Disclaimer: Sekai-ichi Hatsukoi y sus personajes les pertenece a sus respectivos autores, este fic es sin fines de lucro, lo hago solo por diversión. Nakami Souji y otros personajes que NO salen en el anime ni en el manga si son de mi propiedad.
El gato blanco de la mala suerte.-
Cap. 14: "QUIEN SIEMBRA VIENTOS, RECOGE TEMPESTADES"
Era bastante incomodo ser yo en este momento. Trataba de actuar normal, de concentrarme en el trabajo, pero con Onodera Ritsu lanzándome furtivas, disimuladas e irritantes miradas era imposible. El más reciente editor se la pasaba evitando el contacto visual con todos, en especial con Takano-san y conmigo, como si de pronto, fuésemos unos asesinos en serie a punto de degollarle si decía una palabra.
Temía que cualquiera de los tres estallara en cualquier momento.
Los demás no se habían dado cuenta de la tensa atmosfera, no del todo. Yo trataba a Takano-san durante la jornada con cierto rencor, pues aún estaba enfadado por lo sucedido, era una mezcla de trauma e irresponsabilidad de su parte. Tenía suerte que había sido yo el que los pilló, ¿y si se tratase de Isaka-san o alguien más? Ambos estuviesen despedidos de inmediato y fueran objeto de horribles chismorreos.
Cuando solté un pesado suspiro y me levanté de mi lugar bruscamente, el oji-verde dio un respingo y se escondió tras un tomo de manga que tenía al alcance. Esto ya me empezaba a cansar. Ya llevaba toda la mañana y parte de la tarde con el ceño fruncido, se me iba a agrietar el rostro.
—Ya las revisé todas. Están ordenadas por orden de cantidad de público, tienen los datos completos. —mi voz sonó quizá demasiado fría cuando le arrojé esos documentos al escritorio como si se tratase de un diario con una noticia escandalosa, pero me molestaba de sobremanera que mi jefe no se dignara a mirarme a los ojos. Entrecerré los míos agregando antes de irme a por una bebida fría que tenían en la máquina expendedora. —Puedes hojearlos si quieres…
—Souji. Ven conmigo un momento.
Eso fue lo que dijo cuando yo estaba a unos pasos antes de salir del departamento Esmeralda. Ni siquiera me volteé, todas las miradas de nuestros compañeros estaban puestas en nosotros por el tono que había utilizado, en tanto Masamune pasaba en silencio a mi lado yo le seguí sin decir ni media palabra en todo el camino hasta el área de fumadores, que curiosamente estaba vacía. Nos recargamos de la pared, ambos, uno junto al otro, como dos completos extraños.
La vez que descubrí a Kisa-san y a Yukina-kun no fue tan alarmante para mí, porque aquella vez solo se trataba de un beso fogoso y a pesar de ser en el lugar de trabajo del estudiante, estaban haciendo eso en un pequeño almacén donde hubiese sido difícil descubrirlos. Llamemos eso pequeño infortunio. Pero esto era demasiado…
Me di cuenta que encendió un cigarro cuando el olor me azotó en la cara, provocando una mueca de desagrado en mi cara inconscientemente.
—Lo estas torturando mentalmente…
Esto se le llamaba total irresponsabilidad.
—No creo que lo esté pasando peor que yo… Soy la victima aquí, ¿lo recuerdas? —le quité la caja de cigarrillos medio vacía que iba a guardarse en su abrigo, la doblé con fuerza y la arrojé en la basura.
—¡¿Pero qué te pasa baka?!—chasqueó la lengua, mirándome de reojo.
—Fumar te matará, y tu humo me matará a mí. Estoy harto de decírtelo, no quiero ver a nadie con un tubo para respirar y lo digo por experiencia propia, es horrible. —mis ojos no se quisieron despegar del suelo, tenía una mueca de desagrado con solo pensar que alguien cercano a mi estuviera en un hospital.
Sentí su mirada clavada en mí mientras relajaba los hombros y tomaba un hondo respiro. —Perdón por lo de Onodera: no esperaba a nadie tan temprano y realmente no me pude contener.
—Guárdate los detalles. —rugí. Mis ojos centellaron con velocidad queriéndolo matar con la mirada por hacerme revivir ese momento. —Esto me lo dijiste hace no mucho y cito: "Aprende a separar tu vida laboral de la personal."
—Cierra la boca… —rió suavemente, más relajado: hacía mucho no lo escuchaba reír así.
El ambiente tenso pareció disiparse sobre mis hombros o al menos así lo sentí yo. El hombre aspiró otra vez su cigarrillo antes de aplastarlo contra el cenicero sobre el basurero a mi lado para arrojarlo dentro, el tabaco ni siquiera se había consumido entero.
La genuina curiosidad me inundó.
Takano y Onodera. ¿Qué tan cercanos eran? Recuerdo que hace un tiempo descubrí que vivían en el mismo edificio, eran vecinos. El novato ingresó no hace tanto tiempo para hacer ese tipo de cosas con mi jefe, ¿quería decir que se conocían desde antes? Reconozco que días después de que entrara a trabajar con nosotros, Takano-san le molestaba en exceso y se concentraba demasiado en él, más de lo que debía… pero nunca llegué a sospechar de que había algo entre ellos, creía que ese era solo un absurdo juego que Kisa y Mino se habían inventado para tener con que fastidiar al reciente editor. Tuve una especie de corazonada.
—¿Desde hace cuánto?
—Es una historia bastante complicada. — Masamune se encogió de hombros mirando algún punto fuera de la ventana.
—Te escucho. —insistí con la mirada; una mirada adulta, fría, ajena a su situación, seria sin dejar de ser indagadora.
—Diez años. —soltó sin más, cruzándose de brazos. Observó mi reacción pero yo tenía ya los ojos desorbitados en el interés. No sé porque jadeé una sonrisa que se desvaneció casi instantáneamente. ¿Se conocen desde hace tanto?
—No sabía que se trataba de él cuando llegó. Íbamos a la misma escuela y tuvimos un pequeño amorío… Pasaron muchas cosas y no volvimos a saber del otro hasta que lo reconocí luego de un tiempo, aquí en la empresa.
—Diez años… —repetí fascinado. ¿Qué serían diez magníficos años de estar con la persona que amas? Y aunque no fue el caso de esta pareja, no pude evitar pensar en Yanase Yuu y lo que sería nuestra propia historia en el futuro.
—Si…
—¿Onodera-kun no se molestará si sabe que me estas contando todo esto?
El azabache se removió algo incómodo, despegando la espalda de la pared. —Me matará si se entera así que…
—Guardaré su secreto, sabes que lo haré. —le ofrecí una pequeña sonrisa para tranquilizarlo. —Así que dile que no tiene de que preocuparse. —me despedí con la mano, aún quería mi té frio pero me detuve acordándome de algo. Gruñendo en quejas le dije: —Y por Dios… que me deje de mirar como si fuera de otro planeta o sino le mataré con lo primero que tenga en mi escritorio.
—Gracias…
—Ten más cuidado, hay moteles cerca por si no lo sabias. —le dije medio en broma. Le vi sonreír antes de salir por la puerta y escuché su voz otra vez:
—Souji, ¿me subes un café?
—Nop.
…
Hacia bastante buen tiempo. Parecía como si Tokio le estaba dando la bienvenida luego de su regreso de Hakone. Yuu llenó sus pulmones de aire, y aunque no era tan fresco como el de aquel distrito, se sentía bastante bien. Recién había salido del pent-house de su mejor amigo, terminando otra jornada laboral sin estrés. Regresar para encontrarse con el inicio del ciclo era estupendo, el ritmo era tan suave que iba a disfrutarlo mientras durara. Es como si la mayoría de sus problemas se despejaran.
El artista buscaba un lugar donde cenar, no le apetecía cocinar aquel día y a pesar de que Chiaki le ofreció quedarse hasta que Hatori llegara y preparara algo, se negó de inmediato. Ya no quería interferir entre esos dos, tampoco quería verle la cara ni probar bocado de su cena: tenía un paladar muy sensible y Hatori era demasiado gourmet para su gusto, demasiados condimentos.
Y hablando de Hatori…
Trataba en todas sus medidas posibles, evitarlo a toda costa.
Se había mostrado vulnerable delante del editor luego de haber confrontado a Jun en el pasillo, fuera del apartamento de Yoshino. De alguna manera, Hatori se había enterado de que Souji y él tenían un "algo" y de seguro ese frio y formal tipo, le preguntaría sobre ello tarde o temprano. Lo sentía en sus huesos. Después de eso, las cosas se habían puesto hostiles entre ambos en la fiesta de las máscaras, y en la editorial. Apenas habían intercambiado dos o tres palabras antes de que Souji le besara frente a Chiaki, por suerte Yoshiyuki no había presenciado eso, su vida hubiese sido un total infierno.
¿Por qué demonios le preocupaba tanto lo que Hatori Yoshiyuki llegara a pensar de su relación con su compañero de trabajo? ¿Sería porque estaba mostrándose inofensivo? ¿De que le daba vergüenza admitir que no estaba tras Chiaki, sino que estaba enamorado de alguien tan irritante como lo era ese chico… después de tantos años de esfuerzo? Seguro Hatori se reiría en su cara y pensaría que Yuu no es más que una pequeña rata.
Su cabeza daba vueltas.
Apenas si sabía qué hacer. Y también estaba el pobre mangaka, aquella tarde era la primera vez que le veía y hablaba desde varios días… Lo último había sido, un trauma por un beso. Era increíble cómo hasta el mismísimo señor despistado se daba cuenta de que su corazón conservaba ahora a otra persona si antes, aunque le gritara que estaba enamorado de él en su cara no se daba cuenta. Chiaki debía ser algún tipo de semi-dios de la distracción, pero él había encajado a la perfección el rompecabezas…
¡¿Souji y él eran tan obvios?!
Paro en seco, sonrojándose violentamente de pies a cabeza.
Souji había sido capaz de reunir todas las piezas de su corazón, construirlo de nuevo y llenarlo completamente de él en toda su esencia. Su cabeza era un remolino de pensamientos que giraban en torno a ese muchacho. Jamás había pensado tanto en alguien. Mataría si otra persona más se enterara del secreto en su corazón. Si esos dos lograron darse cuenta, significaba que en cualquier momento dejaría de ser secreto.
Su estómago gruñó y se recordó que debía comer. No era tan tarde, apenas si iba a ocultarse el sol, pero había dormido demás esa mañana que no le apeteció tomar algo adecuado para desayunar. Camino unas pocas cuadras más, las calles se volvieron más transitadas por las personas y los restaurantes ya se podían vislumbrar desde donde Yanase estaba.
Hablando de la mañana…
La suya no había sido tan placentera. Esperaba amanecer con él, abrazados, compartiendo el calor de sus cuerpos como en Hakone. Amaba esa manía que tenía Souji de tener que dormir con algo entre sus brazos y quería poder servirle en más de una ocasión para esa tarea. Aunque su enfurruñamiento se aplacó de golpe cuando al revisar su móvil, encontró un mensaje precisamente de ese idiota.
"Buenos días Yuu- san, ¿cómo dormiste? ¡Espero que bien! Tengo que ir a trabajar temprano hoy, te lo dije al oído antes de irme mientras te daba muchos besos, pero seguro no lo recordaras, tenías mucho sueño y no quería despertarte. Perdona no ser un buen esposo para ti el día de hoy. Te amo. "
Casi había derramado café sobre su ropa esa mañana luego de que su cara se calentara más que la propia bebida. Souji era un imbécil, un imbécil muy dulce, tierno y atento… y era su imbécil.
Esperó que uno de los autos que transitaba la calle siguiera su camino, la luz estaba por cambiar a verde para darles paso a los peatones para cruzar la calle.
Levantó la vista desesperado fijándose que el auto negro y lujoso no se movía más deprisa, fastidiando la paciencia del artista. En cambio, había puesto las luces intermitentes al tiempo que los faros traseros del vehículo se pusieron rojas; había frenado violentamente cuando intentó ver al idiota conductor mientras cruzaba incómodamente la calle para maldecir mentalmente en paz.
A pesar de que no lo pudo identificar porque los vidrios estaban bastante ahumados, este retrocedió hasta quedar paralelo al dibujante. El conductor bajó la ventanilla, tal fue su espanto para el asistente de mangaka que juró ya no tener alma.
—Yanase Yuu. Cuanto tiempo. —no era un saludo ni mucho menos. —Acabo de recordar que quería hablar contigo, sube. Hay algunas cosas que te quiero decir.
—¿Me vas a secuestrar?
—Tonterías. —rió aireado.
Al castaño le bulló la cabeza en ira al ver a Jun con una sonrisa de autosuficiencia.
—¿No sabes lo que significa un 'no estoy interesado'?
—Calma, solo quiero hablar un poco, tengo el tiempo justo ya que más tarde voy a una junta. Así que ven, prometo no hacer nada que te irrite.
—Lo estás haciendo ahora.
—El semáforo esta punto de cambiar para los autos de allá y estoy fastidiando a las personas. Colabora esta vez. ¿Sí? —el muchacho destrabó las puertas perforándole con sus ojos ambarinos.
—Voy camino a cen…
—Yo invito. —le interrumpió, alzando las cejas asintiendo varias veces, terminándolo de convencer con un rostro digno de publicidad de un producto de primera calidad.
Con un último suspiro de derrota y empujado por los cuchicheos de las personas hastiadas de un auto interfiriendo el paso, se subió abrazando su bolso, colocándose el cinturón de seguridad de inmediato al recordar a Souji. El interior olía a fina colonia y a lo que huelen los autos nuevos con asientos de cuero.
—¿Qué se te apetece?
—Algo caro. —se mofó
…
—Oye… Cuando te dije que quería algo caro… Esperaba, no lo sé… algún Panda Way enorme o un pedido de precio justo en el cual pudiera cometer gula… ¡¿Por qué estamos en un restaurante cinco estrellas?!
—Pero… si tú no especificaste… —dijo Jun con gestos sumisos.
—No estás acostumbrado a las bromas, ¿cierto? ¡Estoy destacando! —gruñó por lo bajo mirando furtivamente a los comensales con trajes caros y vestidos delicados, mientras él andaba en unos cómodos zapatos deportivos, unos jeans oscuros y un suéter de diseño desteñido. Para su acompañante no había problema: estaba de traje de todos modos, dijo que debía trabajar más tarde.
El rubio negó con la cabeza con calma respondiendo su pregunta tomando un sorbo de su Monte Cristo, un café con un delicioso aroma a licor. El pavoneante camarero le había dejado un platillo con diferentes cortes de carne, unos extraños y deliciosos vegetales y un puré de patatas que moría por saber la receta. Era demasiado extravagante para su gusto: las tenues luces, la decoración pomposa, todo era victoriano y los detalles sobre los mismos detalles le tenían un poco aturdido.
—De todos modos, disfrútalo. Es, en parte una disculpa por la forma en que me comporté contigo, yo… no soy así la verdad. —el joven empresario no se atrevió a mirarle a los ojos, estaba avergonzado, fingió interesarle una pareja a unas cuantas mesas de distancia mientras se declaraba culpable. — Supongo que me invadieron los celos.
Yuu tosió después de darle un sorbo a su copa de vino tinto. Mierda, Souji había dado justo en el clavo. Hirose Junichi levantó la vista asegurándose de que el castaño estuviera bien. Le vió limpiarse los labios con la comisura de una servilleta de tela, así que decidió continuar.
—Estaba celoso de ver a Souji siendo tan abierto con alguien más. Creo que sabes que cuando era un niño era… inaccesible, nadie se le podía acercar; Souji siempre estaba deprimido o tenía demasiada rabia en su corazón. Era como ver a un perro que tenía varios días encadenado. Yo sabía que no me amaba, pero aun así lo adoraba de todos modos. —estaba tan ensimismado en su punto de vista y en la dicción tan correcta y refinada que había olvidado masticar sus alimentos. —Me sentí enfurecido al saber eso, cuando a mí me había costado bastante que me considerara su amigo.
—¿No crees que es en parte tú culpa? Digo, tú le ayudaste a confrontar la vida y cuando te fuiste él simplemente se abrió paso guiándose de ti, pues tú… tú le enseñaste que si hay bondad, esperanza, que debía seguir adelante…
Jun sonrió enterneciéndose de su conclusión inocente y como se enredaba buscando las palabras adecuadas. Comparado con él, Yuu parecía esforzarse en su correcto lenguaje y le irritaba que siempre sabía que decir de antemano sin dar titubeos.
—En eso tienes razón.
Yuu se llevó el tenedor a la boca.
Souji se había mantenido firme y no había tambaleado en todo ese tiempo, gracias a un amigo tan valioso como él, que en un principio solo quería animarlo y luego lo vió tan indefenso como era. Junichi se había prometido protegerlo tal cual aquel pollito que cubrió con su cuerpo ante los golpes de los chicos en el Dojo. Pero cuando ese instinto de hermano mayor se convirtió en sentimientos de amor, no supo más nada que huir al extranjero por varios años creyendo que desaparecerían, pero no fue así, en cambio, las fantasías de lo que Jun creía que podía ser un romanticismo entre ambos, solo se volvieron más fuertes con la distancia. Había tenido una que otra novia, pero igual se sentía vacío por dentro.
Tragando lo que sería su último trozo de carne, sonrió tímidamente. —Guau. Es la primera vez que tengo la razón entre los dos. —Jun rió suavemente, dejando de ser una víbora para Yuu. —Deberías dejarme pagarte parte de esto.
—Está bien así, ni con tu salario de tres meses podrías pagar la cuenta… ¡…! ¡N-no quería sonar ofensivo, literalmente hablando es demasiado costoso! —se corrigió al sentir la mirada de mala muerte del mayor, soltando una risa con sentimiento.
—Igual el puré está demasiado rico, tu encárgate de la cuenta… —le hizo un gesto con la mano al saber ese dato en plan de juego. Jun se terminó su bebida entre sorbo y sorbo sin afectarle el fuerte calentón del licor. A Yuu le entró la curiosidad, decidió dejarse de rodeos. —Pero no viniste aquí para alimentarme y convencerme de que ya nos somos rivales, ¿de qué querías hablar?
Jun jugueteó con el vaso, pasando sus dedos por el borde donde antes sus labios se habían posado. Decir que estaba nervioso al admitir su derrota le avergonzaba, justo como su situación con Hatori.
—Quería decirte que no te tienes que preocupar por mí, me he dado por vencido con Souji. Igual mi padre no nos hubiese dado su consentimiento, le quiere tanto como si fuese un hijo más; fuimos una especie de paracaídas cuando esos niños se quedaron huérfanos y… mi trabajo hubiese complicado bastante la relación. —chasqueando la lengua en frustración, continuó. —Apenas si puedo decir que somos amigos con el rumbo que está tomando mi vida.
Vaya, Jun tenía todo un plan fríamente calculado en la mente. Acabando con los últimos trozos de vegetales, dejó lo mejor para el final, lo poco que le quedaba de su puré, rogaba que lo devoraran.
—Bueno, suficiente sobre mí. ¿Qué hay de ustedes? ¿Ya lo han hecho?
Fue la segunda vez que se atragantaba en esa noche, esta vez con la comida. Tomó el vino para que su garganta lubricara la comida y pudiese respirar. Jun se jactó de su rostro colorado hasta las orejas y ese semblante alterado.
—No sé si… me sienta cómodo diciéndote estas cosas. —frunció el ceño, extrañado. Se limpió por segunda vez el desastre que había provocado el rubio.
—Lo lamento. —esa disculpa, Yanase sintió que lo decía por todos los problemas que había causado. —Pero hablando en serio… ¿Lo amas? —Hirose parecía temeroso y a la vez emocionado por escuchar su respuesta. ¿Qué le pasaba? Ese no era el ricachón sin escrúpulos que había enfrentado varios días atrás, ¿En serio era simpático?
Yuu trató en vano controlar el alocado ritmo de su corazón, sus mejillas a penas se tiñeron. Le miró a los ojos, totalmente seguro de su respuesta. —Por supuesto que sí. —un 'sí' firme, un 'sí' rotundo un 'sí' sincero.
Jun había perdido la batalla con esa respuesta.
El más joven desvió la mirada a algún punto del restaurante, asintiendo varias veces y apretando un puño bajo la mesa, era su momento de retroceder. Era difícil renunciar a alguien, y eso Yuu lo sabía a la perfección. Le impresionaba que ese tipo lo hubiera tomado con más responsabilidad que él con Chiaki; mientras Yuu había insistido por meses, sin dar razones ni rendirse en ningún momento, Jun, luego de semanas de hostigar había decidido dar alto al fuego y salir de su vida en silencio. Le dolía, claro que le dolía. Podías verlo en sus ojos, en sus gestos y como no se atrevía a sostenerle la mirada por mucho tiempo al castaño. ¡Incluso hicieron las paces! cosa que no se atrevería a hacer con Hatori, al menos no por ahora.
—¿Y ya se lo dijiste? —su voz rompió el hilo de sus pensamientos. No había notado que había acabado con todo el plato y que el refinado camarero retiraba el mismo, sirviéndole de paso, más vino.
—I-iba a hacerlo, pero perdí la oportunidad... —falló en no sonrojarse, recordando ese beso que ambos desesperadamente se dieron, poniendo la mente del dibujante en blanco y solo queriendo saber por el momento de su cálida y suave boca.
…
Ya eran las más de las nueve, todos seguíamos en la oficina por una reunión de Esmeralda de último minuto. No me molestaba para nada, igual en casa no tenía nada mejor que hacer. Takano-san disimuló el incidente pasado proponiendo que debíamos organizarnos temprano para que la imprenta no nos volviera a hacer algo tan "indeseable". Yo traté de no reír en ese momento, llevándome un puntapié debajo de la mesa de su parte. Luego de eso, los chicos y yo fuimos a cenar en un restaurante cercano donde disfrutamos de el mejor ramen que había probado en años, hablando de puestos de comida claro, nada comparado con el ramen que preparaba la esposa de Isami-san.
Pero cuando regresé del baño, no esperaba ver a Jun sentado en mi silla, tan cómodo y tranquilo, leyendo uno de los mangas que yo editaba como si estuviese en su casa leyendo el diario.
—¿Qué demonios…? —reí suavemente confundido, mientras mis compañeros dejaron de hacer lo que sea que hacían para prestarnos atención; en especial Kisa, que estaba a la izquierda del rubio, me fijé que Hatori no andaba allí. Jun levantó la vista, mirándome detrás de sus gafas de lectura. Tenía las piernas refinadamente cruzadas y la espalda recta sosteniendo el libro con una sola mano, parecía de la realeza. —Oi, ¿qué haces aquí?
—Debo admitir que estos libros son interesantes.
—Takano-san… —llamé, pidiendo permiso. Mi jefe era el único que no demostraba interés en la invasión de Hirose en nuestro departamento, estaba ocupado en su portátil, mientras, los demás nos miraban como gatitos delante de un divertido juguete.
—Adelante. Tiene todo un buen rato esperándote.
Le hice un gesto con la cabeza y se puso de pie con gráciles movimientos, llevándose consigo aquel tomo de manga. Nos cruzamos con Hatori cerca del elevador, me extrañé del traspié que casi se dió al frenar tan bruscamente cuando los ojos de él y los ambarinos de Jun se cruzaron de reojo. Hatori tenía una cara de confusión que jamás había visto en mi vida. Me pregunté por qué mi amigo de la infancia hizo una profunda pero rápida reverencia hacia Yoshiyuki: una de disculpa. No le pregunté por ello, seguro el mismo Hatori tarde o temprano me informaría algo acerca de eso por cuenta propia.
En ese momento yo no entendía nada.
—Estoy realmente confundido… ¿Por qué viniste a la editorial? —le miré, analizando sus gestos y su postura desganada pero tensa, había algo que yo no sabía. Cuando Jun no te miraba a los ojos, solo podía significar que traía una mala noticia consigo. El viento le despeinó el cabello ondulado, acariciando su rostro, compadeciéndose de él: no parecía estar en sus mejores días. —Jun… ¿Sucede algo? —traté. Tenía demasiado tiempo en silencio.
Estando solos en la azotea de la editorial, nos pusimos cómodos para una charla en la que no estaba muy seguro de querer tener. Estábamos apoyados contra el concreto, con vista a la ciudad o lo que el bajito edificio nos permitía ver. Estaba bastante oscuro, pero la luz de un farol cerca de nosotros nos permitía vernos con claridad.
—Voy a regresar a Inglaterra.
'¿Qué?'
—Espera, ¿no dijiste que te ibas a quedar un buen tiempo? ¡No tienes casi nada en Tokio!
El no respondió.
Apreté los dientes frustrado. No estaba tratando de darle esperanzas a Jun ni mucho menos, solo que me había afectado bastante su desaparición y ahora, cuando tenía mi mejor amigo de toda la vida devuelta, resultaba que se marchaba otra vez. Era como ver partir un hermano. Yo solo quería pasar buenos ratos con él, como un amigo, recuperar esos estúpidos años malgastados.
—¿Por cuánto tiempo?
Realmente no sabía si quería esa respuesta.
—No lo sé, tal vez un par de meses… o tal vez un año. Todo depende. —esta vez contestó sin tardar. Yo bajé la cabeza, prestándole atención a algunos peatones que caminaban por el asfalto, ajenos a mi situación y la amargura que me invadió. —Mi padre hizo un trato con otra empresa y no escuchó razones. ¿La verdad? nos conviene mucho y como próximo presidente, se me asignó ser la cabecilla de esta alianza. Aunque hubiese preferido claro, que mi padre se hiciese cargo en el extranjero y yo con nuestra empresa de té, aquí en Japón… —apoyó la barbilla sobre el concreto, soltando un amargo suspiro, parecía un niño pequeño al que lo obligaban a asistir a clases extracurriculares.
—Mierda.
—Sí. Mierda. —sonreí rápidamente con ojos suaves, hacia tanto no lo escuchaba salirse de ese educado y formado léxico suyo. —Mi padre se tomó muy enserio nuestro incidente. Bueno, yo fui el que se salió de sus casillas, dice que esto me centrara en mi trabajo y que es para mi bien y ya lo conoces, quiere que todo sea una estricta y responsable metodología, para mí es solo otro de sus castigos…
—Fuiste un desastre, idiota.
—Cierra la boca, aun no me he recuperado del todo…
Guardé silencio, mordiéndome la lengua.
—Jun, yo…
—Déjalo, estoy bien, solo… no estoy feliz. —relajé los músculos, me había erguido por si necesitaba volverme a disculpar por no corresponder sus sentimientos. Me fijé que apretaba el manga que había tomado, lo había olvidado por completo. —¿Sabes algo? Le gustas mucho… — Junichi hacia eso para contentarme y al mismo tiempo para dejar ir el tema, él mismo no quería pensar en el asunto demasiado. No entendí de inmediato, y al caer en cuenta, me horroricé un poco, ¿había vuelto a enfrentar a Yuu? ¿Le había amenazado de nuevo? Con cada revelación, me sentía más perdido que antes.
—¿Cuándo…?
—¡Hey! ¡No me mires así, no le he dicho nada malo, lo juro!
Mi cara debió ser la de un oso a punto de atacar, porque puso las manos delante de su pecho a la defensiva, rogando que me calmase con los ojos.
—Dime que exactamente hiciste para no matarte en este momento. —gruñí masajeándome el puente de la nariz, tenía el ceño fuertemente fruncido.
He de confesar que también mi corazón se llenó de gozo al saber eso. Yuu no me lo había dicho nunca, me lo daba a demostrar un poco en diferentes ocasiones, pero escucharlo del mismísimo chico que había mantenido un triángulo amoroso entre los tres era bastante diferente. No hice ningún gesto que pudiese delatarme, no quería que él se sintiese peor de lo que ya estaba.
Bajó las manos, relajando los hombros mostrándome esa sonrisa pacífica tan característica de él. —Me disculpé como debía. Admito haber sido un patán y perdona por golpearte. —iba a abrir la boca para también decirle que sentía haberle dado esa paliza pero él levantó una mano, indicando que esperara, había mas. —Le dije que siempre me importarás. Me importarás hoy, me importarás mañana y que si te dejaba a un lado, tomaría el primer boleto de regreso y no perdería el tiempo.
—Tienes todo un plan hecho, ¿eh? —apoyé mi mejilla en una mano recargada de nuevo de esa pared, interesado en el chismorreo.
—Pero más importante que todo, prometí retirarme. Luego de nuestra conversación en mi casa, me di cuenta de que estas cosas no se deben forzar.
Jun estaba siendo tan horriblemente maduro que por un momento me dió miedo. En serio había cambiado con el tiempo. ¿De verdad había arreglado sus diferencias?
—Solía pensar, "¿qué debo hacer para que yo le guste…?" Si al final no pudimos estar juntos, me alegra que hayas sido parte de mi vida.
—¡Oi! No hagas sonar eso como una agria despedida… — entrecerré los ojos, gruñendo internamente.
Con un jadeo de sorpresa por su parte, me sentí totalmente ignorado. Los ojos le bailaron con emoción, soltando una débil risilla avergonzada, me dijo:
—He cambiado la opinión que tenía sobre Yanase Yuu.
…
Bajé a la media hora, Jun ya se había ido a su casa, -por cierto, le obsequié aquel tomo que estaba leyendo- tenía un frío terrible pero igualmente emocionado y triste a la vez. No más peleas, todo el asunto estaba prácticamente arreglado, pero, Jun se iba y no faltaba mucho para verle marchar. Debí entrar con extraña pinta a Esmeralda porque todos se me quedaron viendo. No faltaba mucho para marcharme a casa, incluso Mino y Onodera ya se habían retirado por esa noche.
—Sou-kun, ¿quién era ese tipo? ¡Dime, dime! —insistió Kisa-san.
—Mi mejor amigo. —contesté con una sonrisa.
…
—Yanase tengo que hablar contigo.
"Mierda. Mierda. Mierda."
—No tengo tiempo para sea lo que quieras discutir… —Yuu le dió la espalda, recogiendo sus cosas rápidamente y metiéndolas con brusquedad en su bolso, sin importar donde cayeran.
Se tuvo que devolver desde el restaurante a la casa del mangaka de nuevo, había olvidado un par de cosas allí y también había olvidado por completo que Hatori Yoshiyuki iba frecuentemente a ese pent-house. Recordó rápidamente que Chiaki lo había invitado a cenar algo preparado por ese hombre. No debió confiarse: ahora que Chiaki se fue a dar una ducha, y las demás asistentes se habían marchado hace bastante, Hatori le atacaría con preguntas a las cuales no sabría cómo responder.
—Yanase…
—Tengo más trabajo y si quieres revisar algo del volumen… —Hatori se había movido, estaba buscando que le mirase a los ojos a toda costa y Yuu no quería eso, se sentiría como un ratero que lo encontraban en pleno acto.
—Oi.
—Déjamelo anotado y yo…
—¡Yanase! —no le había gritado, pero tampoco había rastro de amabilidad en su voz. Era un tipo de lenta tortura. Tori estaba de alguna forma mentalmente exhausto.
—¡Demonios! ¿Qué quieres? ¡Suéltalo ya! —rabió con varios lápices y plumones apretados en un puño, casi mostrando los dientes. Yuu había levantado la vista tan rápido, que le había dolido su propia brusquedad: sus sienes palpitaron con insistencia.
El editor se conformó con esa reacción, al menos ya no le evitaba. —Ayer en la editorial, volví a ver al tipo que estaba… Que estaba discutiendo contigo en el pasillo. —Yoshiyuki parecía tratar buscar las palabras adecuadas para no asumir algo que no era. Yuu sintió que el alma le bajó a los pies.
Quería matar a Jun.
'Espera…'
Si Hatori dijo que estaba en la editorial, solo podía significar que había ido a ver a Souji. ¿Por qué de pronto le invadieron los celos? El mismo rico había dicho que no debía ofuscarse si ni siquiera iba a estar en el país, incluso les dió sus buenos deseos para la pareja… ¿Por qué se sentía tan intranquilo? Todo había sido demasiado reciente para que su corazón se adaptara a que debía relajarse y confiar. Estaba sobre pensando demasiado las cosas, si eso debía ser. Jun no era tan malo… Joder, le iba a pedir una buena explicación a Souji sobre esto. O tal vez no. ¿Debía hacer la vista gorda y continuar con su vida amorosa mediante el otro se marchaba? A todo esto, ¿qué pensaba el oji-verde?
—¿Me estás escuchando?
—Claro, ¿y-y que sucedió luego?
—Bueno… Souji se lo llevó a algún lugar, y volvió sin él luego de un tiempo.
¡Claro que le iba a pedir una maldita explicación!
—A todo esto, ¿Qué demonios está pasando? Me preocupa que ese chico sabe la dirección de Chiaki y estaba peleándote por algo que…
Algo encajó en la mente del editor encorbatado que Yuu no pudo descifrar a tiempo. Yanase se supo al descubierto con esa mirada tan astuta que se había detenido a medio camino. En tan solo cuatro segundos todo tenía sentido para el editor de Yoshikawa Chiharu.
—Souji dijo que era su mejor amigo...
—E-espera, ¿que estas asumiendo? —Yuu arrojó los útiles dentro de su bolso, colgándoselo del hombro retrocediendo unos pasos.
—¿En qué clase de embrollo te has metido? Sé que tú y Souji están saliendo, no trates de ocultármelo, —el más bajo abrió la boca cerrándola de pronto al ser apuntado con ese dedo acusatorio suyo, Yuu no supo dónde meterse. —Ya ni siquiera miras a Yoshino por más de tres segundos y te vas directo a casa luego de cada jornada, lo cual estoy muy agradecido. —en ese punto, tuvo el derecho de poner los ojos en blanco. —Se nota a leguas.
—¿Estas disculpándote conmigo Hatori…? ¿Por ser todo un imbécil después de tanto tiempo? —sonrió con sorna, tratando de limpiar su nombre.
—No cambies de tema.
Yuu se sostuvo de la correa de su bolso, sonrojándose un poco en el acto al recordar a Souji. —Es demasiado extraño hablar este tipo de cosas contigo. La verdad es que es extraño hablar cualquier cosa contigo.
Vio a Hatori cruzarse de brazos, apoyarse sobre el escritorio de las asistentas e indagarle con la mirada. Se sentía un poco intimidado, era la primera vez que él le acobardaba por algo que no tenía que ver con Yoshino Chiaki.
—Hace una semana no tenías a nadie, ¿qué cambio? —se refirió a su pequeña discusión luego de que Jun se fuese tambaleante por el elevador, dejando a un Yuu nervioso, alterado y dolido en el medio del pasillo, y que Hatori tratase de ayudarle o no, hizo que explotara, gritándole cosas intimas que él nunca, según Yuu, debía saber.
¿En serio le interesaba su relación amorosa?
—Varias cosas pasaron…
—Has crecido, Yanase. Me alegro. —ese día había tenido muchas experiencias nuevas, como en ese momento: Hatori le sonreía de verdad, le sonreía sinceramente, le sonreía a él por primera vez. Era algo escalofriante que su rival del pasado y lo que era su rival del presente habían hecho por él esa noche. Ambos, de alguna manera, lo estaban animando en su nueva relación.
Si es que se podía llamar así, porque ni siquiera le había dado una pista a parte del sexo sobre sus verdaderos sentimientos.
Eso lo deprimía.
Hace seis meses atrás, Yuu pensaba de sí mismo como un luchador por el amor de su mejor amigo. Que por nada del mundo iba a rendirse... Tonterías. Era increíble como una sola persona podía poner patas arriba su mundo con lo negado y odioso que era en el pasado. Yuu estaba encerrado en su propia esfera de cristal hasta que Souji llegó, primero animándolo, dándole agallas para sobreponerse con el amor no correspondido de Chiaki, luego, lentamente enamorándose del artista, confesando sus sentimientos con tiernas palabras que le hacían sonrojar y acelerar corazón.
Amaba que el oji-verde le daba su propio espacio para pensar las cosas, como prometía cuidarlo y no hacer nada que no le naciera hacer, pero al mismo tiempo odiaba que se cuerpo se alterara y que las palabras no salieran cuando quería que todo fuese mutuo. Para algunas cosas su boca se movía sola, pero para otras no pronunciaba ni media palabra, ese siempre fue un problema para Yanase Yuu. Souji había hecho demasiado por él en Hakone, y quería devolverle ese detalle tan hermoso que solo ellos sabían. Ese fin de semana había sido mágico, tan ajenos al mundo, entregados totalmente el uno al otro… definitivamente quería volver con él algún día.
Jun tenía razón, debía decírselo lo más pronto posible, ¿cuál era el punto de retrasar aquello? Debía agradecerle al rubio antes de que viajara fuera del país: sin él, no se hubiese dado cuenta con tanta facilidad de que amaba a ese chico.
—¿Recuerdas nuestra última pelea, en la editorial? —buscó con los ojos de donde provenía la voz de Hatori. Hundido tanto tiempo en sus pensamientos, no notó cuando se movió de su lado y ahora estaba en el escritorio de su pareja, arreglando un poco el desastre que tenía. —Luego de que me detuvo de casi golpearte, subió a buscarme. Jamás lo había visto tan enfurecido, estaba preocupado por ti cuando ni siquiera te conocía, te estaba defendiendo. También lo estaba por mí, pero no me esperaba que dijera ese tipo de cosas tan certeras con lo carismático que es. Incluso me golpeó en la cabeza por hacer esa escena en Marukawa. —el vicepresidente de Esmeralda se quedó viendo un dibujo que encontró entre las cosas del mangaka, eran solo algunos garabatos y uno que otro intento de nuevo personaje. —Para una persona que peleé tu honor de esa manera, merece que le presten un poco de tu atención. —él suspiró una vez, más bien era como un jadeo de satisfacción, recordando algo que Yuu no podía ver. —Souji puede llegar a ser irritante la mayoría del tiempo, pero es un buen chico, con un gran corazón. Ustedes están hechos el uno para el otro.
Hatori definitivamente lo estaba alentando. Eso había sido lo más raro que le había pasado en la vida, y lo agradecía profundamente.
—¿Ehhh? ¿De qué están hablando? —Chiaki había hecho acto de presencia, apoyándose en el umbral. Estaba en sus pijamas de tonos opacos mientras se secaba el pelo con una toalla de mano. Yoshino se fijó que su novio andaba de buen humor y Yuu salía a toda prisa a su lado con la cara roja, ¿tendría fiebre?
—G-gracias, Hatori. —balbució el de los ojos caoba ya saliendo por la puerta.
—Si…
—¿Qué está pasando? ¿Por qué te dio las gracias?... ¡Tori estas sonriendo!
—Date cuenta. —susurró cerca de su rostro, dejando un rápido beso en sus labios y yendo a la cocina a preparar algo fácil para cenar. Dejando a un Yoshino Chiaki totalmente rojo atrás.
…
No hacía falta decir que lo que pasó entre ellos estaba en el pasado. No sabía que Hatori podía ser tan… humano, por así decirlo. Luego de tantas batallas, discusiones y golpes, toda esa estúpida competencia se extinguió. Yuu sentía que tenía un peso menos sobre los hombros, tan ligero como el aire y extraordinariamente bien. Deseó que el mangaka no hubiese visto lo rojo que estaba, ya de por si le avergonzaba saber que se había dado cuenta que el compañero de trabajo de su amante, estaba locamente enamorado de él, sin mencionar aquel beso como "truco" para desvanecer sus hipos. Yuu no andaba dando saltitos por la calle, ni tarareando una melodía por haberse enterado de esa historia antes de que la verdadera historia comenzara.
En cambio, estaba temblando internamente de felicidad, andaba aireado por las calles camino a casa, con el rostro capaz de freír un huevo en cada mejilla. Yanase Yuu tenía una boba sonrisa pegada al rostro. Amar y ser amado de vuelta era un sentimiento indescriptible, era un descubrimiento que quería atesorar en su pecho y nunca dejarlo ir. ¿Qué estaría haciendo Souji en ese momento? Estaba ansioso. Sentía unas ganas terribles de besarle. De tocar su rostro. De perderse en los ojos Esmeralda que lo llevaban a otros mundos con solo posarse en los de él. Abrazarle. Tener cerca su delicioso aroma. Quería verle. Ya cerca de su casa, sacó su celular deprisa, buscando entre los contactos, tecleando un mensaje para él esperando la respuesta lo más rápido posible. Con una sonrisa de satisfacción, una de felicidad leyendo por quinta vez su mensaje enviado, salió disparado a su habitación a buscar un cambio de ropa antes de darse una rápida ducha para calmarse, en vano.
"Hola. ¿Qué estás haciendo? Me preguntaba si querías venir a ver una película. También te puedes quedar a dormir, mañana es mi día libre y como entras a trabajar en la tarde… Bueno, solo no te sientas comprometido."
Quería verle ya.
XxxX
¡Sé que esta corto, no me maten! Lo tuve que dejar hasta ahí para compensar el otro capítulo, que tenía poco material: EL PROXIMO ES EL FINAL. Si, sé que me quieren matar pero ya vamos acabando este fic que nos movió las fibras sensibles. No había mucho lovey-dovey aquí pero estaba aplanando el terreno para Yuu, que se decidiera de una vez por todas a decirle que lo ama. Y si, fue MUY BIZARRO que Jun y Hatori le aconsejaran, pero meh, Jun dijo YOLO, me voy de todos modos así que no hay motivo para pelearle y mantener esperanzas Y Tori en plan de "¡buen viaje, disfruta a ese chico porque Chiaki es mío…!" o algo así (?). Ya Souji sabe de casi todas las parejas de SH o al menos las tres principales y ASDFJK… Bueno, espero que les haya gustado, y nos vemos en la próxima ¡NO OLVIDEN SUS REVIEWS!
