Como dije ayer, estoy subiendo ya el capítulo ocho seguido del siete ya que me iré de vacaciones unos días y quizás no tenga tiempo para escribir otro y postearlo la próxima semana.

En fin, retomando el viaje de Souma y Kouga hacia Palestra...


Capítulo ocho

El águila que vuela bajo

Los jóvenes, embarcados en una pequeña balsa de madera, en la que ambos remaban de manera poco sincronizada, pero constante, por lo que su velocidad no disminuía mientras avanzaban. Estaban en silencio, para concentrarse en no perder el ritmo, pero Kouga rompió el hielo con una pregunta.

- Oye, Souma.

- Dime. – El leoncillo estaba concentrado en remar a la par de Kouga.

- ¿Cómo es esa Yuna?

- Uh… Verás, no la conozco realmente, somos compañeros y todo eso, pero ella es muy distante y fría, casi nunca habla si no es con sus amigas.

- Ah, ya veo, ¿y por qué es así?

- No tengo idea, realmente, quizás es porque usa esa máscara y todo eso.

- ¿Máscara?

- Claro, las mujeres Santo tienen que utilizar obligatoriamente una máscara que cubra su rostro.

- ¿Y eso por qué? – La explicación tenía intrigado al joven Pegaso.

- No tengo mucha idea, pero creo que era para que no se diferencien de los hombres o algo así.

- Oh… Mi maestra también utilizaba una máscara hasta que se la destruyeron, pero yo pensaba que porque se veía muy fea, creo que no era así.

- Oye, ¿le viste el rostro a una mujer?

- Uh, sí, ¿hay algo de malo?

- En teoría, sé que si le ves el rostro a una mujer Santo, esta deberá matarte, o amarte para siempre.

- Uhm… No creo que Shaina lo haya mencionado.

- Quizás alguien más la vio y ya lo ama, por lo que luego de verte no pasó nada.

- Creo que entiendo, pero a la vez no, me parece una regla estúpida.

- Tal vez, a mí mucho no me importa, la verdad, aunque reconozco que me gustaría ver los rostros de las chicas sin temer a ser asesinado, hehe… - Souma se había detenido en este pensamiento que le causaba risa.

- Ya, ya, mira, estamos casi en la costa, aceleremos un poco más.

[…]

Al poco tiempo, tocaron tierra, en ese momento decidieron bajarse del bote, tomaron su equipaje y pisaron la arena de la inmensa isla, que se extendía muy por lejos de la vista, por ahora, tenían un largo bosque a cruzar.

- Vamos, entremos al bosque, en poco tiempo llegaremos a Palestra.

- Y por fin podré ver a la Señorita Saori…

Tras caminar unos minutos, Souma cree oír algo extraño, pero su compañero no se percata, decide no advertirle al respecto, riéndose para sus adentros. Apenas esto, llegaron a un claro en el bosque, era considerablemente largo, allí el bosque parecía ya terminar, pues había una gran entrada esculpida en medio, por donde se accedería al edificio de Palestra.

- ¡A cubierta! – Exclamó el pelirrojo, que se lanzó al suelo con la cabeza entre las manos, Kouga no comprendió la razón de esto, ni entendió la expresión "A cubierta".

Un silbido cruzó los oídos del muchacho, esto lo asustó ligeramente, los silbidos, pronto, se volvieron ráfagas, que se movían notablemente a mayor velocidad, impotente, Kouga no ve venir ni en repetición a cámara lenta una potente patada justo en el mentón, que no solo lo elevó como tres metros del suelo, sino que incluso lo hacía girar en corrientes ventosas. Antes que reconociera una figura enmascarada, recibió otro golpe similar en el estómago, en tanto, Souma, muerto de risa, se iba corriendo por la entrada.

- E-espera, Sou- No terminó la frase en el suelo cuando una nueva patada lo hizo levantar de repente, entonces sintió como era estampado contra un árbol. - ¡Espera, qué te…! – Antes de contestar, recibió numerosos cachetazos que le revolearon la cara de aquí para allá, con sus ojos entrecerrados solo distinguió cabellos rubios, vestimenta verde claro, y un rostro cubierto por una máscara. - ¡Que yo no…! – Fue lo último que alcanzó a balbucear hasta ser definitivamente noqueado con un terrible impacto en la sien.

[…]

- ¿Quién es, Yuna?

- No tengo idea, lo encontré en la entrada, lo reduje, y aquí está.

Fueron las palabras que oyó, al poco tiempo se le abrieron los ojos, su vista estaba demasiada nubosa como para reconocer algo, solo veía resplandores verdes claros y oscuros. Se sentía como en el aire, como si alguien lo estuviese cargando, no por mucho tiempo, pues luego se dio la cara contra el suelo, que terminó de despertarlo, con esfuerzo, intentó erguirse un poco, hasta quedar casi arrodillado frente a una figura que creía similar a la que lo había golpeado recién.

- Eh… Ah… ¿Qué…? – Balbuceaba Kouga, muy desconcertado.

- Uh, parece que ya se despertó. – Dijo una voz masculina y potente.

- Bueno, me voy a…

- No, tú te que das aquí, para darle una disculpa.

- ¿D-disculpa? Perdóneme, maestro Geki, pero no comprendo.

- Ehm, tardaré un rato en explicarme, tengo que esperar a que se levante.

El joven no pudo levantarse, pero sí se volteó, suficiente para la explicación del denominado Geki.

- Ves, ahí está.

- E-Esa es…

- Una ClothStone, y una muy importante, es la ClothStone de Pegaso.

- O sea que al que acabo de golpear… - Sus palabras tenían un poco de arrepentimiento.

- Precisamente, es el Santo de Pegaso.

- E-esto más que avergonzarme, y que lo hace por cierto, me decepciona, maestro Geki.

- Entiendo, lo apaleaste y no te vio ni en colores, sí, ciertamente, que este mocoso lleve la Cloth de Pegaso no da buenas esperanzas, aunque, la verdad es que aquel Santo de Pegaso no era una luz precisamente en aquellos días.

- ¿Usted luchó con él, no es verdad?

- Uf, sí, qué lucha fue esa, ese día me di cuenta que yo no me comparaba con él en ningún aspecto, hm… - Su voz parecía sumida en la nostalgia.

En tanto hablaban, Kouga ya había hecho su esfuerzo en levantarse, no escuchó nada de la conversación, pues le zumbaban los oídos, pero una vez más o menos estable, habló.

- Oigan, ¿me perdí de algo o qué?

- Ah, mira, se levantó. – Comentó el llamado Geki.

- Oh, tú… ¿Tu nombre es? – Preguntó la chica.

- K-Kouga, ¿y t-?

- Kouga, pido disculpas por mi comportamiento anterior, no tenía idea que eras un Santo… Un Santo inexperto, pero Santo de Athena al fin, pido ante la misma estatua de Athena, mil perdones.

- Ah, ah… ¿Dijiste Athena?

- ¡No hables así, maleducado! – Lo corrigió Geki, con un leve golpe en la nuca.

- ¡Oye, oye! ¿Qué te pasa? – Kouga habrá deseado retirar sus palabras cuando vio al grandote de piel morena al que le hablaba, de cabello corto oscuro, vestido con una chaqueta blanca, debajo una musculosa negra, jeans grises y zapatos café, de brazos cruzados, pero con una sonrisa en su rostro.

- ¡Esa es la estatua de Athena, idiota! ¡Mírala!

Recién en ese momento Kouga se dio cuenta de su situación, del ambiente donde se encontraba, no era normal, seguramente, parecía como una gigantesca edificación que se elevaba frente a él, lo rodeaba por todos lados, detrás, estaba el gran Geki, detrás de él una gran puerta, el lugar parecía como un apartamento grecorromano, algo desgastado, como si fuese una manera de Coliseo.

- I-Impresionante…

- ¡Qué eres maleducado! – Recibió un empujón del grandote, que lo hizo postrar en el suelo, cerca de la otra chica revestida en una armadura de tonos verdes claros, quien se arrodillaba ante una gran estatua de una diosa. - ¡Ríndele culto a la diosa Athena!

- ¿Athena…? ¿Esa es…?

- Así es, esa la estatua que representa a nuestra diosa Athena.

- Oh… - Intentando adaptarse a la situación, con rodilla en tierra, también daba una pequeña reverencia.

- Bien. – Dijo la joven mientras se paraba, su cabello rubio ondeaba de aquí para allá, al tener poco conocimiento de la gente, llamaba la atención de Kouga tal color. – Me retiro, si me disculpa, maestro Geki, y Kouga de Pegaso.

- Ve, Yuna.

La interpelada se alejó de ellos caminando rápidamente por detrás de la estatua de Athena, cuando de repente se vio cercada por otro joven.

- ¡Hola, hola, Yuna! – Dijo con un tono algo irritante, era alto, escuálido, de cabello azul, corto y ondeado, poseía una sonrisa soberbia.

- Spear… Tch. – Dijo despectivamente la enmascarada.

- ¡Oye, oye! ¿Qué manera de tratar a un camarada es esa?

Sin dar respuesta, Yuna siguió su rumbo.

- Pues ahí vas, mocosa de las nieves, si con esa actitud quisiste salvar ese… - No pudo terminar la frase, pues Yuna se había volteado instantáneamente para tomarlo por su chaqueta blanca y azul.

- Kak vy smeyete? (¡¿Cómo te atreves?!) – Habló en forma incomprensible para el joven.

- ¡No escupas tu lenguaje sucio a mi cara, asquerosa! ¿Eres una foca acaso?

- TY MUDAK! (¡Imbécil!) – Parecía extremadamente enojada esta vez, estuvo a nada de enterrar todos sus nudillos en su rostro, si no fuera porque una pesada mano la detuvo.

- Oye, ya está Yuna, y tú también Spear, cálmense los dos, no los quiero ver pelear.

- ¡Ah! ¿Cuándo llegó allá? – Decía Kouga, desde lejos, para sí.

- ¡Muh…! – Refunfuñaba Yuna, mientras soltaba a Spear y luego se iba.

- ¡Tch…! – Se quejaba en respuesta Spear.

Kouga decidió acercarse a Geki, para preguntarle algo que acaba de recordar.

- S-Señor Geki.

- ¿Qué ocurre, Kouga?

- ¿Sabe dónde está Souma? Souma de Lionet.

- Souma… ¡Ah, sí! Entró acá corriendo muerto de risa, luego se fue a hablar con el director, para informar sobre la misión… Mira, por ahí viene.

Por una de las numerosas entradas, ingresaba el joven pelirrojo de quien hablaban, al encontrarse con Kouga fue directo a saludarlo.

- ¡Hey, Kouga! ¿Cómo estás?

- ¿Qué cómo estoy? ¿No viste que esa loca casi me mata?

- Vamos, no fue para tanto.

-¡Me desmayó en dos golpes!
- Quizás porque eres muy débil, además, no había otra mejor forma que conocieras a Yuna.

- ¡Oye, no me digas débil!

- Sh… Santo principiante, a mí no me hablas así, ahora, si me disculpa, maestro Geki, iré a mostrarle Palestra a Kouga, acaba de llegar, y bueno, mucho no entiende.

- De acuerdo, ve.

[…]

- Esto de aquí que parece coliseo son los dormitorios, tú serás mi compañero de cuarto, hace rato que no tengo uno.

- Allí, al este de la isla, se encuentra la Arena, allí se realizan duelos y entrenamientos generales.

- Al norte se encuentran las montañas, comprenden un circuito de entrenamiento variado, no te lo recomiendo ahora, es un desafío algo avanzado.

- En el sureste, cerca de la arena, está el Campo de Enseñanza, allí enseñan a los más novatos como dominar el Cosmos, no creo que lo necesites ahora, pero podrías ir y revisar si necesitas.

- Al noreste, se encuentra el Campo de Disparo, donde puedes practicar más tranquilamente tus técnicas sin temor de dañar a nadie.

- Oh, al oeste esta el edificio de la dirección, supongo que no tendrás problemas, así que no tendrás la mala suerte de conocerlo. Detrás de ese edificio, se encuentra el recluido Santuario de Athena, allí descansa.

- ¿A-Allí está Saori? ¡Tengo que ir a verla!

- Calma tus caballos, hombre, no tienes permiso para verla, es regla de los Santos.

- ¡Vaya regla más estúpida, yo quiero ver a Athena!

- Kouga, Athena está bien, si no, el Santuario entraría en un caos total, seguramente no ocurrió lo que crees.

- Pero… Yo lo ví.

- Vamos, ¡ya tendrás posibilidad de verla!

- Athena se encuentra bien, si eso quieres saber.

- ¿Eh?