Recordando en la última semana, Kouga de Pegaso y Souma de Lionet tuvieron un infortunado encuentro con Asheeta, el Martian del Jaguar, Souma fue capaz de repelerlo y hacerlo huir, aunque revela al tiempo que tiene serios problemas para controlar su ira, Kouga lo experimentó en propia piel. Tras descansar de este día, Kouga y Souma se levantarán para continuar su aventura hacia Palestra.

NOTA: A los lectores asiduos del fic, aparte de agradecerles su presencia cada semana, les tengo la sorpresa de que habrá dos capítulos, hoy este, y mañana, el otro, deido a que me iré de vacaciones unos días, y no podré escribir, pero quiero dejarles dos capítulos para que puedan leer.

Capítulo siete

Libera la luz

El sol salió pronto en lo alto del cielo, pues era plena primavera, al tiempo que laos granillos de arena se iban iluminando uno a uno por los rayos del Febo. A tales horas de la madrugada, ya se podía oír a dos jóvenes hablando en altos tonos de voz.

- ¡Vamos, Kouga, no es tan complicado! – Decía uno, enérgico.

- Pero… ¡Pero no lo entiendo, realmente no lo entiendo! – Respondía, irritado.

- Uh… Con un demonio…

Los dos estaban aparentemente entrenando sus habilidades, en todo caso, Souma entrenaba al inexperto Kouga, quien igualmente no podía lograr las expectativas de su compañero.

- Es increíble, no puedes hacer ni uno de los movimientos básicos bien para despertar el Cosmos, es como si… No sé, lo tuvieses bloqueado. – Comentaba Souma, algo frustrado.

- Bloqueado… Quizás tengo algún problema, pues solo he podido elevar mi Cosmos en situaciones extremas, nunca funcionaron las formas básicas.

- Hm, bueno, no sé, tendremos que ver como… - El pelirrojo se volteaba, pensativo, aunque de un arrebato se volvió a su compañero lanzando un puñetazo envuelto en llamas, casi por instinto, Kouga detuvo el golpe en seco y respondió con una veloz pada al mentón de Souma, quien ya previsto, lo esquivó, y continuó su ataque.

Casi repitiendo el patrón, Kouga o evadía, o detenía los rápidos puñetazos de Souma, que cambiaban de dirección constantemente, luego, respondía rápido, pero no lo suficiente para alcanzar a su entrenador, se mantuvieron así unos segundos, hasta que Souma detuvo el ataque, los brazos aún los tenía en guardia, pero en vez de usarlos para golpear, solo movía los hombros erráticamente, acompañado con las piernas. El Pegaso, confundido, se quedó tieso ante los movimientos.

- ¡Vamos, Kouga, o no podrás golpearme nunca! – Lo llamaba a entrar en acción rápidamente.

- Hng… Qué desesperante, es demasiado rápido. – Pensaba, frustrado.

La irritación de los engatusantes movimientos del León lo terminaron enfureciendo, preparó su cuerpo para un buen puñetazo, dispuesto a conectar con el rostro de su amigo, este puño parecía tener un poco de energía extra. La reacción de Souma fue altamente veloz, la esquivo con un simple movimiento corto.

- ¡Muy bien, imbécil, así!

Alentado, Kouga probó en golpear el estómago, pero su compañero lo detuvo bloqueándolo con su brazo derecho, acto seguido, el Pegaso probó una alta patada a la cabeza, rápidamente rechazada con un movimiento lateral de brazos.

- ¡No es suficiente, con ganas, burro con alas, con ganas!

El insulto molestó al joven, se quedó quieto unos segundos, un aura celeste empezó a rodearlo, tras esto, un velocísimo golpazo conectó en la mejilla de Souma, quien salió despedido contra el suelo. El aura de Kouga rápidamente se desvaneció.

- Guau, guau, guau… ¡Muy bien, Kouga, así se da un golpe! – Lo halagaba desde el suelo, rápidamente se irguió y se limpió los pantalones.

- Creo que… Me salió bien, ¿no?

- Bastante, creo que ya descubrí cuál es tu problema.

- ¿Y es…?

- Motivación, te hace falta mucha motivación para pelear, cuando luchas conmigo, no sientes que valga la pena, tuve que insultarte, desafiarte, presionarte, solo así prestaste tu concentración a vencerme, mira, piensa. – Se le acercó, lo tomó por el hombro. – Tendrás enemigos en tu camino como Santo, muchos, todos ellos intentarán pasar por sobre ti no solo porque sí, sino porque quieren la vida de Athena, ¿entiendes?

- La vida de Saori… Yo nací para protegerla, y por eso tengo que volverme más fuerte, y luchar, ¿verdad? – Pensaba un segundo, Kouga, asombrado por la idea que le daba Souma.

- No pienses en mí como un rival, ni en otros como tales, sino en aquello que está en el camino entre tú y Athena, entre tú y tu Cosmos, debes ponerte ideales, Kouga, y así mejorarás.

- Creo que entiendo, pero… Oye.

- Dime.

- Tú no aplicas mucho lo que me acabas de explicar, ¿verdad?

- Bueno, en la Palestra así nos enseñan, aunque yo suelo tomar como motivación cualquier cosa para pelear. – Souma dejó una pequeña carcajada frente al hecho que su amigo acababa de sacar a relucir.

- Heh, sí, lo noté. – Acompañó su amigo, animado. – En fin, deberíamos comenzar a caminar, ¿no es así?

- Sí, apúrate a buscar tu bolso, y no caminaremos, vamos a correr, y a correr mucho, te aviso.

- ¿Eh? ¡Pero hemos entrenado ya en la mañana!

- Será otra habilidad que deberás aprender, los Santos corremos largas distancias en cortos períodos de tiempo, nosotros, los Santos de Bronce, alcanzamos una velocidad similar a la del sonido.

- ¿Santos de Bronce?

- Oh, Dios… - Souma se tomó la cara con su palma entera, frustrado por la ignorancia del joven. – Sí, Kouga, existen rangos entre los Santos, los primeros, somos nosotros, los Santos de Bronce, somos los más débiles, y nuestra velocidad alcanza la del sonido, los de Plata nos superan ligeramente, y nos doblan en velocidad, mientras que…

- ¿Mientras que?

- Están los Santos de Oro, los más poderosos en toda la orden de Athena, su Cloth fue bañada por la infinita luz de sol, técnicamente no puede ser destruida, su poder… Es incomparable con el nuestro, incluso, su velocidad, puede llegar a los límites impensados de la velocidad de la luz.

- Guau, eso sí es impresionante.

- Pues sí, no he conocido a ningún Santo de Oro aún en persona, pero desearía conocer a alguno, sería fantástico. – Soñaba alto, el pequeño León mientras miraba al cielo, luego bajó la vista, y agregó: - Ok, empacaré lo de la tienda y ya saldremos, te enseñaré como utilizar tu velocidad.

- D-De acuerdo.

[…]

- Muy bien, ahora, préstame atención, arqueas tu cuerpo así, flexionas las rodillas bien. – Souma daba instrucciones a su amigo mientras le mostraba los pasos a seguir, atento, Kouga lo seguía. – Ahora, concentra todo tu Cosmos, todo en tus piernas. – Sus pies comenzaron a brillar envueltos en un aura anaranjada. – Y ahora, ¡salta! – Rápidamente despegó las piernas del suelo, lanzándose a la carrera a una velocidad casi inhumana.

- ¡I-Increíble! – Decía un atónito Kouga, que instantáneamente imitó a su amigo y en poco tiempo lo alcanzó.

- ¡Muy bien Kouga, así se hace, sígueme y llegaremos al pueblo!

- ¡Te sigo, Souma, rápido!

[…]

- Desaceleremos por aquí, solo caminemos normalmente.

- ¿Uh, y eso por qué?

- Estamos en un pueblo, la gente probablemente se asuste al vernos correr tan rápido, la identidad de los Santos es mejor mantenerla en secreto lo más posible.

- Ya veo…

Los dos jóvenes Santos se detuvieron casi en seco, viendo la entrada a un pueblo cercano, se veía muy humilde, a la costa de un río había la primer casa, hecha a manera muy rústica, como el resto, de madera, tejado simple, y apenas una sección hecha de concreto. Notaron la gente que andaba vestida de manera muy particular, utilizando telas finas, de colores claros, normalmente de tez morena, todos parecían sumidos en un trabajo hogareño y mañanero muy humilde, el olor que se percibía al acercarse al pueblo era exótico, de comida desconocida completamente para Kouga.

- ¿Qué es este lugar, Kouga?

- Es un pequeño pueblo tailandés donde una Santo suele venir.

- ¿Una Santo? ¿Será como Shaina? Eso me daría miedo… - Pensaba el muchacho, algo asustado.

- Sígueme, por allí está el gimnasio donde entrena.

Alejándose ligeramente del pueblo, se encontraron con la edificación más grande del pueblo, parecía dos casas juntas, afuera de ella, había numerosos jóvenes practicando algún tipo de arte marcial, lanzando patadas y puñetazos a muñecos de entrenamiento.

- ¿Aquí entrena ella?

- Síp, viene aquí seguido para su entrenamiento especial de Muay Thai.

- Muay Thai, eh…

- Le dicen el boxeo tailandés, aunque es completamente diferente, esta chica prácticamente nació sabiendo pelearlo, ah, mira, es su entrenador. – Señaló entre todas las personas, a un hombre de porte grande, muy marcado del entrenamiento y combates, se le veía un físico importante debido a que solo vestía unas vendas en talones, muñecas y codos, y unos shorts colores verde claro y blanco. Tenía un largo cabello oscuro atado con una cola multicolor, apenas este notó la presencia de Souma, se le acercó a saludarle hablando japonés.

- ¡Oh, eres tú! – Dijo, animadamente, con una sonrisa en el rostro.

- ¡Qué tal, Tagas! ¿Cómo te ha ido? – Respondió.

- Pues, bastante bien, el gimnasio se ha estado manteniendo como a mí me gusta.

- Me alegro, oye, ¿has visto a mi amiga, Yuna?

- Yo no te llamaría amigo, sabes. – Comenzó a reírse a gusto. – De hecho, dudo que realmente tenga amigos, como sea, no está aquí, se fue a primera hora de la mañana a esa isla donde tú también entrenas… ¿Quién es este chico? – Dijo de repente, señalando a Kouga.

- ¡Ah, ya veo..:! Y él es Kouga, un nuevo candidato a entrenar conmigo y Yuna.

- Entiendo, pues, suerte con eso, me iré a dirigir el entrenamiento.

Al saludar, el hombre llamado Tagas se volteó y se dirigió a sus alumnos en un imponente tono. Mientras, Souma guiaba a Kouga a la casa cercana al río que pasaron hace unos segundos.

- Oye, ¿y ahora?

- Se suponía que tenía que ir a buscar a Yuna, pero se ve que no es necesario, simplemente tomaremos una balsa directo a Palestra.

- ¿Oh, ya estamos tan cerca? – Comentó Kouga, sorprendido.

- Pues sí, será mejor que nos vayamos lo más rápido posible para informar lo ocurrido, vamos.

- O-Ok…

[…]

¡Ya estoy cerca, Señorita Saori!