Tras el secuestro de su Señorita Saori, quien en realidad es Athena, Kouga, recién nombrado de manera extra-oficial Santo de Pegaso, emprende su viaje al mundo para volverse más fuerte, y poder rescatar a Athena. En este episodio, Kouga conocerá a su amigo inseparable, con quien luchará hombro a hombro contra las adversidades que se presenten.
Nota:En este capítulo un personaje usará palabras que no corresponden al idioma central (japonés), dichas palabras serán marcadas en itálica, no debe confundirse con su uso para pensamientos, ni para flashbacks o anécdotas de un personaje. En el caso de este capítulo, el lenguaje que será utilizado es el español, el cual no necesitará aclaración extra, sin embargo, en futuros capítulos habrá personajes que usarán un lenguaje diferente, estos sí tendrán una aclaración entre paréntesis ().
Capítulo cinco
Corazón de León
No muy a lo lejos, el joven divisó una pequeña playa, ya llevaba media hora remando, alentado, decide acelerar la marcha, pues ya tenía un buen tiempo en el bote, y no sería mala idea descansar en una playa. No se encontró con ninguna dificultad hasta que la pequeña embarcación tocó tierra. Exhausto, soltó los remos, se recostó sobre la madera, aunque incómoda, por lo menos su espalda algo descansaba.
- Diablos… Los brazos están que se me caen. – Decía, entre suspiros.
Calmo, apenas movido por las suaves corrientes del mar, recibía la cálida luz del sol sobre sus ojos cerrados. Entre el movimiento calmado, no se percató en ningún momento los movimientos irregulares dentro del agua. Sintió un movimiento brusco debajo suyo, abrió los ojos, miró hacia un costado, pero no vio nada, inocentemente se relajó nuevamente, pero no por mucho tiempo.
Atravesando la superficie del agua como un torpedo, se elevó un animal que el muchacho supo reconocer, era un gran pez, de casi metro y medio, en la punta de su trompa, se alargaba una especie de extensión aguda y firme, parecía filosa.
- ¡Mierda, mierda! – Exclamó, Kouga, que asustado, trató de levantarse, pero los brazos le respondieron mal y se cayó dentro de la balsa.
El pez espada se sumergió nuevamente, y al poco tiempo se realzó en el aire, dispuesto a dirigirse en dirección al muchacho, que desesperado, sacó una corta patada lateral que lo devolvió al agua, fue un golpe débil, pero suficiente.
- Creo que… Ya está… - Decía, aliviado. – Con un demonio. –Agregó al ver un nuevo intento del pez, ahora enojado, dispuesto a atacar al joven Pegaso, saltó, rápidamente se cubrió la cara, aunque de hecho eso no lo ayudaría ante el "arma" del pez, solo le quedaba esperar un golpe de suerte.
No habrá sido un golpe de suerte, y en todo caso, fue una patada, escuchó un fuerte impacto, luego una caída en el agua. ¿Qué podría haber sucedido?
- Oye, ¿te encuentras bien? – Escuchó la voz de un muchacho, abrió los ojos, y confirmó que alguien acababa de salvarlo, y le estaba tendiendo una mano para levantarse.
- Oh… Sí, gracias. – Aceptó la ayuda, comenzó a levantarse de a poco, hasta encontrarse cara a cara con el oportuno joven.
Tenía una altura similar, piel algo morena, una sonrisa de oreja a oreja, y unos ojos miel llenos de energía. Su cabello, de color casi anaranjado, parecía una mezcla entre pelirrojo y castaño claro. Vestía una casaca deportiva, atravesado verticalmente por rayas azul oscuro, con espacio en blanco entre ellas, un escudo en el pecho de los mismos colores, con una "M" dentro; también llevaba unos pantalones largos, de color verde claro, y unas zapatillas negras y grises. En su mano izquierda, poseía un brazalete de motivos indoamericanos, que sostenían además una pequeña gema anaranjada.
- Soy Souma. – Se presentó. - ¿Y tú?
- Ah, s-soy Kouga, un gusto. – Dijo algo tímido, tratando de ofrecer la mano.
- ¡Ah, pues igualmente! – Le dijo animado, estrechándolo con soltura y sonriente.
- Eh, uh… Gracias por ayudarme, pero, ¿cómo me viste? No estabas cerca de la costa cuando llegué.
- Bueno, estaba lejos pero… Digamos que llegué muy rápido.
- Eso no tiene mucho sentido, ¿sabes?
- Pues, no, pero… - Souma se rió alegremente tras rascarse la cabeza.
- De casualidad, tal vez. – Decía el joven Pegaso mientras sacaba su colgante desde su playera. - ¿Reconoces qué es esto?
El otro joven quedó viéndolo unos momentos, al acercarse y palpar ligeramente el objeto con forma de diamante, llegó a una conclusión.
- ¿Acaso tú también eres un Santo? – Inquirió, curioso y desconcertado.
- Sí, esta es mi ClothStone de Pegaso.
- ¡¿P-P-Pegaso?! ¿Cómo que Pegaso? – Souma dio un paso hacia atrás, con una expresión de sorpresa casi imborrable.
- ¿Hay algo malo con eso?
- P-Pues no, pero, esa Cloth, sabes… Es legendaria.
- Sí, la usó aquel Santo, Seiya…
- A-Así es, así que por eso me sorprende que tú hayas heredado el legado de Pegaso, o sea, es raro que estés aquí.
- Supongo que… Sí es un poco extraño, ¿no?
- E-En fin, ya que sabes que soy un Santo también, ¿acaso vienes de una isla cruzando este mar?
- Así es, ¿cómo sabes?
- Lo cierto es que me enviaron aquí porque sospechan algo importante ocurrió.
- Bueno, supongo que yo puedo contarte…
- Oh, genial, pero mejor ven, vamos a mi tienda que está por allí. – Señaló una tienda de colores verdes claros cerca de los bosques.
Se dirigieron allí una vez Kouga levantó sus pertenencias, cuando entraron en la carpa, el muchacho sacó su almuerzo del día: unos sándwiches de jamón y queso, que comía emocionadamente.
- ¡Vaya, sí que tienes hambre, amigo! - Comentó el alegre pelirrojo.
- ¿Amigo? – El dialecto utilizado por Souma lo confundía.
- Significa, pues, amigo en español.
- Ah, ya veo… No conozco ningún otro idioma aparte del japonés.
- Entonces te hablaré en japonés, si así prefieres. – Decía el chico mientras trataba de acomodarse mejor. – Ahora, cuéntame qué fue lo que sucedió.
- Athena… Athena fue raptada.
- ¡¿QUÉ?! ¡¿Qué raptada Athena qué fue?! – Las palabras se le entremezclaron de la sorpresa.
- Lo vi con mis propios ojos, ese sujeto… ¿Mars, era? La enfrentó, la venció, y se la llevó… A mí también me derrotó.
- ¿Mars? ¿Acaso...? ¿El dios de la Guerra Mars? ¡¿Te enfrentaste a él y aún tienes el cuerpo entero?! - El rostro de Souma estaba inexplicablemente confundido, no comprendía absolutamente nada de lo que Kouga le contaba.
- Sí, cuando me derrotó… Se llevó a Athena.
- Espera, no, no, no, ¡eso es imposible!
- ¡Pues sí lo es! ¡¿Piensas que soy un mentiroso?!
- ¡Pero vengo del Santuario, Athena estaba allí!
- ¿Santuario? – El concepto sorprendió al joven.
- ¿N-No conoces el Santuario? ¿Cómo diablos conseguiste esa ClothStone?
- ¡No creerás que también soy un ladrón! ¿Verdad? – Se atajó el muchacho.
- ¡Claro que no te la robaste, idiota, la ClothStone elige a su portador, no al revés!
- Espera, creo que ya entendí esto… Yo vi a Athena ser raptada por Mars, pero en realidad luego fue salvada por este… Santuario, entonces te enviaron a ti para ver qué pistas pueden obtener sobre Mars, ¿cierto?
- T-Tal vez, nunca mencionaron a Athena, quizás sí ocurrió y simplemente no quisieron alarmarme.
- ¡Seguro es eso! – Kouga se levantó, emocionado. - ¡Souma, necesito que me digas donde queda el Santuario! ¡Tengo que ver a Athena!
- ¿Eh? Bueno, supongo que no hay problema, ya que tú sabes lo que ocurrió, informaré al Santuario luego.
- ¡Genial! ¿Nos vamos ya? – Decía mientras le daba unos grandes mordiscos finales a su sándwich.
- Te aviso que el viaje será largo, actualmente estamos cerca del Himalaya, al oeste de Asia, y el Santuario está en Grecia, en Europa, así que…
- Suena como que están muy lejos, ¡pero vamos, no importa!
- Espera un segundo. – Souma buscó en la tienda un papel enrollado, al soltarlo, había un mapa planisferio, se dispuso a verlo con atención. - ¡Ah, claro, claro! ¡Athena estará en Palestra, no en el Santuario!
- ¿Palestra?
- Es el lugar donde los Santos entrenamos, se encuentra mucho más cerca, solo debemos llegar hasta Tailandia, unos kilómetros al Suroeste, y luego dirigirnos a una isla donde está Palestra. – Le explicaba a Kouga mostrándole su ubicación actual y destino.
- ¡Suena mejor! Yo tengo mis cosas ya ordenadas, te esperaré afuera, Souma, ¿está bien?
- Ok, en un minuto estaré listo.
Kouga dejó la carpa y salió, se encontró con el bello brillo del sol sobre su rostro, mientras miraba al horizonte, aunque sin posar precisamente su vista en algo, miraba a la nada, sumergido en sus pensamientos.
- Señorita Saori, espéreme, por favor…
De repente, escuchó algo entre los bosques, una figura parecía moverse en medio de los árboles, Kouga quedó un poco paralizado y no le salía la voz, trató de ponerse en pose de batalla, esperando lo que se avecinaba…
