Mi Rey.

Capítulo dos: Buenas noches.

Se despertó sintiéndose adolorida en todas partes.

Los ojos le ardían, su labio se había partido de tanto que se lo mordió la noche anterior, el cuello le escocía, los pechos le dolían, las muñecas y las caderas se sentían simplemente molidas, apenas sentía las piernas y su entrepierna la estaba matando.

Gimió dolorida mientras trataba de sentarse, logrando quedar semi-recostada, solo entonces notó que estaba sola.

Mejor, pensó con rencor, lo último que quería era ver a ese maldito depravado.

Hubiera rotó a llorar de nuevo de no ser porque en ese momento alguien golpeó a la puerta.

-A-adelante…- exclamó tratando de sonar normal, aunque de todas maneras en cuanto la vieran sabrían que no estaba normal.

-Con permiso… ¡Cielo santo!- chilló la criada al verla. -¡¿Qué te pasó, querida?!- corrió hacia ella.

Era una mujer mayor, más de treinta años probablemente, su cabello era entre rubio y anaranjado y sus ojos celestes, y tenía el escote MUY pronunciado. Traía una bandeja con el desayuno pero la dejó de lado para sentarse junto a ella en la cama, tomando sus manos, haciéndola notar los moretones en sus muñecas, mismos que seguramente también tendría en sus caderas y probablemente en el cuello, tal vez hasta en los pechos…

Maldito sea Hitsugaya.

-Umm, nada, yo… me… caí y me golpee un poco…- trató de inventar una excusa simplemente porque no quería hablar de eso. -¿Cómo te llamas?-

-Soy Matsumoto Rangiku, tu dama principal, y no tienes por qué mentirme. ¿Él te hizo esto, o no?- preguntó con mucha seriedad.

Karin se encogió de hombros.

-¿Y qué si lo hizo?-

-Lo regañaré.- contestó rotundamente, a lo que la miró como si estuviera loca.

-¿Regañarlo tú? ¿Te recuerdo que es el rey?- alzó una ceja.

-No me importa quién sea, se va a llevar un buen sermón.- declaró solemne. –Yo prácticamente crié a ese jovencito, tendrá que escucharme.- aclaró cuando notó su mirada de incredulidad. Karin sinceramente dudaba que la escuchara, a pesar de sus palabras. –Pero, ya, ya, no importa. Necesitas ir a la enfermería, ¿puedes caminar?- la chica de menor edad negó, completamente avergonzada. –Ya veo, entonces llamaré a Isane-chan, la enfermera, aquí para que se encargue de ti, mientras tanto come el desayuno, ¿quieres?- fue por la bandeja y se la dejó al lado antes de retirarse para ir por la tal Isane.

La comida era muchísima, pero extrañamente se la comió toda, pareciera que este asunto del sexo daba bastante hambre.

En cuanto Matsumoto volvió con la enfermera Isane esta le aplicó un par de pomadas y le vendó las muñecas, también le recomendó mucho descanso y que no saliera de la cama hasta que se sintiera mejor.

Pasó el resto del día con Rangiku, que mayormente se quejaba diciendo que le hubiera gustado darle el recorrido por el palacio y le preguntaba sin cesar por su reino y su familia, también hablaba mucho sobre chismes, le nombró a prácticamente la mitad del personal del castillo. Le agradó enormemente. Por desgracia tuvo que irse por el atardecer para ocuparse de otros asuntos, por lo que no aguantó estar sola y, con todo su esfuerzo, lucho para ponerse en pie y caminar hacia la puerta. Cada paso era un suplicio, sus piernas se sentían tiesas y aparte de eso su femineidad le ardía de un modo muy doloroso.

Salió del cuarto sin idea de a donde quería ir, pero estaba demasiado aburrida encerrada en la habitación. Cojeó por el pasillo sosteniéndose como podía de las paredes, preguntándose qué podía hacer.

Finalmente se decidió por abrir una ventana y sentarse en el marco, contemplando el atardecer con gesto distraído, pensando.

Bien, este era el plan: esperaría a que ganaran la guerra y luego huiría de ese horrible lugar, aunque no de vuelta con su padre, no quería crearle más problemas, podría decir que daba un paseo y dejar un pedazo ensangrentado de su ropa por ahí para que la creyeran muerta, y así podría escapar a un pueblo cualquiera y empezar de nuevo.

Era arriesgado y tenía todo para salir mal, pero ella no planeaba soportar a Hitsugaya toda la vida y menos tener a sus malcriados hijos, no gracias. Con un poco de suerte, lo lograría, o moriría en el intento, lo que era mejor que vivir humillada por su esposo.

Eso solo NO era una vida para ella.

-¿Qué crees que haces?- salió de sus pensamientos y se congeló al oír la voz de su marido.

Volteó, encontrándolo a poco pasos detrás de ella, mirándola siempre de ese modo tan despectivo.

-Nada.- contestó rápidamente, como si hubiera sido descubierta haciendo algo malo, aunque solo estaba pensándolo, no haciéndolo.

-Matsumoto y Kotetsu ya hablaron conmigo acerca de tu estado. Debes permanecer en cama. ¿Qué rayos se supone qué estás haciendo en medio del pasillo?- claramente estaba exasperado.

-Me gusta ver la puesta de sol.- se encogió de hombros, eso era cierto, pero no lo hacía todos los días, solo se le había ocurrido hacerlo cuando vio la ventana tan grande y el cielo tan anaranjado. –Y estoy bien.- se puso de pie para probar sus palabras, pero de inmediato se tambaleó y casi cae sobre Hitsugaya, pero logró estabilizarse por su cuenta a tiempo. –Volveré a la cama ahora.-

Él solo se cruzó de brazos mientras observaba como trastabillaba su camino de vuelta a la habitación, cuando estuvo a pocos pasos de la puerta abandonó su postura rígida y la siguió, entrando al cuarto antes que ella y sosteniéndole la puerta abierta para que pasara.

-Pediré que te traigan la cena.- dijo mientras ella se envolvía entre las mantas de la cama.

-Oh, ¿no cenará con su amada esposa?- comentó con amargo sarcasmo.

-Por más que me encantaría,- él no estaba siendo menos sarcástico. –Tengo asuntos que atender, pero vendré en unas horas para dormir a tu lado, mi reina.- ante eso Karin lo miró con espanto.

-¿No planeas repetir lo de anoche en mi estado, verdad?- casi chilló tuteándolo sin darse cuenta.

-Por supuesto que no, a diferencia de lo que puedes pensar, no soy una especie de monstruo.- la miró con desprecio. –Y ni siquiera eres una cogida tan buena como para que te quiera dos noches seguidas, desperdicio de mujer.- ok, eso sí golpeó duro en su ego, pero luchó para no demostrarlo.

-Pues me alegró mucho.- se dio la vuelta para enfrentar a la pared y no a sus malditos ojos espeluznantes y sus palabras hirientes.

Tomó una semana entera que se recuperara lo suficiente para caminar correctamente sin ningún dolor, afortunadamente en esa semana apenas tuvo contacto con Hitsugaya, dormían en la misma cama pero no había vuelto a tocarla y apenas y si le hablaba, con quien si estaba conviviendo mucho era con la encantadora Rangiku, aquella mujer era la combinación perfecta entre una madre y una hermana muy divertidas, estaba segura de que se aburriría como condenada si ella no estuviera.

Tenía otras dos damas, pero apenas y sí requería de sus servicios, y aun así solo les permitía ayudarla en algo cuando insistían mucho.

Cuando no estaba con Rangiku, mayormente pasaba su tiempo leyendo, y una vez completamente recuperada, comenzó a pasear incansablemente por el palacio y sus extensos jardines.

Pasaron más semanas y finalmente descubrió el establo, o más bien, junto el valor para entrar ahí pesé a que no sabía si Hitsugaya estaría contento con eso. Se enamoró completamente de los caballos y quiso ayudar en su cuidado, a lo que los sirvientes encargados del establo se mostraron bastante reticentes, pero finalmente cedieron y pronto estuvieron encantados con ella e incluso la dejaban montar algunos caballos por los jardines.

Afortunadamente apenas veía a su esposo, su única interacción en el día era dormir y nada más que dormir juntos en la misma cama, pero aparte de eso ni se tocaban, ni se hablaban y mucho menos se miraban. No podría estar más contenta con eso.

Pero un día, Hitsugaya llegó ebrio a la habitación.

-Buenas noches, mi reina…- Karin se sorprendió enormemente de que le hablara, pero no fue capaz de detectar el alcohol en su voz, por su tono pareciera completamente lucido, pero no lo estaba, y eso solo lo supo cuando se sentó en la cama y la tomó de la muñeca, volteándola y besándola furiosamente en la boca, permitiéndole saborear el claro sabor a licor.

-¡¿Estás borracho?!- lo empujó bruscamente.

-¿Y qué si lo estoy?- trató de besarla otra vez, apretando su muñeca recién recuperada de los hematomas, pero la ex Kurosaki no iba a permitir que le hiciera esto otra vez.

-¡Suéltame, bastardo, escoria!- uso su mano libre para abofetearlo con fuerza. Él se quedó estático un momento, antes de arrojarla fuera de la cama haciendo que se estrellada contra el duro piso de piedra. -¡Ah!- se quejó de dolor, pero pronto dejó de pensar en eso cuando lo sintió encima de ella, sus labios cepillando contra su cuello. –S-suéltame.- trató de empujarlo, pero capturó sus manos.

-Tú… me molestas, realmente me enfadas mucho.- su tono estaba lleno de rabia contenida, su aliento caliente acarició su piel erizándola de una manera para nada desagradable que prefería no descifrar. –Te dije que no soy un monstruo, no voy a violarte... otra vez, maldita muchacha irritante. Tú puedes decidir. Así que, ¿qué decides? ¿Me complaces esta noche… o te largas a donde no me molestes?- pff, como si su respuesta no fuera obvia.

-Preferiría morir antes de que vuelvas a tocarme.- escupió con odio.

-Buena respuesta.- él pareció complacido, por alguna razón. Se separó de ella y se irguió de vuelta en sus dos pies jalándola para que quedara parada. –Entonces seguro que estarás encantada de alejarte de mí.- la tomó de la cintura y cubrió su boca con una mano mientras la sacaba de la habitación ignorando sus gritos y pataleos de disgusto en lo que también salían del palacio hacia los jardines, hacia el establo. –He oído que últimamente estás pasando mucho tiempo aquí, así que, ¿por qué no pasas la noche también? Estoy seguro de que te encantara.- uso su llave maestra para abrir la puerta del establo y luego la empujo dentro, haciéndola caer sobre el heno. –Disfruta tu estadía de lujo, mi reina.- comentó venenosamente antes de irse volviendo a cerrar la puerta con llave.

-¡Oye, espera! ¡¿Qué crees que haces dejándome aquí?!- se paró tambaleante debido a que se había raspado dolorosamente las rodillas al caer y caminó hacia la puerta empezando a golpearla con todas sus fuerzas. -¡Toshiro-sama déjeme ir!- pudo oír sus pasos alejándose. -¡Hitsugaya libérame! ¡Hitsugaya!- ¿realmente iba a dejarla ahí? -¡TOSHIRO!- gritó una última vez antes de dejarse caer al suelo cubriéndose el rostro con las manos, maldiciendo a todos los cielos por su suerte maldita.

-Buenas noches, mi reina.- lo oyó decir a lo lejos.

Apretó los dientes y gritó de pura rabia.

Odiaba a su esposo, y aparentemente él la odiaba, o al menos no le importaba en lo absoluto si es que la iba a dejar ahí en nada más que un fino y corto camisón para morir de frío. Maldito sea. Lo odiaba.

La brisa sopló fuerte en el lugar, apenas siendo rezagada por las paredes de madera, y Karin se abrazó desesperadamente a sí misma mientras ahora concentraba su mente en una manera de no morir de frío en vez de diversas formas de matar a Hitsugaya Toshiro.

Había unos cuantos trapos sucios tirados por ahí, pero no serían suficientes. Corrió a abrazarse a uno de sus caballos favoritos mientras pensaba. Era una yegua de color marrón caramelo y grandes ojos oscuros que siempre la miraban con dulzura.

-Lamento despertarte, Mei.- la acarició cuando relinchó suavemente. Su calidez le trajo un poco de alivio, pero seguía sin ser suficiente para pasar la noche. Una cosa que la hacía especialmente unida a esta yegua era que la habían dejado nombrarla, aparentemente la habían adquirido solo recientemente. –Un malvado rey bastardo me odia, así que parece que vamos a dormir juntas.- sintiéndose patética y miserable, junto un montón de heno y lo atrajo hacia ella, poniéndole luego los trapos encima y rezando porque la ayudaran a no morir de frío, había juntado lo suficiente para que le cubriera por completo las piernas y el estómago, eso junto con el calor de Mei tendría que bastar.

De todos modos, pensó, realmente no importaba si moría, ¿y qué si dejaba de existir? Hitsugaya tendría que darle la noticia a su familia y Yuzu lloraría y eso era todo, bueno, no, sabía que su familia iba a sufrir mucho, pero estar muerta o no estar muerta daba lo mismo si no estaba con ellos, y al menos si estaba muerta no tendría que soportar los maltratos de su esposo.

Se negó a llorar y se durmió en un sueño inquieto odiando desde el fondo de su corazón a aquel hombre con el cual la habían obligado a casarse.

Extrañamente, despertó riendo, con el aliento y el hocico de Mei haciéndole cosquillas en el cuello. Soltando risitas de alivio y cariño, apartó suavemente a la yegua y se deshizo del heno y los trapos sucios que afortunadamente no se habían esparcido y la protegieron durante la noche junto a su amada equina.

Pudo notar por las rendijas entre las maderas que recién estaba amaneciendo, los sirvientes no deberían tardar mucho más en llegar.

Aun hacía un poco de frío, así que volvió a abrazar a Mei, alimentándola mientras tanto, acariciándola cuando relinchaba.

Pesé a lo patética que se veía, soltó una risita al imaginarse las caras de los sirvientes cuando la vieran en ese estado y con un camisón, a ver si seguían respetando a su excusa barata de un rey.

Oyó la puerta abrirse y dejó escapar un suspiro de alivio, amaba a Mei, pero se moría por salir de ese lugar.

-¡Karin-chan!- se sorprendió al oír la voz de Rangiku y no de uno de los que atendían los establos, así que rápido corrió hacia la entrada, siendo de inmediato sofocada por el abrazo de su dama y una gruesa y cálida manta cubriéndola de pies a cabeza. -¡Estaba tan preocupada, no puedo creer que él te haya hecho esto!- sonaba como si estuviera a punto de llorar.

-¿R-Rangiku-san?...- como pudo se las arregló para respirar en su abrazo y palmear su espalda. –T-tranquila… e-estoy b-bien…- no lo estaba, aún temblaba pesé a estar cubierta, por lo que suponía que había pescado un resfriado y tenía fiebre. –No te preocupes…-

-¡Claro que me preocupo! ¡Voy a matarlo!- de repente la soltó con una mirada feroz, pero se suavizó al posar sus ojos claros en ella. –Vamos querida, te darás un baño caliente y luego te quedaras en tu cómoda cama leyendo todos los libros que quieras.- la mantuvo abrazada y cubierta mientras volvían de vuelta al palacio.

El resto del día se la pasó bajo el cuidado de su dama y de Isane, puesto que si había enfermado aunque por fortuna no era nada grave, y al llegar la noche tuvo miedo de volver a enfrentar a Hitsugaya, pero Matsumoto le aseguró que él había salido de viaje por lo que no tendría que preocuparse por varias semanas.

Karin nunca había sentido tanto alivio como el que le trajo esa noticia desde que se casó.

Continuara...

Hola! :D

Qué les parece mi Toshiro villano? owo Para mí es super raro pero bua xD

Y si, aquí Toshi es un hdp xP Y si todo lo q está haciendo tiene justificacion... eso lo deberan de juzgar ustedes en los finales del fic o.o Solo tengan en cuenta q estoy tratando de tener cierto apego con la realidad del machismo de las epocas antiguas... pero de nuevo, juzgarlo depende de ustedes n.n

Tecnicamente ya es miercoles, así q esto está bien subido :3 Subire el proximo cap la otra semana! :D

Con respecto a Jugando Contigo, muchas parecieron tener la misma duda así q aquí lo aclaro: Toshiro cerró los ojos y se hundió en sus pensamientos, y yo no especifique cuanto tiempo estuvo pensando e.e Luego se dijo que volvió su vista a donde estaba Karin, refiriendose al lugar, a la zona donde la habia visto la ultima vez, y yo nunca dije que había llegado a verla de nuevo desde que apartó la vista antes de que lo tomara del brazo y se lo llevara, yo solo dije q él dirigió su vista de nuevo ahí pero no que llegó a vislumbrar q Karin estaba o no estaba e_e Aunque no las culpo por no entender, diseñe esos parrafos especifica y especialmente para confundirlas y engañarlas XD

Bueno, eso para las q preguntaron xP

Pero volviendo a este fic, espero q les esté gustando, y si odian a Toshiro con todas sus fuerzas, entonces estoy haciendo bien mi trabajo porq esa es completamente mi intención :'D

Jeje, ya veran como sigue esto... ewe

Los personajes de Tite Kubo!

COMENTEN! *o*

CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!