Por suerte, creo, he vuelto de mis vacaciones cortas, y me he hecho con el tiempo para escribir otro capítulo y poder postear este. En este capítulo conoceremos un poco más a la nueva Santo de Águila, Yuna, que como habrán notado, tiene dialectos en ruso que usará de vez en cuando, como Souma con su español.
Capítulo nueve
La niña de las estrellas
Los dos jóvenes se encontraban hablando en un alto balcón de los dormitorios, desde donde uno le enseñaba el lugar al otro, en su plática, escucharon la voz de una chica que respondía a la pregunta que se hacía uno.
- Athena se encuentra bien, si eso quieres saber.
- ¿Eh?
- Ah, Yuna, no te había visto.
La chica que había aparecido de repente estaba sentada en un balcón justo al lado de la de los chicos, llevaba un pequeño libro en su mano, lo cerró, y de un pequeño salto dio al encuentro de los dos. Estaba vestida con una especie de uniforme de color crema, compuesto por una chaqueta y una corta falda, además de unas medias altas de color negro, no se había quitado la máscara, por supuesto.
- Kouga, ¿no es cierto?
- S-Sí.
- Estabas preguntando por Athena, y puedo decirte que ella está perfectamente bien, el movimiento de las estrellas lo dice.
- ¿Estrellas? – Inquirió Pegaso, curioso.
- Yuna tiene una habilidad especial para la astrología, aprendió a leer el movimiento de las estrellas de una manera que nadie puede. – Interrumpió Souma, para explicar.
- ¡Guau, eso es increíble! Entonces, ¿sabes dónde está la señorita Saori?
- ¿La…Señorita Saori?
- B-Bueno, Athena, eso quise decir.
- En estos momentos, Athena no se encuentra en Palestra, debió ir a cierto lugar por una emergencia, pero ella está bien.
- Oh, ya veo… ¡Gracias, Yuna! – Kouga se mostró animado por la noticia, miraba agradecido y sorprendido a la chica.
- De nada, Kouga… - Ligeramente confundida como seguir, Yuna miró hacia otro lado, y trató de irse.
- ¡Oye, tengo otra pregunta! – Dijo de repente.
- ¿Qué necesitas?
- ¿Cómo haces para ver con esa máscara?
- Ah, eso… Pues, estas máscaras poseen lentes cromáticos que se ven muy similares a los colores de la máscara, de esa manera ocultamos los ojos sin necesidad de privarnos de la vista. – Parecía dispuesta a seguir hablando, como animada a demostrar su conocimiento, pero fue detenida en el instante.
- Ni yo sabía eso, qué interesante. – Comentó Souma.
- ¿Y no crees que…? - Comenzó Kouga, su amigo sintió que la siguiente oración no sería muy buena. - ¿Sería mejor ver el mundo con tus ojos reales, no a través de una máscara que te oprime?
No pudo completar la frase, un cachetazo le surcó la cara, antes que se diera cuenta, Yuna se esfumó saltando de manera inhumana desde el balcón hacia el suelo, sin siquiera dar una corta mirada a los dos chicos, Souma estaba sorprendido, pero Kouga, estaba increíblemente perplejo.
- No imagine que reaccionaría así, no es común de ella.
- Uh… Si me golpeó fuerte, creo que no debía decir eso.
- ¡No lo había pensado! ¿Cuál fue tu primera pista?
- Pues, bueno, primero que me dio un…
- Olvídalo, no dije nada.
[…]
- Glupyy… (Idiota…) – Pensaba la chica mientras caminaba por el bosque. – Sin embargo, sus intenciones no eran esas, pero no puedo soportar que nadie venga a criticarme, más si está relacionado… Con esta máscara, que mi maestra me dio, le juré a ella, y a Athena, que la portaría siempre, sin importar qué, porque ese es mi deber… Pero… - Meditaba mientras caminaba sin rumbo. - ¿Quizás Kouga no esté tan errado? Tal vez, mi maestra preferiría que siguiese mis sentimientos, en vez de atenderme a las reglas que otros me impongan… ¿Oh?
Tras caminar un largo trecho, la chica notó que había llegado hasta la playa, entonces intentó emprender la vuelta, cuando escuchó un extraño sonido que provenía del agua, al voltearse, notó como una persona salía a la superficie, de lejos, se veía como un Santo, Yuna creyó reconocer quien era, por eso se escondió rápido en los árboles.
- Spear… Debe estar practicando sus movimientos acuáticos… Será mejor que me vaya rápido antes que se arme un lío con ese estúpido.
Sin perder un segundo, la chica emprendió marcha rápido hacia cualquier lugar que la alejase, atravesó sin tomar en cuenta las heridas la maleza, el ruido que provocaba su paso le impidió oír que algo se acercaba. De repente, sintió un golpazo en la nuca que casi la hace desvanecer, por poco se pudo mantener de rodillas, volteó la cabeza hacia atrás y vio una figura reconocible.
- ¡S-Spear!
- Yuna, parece que estás empecinada en encontrarme, ¿eh?
- ¿Qué diablos dices? ¡No llegué a la playa más que por casualidad! – Decía mientras se levantaba y se veía cara a cara con Spear, que estaba sonriente y confiado.
- Claro, casualidad, es casi obvio que estás obsesionada conmigo, no puedes soportar que no estés a mi nive-
- ¡Aquí tienes tu nivel! – Desde su posición, Yuna fue capaz de lanzar una perfecta patada directo al mentón del Santo de Dorado, rápidamente la chica se irguió para recibir otro ataque.
- Guh… ¡Perra, ahora no estará el maestro Geki que te salve! – El joven colocó su brazo de una manera que emule una espada, y lo movió de manera vertical desde abajo, falló gran parte del ataque pues Yuna lo esquivó, sin embargo, le rozó el rostro ligeramente, la máscara se resquebrajó y perdió una pequeña porción que cubre las mejillas.
- Rompiste… - Respiró profundo, como totalmente enfurecida. - ¡No te me escaparás ahora!
- ¡Ustedes son los que no se me escaparán! – Sonó una voz grave cercana.
Era Geki, que había visto la escena desde lejos, los detuvo a ambos en seco.
- ¡Los dos me tienen harto con su pelea! No quiero que empiece el año y ustedes se sigan peleando por idioteces, y sinceramente no quiero expulsarlos, así que les propongo un Duelo de Santos esta noche.
- Un… ¿Duelo de Santos? – Se oyó otra voz.
- ¡Heh, buena idea, maestro Geki! – Dijo alguien más.
Kouga y Souma se acercaban al lugar, habían oído lo que sucedía desde el balcón de donde estaban, Geki atendió a la pregunta de Kouga.
- Así es, Kouga, un Duelo, los Santos de la Palestra pueden retarse a un Duelo para entrenar, siempre y cuando un maestro lo apruebe, aunque en este caso, me veo forzado a que estos dos tengan un duelo para que se saquen la furia que se tienen hace rato.
- Oh, ya veo.
- ¿Furia, maestro Geki? ¿Acaso le parece que ignorar a este imb…? De acuerdo, está bien, estoy enojada.
- ¿Enojada? Más que eso, diría frustrada.
- Basta, dije, hasta la noche no quiero que vuelvan a cruzarse, ¿me oyen?
- De acuerdo, creo que me iré a la playa de nuevo, espero que cierta entrometida no quiera espiarme. – Decía el joven con soberbia mientras se retiraba, Yuna hizo ademán de mover las piernas de manera violenta, por eso Geki la tomó del brazo, deteniéndola.
- Todo a su tiempo, Yuna.
Furiosa, la chica se soltó del gran hombre, y se dirigió rápidamente al edificio de los dormitorios, los tres presentes rápidamente la perdieron de vista.
- Eh… Ahora vengo. – Dijo Kouga algo nervioso al tiempo que se iba detrás de la chica.
- Claro, piérdete, que luego seguro te encontramos devorado por un tiburón. – Dijo Souma mientras lo saludaba.
- ¿Te parece esa forma de darme buena suerte? – Respondió, confundido.
- Nah, vete nomás, olvida lo que dije. – Suspiró el pelirrojo.
- ¿Problemas con el sarcasmo? – Comentó Geki.
- Ah, más o menos, debe ser porque vivió como trece años en una isla.
- Pegaso es una Caja de Pandora, siempre lleno de sorpresas.
- Maestro, perdóneme, pero luego le enseño mejores chistes, haha.
- Ya quisieras, bandido.
[…]
- ¡Oye, Yuna! ¿Dónde estás?
El joven de cabello color vino se hallaba desorientado, no podía seguir la dirección que la chica había tomado, entre los numerosos pasillos que se formaban, se sentía abrumado, según lo que Souma le dijo, esto estaba aún vacío porque recién al otro día iniciarían las clases tras un mes de receso, hay alrededor de 35 dormitorios, 24 para los Santos, y el resto para huéspedes, después, en el coliseo hay unas 5 salas, donde se encuentran distintos centros de información. Por esos azares del Cosmos, Kouga halló una puerta abierta, resultó corresponder a una de esas salas, estaba totalmente a oscuras, pero oyó pasos de alguien allí. Intentó llamar, pero su voz fue detenida por una luz repentina.
En el centro de la gran sala una pequeña esfera dorada y llameante, como del tamaño de un balón del fútbol, alrededor orbitaban otras esferas de distintos colores y tamaños, Kouga creyó reconocer en la primera esfera el Sol. Eventualmente, notó que en el techo comenzaron a aparecer una innumerable cantidad de estrellas, algunas estaban unidas por conexiones luminosas, que formaban una figura, el muchacho se sentía impresionado, era como ver el universo en una pequeña habitación, entonces, escuchó una voz.
- Constelación de Aguila. – Dijo la voz femenina que Kouga reconoció, estaba sentada en el centro de la sala, iluminada por todas las luces que la rodeaban, el muchacho notó que no llevaba su máscara puesta, la tenía en las manos, por respeto, y quizás por no ser castrado al estilo griego antiguo, Kouga no se acercó más.
Ante el comando por voz, un conjunto de estrellas se acercó a la chica, se quedó entre sus manos por un segundo, había dejado la máscara en el asiento, y comenzó hablar.
- La Constelación de Águila, muy cercana a la del Cisne, Altaïr es su estrella más brillante, sin embargo, las novas de sus estrellas Aquilae han conseguido compararse al brillo del planeta Venus… El águila fue enviada una vez por Zeus para guiar al joven Ganímedes al Monte Olimpo para servir como copero de los dioses, luego, fue ascendida al cielo… Yo… Aprendí todo esto, gracias a usted… Maestra. – Decía, al principio, casi repitiendo, pero luego su voz se tornó ligeramente más quebrada y poco fluida.
Kouga aún se mantenía paciente, oyendo cada palabra de Yuna, y admirando todas las maravillas que veía en un solo lugar.
– C-Constelación… Del Pavo. – Otro grupo de estrellas se acercó, y se agrupó junto al otro, ambos flotaban sobre sus pequeñas y temblorosas manos. – La Constelación… - Tomó un poco de aire. – Del Pavo, pertenece al Hemisferio Sur y compone el grupo de av… De aves de dicho hemisferio. – Su respiración empezó a agitarse. – Su estrella más brillante es Peacock… Eso dicen los libros, también dicen que no tiene mito real, pero yo sé que la más brillante siempre ha sido usted, y que usted será su leyenda… - Se podía oír de lejos un ligero sollozo. – Maestra, estoy tan sola, y no sé qué pensar, estoy enojada, me enojo conmigo misma cada noche, porque no puedo comprender que es lo que quiero… Maestra, no se imagina cómo la necesito… No se imagina – Finalmente rompió en llanto, subió sus piernas sobre el asiento, colocó su cara entre ellas y allí ahogaba su pena.
- Yuna… - Decía Kouga en voz baja, deprimido por la escena, sin darse cuenta, estaba tan enfocado que pateó con el talón la puerta, haciendo un gran ruido.
- ¿Quién está ahí? – Se oyó de repente, Yuna lo escuchó, al instante se colocó la máscara y soltó las dos constelaciones, que desvanecieron en el aire.
- T-tranquila Yuna, soy yo, Kouga. – Se presentó, haciendo que Yuna se calmara un poco, pero aún así estaba bastante alterada.
- Tú… Oíste todo, ¿no?
No hubo respuesta.
- Yo sé que sí, y la verdad lamento que hayas visto este lado tan débil mío, pero nunca más, no volveré a dudar, yo sé que tengo que hacer. – Decía mientras se acercaba a la salida.
- No, no sabes. – La corrigió el joven. – No sabes qué tienes que hacer.
- ¡¿Y tú qué diablos sabes sobre mí?!
- Solo que lo que necesitas, es ser libre.
- Libre…
- Tú no quieres esa máscara, y apuesto que tu maestra tampoco quería usarla, también seguía las reglas.
- ¡No hables de mi maestra así nomás, te voy a partir la…! – Lo tomó a Kouga por su playera, pero este no se mostró atemorizado.
- Mi maestra también usaba una máscara, y siempre me pareció una persona demasiado estricta y fría, cierto día la perdió, y vi en ella una mujer más real, más…Humana, hasta entonces, no me parecía que irradiara algún tipo de calor, pero luego lo sentí… Sentí su verdadero Cosmos, un Cosmos atento y que cuida de aquellos que lo necesitan a costa de su vida, ¡de hecho, ahora mismo está sufriendo por haberme salvado de la muerte! ¡Si no le hubiese dejado importar esa estúpida máscara ni esas reglas, no habría podido hacer lo que hizo! ¡¿Por qué no eres tú misma, Yuna?! – Kouga cada vez elevaba más el tono, como enojado porque la chica no lo entendiese.
Yuna no dio respuesta, solo lo soltó, miró hacia abajo, secó las lágrimas de sus piernas e intentaba evitar que se derramara más a través de su máscara. Luego, aún silenciosa, salió de la sala, y caminó hacia quién sabe dónde.
- Yuna… - Decía Kouga mientras la veía irse.
[…]
- Guau, ¿en serio pasó todo eso?
- ¿Por qué mentiría?
- Cierto, lo sabría al instante.
- ¿Eso qué quiere decir?
- Mira, es el maestro Geki, y al lado están Yuna y Spear, seguro el combate está por empezar.
El ocaso ya había pasado hace largo rato, el crepúsculo estaba a nada de cesar, la noche se avecinaba. Caminando directo a la Arena de Duelos se encontraban la chica que portaba la ClothStone de Águila, y Spear, de Dorado, como intermediario, el imponente maestro Geki, guiándolos de manera que no se peleen antes de tiempo, en un momento pasaron por los dormitorios, Kouga y Souma estaban sentados en la escalera que llevaban a ellos, y al ver pasar a los tres, decidieron dirigirse rápido a la Arena y llegar antes que ellos.
Rápidamente habían conseguido lugares de primera para ver la batalla, la Arena tenía unas altas gradas circulares donde cabían una gran cantidad de personas, pero por ahora estaban solo ellos dos, en la zona de la mitad. Al venir a paso lento, para Geki y sus alumnos se hizo de noche ya, las primeras estrellas brillaban en el cielo al tiempo que los tres pisaban la arena, se sorprendieron al verlos allí sentados, Souma los saludó alegremente, mientras Kouga miró seriamente a Yuna, quien solo volteó la mirada, tras su máscara se percibía un aura de duda.
- Muy bien, Souma, ya que estás aquí, ¿podrías hacer el favor?
- Como diga. – Respondió instantáneamente al pararse, se acercó a las gradas finales, donde había grandes artefactos aparentemente de oro, con una forma similar a la de un cáliz, todo alrededor de la Arena.
Souma preparó una llama en su mano derecha, acto seguido, la lanzó directo a la primera, haciendo encender las primeras, echó a correr para repetir el proceso varias veces hasta que todas las antorchas iluminaran el estadio, cuando terminó, dio un gran salto desde allí, y frente al maestro, Yuna y Spear dio una reverencia como si fuese un acto de circo.
- Muy… Impresionante, ahora, pongamos fin a esto de una buena vez. – Lo halagó Geki, luego, dejó a sus estudiantes y les ordenó colocarse cada uno en un extremo de la Arena. – Apenas de la cuenta de tres, se colocarán sus ClothStone, y comenzarán a pelear.
Por nuestra diosa Athena, juro que este combate entre Santos no es una señal de falta de respeto, o egoísmo, sino un combate entre almas destinadas a luchar, ambos combatientes desean batirse por su honor, y no por mero deseo violento, dicho esto, el combate inciará…
3…
2…
1...
¡COMIENCEN!
Aquila Cloth!
Dorado Cloth!
