Mi Rey.

Capítulo cinco: Momento de debilidad.

-Hitsugaya-dono, ¿está todo bien?- preguntó Kouzu a Karin notándola demasiado distraída mientras trataba de enseñarle como hacer Curry.

-Kouzu, ya te he dicho miles de veces que no me llames así.- solo dijo sin siquiera mirarlo.

-Pero el rey…-

-Al diablo con el rey.- bufó. –Te ordenó como tu reina que ignores la orden del rey cuando no esté presente y me llames por mi nombre.- finalmente lo miró con ojos fieros, dejando en claro que no iba a aceptar un no por respuesta.

-Pero…-

-Sin peros.- lo tajó de una. –Dejaré las lecciones de cocina por hoy.- suspiró dejando de lado los ingredientes. –Ya es tarde, voy a ir a dormir.- se lavó las manos y empezó a salir de la cocina. –Buenas noches, Kouzu.-

-Buenas noches, Karin-san.- al oír su tono berrinchudo se dio la vuelta sonriendo y agitó una mano hacia él soltando risas mientras se iba en dirección a su cuarto designado.

Una vez acostada en su cama se encontró con que no podía dormir, justo como la noche anterior, después de escuchar la historia del rey. El insomnio apenas la dejó hacer nada durante el día, y aunque había venido a acostarse temprano todavía se encontraba incapaz de pegar un ojo.

Según lo que le había dicho la princesa Momo-san en sus días de visitas antes de irse justo esa mañana, sus padres habían muerto hace aproximadamente cuatro años, lo que significaba que Hitsugaya había sufrido del maltrato de su madre a los diecisiete o tal vez dieciséis años… No dejaba de sorprenderse y horrorizarse de lo crueles que podían ser las personas, ¿quién pondría una mano sobre su propio hijo? Tal vez no era su hijo biológico pero lo había criado desde que era un bebé, ¿cómo pudo?

¿Cuántos otros niños habían corrido esa suerte? Acabar en manos de monstruos y terminar convirtiéndose en monstruos también. Hitsugaya un día fue una buena persona, una persona que Momo-san y Rangiku-san, personas que ella apreciaba mucho, amaban, y ahora… solo por la maldad, la locura de su madre, él se convirtió en eso, y las estaba haciendo sufrir… No se compadecía de él, sino de ellas. Lo odiaba demasiado como para compadecerse.

Luego de dos horas de removerse en su cama tratando inútilmente de conciliar el sueño, oyó la puerta de su habitación abrirse.

Se sentó repta en su lugar, de inmediato tomando un jarrón de la mesilla junto a ella cuando vio que era su esposo quien había invadido sus aposentos. Salió de la cama y adoptó una pose defensiva, como una advertencia de que no le sería fácil hacerle cualquier maldad esta vez.

-¿Qué quieres?- preguntó tratando de no mostrar su nerviosismo.

-Karin…- murmuró por lo bajo. –Ven a nuestra habitación.- se acercó un paso y ella retrocedió dos, asustada.

-D-déjame en paz…- alzó el jarrón amenazante. –Vete.- por todos los cielos, ¿qué quería de ella ahora?

-Karin…- de pronto corrió hacia ella llenándola de terror, pero aun así trato de golpearlo con el jarrón, pero Hitsugaya la dejó por completo en ridículo arrebatándoselo fácilmente y sujetándola de la cintura pegándola a él completamente indefensa.

Sintió su aliento y de repente todo tuvo sentido.

-Estás borracho.- no fue una pregunta. –Ve a darte una ducha fría y déjame en paz.- trató de empujarlo pero de pronto en un parpadeo se vio colgada sobre su hombro abandonando su habitación designada para volver a la real. -¡Bájame, miserable!-

-Silencio.- solo dijo él, arrojándola bruscamente sobre la cama.

Ella de inmediato quiso huir cuando lo vio recostarse en el respaldo de la cama, pero él presionó un brazo en su estómago y la mantuvo quieta con una fuerza que aunque no la lastimaba le hacía imposible huir.

-¡¿Cuál es tu problema?! ¿Qué otra maldita cosa quieres de mí?- entrecerró los ojos para no llorar. No quería que la violara de nuevo.

-No te voy a hacer nada que no quieras.- rodó los ojos como exasperado por su miedo, como si no tuviera motivos para temerle… -Solo quiero hablar…- suspiró cuando ella en toda respuesta solo siguió tratando de librarse de su agarre y largarse. –Karin, solo escucha y responde.-

-¡No quiero hablar contigo!- siguió tratando de zafarse pero finalmente terminó por aceptar que era inútil y se quedó también recostada en el otro extremo de la cama mirando al frente cruzada de brazos maldiciéndolo por lo bajo.

-¿Ya terminaste tu rabieta?- indagó con calma mientras la morena no dejaba de preguntarse cómo estaba tan recompuesto pesé a estar borracho. O bebió poco o tenía una alta tolerancia al alcohol, a lo que ella apostaba más por la segunda opción.

-No. Pero da igual…- bufó. -¿Qué tengo que hacer para que me dejes en paz?- frunció el ceño, solo esperando que no fuera una propuesta pervertida o algo por el estilo.

-Solo hablar.- suspiró. -¿Por qué… por qué dijiste ayer que mi madre no tenía razón?-

Karin lo miró sumamente sorprendida.

Wow. Sus palabras realmente le habían llegado, no lo hubiera creído de no ser porque se notaba evidentemente ansioso por una contestación, ¿o tal vez era el alcohol?

-¿Por qué te importa?- respondió con otra pregunta sin importarle ser grosera con él.

-Porque habría esperado eso de Hinamori y Matsumoto, pero nunca de ti, tú me odias, me odias como me odiaba mi madre. No entiendo por qué estás en desacuerdo con ella.- pestañeó perplejo.

-Yo no te odio como te odiaba tu madre, Toshiro. A ella tú no le hiciste nada, ella estaba loca. A mí me maltrataste, humillaste y me hiciste temer por mi vida, y eso solo si no consideramos nuestra noche de bodas.- masculló seriamente con amargura. –Y dije que no tenía razón porque no la tenía. No deberías haber escuchado a personas como ella, debiste haber escuchado a Momo-san, pero ahora ya es tarde y eres tan desquiciado como tu madre.- una vez más hablo sin consideración ni pena, no le importaba una mierda sus sentimientos, a él no le habían importado los suyos.

-Tienes razón…- se sorprendió al oír su tono tan frágil, pensó que se enojaría y la echaría como antes pero solo parecía… roto. –Soy como ella.- ladeó el rostro, sus ojos turquesas perdidos en la nada. –Tal vez soy peor, al menos ella solo castigaba a los que se lo merecían, como yo, que me lo merecía por matar a mi padre… pero tú no te merecías lo que te hice…- murmuró como en un trance, realmente estaba muy borracho.

-Tú no mataste a tu padre.- rodó los ojos. –Eres un idiota y tu madre solo se aprovechó de tu estupidez para tener a alguien con quien desquitarse.- era evidente, y enfermizo.

-¿Tú crees?- inquirió como si la posibilidad nunca se le hubiera pasado por la cabeza.

-No pudiste salvar a tu padre, que triste, ya pasó, ¡supéralo!- exclamó con fiereza y él volteó a mirarla con ojos amplios. –Y entiende esto, tu madre era una persona horrible, nadie debe maltratar a su hijo, ¡jamás! Sea biológico o no. Y, Toshiro, no se les debe creer a las malas personas, no las escuches, es estúpido.- le estaba hablando como si él fuera un niño que no sabía nada de la vida, pero no se detuvo porque probablemente así era. -¿Tu padre era una buena persona, Toshiro? ¿Él alguna vez te maltrató?- eso pareció despertarlo de su trance.

-No.- negó de inmediato. –Mi padre nunca le hubiera puesto un dedo encima a alguien que no sea un soldado del ejército enemigo. Era un hombre justo, algunos lo llaman un santo.- frunció el ceño, mirando hacia abajo. –Él… él era un gran hombre…- su tono sonaba como si hacía mucho no hablara del anterior rey.

-¿Y alguna vez te has preguntado… qué opinaría él de lo que te hizo tu madre, o de tu comportamiento actual?- dios, Hitsugaya realmente parecía un niño ahora, con sus ojos amplios como si realmente jamás hubiera considerado lo que estaba diciendo hasta ahora. Y lo llamaban un genio… ¿Qué tanto habían traumatizado a este tipo? Su mente racionaba mucho por un lado pero por el otro… parecía completamente en blanco.

-Yo… nunca pensé en eso…- reposó su cabeza contra el respaldo de la cama. –Solo pensaba en hacer lo que mi madre me dijo que hiciera porque se lo debía. Pero… ahora que lo pienso… probablemente mi padre desaprobaría todo esto.- susurró apenas audible.

-Eres muy estúpido y egoísta, Momo-san sin duda te habrá dicho cientos de veces que lo que haces no agradaría a su padre, ¿alguna vez te tomaste la molestia de escucharla?- lo miró con desprecio.

-No…- bajó la mirada. –Yo… estuve escuchando a la gente equivocada, ¿no es así?...-

-Sí, de hecho, y eres un estúpido infeliz.-

-Yo debí haber escuchado a las buenas personas…- siguió hablando como si no la hubiera oído. –Debí recordar todos los consejos de mi padre, debí escuchar a Hinamori y Matsumoto… Debí…- de repente se frenó a sí mismo, fijando su vista ella. –Karin, tú eres una buena persona, así que debo escucharte también.-

-Eso no es buena idea para ti.- comentó sinceramente. –Porque lo único que yo te pediría es que fueras a lanzarte de un acantilado.- y sin dudarlo.

-Cierto, me odias…- bajó la mirada otra vez. -¿Odiarme te convirtió en una mala persona?- preguntó curioso, exaltándola.

-¡No! ¡Yo soy una buena persona, de no ser así puedo asegurarte que ya te habría matado!- él estaba borracho y solo el simple hecho de presionar una almohada en su rostro por un tiempo bastaría para… Sacudió la cabeza. No era una mala persona. El odio no la arrastraría hasta ese punto. –Soy… una buena persona…- aseguró suspirando. No, el odio no la consumiría ni la haría olvidar quién era.

-¿Entonces tengo que escucharte, verdad?- susurró él mirándola como si realmente no tuviera idea de qué hacer si no se lo decía.

-No deberías escucharme a mí…- dijo ella con lentitud, pensando cuidadosamente sus palabras. –Más a Rangiku-san y Momo-san, ellas te aman, te dirían lo que es mejor para ti.- le diría que si la escuchara y nunca volviera a acercarse a ella, pero sabía que su dama principal lo haría por ella. Y de cualquier modo, dudaba que realmente le estuviera haciendo algún caso, solo estaba borracho.

-Entiendo…- su mirada seguía perdida. –Aunque no sé si aún me amen, ¿sabes? No he sido muy bueno con ellas…- suspiró profundamente. –He estado evitando a mi hermana como si fuera mi enemiga, la invite para que salvara a tu animal pero tome la primera excusa que pude para no quedarme a convivir con ella. Ni siquiera fui a despedirla esta mañana, y hace muchos meses que no la veía… En cuanto a Matsumoto… siempre he tratado de escucharla en cierta medida, cuando me dijo que no volviera a forzarte, la obedecí.- así que fue por eso que había empezado a dejarla decidir si quería "complacerlo" o no… -Cuando me dijo que no volviera a encerrarte en los establos y me marchará lejos por un tiempo a atender mis negocios, la obedecí también, al igual que cuando me pidió que te dejara dormir donde se te placiera. Claro que seguía haciendo lo que yo quería en cierta medida, pero… teniendo muy en cuenta su opinión.- bueno, ahora las cosas tenían un poco más de sentido.

-A pesar de que la escuchabas seguiste siendo un bastardo a tu modo.- sonrió con amargura. –Eso solo comprueba mi teoría de que no las odias a ellas, solo a ti mismo, y a mí, tal vez…- seguramente.

-No te odio…- argumentó él de inmediato, con voz ronca. –Tú solo… me enojas, y me pones nervioso… casi te tengo miedo.- esas palabras le valieron una mirada de lo más extrañada de parte de su esposa. –Quiero decir… nunca he convivido con una mujer que no sea de mi familia y me conociera desde pequeño… Ni siquiera pensé que iba a casarme después de que mi madre murió, estaba dispuesto a brindarle ayuda a tu padre solo por la promesa de que de ser necesario siempre iba a ponerse de mi lado, pero entonces te vi y…- volvió a alzar la vista encontrando sus ojos turquesas con los suyos oscuros horrorizados. –No pude evitar pensar que eras la mujer más hermosa que jamás podría encontrar…- susurró y Karin no pudo hacer más que maldecir a su apariencia, tanto sufrimiento que se habría ahorrado solo con no cumplir con los estándares de belleza de la mayoría de los hombres… -La verdad, pensé que serías una muñeca manipulable, pero entonces empezaste con tu actitud desafiante y me enfurecí y me arrepentí de mi decisión porque… en realidad me parecías bastante fascinante, y yo no quería eso, yo solo quería tu cuerpo… y lo tome.-

-Ya no lo soporto.- ante esas palabras y los recuerdos horribles, de inmediato se levantó para irse, pero él la tomó de la muñeca, suave, delicadamente, y volvió a sentarla aprovechando su confusión.

-No tenía mucha idea de qué hacer, antes solo había tenido relaciones sexuales con prostitutas estando sumamente ebrio y al día siguiente jamás recordaba nada, y tú me hacías enojar más y más… y solo hice lo que quise… Y no fui consciente de lo que había hecho hasta que te escuche llorar… Sentí culpa… y te odie más por eso.- Karin cerró los ojos con fuerza, ella no quería escuchar esto. –Y… cuando dije que no eras una cogida tan buena… mentí, no es como si recordara algo para tener punto de comparación y…-

-¡Ya cállate, no quiero oírte!- gruñó furiosa aunque algo sonrojada, no quería recordar esos días, no quería. –Nada de eso me interesa, tú no me interesas.- en su momento había dolido, pero rayos que ahora todo lo que quería era olvidar.

-… Y no eres un desperdicio de mujer…- continuó como si no pudiera evitarlo a pesar de sus palabras. –Yo creo… que eres inteligente y encantadora…- siguió.

-Estás demasiado borracho.- murmuró con indiferencia, obviamente todo lo que decía era por influencia del alcohol.

-Y también,- continuó como si no la escuchara en lo absoluto. –Fui yo el que acarició tu mejilla ese día…-

-¿Qué?- bueno, eso la tomó con la guardia baja. –No, es imposible.- lo miró sonriendo con ironía, incrédula. –Fue Kouzu, tú no puedes…-

-Ikami jamás hubiera hecho algo así, el tipo no es tan estúpido como aparenta. Aunque él me vio entrar a tu habitación temprano en la mañana y se preocupó de que quisiera "hacerte algo malo", pero solo me vio en ese… momento de debilidad…- arrugó el gesto. –Lo descubrí y le ordené que me siguiera a la sala del trono, donde lo amenace para que no se atreviera a decir ni una palabra respecto a lo que había visto.- suspiró. –No quería que supieras la influencia que tienes sobre mí… lo débil que me haces sentir.- trató de extender una mano para acariciar su mejilla pero lo apartó de un manotazo. –Principalmente, porque sé lo mucho que te hice odiarme…- la miró profundamente y Karin lo odio.

Lo odio porque él se veía tan indefenso como un gatito herido, y eso solo la hacía sentir deseos de tomar a ese gatito y ahogarlo en todas las lágrimas que la había hecho derramar.

-Tienes razón, te odio y te despreció. Te repudió… te aborrezco… Lo único bueno que has hecho por mí es ayudar a mi padre en la guerra, y ahora me enteró que lo habrías hecho de todos modos.- los ojos se le llenaron de lágrimas de rabia. Eso solo la hacía sentir que todo su sacrificio no había servido para nada. –Otra cosa… tal vez llamar a Momo-san, pero aun así eso no alcanza a redimir en lo más mínimo todo el sufrimiento que me has causado.- respiró hondo, no iba a llorar, no iba a llorar.

-¿Entonces dices que existe la posibilidad de que pueda redimirme? ¿Qué pueda redimirme haciendo más cosas buenas por ti?- la miró con un brillo extraño en sus ojos que prefirió no descifrar y de inmediato apartó la mirada.

-Sinceramente lo dudo.- masculló con sequedad, siendo esa su manera de decir que absolutamente no.

Pero aparentemente él no captó el sarcasmo goteando de cada silaba en sus palabras.

-Me esforzare para despejar esas dudas entonces.- y antes de que pudiera siquiera entender lo que estaba pasando, de repente sintió sus labios sobre los suyos, disgustando inmediatamente el dulce sabor del vino en su boca, que de ningún modo fue suficiente para opacar la frialdad natural de sus labios.

Sus ojos se ampliaron enormemente y trató de apartarlo de inmediato, sorprendiéndose cuando en serio su empujón surtió efecto alejándolo de ella.

-¡¿Qué crees que estás haciendo?!- chilló limpiándose la boca. -¡Y justo cuando pensé que tanto alcohol te volvía inofensivo!- escupió al piso. –Debí saber que no tardarías en tratar de forzarme otra vez…- frunció el ceño.

-No estoy tratando de forzarte.- dijo él, con calma. –Estoy tratando de compensarte…- murmuró lentamente.

-¿Disculpa? ¿Ya estás hablando incoherencias de nuevo?- uff, este tipo era intratable en cualquier estado.

-Compensaré el haberte traído tanto dolor en nuestra primera noche…- su tono era muy suave, casi dulce. –No fue como debería haber sido… y aunque no puedo darte el amor que todas las mujeres desean, sé que puedo darte placer…- su voz ronca regresó.

-P-pervertido… yo n-no quiero que te acerques a mí…- retrocedió asustada hasta que su espalda chocó contra el cabecero de la cama.

-¿Por qué no? Solo quiero complacerte, puedo ser tu juguete para que me uses como se te plazca.- su voz era indiferente, como si hablara del clima. –Note que a pesar de tu odio aun así me deseas, y no puedes ocultármelo…- extendió una mano y la posó en su tobillo desnudo, haciéndola estremecer. –Tienes sed de mí, y en algún punto sabes que sucumbirás a saciarla…- arrastró su mano por su pantorrilla hasta terminar en la parte inferior de su rodilla por debajo del Kimono. -¿Por qué no ahora, mi reina?- de nuevo, ella no pudo evitar estremecerse.

-Y-yo… yo no soy tu puta.- graznó indignada tratando de controlar sus estremecimientos y su sonrojo.

-Por supuesto que no.- concedió él fácilmente, su mano deslizándose hasta su tobillo y volviendo a subir. –Yo soy tu puto.- finalmente, sonrió ladinamente, llevando sus dos manos a sus muslos y abriéndolos de par en par. –Tranquila, solo te hare disfrutar.- prometió acariciando sus piernas, siempre suave, siempre delicadamente.

Arremangó su kimono hasta que quedó enredado en sus caderas y arrancó de un tirón su ropa interior, dejándola en solo segundos desnuda de la cintura para abajo.

-P-para… no quiero esto…- ¿entonces por qué rayos no lo había pateado aún, entonces por qué no estaba saliendo corriendo?

Los ojos se le llenaron de lágrimas, porque sabía la respuesta, ella lo deseaba. Era una puta, una puta estúpida.

Sollozó cuando sintió su mano cubriendo su intimidad y uno de sus dedos adentrándose en su interior que ya estaba comenzando a humedecerse. Sollozó y apretó las sabanas en sus puños, rindiéndose, siendo débil. Y se dejó hacer.

Su dedo salía y entraba con lentitud de su cavidad, mientras los otros mantenían un tierno masaje a los alrededores, todo suave y lento, como si ella fuera a romperse si lo hacía de alguna otra forma.

Mordió su labio para contener sus gemidos, sintiendo su rostro ardiendo de la vergüenza… y el placer…

Cerró los ojos, no queriendo ver la expresión de su cara por lo fácil que le había sido arrastrarla a esta situación, lo fácil que le había sido hacerla ceder a sus impulsos y entregarse al placer de su cuerpo a pesar de que su mente no dejaba de reclamarle su falta de orgullo y su aparente fetiche repugnante por la sumisión y la humillación.

Ella era repugnante, se odiaba, aunque no tanto como lo odiaba a él.

Pesé a sus pensamientos de cuanto disfrutaría tenerlo muy lejos de ella ahora, no pudo evitar que un pequeño gemido se le escapara cuando sintió otro de sus dedos escavando en su interior, lento, pero tan intenso… y ella lo odiaba.

Mordió su labio, tratando de contenerse de soltar más sonidos ridículos, indispuesta a darle el gusto a ese… ese monstruo manipulador… que desgraciadamente no podía evitar desear como una cualquiera.

-No tienes de que avergonzarte, puedes hacer tanto ruido como quieras, nadie va a escuchar a menos que pegue la oreja a la puerta.- murmuró él amablemente sin detenerse de meter y sacar sus dedos de su entrada, ahora también torturando su punto de placer con el pulgar.

-N-nadie excepto t-t-tú…- se quejó entrecortadamente, su respiración completamente fuera de control. –N-no voy a darte el gusto, maldito bastardo…- se quejó, volviéndose a morder fuertemente el labio para contener otro gemido al sentirlo apretar su clítoris.

-No es para que me des el gusto a mí, mi reina.- casi parecía estar divertido. –Solo quiero que no te reprimas, esto es completamente para ti, disfrútalo sin más contemplaciones.- y entonces lo sintió… sintió su aliento contra su entrepierna, y esa fue la única advertencia que tuvo antes de que su lengua se presionara directamente en su intimidad adentrándose en su cavidad y dando vueltas incesantes en su interior, chupando sus labios vaginales de vez en cuando con dureza pero sin lastimarla, todo lo contrario… de hecho.

Entonces, ella ya no fue capaz de controlarse a sí misma, solo quería que siguiera dándole más y más… pero no lo diría en voz alta, ocultaría hasta qué punto patético llegaba su debilidad. Por lo que, en vez de rogar como puta por más, simplemente dio vía libre a sus gemidos para inundar la habitación de ellos.

Mañana definitivamente se odiaría, pero por ahora… solo por esta vez, cedería a sus impulsos carnales y dejaría que le proporcionara su placer, no es como si tuviera otra opción, él definitivamente no la iba a dejar en paz hasta sentir que la había "compensado" lo suficiente.

Mantuvo los ojos cerrados. No quería verlo, sería un peor golpe a su ya mancillado orgullo. Así que solo sintió.

Sintió sus dedos jugando con su entrada, entrando y saliendo de su cavidad, moviéndose de un lado a otro, a veces frenéticos, a veces tan desesperadamente suave. Sintió su lengua pasearse de arriba a abajo en toda su intimidad, pasando también por sus muslos, acompañando a sus dedos, pero en especial atendiendo a su hinchado clítoris. Su boca mayormente estaba ocupada encerrando entre sus labios su botón de placer, chupándolo con avidez, raspándolo con sus dientes y su lengua.

Ella estaba demasiado mojada y decididamente disfrutando, sus fluidos se desbordaban y él los bebía con gusto, y cuando no, mayormente caían en las sábanas blancas… las sirvientas tendrían en qué pensar la mañana siguiente. Su voz estaba completamente fuera de su control, no podía evitar dejar escapar gemidos y chillidos de placer, esto era demasiado para ella…

Finalmente, con tres dedos torturando su interior mientras su clítoris era prácticamente devorado por su boca, Karin no pudo soportarlo más y llegó al orgasmo retorciendo su cuerpo y enterrando sus uñas en las palmas de sus manos pesé al repentino deseo de acariciar el cabello blanco puro de Hitsugaya. Pero claro que nunca haría eso.

-T-To… Toshiro…- no pudo evitar gemir, con una pequeña lágrima deslizándose de su ojo. Era una puta patética.

Sollozó una vez los espasmos cesaron permitiéndole volver a tener al menos algo de control sobre ella misma, pero esa sensación rápidamente se desvaneció cuando él, que en algún momento había quedado completamente desnudo, se recostó de espaldas a lo largo de la cama, luciendo una erección a la que para su completa vergüenza no pudo quitarle los ojos de encima, y entonces sintió a sus manos tomarla de las caderas, delicadamente, y jalarla para que quedara de piernas abiertas justo por encima de su miembro…

Lo miró con miedo y él solo la miró como pidiendo permiso.

-Solo quiero darte placer, Karin.- su respiración era pesada. –Tú mandas, utilízame como quieras. Yo no haré nada.- con eso, soltó su cintura, dejándola suspendida solo por sus rodillas como soporte para que sus cuerpos no estén unidos de la forma más pervertida ahora mismo. Él escondió sus manos tras la espalda y la miró expectante. –Sé que quieres saciar tu sed de mí, Karin.- su voz estaba nublada de deseo, pero realmente no parecía que fuera a forzarla, por lo que ahora mismo solo podría vestirse y salir corriendo de allí… Pero no lo hizo, a pesar de que era lo que su mente le gritaba.

Era cierto… quería saciarse de él, hasta ya no desearlo más. Quería deshacerse de ese oscuro anhelo que se había instalado en su pecho. Y tal vez… si aprovechaba ahora que lo tenía indefenso, eso sería todo y ya no se sentiría tan atraída hacia él, ya no sentiría tanta repugnancia hacia sí misma.

Lo único seguro era que mañana se odiaría.

Con la lujuria y el deseo nublando sus sentidos, aparte de una gran cantidad de insensatez y pura locura, no pensó en nada y simplemente dejó caer sus caderas sobre él, uniendo sus cuerpos de la forma más íntima y sucia que se le pudiera ocurrir, pero se sintió tan bien que simplemente mandó a la mierda todo.

Afortunadamente, no dolió, al menos no tanto como pensó y para nada como la otra vez, más bien fue una leve incomodidad que quedó opacada por el placer rápidamente y en poco tiempo desapareció por completo.

En un principio, Karin no estuvo segura de qué había que hacer, Toshiro no hacía nada en absoluto, solo mantenía sus manos bajo su espalda y permanecía completamente inmóvil, si no fuera por sus jadeos descontrolados y su mirada lujuriosa clavada en ella hubiera pensado que estaba montando un muñeco.

Finalmente, dejó al instinto controlarla y meció sus caderas con lentitud contra las suyas, sintiendo de inmediato una gratificante oleada de placer invadirla por todo el cuerpo. Jadeando, presionó sus manos en el abdomen de su marido, sin poder evitar rastrillar sus dedos por sus músculos tensos maravillándose por la forma en que se contraían ante su toque.

Gimió como la puta que vergonzosamente era y aceleró el ritmo de sus movimientos, queriendo desesperadamente más del placer.

Toshiro dejaba escapar pequeños gemidos ocasionales, en sus ojos podía notar que la deseaba, que quería poseerla, dominarla… pero no lo hacía, y otra cosa que la hizo repudiarse más a sí misma fue que una parte de ella deseaba que lo hiciera. Disfrutaba de sentir la dulzura del sexo teniendo el control, pero era algo agotador y la parte más retorcida y oscura de su mente fantaseaba que de un momento a otro la aplastara contra el colchón y empezara a embestirla más rápido y duro y fuerte y…

Su imaginación hiperactiva hizo enrojecer su rostro aún más (si es que era posible) y de repente todo se volvió más caliente, más picante, más intenso y no pudo evitar comenzar a moverse lo más rápido que podía, sacudiendo su cuerpo frenéticamente, violentamente, gimiendo descontrolada. El placer era demasiado… pero de algún modo, todavía no era suficiente…

-T-Toshiro…- su nombre se le escapó inevitablemente. –Muévete…- rogó desesperada. –M-muévete… por favor…- suplicó, dejando escapar unas cuantas lágrimas por la humillación, pero lo necesitaba, ella quería esto. -¡Muévete!- ella iba lo más rápido que podía, y necesitaba más.

Él se quedó mirándola por un momento, aún sin moverse en lo absoluto.

Ambos estaban recubiertos de sudor, jadeando, gimiendo, mirándose, ella desesperada y él como si librará una batalla interna.

Luego de lo que le pareció una eternidad, finalmente el albino se dignó a moverse de su posición, pero no de la forma que ella había estado esperando. La velocidad de la penetración siguió dependiendo completamente de ella, él no movió ni un ápice sus caderas, pero no le dio tiempo a quejarse cuando se las arregló para llegar a la altura de su pecho y capturar uno de sus pezones en su boca caliente, haciéndola gritar de gozo puro.

Sus movimientos tomaron un rumbo desesperado y salvaje mientras lo sentía chupar y prodigar de húmeda y caliente atención a sus pechos hinchados y más aún a sus pezones endurecidos.

Eso fue suficiente para su torturada mente nublada de placer culpable, llegó al orgasmo con fuerza, las contracciones de sus paredes vaginales obligándolo a él a venirse instantáneamente también, arrancándole solo un solitario, largo y ronco gemido.

-Karin…- su nombre.

Cayó sobre su espalda entre sus piernas en el colchón, sumamente agotada, haciendo esfuerzos por respirar.

Lo sintió cernirse sobre ella y lo siguiente que sintió la devolvió a la realidad, porque él la besó, y la reina odiaba que su rey la besara, porque sus besos eran fríos, sus besos eran amargos, sus besos, al igual que lo que acababa de pasar, no significaban nada.

Las lágrimas se derramaron incontrolables y sollozó.

No sería necesario esperar hasta mañana, se odiaba ahora mismo.

En respuesta a su llanto, el idiota de alguna manera pensó que más besos aliviarían su dolor, pero solo lo empeoraron y de inmediato trató de quitarse al bastardo de encima, pero estaba demasiado cansada, así que solo pudo llorar más y más, la frustración sin ayudarla en lo más mínimo.

-¡Quítate, te odio!- gritó espantada cuando él la abrazó por la cintura, pegando su espalda a su pecho y tirándolos a ambos para que sus cabezas descansaran sobre las cómodas y mullidas almohadas. -¡Te odio, miserable!-

-Así debió ser nuestra primera noche…- murmuró él en su oído como si no la escuchara en lo absoluto. –Así deberíamos de dormir todas las noches…- la abrazó más fuerte contra sí, ignorando sus intentos de apartarse desesperadamente. –Pero nunca se podrá, ¿verdad? Porque tú me odias, y yo soy un monstruo.- ahí estaba de nuevo, el tono de niño perdido.

Lo odiaba. Hitsugaya Toshiro podría pudrirse en el infierno y le importaría un comino.

Lo que acababa de pasar fue solo un error, un momento de debilidad, no se volvería a repetir, no significó nada. Él solo estaba borracho, y ella solo acababa de descubrir lo puta sin valor que era. Se sentía sucia.

Hundió el rostro en la almohada, llorando silenciosamente, dejándose abrazar, dejando que él siguiera contándole sus penas sin escucharlo realmente, ya no, ahora solo podía escuchar las voces de su consciencia regañándola y llamándola de las peores maneras. Lo merecía.

Al despertar a la mañana siguiente, por un momento, al sentir los rayos del sol en su piel, tiernos y cálidos como una caricia, el fresco aroma inundando sus sentidos y un agradable calor envolviéndola, casi sonríe, pero luego los recuerdos de la noche anterior la invadieron, y se dio cuenta de su posición actual.

Seguía entre los brazos de Hitsugaya Toshiro, solo que ahora con su cabeza apoyada en su pecho, con sus manos abrazándose a uno de sus brazos, entrelazando sus dedos con una de ellas, mientras que su otro brazo aprisionaba su cintura. Sus piernas estaban entrelazadas y podía sentir su rostro enterrado en su cabello. Sus pechos estaban pegados, casi parecía que no había ningún centímetro del cuerpo de uno que no estuviera tocando al otro.

Karin arrugó el gesto de inmediato. El asco y odio hacia ella misma la golpearon con fuerza.

Lentamente fue desenvolviendo su cuerpo del de ese desgraciado, no por consideración a su sueño, simplemente porque tenía miedo de que si despertaba iba a hacerle daño a ella o a alguien que apreciaba. Lo creía perfectamente capaz.

Tomó ropa nueva del armario, dejando la que había usado la noche anterior para lavar, y se fue a duchar a otra habitación envuelta en una bata blanca, agradeciendo que aún fuera demasiado temprano para que hubieran sirvientes merodeando por ahí.

Pasó horas en la tina del baño, aun cuando el agua se había enfriado, tratando inútilmente de lavar la sensación de suciedad pegada en su cuerpo, pero todo lo que logró fue salir del agua totalmente arrugada y muerta de frío, aun sintiéndose como una puta.

Cuando llegó al comedor para desayunar, bastante mucho más tarde de lo que era la hora dictada para este ritual de la mañana, se sorprendió de encontrar a su esposo aún ahí, recién terminando su desayuno.

La mirada que le dedicó antes de irse le dijo todo.

Él aún la odiaba, aún era un monstruo, lo de anoche fue solo un momento de debilidad y no había significado nada.

Continuara...

Hola! :D

Uff, al fin termine esto! x3 Lo hubiera terminado antes, pero rayos q ultimamente los Lemons si que me cuestan mucho, aun así este no lo hice Light porq imagine q querrían saber los detalles, pervertidas e.e

Aun así, deteste este cap xD No sé, no me convenció en varios sentidos o3o A ustedes que les pareció? owo

Qué les van pareciendo Toshiro y Karin, y claro, la relación que están llevando?

Toshiro sigue siendo el villano, Karin se está llenando de odio, y su relación parece ser enfermiza, o no? Ni siquiera yo estoy segura de qué clase de relación es esa XD Aun es pronto para hablar de amor? No estoy segura, nunca sé que sentir de este fic :P

Esto originalmente no fue mi idea, pero vaya que lo hice mucho más oscuro a lo que la que me dio la idea, mi BFF, me dijo en un principio... Este fic hace poner en guerra a mi lado romantico con mi lado feminista o.o

Ya sé como voy a terminarlo pero me asusta su opinión al respecto xD No sé si están absolutamente en contra de Toshiro o absolutamente a favor o tan en guerra de sentimientos como yo :/

Pero bueno, no se enfoquen en lo que digo en la nota de autora y hablenme del cap, oka? xP Yo creo q el final será bastante justo, a diferencia del final de Bleach(? XD Okno :v

Todos seguimos traumados con ese final... (Urahara qué fue de ti? QAQ)

Ok, ok, suficiente de N/A Cx

Los personajes de Tite-troll o.ó9

COMENTEN! *o*

CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!