Disclaimer: Sekai-ichi Hatsukoi y sus personajes les pertenece a sus respectivos autores, este fic es sin fines de lucro, lo hago solo por diversión. Nakami Souji y otros personajes que NO salen en el anime ni en el manga si son de mi propiedad.

gato blanco de la mala suerte.-

Cap. 12: "DOS CORAZONES, UN SOLO LATIR."

—¿Estás segura de que estarás bien yéndote sola?

—Totalmente segura. —le contestó la madre a su hijo.

Martes por la tarde y nuestra querida Minami-san volvía a Osaka. La verdad es que me daba algo de nostalgia. En esos pocos días que logré compartir con ella, ocupó un gran lugar en mí y que se fuera tan de improviso de alguna forma dejaba un gran hueco en mi pecho. Gracias a ella y su insistencia con Yuu-san, me había invitado varias veces más a casa del castaño y este me daba sus recados a regañadientes, bueno, el asistente no podía negarle ese capricho...

Me sentía realmente feliz, le había caído bien a su madre. Y es que causaba gracia que en las tardes, cuando acabamos otro día de pesada jornada en casa de sensei, Yanase se acercaba a mí con timidez y decía totalmente avergonzado: "Mi madre quiere saber si estas libre hoy, dice que le gustaría compartir una taza de té..." Era totalmente digno de ver. En ocasiones, se acercaba como quien no quiere la cosa y en otras lo hacía con cohibición como si Caperucita le hablara al lobo feroz.

Y sinceramente… cuando me enteré que esta maravillosa mujer se marchaba le insistí al artista hasta el cansancio a través del móvil, que me dejara despedirla, luego de asegurarle que no había forma de detenerme porque ya "iba en camino". Me excusé con Takano-san –que por cierto, le debo un postre gracias a esto,- y corrí hasta las estaciones.

—La voy a extrañar mucho, Minami-san. —dije con honestidad y una sonrisa triste. No quería que se marchara. Era el mismo sentimiento que surgía cuando Haruhi volvía a Kioto luego de compartir sus vacaciones conmigo y no saber cuándo podríamos pasar los días libres otra vez.

—¡Oh, querido...! Créeme que me hubiese gustado quedarme un par de días más con mis dos chicos... —le pellizcó con suavidad una mejilla a su progenitor, que sonrió un poco y colocó una mano en mi mejilla, como quien no se cree que esta es la despedida. Ella tampoco quería irse tan pronto. —Pero tengo a alguien que me necesita devuelta en casa. —suspiró una vez con un brillo en los ojos castaños, abrió sus brazos y yo me adelanté a abrazarla con fuerza.

Los altoparlantes dieron la última llamada a los pasajeros con destino a Osaka y un oficial la ayudó con su equipaje, él solo estaba a la espera a que la mujer entrara.

—Cuídame mucho a Yuu, es lo único que tengo así que te lo encargo. —abrí un poco los ojos cuando susurró eso a mí oído en medio del abrazo... ¿Minami-san se habría dado cuenta de cómo yo miró a Yuu-san?

—Puede estar tranquila, siempre estaré a su lado. —respondí muy seguro de mí mismo antes de separarnos y ver en los ojos sinceros del otro.

—Oi, ¿qué tanto hablan? El tren te dejará si no te vas ahora.

—Está bien. —le dio un abrazo por igual y dejó un beso en su frente al chico que era apenas más alto que ella.

—Pórtate bien con Souji-kun, ¿bien?

Yanase rodó los ojos con una sonrisa.

—¿No debería ser al revés?

Yo reí ante la cierta lógica.

—Souji-kun, querido, eres bienvenido cuando quieras a Osaka, tienes un hogar allá también.

La oferta me tomó por sorpresa, pero sonreí al instante demostrándole que estaba de acuerdo. Asentí una vez y le di las gracias. Sentía que si decía algo más, las palabras no saldrían de lo alegre que estaba.

Luego de otra corta despedida, Minami-san subió al tren y nosotros hicimos nuestra marcha de vuelta al trabajo. Ninguno de los dos habló hasta que salimos de las estaciones. Yuu paró en seco de repente así que me giré a ver que sucedía. Soltó un pesado suspiro con un leve fruncimiento de ceño, se sobó la nuca y habló.

—Ella se encariñó terriblemente contigo.

—¿Y bien, qué dices?

Masamune se acomodó sus gafas, revisando unos documentos que me pidió y los dejó sobre el escritorio para prestarme atención. Los demás estaban en la casa de sus mangakas ayudándolas con los manuscritos, así que no me dio pudor decir aquello de la nada.

—¿Tres días…? ¿Me estas pidiendo un fin de semana libre a partir del viernes cuando estamos acabando el ciclo?

—Así es. —me crucé de brazos decidido a no dar mi brazo a torcer. —Ya pedí el permiso formal con Isaka-san y dijo que todo estaría bien mientras el editor en jefe de su consentimiento.

—Me estas poniendo entre la espada y la pared, Souji… —el hombre suspiró frunciendo el ceño. Se pasó la mano por la cara agotado de tanto ajetreo. —Sabes muy bien que no eres un editor cualquiera, eres mi asistente y tener a alguien menos durante estos días es inconcebible.

—Puedo hacerlo. —ya un poco más desesperado, puse esa cara de preocupación de cachorro abandonado que sabía bastante bien, apoyando ambas manos en el escritorio de mi jefe, hostigando con el tema hasta el final. —Prometo que acabaré con todos mis deberes antes del viernes y que te daré una mano con alguna otra tarea, la que quieras. Takano-san, esto es muy importante para mi… ¿Cuándo te he fallado?

—Lo sé, lo sé… Es solo una decisión difícil…

Al escuchar a Ritsu, que acababa de llegar, lo vi dejar una pila de folletos y storyboards sobre su escritorio, el chico tomó aire pues lucían pesados y se me ocurrió una idea en ese preciso momento.

—Onodera-kun. —llamé irguiéndome con una sonrisa triunfal, el aludido miró de inmediato. —¿Eres el coordinador de nuevo, cierto?

—S-si… ¿por qué?

—Está decidido. —le dije a Takano que se limitó a apoyar su barbilla en una mano, sabiéndose perdido. —Te ayudaré con eso para tener los manuscritos antes de la fecha decidida.

—¡¿De veras?! —preguntó emocionado.

Yo asentí y vi como sus ojitos brillaron de alivio.

—¿Puedes hacerlo?

—¿Dudas de mí?

—Bien, creo que no tengo opción… —se levantó de la silla con el semblante serio. —Si lo logras, tienes tus tres días libres… —me palmeó el hombro como apiadándose de mí y fue hasta el novato para indicarle instrucciones. —¡Onodera! Presta atención a lo que Souji tiene para mostrarte, aprenderás algo para cuando lo vuelvas a hacerlo solo.

—¡E-eso lo sé! ¡Así que deja de tratarme como un niño!

—Escucha bien, Onodera-kun. Siempre voy a una velocidad alarmante, así que no le des problemas a tu sempai, ¿bien? —dije solo para molestarlo. El pobre ya no sabía dónde mirar y se sonrojó un poco debido al bochorno que le causábamos Takano y yo al tratarlo como un idiota. Ritsu podía ser muy ingenuo a veces, y yo nunca dudaba de atacar ese punto para mi propia diversión.

—¡Ya lo sé, y puedo hacerlo perfectamente sin causar ningún daño! ¡Cuando digo que puedo hacerlo, lo hago!

—¡Ese es el espíritu nanahikari-kun! —dijo Isaka-san que pasaba por allí.

Se pueden imaginar las carcajadas de Takano-san y mías inundando el lugar y como el departamento contiguo se le quedó viendo al chico. Más aún, la cara de Ritsu no tenía precio, parecía al borde de cometer un homicidio.

Sonreí para mis adentros. Ya tenía el lugar y la fecha reservados, solo quedaba lo más difícil: convencer a Yuu-san.

—Ya sé. Mi inspiración está en huelga. ¡Eso es!

—Nada de "¡eso es!", mañana es la fecha límite y no nos falta mucho. Toriumi-sensei, confió en que puedes hacerlo. —le alentó el castaño. Nadie había dormido, y podía apostar que en especial él. Se veía en su forma desesperada de actuar, en sus ojeras y en su malhumor... No lo culpo, yo mismo de alguna forma, también me sentía así. Y es que...

'¡¿A QUIÉN DEMONIOS SE LE OCURRIA ACORTAR EL PLAZO DE ENTREGA?!'

El día anterior me la pasé encerrado en el pent-house de Chiaki -que por cierto casi se desmaya-, para terminar su manga, y ya que era el que más tardaba en terminar, fue el primero que tuvimos que entregar a Esmeralda por órdenes de la imprenta. Creo que esta tetra la hicieron a propósito.

No estábamos retrasados ni nada por el estilo, más bien íbamos a un ritmo "cómodo". Souji se había encargado de repartir los deberes de la forma más eficiente posible, incluso él también estaba dibujando para la obra, pero si sensei se atrasaba, todos nos hundíamos con ella.

—Esto es tan... irritante. —pensé en voz alta sin querer y las demás asistentes me corearon con gruñidos de cansancio. Nakami giró a verme por el comentario y lo vi suavizar el semblante, ¿se estaba sintiendo culpable por lo que nos sucedía? Él no tenía la culpa de esto, así que no comprendo por qué puso esa cara. Desvié la mirada, cabreado.

Tch.

El celular del editor repiqueteó con insistencia. Souji se levantó de su asiento, dispuesto a contestarlo en otra sala de la casa.

—Onodera-kun, ¿todo en orden?

Con un resoplido, hice unos trazos más en la hoja en la que trabajaba. Él pasó a mi lado. El vello de mi nuca se erizó completamente al sentir como depositaba algo en la palma de mi mano que tenía libre. Arrugué lo que era un pedacito de papel, una nota. Lo hice a toda velocidad temeroso de que alguna de las chicas se hubiese dado cuenta, pero todo parecía en orden. Nakami estaba en la sala de estar, dándome la espalda y hablando con ese otro editor de su departamento de una forma profesional sobre cosas referentes al trabajo.

Sabía que estaba sonrojado. Me sentía como chiquilla que escondía estar enamorada de un guapo profesor de escuela. Llené de aire mis pulmones reuniendo valor suficiente como para abrir el papelito y ver su contenido, claro que revisé que nadie me viera.

"Asegúrate de tener el fin de semana libre, sin importar que."

En ese momento miles de dudas e hipótesis diferentes surgieron en mi cabeza. ¿El fin de semana? ¿Qué demonios tenía planeado ese gato latoso? ¡No, no y no! No podía permitirme estar cerca de él cuando me sentía tan inseguro de cómo tratarlo a partir de ahora. Estaba totalmente consciente de que me gustaba pero ni de coña le dejaría saber por ahora de mis sentimientos, conociéndole, se pondría en exceso acaramelado y podría pasar cualquier cosa.

Ya estaba decidido: lo iría a rechazar en cualquier momento cuando se entregara el manuscrito.

Era difícil describir en palabras exactas lo estresado que estaba, por todo. Por el manuscrito, por la nota y planeándome mentalmente que le iba a decir. Por lo menos lo único que me reconfortaba era saber que esta era mi última mangaka por visitar hasta el lunes, así que tendría un fin de semana tranquilo y relajado, libre de Souji. Bien, cuando llegara a casa, primero una buena ducha y a dorm... ¡Concéntrate Yuu! ¡Mueve la mano!

Y así lo hice por otras siete horas seguidas.

—Guau, acabamos antes de lo que pensé. —dijo Makoto a mi lado, revisando su reloj de muñeca.

Eran las 11:30 y el mensajero se había ido hace un buen rato camino a la imprenta.

Todos tuvimos la misma idea de echarnos a descansar sobre el escritorio. Sensei dormía a sus anchas en uno de los sillones de su sala y las chicas, o bien descansaban o estaban completamente dormidas. Me levanté de mi asiento, dispuesto a ir a casa solo para dormir hasta el otro día sin hora alguna para despertar.

Tomé mis cosas y me eché el bolso al hombro. Me distraje un poco con el rostro dormido del editor; su cara descansaba sobre sus brazos entrelazados en el escritorio. Estaba algo pálido, pero sus largas pestañas le devolvieron ese característico juvenil. Sus mejillas tenían un pequeño tinte rosa debido al sobresfuerzo y su cabello le cosquilleaba su perfilada nariz. Me sabía perdido cuando llegué a sus labios, apenas entreabiertos. Eran esos mismos malditos labios los que me hacían perder la cordura y me aceleraban el corazón.

'Me enamoré de ti, idiota. No sé cómo, no sé por qué... solo pasó.'

Su condenado celular al sonar casi me provocó una taquicardia. Y esa fue la excusa que necesité para acortar distancias y moverle un poco el hombro diciéndole que alguien lo llamaba.

—Contéstalo tú... —gruño entre sueños.

¡¿Cómo que lo contestara yo?! ¡Querían hablar con él no conmigo!

—¡La llamada se caerá si no contestas!

—Si es Onodera, dile que el manuscrito ya está en la imprenta. Si es alguien más, solo contesta. —se removió incomodo, dándome la espalda y volviendo a la tierra de los sueños.

Fruncí el ceño con fuerza.

'¡Pero si serás...!'

Tomé el aparato con frustración y contesté con obvio mal humor.

—¿Diga...?

¡Onii-chan...!

Silencio incomodo... Quizás hablar al mismo tiempo no había dado resultado, apenas si entendí lo que dijo. Me callé para que la chica hablara.

Umm, etto... ¿C-con quién hablo? —evidentemente que ella tomara la palabra primero la había avergonzado.

—Yanase Yuu. —dudo que Haruhi me recordara, y si lo hizo lo más probable es que me odie por portarme de esa manera y poner esa cara de demonio rabioso aquella vez en la tienda cuando su hermano y yo peleamos. Me fui a hablar a la cocina para no molestar a los demás que me hacían señales para que bajara la voz.

¡Ah, hola Yanase-kun! Perdona llamar a esta hora, pero recién llegué a casa de la universidad y me preocupa mi hermano... ¿él...?

—Hola... —sonreí inconsciente. Espera, ¿me había llamado "Yanase-kun"? —A-acabamos de terminar un manuscrito y me obligó a contestar su teléfono, está dormido, espero no te moleste.

Para nada, me alegra escucharte. Sinceramente, me siento más cómoda diciéndote esto a ti que a onii-chan, porque sé que evitará el tema.

Apoyé la espalda en la encimera y concentré la vista en cualquier punto de la cocina, interesado más en nuestra conversación. —¿Pasó algo malo?

Es lo que trato de averiguar. Mi hermano esta raro últimamente. Ya casi no me llama: hablamos muy seguido. Y recibí una llamada extraña de Isami-san hace poco diciéndome que Jun se había ido de su casa por alguna pelea con Souji... ¡Ah, p-perdona! ¿Conoces a Isami-san y a Jun?

—¿Isami-san fue el tutor de ambos?

Sí.

—Y a Jun he tenido el placer de conocerlo, más de lo que quería... —contesté con sarcasmo arrugando la nariz en el acto, tan solo pensar en ese chico me provocaba un nudo en el estómago.

Bueno, entonces creo que más o menos sabes las proporciones problemáticas de lo que me refiero. —la chica suspiró del otro lado de la línea. —Cuando era pequeña tuve la dicha de que onii-chan se preocupara por mí, pero ahora es mi turno, ¿entiendes a lo que me refiero?

Sus palabras me recordaron a su triste historia, no pude evitar removerme incómodo y sentirme orgulloso en parte por aquella hermana que quería hacerse cargo del mayor. ¿Qué le habría de estado pasando por la cabeza a una niña de cinco años huérfana? Que de pronto tu hermano solo cuatro años mayor se haga cargo completamente de ti debió ser un gran trauma.

—Lleva una vida tan forzada que te preocupa, lo sé, eso me pasa de alguna manera a mí también.

Exacto. Cada vez que le llamaba, era mal momento porque estaba trabajando o sencillamente hablábamos escasos minutos y se quedaba dormido. Yanase-kun, tú que estas allá, ¿podría pedirte un favor? —el suave tono femenino de su voz, me conmovió. Esta niña era tierna y luchadora, no fue la impresión que me llevé en el centro comercial hace ya un tiempo, aunque eso debió ser mi culpa, debí de dar miedo en ese momento.

—Lo que quieras.

Cuida de mi hermano. Si ves que se está esforzando en exceso, tienes mi permiso para detenerlo y darle una paliza.

—Yo me encargo. —reí. Era cierto, Souji había pospuesto sus planes de molestarme y lo único que yo veía era a un editor ocupado que iba y entraba de casa de sensei dispuesto a terminar su trabajo a tiempo. Era como si a partir de ayer yo dejara de existir para él.

Ella me agradeció infinitamente, ya más tranquila.

Haruhi era, la hermana menor más maternal que yo he conocido en mi vida. Y el estúpido de Souji debía sentirse orgulloso de eso.

—E-esto… algún día nos va a matar… —susurró Kisa, con terribles ojeras en los ojos desde su desordenado espacio.

—Nos acortará la vida… ¿Cuánto… viven los editores de manga shoujo? —gruñó Hatori hundiendo los dedos en su cabellera con pereza dejando descansar la barbilla sobre una pila de libros.

—O nos va a matar… —repitió Masamune reclinado en su silla mirando al techo como poseído al que le acaban de hacer un exorcismo.

Un aura de pesadez se cernía sobre la división Esmeralda quienes terminaban aquel día otro ciclo más de locas carreras para acabar a tiempo y ayudas mutuas para no dejar a un compañero atrás.

—¿Alguien sabe…? ¡Arg! ¿…Dónde están Mino-san, Sou-kun y Ricchan?

—Souji y Mino acabaron por hoy… seguro andan por ahí, buscando un espacio donde agonizar. Onod… —el editor en jefe cayó en cuenta de que no había visto a su subordinado en un buen rato. El novato tampoco tenía ninguna responsabilidad restante. Su amante se asustó un poco porque al muchacho le daba por meterse en problemas cuando no tenía un ojo en él. A Takano se le estrujó el corazón. —Onodera… ¡Onodera! —llamó sin recibir respuestas. Hatori de pronto alzó una mano para que callara y luego le hizo señas a los dos azabaches indicándoles que se acercaran y señaló detrás de un alboroto de papeles, cajas y libros al final del escritorio.

—¡…!

—¡Shhh!

Todos sacaron sus celulares para tomar una foto de aquella escena tan adorable, y quizás, chantajear con la evidencia:

Mino y Souji se hallaban con las espaldas apoyadas del escritorio, recostados el uno del otro. Souji apoyaba la cabeza en el hueco entre el hombro y cuello de Kanade mientras este tenía su mejilla izquierda sobre la cabeza del asistente. Onodera también estaba allí. Su cabeza estaba reposada en el regazo de Mino-san y tenía las piernas de Nakami extendidas sobre su cadera sin llegar a aplastarle. El más joven de todos, abrazaba con sobreprotección el brazo izquierdo de Ritsu y lo mantenía aferrado contra su pecho como si temiera ser arrebatado… Al aludido parecía no incomodarle aquella posición. Los tres dormían apaciblemente como gatitos acurrucados unos encima de los otros sin ningún mal que les aceche.

Una chica de Zafiro, se acercó con curiosidad al ver a los tres hombres amontonados con sus celulares apuntando algo. —¿Kisa-san, que están…? ¡Kyaaaaaa!

—¡SHHHH! —sisearon los tres al tiempo volviendo a los bellos durmientes. La fujoshi movía frenéticamente las manos sobre su pecho y mordiéndose el labio inferior para no gritar de la emoción. Llamó a las demás depredadoras de BL con urgencia para que presenciaran aquello y a partir de ello, el piso cuatro de Marukawa Shoten, se convirtió en un alboroto.

...

El día de ayer había sido tan estresante. Pero gracias a las estrategias -muy drásticas-, que implementé, el departamento de Doncellas batió el record de entregar todos los manuscritos antes de la fecha límite, incluso la imprenta se sorprendió mucho e Isaka-san nos felicitó. Y los seis editores, gozamos de tiempo libre hasta el lunes. En especial yo, que sacrifiqué todo mi equipo solo para lo que tenía planeado. Takano-san estaba totalmente consciente de mi plan y aun así no dijo nada, creo que comprendió mi ferviente deseo de tomar aquellos días libres.

Solo tres de nosotros sabíamos lo que sucedió y era un secreto que nos teníamos que llevar a la tumba o los demás nos matarían. En especial a mí, el terco que decidió cambiar la fecha límite.

—Bien Onodera-kun, el truco consiste en amenazar por las buenas hasta dos días antes de la entrega final, entonces ahí tomaras medidas drásticas. Pero, claro, no todos tenemos ese don.

—¿Eh? ¿A qué te refieres?

—Bueno, con esa cara inocente y esa actitud tan amable... Realmente dudo que lo logres.

Su cara profesaba un "lo quiero matar".

—Pero no pierdes nada intentándolo. Aunque, si eso no funciona… —tomé el calendario que Mino tenía sobre su escritorio y señalé jueves, cambiando la hora de entrega. —Marcarás la fecha que deseas que sean entregados los manuscritos y convencerás a los demás que la imprenta cambió la fecha. Nadie cuestiona la imprenta más que Takano, y estoy seguro que tenemos su consentimiento.

—Pero eso es mentir, la imprenta no ha…

Coloqué un dedo sobre mis labios con una sonrisa maléfica. —Es solo una pequeña mentira piadosa. Tendrás los manuscritos más temprano de lo habitual y no tendrás el estrés de tener a la imprenta sobre ti.

—¡Oh, ya veo! —sonrió. Las lecciones le eran bastante convenientes.

—Ahora discípulo, ve y cambia las fechas de los calendarios de los demás. Yo les diré que la fecha de límite ha sido cambiada.

Dependiendo de cada editor, iba cambiando fechas a mi conveniencia. No sé como los demás no se dieron cuenta de que cada uno tenía fechas diferentes, quizás el ajetreo. Me iba a ir al infierno solo por esto.

Al principio todo fue un alboroto y una sarta de maldiciones por parte de los chicos cuando se vieron mas forzados de lo habitual, cada uno corrió a la casa de sus mangakas a ayudarles con sus mangas y pidieron ayuda extra. Todo porque Souji quería pasar el fin de semana con Yuu.

¿Qué si trabajé y me maté como una mula durante tres días? Sí, pero había valido la pena. Entregamos el manuscrito a tiempo y según tengo entendido Yuu-san no tenía más deberes con alguna otra persona. Era mi momento de actuar. Ayer no pude decir mucho pero mi suerte fue que le di aquel mensaje escrito:

Me gusta espiar sus reacciones. Lo recuerdo ver desdoblar el papelito mientras mira cauteloso un par de veces hacia los lados. Es más que obvio que aquello lo avergüenza porque se ruboriza de golpe mientras abre los ojos con cada palabra que lee, podría observarlo por horas y jamás me aburriría de aquello. Era uno de los pequeños placeres de la vida.

Toqué el timbre una vez y esperé pacientemente. Ya estaba oscureciendo. Ayer llegué a mi casa a eso de la doce y algo, solo me di una ducha rápida y dormí hasta las cinco de la tarde del día de hoy. Me hice algo rápido para comer, luego de una ducha, con la mente renovada y terriblemente positiva, me encaminé a casa de Yanase sabiéndome ya el camino de memoria. A esta hora ya debía de estar despierto y lo confirmé cuando abrió la puerta con el semblante más relajado que ayer.

—Tú… ¿Q-qué haces aquí?

Me dio un déjà vu.

Al avanzar para pasar sin ni siquiera recibir el permiso, retrocedió completamente y cerró la puerta tras de mí. Subió al tatami invitándome a pasar. Yo reuní el valor suficiente y le tomé de la mano, era ahora o nunca.

—Fúgate conmigo.

Él, que había tensado su mano, la aflojó de pronto y me miró con los ojos bien abiertos, totalmente confundido. —¿Q-qué?

Ese hermoso tinte rosado en sus mejillas apareció y lo vi bajar la mirada, creo que comprendió lo que le trataba de decir.

—Nos vamos mañana temprano a Hakone* y volvemos el domingo. Nadie se dará cuenta, ya no tienes más trabajo y yo tampoco. —insistí. El parecía debatirse mentalmente.

¡¿Hakone?!

Ellos dos solos. Él y Souji. Solos…

No podía hacerlo, moriría de vergüenza. Estar cerca de Souji ya de por si le alteraba el corazón como si hubiese corrido un maratón, no podía permitirse quedarse a solas con él. ¡Podía pasar cualquier cosa! Bueno, en realidad eso ya no le molestaba en lo absoluto… Lo que no quería era que precisamente ese chico que lo miraba con ojos suplicantes en ese momento se diera cuenta de los verdaderos sentimientos que guardaba hacia él.

Tenía que inventar algo rápido.

—No puedo. —vio sus orbes dilatarse en la tristeza. —T-tengo algo de trabajo pendiente con Chiaki.

Oh-oh… Grave error, mencionar al mangaka no había sido buena idea después de todo. Se había enfadado. Lo confirmó en su ceño fruncido y en sus labios curvados hacia abajo.

—Ya veo… así que Sensei va primero.

'¡No idiota, esa no es la verdadera razón!' la voz de su conciencia quiso gritar.

—No puedo dejarle por un capricho tuyo.

'¡Cállate!'

¿Por qué decía lo que no quería?

Al parecer esta vez lo había herido, su semblante cambió: lo miraba frio y distante, estaba estoico. Y lo peor es que no decía nada al instante. Quería ir. Quería pasar tiempo con él, pero no sabía cómo hacerlo, no sabía cómo comportarse con él, ni sabía lo que era estar verdaderamente enamorado y actuar como alguien normal. ¿Debía darle otra oportunidad al corazón?

—Supongo que no importa. —esa simple oración dicha con voz áspera y cortante, era la voz autoritaria y seca característica del rechazo.

—¡Oi! —llamó ceñudo cuando él se dio la vuelta dispuesto a irse. —¡Souji! —lo ignoró dirigiéndole esa misma mirada tan fría que parecía comerse su alma y devorarla en pedacitos. Apretó los dientes con fuerza. Los ojos comenzaron a picarle. La frustración le ahogaba la voz y le llenaba los ojos de lágrimas mientras trataba inútilmente de no venirse abajo en cualquier momento.

¿Qué le pasaba? ¿Por qué lloraba? No podía ser por él, no, imposible. Nunca en su vida había llorado por alguien más que no fuera Chiaki. Y ahora aparecía él, de la nada, y le hacía sentir que era especial, de que merecía algo más.

¿Por qué lloraba? Ah, sí. Porque le amaba y acababa de herir con sus palabras a la persona que amaba.

Lloraba también, porque aquel tarado no se daba cuenta de eso, de que le necesitaba.

'Me haces sentirme débil… no de una forma desagradable, no… si no de una forma que me hace buscarte desesperadamente, esperado ser reconfortado por tus brazos.'

¿Por qué?

"Si realmente quieres a alguien, lo único que quieres para él es su felicidad, incluso si tú no se la puedes dar ¿Verdad, Yuu-san?"

'¿Por qué tú? Yo amaba a Chiaki y aun así…'

Despiertas en mí los mismos sentimientos.

Sin embargo, ¿era normal que sintiera un cosquilleo en su estómago cada vez que él se acercaba? ¿Era normal que le confesara cosas intimas de su pasado? Tal vez sentía miedo porque sabía muy bien que él significaba más que cualquier otra persona. Souji era lo único en lo que él pensaba y en lo que él quería.

Apretó los labios con firmeza y trató de contenerlas egoístamente. Yuu tomó la delantera decidido a no contenerse más. Esta vez no iba permitir que su inseguridad le ganara a cansina batalla, estaba harto de perder: —Intente sacarte de mi mente... ¡Pero no pude…! ¡No me jodas! ¡Si dices que me amas demuéstralo, idiota! ¡Maldición! Si realmente te importo... —gritó deteniéndose altivamente bloqueando puerta y mirando nuevamente a los ojos del editor con decisión. El dibujante habló con frases que parecían pasar con esfuerzo por su garganta, luchaban por salir entre sus labios apretados. —Estoy frustrado y eso me molesta…

Souji escuchaba en silencio estático como una estatua mientras Yanase trataba de contener las silenciosas lágrimas. Juraría que era la primera vez que lo veía llorar estando consiente. Estaba sorprendido, demasiado a decir verdad. El mayor era una caja de sorpresas, aquellas palabras y sus sinceras lágrimas le calentaban el pecho.

A Yuu ya no le importaba si se lo tomaba como una confesión o no, solo quería estar a su lado a partir de ahora. Se dejó abrazar sin protestar cuando el otro lo envolvió en sus brazos con firmeza. Amaba sus abrazos, lo hacían sentir seguro y sin preocupaciones. Descansó su cabeza en su pecho escondiendo su rostro entre su ropa para aspirar su aroma. El más alto le besó el pelo sin soltarle.

—Idiota. —susurró en su pecho.

Souji era irritante, latoso, el idiota más grande del mundo, el hacía a Yuu gritar y lo sacaba de sus casillas, lo avergonzaba y le hacía sentir minúsculo, le provocaba terribles sonrojos y era él todo lo que Yuu quería y necesitaba. Y sabía que iba a amarlo por un muy largo tiempo.

Había accedido. Claro que había accedido. Yanase le inventó otra tonta excusa de que había hablado con Chiaki sobre no poder asistirlo ese fin de semana.

Accedió a una escapada a Hakone con Souji. Aquel detalle le pareció tierno, pero era más nervios lo que contenía en la boca de su estómago que otra cosa. Era su primera vez lejos de la seguridad de Tokio hacia un lugar desconocido, en otras palabras no tenía escapatoria. Él le había asegurado que la única persona que sabía que no estaría en la capital era Takano, por cuestiones de la empresa no podía mentirle totalmente a su superior.

Nadie sabía que ambos estarían juntos en otro distrito.

Se mordió el labio inferior por quinta vez en esa mañana.

—Aquí es. —dijo el oji-verde dejando sus equipajes en los compartimientos superiores del tren bala, que los llevarían a sus pequeñas vacaciones. Yuu se acomodó en el asiento al lado de la ventanilla.

Honestamente, en parte le alegraba estar ahí, era el único fin de semana libre en semanas y pasarlo con el editor era como un bizarro sueño. Tal vez solo tenía que relajarse un poco y dejarse llevar por la corriente.

Yuu suspiró. Iba a ser un largo camino.

—Solo estamos a hora y media de Hakone así que no te preocupes.

—S-sí. —balbuceó acomodándose derecho en su asiento. Había hecho algo de trampa la noche anterior, había investigado desde su ordenador; el lugar donde Souji lo pretendía llevar era al Hakone rural, famoso por sus atractivos turísticos, templos, y aguas termales. Le recordaba cuando visitaba a su familia en Osaka y eso le calentaba el pecho.

Pretendió ver hacia afuera, nada interesante la verdad. Observó por el reflejo del cristal como él se estiraba y se sentaba en el asiento a su lado.

Yuu se sonrojó.

Después de varios minutos una azafata llegó y explicó las reglas y todo ese protocolo del tren. Cuando el transporte se puso en movimiento, el dibujante se sintió respirar de nuevo.

—Lo siento, Yuu-san... Pero estoy realmente cansado, ¿te importaría que durmiera un poco?

Se giró para verle despegando la mejilla que recargaba en un puño. En efecto, podía ver las casi invisibles ojeras debajo de sus joyas verdes.

¿Podría ser qué...? ¿Entonces... le ignoró por completo tres días para trabajar extra y poder ir a Hakone con él?

Lo había sospechado pero tampoco lo creía del todo cierto.

"...Si ves que se está esforzando en exceso, tienes mi permiso para detenerlo y darle una paliza".

'Perdona, Haruhi. Me di cuenta muy tarde.'

—¿Qué? No, adelante. —Souji sonrió con sinceridad y... ¿de forma cariñosa?

Si se dormía, el camino sería menos incómodo.

—Despiértame en media hora por favor.

Yanase Yuu asintió, volviendo a la ventana.

El corazón del artista dio un vuelco, sonrojándose en el acto, al sentir al menor recostando su cabeza sobre su hombro y cerniendo su peso sobre él. Souji se llevó una mano a la boca al bostezar, posó la misma mano en la perfecta palma del dibujante entrelazando sus dedos con los del mayor.

Sin darse cuenta, Yuu, completamente avergonzado, estaba atento a cada movimiento del chico cuanto antes solo se limitaba a desviar la mirada: estaba atrapado por sus gráciles movimientos. El editor alzó sus manos unidas a la altura de sus labios y comenzó a acariciar con la punta de su nariz su mano hasta una parte de su antebrazo, sus labios también le rozaban.

—Tú... Hueles muy bien. —aquel comentario provocó que su corazón se desbocara una vez más. Tal vez el sueño lo hacía alucinar. Sí, eso debía ser. No encontraba que decirle, así que optó por quedarse callado. Su cara estaba demasiado roja, agradeció estar en una de las últimas filas donde nadie podría verlos.

Pero lo que no sabía el asistente era que aquel trote que llevaba su corazón, -que al estar cerca de su cuello, escuchaba-, era la más perfecta y hermosa canción de cuna siendo el toque final para dejarse caer en los brazos de Morfeo, con una pura sonrisa en los labios.

Luego de ello, tuvieron otra de sus ridículas discusiones matrimoniales porque Yuu le dejó dormir casi todo el camino.

—Guau... Es hermoso.

—¿Te gusta?

—Si...

Yanase Yuu apenas me hizo caso. Se quedó aferrado del barandal del lobby del pequeño hotel tradicional, contemplando el monte Fuji que se veía en la lejanía: imponente y hermoso en el cielo despejado.

—Luego recuérdame aprovechar y dibujarlo. —murmuró hipnotizado por la belleza natural del lugar.

En el piso de abajo podías ver una gran terma natural disponible para ambos sexos, a lo lejos comenzaban las que se dividían en chicas y chicos y luego estaban las habitaciones tradicionales. Todo rodeado de un pequeño bosque y unos cuantos cerezos en flor. Si, la vista era preciosa.

—Estoy seguro de que lo recordaré. —sonreí alegre de que le haya gustado la sorpresa. Era como un niño en una juguetería, bastaba con solo mirar su cara de emoción para enternecerse.

—Disculpen por la demora. ¿En qué les puedo servir?

La mujer entro detrás del puesto de registro a la espera.

Dejé que Yuu-san se deleitara con el paisaje todo lo que quisiera mientras yo nos registraba. Mientras más me acerca la mujer, que parecía unos pocos años mayor que Kisa-san, esta se acomodaba la ropa y se arreglaba el cabello.

A veces me hartaba de que las chicas hicieran lo mismo cuando me veían.

La mujer devolvió los lentes al puente de su nariz y cruzó los brazos bajo los pechos. Un viejo truco para hacer ver sus senos más grandes. Ella alzó las cejas como si no me hubiese notado.

Suspiré mentalmente.

—Hola. Hice una reservación a nombre de Nakami Souji.

La mujer asintió una vez y tardó varios segundos en comprender que esperaba una respuesta.

—¡Oh, que tonta! —rió, tecleando y cliqueando en su ordenador. —Sí, aquí esta. El registro dice que es una habitación matrimonial, ¿eso es correcto? —ella se giró a ver a Yuu, confundida. Normalmente una pareja heterosexual tomaba ese tipo de habitaciones, pero qué más da. No tenía nada de divertido pasar un fin de semana separado por dos camas individuales.

Yo posé un dedo sobre mis labios y le guiñé un ojo.

Ella asintió más de la cuenta ante la acción y ya el rey de Roma venia en camino hacia nosotros. Yanase se colocó a mi lado y enarcó una ceja ante la mirada que la chica me dirigía.

—Si necesita algo, señor, no dude en hacérmelo saber. —sostuvo las llaves de nuestra habitación en dos dedos y las dejo suspendidas en el aire antes de querer dármelas.

Me estaba coqueteando.

—Con gusto los acompaño a...

En un rápido movimiento el oji-caoba le arrebató las llaves de la mano. —Gracias, pero no gracias. Creo que podremos llegar por nosotros mismos sin necesidad de nadie. —le sonrió tan hipócritamente que casi me quedé con la boca abierta. —Andando.

La empleada se quedó tiesa, claramente ofendida.

—Sí, señor. —lo seguí con una sonrisa amplia.

Ya cuando estuvimos lo suficientemente lejos y casi llegando a nuestro destino, rompí el silencio:

—Me encantan tus celos. Eres más adorable de lo que te podrías imaginar.

—Cállate, no son celos. —bramó sin darme la cara.

Sí, claro.

Souji me esperaba en el onsen. No sé si podía hacerlo. Habíamos acomodado nuestras cosas en nuestra habitación tradicional que era como un pequeño apartamento; tenía su propia pequeña cocinita un gran, amplio y exagerado baño con una hermosa tina, una pequeña salita y… damas y caballeros: un dormitorio con una cama matrimonial.

Una.

¡Una sola cama!

¡¿Cómo diablos podría dormir yo con el justo a mi lado?!

Si la cama fuera amplia, no tendría problema en tomar un lado y acurrucarme allí. Lejos. Muy lejos de él, pero no era tan grande. No quería meter la pata. Más importante aún, me esperaba en las cálidas aguas de la sección de los hombres, cabe decir que era un baño al exterior.

Me vestí con una yukata color olivo que estaba sobre la cama luego de darme una ducha y tomé las sandalias, dirigiéndome afuera. Esto era realmente extraño. Una nueva experiencia, Yuu, tómalo como una nueva experiencia. Respiré el fresco aire del campo para calmarme, que diferencia.

Al llegar a mi destino, corrí la cortina noren* marcada para los hombres.

¡Mierda, él era el único ahí!

Sé que fue estúpido dar media vuelta y quedarme parado allí por lo menos diez segundos, pero al menos esperaba que no estuviéramos solos. ¿Esto no era público? ¡Se supone que era público! Recobrando el valor y tragándome el orgullo, me desvestí a escondidas detrás de una roca y até la toalla a mi cintura lo más fuerte que pude, estaba consciente de que casi me saqué las tripas.

Asomé la cabeza: Souji recargaba la espalda en las paredes del baño con los brazos colocados atrás sobre el piso, tenía los ojos cerrados.

Esta era mi oportunidad.

Entré a toda velocidad. La piscina no era muy grande, así que no había a donde huir en verdad. Oh, esperen, no estaba del todo mal; el agua estaba deliciosa, lo suficientemente caliente para relajar mis músculos de la espalda que dolían cuando duraba muchas horas sentado, reclinando sobre la mesa dibujando para mis mangakas. Hundí mi cabeza bajo el agua unos segundos y subí.

—Ahí estas, me estaba empezando a preguntar por ti. —abrió los ojos cuando sintió mi presencia. Su cabello mojado lo llevaba peinado hacia atrás con unos pocos mechones bailando en su rostro, pensé en la fiesta de temática inglesa y me sonrojé. Se acercó a mí despacio, y cuando se reclinó en la roca a mi lado, contemplo el cielo libre de edificios o rascacielos, ¿sería esta su primera vez lejos de algo que no sea ciudad? —Yuu-san, ¿qué fue ese beso en tu casa? El día que conocí a tu madre…

Mis ojos se abrieron por competo y el corazón comenzó a galoparme en el pecho.

Él no me veía la cara, no aun, gracias a Dios.

—Yo, n-no lo sé.

Otra vez, mi boca controlaba, sin que yo le diera el permiso y mi cerebro se desconectó, por un momento quise volver a darle otra oportunidad al corazón y acallar mi mente.

No puse oposición cuando apartó unos mechones mojados de mi rostro, quería verme bien los ojos. Me alzó la barbilla con un dedo encorvado.

Si, ya era tiempo que dejara de pensar y solo me llevara de lo que en verdad sentía.

—Te amo. —susurró con seriedad.

Yo entrecerré los ojos, algo tímido. —Pero no me conoces del todo.

—Aun así me gustas mucho.

—Soy mayor que tú. —argumenté.

Una sonrisa torcida adorno su hermoso rostro, queriendo reír un poco.

—¿La edad siempre ha sido problema para ti en tus anteriores relaciones? —relajó su semblante cuando mi cara se puso roja, con una sonrisa tierna, se acercó a mi cara apenas unos centímetros.

—T-tú... no me gustas. —mentí. Souji me alzó más el rostro, obligándome a mirarlo y acortó distancias apoyando sus labios sobre los míos en un dulce beso. Me quedé demasiado prendido a ese contacto y cuando nos separamos, me di cuenta de que llegué a corresponderle.

—Te estás contradiciendo.

Fruncí un poco el ceño. —No lo hago.

'¡Yuu cierra la maldita boca!' me grité a mí mismo.

—Cuando me acerco demasiado, tus pupilas se dilatan.

—¿Y eso qué...?

—Cuando vemos algo que nos gusta, nuestras pupilas se dilatan. A mí no me engañas... Mírame directo a los ojos y dime que no sientes algo cuando estoy cerca. —las gotas de agua se resbalaban por su rostro, dándole un toque mágico a las irises felinas que parecían destellar cual dos estrellas.

Sentí que el agua se volvió más caliente. No, perdón, era mi rostro.

—Yo...

Souji era amable. No quería que dijera nada. Tampoco quería presionarme, él no necesitaba una respuesta en ese momento. Por eso me acalló con un beso. En este, nuestros labios cobraron vida; se movían, pausados, pacientes, saboreando la boca del otro con lentitud y ternura.

No quería palabras, al menos no por ahora.

—Además, dijiste "pero" y eso me da fuerzas para luchar por unos cien años más. —murmuró sobre mis labios al separarnos.

Tenía toda la maldita razón.

Estaba realmente jodido.

Soltó un pesado suspiro en un vago intento por calmar sus pensamientos y su pulso ya algo acelerado. Mierda. Aún no podía creerse que estaba metido en aquella situación. Era de verdad, estaba pasando, sentía deseos de Souji, justo ahí, justo ahora. Él mismo corrió al único baño y se duchó a toda velocidad por dos motivos: el primero, para intentar calmarse en vano y el segundo, pero no menos importante, verle medio desnudo cuando le tocara salir del baño.

¿Por qué a él debían pasarle este tipo de cosas? Hace unas horas él no estaba así.

Sus ojos se cerraron un rato e inconscientemente frunció un poco el ceño. Cada que lo hacía, podía revivir mediante imágenes enteramente su primera vez con él y su corazón se aceleraba con suma sensibilidad al recordar precisamente la figura del castaño desnudo delante de él -o de solo imaginárselo-...

Él tenía esa maña. Dormir medio desnudo, pasearse por la casa medio desnudo, tener dos botones de su camisa desabrochados o usar ropas algo ajustadas que marcaban su juvenil cuerpo. Eso era algo en lo que Yuu se fijaba bastante y de inmediato le ponía la sangre a hervir.

Y hoy, justo hoy, Souji parecía verse más atractivo que de costumbre. Sus irises esmeraldas tenían al dibujante estúpidamente prendido a ellas, y ni hablar de lo que le causaba su sonrisa en ese momento. Sonrisa, sonrisa... Labios. Oh, no... Estaba perdido.

Lo sabía por el apretón en la boca de su estómago, estaba teniendo una erección.

Llegar a ese hermoso lugar lejos del bullicio de la ciudad y sin el estrés del trabajo le había despertado un lado que había estado ignorando por varios días. Si, lo necesitaba. Había reunido todas sus fuerzas de autocontrol para no cometer una estupidez en aquel onsen. Y aunque era privado, la simple idea de estar al aire libre y de que alguien los viera en pleno acto lo cohibía lo suficiente como para controlar su parte pervertida. Pero... la pregunta de millón estaba bailando justo en frente de su rostro:

¡¿Cómo reaccionar luego de aquel beso en las aguas termales?! ¡Y ni hablar de lo que le había dicho!

¿Debía tomárselo personal y decidir que también era deseo aquello que sentía el chico? ¿Qué tal si no era el momento correcto? Había estado trabajando hasta casi el desmayo, tal vez solo debía esperar hasta mañana, el menor estaba cansado... ¿Y si él no estaba de humor? No, no, es Souji, él siempre estaba de humor...

Respiró profundo y más despacio mientras abría los ojos y apoyaba sus codos en la encimera de la cocinita que daba convenientemente a la puerta del baño. Sentía el rostro caliente, así que entrelazó sus manos frente a su rostro para ocultar el evidente sonrojo. Debía reprimir el impuro deseo de lanzarse encima de Souji y devorar sus labios a besos.

Desde lo más profundo de su ser, su lado morboso lanzó una pregunta y la dejó al aire:

"¿Por qué?"

"¿Por qué… reprimirse? Pues…"

Su mente vaciló ante tal pregunta. No halló nada para contestarla mientras desvestía con la mirada al otro que acababa de salir del baño. Solo con oír el "clank" de la puerta al abrirse se enderezó como perro en atención en su silla y lo devoró con la mirada. Solo tenía una toalla atada a la cintura. Solo una maldita toalla le impedía verlo como Dios lo trajo al mundo. Vio unas pequeñas gotas que se deslizaban desde su cuello y saltaban desde su pecho. Ver su tonificado abdomen hizo querer tocarlo y que lo tocara: en ese momento su piel solo gritaba que lo tocaran como él sabía hacerlo.

Pros y contras. Debía hallar pros y contras. ¡Rápido, rápido!

Nakami estaba apoyado contra el marco de la puerta, distraído con su móvil, para su suerte.

Entre los pros había demasiado de dónde elegir, pero se fue por lo básico: Souji le encantaba en todo el sentido de la palabra, él estaba deseoso en ese momento, y vendría bien algo de acción luego de semejantes días tan fuertes que acababan de pasar. Si lo hacía, no solo le entregaba su cuerpo... una unión en cuerpo y alma, a partir de ahora le estaba entregando su corazón. Sus sentimientos en bandeja de plata y todos solo para él.

'Para liberar tensiones' gritó su mente.

Sí, claro…

Rodó los ojos con una sonrisa divertida. Calmando su precoz mente, que ya se había ido mucho más allá, la hizo devolverse para buscar los contras.

"..."

Una vez más estaba en blanco. Podía ser el libido que le cegaba y no le dejaba expandir su mente para buscar consecuencias, pero honestamente ya en ese punto daba muy igual. Mientras llegaba a la conclusión de que no importaba si había consecuencias o no, se aproximó a Souji que levantó la vista al sentirlo acercarse y sin un mínimo atisbo de vergüenza, rozó sus labios con los de él antes de darle un buen beso que ansiaba luego de salir de ese onsen.

Ya era hora de dejar a un lado la timidez.

Con una mano, le quitó el celular y lo dejó en una de las mesitas que tenía al lado. Volvió a tomar sus labios entre los suyos e insistió la entrada de su lengua con ansias. Esta noche Yuu iba a tomar el control y más le valía a él que se dejara satisfacer. Porque sabía que Souji podía hacer un muy buen trabajo con él, ese fanfarrón era bueno en la cama, pero esta vez Yuu quería iniciar algo por sí mismo. Todo el miedo y la vergüenza se hicieron a un lado para ser sustituidos por el hambre.

Notó que dejó a Souji fuera de órbita, pues éste tardó en reaccionar y seguirle el paso del beso. Sí, no era él precisamente quien hacía las demostraciones de afecto ni daba el primer paso. Nunca. Supuso que desde esa perspectiva podía entender la confusión de Souji. Al separarse, sus ojos verdes estaban fijas en él con mucha sorpresa, tenía un adorable pequeño sonrojo en sus mejillas y sus ahora húmedos labios estaban entreabiertos.

Finalmente, mandando todo al diablo, Yuu le besó por sí mismo de nuevo, renuente a dar marcha atrás. Era un beso lleno de brusquedad, pasión, y desesperación, ni siquiera pensó si le provocaba dolor o placer al más alto. El otro, sorprendido, pero perdiendo toda cordura por el ritmo de su acompañante le correspondió aquel desenfrenado acto con la misma hambre y necesidad.

Ambos parecían devorarse mutuamente.

Dio un par de pequeños besos en ellos, fríos por la ducha antes de separarse, él se encargaría de calentarlos. Se separó lo suficiente para apreciar bien su rostro, su cabello mojado y alborotado pegado a su cara, se le hacía bastante provocativo. Más importante aún, el editor no decía nada y eso le desesperaba, estaba estupefacto, eso ya era culpa del dibujante.

¿En serio le haría decirle que lo necesitaba en ese momento, que le deseaba, QUE LE NECESITABA A ÉL Y SOLO A ÉL? Eso le cohibió un poco y rápidamente tuvo que idear algo para hacérselo saber, pero no de forma tan directa, ese no era su estilo.

¡Vamos, Yuu! ¡Recuerda que te propusiste a dar el primer paso!

—Souji . —le nombró mientras le rodeaba el cuello con los brazos. —¿Qué ocurre? ¿Quieres que me detenga? —murmuró sobre sus labios antes de depositar un rápido beso más en ellos. Al tomar algo de distancia, más sin soltarse de su cuello, se mordió el labio inferior, saboreando un poco más al editor, y le miró directamente a los ojos. Sabía que no iba a decirle que sí, y creyó eso suficiente para que quedara claro que quería empezar un "algo".

A duras penas Yuu podía controlarse.

Acorralando al más alto, tomó de nuevo el control. El dormitorio, el dormitorio... ¡¿Dónde quedaba el maldito dormitorio?! Se guió de la paredes para arrástrale retrocediendo en el acto. Atacó su lengua con lascivia volviendo a empujar. Por su descuido y a la velocidad a la que iban, Souji chocó con algo y un florero se hizo añicos cerca de ellos.

—Ups, lo siento. —dijo avergonzado, si tan solo no le hubiese atacado tan desesperadamente.

El oji-verde lo tomó de la cadera sin decir nada, alejándolo de ahí y entendiendo todo, lo llevó milagrosamente al dormitorio casi cargado, ni siquiera Souji le dio importancia al objeto roto, ahora solo le importaba una cosa.

'¡Al fin!'

Souji lo bajó y Yanase se apretó contra su cuerpo. —¡Yuu...! ¡Espera, los condo...! —exclamó entre beso y beso. Ni siquiera lo dejó hablar, solo lo hacía retroceder a desesperados besos llevándolo a la cama.

—Al diablo los condones, no los necesitas. —jadeó al separase limpiándose bajo el labio inferior con el dorso de la mano. Sus pupilas dilatadas solo refulgía una fuerte llama de deseo. Ahora. Lo quería a él, ahora, ya no escucharía ninguna excusa.

Mientras atacaba sus labios con ansias, con una mano y un rápido movimiento, deshizo el nudo de la toalla que cubría su parte baja, dejándola resbalarse entre sus cuerpos. Con un una fuerza que Souji desconocía, lo empujó boca arriba a la cama. Yuu lo montó a horcajadas haciendo una pequeña pausa para desatarse el molesto obi que no quería ceder, gruño frustrado haciendo fuerza con sus dedos.

—¿Necesitas ayuda con eso? —rió el menor desde abajo.

—Tch... Solo quítamelo. —rugió el otro. El oji-verde se incorporó un poco, utilizando las dos manos logró desatar el cinturón. La tradicional prenda café oscuro se abrió de par en par dejando ver unos sonrosados pezones, un plano y hermoso abdomen y una delgada cintura.

—¡...! —con ambas manos volvió a empujarle de vuelta estampando sus labios contra los suyos. Yuu succionó, lamió y mordió sus labios como un hambriento animal que dejó a Souji totalmente estupefacto y encantado. —¿Siempre besas así cuando te motivas? —ronroneó el menor, complacido.

—Si no te gusta... —el más bajo desvió la mirada, ligeramente sonrojado.

—Yo no he dicho nada de eso, quiero más de tus besos, Yanase Yuu. —tomó su rostro entre sus manos y le dio un fugaz beso en los labios.

Más convencido, el mayor bajó a su cuello, dándole pequeñas lamiditas y mordidas suaves que provocaban a su compañero suspirar. Él era su mayor droga y hasta ahora fue que cayó en cuenta. Loco. Sencillamente lo volvía loco, le hacía perder la cordura y probar su piel le levantaba el libido a niveles que él dibujante no imaginaba que poseía.

Al besar uno de sus pezones sin cuidado, vio al editor arquear la espalda y soltar una especie de gemido ronco. Le encantaba, ¿así de lindo se veía el cuándo Souji practicaba ese tipo de cosas con su cuerpo?

Quería más, necesitaba más.

Souji apartó con las manos la molesta yukata que impedía la vista completa de su delicado cuerpo. Se fijó que también llevaba unos bóxer oscuros con una apretada erección en ellos. Sonrió para sus adentros: Yuu era increíble.

El oji-caoba retrocedió colocándose entre sus piernas y separándolas con sus brazos.

—Tienes prohibido levantarte, ¿escuchaste?

Souji enarcó una ceja, curioso. Cuando le vio agazaparse entendió... Yuu no iba... oh, mierda. Y si, lo hizo, Yanase cumplió su cometido:

Tomó su miembro ya erecto y lo lamió desde la base a la punta. Repitió esto un par de veces hasta luego iniciar un juego entre su glande y su lengua. Sus dedos delicados acariciaban su escroto al tiempo que usaba su lengua. Veía a Souji tener pequeños espasmos.

Con los ojos cerrados y los labios apretados, arqueó la espalda una vez más, ahogando los gemidos que luchaban por salir de su boca. Su resistencia no duro mucho más cuando se llevó todo dentro de su boca.

—¡Ngh...! —soltó echando la cabeza hacia atrás. Yuu lo miró complacido, succionando con fuerza. Sintió su virilidad erguirse cada vez más mientras su pareja apretaba con fuerza las sabanas. —N-no pares... —murmuró ronco a lo que Yuu se sonrojó un poco ante aquella hermosa vista. La frente del menor ya estaba perlada en sudor, su respiración estaba alterada y le observaba con los ojos entrecerrados sus ojos refulgían en la semi oscuridad donde se hallaban.

Aquello lo animó a continuar y pasó la lengua a lo largo de su sexo, acariciando con su mano la base, volviendo otra vez a su glande, la parte más sensible de su chico. El pecho de Souji subía y bajaba alterado, su corazón le martilleaba en las costillas y las atenciones de Yanase le cosquilleaban en la columna vertebral con vigor. Yuu-san le fascinaba.

Yanase volvió a llevarse su miembro entero a la boca. Con su lengua lo envolvió por completo y simuló dar embestidas con su boca de forma rápida. Fue ahí que lo escucho gemir sin pudor.

Su cuerpo ya estaba caliente y el sudor mezclado con la reciente ducha hacían resaltar el olor masculino y delicioso de su piel, el artista estaba hipnotizado.

—Ya no aguanto más... —gruño el más alto, tembloroso. Cuando Yuu se detuvo al levantar la cabeza, Souji se abalanzó contra el tomándolo por debajo de los brazos y lo haló tumbándolo boca arriba. Sus dos brazos estaban apoyados a cada lado de su cuerpo acorralándolo por completo y le miraba ceñudo con un adorable sonrojo en sus mejillas. Aún estaba a falta de aire.

El dibujante parpadeó varias veces confundido y expectante.

—No te hagas el inocente, Yuu. —bufó él entre avergonzado y ansioso.

El aludido no hizo más que reír un poco como aquella vez en el baño cosa que le arrancó una sonrisa a su amante. Amaba cuando lo llamaba por su nombre sin ningún honorifico, lo sentía tan cerca cuando lo hacía.

Nakami limpió con el pulgar su labio inferior que estaba realmente húmedo por el exceso de saliva y depósito un beso en ellos. Esa acción le robó un sonrojo.

Era lo prohibido de lo que simplemente provocaba la visión de aquel cuerpo en su masculinidad. El editor recordó respirar. El hambre es insaciable: La forma en que Souji utilizaba la lengua en su cuerpo, como daba pequeñas lamidas y tiernos mordiscos a su cuello lo hacían estremecer debajo de su cuerpo.

¿Por qué lo que se sentía tan bien era clasificado como herejía por la sociedad?

No lo entendía y jamás lo llegaría a entender. Él amaba a Yuu con todo su corazón y nadie le apartaría de su lado.

Deslizó una mano por todo su vientre plano hasta dar con la ropa interior y se la quitó con desesperación hasta lanzarla al suelo.

Atrapó uno de sus erectos pezones entre sus dientes y los lamió, con el mismo dedo con el que limpió su boca, humedeció el otro.

—¡Ah! ah, Sou... Ngh… —su voz comenzaba como temblorosos suspiros, que fueron dando paso a audibles gemidos cuando paso al otro pezón con su boca y la mano sobrante estimulaba su miembro. — N-Ngh... ahh... ¡S-Sou...! Ah... —gimió ansioso. Enredó los dedos en su cabellera para motivarle a que continuara mientras se mordía los labios. —Tócame m-más... —suplicó abriendo sus piernas cuando Nakami se acomodó en ese lugar sin llegar a entrar en él. Dejó de masturbarle para recorrer su piel con sus manos, quería sentirlo, ese calor que desprendía. Quería memorizar y marcar cada milímetro de su piel.

Había tanto que quería hacerle.

Souji hizo unos cuantos movimientos pélvicos rozando ambas hombrías y esto pareció encantarle al artista debido a que gruño su nombre entre jadeos. Se estremecía cuando pasaba su lengua por su vientre o cuando recorría sus curvaturas con sus manos.

El oji-verde pasó dos dedos humedecidos por su pecho. —Apostaría que esta es tu parte más sensible. —jadeó con una sonrisa, jugando con los endurecidos pezones de su chico.

—¡D-deja de meterte con mis pezones! ¡N-no quiero correrme aun! —rugió ceñudo con la carita roja.

Souji rió ante su lógica y haciendo totalmente lo contrario a lo que le gritó, mordió y succionó con gusto esa parte. Eso, mezclado con la fricción entre hombrías lo arrastraba hacia el éxtasis.

—S-Souji... ¡Ah! —llamó desesperado. —Ahh... no, Sou... hazlo, ahora...

—¿Qué dices?

—Te quiero... ¡Ah! B-baka... Solo hazlo... ¡Ngh! ah... ah...

Souji dejó de molestarlo y también deseoso de estar dentro de él, con la ayuda de su mano lo penetró con suavidad sintiendo como su cálido interior lo envolvía por completo, ante esto, Yanase arqueó la espalda, gustoso. El chico devoró los labios de Yuu acariciando su lengua sin cuidado y masajeando sus labios contra los suyos.

—Está todo dentro... —susurró sobre sus labios cuando ambos pararon para tomar aire. —Tienes que relaja... —Yanase se aferró algo fuerte a Souji y mordió suavemente su hombro. —N-Ngh... —gimió bajito a su oído y Yuu besó un poco su cuello. No podía esperar tanto, lo quería sentir.

—P-puedes moverte. —susurró sensualmente atrapando el lóbulo de su oreja entre sus dientes.

Souji no contradijo sus palabras; las estocadas comenzaron con vigor pero sin mucha velocidad, no quería hacerle daño en lo absoluto. Pero no podía controlarse así que no comenzó lento, podría culpar a Yuu con los ojos vendados.

—¡Ah! Ah… Mmm… Ahh… Ngh… V-ve más despacio.

—Perdón. —con un beso de disculpa en su mejilla desacelero el paso. —¿Estás bien? —preguntó con el corazón alterado. El asistente de mangaka asintió una vez controlando los gemidos.

—Ahora cállate y bésame. —cuando se acercó a su rostro Yuu atrapó los labios de Souji en un vivaz beso. Masajeó los labios del castaño con los propios y luego les acarició despacio traviesamente con su lengua. Se detuvo solo un segundo por no reprimir un gemido. Mantuvo el rostro de Souji entre sus manos durante esa breve pausa y luego continuó con el fogoso beso.

Las embestidas cobraron fuerza haciendo al castaño retorcerse de placer bajo su cuerpo y gritar su nombre varias veces. El choque de caderas era exquisito y transportaron a Yuu al cielo. Sin ningún atisbo de timidez, Yanase tomó las nalgas del editor y las apretó hacia adentro para profundizar las estocadas, varias veces, el más bajo también colaboró coordinando sus movimientos y moviéndose por sí mismo hacia Nakami. Souji solo supo soltar roncos gemidos con satisfacción.

El collar con el anillo bailaba cerca de su rostro.

—Y-Yuu…

¿Por qué demonios le hacía eso? ¿Era a propósito? Le descontrolaba cada vez que le llamaba así. Había mucha gente que lo llamaba de esa manera, pero que esa persona especial lo hiciera, sencillamente marcaba una gran diferencia. Recordaba los motivos por los cuales se había enamorado del más joven.

—Nghh… Ahh, ¡ahhh!

Podía sentir su miembro caliente y palpitante dentro de él y como con cada segundo iba cada vez más rápido. Esta vez lo sacó casi por completo e iba empujando adentro con fuerza.

El oji-caoba clavo sus uñas en la espalda baja del editor a lo que el soltó un gemido. —Ahí, ahh… Justo ahí Sou… ¡…! ¡Ah! —el aludido rozó su miembro contra su próstata deleitándose con la vista; su cabello alborotado y pegado a su frente, los ojos deliciosamente cerrados, las mejillas teñidas de rojo y su boca entreabierta gritando su nombre. Nakami atacó su cuello con besos y lamidas estas dejarían marcas muy visibles que alertarían a cualquiera que Yanase tenía dueño.

El más bajo se retorció debajo de él, clavando las uñas otra vez y enredando la piernas alrededor de su cintura.

—N-no… Ah… ¡M-me vengo…! ¡Ah! Nghh… —al escuchar esto, Souji aprovechó para abrirle más las piernas y embestirle con fuerza sin piedad alguna al tiempo en que con una mano le masturbaba. —Ah-hhh… M-mierda… Souji… no, ya no, nghh ¡ahh! Par- ¡AHH! —el mayor se corrió con fuerza manchando el abdomen de ambos. El idiota ese no le dio tregua alguna y no paró el vaivén de caderas unos pocos minutos después hasta que llenó su interior. Sabía que no necesitaba los putos condones, aquello se sentía demasiado bien para desperdiciarse en eso.

Yanase no le permitió salirse, apretó con una mano su trasero y con la otra envolvió su espalda, motivándole a que recargara el peso de su cálido cuerpo sobre él. Ahora solo quería sentirlo, solo quería volver a tener esa sensación de protección que le brindaba su cuerpo cuando se amoldaba perfectamente al suyo. Ambos tenían un ligero tinte rojizo en las mejillas en especial el dibujante, jadeaban como locos y trataban de recuperar el aliento. Yuu besó una vez sus labios y le permitió recostar la cabeza en su pecho y lo envolvió en sus brazos.

—Te amo tanto. —aseguró el menor disfrutando de sus locos latidos ahora más salvajes por sus palabras.

—Buenos días...

Me removí. No quería despertar, sentía el cuerpo mucho más pesado de lo normal y estaba demasiado cómodo para hacerlo.

—Yuu-san... —murmuró con su matutina voz ronca en mi oído.

Apreté los parpados. Me acurruqué más contra su cuerpo desnudo y su cálido pecho tocó mi espalda. Lo sentí apartarme varios mechones de cabello e hice todo lo posible por no sonrojarme, creo que fracasé.

Recuerdo que la noche anterior se abrazó a mi cintura, y no me soltó por nada del mundo. Y así mismo amanecimos; acurrucados, desnudos, con los cuerpos perfectamente amoldados.

—Nooo... —gruñí apretando el colchón y con una mano me cubrí el rostro con la sabana.

El colchón apenas se doblegó y se esponjó donde antes estaba su peso. Abrí los ojos poco a poco, acostumbrándome a la claridad de la habitación. Me giré dejando ver solo mi rostro cuando ya no lo sentí en la cama. Estaba totalmente desnudo y de espaldas a mí, leía algo, creo. Se le marcaban los músculos de la espalda y si bajabas un poco la mirada podías apreciar su tonificado trasero.

—¿Ya te levantaste? —preguntó él, girándose lentamente. Me cubrí haciéndome bolita a toda velocidad.

¿Me habría atrapado mirándole el trasero?

—¡E-es natural que no quiera moverme de aquí! No tuviste consideración conmigo a pesar de que fue mi segunda vez. Anoche te pásate de bestia.

Descubrí un poco mi cara.

Souji tenía los labios entreabiertos y estaba apenas ruborizado.

Me incorporé un poco despacio, aun me dolía la cadera. La sabana resbaló por mi espalda

—Perdón, pero... Yo no tengo totalmente la culpa. Alguien me provocó. —apreté los dientes. Culpable. —¿Cómo detenerme si tengo a Yuu-san gimiendo mi nombre? Y con lo lindo que te pusiste, jamás podría contenerme.

Mi cara se puso roja hasta las orejas. Cuando iba a protestar para seguir echándole la culpa, él se adelantó, me tomó del rostro con ambas manos y me besó con cariño, mis labios cosquillearon y sabía que era imposible luchar contra este sentimiento.

Desvié un poco la mirada al separarnos.

—¿Yo soy tu primer chico?

Aquella pregunta me tomó por sorpresa, pero no encontré una razón por la cual no ser sincero:

—S-sí.

Mientras más trataba de descubrir sus sentimientos, más me daba cuenta de lo honesto que era, y más atraído por él me sentía. De alguna forma me siento feliz por ello, Souji era mi primer chico. Quizás no mi primer amor, pero... deseaba fervientemente que él fuese el último. Y yo me aseguraría de que eso se convierta en realidad.

XxxX

Hakone: es una ciudad japonesa situada en el distrito de Ashigarashimo de la prefectura de Kanagawa. En la actualidad es un conocido punto turístico, dado la abundancia de centros turísticos y Onsen.

Noren: Cortinas tradicionales japonesas utilizadas para dividir entre habitaciones, paredes, entradas o ventanas. En los onsen son comúnmente vistas como, azules para los hombres y rojo para las mujeres.

Perdonen el retraso, pero tuve que escribir el capitulo desde tres dispositivos diferentes (a mi lap se le dañó el teclado) y se me hizo un lio con la universidad y los parciales, así que Hakunen your tatas. Antes que nada, sigo agradeciendo a pony, (mi musa) por ayudarme en este capítulo, ella hizo el 50 por ciento del lemon y me ayudó en muchísimas escenas. Pony te amo, sin ti hubiese tardado más en sacar esto TT^TT l3

Les tengo una buena noticia:

Ya creé en Facebook una cuenta de rol, agréguenme como Souji Nakami (el único que existe). Estaré continuamente roleando con mi pony como una página de FB a nombre de Yanase Yuu: (denle like *^*). ¡Donde acosaré, amaré y le haré cariñitos a mi Yuu!

Y si esta página no me deja publicar el link de acá abajo, igual lo pondré en mi biografía para que nos sigan.

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ES EL CAPITULO MAS LARGO HASTA AHORA, ASI QUE CALMENSE MIS NIÑAS/OS (?)

30 Páginas de word con mucha participación de Yuu. ¡30! Eh estado pensando en ponerle un nombre a esta pareja, ¿alguna sugerencia? Me gusta "Caótica", ¿ustedes que dicen?

Y para los que comentaban: cuando escribo en tercera persona tengo el deber de abarcar el punto de vista tanto de Yuu como Souji porque si no, no tiene sentido, para eso escribo entonces en primera persona con cualquiera de los dos personajes. Por eso o identifico de quien se habla desde el principio así que supongo que ahí no debe de haber problemas e.e

Otra cosa a las personas con SPG (síndrome de pedantería gramatical) por favor, si se me pasa un error gramatical, identifíquelo en sus comentarios. Usted no logra nada diciéndome: "Por ahí tuviste unos errorsillos". Créanme que cuando un escritor acaba su manuscrito cree que todo está impecable así que no nos damos cuenta hasta que ustedes lo mencionan y releemos una 10 veces más. Gracias.

¿Cual ha sido la parte que más les gusto? ¡A mi también! Ok no, personalmente amé los celos de Yuu con la chica registradora X'D such a cutie pie.

Ehhhm, ¿quien se iría a imaginar que Yuu sería tan horny potato? Y como Haru-chan ya lo considera como alguien cercano y la escena de toditos dormiditos.

¡Dejen sus comentarios y les prometo mas escenas acarameladas de esta parejita!