Disclaimer: Sekai-ichi Hatsukoi y sus personajes les pertenece a sus respectivos autores, este fic es sin fines de lucro, lo hago solo por diversión. Nakami Souji y otros personajes que NO salen en el anime ni en el manga si son de mi propiedad.
El gato blanco de la mala suerte.-
Capitulo Final:
"QUIERO BESARTE. PARTE UNO"
—¡Oye, vuelve aquí! ¡Estas haciendo trampa!
—¡Claro que no! ¡Souji, ya te lo hemos dicho muchas veces! Nosotros nos escondemos, y luego de que cuentes hasta cien, tienes que atraparnos, ¡es senciiiiiillo! —Kotarou, el pequeño de seis años, hacia expresiones exageradas de cansancio y ademanes graciosos con las manos, como si le estuviese repitiendo a un perro torpe que no aprendía aun a buscar una pelota. Yo solo me reía de sus graciosas exageraciones que hacia con las manos.
Sentí una personita abrazarse a una de mis piernas y aferrarse fuerte con todas sus extremidades. —¡Souji, te atrapé, ahora eres mi prisionero! —balbuceó Haru, el más pequeño de todos: cinco años. Llevaba la máscara de zorro que les había conseguido en el festival de Hakone, se supone que en el extraño juego que habíamos inventado, él era el emperador supremo y si me atrapaba luego de encontrar a los otros niños, debía estar bajo su dominio. Le acaricié la cabeza y le sonreí, Haru no se atrevía a soltarme; siempre quería que yo estuviese en su equipo en todos los juegos, y por ser el mas pequeño, he de admitir que sentía una debilidad hacia él.
—¡No Haru! No era tu turno de salir.
—¿Ya ganamos? —escuché a Kenta decir, el de ocho años. Su cabeza se asomó detrás de uno de los pocos autos de nuestro aparcamiento.
—¡Souji lo hizo mal, ¡tenemos que empezar de nuevo!
Rompí a reir. —¿Yo lo hice mal?
—¡Si! —canturrearon los tres al tiempo.
Kenta salió de su escondite. —Souji tienes que contar hasta cien, dijiste que lo harías.
—¿No creen que cien es un número es muy grande? —Tomé a Haru entre brazos que había aflojado su agarre en mi pierna y le hice cosquillas con la mano que no lo estaba sosteniendo, su ligera risa era contagiosa. —Podrían cruzar la ciudad si cuento hasta cien y así siempre van a ganar. —los pequeños rieron y Haru se quitó la mascara.
—¡Quiero que seas el bueno ahora! —Haru, con sus cortos brazos y su pequeña alma llena de energía, me colocó torpemente la mascara de lado. Tuve que cerrar un ojo debido a todos los malabares que hacia por ponérmela decentemente.
—¡No, yo quiero que esta en mi equipo! —Kenta, como el mayor tiro de mi ropa para que le prestase atención y notara lo urgido que estaba de que formar parte de su equipo: me puso cara de cachorro.
—¡No, no, no, para nada! Yo elegí hace mucho a Souji para que este en mi equipo. —a mi otro lado, Kotarou se abrazo a mi pierna y le saco la lengua a los otros dos niños. Al parecer me iban a obligar a escoger entre ellos tres, esto era comparable con tener que escoger los números de la lotería.
Estos enanos eran todos unos personajes.
—Niños, dejen de molestarle... Nakami-kun, tu celular estaba vibrando hace un buen rato. —se trataba de la abuela de Kotarou: Taeko-san. quien vivía con el niño y sus padres. la mujer de cabello corto y canoso de baja estatura me ofreció mi celular que lo había dejado en el porche dado que teníamos rato jugando y ya que mi cuerpo parecía una divertida jungla donde podías escalar y columpiarte, preferí dejarlo allí para evitar accidentes.
—Muchas gracias. —deje al mas chico en el suelo y los demás me liberaron de su disputa sobre su derecho sobre mi, ya que obviamente, mi opinión no contaba cuando se trataba de equipos a los cuales pertenecer. Tome el móvil que ella me alcanzo con una hermosa sonrisa, la anciana se adelanto a entrar a su departamento no sin antes anunciarle a su nieto que ya casi era hora de despedirse de todos por hoy. Deslice el dedo sobre la pantalla. Tenia un nuevo mensaje, el corazón se me acelero sin poder evitarlo cuando vi de quien se trataba. Entonces mis mejillas se colorearon cuando leí el contenido:
"Hola. ¿Qué estás haciendo? Me preguntaba si querías venir a ver una película. También te puedes quedar a dormir, mañana es mi día libre y como entras a trabajar en la tarde… Bueno, solo no te sientas comprometido."
No me sentía comprometido, para nada. Me sentía alagado y endemoniadamente feliz. Antes de poder teclearle que hace horas atrás, recibí un fax diciendo que habían cancelado la jornada laboral debido a una inspección del edificio, -lo hacían anualmente para darle los mantenimientos que se requerían, así que todo estaba bien- recibí una llamada telefónica, la pantalla se puso borrosa y su nombre completo apareció en la pantalla. Mi móvil vibro con fuerza en mis manos y no dude en contestar.
—¿Hola? Estaba a punto de responder tu mensaje... —Tenia una tonta sonrisa en mi rostro sin percatarme de inmediato que estaba rodeado por los niños. Me senté en el pórtico.
—¿E-eh, en enserio? Lo siento, no debí molestarte... solo fue una reacción de mi parte ya que no contestabas...
—Oh... perdóname tu, estaba jugando con mis vecinitos y lo hice a un lado para que no estorbara, de todos modos, mi celular esta en silencio, así que es mi culpa. ¿Hace cuanto enviaste el mensaje?
Hubo silencio del otro lado de la linea.
—¿Yuu-san?
—Hace veintisiete minutos. M-me desesperé... —lo pude imaginar sonrojado a la perfección.
—¿Estas hablando con tu novia, Souji? — Kenta, con sus enormes ojos azules, se me acercó con curiosidad indagadora.
—S-Sou... ¿Esos son tus vecinos?
Era notorio que Yanase Yuu estaba muerto de la verguenza por lo que acababa de escuchar, en cambio yo, les seguí el juego sin ningún problema. De hecho, yo no estaba por ocultar la verdad. —Si... Quieren saber si eres mi novia, ¿que les digo? —Sonreí mordiéndome el labio inferior, riéndome da la expresión de asombro que tenía el azabache de ojos azules en el rostro. Tomé la pequeña mano que Haru, de pelo del mismo color de Yanase, me ofrecía en tanto se sentaba a mi lado el también trataba de escuchar nuestra conversación.
—No molestes a Souji con esas cosas, Kenta. Los adultos se incomodan. —Kotarou, que me recordaba un poco físicamente a un pequeño Asahina Kaoru, le dio un ligero empujón a su amigo con el brazo.
—Ese niño me cae bien.
Yo rompí a reir. —Si, es mi novia.
—¡Oi, S-Souji!
—¡Miren, Souji se sonrojo, así que es verdad!
—Haru, no me delates en frente de Yuu-san... —Haru que me estaba señalando, bajó la mano a prisa como si Yanase pudiese verle en serio.
Solo escuché una suave risilla por su parte. Le divertía como un crío de cinco años podía avergonzarme con facilidad.
—Cavaste tu propia tumba.
—Eso parece.
—¡Esperen un momento, esta hablando con Yuu-sama! —recalcó el mayor de todos, tapándose la boca con asombro. Se habían acercado para poder espiar nuestra conversación, el alto timbre del teléfono ea ayudaba de cierto modo.— ¿Souji por que le dices novia a un chico? ¡Si que eres raro! —las risas de los niños se hicieron escuchar y yo solo les seguí el juego.
—Souji... ¿Como me conocen tus vecinos? ¿Y porque diablos el -sama?
—¿Quién? —el menor de todos arrugó la nariz, tirando de mi mano ya que los otros dos chicos no contestaron de inmediato. Era divertido y adorable ver como mis vecinitos trataban de encajar las piezas del rompecabezas, todos se tomaban muy enserio su papel de detective.
Tragué duro. De hecho, sí cavé mi propia tumba. Me pasé los dedos nerviosamente por el pelo. Les hice señas a todos de que guardaran silencio con el dedo indice en mis labios.
—¡El de las fotos Haru! ¿No te acuerdas?
—¡Shhhh, que es un secreto! —Kotarou se adelantó a taparle la boca con sus diminutas manos al enérgico niño de ojos azules. Por mas que trataran, todos me habían delatado, pero no estaba enojado por ello en lo mas mínimo, solo debía estar preparado para unos cuantos sermones.
Escuche un resoplido por su parte, ah mierda.
—Tu madre me obsequió unas cuantas fotos de cuando eras pequeño antes de irse y ellos las vieron cuando regresaba a casa y...
—¡¿MI MADRE HIZO QUÉ?! ¿C-c-cuantas fotos te dio? —estaba nervioso y avergonzado.
—¡Cuatro! —le contestaron al tiempo los tres niños con grandes sonrisas en sus rostros, era obvio que sus gritos fueron escuchados por todos. Yo les hice la señal de silencio pero la verdad quería reírme. Mi imaginación no tenia limites si se trataba de Yanase, la imagen de el nervioso, abochornado y enfurruñado era sencillamente adorable.
—Después de eso y por mas que les expliqué, insistieron en llamarte Yuu-sama. Al parecer, eres un tipo de héroe en sus mentes, dicen que lo que haces por mí es admirable.
—¿Y-y eso por qué? ¿Q-qué les contaste?
Agaché la mirada, no podía sostener la mirada de los niños. Mi corazón saltó con fuerza.
—Les dije que eres la persona que me hace más feliz en esta vida.
...
Aunque esta película policíaca era una de las que desesperaba por ver, había algo que capturaba más mi atención que aquel filme. Torné mi rostro disimuladamente hacia la izquierda. Era obvia la creciente incomodidad entre los dos... bueno, de su parte, porque al menos yo no estaba nervioso: no lo suficiente para arrinconarme lejos en el mismo mueble.
Bufé bajito, quería intentar algo.
Aproveché que estaba distraído con la televisión, -o al menos eso parecía,- para escabullirme un poco mas cerca de él, fui lo suficientemente disimulado como para que no lo notara: debía hacer algo para romper esta ridícula atmósfera de vírgenes. Silenciosamente estiré el brazo, colocando la yema de mi dedo indice entre sus labios. Despegó la mirada de la pantalla para dirigirme una expresión de confusión con un ligero fruncimiento del ceño y las mejillas encendidas: lucia estar apunto de soltarme un golpe sino me explicaba rápido. Al ver que no protestó de inmediato, introduje aquel dedo en su boca e hice una ligera presión en aquella húmeda y cálida lengua que antes había disfrutado tanto besar en arranques incontrolables de pasión.
—Lámelo.
Un almohadazo me dio de lleno en el rostro. Mi húmedo dedo ya no estaba respaldado por su lengua.
—¡Maldito pervertido!
Reí suavemente ante aquella reacción. Cuando me quité el cojín que tapaba mi vista, vi a Yanase Yuu totalmente alejado de mí al otro extremo del mueble, con un cojín entre brazos como única protección. Intentaba distraerse con el contenido de la pantalla pero aquel tinte en sus mejillas lo delataba, a pesar de que el espacio entre sus cejas se redujo más.
Nunca me cansaría de repetirlo: me encantaba molestarlo.
—¿A-acaso seras idiota? —fue lo único que balbuceó. Estaba jodidamente rojo, lo cual era lo mas perfecto del mundo.
Apretar los diente no serviría; tendría que ser directo con él, no pretendía pasar la velada controlando las horribles ganas que sentía de tocarlo, besarle o sencillamente tenerlo a mi lado. Me sentía como un mártir masoquista; en lo que llevaba de la noche apenas habíamos intercambiado unas cuantas palabras y una que otra coqueta mirada. Dos horas, dos malditas horas sin poder hacer un movimiento porque Yanase Yuu estaba terriblemente nervioso, por no decir distraído.
—Yuu-san... —llamé en tono suave, no quería alterarle. Parecía un asustadizo gorrión apunto de lanzarse en vuelo. —¿Sucede algo que no quieres comentarme? ¿Acaso hice algo malo?
Dijo algo ininteligible entre dientes y me frustré por no entender. Entonces, algo magnífico sucedió: se dignó a mirarme a los ojos.
...
'No hay nada malo contigo, soy yo.' volví a repetir, ahora en mi consciencia.
Su mirada inquisidora me avergonzaba más de lo que debía, y como no; tenia en frente al hombre al que pienso confesarle mis sentimientos. He de ahí la raíz de todos los problemas del momento. Oh no, esperen, hay mas, las fotos que él tenia de mi infancia y esas dulces palabras que escuché detrás del móvil sencillamente no me dejaban concentrarme. En la televisión destellaron disparos y secuencias veloces de persecución, pero ya ninguno de los dos le prestaba atención al aparato. Me sentía como una virgen a punto de casarse a edad temprana. Me llené del poco coraje que pude reunir en el momento y le devolví la intensa mirada, y demonios, empecé a discutirle una estupidez porque mi autoestima se sentía segura si teníamos una conversación acalorada:
—¿P-por qué tienes las fotos de mi mamá? ¿E-ellas te las dio? ¡N-no debiste dejar que unos niños vieran algo tan vergonzoso! —no había pregunta alguna en la que no estaban a punto de cocerse mis mejillas de lo caliente que estaban. No sabia exactamente porque trataba de buscar pelea si era claro que podría incomodarlo y esto no nos llevaría a nada. Había tratado de seguir los consejos de Hatori y de Jun lo mas que podía, lo hice... en su determinado momento: estaba lleno de entusiasmo y determinación al enviar ese mensaje. Pero ahora, sentía que estaba a punto de estallar y sentía todo el peso del mundo sobre mis hombros. Me había dado cuenta; Souji había tratado de acercarseme en varias ocasiones, pero yo, idiota al fin, solo me alejaba y si llegábamos a tener un contacto físico, por mínimo que fuera, algo tan inocente como un roce, salía disparado a la cocina como un cobarde en busca de una rápida excusa.
No sabia por cuanto tiempo podía llevar a cabo esta farsa.
El editor despegó los labios del vaso de té helado que llegué afortunadamente a preparar en una de mis fugas. Viéndose obligado a contestar, no giró completamente para responderme, de hecho no había buscado mis ojos en un buen rato como normalmente lo hacía. —Ella me las ofreció voluntariamente... y yo acepté, por supuesto. —estaba extrañamente tan calmado, su tono de voz se apagó un poco.
—Serás idiota...
—Probablemente.
Mi corazón latió con mas fuerza que antes.
'Quiero besarte.'
Estaba seguro de que Jun y Hatori estuvieran decepcionados de mí si supieran mi situación y como me estaba comportando con él
'Quiero tocarte.'
Solo quería pasar tiempo con él, hacer tonterías, compartir un café, contar viejas historias, ver la bendita película como una pareja normal, acurrucarnos juntos, preparar las comidas los dos juntos, tomarnos de la mano y reírnos de alguna vergonzosa anécdota. Quería besarle un montón de veces y luego otro montón de veces mas. Tan simple y estúpidamente cursi como sonaba: lo quería a él... por mas acaramelado que lo pusiera en mi mente, la verdad es que no sonaba del todo mal.
Sus irises destellaron por un segundo cuando esta vez se dio la vuelta y las mariposas causaron estragos con mas fuerza. —No me invitaste a tu casa solo para discutir sobre esas fotos. —aquello no era una pregunta.
'Te necesito.'
Yo me limité a negar con la cabeza, miraba mis manos hechas un nudo sobre mi regazo, estaba tratando de confesarme y como un adulto maduro al final de sus veintiochos, no tenia idea de como hacerlo sin morir de la vergüenza en el acto. Con Souji a mi lado había logrado darme cuenta de que solo tenia miedo a enamorarme de nuevo, al verle sonreír, había sido muy tarde; Souji lo había hecho otra vez, y la persona que amaba no se trataba del mangaka para el cual trabajaba.
"—No te atrevas a huir esta vez, Toshi..." rugió la televisión, al parecer 'Toshi' tenia las agallas que Yanase Yuu carecía, porque él no huyó. Después de otra corta escena de pelea, el héroe se quedó con la chica. La palabra "fin" tuvo su estrellato en la película unos segundos y de ahí, pasaron los créditos con una épica canción triunfal de fondo.
Se acabó el tiempo.
—Estas muy raro, Yuu-san... —el sillón se hundió donde apoyó su mano: muy cerca de mí. Con su otra mano, logró girarme el rostro sin mucho esfuerzo. Souji se acercó peligrosamente, trató de unir nuestros labios. Mierda. Culpé al estado mental que sufría cuando coloqué la mano en su pecho, frenando cualquier intento, rechacé su boca. ¡¿Qué demonios pasaba conmigo?!
'¡Te iba a besar!' rugió mi subconsciente y me maldije un millón de veces.
Escuché un resoplido de decepción. Cuando miré, el chico reía suavemente, tal vez de mí o de sí mismo. —Esta bien... solo no es el momento, ¿es eso? —di un respingo. No sé si estaba jugando con mi mente o si se trataba de una nueva broma. ¿Lo decía por el rechazo reciente o sabía lo que tenía rato tratando de hacer?
Aun así, si no estas feliz no deberías sonreírme de esa manera, preferiría que se enojara, que me gritara, ¡lo que sea!... Demonios, quería huir, esconderme bajo las cómodas sábanas de mi cama una semana o dos, o solo hasta que se aburriera y se fuese. Definitivamente hoy no era mi día.
El editor se deshizo de mi mano sobre su pecho al levantarse del sillón. Tomó el control remoto y apagó el televisor que estaba mas que estorbando con su estridente chillido. Ahora el silencio entre los dos se había vuelto colosal. El chico estaba impasible, cosa que era verdaderamente increíble; prefería su personalidad eléctrica, al latoso, dulce, romántico, pervertido al que estaba acostumbrado, al Souji sarcástico sin pelos en la lengua al que a muchos le infundía terror. Su calma me ponía inquieto, ¿estaba molesto?
Sacó su celular del bolsillo de sus pantalones y observó la pantalla de inicio unos escasos segundos con cara de póquer, luego me miró y el corazón se me atoró en la garganta cuando habló. —Ya es de madrugada. Será mejor que me vaya a casa. —suspiró cansinamente como si hubiese tenido el día mas difícil en años. —Buenas noches, supongo que nos veremos en el trabajo. —Se acercó a mi despacio, cuidando de no asustarme al apoyar una mano en el espaldar del sillón, acorralándome, yo apreté los ojos, no estuvo muy seguro pero al final lo sentí besar el calor de mi mejilla. Se estaba despidiendo.
'¿Qué?'
—¡Souji, e-espera! —al salir de mi ensoñación, logré interceptarlo en el pasillo yendo a toda velocidad, tragándome todo el orgullo restante que tenia. Estaba rojo, podía sentir el calor en mis mejillas pero no iba a dejarlo ir así tan fácilmente, no luego de tragarme los consejos de Hatori y Jun. El lugar donde me besó, quemaba.
'MALDITA SEA.'
...
Su reacción le había sorprendido, la verdad. Esperaba que reclamara un poco, pero no que se echara a la carrera y pusiera sus manos en su pecho como si quisiera hacerle retroceder hasta el sillón otra vez. Souji no podía quedarse otras horas mas y ser rechazado de nuevo, no lo soportaría. Había sido prisionero de la duda desde que puso un pie en esa casa: no iba a poder contenerse y le causaría temor si Souji se hartaba: porque le saltaría como una bestia sedienta. Con lo ansioso que estaba Yuu esa noche, le daba miedo romper todo lo que habían construido juntos, hasta ahora, aquella linea de confianza, no la debía cruzar por el bien de ambos y por respeto a Yuu. No cuando tardó demasiado para que dejara de detestarlo en un inicio. Ese era el sentir del más joven.
—¿Q-qué pasa, Yuu-san?
Levantó el rostro, con esas adorables mejillas coloreadas en un tono perfecto de rojo. Sus ojos caoba destellaban determinación. Justo ahí al encararle, nacía un puchero en sus labios, parecía como si un artista había delineado en su rostro en algo tan perfecto y grácil como era expresión de valentía y verguenza. Nakami necesitaba con urgencia un balde de agua fría en ese momento antes de cometer alguna estupidez. Yuu era un ángel abandonado en la tierra y Souji era un demonio dispuesto a quebrarlo.
—Quédate.
—¿Disculpa?
—¡Quiero decir...! ¡Quédate...! C-conmigo, esta noche...
Yuu vió como se mordió el labio inferior y eso encendió una chispa en su interior.
Esa vista que Yanase le daba, esa vulnerabilidad y esa petición, era su impresión, pero... Yuu se estaba conteniendo terriblemente eso le llenó por dentro, acelerando el corazón del oji-verde. Seguro debió estar luchando consigo mismo para decirle aquello, pero solo preguntó para asegurarse de que esto no se tratase de un buen sueño:
—¿Eso quieres?
—¡...! —Abrió la boca para contestar y la cerró de pronto. Conociéndolo, creería que le estaba tomando el pelo. —¡I-idiota! No me hagas repetirlo otra vez... Tch... ¿P-puedes, Souji~?
El invitado chasqueó la lengua y se acercó despacio.
—No digas mi nombre en ese tono o habrán serias consecuencias. —tomó su rostro entre sus manos, Yuu ya le miraba. Por fin le dejaba ver esa hermosa mezcla de colores sin rehuir a los suyos. Ya no estaba huyendo de él. Sintió el calor bajo sus manos, un calor tierno, un calor suave, algo insignificantemente agradable. Yanase no salió corriendo cuando dejó un beso superficial sobre sus labios. Todo estaba volviendo a la normalidad. Yuu le regaló una sonrisa tímida.
Estaba más tranquilo, sentía que, aunque el otro no lo sabia, le brindaba su apoyo con aquel perfecto contacto entre labios. Eran pequeños los pasos que Yuu daba, pero se sentía orgulloso de sí mismo por estar haciéndolo bien hasta ahora. No recordaba cuanto tiempo llevaba así, no en ese momento, cuanto tiempo llevaba perdidamente enamorado de Souji sin saberlo realmente. Él no sabia que le pensaba tanto, que le deseaba, que le quería, que Yuu le amaba. Necesitaba de todo el valor para reconocerlo en voz alta, frente a él y que las calladas paredes de madera y el tiempo que ahora parecía flotar al rededor de ellos fueran testigos de lo que tenía para decirle.
El pulgar de Yanase acariciaba la piel de porcelana de su rostro, se tomó el atrevimiento de hacerlo. Ambos se perdieron en las irises del otro en la semioscuridad de la habitación y el cuerpo de Yuu se movió solo. Sus manos, que antes estaban posadas en su torso al momento de detenerlo de irse, subieron acariciando toda su anatomía, la piel juvenil de su rostro era tersa y hermosa. Brindándose toda la confianza que le faltaba, se puso de puntillas, atrayendo su rostro con sus manos, Yanase le besó. No fue un contacto torpe e inocente como un primer beso ni tampoco uno desbocado y frenético como descargas acaloradas. Fue algo que ellos describirían como perfecto, un beso de adultos: lento, pasional, dulce, un beso cargado de emociones, uno que robaba el aliento y que escondía unos cuantos secretos.
Por un momento confundió a Souji con todos esos cambios de ánimo en esa noche, pero sencillamente, no preguntó, de todos modos aquel juvenil hombre, casi cuatro años mayor que él, ponía su mundo patas arriba sin necesidad de palabras.
Sus cálidas bocas encajaban a la perfección, sus lenguas se buscaban y sus cuerpos, atraídos por la magia del momento, estaban hechos el uno para el otro. Souji le robaba el aliento, le dejaba con ganas de más, pero después de romper el contacto que duró eternos maravillosos segundos, había tomado su decisión.
'Si, esto es lo que quiero.'
Pensó a escasos centímetros de sus sonrosados labios. Aquella boca sensual que le invitaba a desgastarla toda la noche a besos. Yuu se mordió el labio inferior y escondió el rostro en su pecho, ¿por qué el editor le ponía tan mal? Era su maldita culpa, con todas esas jugarretas, sus palabras, su voz, aquellas cosas bonitas que le decía, cosas que no quería escuchar, cosas que le había hecho reconocer, cosas pervertidas, su risa, sus ojos felinos, su endemoniado ego, su irritante personalidad, su sensibilidad, su cuerpo, su ojos. su calidez, sus fuertes brazos, su todo. Había tocado fondo gracias a ese grandísimo idiota y no había manera de salir a flote de esto.
—¿Yuu-san...?
Su nombre, delicadamente delineado por su voz como los trazos de su mano que tomaban forma en el papel. Le irritaba que ello le encantara demasiado.
—Solo escúchame, por favor. —murmuró protegido en aquel abrazo que no le permitía que viera su avergonzado rostro, refugiado en su pecho por nada del mundo le iba a dejar ver sus mejillas sonrosadas, no por ahora.
Yuu le estaba abrazando, apretándolo como si de un momento a otro fuese a desaparecer frente a sus ojos. El artista debía admitir que estaba asustado, su corazón tenía una alocada carrera en su pecho, compitiendo con el tren de desastrosos pensamientos dentro de su cabeza. Solo se había mostrado vulnerable con el editor así que la ventaja la llevaba ese chico; Chiaki le había visto llorar, pero Souji se había encargado de secar varias veces esas lágrimas.
Confesar sus sentimientos: aquello era como tener un horrible vértigo. Temía por lo que venía, de lo que estaba a punto de decir, su razón estaba negada a amar debido al dolor que provocaba el rechazo, le acobardaba que algún día Souji se hartase y lo echara por la borda, que lo desechara con aquel carácter difícil que tenía. ¿Cómo había podido ese joven aguantarlo todo ese tiempo? Yuu fue tan terco, cruel y cortante con él, le hirió en mas de una ocasión y aun así, él se quedó; le ayudó a cambiar para bien, las cosas se habían dado tan naturales conforme pasaba el tiempo. No podía pensar de esa manera de alguien que tenía su corazón totalmente abierto solo para él.
Yanase tomó un hondo respiro, inspirando su seductor aroma de paso.
—S-Souji... M-me gustas... —Yuu sintió el corazón de Souji acelerarse desde su posición luego de procesarlo pocos segundos, eso le hizo sonreír secretamente. Le estaba escuchando con mucha atención. —Me gustas mucho... Y-yo... N-no puedo sacarte de mi cabeza, grandísimo idiota. —apretó la tela de su camiseta; toda la sangre se había acumulado en su rostro con cada palabra que salía de su boca. Su corazón estaba hablando, sus palabras salían conscientes desde aquel cálido lugar en su pecho. —N-no quería decírtelo, tenia miedo de muchas cosas, —estaba mas que nervioso, admitir sus inseguridades era escalar un gran paso personalmente. La palabras que tenía tiempo escondiéndolas para sí mismo, escapaban solas sin poder controlar los balbuceos apenas entendibles. Yanase tragó duro, corrigiéndose rápidamente. —¡pero,! ...conseguiste que me enamorara de ti... Por eso, quiero que te quedes, ¡N-no solo hoy...! Quiero que te quedes a mi lado, siempre, por favor... —su corazón atorado en su garganta, palpitaba a la par con el de Nakami. —Por qué si me a-abandonas, date por muerto, ¿e-entendiste lo que te acabo de decir?
Cuando se dignó a subir el rostro para espiarlo, descubrió a Souji mirándole fijamente, sorprendido, tenia los labios entreabiertos y su rostro estaba ruborizado, mucho mas que las veces anteriores.
'Demonios...'
—O-oi... Mírame a los ojos cuando me digas ese tipo de cosas... —se separó apenas del dibujante tomando entre sus manos las mejillas incendiadas de Yuu, sus hermosos ojos caoba centellaban al verle sonreír.
—Sou... estas temblando. —susurró preocupado, haciendo caso omiso a lo anterior. Dejó una mano en su cuello donde su pulso parecía estar a punto de estallar.
—S-si... es que estoy muy nervioso. Lo... lo que quiero decir es que, estoy feliz. —Iba a abrir la boca para reclamar por aquella extraña respuesta, pero continuó antes de siquiera pensarlo. —No sabes lo feliz que me haces, en serio, tonto... No tienes ni la menor idea. —El editor lo apretó con suavidad en un abrazo cálido, uno en el que sus cuerpos se amoldaban a la perfección y uno del cual Yanase no estaba dispuesto a liberarse. —Te amo, ¿me escuchaste? Si te lo tengo que decir a toda hora, a cada minuto, te lo diré. —Souji lo sostenía como un preciado tesoro entre sus fuertes brazos. Yuu sentía lo tenso que estaba su cuerpo y nada lo alegraba mas: el chico trataba de decir las cosas con coherencia, al parecer, estaba tan conmovido que había logrado ponerle inquieto -en el buen sentido.- Souji se había enamorado de aquel delicado cuerpo, sútilmente delineado, de aquel roto corazón con todos sus pedazos esparcidos y de su vibrante apasionada alma que se expresaba en el fulgor de sus ojos y los trazos de su mano.— Yanase Yuu, no quiero que nadie más te tenga. No quiero y no lo permitiré. Nunca más luego de lo que acabo de escuchar.
Yuu sabía que el problema había iniciado cuando el corazón se le aceleró con esa declaración, al besarle de esa forma, este solo supo latir con más fuerza. Estaba perdido. Sus piernas temblorosas le guiaron a la cama. Ambos desvestían al otro con la paciencia y la torpeza de dos vírgenes, en tanto se encargaban de desgastarse los labios a besos, era lo único que se escuchaba en la habitación del dibujante junto con lo jadeos ansiosos de ambos; el sonido del húmedo contacto, la ropa cayendo al suelo y los temblorosos suspiros que se escapaban de sus bocas deseosas por sentir al otro.
—¿Aún estas nervioso? —se burló el mayor entre un beso y otro.
—Silencio... —sonrió el editor, callándolo con más de esos besos para que no notara el sonrojo que le asechaba. Logró tumbarlo boca arriba en la cama ente risas e indirectas juguetonas.
Completamente desnudo, Yuu reclamó lo injusto que era el que Souji aun estuviera vestido de la cintura hacia abajo. Sin decir mucho, Souji rodó los ojos divertido y retiró su propio cinturón, con ello, el resto de su ropa.
…
