Mi Rey.

Capítulo tres: Caricia.

Pasaron dos semanas completas que estuvo en total paz sin Hitsugaya alrededor, pudo conocerse más con los sirvientes y explorar más sin vergüenza, estaba más relajada y todo el mundo lo notaba, incluso… hubo un sirviente en particular que le cayó extremadamente bien.

Su nombre era Ikami Kouzu, y era el chico más dulce que había conocido nunca, en cierto modo le recordaba a su hermana, solo que era mucho más divertido de molestar y menos adorable, aunque todavía muy adorable.

Trabajaba en la cocina y desde que aprendió sus postres favoritos siempre se las arreglaba para prepararle uno o al menos pasarle un bocadillo o caramelo ocasional, e incluso los últimos días había tomado la difícil tarea de enseñarle a cocinar, cosa que incluso Yuzu se había rendido de intentar hacer.

Él, Rangiku y Mei casi la hacían sentir que valía la pena estar allí lejos de su familia y casada con un monstruo, y solo era casi porque extrañaba demasiado esos días en los que todo era pura felicidad al lado de Yuzu, su padre loco, Ichigo, sus sobrinos, incluso extrañaba a Jinta, su cuñado idiota, oh, y también a su genial cuñada. Y estaba segura que de ser por Hitsugaya jamás volvería a verlos.

El viaje de su marido se postergó hasta un mes entero, pero no podría importarle menos, por ella que no regresara nunca… aunque por desgracia regresó, maldita sea que lo hizo.

Ella estaba en la cocina riendo junto con Kouzu mientras este le enseñaba a preparar un soufflé de chocolate cuando él entró al lugar, congelando por completo a todo el personal, que de inmediato se inclinó respetuosamente ante la vista de su rey, solo cuando Kouzu también se inclinó la pelinegra notó la presencia del albino.

Oh, rayos, ese bastardo regresó.

Se contuvo de gemir exasperada aunque no trató de ocultar su rostro de absoluto pesar.

-Lo siento, Kouzu, me voy. Te veré luego.- refunfuñó molesta pero se las arregló para sonreírle con simpatía y agitar una mano antes de caminar hacia su esposo, que se había quedado parado en la entrada en una clara señal de que la esperaba porque algo quería con ella, aunque no podía saber qué.

-Claro, Karin-san, hasta luego.- le sonrió aunque sin erguirse permaneciendo inclinado ante el monarca.

-¿Qué osadía es esa?- su amigo chef palideció cuando la mirada aterradora del monstruo descorazonado se posó en él. -¿Cómo te atreves a llamar a tu reina de ese modo? Dirígete a ella adecuadamente.- prácticamente gruñó con los dientes apretados.

-M-mis d-d-disculpas, Hitsugaya-sama, Hitsugaya-dono.- el pobre Kouzu estaba prácticamente temblando.

La ex Kurosaki se volteó para lanzarle una mirada matadora al Hitsugaya mientras salían de la cocina.

-¿Qué demonios fue eso? Yo le di permiso para llamarme de esa forma, ¿creí que habías dicho que no te meterías en mis asuntos?- preguntó sin amedrentarse a su frialdad en su furia porque le espantara a uno de sus pocos amigos.

-Me meteré cuando yo quiera y no tienes derecho a quejarte al respecto.- Karin apretó los puños, odiándolo por no poder discutir con él. –Veo que no has perdido el tiempo en mi ausencia, pero déjame sobre-advertirte que si llegó a descubrirte a ti y ese cocinero cometiendo adulterio no dudaré en matarlo.-

-¡¿Adulterio?!- no pudo evitar chillar, horrorizada. -¡Yo no te estoy siendo infiel con Kouzu, solo es mi amigo!- pisoteó indignada.

-No tienes necesidad de mentir, solo se más cuidadosa ahora que estoy aquí, porque si los descubro en el acto lo mataré.- dijo tranquilamente, viéndose como si realmente no le importara a pesar de estar hablando de la vida de alguien.

-¡Yo no soy infiel! ¡No soy una puta!- se colocó delante de él para frenar su andar y que la escuchara. -¡Y ni se te ocurra hacerle daño a Kouzu!- lo señaló amenazante. -¡Te estás comportando como si fueras una especie de santo cuando a saber con cuántas te habrás estado revolcando en este mes!- lo miró con asco. Él solo suspiró.

-Mis padres me inculcaron la creencia de que el matrimonio es algo sagrado, no te he sido infiel, pero comprendo que no todos se crían con los mismos ideales, así que no me molesta que tú me seas infiel mientras no te vea, eso solo prueba la mala crianza que recibiste de…- calló repentinamente cuando una bofetada le atravesó el rostro.

La de ojos oscuro bajó la mano y la ocultó tras su espalda, temblando pero de ira.

-No te atrevas a insultar de ningún modo ni a mi padre ni a mi madre. Ellos me criaron excelentemente y ya te dije, yo no te he engañado, no soy una sucia puta como a ti te gustaría que fuera. Puedes hacerme lo que quieras, ¡menos ofender a mis padres!- lo miró con fiereza, indispuesta a dejarse intimidar cuando sabía que tenía razón.

Hitsugaya le lanzó una mirada en blanco por un momento, antes de tomarla bruscamente de las caderas y estrellarla contra el muro más cercano.

-¿Nunca dejas de ser un fastidio?- habló contra su oreja, enviando pequeños escalofríos a través de su columna vertebral con su aliento caliente. –Realmente me molestas, ¿por qué no puedes solo mantener la boca cerrada?- deslizó sus manos fuertes con lentitud a lo largo de sus costados, frotando en círculos con su pulgar. –En serio detesto… tu actitud.- pegó sus cuerpos completamente al ras, raspando su barbilla con sus labios, de nuevo haciéndola estremecer. –Odio… todo de ti.- de pronto estuvieron frente a frente, nariz contra nariz, él con su boca peligrosamente cerca de la suya. –Solo… cállate.- sin tener una puta idea de lo que estaba haciendo, Karin entrecerró los ojos, con su mirada fija en sus labios tan cercanos a los suyos.

-T-Toshiro…- susurró como en un trance… cerrando por completo los ojos… pero de repente él solo se echó para atrás, recuperando una distancia considerable entre ellos, dejándola allí apoyada contra la pared completamente aturdida y luego molesta ante su mirada de suficiencia.

-De cualquier forma, no me importa si me eres infiel o no, ya te advertí cuales son las consecuencias de eso.- comenzó a caminar y ella decidió seguirlo pesé al profundo rubor que se había instalado en su rostro debido a la humillación. –Así que, ¿qué harás esta noche? ¿Seguirás firme en tus insulsas convicciones de no dejar que te toque?- la miró de reojo.

-Sí, en realidad, prefiero dormir en el establo que contigo, solo que esta vez con una manta por favor.- murmuró cínicamente.

Él bufó, rodando los ojos.

-Simplemente puedes usar otra habitación… ¿Estás de acuerdo?-

-Wow, ¿estás pidiendo mi opinión? Me siento honrada, mi rey.- se cruzó de brazos. –Claro, otra habitación no estaría mal.- cedió aunque algo desconfiada de que estuviera siendo tan amable.

-Bien, entonces.- de nuevo sonó complacido con su contestación, se hubiera preguntado por qué de no ser porque al segundo siguiente la tomó de la muñeca y la arrastró hasta un cuarto al azar, metiéndola dentro y luego encerrándola con llave como en los establos. –Estoy seguro de que encerrada ahí seguramente no tendrás ningún contacto conmigo… ni con ningún otro.-

-¡Toshiro, maldito bastardo!- golpeó y pateó la puerta. -¡¿Ni siquiera puedes ser original en las maldades que me haces?!- gruñó. -¡¿Y qué se supone que voy a comer?! ¡¿Quieres matarme de hambre o qué?!-

-No exageres, solo será hasta mañana, o hasta que Matsumoto se entere, cosa que es poco probable porque a estas horas se está embriagando. Hasta entonces, mi reina.- oyó sus pasos alejarse.

Maldito infeliz.

Así que… nuevamente encerrada por ese monstruo que se hacía llamar rey ¿eh?

Su gesto se contrajo en odio, pero finalmente solo lanzó un suspiro de resignación y fue a recostarse en la cama. Al menos esta vez no tenía miedo de morir congelada hasta la muerte.

Trató de dormir pero su mente siguió torturándola incansables veces con memorias de sus días felices con su familia y fantasías horribles de cómo sería su vida de ahora en adelante si es que finalmente no tenía el valor o la suerte para concretar su plan de huir para cuando ganaran la guerra.

Él ahora decía que no la forzaría y que no la engañaba, ¿pero era cierto, y sí era cierto cuánto iba a durar? Si no le era infiel entonces obviamente en algún momento iba a forzarla, además de que ya le había dicho que quería herederos más adelante. La verdad prefería que le fuera infiel para que así no tuviera necesidad de recurrir a ella para saciarse, no es como si su infidelidad la lastimaría de algún modo, ni siquiera en el orgullo, él no era nada para ella.

Pero pasará lo que pasará, hiciera lo que hiciera él, tendría que soportarlo, estaba salvando a su pueblo, debía tolerarlo, por más que la estuviera matando por dentro, solo tenía que aguantar, por su familia, por su gente.

Se durmió en lo que debía ser la madrugada y despertó sintiendo el cálido tacto de una mano en su mejilla, pero no abrió los ojos, disfrutando de la tierna caricia como las que Yuzu o incluso su madre le daban.

Sonrió y tomó la muñeca de la persona, frotando su piel cálida con el pulgar.

-¿Rangiku-san?- susurró apenas, demasiado cansada para incorporarse o siquiera abrir los ojos.

La mano detuvo su tierna caricia y se escapó de su agarre, oyó pasos alejarse y de inmediato abrió los ojos, pero la luz colándose por la ventana la cegó, y para el momento en el que sus ojos se acostumbraron ya no había nadie en la habitación.

¿Qué rayos? No pudo haber sido su dama principal entonces, ella no se habría ido, entonces ¿quién…?...

Sus dudas se vieron interrumpidas por la llegada de Rangiku, ahora sí, entrando en la habitación con una mirada confundida, una llave en su mano.

-¡Karin-chan!- le sonrió algo tensamente. -¿Cómo estás, pequeña? Me dijeron que él te había encerrado, pero…-

-Lo hizo.- comentó con la mirada fija en la pared. –Rangiku-san, ¿quién más aparte de ti tiene llave de esta habitación?-

-Solo yo y Hitsugaya-sama… bueno, también Unohana-san pero solo para emergencias, ¿por qué?- la miró curiosa.

-Yo sentí…- se llevó una mano en la mejilla y cerró los ojos, recordando lo bien que se sentía la sensación. –Sentí que alguien estaba en la habitación, cuando me desperté, pero no llegue a ver quién era.- frunció el ceño.

¿Habría sido Hitsugaya? No, no podía ser… esa caricia fue demasiado dulce y amable, él simplemente no encajaba con esas palabras, en ningún sentido.

-¿Oh?- Rangiku la miró con ojos amplios, antes de entrecerrarlos y luego volver a abrirlos. -¡Oh, oh! ¡Vi a Ikami-kun doblar la esquina en el pasillo antes de entrar! ¡Seguro habrá sido él!-

-¿Qué? ¿Kouzu?- eso no tenía sentido, pero tenía más sentido que el que fuera Hitsugaya. -¿Pero cómo podría abrir la puerta?-

-Bueno, Unohana-san le tiene mucho aprecio, dudo que le haya negado la llave si era para librarte.- meditó la mujer mayor.

-Pero… ¿por qué no dejo que lo viera?- no tenía sentido.

-¿Tal vez tenía penita?- sugirió con un dedo en la barbilla.

-Umm… puede ser, le preguntare luego.- suspiró decidiendo que su amigo no le mentiría, y sí lo hacía no le sería muy difícil notarlo, él era transparente como el agua que bebían. Y ahora que lo pensaba, podía ser, porque las palabras dulce y amable si encajaban con Ikami Kouzu.

-¿Q-qué?...- chilló Kouzu totalmente sonrojado cuando le preguntó sobre el tema más tarde. –C-claro que no fui yo, Karin-san, sería muy inapropiado entrar a la habitación de la reina y verla en p-pijama y eso… ¡jamás me atrevería!- negó casi frenéticamente.

-Umm… ¿entonces puedo saber por qué estás tan nervioso?- se inclinó hacia él con el objetivo de presionarlo, solo consiguiendo ponerlo más rojo y tartamudo.

-S-solo siento que estoy siendo acusado, eso es todo, se lo juro Karin-san.- miró hacia abajo y Karin supo que algo ocultaba, este chico era demasiado parecido a Yuzu para su propio bien, era incapaz de llevar a cabo un acto tan vil como mentir descaradamente.

-Está bien, Kouzu, lo que digas.- negó con la cabeza. –Si no quieres admitirlo está bien.- era obvio que había sido él. Sonrió ante la idea, este chico era demasiado dulce.

-¡K-Karin-san, le digo que yo no fui! Nunca me atrevería a acariciar su mejilla, yo…- de repente se congeló, notando su error.

-Yo no dije nada acerca de una caricia en la mejilla, mal mentiroso.- se carcajeó, sonriendo con ternura al ver su sonrojo profundizarse más. –Ya, no estoy molesta. Fue un gesto muy dulce…- le acarició la mejilla también, haciéndolo ruborizar más si es que era posible.

-Yo n-no fui…- hizo un último patético intento de negarlo antes de abandonar la cocina enfurruñado con las mejillas infladas.

Ella siguió sonriendo con ternura mientras salía, casi cayendo al suelo cuando se tropezó contra el fuerte torso de Hitsugaya al estar distraída mientras caminaba.

-Ten más cuidado.- solo dijo él mientras continuaba su camino sin dedicarle otra mirada.

Karin se encogió de hombros y se dirigió hacia su ventana de siempre para ver la puesta de sol.

Al caer la noche decidió que no quería que Hitsugaya la volviera hacer prisionera, así que trató de escabullirse al cuarto en el que la había encerrado la noche anterior antes de toparse con él, con la esperanza de que captaría el mensaje de que no quería "complacerlo" sin necesidad de preguntárselo y tener otra rabieta por eso.

Por desgracia, su plan no funciono, él la estaba esperando en la pared junto a la puerta.

Gimió disgustada pero finalmente bufó con resignación.

-¿Puedo saber qué desea, mi rey?- murmuró sin molestarse en tratar de ocultar su desprecio.

-¿Sigues firme en tu decisión de no dejar que te folle otra vez?- alzó una ceja con frialdad.

Karin se sonrojó ante su elección de palabras.

-Sí, en realidad. No quiero que vuelvas a tocarme, creí que ya te lo había dicho.- masculló con acidez.

-Oh, ¿pero no tienes problemas con que un hombre que no es tu marido te toque, o con tocarlo tú?- dio un paso hacia ella con porte amenazador, pero no se acobardo.

-No si ese hombre es como un hermano para mí.- se cruzó de brazos. -¿Ya puedo ir a mi habitación?- zapateó con impaciencia.

-No, no hasta que yo lo diga, porque debes hacer todo lo que yo diga, y si tienes la mínima posibilidad de libertad de expresión es porque yo lo permito.- dio otro paso cerca de ella, estando ahora inquietantemente cerca.

-A-aléjate…- dio un paso hacia atrás.

-¿O qué?- dio dos pasos más hacia ella, sus pechos rozándose.

-S-solo hágalo, Toshiro-sama.- decidió probar suerte siendo dócil. –U-usted dijo que no iba a f-forzarme otra vez…- tartamudeó caminando hacia atrás, pero él la siguió en cada paso hasta que quedó presionada contra la pared, con sus pechos ahora presionándose.

-¿Y qué pasa si cambie de opinión?- rozó su nariz con la suya.

-P-p-pero…- presiono sus manos en la pared, pensando desesperadamente. -¿Ac-caso v-vas a… a… v-violarme… de nuevo?- lo miró aterrorizada, creyéndolo perfectamente capaz.

Él raspó sus labios sobre su mejilla, haciéndola temblar de ¿miedo? Sus manos sujetaron las suyas y las presionaron contra su pecho, colándolas por debajo del Kimono, haciéndola sentir su piel caliente y el latido constante de su corazón, y también haciéndola temblar más, mucho más. Se presionó más contra ella, haciendo que prácticamente cada parte de su cuerpo estuviera presionada contra el de él, de modo que incluso sentía su erección contra su intimidad, estaban absolutamente y fuertemente pegados el uno contra el otro, solo sus labios apenas estaban rozando los suyos, sus frentes estaban unidas y sus narices juntas.

Karin cerró los ojos, negándose a mirarlo, sintiendo sus piernas temblar de algo que tenía que admitir distaba mucho del miedo, ¿por qué demonios no podía dejar de mirar su boca, esperando expectante porque la juntara con la suya? ¿Acaso se estaba convirtiendo en una puta deseosa de sexo sin amor? No, no podía permitírselo, pero…

-Esta es la última vez que te lo preguntare… ¿Me dejas follarte, sí o no?- pegó su boca a su oído, presionando más su excitación contra ella, que estrujó las piernas juntas con fuerza.

Tardó en contestar, ¿pero por qué? Si le daba la opción, entonces la respuesta era obvia.

-Y-yo…- vaciló. ¿Por qué vaciló? –N… n-no…- dijo en voz muy baja, pero luego se abofeteó mentalmente por eso. –No.- aseguró ahora con firmeza.

Él se quedó absolutamente quieto por un momento.

-Como quieras.- finalmente dijo, apartándose de ella y haciendo un ademan con la mano para que entrará en la habitación. Ella entró a paso lento y él de inmediato cerró con llave. –Buenas noches, Karin.- se congeló ante la mención de su nombre, pero decidió ignorarlo y simplemente se arrojó sobre la cama, y sin saber porque, una diminuta lágrima se deslizó fuera de su ojo.

¿Qué demonios pasaba con ella?

Continuara...

Holis!

Tecnicamente ya es miercoles en mi pais, yeii! :D

Otro capi raro de este fic super raro... qué les va pareciendo? owo

Recuerdan q dije q este fic no será tan largo? Bueno, pues... cambie de opinion xP Se me ocurrieron otras cosas y decidí alargarlo n3n

Me gustaria darles más detalles del fic, sé que no es lo que están acostumbradas a leer de mí, pero no quiero spoilearles nada porq me gusta sorprenderlas así que solo les queda esperar hasta la otra semana y ver como sigue la cosa xD

Qué opinan de mi OC Ikami Kouzu? owo Ha aparecido en otro One-shot, a la que recuerde cuál es le dedico el proximo cap o OS XP Y le doy una galleta ewe

Bueno, los personajes de Tite Kubo!

COMENTEN! *o*

CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!