, sentí una punzada; no me extrañaba que lo hiciera luego de hacerle hablar sobre sexo anal. De pronto alzó un dedo y su boca formó una "o" —Takano-san dijo que lo esperásemos aquí para ir a celebrar a un bar.
Arrugué la nariz y mi ceja se alzó por medio segundo: — ¿Lo están haciendo a propósito, verdad?
—¡¿Eh?! ¿Qué cosa? ¡Dime, dime! —rió con una amplia sonrisa.
Entrecerré los ojos sonriendo con malicia. Coloqué una mano en su hombro y agaché un poco la cabeza aprovechando la llamada telefónica de días atrás para susurrarle en el oído seductoramente: —¿No tienes ni una pista? Quise saber aquello porque me interesas, Kisa-san. Haremos que Yukina-kun no se entere. —me erguí estallando en carcajadas ante esa mueca que hizo con los labios, los ojos abiertos de par en par y su sonrojo. Cerró su puño y me golpeó con fuerza el hombro. —¡Ya entendí, ya entendí!
—Eres un demonio... Oh, ahí vienen Mino y Ricchan. —y su enfado se disipó al igual que la vergüenza. —Menos mal que mañana cancelaron las labores porque si no estuviese desecho.
—¡¿EH?! ¡¿M-mañana no hay que ir a trabajar?! ¿Porque el imbécil de Takano no me dice nada? —chasqueé la lengua aliviado de tener el día libre. Shota murmuró unos cuantos "ya, calma" levantando las manos, y saludó a los demás cuando se nos unieron. Todos andaban con sus mascaras en la mano. —No iré, estoy cansado. —confesé con cara de pocos amigos cuando me preguntaron.
—¡Si él no va, yo tampoco! Bueno, nos vemos en la oficina, ¡adiós! —farfulló el oji-verde despidiéndose con la mano. Cuando iba a salir, Masamune lo tomó por el cuello del traje y lo arrastró de vuelta al círculo. Sonreí ante la escena; mi jefe con una mueca de enfado y Ritsu dejó caer los hombros derrotado.
—Hatori se me perdió cuando los invitados comenzaban a irse, tampoco contesta el celular. Nos vamos en mi auto... Souji, te dejaré en tu casa, así que ven. —asentí algo sorprendido por ese acto de "humanidad" por parte de él, nadie dijo nada y nos subimos a su auto.
...
—Respira profundo... Bien, otra vez... Esto parece estar mejorando, súbete un poco más la camisa, necesito que respires con normalidad unas tres veces más, —el doctor Watanabe me hizo abrir la boca apuntándome con un foquito y el palito que hace que todo el mundo se ahogue y le dé comezón en la garganta. Apagó el aparato, y tomó un frasquito donde perforó con una jeringa, después de comprobar que expulsaba bien el líquido, me lo inyectó en el hombro. No dolía mucho, pero ardía y causa de eso cerré los ojos un segundo. — Esto te limpiará el cuerpo de esos neumococos... Si todos mis pacientes fueran así de cooperadores en las consultas... —suspiró riendo ligeramente a lo que yo sonreí en silencio.
Una enfermera entró y le entregó al hombre unos grandes sobres amarillos. Al abrirlos, el doctor los colocó en la luz y después de un silbido dijo: —Esto sí que fue rápido... el rasguño ¡Puff! Desapareció, y... La mucosidad acumulada en tus pulmones se redujo en una exagerada cantidad. Nada, ¡no hay nada! — sonrió con orgullo.
—¿Enserio? ¿Ya no tengo que medicarme?
Watanabe negó con la cabeza colocándose el estetoscopio en el cuello a lo que yo me arreglé mi ropa.
—La medicina que te acabo de suministrar acabará con los restos de bacterias que tengas en el cuerpo, solo te pido que te cuides y espero no verte en este hospital en muchos años, eres demasiado joven para tener enfermedades como esa. —le agradecí al doctor con entusiasmo, recibiendo el diagnostico, me dirigí a la recepción a pagar. Le estrellaría el maldito diagnostico a Takano mañana y me hartaría de alcohol en su misma cara.
Tomé el recibo de la dependienta y bajé la mirada cuando sentí que alguien me abrazaba la pierna. El niño alzó el rostro en una sonrisa angelical
—¡Kotarou-kun! Oh, ¿cómo estás? — al alzarlo en brazos el pequeño se enganchó a mi cuello y yo le abracé de vuelta.
—¡Souji, tienes mucho sin jugar con nosotros! — el castaño infló las mejillas haciendo un puchero y eso me sacó una sonrisa. Lo bajé y me acuclillé para que su rostro quedara a mi altura.
—Lo sé, perdóname, es que tengo mucho trabajo... Kotarou-kun, ¿qué te paso, que haces aquí? —pregunté extrañado mirando una venda de tela que le cubría la mitad de su antebrazo.
Sus ojos castaños evitaron los míos, sabiéndose culpable ocultó ambos brazos detrás de la espalda. Ladeé la cabeza alzando una ceja e hice que confesara: —Quería cocinar como mamá. Y me quemé.
—Y te quemaste... —asentí alzando ambas cejas apoyando mi mejilla en una mano. — Eso puedo ver. ¿Y qué aprendiste de eso?
Se rascó una mejilla fijando la visita al suelo y susurró: —Que me tengo que alejar de la cocina y... pedir ayuda si quiero algo...
—Oh, eso es muy inteligente.
—P-pero no te preocupes, ¡ya no me duele! Así que podemos jugar mucho cuando vayamos a casa. —Kotarou podía tener seis años pero era todo un curioso. Y así eran los demás, ruidosos, juguetones e inocentes; por eso es que no me cansaba de estar con ellos.
—Vamos a jugar mucho, ¿y sabes qué?, quiero hacer algo dulce. Dime algo que quieras probar y lo prepararé con todo el gusto. No creo que sus madres quieran que estén en casa de un tipo de mi edad solos, así que ni lo intentes. —el chiquillo infló las mejillas y yo reí. —Vamos, hay que entender a las madres, ¿eh?
El rostro del niño se iluminó después de pensarlo unos segundos. Kotarou moría por intentar hacer algún postre conmigo pero con lo sobreprotectora que era su madre, sabía que no conseguiría el permiso.
Con la más hermosa sonrisa que un niño te puede ofrecer, se lanzó a mis brazos y me apretó fuerte.
—¡Crepes!, ¿puedes hacerlas? ¡Muy dulces!
—¡Claro que sí! Desde que encuentre una tarde libre las haré y jugaremos, ¿sí?
—¡Gracias, Souji! ¡Eres el mejor! —Kotarou dio unos saltitos de felicidad y se despidió antes de irse corriendo a donde un doctor joven de cabello rubio y orbes castañas, su gafete decía "Tsumori", supongo que Kotarou le explicó que éramos vecinos y amigos por la mirada de recelo que me dirigió. Me giré sobre mis pasos hacia la salida, iba a aprovechar mi día libre comenzando por resolver la raíz de todos mis problemas.
...
—¿Isami-san nunca te enseñó que lo que se regala no se devuelve? Te voy a preguntar por última vez. ¿Por qué tengo tu reloj en mi mano ahora mismo? —si no hubiese sido una pregunta seria hubiera respondido con burla, pero este no era momento ni lugar para jugar con la paciencia de Jun.
—Por la misma razón por la cual estas acosando a Yanase Yuu. Confiesa, Jun. ¿Qué mierda le dijiste esta vez?
Hubo un corto silencio en la llamada. —¿Qué te hace pensar que yo me metería con alguien que apenas me sé su nombre?
—Porque te conozco, y sé que algo le hiciste o dijiste. Ambos: Tú y Yuu-san están actuando muy raro. Jun… no nací ayer, sabes que puedo ser muy insistente cuando se trata de averiguar la verdad.
Le escuché soltar un gruñido ahogado. —¿Donde estas?
—En tu casa. Y no planeo moverme de esta sala.
Otro maldito silencio. —Veámonos en otra parte, estoy cerca de un parque...
—No.
—Souji...
—¿Qué carajos te pasa? Ya no vas a tu casa, muy pocas veces te ven en tu trabajo ¡y andas buscando refugio para tus borracheras en el Dojo! ¡¿Cuántos años tienes?! ¡¿Diecisiete...?! —suspiré para calmarme, gritar no lo traería a casa. —Tu padre, lo único que tienes... está preocupado por ti. Te digo que no me voy a mover un centímetro de aquí. —cerré el teléfono con furia y lo arrojé sobre la mesa como si de pronto fuera la causa de mis problemas.
Una ama de llaves se acercó e hizo una rápida reverencia antes de hablar. —Hirose-sama ya está enterado y viene en camino. Espero que el joven amo este bien...
—También yo, y gracias por ese favor. —sonreí con timidez pues a ella no la conocía, debieron haberla contratado cuando Jun se fue a Inglaterra.
Cuando llegué de improviso a la mansión y le informé a las criadas que me comunicaran con Hayato-san, le dio tanto gusto y alivio que hiciera esa visita, que dijo que se excusaría del trabajo para resolver esta catástrofe. Aquel hombre, ya bien entrado en sus cincuenta, prácticamente me rogó que trajera a su hijo de vuelta a casa a toda costa. El padre de Jun sonaba tan desesperado que me indicó que usara cualquier método para convencerle que organizara su vida y volviera con ellos... Me pregunto cómo reaccionaría el señor Hirose si supiera que el desequilibrio de su hijo era mi culpa y la causa principal era un estúpido triangulo amoroso con violencia y sentimientos de por medio. Este señor, por años de experiencia de amistad con Jun, no era nada relajado si se trataba de su único heredero; eso era algo que tanto Isami como Haruhi saben bastante bien.
La criada se acercó esta vez con una bandeja que la depositó en la enorme mesita de mármol y procedió a servirme el té. Me sonrió con amabilidad y luego me dejó solo, era más que claro lo incomodo que resultaba si se quedaba a mi lado como perro guardián. Le eché cucharada y media de azúcar y revolví el líquido. ¿Cuánto se tardaría Jun en llegar? No era por cuestión de espera... es que, sinceramente, no deseaba permanecer mucho tiempo aquí, la forzada amabilidad de los criados y estar en el lugar donde casi resulto despojado de algunas virtudes por causa de Jun, no era del todo agradable… créanme, no era para nada agradable, me sentía acorralado...
Unos veinte minutos más pasaron en los cuales ya había tenido la oportunidad de conversar con Hayato-san después de tantos años; el estrés de su trabajo ya lo tenían arrugado y le habían arrebatado la mirada jovial para devolverle una cansina que profesaba la madurez y experiencia de lo que llevar una vida ajetreada se trataba. Aún conservaba el cabello rubio y alborotado como un hombre joven lo llevaría y el lustroso bigote que nunca afeitaba. Le dio bastante gusto mi visita y ambos nos pusimos al tanto de temas que el otro era desconocedor, cosas que Jun no se había preocupado en decirme y asuntos tan tribales como nuestra infancia, preguntó por Isami-san y su familia la cual estimaba muchísimo y me pidió que le diera sus saludos a Haruhi.
Cuando a ambos nos informaron que Jun ya había pasado el portón y se dirigía hacia acá, el señor Hirose se fue dispuesto a darnos privacidad, pues sospechaba que esto era algo más grande que un simple mal entendido... Solo rogaba que Jun no sacara tanto el tema de Yuu en cara, porque no tendría paciencia para contenerme y evitar otra riña.
Ni siquiera me puse de pie cuando apareció por el pasillo. Lo vi cruzarse de brazos y sin siquiera dar atisbo de que iba a ceder y tomar asiento. Su ropa estaba arrugada y estaba desaliñado, su cabello dorado estaba desordenado y tenía unas visibles ojeras bajo los ojos, sin mencionar que necesitaba una ligera afeitada.
—Jun, sabes que tenemos que hab...
—¿Por qué me devolviste el reloj? ¿Acaso no te gusta?
Jun estaba muy enojado. Podías adivinarlo en su cara y aquella aura que emanaba.
—Es demasiado lujo. Y creo que tiene un significado más grande para ti que lo que tiene para mí.
Su cara se marcó más y sus cejas casi se tocaban, podía imaginarlo con los ojos rojos y soltando espuma por la boca.
—Souji, ya tuvimos esta discusión. Sabes lo que siento por ti y aunque el sentimiento no sea mutuo sabes que yo no...
—¿Y eso te da el derecho a meterte en mi vida privada?— sus ojos se abrieron y vi que iba a hacer el intento de hablar, aun así no se lo permití. —Es muy obvio lo que has estado haciendo, ¿creíste que nunca me iba a dar cuenta? —ahora fue mi tuno de ponerme de pie y enojarme: —¿Por qué regaste ese chisme sobre Yuu en la editorial? ¿Qué ganabas con eso?
El rubio deshizo sus brazos entrelazados y me miró directo a los ojos, haciéndome frente aunque estuviera en desventaja. Y por fin, confesó:
—¿Y quien te ha dicho que fui yo? ¿Él mismo? Deja de hablar de mi como una alimaña y atacarme con esas preguntas, que tú no eres quien para hablar.
—¿Qué yo no tengo derecho a…? Mph… —tuve que cerrar los ojos unos segundos, reírme internamente y pedirle a Dios que me diera las fuerzas suficientes para no matarlo ahí mismo. A medida que hablaba, me iba acercando a él con claras intenciones de no dar el brazo a torcer. —A ver, todo este maldito lio lo empezaste tú cuando decidiste por ti mismo intentar violarme en tu habitación. ¿Y encuentras raro que me aleje de ti? Lamentablemente, Jun, yo no decido de quien enamorarme así que agradecería que me mantuvieras… No, que nos mantuvieras a raya de todo esto.
Sus ojos se desubicaron un momento, miraron a algún punto en el suelo y luego de un parpadeo reunió todo el valor para hacer contacto visual.
—¿No era eso lo que deseabas oír?
—Eh estado aplastando a los demás en silencio para conseguir lo que quiero por varios años en esta vida, y has sido el primero en conocerme lo bastante bien para darte cuenta de que he sido yo. —su sonrisa burlesca era para él mismo, era algo así como "no me lo puedo creer"… Eso había sonado como una felicitación. Junté mis labios entreabiertos porque al fin le pude sacar la información que quería pero él siguió hablando:—¿Estas acaso afirmado que lo amas? —suspiró, sabiendo la respuesta de antemano.
—Nunca lo negué. —ladeé la cabeza cuando vi que el escondía su boca tras su mano y apretaba los parpados, su caparazón se quebrantó en mil pedazos delante de mí y supe que él no estaba bien. Yo sonreí tristemente; no sabía lo que significaba el dolor de un amor no correspondido, pero si sabía lo que era estar arriba en las nubes y caer de golpe con fuerza hacia el suelo. Su cuerpo tembló y en silencio colocó su frente en mi hombro, no realicé ningún movimiento de rechazo. Ni siquiera me impresioné, así que dejé que llorara en silencio sobre mí… Porque antes de cualquier problema, por más grave que fuera, Jun era mi primer amigo de toda la vida y a los amigos se les tendía la mano por mas enojados que estuvieran el uno con el otro. —Lo siento. —susurré lo suficientemente audible para que a través de los sollozos me escuchara. Había sido una disculpa sincera, por no poder corresponder sus sentimientos.
Coloqué una mano en su espalda y la deje ahí, podía sentir las frías lágrimas a través de mi ropa, y por un instante, comprendí como se sentía Yuu-san al ser rechazado por su mejor amigo.
…
—Esto no puede ser posible… A mi edad, ya no reconozco este vecindario después de unos pocos años… —Despegué la vista del suelo deteniéndome a medio camino por la femenina voz que estaba de espaldas al otro lado de la calle. Llevaba dos maletas que lucían muy pesadas a cada mano, mientras hacía esfuerzo de su vista mirando para todos lados como si estuviese perdida. Me saqué las manos de los bolsillos echándole un vistazo cuando miró en mi dirección: la mujer no era muy alta, de unos cincuenta años con el corto pelo castaño recogido en una coleta. Parpadeé un par de veces, no había absolutamente nadie a esa hora de la tarde y me imagino que encontró algo curioso que un chico de mi edad no le despegara la vista como un perro que duda de acercarse a otro por primera vez.
Inflé mis pulmones con aire y me acerqué con cuidado de no asustarla.
—Buenas tardes… Ehm, la vi algo desubicada y me preguntaba si había algo en que podía ayudarle…
Alzó el rostro para mirarme pues yo casi le llevaba una cabeza. La señora duró al menos medio minuto analizando mi rostro que de seguro le pareció aniñado antes de ruborizarse y taparse la boca para soltar una pequeña risita. —Perdóname querido, es que fue algo repentino… no todo el mundo se detendría a ofrecer su ayuda a alguien en la calle.
—Entonces supongo que estoy para servirle. —sonreí de lado ofreciéndole una corta reverencia a lo que ella me dio unas palmaditas en mi pecho y sonrió ampliamente. Tuve tiempo de ver con claridad el color de sus ojos; eran de un café con un muy pequeño tinte rojizo.
—El autobús me dejó una estación antes y con todas estas casas que cada vez que vengo están remodeladas, estoy hecha un embrollo… Mira, estoy buscando esta dirección. —me mostró un pedazo de papel y luego de analizar su destino y mirar los letreros del nombre de las calles, recordé un buen atajo para llegar.
…
—¡T-tú…! ¡¿Q-q-que haces aquí?! — me señaló con la mano temblorosa, con los ojos como platos y mandíbula abierta de par en par. Yo solo le di un sorbo a mi té y me acomodé en la silla de la cocina. Se veía tan adorable…
—Yuu-chan… ¿así es que saludas a tu madre? ¿Ustedes dos se conocen?
Quise ahogarme en mi té de la risa, porque tuvo que sopesar toda estupefacción de verme metido en su casa estilo tradicional y no contradecir a su madre para saludarla con un abrazo sin despegarme la vista como a una víbora. Yuu dejó su bolso sobre la encimera, sentándose en la silla vacía al lado de Yanase Minami. Fue toda una sorpresa saber que la amable y humilde señora perdida en medio del camino resultaba ser la progenitora de la persona más hermosa en el mundo. En los quince minutos que llevaba conversando con ella, me había contado que venía de visita ocasionalmente a visitar a su único hijo, ya que vivía en Osaka cuidando de la abuela de Yuu. No se cómo no la reconocí de inmediato, pues tenían un gran parecido; la grácil nariz, el color de pelo y aquellos pómulos tan delicados que era aquel toque que le hacía parecer más joven de lo que era… también estaba su estatura y frágil figura… Sacudí la cabeza, me estaba desviando del tema.
La señora me caía bastante bien; hablaba de su familia como lo más importante del mundo y tenía cuidado con las palabras que utilizaba hacia su propia persona, minimizándose como si nada de lo que su hijo hubiese logrado en la vida tuviese que ver con ella, pero se enorgullecía de los frutos de haber criado al dibujante completamente sola.
¡Y hasta me había mostrado fotos de Yuu-san de niño! Oficialmente adoro a esta mujer.
—Trabajamos para la misma compañía… somos aún más cercanos, Yanase-san dibuja para la mangaka de la que estoy a cargo.
La boca de la señora formo una pequeña "o" con los ojos brillosos y asintió varias veces
—¿Qué haces aquí? —preguntó el oji-caoba, acercando el rostro en plan intimidante.
—La ayudaba a encontrar tu casa… ¿Qué? —sonreí y eso lo cabreó más, desvió la mirada con la mandíbula apretada.
—No seas grosero, Nakami-kun me ayudó con las maletas desde tres calles hasta aquí y se portó muy bien conmigo. ¿Verdad que es un chico amable?
Yo alcé una ceja asintiendo dos veces haciendo un pucherito, siendo cobijado por la razón.
—¿Y se hubiese tratado de un delincuente…? mamá deja de ser tan confiada.
Esta vez mi vista se desvió del regañón Yuu-san hasta Minami-san. Dándole un último sorbo a mi té.
Ella encorvó el dedo índice dándole golpecitos a sus labios perdida en sus pensamientos.
—¡Oh!, pero si trabajan en la misma editorial, debes conocer a Hatori-kun y a Chiaki-kun.
—¡ARG! —gruñó al verse ignorado, rodando los ojos se puso de pie veloz, tomando nuestras tazas llevándolas al lavadero. Lo vi abrir el grifo y tomar la esponja… Retomé aquel viejo hábito de abrir y cerrar las piernas debajo de la mesa, cuando supe que me había distraído suficiente con el cuerpo de aquel hombre y que había sonreído con ternura por inercia fue cuando puse mi atención en la mujer que aun esperaba mi respuesta. Si seguía mirándolo de esa manera lo único que obtendría sería una incómoda erección.
—Sí, soy amigo de Hatori, estamos en el mismo departamento… pero no he tenido el honor de conocer a Yoshino-san como persona, ya que con el trabajo y demás cosas es muy difícil hacer contacto con él en realidad.
—No es necesario ese tema en este momento. —se lavó las manos con parsimonia sin voltearse y supe que ya debía irme, estaba resultando una obvia molestia para él aparte de que debía dejarlo concentrarse en su madre que había volado desde Osaka hasta aquí.
El semblante de la señora se tornó en uno de confusión, parpadeó un par de veces antes de girarse un poco sobre su silla. —¿No eras amigo de Hatori y Chiaki-kun?
Mierda.
Abrí un poco los ojos antes de levantarme de la silla con ambas manos sobre la mesa. Por el mínimo ruido de mis acciones, la atención la obtuve yo. —Yo ya debería irme, ya no pinto nada aquí y mañana debo ir a trabajar, así que…
Yuu salió de su ensimismamiento, me miró por sobre el hombro con una extraña mueca de desilusión… ¿Acaso… no quería que me fuera? Yanase Yuu, al que llevo unos pocos meses dándole lata y unos pocos días locamente enamorado de él… ¿No quería que me fuera de su casa? ¿Eso… podía ser posible?
...
—Gracias por la cena, estaba muy buena. —le dije a Yuu que estaba sentado en el pórtico que daba al pequeño jardín, así que lo imité sentándome a su izquierda con las manos apoyadas a cada lado. Hoy había luna llena así que había luz suficiente como para desperdiciar del espectáculo con algún bombillo encendido, la luna era nuestro único testigo. Minami-san ya se había ido a dormir hace un buen rato aunque aún era temprano, dejando a Yuu hacerse cargo de mí.
—No ha sido nada. —murmuró tardío, perdido en sus pensamientos.
Giré mi rostro levemente contemplando el suyo, ahora pálido por la luz de la luna. Miraba con un ligero fruncimiento de ceño a su regazo, inclinándose ligeramente hacia delante.
Como él no daba señales de empezar una conversación, yo comencé a hablar. Ver a su madre me hizo querer conocer mejor a Yuu-san, y quería que él me conociera a fondo: —Se ve que tu madre es una excelente persona, me agradó mucho conocerla.
El levanto la vista con un deje de curiosidad.
—¿De veras?
Yo asentí con total seguridad.
No me esperé para nada lo siguiente que dijo, no creía que le contara ese tipo de cosas a alguien como yo: —Mi padre, nos abandonó junto con esta enorme casa cuando apenas tenía meses de nacido. No supe por qué; si no me quería a mi o mi madre, o si tenía alguna otra mujer, en fin… Ella siempre ocupó el papel de ambos padres por si sola todos estos años, hubo una época en mi adolescencia que llegué a casi detestarla, porque siempre andaba feliz a pesar de ser alguien que ha criado un chico completamente sola sin el calor de un esposo. Me portaba horrible y le decía cosas hirientes… Cuando conocí a Chiaki, y ver lo amable que él llegaba a ser con ella, yo cambiaba de opinión poco a poco con varios regaños de su parte y mi rebeldía se aplacó en grandes cantidades… Luego de eso, mi abuela… la única familia que tengo a pesar de ella, cayó enferma de gravedad y como era lo suficientemente mayor para hacerme cargo de mí mismo, le dije que fuera a Osaka a vivir con ella. Al poco tiempo, mi abuela mejoró con sus cuidados… aunque eso fue hace varios años, mi madre debe quedarse con ella por su estado delicado así que por eso, y por todo lo que pasamos, no me he mudado a un apartamento. Además me gusta mucho estar aquí…
—Ya veo… es una bonita historia para alguien que supo salir adelante a pesar de las adversidades.
Yuu-san levantó la vista de pronto, con los labios entreabiertos centró toda su atención en mí. Miré hacia adelante, aspirando el aroma del pasto tierno y madera. Divagué unos segundos en mi mente y solté todo el aire por la nariz. Ya sabía por dónde empezar.
…
La luz de la luna se proyectaba sobre su piel haciéndola ver pálida como si se tratase de un muñeco perfectamente de porcelana. Parecía una especie de magia sobrenatural que le hacía ver más apuesto de lo que ya era. Sus ojos centellaron como los de un gato en las sombras y tan solo la imagen me robaba el aliento. Desvié la mirada algo avergonzado, esperando que reinara ese silencio incomodo de las conversaciones profundas.
Había resultado mucho más fácil hablar de este tipo de cosas personales con él de lo que creí… No: eran íntimas. Él escuchaba con atención, no me interrumpía ni hacia esas incomodas muecas cuando develas algo impresionante. Al final, te alentaba con sus palabras. Elegidas con cuidado, nunca queriendo herirte. Souji era bueno escuchando, ¿se debía a que estaba acostumbrado a tratar con ese tipo de situaciones con los demás y había aprendido el arte del desahogo? Quién sabe.
Cuando lo miré sorprendido por aquella respuesta, vi su cuerpo tensarse y sonreír débilmente con tristeza, tenía la mirada perdida en el patio apenas iluminado. Después de un largo suspiro, me dirigió una última mirada y contó su versión de la historia.
—Mi madre apenas iba en la universidad cuando supo que estaba embarazada de mí. Diecinueve años. Nunca supe si al instante en que se enteraron, fui un embarazo no deseado y cambiaron de opinión con el tiempo. Ella tuvo la suerte de que mi padre estuviera perdidamente enamorado de ella y con veintiuno y un pésimo trabajo, nos sacó adelante... Nunca tuve quejas de ellos, eran excelentes padres, muy cariñosos por cierto. —hizo una corta pausa donde soltó una suave y risueña risa recordando algo que yo no podía ver. Me perdí en la melodía de aquella sutil carcajada, grabándola en mi mente. —Cuatro años después, llegó Haruhi… Ojalá hubieses visto sus caras de felicidad cuando ella llegó al mundo... Siempre fui muy sobreprotector y celoso cuando se trataba de ella. Cuando nos integraron desde una edad temprana al Jardín de niños, siempre iba a su aula para esperar a nuestros padres en la salida que daba en una esquina, donde se contemplaba una intercesión en forma de cruz. Fue ahí cuando a mis nueve años, todo mi mundo se desmoronó y la familia feliz llegó a su fin. Algún idiota no había visto la luz roja cuando el semáforo de nuestro pequeño auto de medio uso, avanzaba por la calle. Y yo lo vi todo. —me estremecí ante el simple pensamiento de lo que ya sabía que pasaba con la historia y mi corazón se estrujó con fuerza. Souji apretaba con fuerza la mandíbula, era demasiado para él. —No hacía falta ser un niño grande para saber que cuando dos autos chocan, habrá una gran colisión. Apenas si me dio tiempo para abrazar a Haruhi con fuerza y que no presenciara aquel horrible acontecimiento. Recuerdo que el auto giró y giró hasta que se estampó contra un muro por encima de la acera. Estaba hecho pedazos; había vidrios rotos, plástico y gasolina por todos lados. Mamá no sobrevivió, y mi padre murió mientras lo trasladaban al hospital…
«No teníamos ninguna relación con un familiar de sangre, pues mi mis padres habían roto cualquier lazo con ellos cuando nos tuvieron por problemas familiares. Solo ellos, jóvenes e inseguros, estaban de acuerdo de tener a sus dos hijos. La agencia de protección de menores nos quería poner al cuidado de extraños. Cuando Isami-san, mi tutor… mejor dicho mi otro padre, se enteró de la noticia fue al hospital, corrió hacia nosotros y nos dio un fuerte abrazo, lo sentí llorar en mi espalda… nos secó las lágrimas y le rogó a la agencia que lo dejase quedarse con nosotros. Isami-san fue compañero de escuela de mi padre, y habían sido muy unidos hasta el final, pero yo apenas lo había visto un par de veces en casa y Haruhi temblaba como una hoja, estaba asustada, no tenía idea de que ocurría. Durante los siguientes días, me encerraba en el baño a llorar a escondidas, no quería que Haru me viera y se pusiera más triste. Después de unos meses, siendo un niño me aislé totalmente, con el ojo puesto en lo único que me quedaba por proteger. Aunque Haruhi se desenvolvió más rápido con ellos, yo no tuve la misma suerte, yo estaba roto, ya no confiaba en nadie... En el Dojo, del cual mi tutor era dueño y maestro, la calidez y comprensión de una familia nunca faltó, pero yo no veía eso. Yo solo veía a completos extraños que no entendían mi dolor. Yo era pequeño para mi edad, y eso provocó a los estudiantes de Jiu-Jitsu a golpearme y burlarse de mí. Me interesaba el arte marcial y me encerraba horas en mi habitación a practicar lo que veía de las clases de Isami-san. Un día, los niños tiraron del cabello de Haruhi cuando la encontraron por los pasillos, y tenían intenciones de hacerle más daño. No me contuve y me lancé creyendo que sabía Jiu-Jitsu, aunque no lo hice bastante mal y terminé varias veces en el suelo, no se volvieron a meter conmigo. Después de eso adopté el nombre de "Shiro" como gato que tira la piedra y esconde la mano, decían que yo les traía mala suerte, ¿entiendes a lo que me refiero?»
Yo asentí con el más horrible nudo en la garganta, estrujé mis ojos con una mano cuando estos se aguaron. Podía imaginarme a un Souji de niño con unos enormes ojos esmeralda; pequeño, frágil y asustado… con la responsabilidad de una niña de cinco años encima, como única familia… Contemplaba a una chiquilla refugiándose en figura de su hermano mayor que también apenas era demasiado chico para un trauma tan grande en casa de una persona en la que ellos no confiaban y como ese lapso de tiempo debió ser horrible para los dos.
—No pasa un solo día que vea, hable o escuche la voz de Haruhi y me recuerde a nuestra madre. Lo mismo pasa con Isami-san: no dejo de ver a mi padre en él y cuando estamos… todos reunidos… —oh no… su voz se quebró como un vidrio roto y sus ojos se le llenaron del líquido transparente que resplandecía a la luz de la luna. —No puedo parar de pensar que hubiese sido… de nosotros si ellos aun estuviesen vivos… —llevó una mano a su frente y enterró los dedos en su pelo. Su cuerpo se sacudió soltando un corto jadeo, con los ojos más hermosos ojos escondidos entre las lágrimas que amenazaban con salir. Su boca se estiró en una sonrisa triste y eso me rompió el corazón. Tragué duro. —Lo siento, yo no quería... Tu madre, me recuerda mucho a ella, se parecen... Estoy hecho un desastre. —no se había dado cuenta: las silenciosas lágrimas bajaban rumbo abajo por sus mejillas en un solo camino, se estaba conteniendo. Souji estaba totalmente destrozado por dentro con un vacío tan grande que ni siquiera yo podía llenarlo… o eso creí.
¿Era la primera vez que lloraba en frente de alguien?
Me dolía terriblemente verlo así, esa faceta suya jamás la había visto: sus lágrimas eran tan sinceras que lograron estrujar mi corazón por enésima vez en esa noche. Y yo solo podía quedarme callado consolándolo en silencio, mirando ensimismado con los ojos bien abiertos todo ese desastre desde una distancia segura. Era tan indefenso que sentía que se quebraría como una hoja de otoño con un solo roce. ¿Por qué sonríes si sabes que está mal?
Tonto.
—¿Yuu... -san? —la fuerza de voluntad me venció, y mi mano se posó sobre la suya en un acto de pésame. Quería que me mirara, que dijera que estaba jugando y que me gastara una de sus estúpidas bromas de las que luego me arrepentiría, pero el sollozo que se desprendían de esas hermosas irises felinas no eran de cristal... Sin saber realmente porque, me levanté del pórtico y la misma mano que había estado consolando la tomé entre las mías. Sabía cuál era ese sentimiento, yo había perdido a mi padre a una edad en la que todavía no tenía sentido del conocimiento, pero aunque no fuese en vida, conocía muy bien ese dolor y como llegaba a consumirte si te dejabas vencer; ese roce de culpabilidad, la ira y el rechazo. Lo conocía muy bien.
Era un daño irreparable.
Y yo no quería verlo consumido, ¿desde cuándo... los papeles se habían invertido? Me aferré más a su cuerpo cuando vi que correspondió a mi abrazo, mis brazos se cerraron alrededor de su cuello y sentí como poco a poco dejaba de temblar. Las palabras no fueron necesarias y las lágrimas se las había llevado el viento después de varios minutos fundidos en los brazos del otro. Y ese vacío del que había hablado, se cerró temporalmente con ese contacto tan perfecto y a la vez tan ínfimo.
Su brazo se envolvió más en mi cintura y otro en mi espalda me sujetaba, atrayéndome más a él, amoldándome a su cuerpo y por Dios que por primera vez no objeté en lo absoluto. Tal vez se debía a la impresión que causaba que yo me hubiera detenido a consolarlo sin necesidad de palabras. Yo inicié todo, la culpa era mía y no tenía derecho a reclamar.
—Gracias... — fue lo que salió de sus labios congelados por la fría noche. Cerré los ojos; no estaba soñando. Aspiré su masculino aroma antes de sentir como me liberaba de sus fuertes brazos. Mis manos estaban sobre sus hombros y sus manos estaban posadas en mis caderas. Noté sus intenciones antes de que aquella densa nube nos robara la luz lunar por unos instantes. Tal vez no era amor como me había cuestionado cientos de veces desde que nos volvimos uno solo aquella tarde, tal vez... era la necesidad de sentir algo diferente, algo... que me marcara de por vida, y aunque la idea rondara por horas en mi cabeza, no había manera de decir que eso era verdad... ¿Qué era lo que me controlaba? ¿Qué me movía? ¿Qué me hacía querer hacer esto?
No lo sé, solo le concedí el paso.
Limpié una de las lágrimas rezagadas con el pulgar antes de dejar mi mano sobre su nuca y atraerlo hacia mí, incluso cubierto de aquellas gotas que se desprendían de su barbilla, su rostro resultaba hermoso. Todo estaba a oscuras. Ambos buscamos los labios del otro, pero cuando yo los encontré primero, nos fundimos en la boca del contrario; con lentitud, cargado de amargura pero a la vez era tan cálido y dulce… podía sentir que ese beso tenía un significado que yo no necesitaba descifrar para saber de qué se trataba. Abrí un poco más mi boca atrapando su labio inferior entre los míos, Souji era cálido, su boca, tierna y paciente me sabía al delicioso calor de la primavera. Sus labios se estiraron y aun con los ojos cerrados, sabía que estaba sonriendo sobre los míos, entonces ahí quise darle una paliza solo por lograr avergonzarme y hacerme sonrojar como chiquilla enamorada.
Desde un inicio, creí que debía evitarme el amargo sabor de los mismos sentimientos de amor con la imagen de otra persona; escapar y dejar las cicatrices abiertas… Sin embargo, desde que él se había cruzado en mi camino, y aunque yo no lo supiera, eso no estaba escrito en el plan… Luego me comencé a preguntar que iba a hacer con lo que mi corazón comenzaba a sentir: Le quería. Souji me gustaba demasiado como para hacérmelo creer. No se lo iba a decir, no le iba a decir que en estos últimos escasos días no me lo podía sacar se la cabeza. Era mi estúpido, vergonzoso, e infantil secreto. Pero era solo mío y nadie me lo podía quitar.
…
—¿Sabes lo abrumador que es verte la cara a esta hora de la mañana? —Takano-san pasó de largo mi comentario y se despidió de Yoshikawa-san y el único asistente que tenía allí.
—Reunión en hora y media muchachos… Te quiero ver antes, Souji.
—Sí, señor. —asentí con aire militar, reclinándome en la silla con mis manos detrás de la nuca. Mi amigo encorbatado tomó los papeles que les traje cuando venia del departamento de ventas y los revisó minuciosamente. Tenía que ver con el acuerdo para promocionar sus mangas en el país Ingles. Anqué yo solo era el mensajero, me quede ahí para aprovechar que Yuu estaba aquí y poder verle, no tenía trabajo acumulado así que no había problema…
—Bien, le mandaré esto a la imprenta para ver si coinciden las cifras… Aun no se pueden retirar. —antes de salir por la puerta Yoshiyuki se me acercó y colocándome la mano en el hombro me dijo muy bajito: —Hazles compañía en lo que vuelvo. —yo asentí y él se fue.
'Sin ningún problema'
El chico que me traía loco abrió un bloc de dibujo y con un lápiz que sacó de sus cosas comenzó a garabatear. ¿Qué estará dibujando? Se veía bastante concentrado. Parpadeé un par de veces cuando dirigió su mirada a algún punto perdido entre el techo y la pared. Ahora la curiosidad me carcomía. Él volvió a su cuaderno y el sonido del roce entre el lápiz y el papel llegó a mis oídos. Yoshino estaba al otro lado de la mesa, concentrado en unos papeles que seguro tenían que ver con su trabajo. Yoshino-san debería irse para yo poder husmear detrás de Yuu-san y ver que lo tenía tan inspirado.
'Sensei vete, sensei vete, sensei vete…'
Bien, la telepatía no funcionaba. La piedra en el camino se debía a que no podía hacerle nada debido que era uno de los mangakas estrellas de la compañía. Hermosa suerte la mía…
Un sonido característico se escuchó por toda la salita. Levanté la vista de inmediato, el asistente había cerrado su bloc de repente y chasqueó la lengua.
—Maldición…
Su amigo ladeó la cabeza dejando los papeles a un lado y se levantó del asiento preocupado.
—¿Yuu, eso fue…?
El cuerpo del asistente dio un saltito y el sonidito apareció de nuevo.
—Si… hipo.
—¿Estas bien?, ¿quieres que te traiga agua?
Chiaki se inclinaba cada vez más para confirmar el estado de su amigo. Estaban muy cerca y eso me cabreaba bastante. Fruncí el ceño y me levanté de mi asiento colocándome al otro lado de Yuu-san. Fingí lo mejor que pude una sonrisa pero la verdad es que quería desaparecer al oji-azul con la mirada.
—Vaya, vaya… el hipo es algo realmente fastidioso… —comencé con una indirecta para sensei estampando una mano en el espacio del dibujante. Cálmate… —Conozco una forma infalible para quitarlos… —mi mano libre la pose en el hombro de Yuu para atraer su atención, cuando este me miró, lo tomé del mentón y me incliné para besarle. Fue un beso casto de unos cuatro segundos de duración, pero cabe decir que la unión fue muy tierna. Cuando me separé, aun así toda la sangre se le aglomeró en el rostro, me miraba boquiabierto.
Yoshikawa-san retrocedió velozmente totalmente avergonzado e intentaba articular alguna palabra.
—Si te sorprendo ellos se irán. —expliqué con una sonrisa de satisfacción: Le había quitado a Yoshino de encima y pude robarle un beso, no había nada mejor que eso.
…
Se quedó en su sitio unos instantes, muy leves instantes, viendo la odiosísima sonrisa que Souji se gastaba. ¿Le parecía gracioso? ¡¿EN SERIO LE PARECÍA GRACIOSO LO QUE ACABABA DE HACER?! Sintió su cara caliente, la sangre le hervía, por dos obvios motivos. Quería matarlo. Se puso de pie al reaccionar estampando las manos con fuerza sobre el escritorio, sin quitarle la mirada de encima al castaño— ¡¿Q-qué diablos fue eso?! —De haber tenido algo a la mano, se lo habría arrojado con todas su fuerza, con tal de borrar esa sonrisita fanfarrona que cargaba, le hubiese arrojado lo que sea.
—¿Qué? ¿Tu hipo se fue o no? ¡Recuerda que la intención es lo que cuenta! —dijo riendo un poco sin quitarle un ojo de encima, se veía tan lindo enfadado. Parecía un pequeño perrito enfurruñado.
—¡N-No me vengas con eso! ¡¿Quién te crees para hacer eso de forma tan aleatoria?! —Se fue acercando a él y fue elevando la voz con todos los dientes apretados chirreando de la rabia. Olvidando casi por completo que Chiaki seguía ahí, boquiabierto y rojo como un tomate, parecía un cohete a punto de despegar. Yuu quiso que la tierra se lo tragase ahí mismo por lo incómodo de la situación. —¡Borra esa maldita sonrisa de tu rostro!
—¡No, no, debiste verte la cara...! ¡Ese hipo debe de estar ya muy lejos! — entrecerró los ojos con una sonrisa sensual, y sin que sensei le viera le guiñó un ojo. —Yuu-san…~ Cálmate, fue por tu bien, ¿verdad sensei? —su risilla de príncipe apuesto no logró aplacarle los nervios, Chiaki aún estaba estupefacto.
—¡…! —sensei salió de su abstracción y abrió la boca para hablar y la cerró de pronto cuando Yanase le grito al chico.
—¡No metas a Chiaki en esto!
'…Silencio incomodo…'
—¿Puedo utilizar eso en mi manga?
—¡Ni te atrevas, ¿me escuchaste?! —señaló a Yoshino con dedo acusatorio y el oji-azul se encogió y volvió a su asiento. Frunció el ceño. Si, su hipo se había ido pero… ¡¿Por qué diablos había tenido que utilizar ese método?! ¡¿No se le podía ocurrir algún otro?! Especialmente frente a... —Ch-Chiaki... —miró a su amigo, pidiendo perdón con la mirada. —¡Discúlpanos! —fue todo lo que dijo antes de llevarse a rastras al castaño de ahí a toda velocidad directo a los baños, miró a ambos lados del pasillo antes de cerrar la puerta y soltarle de la ropa, revisó que todos los cubículos estuvieran vacíos y habló. —¡¿En serio, qué diablos creías que hacías?! —dijo reclamando una explicación ya cuando estaban en totalmente solos. —¡Y frente a Chiaki! ¡Q-quedo traumado, ahora no sé qué mierdas inventarle cuando sospeche!
Souji se cruzó de brazos. Ya podía dejar de pretender que todo estaba bien —Yoshino-san estaba demasiado cerca tuvo, así que simplemente le di una lección y te reclamé como mío, debe aprender a alejarse de lo que no le pertenece. —explicó rodando los ojos. ¡Él no tenía el derecho de enojarse! —Y si no le quedo bastante claro, tengo otros métodos que son un poco más drásticos pero estoy seguro de que funcionaran, aunque no me hago responsable de desmayos si con solo un beso fue capaz de reaccionar así…
—¡¿Pero qué…?! ¡No hables de mi como si fuese… fuese… una perra en celo, idiota! —de nuevo habían tomado ese adorable color en sus mejillas. ¿Qué clase de cosas se le pasaban por la mente a ese gato molesto?
—¿Una perra en celo?, ¿enserio? —alzó ambas cejas, entrecerrando un poco los ojos y sonriendo ampliamente.
—¡Cá-cállate! No se trata de eso.
—Se trata de lo muy celoso que me pongo cuando veo que Sensei se te acerca tanto, no eres una perra en celo, eres Yuu-san~, —dijo con una sonrisa torcida, se acercó un poco a su rostro: sentía unas ganas terribles de besarle.
—¡N-No, no, no, no! —se alejó algunos pasos, moviendo las manos histéricamente frente a su pecho— No vengas hasta mi con tu seductora carita y tus lindas palabras para justificar lo que has hecho en mi lugar de trabajo frente a un colega… ¡solo porque querías ayudar o estabas celoso! E-eso no es justificación.
—¿Sabes lo hermoso que te ves cuando pasas del enojo, al bochorno y luego a la confusión?
—¡SOUJI! — su boquita, hecha un disparate por ese cumplido, se le hizo realmente provocativa.
—Que no te moleste tanto, también es el mío. —apoyo el peso de su cuerpo en la encimera del baño, cruzándose de brazos. Levantó la vista, atrapado por las irises caobas, su semblante cambio de repente, con una mirada furtiva su voz se agravó. —Pero si sigo viendo que Yoshino-san se te pega tanto, no se la voy a dejar tan fácil.
Yuu frunció los labios en desacuerdo. No sabía si eso era bueno o malo. —¡Demonios! Deja en paz al Chiaki. No es para tanto… —frunció el ceño, poniendo los ojos en blanco. —A veces siento que quiero hacerte dejar de respirar.
—No me molestaría en lo absoluto… Si ya de por sí, la ultima vez me dejaste sin aliento. —se pasó la lengua seductoramente por los labios, solo para ver su reacción.
—¿E-Eh? —no había hecho la relación con lo que él había dicho y lo que Nakami había respondido. Ya cuando cayó en cuenta, sus ojos se abrieron grandes con un completo rubor y sintió de nuevo la necesidad de asesinar a Souji. Yuu podía ponerse tan cascarrabias como quisiera y él siempre tenía un método para bajarlo de esas nubes, y eso lo convertía en la persona más adorable del mundo.
—¡C-cierra la boca, maldición! ¡No traigas esos temas de la nada! No se puede tener una conversación seria conti…
El cuerpo del editor se tensó y su mirada voló a la puerta del baño, lo vio concentrarse un momento y luego como un animal en cacería se abalanzó contra él. No le dio tiempo de preguntar que sucedía, él le había tapado la boca con una mano y lo empujó a uno de los cubículos del baño, que por suerte la puerta era alta, así que no existía manera de darse cuenta se había alguien ahí a menos que confirmaras que no tenía el seguro dándole un empujoncito a esta.
—Shhh. Alguien está entrando… —susurro cerca de su oído. La espalda de Souji estaba pegada a la puerta con el pestillo echado y pegaba la espalda de Yuu a su pecho con una mano asida en su cintura. Yanase no sabía qué hacer, era demasiado estúpido darse el lujo de ser visto solo con un hombre en el baño de la compañía debido a los rumores que andaban por ahí sobre él. Cuando las personas entraron, oyó el grifo del lavamanos, comprendiendo que el dibujante cooperaria y no delataría su presencia, quitó la mano de su boca.
…
Con una de mis manos libres busqué en el bolsillo del pantalón mi celular. Fui directamente a la aplicación de la cámara y cuando vi que la pantalla accedió, por una de las ranuras de la puerta apunté donde escuchaba el sonido del grifo. Yuu-san estiró el cuello para ver la pantalla y no le sorprendió ver a Hatori y a Chiaki. El primero con una mirada apacible mientras se lavaba las manos, como quien no deseaba comenzar una conversación y su amante aún tenía un tinte rosado en las mejillas. Pudimos ver cómo veía repetidamente el rostro del sub jefe en diferentes ocasiones.
—Le va a preguntar algo vergonzoso. —susurró Yuu a mi lado.
'¿Cómo es que…?'
—Oye… Tori. —el mangaka bajó la vista y Hatori cerró el grifo prestándole total atención con su habitual semblante aburrido. —¿Tú crees que, Nakami-kun… sienta algo por Yuu? —los ojos de mi compañero de trabajo se entrecerraron; él no era el único que sospechaba. —¡D-digo! Cuando te fuiste… a Yuu le dio hipo, y bueno… Nakami-kun le besó para darle "el susto" y últimamente…
Yuu-san era increíble.
Pero cuando bajé la vista el fingía mirar la cámara con total concentración haciendo caso omiso de que yo le miraba, estaba tieso y quizás intimidado, su sonrojo, le delataba. Observé por un momento a Yanase, ¿estaría sintiéndose incomodo por esa verdad? Lo vi recuperar la compostura, frunció levemente las cejas y tragó duro, concentrándose en la vista que nos ofrecía mi móvil esperando que yo dejase de perforarlo con la mirada. Sonreí sin pensarlo dos veces: Yuu era un hueso duro de roer, solo bastaba con ver con que indiferencia aceptaba las hipótesis de su amigo… el pretendía hacerse el rudo para no tener que expresar sus sentimientos delante de mí, o al menos eso pretendía, porque cuando se dio cuenta de que le miraba así, se volvió una estatua.
—Es posible. —concluyó sin sorprenderse mucho sobre el hecho de que yo haya cometido tal atrevimiento con el dibujante.
—¡¿EHHHH?!
Yoshiyuki le dio la espalda al mangaka que estaba boquiabierto y podías apreciar un ligero sonrojo en sus mejillas. Tuve que girar el teléfono, Hatori había ido a buscar papel para secarse las manos. —Nunca sabes que esperar de Souji. Es muy impredecible.
—¡P-PE-PERO…!
—Si es como dices, se fijó en Yanase porque encontró algo en él… —Tori volvió donde había dejado a su amante, el cual parecía un crio al que le explicaban por primera vez sobre la pubertad. Le revolvió los cabellos y le ofreció una tenue sonrisa, el estado de alteración de Yoshino-san se disipó con las acciones del más alto y Hatori tomó la palabra. —Dejando eso de lado… ya deja de pensar tanto en él, —entrecerré los ojos, Hatori lo había tomado de la cadera y yo no quería presenciar lo que venía después; tan solo pensar en que el estricto subjefe de nuestro departamento pudiera expresarse de esa manera y ser tan… acaramelado, me daba un retortijón en el estómago.
Yuu-san había apartado la mirada, esto no tenía buena pinta.
Cerré mi celular de golpe y me lo guardé en uno de los bolsillos de mis vaqueros. Tenía una idea, si Yoshino-san reaccionaba de esa manera con cosas derivadas del amor, su cara no tendría precio con lo siguiente. Yuu estaba lo suficientemente incomodo oyendo a esos dos besuquearse y era mi deber hacerlo sentir mejor. Lo tomé de las caderas y lo acorralé con cuidado contra la puerta. Él parpadeó varias veces, confundido totalmente y vi la duda en sus ojos. Yo le guiñé un ojo y me acerqué a su oído para susurrarle.
—Muérdeme la mano y haz lo que te diga. —leí en sus labios un "¿qué?". Juntó sus cejas sin entender muy bien, yo le ofrecí el dorso de mi mano a la altura de su boca y asentí una vez. El trago duro y lo hizo, con mucho cuidado. "Más fuerte", le dije en mímica. Cuando sentí sus dientes cerrarse más sobre mí piel me dirigí a su oído de nuevo: —Ahora sígueme la corriente, no te preocupes. Todo estará bien… Necesito que gimas continuamente como si tuvieras un orgasmo. —su cuerpo se sobresaltó y no teníamos mucho tiempo. Dijo algo pero como mi mano ocupaba su boca solo sentí las vibraciones de su garganta. —Por favor, no te haré nada. —Yuu-san resopló y mordió aún más fuerte mi mano para disfrazar su voz.
El primer gemido sonaba tan real que por un momento recordé aquella tarde... Mis mejillas se calentaron… ¡Estúpido, concéntrate!
Con cada gemido que Yuu lanzaba, yo tomaba sus caderas y golpeaba su cuerpo sin hacerle daño contra la puerta simulando que estábamos teniendo sexo dentro del cubil. Me mordí la lengua para no reír y agrave mi voz soltando roncos gruñidos. Observé por unos segundos la delgada línea de la ranura: Estaban Tori y Yoshino, separados y mirando en esta dirección, el primero con una mueca de desagrado y el más bajo, rojo hasta las orejas. Podías ver a sensei con los labios entreabiertos y entrecerrando los ojos. Cuando se enteró de que eran sonidos eróticos se alteró mucho más que antes.
Yuu fijaba la vista en mí por las fases en las que se encontraba mi rostro, desde la pequeña sonrisa hasta la que tuve que morderme el labio inferior varias veces, todo para no soltar una risotada ante el desconcierto de esos dos.
—¡V-v-v-vámonos de aquí!
Hatori no dijo nada y solo se llevó al mangaka lejos de allí.
Descansé mi frente en el hombro del asistente, temblando. No nos detuvimos hasta que escuchamos el sonido de la puerta cerrarse. Fui ahí cuando yo exploté casi en una convulsión que comenzó con una pequeña risa y luego en una continua carcajada.
—¡Oh…! Maldición… No hacia este tipo de cosas des-desde la secundaria… —reí saliendo del cubil y agarrándome el estómago. Me sequé una lágrima que iba a desprenderse de mi ojo y me quede perplejo con lo que vi:
Yuu-san se cubría la boca con una mano y su cuerpo vibró por unos segundos. —¡Pfff…! —la suave, corta y débil risa de Yuu me calentó por dentro… Era tan hermosa y dulce que me costó desprenderme de su voz. Tomé aire y relajé mi expresión.
—Lo hiciste bastante bien, debiste ver sus caras… ¿qué? Oh… ¡No lo malpienses, no lo decía de esa manera!
Y luego yo era el pervertido…
Me di cuenta de que todo comenzó en el momento en que meses atrás, Hatori-kun me estampó contra la silla y nuestras miradas se encontraron, Pero mi destino fue sellado en el momento en el que me robó aquel beso abrumado por el alcohol. Si en ese momento hubiera tenido la mínima idea que terminaría de esta manera, desde el principio me hubiese comportado de otra forma con él… Pero bueno, cada cabeza es un mundo, y el mío giraba en torno a Yuu-san.
Era difícil no enamorarse de Yanase Yuu.
XxxX
Aclaraciones:
¡No he muerto! Soy inmortal... ok no. Debido a problemas de inspiración y que acabo de ingresar en la universidad, me demore mucho. Pero les compenso con este capítulo, que fue bastante largo 21 paginas en Word y tiene mucha participación de Yuu para que un se me quejen u.u El fic le quedan como unos 4 capítulos más o menos, todo depende si se me ocurren más ideas o que. Espero que hasta ahora le haya gustado
Jun prácticamente se rindió pero eso no significa que ya no tendrá más participación, Yuu se dio cuenta de sus sentimientos, a Souji se le fue la neumonía, vimos a la mama de nuestro dibujante favorito y Sou-chan le conto la historia de su vida a Yuu-chan, que por cierto se me ocurrió con cada palabra que escribía, necesite un playlist de canciones tristes y una que otra lagrima me arranco de tan solo pensar en su expresión mientras él la relataba… ¿Qué les pareció?
Chicas y chicos si hay por ahí, gracias por mandarme esos comentarios tan hermosos que me sacaron de ese agujero y me pusieron a escribir más / Le agradezco también a mi pony salvaje que me ayudo un montón con este capítulo, en especial con varias escenas de Yuu que eran muy muy esenciales.
Como ya estos tortolos están loquitos el uno por el otro, en el próximo capítulo Sou-chan le propondrá algo a Yuu que los llevara al siguiente nivel de su relación…*0* No, no es matrimonio (?) ¡Así que atentas al próximo capi!
¡Dejen sus comentarios, una escritora inspirada actualiza mas rápido!
