Disclaimer: Sekai-ichi Hatsukoi y sus personajes les pertenece a sus respectivos autores, este fic es sin fines de lucro, lo hago solo por diversión. Nakami Souji y otros personajes que NO salen en el anime ni en el manga si son de mi propiedad.
El gato blanco de la mala suerte.-
Cap. 13: "MÁS VALE PÁJARO EN MANO QUE CIEN VOLANDO"
No me había dado cuenta… De que había abusado un poco anoche con Souji…
Por estar tan embelesado mirándole desnudo y por haber despertado casi al instante, no me había percatado de las marcas rojas y arañazos sobre su nívea piel en la espalda baja, y todos provocados por mí.
'¿Así que esto es sexo hardcore?'
Bien, analicemos:
1. De la nada lo besé desesperadamente.
2. Me le lancé como sediento pervertido, sin contar que en el camino rompimos un jarrón del hotel por mí culpa.
3. Lo llevé a la cama a trompicones y terminé de desnudarlo.
4. L-le hice esto… e hicimos aquello…
Si... fue sexo hardcore.
Llevé los palillos a mi boca, masticando el arroz, el servicio a la habitación nos había acomodado en una mesita para comer en la sala, era como volver a casa y tener que comer a gusto en un kotatsu* en los días de invierno, era una feliz pequeña nostalgia. Para ser sincero, amaba la gran mayoría de nuestras tradiciones, así que, el editor había movido una fibra sensible en mí al irnos de fuga en un lugar tan tradicional y hermoso como este. Debía admitir que se merecía unos puntos.
Le miré de reojo fingiendo que en realidad veía la televisión encendida a bajo volumen. Estaba consiente de mi casi evidente sonrojo, sentía mis mejillas arder. Souji, contrario a mí, estaba fresco como una lechuga, incluso lucía bastante feliz y eso me molestaba... ¿Le dolerá? ¿Habrá sido lo suficientemente profundo para sacarle sangre? Me sentía como alguien que practicaba el sadismo en la cama…
Mierda... debo aprender a controlarme.
Cuando desvió la vista del aparato para beber su té con calma, engullí gran parte de mi desayuno, tal vez me atrapó mirándole. Tragué con dificultad para luego aclararme la garganta con mi propio té, intentando esconder inútilmente mi presencia tras la taza de porcelana, subí la mirada de a poco para poder seguir espiándole.
Casi me ahogo en mi té al descubrirlo mirándome a los ojos.
Estaba bastante conforme mirándome como si fuera la chica más bonita del mundo, tenía su rostro apoyado sobre una mano y eso me cohibía más; estaba centrando toda su atención en mí. Este idiota irradiaba autoconfianza mientras yo trataba con todas mis fuerzas aguantar el dolor en mi cadera. Al menos con el baño caliente que pretendía darme, el dolor de seguro desaparecería, o eso esperaba.
—¿Q-qué? —fruncí el ceño, intentar no ponerme nervioso a estas alturas de juego, no funcionaba. Bajé mi taza, que inútilmente no me protegía de sus irises inquisidoras.
—Nada.~ —ronroneó volviendo por un segundo la vista al televisor.
¡Joder que me molestaba!
—Tú y tu estúpido ego inflado... T-te has vuelto un descarado.
—Se dice que estoy en la etapa rebelde. —me miró nuevamente a los ojos con esa carita de seductor imparable, me sentí como una paleta de helado al cual él quería hincarle el diente. —Para la próxima, mi estúpido ego inflado lo querrá hacer en un espacio público.
No puedo describir la horrible tos que me entró cuando acababa mi bebida y el calor que se apoderó de toda mi cara. Estaba ardiendo y lo peor era que no había manera de disimularlo.
—Yo... Solo recordaba algunas cosas de anoche, ¿dormiste bien?
'Si, tonto. Te tenía abrazándome todo el tiempo, ¿cómo no dormir bien?'
—C-cierra la boca... me dolía todo el cuerpo como para dormir bien. —mentí, por alguna razón sentía que estaba cavando mi propia tumba. Desvié la mirada recogiendo mis platos para llevarlos al lavadero, pero cuando hice ademán de pararme, una punzada en mi columna me hizo pensarlo dos veces. Todo era su maldita culpa. B-bueno, nuestra culpa.
—¿Mmm? ¡Perdón!, yo te ayudo con eso.
Se levantó con una risilla entre dientes hasta que se arrodilló a mi lado para el mismo llevarlos.
—¡No te rías idiota, tú fuiste el cau...!
Él no me dio tiempo para seguir gritándole, me había besado al levantarme el mentón. No era un beso cualquiera, este tenía un significado; era de esos besos castos y sencillos que se dan las parejas de enamorados en las mañanas luego de despertar juntos... de esos besos que cuando miras a los ojos de tu pareja, sabes que le amas bastante y se lo confirmas con una simple presión de labios, sin necesidad de palabras. Era un beso de buenos días.
Y este era mi primer beso de buenos días de su parte. Egoístamente, yo quería muchos más de Souji.
…
Dió los toques finales al dibujo que tenía entre manos y se sorprendió de sí mismo de acabarlo solo en hora y media. El monte Fuji estaba increíblemente despejado y la manera en que el sol irradiaba sobre el le permitió acabarlo más rápido. Fue un golpe de suerte que el clima de Hakone se apiadara de un artista apasionado como él.
Yuu levantó la vista mirando por sobre su hombro: la obscena mujer que coqueteó con el editor ayer le clavaba la mirada en la espalda desde su sitio, como si quisiera hacerlo desaparecer. El dibujante rió para sí mismo pero lo suficientemente audible como para que ella le oyera y lograr fastidiarla, la vio fruncir el ceño y hablar entre dientes, seguro insultando a su persona. Se levantó de su silla, cerrando el bloc de dibujo dispuesto a irse a la habitación, evitó mirarle, si lo hacía, estallaría en carcajadas. Sabía que ella estaba perforándole con la mirada al pasar a su lado y Yuu se tuvo que morder la lengua.
La verdad es que no sabía dónde andaba metido el editor, hace un buen rato dijo que iría a comprar unas cosas de primera necesidad, que regresaría de inmediato, pero aun así no le veía por ningún lado y ya había pasado tiempo suficiente para que regresara, no quería tener que empezar a preocuparse por él.
Insertó la llave en el cerrojo y giró el pestillo.
—¿Dónde andará...? —dejó su bloc sobre la mesa de la cocina donde había estado espiando al chico ayer antes de abalanzársele a besos. Con un suspiro cansino se dirigió a la habitación, esperando encontrarle allí. Abrió los ojos como platos, cuando apenas entró, al ver la hermosa prenda extendida sobre la cama. Era una yukata masculina de color verde pálido, casi olivo, este tenía un estampado increíble: desde la pantorrilla hasta por encima de la cadera era un delicado ramo de flor de cerezo apenas visible y unas cuantas pequeñas grullas japonesas revoloteaban alrededor de las flores que flotaban con el viento. El obi, impecablemente colocado sobre la prenda, era de un gris opaco casi marrón. Era sencillamente una obra maestra.
Había una nota: "Usa esto, saldremos en una hora. 4pm" Souji había garabateado la carita de un gatito en modo de firma, como si eso fuese a apaciguar su petición. Saliendo de su ensoñación corrió a buscar su celular y revisó la hora, eran las 4:30 solo tenía media hora para colocarse la yukata.
¿¡En qué demonios estará pensando ese tonto!? ¿Qué estaba planeando? ¿Salir, a dónde?
Escuchó la puerta principal abrirse.
—Yuu-san, ¿estás aquí? —sus pasos se acercaban cada vez más.
Tenía la yukata entre las manos, acuclillado, frente a la cama cuando volteó. La imagen de Souji le robó el aliento y Yanase se sonrojó. Souji vestía una hermosa yukata masculina azul claro, este tenía un estampado un poco más oscuro de hojas de bambú sobre la pierna, hasta la rodilla y en unas cuantas más en las mangas que terminaban en sus manos, el obi era un delicado amarillo claro que resaltaba en esa preciosa prenda. Parecía alguien del periodo Edo, majestuoso e hipnotizante; era como de esas personas que habían nacido en la cuna de una familia de aristócratas japoneses, simplemente hermosos y delicados. Sus rasgos faciales eran jóvenes pero de cierta forma se veía maduro en aquella vestimenta lo hacían lucir de otro tiempo. El chico que tenía frente a él, definitivamente no pertenecía a esa época.
—Veo que ya lo encontraste, vamos a salir... ¿Qué pasa? ¿Por qué me miras así?
—Uh… N-no es nada… —el editor lucia tan maravillosamente bien, que el dibujante inconscientemente se le había quedado mirando, detallándolo para grabarlo en su memoria. Para cuando llegó a reaccionar, volvió la vista al kimono que había dejado sobre la cama, perfectamente arreglado para él, Yuu apostaba que no tenía ni una sola arruga. Yanase rogó al cielo que no hubieran pasado más de cinco segundos mientras él estaba en otro planeta. —¿Qué es esto? —se puso de pie lentamente con las irises fijas en el más joven, tratando de controlar la vergüenza que sentía por todo lo reciente. Souji sabía que había un deje de curiosidad en su voz y tal vez algo de emoción por saber que ocurría y no dudo en sacarle provecho a todo el asunto.
—Una yukata para hombres, ¿es obvio no? —el oji-verde lo vio fruncir un poco los labios en señal de fastidio y solo lo provoco a sonreír con diablura como si escondiera un hermoso secreto. —Necesito que te lo pongas, vamos a dar un pequeño paseo. —Nakami se paseó un poco por la habitación apreciando también la prenda, imaginando como encajaría a la perfección su delicada y bella figura en aquel atuendo… Y por un momento, Yuu juró verlo ruborizarse un poco. Yanase se sobresaltó cuando Souji levantó la vista con tanta quietud, tal vez lo descubrió mirándole, otra vez. —Estoy seguro que te quedará, adelante.
'¿A-aquí? ¿Ahora…?'
—¿Q-qué? —arqueó una ceja, sintiendo de nuevo ese retortijón que le cosquilleaba en el estómago. Se puso aún más nervioso cuando le vio acercarse sigilosamente a su persona, así que dio un pequeño y torpe paso hacia atrás. —¡Pero espera! —colocó sus dos manos al frente consiente de que se estaba comenzando a ruborizar, aun debía saciar su curiosidad morbosa. —¿A dónde vamos?
—Es una sorpresa. Lo sabrás cuando estemos llegando, así que vamos, ¡vístete! —verle sonreírle de esa manera era como tener un ocioso cachorro de labrador rogando porque lo sacaran a pasear. Había sentimientos en sus palabras que aún le costaban descifrar pero que poco a poco les encontraba sentido. Yuu se sorprendió de sí mismo al descubrir que cada vez era más fácil leer a Souji, ¿eso quería decir que su relación se estaba volviendo cada vez más cercana? Si hace unos meses estuviese en la misma situación, Yuu estaba seguro de que tal vez dijera unas palabras hirientes, huiría y desapareciera de la vida de cualquier ser que tratase de abrirle su corazón.
Esto ya era totalmente diferente, y debía admitir que estaba gustándole.
El asistente entrecerró un poco los ojos, recordando de pronto que aún estaban juntos en aquella habitación. —¡Oi, merezco saber a dónde vamos! —no estaba tratando de iniciar una discusión con él, de hecho, ni siquiera le estaba gritando como en veces pasadas, solo estaba rogándole por un poco de información: la curiosidad estaba matándole, y, aunque ciertamente Souji lucía endemoniadamente adorable queriendo dejarlo en incognito, él insistía en saber, como siempre. Yanase siempre había sido así con ese tipo de cosas. Ir a Hakone había sido una brillante idea.
—¡No, para nada! —jadeó una pequeña risa que Yuu encontró bastante linda. —Solo es un lugar donde podemos olvidarnos de nuestros problemas por un tiempo. —Souji alzó una mano en forma de negación cuando este le rogó con los ojitos al escuchar eso, Nakami le miró esta vez con picardía y se sentó en el borde de la cama con las manos extendidas hacia atrás y las piernas cruzadas. El editor desbordaba una expresión de autosuficiencia, cosa que estremeció al más bajo, ¿en serio planeaba plantarse ahí para espiarlo? —Vamos, no queremos llegar tarde, ¿cierto?
Yuu sabía lo que ocurría pero pretendía hacerse el desentendido para sacarlo de allí. Con el ceño ligeramente fruncido, Yanase extendió una mano, ofreciéndosela al muchacho. Nakami observó la mano unos segundos y cuando la interrogación estaba pintada en su cara, el mayor habló: —Te estoy ayudando a ponerte de pie, adiós, nos vemos: me voy a vestir. —mantenía la mano hacia él que deliraba sacarlo de ahí, a patadas si fuera necesario. Después de aquel volcán de pasión que había surgido entre los dos, quería evitar algunos roces, quería ir despacio y poner todos sus sentimientos en orden pero Souji siempre se lo ponía difícil.
Estaba sonriendo.
Su mentón lo tenía apoyado en una mano, con varios dedos cerrados sobre sus labios estirados en una hermosa sonrisa. Los dos restantes cruzaban su mejilla hacia arriba. Se había inclinado hacia adelante como si estuviera ante el ser más interesante del mundo. Yuu inquirió un brillo juguetón y a la vez peligroso en sus ojos esmeraldas: sonreía de lado, ese detalle le advertía que no era nada bueno lo que estaba pensando ese chico.
—¿No pensarás quedarte ahí mirándome, o si? —bufó con cautela.
El castaño levantó la mirada, muy seguro de sí mismo, demasiado para el humor de Yanase, y dijo al aire: —Necesitaras una mano con esto. ¿O también necesitas que te desvista yo?
Maldito arrogante.
—N-no la quiero. —necesitaba que su voz sonara madura, segura, como el hombre adulto que era. Pero estaba seguro de que Souji solo lo veía como un chiquillo testarudo y adorable, no sabía cómo el reparaba en esos casi cuatro años de diferencia sin ningún problema como si no fuera un obstáculo. —Y se ponerme esto yo mismo. —que mentira tan hermosa; los kimonos y demás prendas siempre habían sido complicados, tanto el de las mujeres como el de los hombres. Recordaba como en bonitas actividades, su madre siempre le ayudaba a colocarse los suyos cuando era más pequeño y todo lo que tardaban en aquella faena. Era muy tedioso.
Souji arqueó una ceja a lo que su cuerpo respondió comenzando a sonrojarse.
Él sabía que no podría solo, casi nadie podía hacerlo solo. Por ende, sabía que usaba esas mentiras para alejarlo. Algo de lo que el dibujante no estaba del todo consciente, era que ese distintivo rechazo, ese en el cual sus mejillas se teñían de carmesí y evitaba su mirada verde felina, solo lo alentaban, provocándolo, atrayéndolo más y más. Haciéndolo enamorarse mucho más.
—Quiero verte intentándolo. —sonrió con petulancia, frunciendo ligeramente el ceño. Souji estaba retándolo con esa expresión. Quería golpearlo en la cabeza y al mismo tiempo, tomar su rostro entre sus manos y plantar un beso en sus labios. —El tiempo corre.
'Imbécil.'
El editor iba a presionarlo con el tema del tiempo para poder quedarse ahí. Souji no iba a moverse ni un solo centímetro, ni girarse para otro lado y Yanase no tendría otra opción más que hacerle caso para llegar a tiempo a donde sea que fuesen.
—¡Lo sé, s-solo vete! Mientras más rápido te vas de la habitación más pronto nos iremos.
—Mejor empiezas ya. —el más alto se puso de pie dispuesto a romper esa barrera, parecía que no entendía su punto y que el editor era terco, bastante, más si se trataba de alguien especial. Alguien tan especial como lo era Yanase Yuu para él. Al llegar a su lado, estando tan cerca, se podía escuchar la respiración del otro y como la del oji-caoba se volvía pesada. Souji se dispuso con tacto gentil a deshacerse de sus prendas, comenzando a desabotonar el suéter que llevaba puesto —Eres todo un alboroto…—los ojos caoba se encontraron con los esmeraldas, había estado demasiado hipnotizado mirando como sus manos le sacaban la ropa, estaba clavándole la mirada, sin apartarla, sin vergüenza, con confianza. Le vio sonreír al decir aquello. Le miraba con demasiada ternura que por un momento pensó que estaba en un cuento. —En el sentido adorable y lindo.
Era un hombre adulto, ¿por qué le llamaba así?
Con sus cálidas manos rozándole de aquella forma cuando liberaba un botón, quizás llegarían tarde, quizás alguno de los dos perdería el autocontrol. ¿Lo estaba haciendo a propósito? Le costaba un poco entender su comportamiento; de cuando se estaba aprovechando de una situación y de cuando verdaderamente le estaba cortejando.
Bueno… la verdad es que siempre estaba coqueteando con él.
¿Y si en realidad estaba mal pensando todo?
Tal vez, había una minúscula posibilidad, de que hacia eso para demostrarle que podía confiar en él, –aparte de aprovecharse para verle y tocarlo un poco estando casi desnudo- que no debía avergonzarse, que Souji era muy capaz de sí mismo, de que nada iba a suceder si así no lo quería. Todo era tan natural, como una verdadera pareja y eso hizo que su corazón bombeara con más fuerza.
Yuu se prometió seguir con su idea de ir más despacio, si su orgullo se lo permitía; después de todo, su corazón aún no estaba acostumbrado a recibir tanto de alguien, todo lo que había conocido era rechazo. Con las cosas sucediendo tan agradables, tan sinceras, era posible que rompiera esa promesa antes de tiempo: Yanase tampoco era paciente en el amor.
—Puedo hacer eso solo también. —antes de que se diera cuenta, ya estaba en interiores y su compañero tenía la yukata entre manos. ¿Tanto se había perdido entre sus manos y su dulce aroma? Era tanta su vergüenza en ese momento que ya no le salían regaños, había destruido toda rabieta, opacando un poco su voz.
El castaño rió entre dientes por su expresión y sus argumentos "súper" convincentes. Un impulso, estúpido o afortunado, le hizo inclinarse. —No lo creo. —susurró muy cerca antes de besar su frente y luego dejar unos pocos besos en su mejilla. —Me encanta cuando te sonrojas.
—Tsk… —cerró los ojos dejándose hacer a regañadientes, no tuvo otra opción que aceptar la pieza alzando un poco los brazos para hacerle la labor más fácil. Aún estaba sonrojado por el hecho de tenerle tan cerca y permitirle que él sea el que le vista; se sentía como un muñeco al que estaban mimando. Donde él tocaba, donde dejaba que sus manos o sus labios se apoyaban, se sentía caliente. Souji dejaba un rastro cálido en su piel. —C-calla… —el asistente de mangaka fue el primero en retirar la mirada.
…
Cada expresión de emoción que hacía, me sacaba una sonrisa. Él no se daba cuenta de que tenía un buen rato mirándole, me costaba despegarle la vista de encima, más aun cuando sus labios se entreabrían dejando salir un pequeño jadeo de sorpresa y sus ojos se ensanchaban intentado ver todos los espectáculos al mismo tiempo. No quería perderse ningún detalle; la variedad de los vividos colores en los atuendos de todos, las risas de las personas y exclamaciones de los anfitriones, el bullicioso sonido de los juegos mecánicos, las luces de neón, las increíbles maniobras del tradicional, enorme desfile y la mezcla de olores de los puestos de comida.
Tenía que admitir que Hakone se lucía cuando se trataba de desfiles, había ido a festivales antes, desde pequeño, pero nunca uno tan grande ni variado como este, yo ni siquiera sabía por dónde empezar, solo dejaba que mi chico me guiara donde él quisiera ir.
—¡Souji, mira!
Mis ojos volaron donde Yuu-san me señalaba con intriga. El desfile se había detenido y sus participantes comenzaban a hacer un gran espectáculo: dos hombres, casi a mediados de edad, desenvainaban unas verdaderas katanas –sin filo,- y tenían un combate vestidos de antiguos samuráis. Se escuchaba como las hojas de los metales chocaban y todos alentaban al que hacia el papel de bueno, incluso podías ver como los señores se divertían entre tantos ágiles y coordinados movimientos.
—Wao… —lo escuché suspirar. Me sorprendí de que yo también estaba boquiabierto y bastante atento a ese número. —Casi parece real, en Tokio no hacen nada de esto…
—Si… —fue lo único que salió de mi garganta. —¡…! —todos en el publico nos sobresaltamos cuando el "héroe" resultó herido con un estallido de tambores y luego se puso de pie, veloz, para con "sus últimas fuerzas" derrotar a su enemigo.
El público estalló en aplausos y gritos de victoria.
Después de una rápida reverencia y envainar sus espadas, el desfile avanzó mostrando más personajes como dragones ancestrales, Geishas, contorsionistas y los usuales "hombres escupe fuegos" y una larga lista que no daría tiempo de nombrar.
—Con esta multitud es posible que nos perdamos… —le dije preocupado al irnos del desfile. Me pegué a su costado para poder sentirlo a mi lado mientras buscaba con los ojos el puesto de bebidas. A pesar de ser mayor que yo, lo sentía inofensivo cuando le quitaba la mirada de encima y me inquietaba bastante con la variedad de personas que había, cualquiera lo podría ver como a un adolescente y eso hacia el asunto un poco más peligroso. Yuu-san dio un respingo cuando lo tomé de la mano. —No me sueltes.
—¡E-e-espera! ¿N-no te parece demasiado extraño que dos hombres estén tomados de la mano? ¡En público!
—No, para nada. —frunció el ceño y yo rodé los ojos, su expresión me sacó una sonrisa. Tenía que ganar esta batalla de argumentos, no lo quería separar de mi lado. —Nadie nos conoce y están demasiados absortos en sus asuntos, ¿te da vergüenza que te reclame como mío? —le miré directo a los ojos alzando nuestras manos y las llevé cerca de mis labios, su calidez se encontró con mi boca por un momento. Lo había dicho como una pequeña broma, pero en pocos microsegundos me di cuenta de que en verdad si quería saber esa respuesta.
Su cuerpo se tensó como un hilo y sus labios se estiraron en una cómica y adorable mueca, debajo de las luces del farol pude ver como con cada segundo sus mejillas tomaban más color. —¡P-pero que tonterías estas diciendo! ¡S-solo vamos a bus…!
—¡Ya nos hemos tomado de la mano antes, así que no te sueltes por nada del mundo! —dije desbordando alegría, insatisfecho por su respuesta pero con el corazón taladrando en mis costillas por su reacción. A pesar de que vaciló bastante y terqueó un poco, terminó aceptándolo cuando el mar de personas empezó a empujar o se quedaban embelesados deteniéndose de repente, eso siempre era irritante y claustrofóbico. Miraba varias veces sobre mi hombro, asegurándome de que estuviera bien. Se le notaba la expresión de incomodidad con tantas personas.
—Eso fue estresante…
—Muy… ¿Ahora me entiendes…? ¿Sabes lo horriblemente preocupado que estaría sin te perdía con todas estas personas?
El alzó una ceja desviando la mirada de inmediato, sin darme tiempo de leer su rostro.
—Caballeros… —anunció el señor del puesto de bebidas, colocando dos latas de cervezas frías en la barra.
Gloria.
A eso sabia el frio líquido que sentía bajar por mi garganta y burbujear caliente en mi estómago. Cuando despegué mis labios para suspirar ese pequeño placer de la vida, me fijé que Yanase aun tragaba y alzaba su lata más y más.
—Ehhh, —jadeé sorprendido al verlo acabar con tal desesperación. —¿quieres otra?
Maldición, debería dedicarme un día a ir a beber con Yuu. Sería bastante entretenido.
Él limpió la comisura de sus labios con una servilleta que el alegre vendedor le ofrecía antes de irse a buscar otra lata para Yuu-san. —Por favor…
Después de una pequeña discusión por quien debía pagar la bebida, en la cual el me ganó en la pelea verbal, alegando de que "estaba haciendo mucho por él" y de que "no era necesario" el señor terminó aceptando el billete que el artista coloco más veloz que yo sobre la barra, harto de nuestra discusión de dimensiones matrimoniales y nos despidió con un "¡disfruten el festival!". Prácticamente nos expulsaron del puesto, eso me causó gracia. Yuu era tan o más terco que Haruhi, eso debía reconocerlo… y admitir que siempre había algo de encantador en ello.
Comimos algo de algodón de azúcar para contrarrestar la sensación de hinchazón que provocaba la cerveza, bueno más bien yo… Incluso compré una máscara blanca de kitsune con detalles rojos; se la daría a los pequeños de mi edificio para tener algo con lo que jugar por las tardes.
—¡Souji, vamos allí! —me tomó del brazo con fuerza para asegurarse de no separarnos, halándome a donde él indicaba. Prácticamente me estaba arrastrando y me dejé hacer, adelantándonos entre el gentío.
Se escuchaban unas flautas y tambores pausados pero constantes haciendo un sonido característico.
—¿Es un teatro Kabuki? —susurré. Incluso prepararon una especie de teatro. Los actores maquillados de blanco, de peinados elaborados y trajes complejos, se movían como el viento al compás de la música haciendo características poses.
—Sí. Es una escena de una obra literaria.
—¿Cómo sabes eso?
—La representamos hace años en una feria cultural de mi antigua universidad.
Sus ojos caoba estaban prendidos en la obra apreciando la destreza de los intérpretes, para un artista como él, esto debía ser realmente interesante. Quería prestarle atención al número frente a mí, pero no podía; su brazo aún estaba prendado a mí y eso me distraía en muchos sentidos. Sabía que estaba haciendo un sobreesfuerzo para no compartir toda la cercanía e intimidad con la que yo lo acosaba al estar solos. Había gente allí, mucha. Me fijé bien en la multitud, todos estaban con sus ojos fijos en la obra o sencillamente se iban de ahí buscando otro entretenimiento.
Estaba haciendo todo un esfuerzo.
Sin aguantar mucho más, retiré disimuladamente la máscara sujeta a mi cinturón con el brazo que no tenía ocupado. —Yuu-san… —susurré su nombre cerca de su oído, cuando el levantó la mirada, lentamente, nos cubrí a ambos con la máscara antes de tomar sus labios entre los míos. Fue un beso corto, casi torpe pero no me quejaba de nada. Lo sentí tensarse antes de separarnos.
Yuu-san estaba nervioso, más bien alarmado por ese beso robado. Se cubrió la boca y miró en todas direcciones pero nadie pareció notar nada.
—¡¿E-estás loco?! —siseó bajito con la cara tornándose roja. —¡No hagas ese tipo de cosas aquí!
—¿O sea que puedo hacerlas en otro lugar? —sonreí.
—¡Y-yo…! —cerró la boca de pronto, tratando de controlar su voz y el tono de su rostro que ahora no sabía si era por mi atrevimiento o el coraje que le causaba toda la situación—¡No me refiero a eso!
—Tampoco lo negaste.
Empezó a huir de ahí, mirando disimuladamente a las personas más cercanas. Estaba dejándome atrás de una manera bastante infantil y tierna.
Ninguno de los dos quiso comer nada, a pesar de tanto caminar y de que todo olía terriblemente bien. Invertimos un poco de dinero jugando a atrapar a los peces, pero ambos éramos malos aun cuando pedíamos otra y otra oportunidad, lo mismo pasaba con los demás juegos.
Yo no servía para ese tipo de cosas.
"¡Buenas noches! Queremos anunciarles que treinta minutos el espectáculo de fuegos artificiales dará comienzo. ¡Que sigan disfrutando de nuestro festival!"
Cierto.
Había olvidado que hace media hora atrás los altavoces también lo habían anunciado. Se podía ver la gente aglomerándose en puntos estratégicos donde se apreciarían los fuegos. Deberíamos…
—Ven, vamos.
—¡O-oi, Yuu-san…! ¿A dónde?
—Lejos, vamos a buscar un buen lugar…
Sus palabras de alguna manera me terminaron calmando; sentía que estaba conociendo a Yanase Yuu en un plano más profundo. Era determinado, perseverante y se emocionaba con la inocencia de un chico y eso era totalmente perfecto. Me dejé guiar por él hasta un sendero en ese monumental templo. La corta hierba comenzaba a hacer acto de presencia entre las baldosas de piedra y los grillos silbaban con más intensidad. Él me estuvo llevando por lo menos cinco minutos sin parar, halándome de la manga de mi yukata, dejando la gente, los puestos y el bullicio atrás.
Estando en el pueblo de Hakone, había menos luces, así que cuando lo vi sentarse en el pasto, mirar hacia arriba y luego sonreír, yo levanté la vista por acto reflejo. Lo que vi me robó el aliento. Había toda una hermosa constelación sobre nuestras cabezas. Algunas estrellas brillaban más fuertes que otras y todo el cielo azul estaba pintado de majestuosos diamantes y ni hablar de la luna, no había ni una sola nube.
—Se te van a meter las moscas en la boca… —susurró. Tardé unos pocos segundos en mirarle, estaba totalmente idiotizado. Las estrellas se reflejaban en sus irises cálidos mientras me sonreía con amabilidad. —¿Nunca antes habías visto una constelación? —bufó, simulando algo de fanfarronería.
Yo solo negué con la cabeza mordiéndome el labio inferior. No estaba jugando.
—Nunca antes había salido de una ciudad, Kioto tampoco tiene este paisaje. No así.
Esto pareció sorprenderle, dado que se tragó su broma y vaciló entre si contestarme o no. Yo hice un esfuerzo por mirar el suelo mientras me sentaba a su lado. El viento sopló con suavidad, fue cuando el primer pétalo de Sakura revoloteó ante nosotros, que me di cuenta de que estábamos a pocos metros de un bosquecillo de árboles de cerezo en flor, justo detrás de nosotros.
—D-donde mi madre vive ahora, se puede ver el cielo así casi todas las noches, te hace pensar en lo pequeño que eres… —hizo una pequeña pausa donde me miró tímidamente con algo de preocupación. —¡E-era solo una broma, no tienes que…!
—Estoy bien, es solo que es casi imposible dejar de mirarlo. —esta vez mis ojos se posaron en los suyos; grandes, brillantes, expresivos. El artista cortó nuestras miradas antes de que pudiese seguir apreciándolo más.
—Oye… ¿Por qué nos trajiste a Hakone?
Ladeé la cabeza, algo confundido. Él apretaba el césped entre sus puños clavándole la vista al suelo.
—Es una pequeña fuga, está bien relajarse, ¿no crees?
Yanase levantó la vista de golpe, alterándose un poco mientras me contestaba: —¡No me refiero a eso! Sino… conmigo…
Así que era eso lo que le molestaba.
Tomé aire antes de contestar. No estábamos muy lejos el uno del otro, más bien, si estiraba un poco mi mano, podía alcanzar la suya y si me reclinaba un poco a la derecha, nuestros hombros se tocarían. Ahora era una batalla de miradas intensas, el paisaje había pasado a ser el segundo plano.
—Con tanto trabajo no pudimos celebrar Hanami* en la fecha correspondiente. Tengo la pequeña esperanza de que esto lo recompense.
Sus ojos se abrieron un poco, naciendo nuevas estrellas en ellos, coloreando su cara de paso de un color bastante adorable.
—¿Ibas a celebrar Hanami, conmigo?
—Sí. Tú eres lo que ha estado rondando en mi cabeza todas estas semanas y la causa de porque me estoy retrasando en mi trabajo todos los días. —nuestras miradas se encontraron y por primera vez en mucho tiempo, ninguno de los dos las apartó. Sumidos en nuestro pequeño propio mundo, veíamos el cielo a través de las irises del otro. Yuu se ruborizó más que antes. —No habría otra persona con la cual quisiera hacer este tipo de cosas.
…
Si antes no hubiese quedado suficientemente claro lo avergonzado que estaba y lo acalorado que se sentía mi rostro, reitero: estaba bastante abochornado por sus palabras. En ocasiones solía dedicarme a pensar si planeaba de antemano que decir, o si tenía una cajita con frases acarameladas guardadas por ahí. A veces me preguntaba como un chico como él, podía hacerme sentir tantas cosas al mismo tiempo. Por tiempos, me daban ganas de alcanzarlo. Al final, había algo que siempre se interponía: mi orgullo o mi inseguridad.
Souji lo había dicho tantas veces y de tantas formas diferentes. Yo solo, sentía miedo porque no quería confiarme, no quería escuchar a mi corazón, temía ser herido. Con el tiempo, e irónicamente desde el principio, me di cuenta de algo: Souji era totalmente transparente conmigo. Me celaba, me molestaba, me decía cosas pervertidas, bonitas, me confesaba su pasado, me protegía, saltaba frente a mí para defenderme en cualquier caso, él quería saber más de mí y siempre, siempre hace o dice cosas que me hacen feliz.
Quería saber porque yo.
Estoy totalmente seguro de que podría tener a cualquier persona que quisiera, sea hombre o mujer, ¡incluso a Hirose Jun, su estúpido amigo! En cambio, no había dudado un segundo en perseguirme a mí.
—Yo… Souji…
El temía ser abandonado, al igual que yo.
En ese momento lo recordé, nuestra conversación en el… bar.
"¿Por qué me dices todo esto?
Porque sé lo que se siente no tener a nadie."
Él estaba enamorado de mí, y yo, dándome cuenta de a poco, bastante lentamente y sin querer admitirlo, yo de él. Me había vuelto a enamorar.
¿Debía decirle? ¿Debía confesar lo que sentía en ese momento? Lejos del bullicio, del trabajo y del estrés de la vida cotidiana, me fue más fácil aclarar mi mente y despejar el embrollo de emociones que sofocaban mi corazón. Solo debía decir esas palabras, no era tan difícil. Se las había dicho a Chiaki con tanta facilidad y decisión, pero si se trataba de este chico, mi mente se nublaba y de nuevo me perdía en los resonantes latidos de mi corazón.
—Souji yo quiero… —Ya no soportaba más, no quería seguir ocultándome. —Necesito decirte que…
Pero él no aguanto. Ni yo lo hice cuando nuestros labios se tocaron.
Se estiró hacia mí, apoyándose cerca de mi cadera con una mano y acariciando mi mejilla con la otra. Abrí mi boca, despacio, disfrutando de la suya y de cómo su suave respiración chocaba contra mi rostro. Tomé su labio superior entre los míos, la placentera calidez que surgía de ellos me embriagaba. Cuando algo estalló arriba en el cielo, me sobresalté de tal manera que me abracé a su cuello con fuerza, apretando los ojos y deteniéndome unos segundos.
—Solo son, los fuegos artificiales… —murmuró sobre mi boca. Lo podía sentir sin aliento, no de forma literal, más bien, como si ese beso lo hubiese extasiado igual que a mí. Escuché como otro y otro más rompían en colores allá arriba. Ahora no le estaba prestando atención al espectáculo, esta vez fui yo quien se adelantó tomándolo del labio inferior, el susto había sido la perfecta excusa para tenerlo mucho más cerca. Con mis brazos alrededor de su cuello, pecho a pecho, ladeé un poco la cabeza buscando su lengua con cautela, cuando se encontraron, no dejaron en paz a la otra. Todo fue bastante lento, lo que lo volvía erótico.
Estaba perdido en el momento en que lo tenía sobre mí, besándome sobre el pasto, yo no fui el más sano: no me atrevía a dejarlo ir, me abracé a Souji con fuerza. No intentó tocarme en lugares indebidos, solo buscaba tocar con los dedos mi rostro, sacarme escalofríos al acariciarme el cuello. Estaba siendo delicado, dándome a entender que no buscaba mi cuerpo, sino a mi…
Fuimos un desperdicio para el espectáculo de fuegos artificiales.
No sé cómo llegamos al hotel, apenas lo recuerdo. No hubo mucha conversación cuando me quitó los zapatos, menos al desvestirme y me llevó a la cama; no me tocó, no hicimos mucho más, solo nos dedicamos a besarnos.
No me dejó levantarme, dice que no piense, que descanse un poco, que él estaba ahí y que no pasaba nada. Siempre pensé que no lo hicimos esa noche por consideración, me estaba dando tiempo y creo que supuso que yo estaba cansado porque habíamos hecho el amor el día anterior. En ese aspecto, era amable.
Esa noche, me dormí en su pecho.
…
Souji tuvo que hacer un sobreesfuerzo en la mañana para poder despertarme. Con todo lo que caminamos e hicimos, era natural estar exhausto. Él ya estaba vestido, y solo nos quedó hacer las maletas, definitivamente iba a extrañar este lugar.
—Yuu-san, deberías desayunar en lo que hago el registro de salida.
—¿Eh? ¿Ya comiste?
Asomé mi cabeza desde el baño, terminando de secar mi cabello, ya vestido.
—Tuve que hacerlo para ganar tiempo, te lo dije unas tres veces cuando te estaba levantando. — estaba de espaldas, sacando los papeles del hotel que debía firmar.
Fruncí el ceño. Si iba solo… esa mujer se va a aprovechar.
El editor estaba caminando hacia la puerta de salida. —¡No, espera! ¿Sabes qué? —¡¿por qué carajos me estaba poniendo nervioso al respecto?! —En un momento termino de desayunar y nos vamos con todo y maletas... ¡No te atrevas a cruzar esa puerta! —gruñí señalándolo con un dedo, alterado y enfurruñándome porque tenía la mano en el pestillo.
Él lo soltó de a poco con cara de sorprendido, podías ver como levantó un poco ambas manos en parte pidiéndome que me calmara.
Lo tomé de la muñeca halándolo con brusquedad hacia la mesita en la que solíamos comer, obligándolo a sentarse con poca amabilidad, me coloqué donde estaba mi plato; habían un tazón pequeño de frutas y un omelet de arroz que se veía demasiado bien, aún estaba tibio. No perdí el tiempo y engullí mi plato, apenas si lo pude saborear, y casi me atraganté si no fuera porque mi chico me sirvió jugo de naranja y me extendió el vaso.
—Yuu-san, no comas tan rápido. Oi. —el ceño de preocupación se desvaneció para mirarme feo. —¡No te apresures! No me voy a ir, tenemos tiempo. —me estaba reprimiendo, yo desvié la mirada como un adolescente regañado. Aunque ahora ya solo quedaba la fruta. Le di el último sorbo al jugo masticando despacio un trozo de manzana.
Haber comido tan rápido me había reventado el estómago, cuando solo me quedaban dos fresas miré tímidamente al castaño, él me veía interesado, pero bastante calmado, como un perrito a la espera. Quise intentar algo, pero era bastante vergonzoso, de todos modos hice a un lado mi orgullo dándome valor. Extendí el brazo ofreciéndole la fruta mientras sostenía su tallo. Sabía que mis mejillas se colorearon, antes no dejaba que mirara ese tipo de expresiones de parte mía, pero ahora lo encaraba y sostenía el peso de sus hermosos ojos sobre mí con bastante decisión. Iba a explicarme y decirle que estaba muy lleno, pero la vocecita de mi conciencia solo me dijo "Yuu cállate." Y le hice caso.
Nakami se inclinó hacia adelante y tomó la fresa con los dientes dejándome el tallo. Se veía estúpidamente lindo. Esperé que terminara de tragar para ofrecerle la otra, cuando la estaba masticando, lo hizo deprisa, intenté retirar mi mano, para eso él ya me había tomado de la muñeca, tragó sonriéndome con un brillo especial bailándole en los ojos. Mi mano se sobresaltó cuando apoyó los labios en ella sin decir nada.
'T-tonto…'
Volviendo a los viejos hábitos, aparté la mirada.
…
La mujer se volvió a acomodar la ropa por cuarta vez. Entendí bastante bien el motivo por el cual Yuu-san insistía en venir conmigo. La recepcionista parecía a punto de violarme y de matar a mi acompañante. Me lanzaba sonrisas coquetas, se acomodaba la ropa de más y hacia chistes que eran malos en los cinco minutos que llevábamos allí. No pasé desapercibida la mirada de mala muerte que le dirigía el dibujante a ella.
—Si es tan amable, firme aquí por favor. —mis ojos volaron donde ella indicaba con su uña de un carmesí vibrante en la hoja. —¿Disfrutó su estancia, joven?
Había obviado a Yuu a propósito. Oh mierda, estaba encolerizado.
Firmé donde debía y quise acabar rápido para evitar que el asistente se le lanzara como un gatito rabioso. Cuando acabó de teclear en su computadora deslizó un panfleto con una pequeña nota adhesiva, tenía un número de teléfono escrito y un nombre: "Nao". No sabía cómo reaccionar ante eso, no con un Yanase Yuu a punto de estallar a mi lado. Bueno, no hizo falta, él se interpuso entre el mostrador y yo, quitándome el bolígrafo de la mano. Arrancó la nota y le dio la vuelta, garabateando unos kanjis furiosos pero legibles:
"Cambiar la sábanas, gracias"
Yo fruncí el ceño con una ligera sonrisa, segundos más tarde le encontré el sentido.
—Sí, aquí esta… sugiero que cambien las sábanas, hicimos un santo desastre, varias veces. —El soltó el bolígrafo en el mostrador, arrastrando el papelito por la superficie, para solo tomar el panfleto. La sonrisa falsa y esos ojitos de pequeña víbora me encantaron de sobremanera. La mujer no se movió ni un centímetro, más su quijada se desencajo de su lugar y lucía realmente ofendida. Vi cómo se apresuró a tomar su maleta, pero antes de dar un paso más, Yanase se irguió de nuevo, como si recordara algo de pronto. —Oh, y… lamento lo del jarrón, no supe controlarme.
Me haló del brazo sacándome de allí, apenas dándome tiempo de tomar mis cosas.
—Esa mujer… Tiene bastantes agallas, ¡¿Viste eso?! Es una… De verdad que existen personas desvergonzadas.
—¿Qué dices? Por tu culpa estuve ocupado teniendo sexo contigo en mi mente. —Yuu regresó por mí solo para golpearme con el puño cerrado en el hombro, y con la cara toda roja, se me adelantó varios pasos.
—¡Claro…! dentro del circulo de personas desvergonzadas, había olvidado incluirte.
Aún estaba alterado de una manera tan adorable, me estaba celando con ganas.
—Estoy tratando con todas mis fuerzas no tener una erección en este momento. Eso que dijiste sonó tan seductor: "varias veces."
—¡Cá-cállate! Tenía que ponerla en su lugar de alguna manera. ¡Y-y tú no estás ayudando!
—¿Si sabes que vamos a la estación de trenes, verdad?
Alcé un poco la voz, estaba muy por delante de mí, así que lo dejé caminar para que se calmara. —¡No pienso ir a pie a la casa! —gruñó dando un torpe giro hacia el otro lado, en el sendero correcto.
Caminando tras una bola echa de furia, le dije con una sonrisa:
—Eres más encantador de lo que te podrías imaginar…
…
La primera media hora de camino a casa se había ido volando. No fue incomodo, para ninguno de los dos, eso fue lo que sentí. Incluso Yuu-san inició la conversación apenas acomodamos nuestros equipajes y nos sentamos antes de partir. Preguntó sobre mi salud, y le conté que mi neumonía se había ido, también lo del rasguño, al principio no me creyó, supuso que se lo dije para no preocuparlo… Cuando le mostré una foto que le había tomado al diagnóstico del doctor, se tranquilizó. Seguimos hablando de temas al azar, la conversación era amena y natural, eso me hizo bastante feliz.
—¿A quién le escribes? Tienes bastante tiempo en eso. —pregunté con curiosidad sin husmear al verlo sonreír al teléfono y teclear rápidamente.
No despegó la vista de su móvil cuando me contestó. —A Haruhi.
'¿A Haruhi?'
—Espera, ¿la Haruhi que conozco? ¿Le estas escribiendo a mi hermana? —reí un poco sintiendo una punzada de celos. Este hombre era increíble.
—Si… —dijo terminando el mensaje de texto.
—¿Le estas contando de nuestras aventuras románticas?
—¿Eh? ¿Qué? ¡C-claro que no! —me encaró con esa típica mirada de chiquillo avergonzado, lucia bastante tentador. —¡Eso te pasa por ponerme a contestar tú teléfono!
—¿Haru fue la que llamó aquella vez? —ni siquiera me tomé la molestia de revisar quien me había llamado, hasta ahora.
Él me miró, borrando todo rastro de alteración, componiéndose y tal vez pensando bien que decirme, me contestó con un poco de rodeos. —Sí, pero no fue nada grave. E-ella solo estaba preocupada porque no la llamabas últimamente…
—Ya veo… —dirigí mi mirada hacia la ventana, veía como el paisaje pasaba veloz y borroso, no eran más de las cuatro de la tarde. Antes de venir a la estación, fuimos a comer y comprar algunos recuerdos en lo que esperábamos la salida del mismo. Estando tan pendiente de Yuu-san y de resolver las cosas entre Jun y yo, había descuidado a mi hermana, la única familiar de sangre que tenía con vida. Bueno, digo esto porque sé que tengo abuelos y abuelas allá afuera, pero ellos nunca nos quisieron, y tuve la dicha de no conocer las personas que querían que mama desistiera la "ridícula" idea de tener una familia.
Haruhi era bastante sobreprotectora, cariñosa y maternal, igual que mamá. Ella siempre estaba pendiente de mí y los demás aquí en casa, la había escuchado decir varias veces que al terminar su carrera volvería a Tokio y viviría en casa de Isami-san hasta que fuese tiempo de vivir por su cuenta otra vez. Sabía bastante bien porque decía eso, mi hermana extraña a nuestros padres y ella necesita vivir lo más que pueda en un ambiente familiar. He de admitir que también me da nostalgia cada vez que voy a la casa de Isami-san a practicar o simplemente de visita. Desde que pasaron unos años del accidente, y lo pude superar un poco, me volví reacio a saber cualquier cosa de mis padres porque me aterraba volver a deprimirme. Al día de hoy no soy tan tradicional como mi hermana pequeña: ella sentía curiosidad de nuestra infancia, de mamá y papá, pero yo… yo solo sonreía tristemente y me alejaba de a poco.
—¿Souji…? ¿Estás bien?
A veces no entendía las ganas que tenía Haruhi por saber más.
—Ah… si, lo siento. Me desconcentré un poco, es todo. —le volví a prestar atención. Yanase guardó su celular y apretó en un puño un poco de su ropa. Creo que estaba nervioso, así que lo dejé explicarse.
—¿P-puedo hacerte una pregunta…? —yo asentí una vez, quería saber de qué se trataba. —¿…personal?
—La que quieras.
—¿Cuál era el nombre de tus padres?
No me esperaba que fuera tan directo, menos esperaba ese tipo de pregunta. Me entró un escalofrió, por un momento pensé que podía leer mi mente. Abrí la boca para contestar, y la cerré de pronto. Estaba un poco consternado, así que tomé un respiro
—Mi padre… se llamaba Ayumu, él murió a los treinta y uno… Y mi mamá, su nombre era Hanako… ella falleció cuando tenía veintinueve… —me sorprendí de mí mismo, decirlo prácticamente con tanta facilidad. Debía ser porque era Yuu quien me lo preguntaba.
—Lo siento mucho, no quise ser impertinente… S-solo era curiosidad.
—No es nada. Fue hace bastante tiempo, de todos modos.
¿Curiosidad? ¿Él quería saber más de mí?
Sus ojos compasivos no se despegaron de mi rostro que evitaba verle por tanto tiempo. Yuu se desarregló la chaqueta de algodón, como si de pronto hiciese calor.
—Pero aún te molesta. —indagó.
—Es más bien extraño. No termino de acostumbrarme a ello.
—Admiro a tus padres. —dijo de pronto, inflando su pecho de aire y taladrando con la mirada hacia delante como si se tratase de un gran sabio. Ladeé apenas mi cabeza, sorprendido y algo alagado por sus palabras. —Aun eran demasiado jóvenes para saber lo que querían y lucharon contra el mundo para concebirte y criarte, pienso que su amor era bastante fuerte si tuvieron otro bebe años después, tu hermana. —tenía los ojos como platos, lo que decía Yuu-san, me aceleraba el corazón. —Estoy feliz de la decisión que hicieron ambos de traerte al mundo.
Fue ahí cuando me sonrojé.
—¡N-no te pongas a pensar cosas extrañas! ¡Solo pienso que fue lo correcto!
—Yuu-san…
—Lo que quiero decir... Es inconcebible que alguien rechace una vida que apenas…
—Yuu-san, gracias. Yo también me alegro de poder estar hoy, aquí, contigo…
Lo vi removerse, girando su cuerpo hacia el otro lado, dándome la espalda. Él no quería hablar más por la vergüenza. Yo me recliné un poco y dejé un beso en su pelo, su cuerpo estaba totalmente caliente. Recuerdo cuando Yanase Yuu no significaba nada para mí. Yo trataba de evitarlo, en muchos aspectos me recordaba a mí, quería huir de ese pasado. En cuestión de días, semanas, sentía que me faltaba el aire si no estaba con él. Yuu-san significa un mundo para mí.
…
Suspiró en silencio al ver finalmente la puerta de su casa. Yuu sentía una extraña sensación de alivio por llegar luego de tal fin de semana y a la vez desear con fervor no estar ahí. Apretó un poco la correa de su equipaje que venía cargando y con obvia incomodidad miró de reojo al castaño que estaba solo a un par de pasos atrás de él.
—Bueno,… aquí estamos. Se hizo algo largo el viaje, el día… ¿No te parece? —empezó por ahí. Hacía poco había anochecido y se sintió como un idiota al hablar del tiempo. Yanase estaba algo nervioso, en realidad se notaba que no sabía bien que decir justo ahora. ¿Cómo se supone que te despides de esa persona que te gusta pero que no lo sabe a pesar de haber hecho "esto y aquello"?
—Umm… Ajá. —respondió con triste acuerdo. Souji no quería volver aun a su monótona vida, no ahora que sentía como pudo –de varias maneras,- acercarse más al dibujante. Se acomodó su bolso en el hombro, escondiendo sus manos en los bolsillos de sus pantalones. Sabía que ya era hora de irse. —De todos modos lo disfrute bastante. Gracias por ir conmigo; iluminaste mi fin de semana. —le ofreció una pequeña sonrisa, una melancólica. El más joven se sentía como un perrito al que su dueño lo iba a dar en adopción.
—Sí. —asintió suavemente girándose a él, detallando el suelo de su patio frontal. Tanteó sus bolsillos buscando la llave y se les quedó mirando una vez las encontró como excusa mientras pensaba que decir. —Sí, —repitió. —yo… igual. Fue divertido,… y diferente. —musitó con una pequeña sonrisa y finalmente se dignó a alzar su mirada para dirigirla a Souji.
—¿En serio? ¡Me alegro mucho! —se le oyó decir con verdadero sentimiento. El editor se encogió de hombros suavemente aun con sus manos en los pantalones. —Supongo que ya debo… irme. —soltó el aire con un jadeo. Se adelantó unos pasos se inclinó para dejar un suave y lago beso en su mejilla izquierda. —Nos vemos en la semana. —el muchacho se giró para devolverse decidido a cruzar el portón, haciendo uso de todo su autocontrol disponible. Estaba siendo egoísta, o eso creyó él.
Sus ojos se abrieron un poco más después del beso al escuchar que se iba.
'¿Tan pronto? Ugh…'
Deseaba por el momento tener el jodido poder de ir atrás en el tiempo a su gusto, o detenerlo, ¡lo que sea! Quería que fuera más temprano, quería estar en el hotel, en las termas con el chico. Le alegraba estar en casa pero ya no, no si él se iba. No quería estar solo. —¡S-Souji! —eso exactamente era. No quería estar solo y para ser más precisos, no quería estar sin el castaño. Por ello el adiós se atoraba en su garganta y no escapaba por sus labios. Lo logró detener a mitad de camino. —No te vayas. —dejó su equipaje en el suelo por un momento. Sus mejillas se colorearon ligeramente. —E-es decir, no tienes… no tienes que irte. —tomó algo de aire para poder continuar debido a los nervios y las presión en su pecho causadas por las ansias que ese idiota le provocaba. Había de a poco bajado el tono siendo casi inaudible, esperaba que le hubiera escuchado porque ni de broma volvía a decir todo aquello tan vergonzoso. Soltando un pequeño suspiro fijó su mirada en las sorprendidas irises esmeraldas con la esperanza bailándole en los ojos, pedía mudamente una respuesta positiva de su parte, sin ya importarle de momento su orgullo por andar pidiendo aquella infantilidad. —B-bueno, no si no quieres…
Cuando dijo su nombre en ese tono, sintió que algo le cosquilleaba en el estómago. No sabía si eran esas supuestas mariposas de las que todo el mundo hablaba o si de un zoológico se trataba. Souji giró sobre sus pasos prestándole su total atención. Su corazón se aceleró, sentía que iba a estallar o escapársele del pecho. —Yuu... —susurró sin ningún honorifico, sintiendo como su rostro se calentaba. Estaba lo suficientemente rojo como para que el mundo lo notara, estaba estupefacto; se quedó prendado casi mudo cuando lo miró y le dijo lo último —Creo que ninguno de los dos no quiere eso. —soltó refiriéndose a lo de irse.
Sosteniendo bien sus cosas, se devolvió sobre sus pasos pegándose al cuerpo del mayor, abrazándolo. Rozó su mejilla con los dedos, y le besó los labios. Yuu recibió su boca con una marea de sentimientos azotando su pecho. Souji no iba a irse, el alivio que sintió en ese momento fue incomprensible incluso para sí mismo ¿Por qué de pronto estaba tan feliz? Uno de sus brazos rodeó el cuello del más alto y la otra mano se sostuvo de su ropa, apretándola en su puño con todo y llaves.
Los labios de Souji definitivamente eran muy cálidos.
…
—¿Tienes frio?
—Un poco. —mintió. Aun así lo sintió apretarse más contra él, se sentía a salvo en sus fuertes brazos que ahora lo acunaban como un preciado tesoro. —¿Está bien que te quedes aquí?
—Shhhh, estoy durmiendo.
—Idiota… —Souji le logró sacar una sonrisa. Solo eso, durmiendo, Teniendo al más joven abrazándolo desde atrás mientras estaban ambos acurrucados en la cama de Yuu. Lo más probable es que así se sentía estar enamorado; teniendo total seguridad en los brazos del otro. Sin sexo, como solía pasar en las películas, ni siquiera tocarse. Solo dormir juntos en el sentido más inocente de la palabra.
Yuu no se había dado cuenta hasta ese momento que solo había tenido miedo de enamorarse. E irónicamente deseaba que ese sentimiento se albergara dentro de él por mucho tiempo.
—Solo quiero estar contigo, es todo. —le oyó decir ya metido en el trance del sueño de tanto pensar y tener la mente en blanco a la vez. ¿Le estaba respondiendo su pregunta? —Buenas noches, Yuu-san. —escuchó luego de varios minutos o quizás segundos, solo supo que le habló a él porque su cálido aliento chocó contra su oreja. Pero no podía responderle, su voz se congeló en su garganta y por fin desfalleció del sueño.
…
Después de una ducha y vestirme con un cambio de ropa extra que tenía en mi equipaje, me escabullí silenciosamente por su cama. Debajo de una fina sábana estaba su figura, tallada delicadamente. Me tentaba quedarme un rato más para tenerlo conmigo. Estaba sobre él, con mis manos a cada lado de su cabeza, Yanase Yuu no daba signos de despertar por ahora. Me incliné apoyándome de mis codos para no llegar a aplastarlo, estando el dibujante durmiendo de lado me facilitaba las cosas.
—Yuu-san… —susurré suavemente, apoyando mis labios sobre su oreja. Como un dulce beso.
—Mmm… —gruñó sin hacer muchas muecas de incomodidad.
—Ya tengo que irme, debo llegar temprano al trabajo, ¿está bien? —se veía tan indefenso en ese momento.
—Si… —balbuceó entre sueños, girándose mostrándome su carita dormida.
—Nos vemos, amor. —le dije y dejé un rápido beso en sus labios. Me bajé de su cama con sumo cuidado, tomé mis cosas y me aseguré de cerrar bien todas las puertas. Necesitaba llegar a casa para tomar mi portafolios y dejar mi equipaje, apenas eran las nueve pero quería llegar temprano para ponerme al día y estaba seguro que Takano tendría algunas cosas pendientes para mi fueran o no mi responsabilidad. De todas maneras, si Yuu-san recordara o no nuestra conversación, le mandé un mensaje de texto explicándome.
Me pregunté cuanto tiempo pasaría antes de volver a compartir un rato con Yuu-san a solas.
…
A ver… aparentemente ninguno de mis compañeros había llegado aún, era natural: estábamos al principio de ciclo, siempre llegábamos a partir de las doce, más bien, la editorial entera estaba vacía y creo que fue mi culpa. Si presionabas a un empleado aquí, eso afectaba a todo un círculo, era posible que con el apuro de pasar el fin de semana con Yanase y cambiar las fechas de entrega haya provocado un efecto dominó del agotamiento. Deseaba tener al menos a Kisa-san aquí, él siempre tenía algún bocadillo entre sus cosas y me sonaba el estómago del hambre, con la prisa, no me detuve a pensar por algo de comer.
Mi amor por Kisa-san era desinteresado totalmente.
Ya desesperado por estar dando tantas vueltas en el primer piso, una de las chicas de recepción, la más joven, esa chica que tenía alrededor de un año tratando de llamar románticamente mi atención, me regaló un expreso y bendije a esa mujer mentalmente unas diez veces. Después de agradecerle decidí subir a mi piso a dejar mi portátil y demás en mi lugar para bajar a comer algo en cualquiera de las tiendecitas alrededor de la manzana mientras disfrutaba de lo único que podía calentar mi estómago en ese momento.
El elevador me llevó hasta la cuarta planta en silencio y fue totalmente hasta el final, con mi portátil al hombro, aun pensando en cierta persona que debía estar aún en cama. Crucé la división de nuestro departamento, tragando un sorbo de cálido café, levanté la vista del suelo al escuchar un sonido extraño cerca de mí. Si me ponía a maquinar, tenía un corto rato escuchando esos sonidos, todos empezaron cuando me bajé del elevador.
Mis labios se quedaron congelados en el borde del vaso de cartón. Sentía que estaba teniendo un maldito déjà vu. El mundo conspiraba para traumarme en mis veinticinco años de vida.
Alcé una mano interrumpiendo cualquier explicación que ambos quisieran darme. —No necesito saber que está ocurriendo aquí, tengo una imaginación bastante creativa, gracias.
—¡N-Na-Nakami-k…!
—Déjale Onodera, no es un niño. —la cara de vergüenza mezclada con molestia proyectada en mi superior no tenía precio, nunca había visto una expresión así en la cara del novato. Ritsu se separó todo lo posible de jefe, empujando a este con sus manos. —Nos vió.
'¡Oh, pero claro que los vi pedazo de imbécil…! ¡Gracias por dañar mi campo de visión y quitarme el hambre…!'
Onodera-kun se bajó del espacio del editor en jefe y se abrochó sus pantalones lo más rápido que pudo, mientras Takano-san se acomodaba su camisa desaliñada. Con una torpe disculpa salió disparado de aquí, seguramente con destino al baño. Masamune tenía su habitual expresión malhumorada y esta mañana se veía peor; todo solo porque lo interrumpí. Me quedé mirando mal a mi jefe, reprochándole con los ojos, no por lo que le hizo a mi compañero, sino por su maldita imprudencia de hacer ese tipo de cosas en el lugar de trabajo.
Y es que, cualquiera se traumaría de por vida si presencia como tu jefe le practica una felación al "novato."
XxxX
Kotatsu* es un marco de mesa bajo hecho de madera y cubierto por un futón o una cobija pesada, sobre el cuál se apoya la superficie de la mesa
Hanami* es la tradición japonesa de observar la belleza de las flores, pero por lo general se asocia esta palabra al período en que florecen los cerezos y en el que los japoneses acuden en masa a parques y jardines a contemplar sus flores
Sé que ha pasado bastante tiempo y no hay excusa que valga este horrible retraso, me disculpo un millón de veces. La universidad y no tener teclado, la falta de tiempo no me deja dedicarme bien a acabar este capítulo, necesite bastante ayuda y motivación -amenazas- de sus parte y agradezco sinceramente por eso. Como había dicho antes a este fic no le queda mucho, solo falta que Yuu se confiese y pasen una que otra cosa, yo digo que dos o tres capítulos, dependiendo. Luego de mucho pensar, y de saber que no podía desprenderme de este anime/manga (gracias Nakamura) decidí nombrar a mi pareja "Caótica" ¿Qué le parece? ¿Le queda el nombre?
Agradezco especialmente al pony de mi alma que hizo posible que este capítulo les llegara hoy, con constantes reprimendas y mucha ayuda, ella siempre hace las escenas conmigo, me corrige y me da ideas. Pony, I love you to the infinity and beyond. Por cierto pony es la chica que maneja la página de Yanase Yuu en Facebook y rolea conmigo (Souji)
TENGO NOTICIAS:
Cuando el fic acabe, publicare una serie de Drabbles de "Caótica" porque sencillamente aun no puedo desprenderme de ellos aun si acaba el fic y es como un adelanto para que vean cómo les va a estos tórtolos y como han avanzado como amantes. No serán muchos y los publicaré cuando tenga la mayoría terminados y solo tenga que revisar y postear.
No sé en cuanto tiempo pero definitivamente amo demasiado Sekakoi como para no hacer otro fic. Pero en esta ocasión le daré amor a Ijuuin Kyo con un personaje excéntrico que seguro les encantara. No tengo una fecha determinada para publicarlo, lo hare cuando acabe otro fic que abandone y tenga varios capítulos ya terminados para no hacerles esperar. Además que me estoy leyendo JR para no cometer un disparate, si saben de otro tomo donde el aparezca, por favor déjenmelo saber. El fic aún no tiene nombre, se centrara tanto en JR como en SH y veremos muchos personajes tanto nuevos como originales y también "Caótica" estará ahí, así que espérenlo con ansias; nunca escribí nada igual como esto, ya que es algo más concentrado en las situaciones difíciles de la vida y el amor, es más moderna en parte, así que espero que les guste tanto como a mí.
MUCHAS GRACIAS NO OLVIDEN DECIRME QUE OPINAN DE ESTO Y DEL CAPITULO EN GENERAL.
