La semana pasada tuvimos un desenlace de la primer batalla entre Kouga y Mars, hoy, después de un capítulo de acción, es uno mucho más dialogal, Kouga conocerá más sobre los Santos, y sobre Athena, y tomará su decisión. A aquellos que le agranden el amigo Souma, tendrán oportunidad de leerlo en acción el próximo capítulo.
Capítulo cuatro
Athena, y la señorita Saori
¿Qué es este lugar…? No veo nada, parece que estoy rodeado por niebla… ¿Qué es eso? Parece como un pequeño brillo… ¿S-Señorita Saori? El cabello, el vestido… ¡Su Cosmos! ¡Señorita Saori, venga, por favor! ¡Espere, no se vaya! ¿Por qué se aleja? ¡Señorita Saori, Saori! ¡SAORI…!
Asustado, abrió los ojos, estaba cubierto de sudor, el corazón latía arrítmicamente, y por los ojos se le escurría una lágrima. Estaba acostado, pero el sobresalto lo hizo sentarse por reflejo, se miró a sí mismo, intentando asimilar la situación.
- Fue un sueño, pero… ¿Lo que pasó, fue cierto? ¿La señorita Saori…? ¿Acaso ella está…?
Se dio cuenta que se hallaba en la mansión, y en su cuarto, rápidamente se levantó, descalzo, salió por la puerta, y rápidamente se dirigió a donde recordaba estaba el cuarto de la diosa, esperanzado, en igual medida que desesperado, abrió las puertas esperando hallar lo que deseaba.
Cada una de sus expectativas se derrumbaron de un plomazo, cuando solo se halló con el viejo y acongojado Tatsumi arreglando las sábanas entre varios suspiros. Cuando notó a Kouga, intentó cambiar su ánimo, y concentrarse en él.
- Kouga, veo que… Despertaste, ¿cómo te encuentras?
- ¿Dónde está la Señorita Saori? – Sin atender a la pregunta, Kouga respondió furioso.
- No lo sé, Kouga.
- ¡¿DÓNDE ESTÁ?! – Lo tomó por las ropas, insatisfecho con la reacción de Tatsumi.
- ¡Calma, que yo también estoy encabronado, y no estoy de humor para partirte la cabeza! – El viejo mayordomo se liberó del agarre, y se volteó para seguir ordenando la abandonada habitación. - ¿Por qué no vas a ver a Shaina? – Esto que agregó el viejo lo shockeó unos segundos, recordó la escena donde la Santo era fagocitada por el poder de Mars, y solo atinó a correr, bajar unas escaleras, y dirigirse a la habitación de su maestra.
- ¡Shaina!
Al entrar, se encontró con una mujer sentada sobre su cama, con mirada deprimida, cabizbaja, cuando pudo procesar la llegada del muchacho, volteó a verlo y sonrió un poco.
- ¡Kouga, despertaste!
- Sí… - Respondió, desanimado. - ¿Cómo se encuentra, Shaina?
- Para ser sincera, me siento terrible… No solo por las heridas, sino porque Saori, Athena…
- Yo también, me siento increíblemente frustrado, Shaina.
- Es una sensación horrible perder a un ser querido… - Decía Shaina, lamentada.
- No.
- ¿Eh?
- No hemos perdido a nadie.
- ¿A-a-a qué te refieres, niño?
- La señorita Saori no ha muerto, lo sé, yo… ¡Yo la encontraré!
El rostro de Shaina se tornó sorprendido, con cierto aire de preocupación en sus ojos, pero al mismo tiempo, con un leve destello de orgullo y nostalgia.
- K-Kouga… Debo decir que… Me sorprendes. – Decía entre largas respiraciones.
- Shaina, hasta hoy no he tenido idea de por qué debía convertirme en un Santo, y por qué te esforzabas tanto en entrenarme, y yo, tan idiota, no comprendía…
- Vamos, no es momento para culparte, ¿no crees?
- Como sea… Yo aún siento el Cosmos de la señorita Saori, de Athena, de alguna manera, en un sueño. – Kouga hacía gestos de estar confundido, intentando escarbar en su mente más sobre lo que había soñado. – No recuerdo bien que pasó, creo que estaba siguiendo a alguien con vestido blanco, y un cabello similar a la señorita Saori, pero cada vez se alejaba más, en un momento, empezó a desprender un cálido Cosmos dorado… No sé si es un simple sueño, o realmente hay esperanza…
- Kouga, siempre hay esperanza. – Shaina tomó el brazo del joven, y le dio una alentadora sonrisa que devolvió al instante.
- Señorita Shaina, en unos minutos le traeré su almuerzo, en cuanto a ti, Kouga, ¿qué harás? ¿Bajarás a comer? – Tatsumi intervino apareciéndose en la entrada del dormitorio.
- Te lo agradezco mucho, Tatsumi. - Dijo Shaina.
- Viejo… Mejor guárdalo, lo necesitaré para después.
- ¿Después, a qué diablos te refieres?
- Me voy.
- ¡¿Qué?!
- Me iré a buscar a la señorita Saori, cueste lo que cueste, por más tiempo que tarde, eso no me importa en absoluto.
- ¡¿Acaso estás demente?! ¡No eres capaz aún de dominar el Cosmos apropiadamente! ¿Cómo pretendes salir al mundo simplemente a pelear como un tonto? – El mayordomo entró en un estado de furia incontenible.
- Cálmate, Tatsumi… - Dijo Shaina, conciliadora. – Kouga necesita esto, necesita madurar por su cuenta, además, vi con mis propios ojos su potencial, y lo que es aún más, no está solo…
- ¿Eh? – Dijeron ambos, ninguno de los dos comprendió.
- Kouga, esa técnica, no la aprendiste de repente… Alguien te la enseñó, alguien te habló de ella, ¿no es así?
- S-Sí, ahora que lo mencionas, sentí una voz en mi cabeza que me alentaba a levantarme y luchar.
- Seiya… Aún vive dentro de ese diamante…
- ¿Ah? ¿Se refiere a mi colgan…? ¿Dónde diablos está?
- Está aún en tu habitación, Kouga, luego lo irás a buscar. – Contestó Tatsumi.
- Ese diamante, es una ClothStone. – Explicaba Shaina, quien agregó tras ver una arqueada de ceja del muchacho que no comprendía: - Es una gema, que contiene en ella los sagrados mantos de los Santos de Athena, las Cloth.
- Qué… Extraño, Tatsumi, ¿tú no me contaste que las Cloth se llevaban en cajas gigantescas que dejaban un dolor de espalda del infierno? – Inquirió el joven.
- Estoy tan desconcertado como tú, muchacho.
- Las Pandora Box, las cajas que contenían las Cloth se convirtieron en una carga para los Santos, además de poner en riesgo su identidad, les reducía la movilidad en momentos críticos, además de que su transporte en las últimas batallas ya se había vuelto imposible. – Contó Shaina, haciendo memoria. – Por ello, el discípulo del legendario Mu, Kiki, reparador de las Cloth, creó gemas de dureza inigualable, que contienen las Cloth dentro de ellas.
- Ya veo… Eso explica por qué vi esa constelación en el cielo de repente, fue algo bastante raro la verdad.
- Lo que viste, fue la constelación de Pegaso, que alguna vez se encargó de proteger a Seiya… - Shaina, al pronunciar el nombre, sintió una angustia y no pudo mantener la voz clara.
- Shaina, ¿qué pasó con Seiya? – La pregunta inocente del joven caló hondo en los heridos huesos de la mujer, y en su agitado corazón, se quedó callada, paralizada. - ¿Tatsumi? ¿Tú sabes algo? – Se volteó esperando respuesta del interpelado, sin embargo, nada. - ¡Oh, al diablo! ¡No necesito más secretos! Saber que Saori es Athena es más que suficiente, la buscaré, la encontraré, y la rescataré…
- Kouga… - Decía Shaina, a punto de soltar lágrimas.
- ¡Y a Seiya también! – Apenas dijo eso, de manera tan brusca, sacudieron las cabezas de los dos presentes, en tanto, Kouga se abría paso para irse a su habitación. - ¡Él me va a ayudar! Después de todo, es un Santo legendario, ¿no? Estoy totalmente seguro que también está buscando a la señorita Saori, y cuando nos encontremos, venceremos a Mars. – Decidido, se dirigió por un pasillo hacia las escaleras, mientras le indicaba a Tatsumi las especificaciones para su almuerzo.
- Diablos… ¿A quién salió así? – Se preguntaba Tatsumi. – Creo que esos videojuegos lo idiotizaron demasiado.
- Vamos, Tatsumi, no me dirás que en sus ojos no viste la misma determinación que una vez Seiya, y todos, alguna vez tuvieron...
La verdad, que sí…
[…]
- Pues, ya te marchas, ¿eh?
- Así es, Tatsumi… Shaina, los extrañaré, pero prometo que nos volveremos a ver, y traeré a Saori también.
- Los Santos cumplen milagros, así que confío en tu promesa, Kouga.
- Esperen por mí… Nos vemos, señor Tatsumi, señorita Shaina…
El joven se sentó sobre la pequeña embarcación de madera, con dos remos a los costados. Para aligerar su peso, dejó el bolso que traía en el asiento acompañante, era considerablemente grande, seguro tenía varias mudas de ropa, entre otras cosas como comida. También colocó encima una chaqueta muy curiosa, totalmente negra, cruzada en diagonal, a través de la espalda y por delante, por un cometa de estela azul. Alrededor, distintos motivos espaciales la decoraban.
Al instante, comenzó a remar, a la mirada expectante de Tatsumi, y Shaina, que se encontraba en una silla de ruedas por sus heridas. Una vez Kouga se vio bien alejado de la costa, volteó hacia atrás, elevó su puño derecho, y los saludó, rápidamente respondieron, Kouga dio una mirada atrás final, y comenzó a remar sin detenerse en ningún momento, directo a su larga travesía para hallar a Athena.
[…]
-¿Puedes creerlo? ¡Me dijo señor!
-Debo admitirlo… Hay que ser idiota para llamarte señor.
-¡¿Qué?!
[…]
