- El vidrio que se desvaneció – Leyó Remus.
- Parece que alguien va a hacer magia accidental – dijo James guiñándole un ojo a su hijo, Harry estaba cada vez más preocupado por cómo iban a reaccionar todos al saber lo que hacían los Dursley o que podía hablar con serpientes.
- Esa historia siempre me ha parecido graciosa – dijo Alex con una sonrisa – aunque no tanto como la del globo ¿verdad Orión?
- Cierto desde que me contaron esa historia admiro mucho mas a Harry…
La mitad de la sala se estaba muriendo por la curiosidad mientras que los que habían entendido el comentario del globo se reían a más no poder, de hecho Orión y Ron estaban rodando por el suelo.
- Estoy deseando leer esa parte, en que libro saldrá – preguntó Ron
- En el tercero probablemente asi que tendremos que esperar
Habían pasado aproximadamente diez años desde el día en que los Dursley se despertaron y encontraron a su sobrino en la puerta de entrada, pero Privet Drive no había cam biado en absoluto. Sólo las fotos de la repisa de la chimenea eran testimo nio del tiempo que había pasado. Diez años antes, había una gran cantidad de retratos de lo que parecía una gran pelota rosada con gorros de diferentes colores,
- ¿Una pelota rosada? – preguntaron Orion, Alex y los gemelos Weasley para acto seguido volver a reírse sin control, la mayoría no lo entendió al principio pero algunos sospechaban que podía ser esa pelota rosada a la que le hacían tantas fotos esos desagradables muggles.
Pero Dudley Dursley ya no era un niño pequeño,
Ahora todos lo entendieron y empezaron a reírse junto con los jóvenes que todavía no habían conseguido parar.
Y en aquel momento las fotos mostraban a un chico grande y rubio montando su primera bicicleta, en un tiovivo en la feria, jugando con su padre en el ordenador, besado y abrazado por su madre... La habitación no ofrecía señales de que allí viviera otro niño.
- Harry ya no vive allí – preguntó Lily esperanzada, aunque en el fondo sabía que no era así.
Sin embargo, Harry Potter estaba todavía allí,
- No hubo suerte…
durmien do en aquel momento, aunque no por mucho tiempo. Su tía Petunia se había despertado y su voz chillona era el primer ruido del día.
— ¡Arriba! ¡A levantarse! ¡Ahora!
- Vaya forma de despertar a alguien – protestó la Sra. Weasley
- Mama en el futuro esperamos que recuerdes eso – dijeron a coro Fred y George.
Harry se despertó con un sobresalto. Su tía llamó otra vez a la puerta.
— ¡Arriba! —chilló de nuevo. El niño se dio la vuelta y trató de recordar el sueño que había tenido. Había sido bonito. Había una moto que volaba. Tenía la curiosa sensación de que había soñado lo mismo an teriormente.
- Recuerdas la moto – dijeron Sirius y Hagrid a la vez
Su tía volvió a la puerta.
— ¿Ya estás levantado? —quiso saber.
—Casi —respondió Harry
—Bueno, date prisa, quiero que vigiles el beicon. Y no te atrevas a dejar que se queme.
- ¿sabes cocinar? – preguntaron James, Lily, Sirius, Remus, Ron, Hermione,… y básicamente casi todos los que se encontraban allí con algunas excepciones como Snape o Moody o los dos del futuro que ya sabían que Harry cocinaba, de hecho se había convertido en uno de sus hobbies a parte de capturar mortifagos, aunque a lo mejor tiene que ver con ayudar a Ginny… hay algunas comidas que se le resisten un poco o quizá solo quiera pasar tiempo con ella…
Quiero que todo sea perfecto el día del cumpleaños de Duddy.
Harry gimió.
— ¿Qué has dicho? —gritó con ira desde el otro lado de la puerta.
—Nada, nada...
Harry se levantó lentamente y comenzó a buscar sus cal cetines. Encontró un par debajo de la cama y, después de sacar una araña de uno,
- ¿Por qué tienes arañas en los calcetines? Son tan horribles – dijo Ron estremeciéndose.
- No las tenía en los calcetines apropósito - murmuro Harry por lo bajo por lo que solo lo oyeron sus padres y sus amigos
Mientras tanto Molly le preguntaba a Ron por que tiene miedo a las arañas a lo que Ron contestó señalando a Fred y a la Sra. Weasley no la detuvo que Fred todavía no hubiera nacido en ese tiempo y empezó a gritarle provocando que Fred se cayera al suelo del susto y se escondiera debajo de la mesa.
Se los puso. Harry estaba acostumbrado a las arañas,
Ron volvió a estremecerse, mientras que los que habían conocido a la hermana de Lily tenían un mal presentimiento, ella era una maniática de la limpieza era imposible que hubiera arañas en su casa.
porque la alacena que había debajo de las esca leras estaba llena de ellas, y allí era donde dormía.
- NO PUEDE SER – gritaron a la vez los merodeadores y Lily
- ¿Te hacían dormir en un armario? – preguntaron incrédulas Angy, Lia, Molly y McGonagall, Harry asintió con la cabeza sin mirarlas, en ese momento le hubiera gustado que se lo tragara la tierra, aunque al parecer no era posible porque por mucho que lo deseara la sala de los menesteres no le ayudó. Mientras los merodeadores y Lily intentaban calmarse, Remus había tenido que soltar el libro porque casi lo lanza contra la pared y Sirius estaba dando paseítos para relajarse mientras que los Potter se abrazaban y abrazaban a Harry. Dumbledore miraba a Harry, sabía que su futuro yo tendría una buena razón para dejar al niño allí pero no podía dejar de sentirse culpable, Harry le miró no parecía que le guardara rencor ni nada, de hecho Dumbledore pudo ver que le perdonaba.
Alex cogió el libro y se dispuso a seguir donde lo había dejado su padre.
Durante el resto del capitulo las reacciones fueron muy parecidas y cada vez había mas miradas asesinas entre los lectores al saber lo que le hacían a Harry sus tios y como habían malcriado a su hijo, también odiaban a Dudley pero un poco menos porque le sabían que la mayor parte de la culpa de que fuera así era de sus padres, cuando James desesperado empezó a hacer como que estrangulaba a alguien invisible a Sirius y Orion se les ocurrió empezar a escribir todas las bromas y venganzas que podrían hacer y la sala les proporciono un libro que se titulaba grandes bromas en la historia del que sacaron muchas ideas a parte de las propias la sala también hizo aparecer unos maniquís con la apariencia de los tios de Harry para que pudieran hechizarlos y desahogarse.
También rieron por algunas de las ocurrencias de Harry o por lo estúpido que podía llegar a ser su primo. Y así llegaron a la escena de la serpiente…
Detrás de los vidrios, toda clase de serpientes y la gartos se arrastraban y se deslizaban por las piedras y los troncos. Dudley y Piers querían ver las gigantescas cobras venenosas y las gruesas pitones que estrujaban a los hombres. Dudley encontró rápidamente la serpiente más grande. Po día haber envuelto el coche de tío Vernon y haberlo aplastado como si fuera una lata, pero en aquel momento no parecía te ner ganas. En realidad, estaba profundamente dormida.
Sirius hizo una mueca de asco – nunca me han gustado las serpientes
- Solo porque aparecen en el escudo de Slytherin – dijo Snape
- Puede ser, aunque creo que viene de antes, de todas maneras son tan horribles como los miembros de su casa – se burló Sirius.
Hermione, Harry y Ginny se estremecieron al recordar a la serpiente de Slytherin, nunca habían vuelto a ver igual a las serpientes.
Dudley permaneció con la nariz apretada contra el vi drio, contemplando el brillo de su piel.
—Haz que se mueva —le exigió a su padre.
Tío Vernon golpeó el vidrio, pero la serpiente no se movió.
—Hazlo de nuevo —ordenó Dudley.
Tío Vernon golpeó con los nudillos, pero el animal siguió dormitando.
- Pobre animal – dijo Remus, mientras Sirius y James se miraban pensando que sería una gran broma encerrar a algún Slytherin como si fuera parte de un zoo o quizá pudieran hacerlo con esos muggles.
—Esto es aburrido —se quejó Dudley. Se alejó arras trando los pies.
Harry se movió frente al vidrio y miró intensamente a la serpiente. De pronto, la serpiente abrió sus ojillos, pequeños y bri llantes como cuentas. Lenta, muy lentamente, levantó la ca beza hasta que sus ojos estuvieron al nivel de los de Harry.
Guiñó un ojo.
- ¿Las serpientes pueden guiñar los ojos? – Preguntaron los más pequeños pero nadie les contestó, todos se estaban preguntando lo mismo
Harry la miró fijamente. Luego echó rápidamente un vistazo a su alrededor, para ver si alguien lo observaba. Na die le prestaba atención. Miró de nuevo a la serpiente y tam bién le guiñó un ojo.
La serpiente torció la cabeza hacia tío Vernon y Dudley, y luego levantó los ojos hacia el techo. Dirigió a Harry una mi rada que decía claramente:
—Me pasa esto constantemente.
Muchos levantaron las cejas pero no dijeron nada.
—Lo sé —murmuró Harry a través del vidrio, aunque no estaba seguro de que la serpiente pudiera oírlo—. Debe de ser realmente molesto.
La serpiente asintió vigorosamente.
—A propósito, ¿de dónde vienes? —preguntó Harry
La serpiente levantó la cola hacia el pequeño cartel que había cerca del vidrio. Harry miró con curiosidad.
«Boa Constrictor, Brasil.»
— ¿Era bonito aquello?
La boa constrictor volvió a señalar con la cola y Harry leyó: «Este espécimen fue criado en el zoológico».
—Oh, ya veo. ¿Entonces nunca has estado en Brasil?
- ¿puedes hablar parsel? – preguntó James, todos llevaban un rato muy callados un poco en shock, como asimilando lo que decía el libro.
Harry asintió
- Vaya… ¿estás en Gryffindor verdad? – preguntó, Harry no contestó estaba pensando en lo que le dijo el sombrero seleccionador. Y James se preocupó mas.
Mientras la serpiente negaba con la cabeza, un grito en sordecedor detrás de Harry los hizo saltar.
— ¡DUDLEY! ¡SEÑOR DURSLEY! ¡VENGAN A VER A LA SERPIENTE! ¡NO VAN A CREER LO QUE ESTÁ HACIENDO!
Dudley se acercó contoneándose, lo más rápido que pudo.
- Seguro que tardó mucho
—Quita de en medio —dijo, golpeando a Harry en las costillas. Cogido por sorpresa, Harry cayó al suelo de cemen to.
- ¡Maldito niño!
Lo que sucedió a continuación fue tan rápido que nadie supo cómo había pasado: Piers y Dudley estaban inclinados cerca del vidrio, y al instante siguiente saltaron hacia atrás aullando de terror.
Harry se incorporó y se quedó boquiabierto: el vidrio que cerraba el cubículo de la boa constrictor había desaparecido. La descomunal serpiente se había desenrollado rápidamente y en aquel momento se arrastraba por el suelo. Las personas que estaban en la casa de los reptiles gritaban y corrían ha cia las salidas.
- ¡Genial!¡Fantastico!
Mientras la serpiente se deslizaba ante él, Harry habría podido jurar que una voz baja y sibilante decía:
—Brasil, allá voy... Gracias, amigo.
Algunos seguían intentando asimilar eso, James y Sirius se estremecieron.
Sin embargo Harry y sus amigos pensaban en lo útil que les había resultado esa habilidad para llegar a la cámara de los secretos, aunque la mayoría de las veces era también un problema.
El encargado de los reptiles se encontraba totalmente conmocionado.
—Pero... ¿y el vidrio? —repetía—. ¿Adónde ha ido el vidrio?
El director del zoológico en persona preparó una taza de té fuerte y dulce para tía Petunia, mientras se disculpaba una y otra vez. Piers y Dudley no dejaban de quejarse. Por lo que Harry había visto, la serpiente no había hecho más que darles un golpe juguetón en los pies, pero cuando volvieron al asiento trasero del coche de tío Vernon, Dudley les contó que casi lo había mordido en la pierna, mientras Piers jura ba que había intentado estrangularlo.
Ahora muchos se estaban riendo, aunque no duró mucho
Pero lo peor, para Harry al menos, fue cuando Piers se calmó y pudo decir:
—Harry le estaba hablando. ¿Verdad, Harry?
- Cállate niñato – gritaron a la vez Lily y Angy.
Tío Vernon esperó hasta que Piers se hubo marchado, antes de enfrentarse con Harry. Estaba tan enfadado que casi no podía hablar.
—Ve... alacena... quédate... no hay comida
- Maldita morsa obesa, no puede encerrar a un niño y dejarle sin comer.
Mucho más tarde, Harry estaba acostado en su alacena oscura, deseando tener un reloj. No sabía qué hora era y no podía estar seguro de que los Dursley estuvieran dormidos. Hasta que lo estuvieran, no podía arriesgarse a ir a la cocina a buscar algo de comer.
Había vivido con los Dursley casi diez años, diez años desgraciados, hasta donde podía acordarse, desde que era un niño pequeño y sus padres habían muerto en un accidente de coche. No podía recordar haber estado en el coche cuan do sus padres murieron.
- ¡Porque es mentira!
Algunas veces, cuando forzaba su memoria durante las largas horas en su alacena, tenía una extraña visión, un relámpago cegador de luz verde y un do lor como el de una quemadura en su frente.
- ¿Recuerdas la maldición?
Harry asintió – ahora recuerdo algunas cosas mas.
Aquello debía de ser el choque, suponía, aunque no podía imaginar de dónde procedía la luz verde. Y no podía recordar nada de sus pa dres. Sus tíos nunca hablaban de ellos y, por supuesto, tenía prohibido hacer preguntas. Tampoco había fotos de ellos en la casa.
- ¿No nos habías visto nunca? – preguntaron James y Lily al borde de la depresión.
- No hasta que llegué a Hogwarts.
Cuando era más pequeño, Harry soñaba una y otra vez que algún pariente desconocido iba a buscarlo para llevárse lo, pero eso nunca sucedió: los Dursley eran su única familia.
- Eso es mentira – grito Sirius - ¿Por qué no iríamos a recogerlo? – se preguntó, pero nadie tenía respuesta salvo los que sabían del futuro de Sirius en Azkaban y no iban a decir nada.
- Ese fue el final del capítulo – anunció Alex
- Yo leeré el siguiente – dijo Orión – Las cartas de nadie
- Parece que vamos a ir a Hogwarts
- Bien porque ya estoy harta de escuchar sobre mi hermana y su marido.
- Y no te olvides de la gran pelota rosada.
Pero no tuvieron tanta suerte ya que los tres muggles todavía iban a aparecer en la historia durante un rato mas, y a sus maniquís no dejaban de llegarles maleficios conforme iban leyendo el capítulo y tampoco paraban de pensar bromas, sobre todo al enterarse de que no le dejaban coger las cartas a Harry, aunque un momento antes cuando el colegio fue mencionado por primera vez los merodeadores a coro con los gemelos Prewet y Weasley, Angy, Alex, Orión y Hagrid se pusieron a cantar la canción del colegio, haciendo que la mayoría se riera. Todos animaron a Harry cuando se enfrentó a su tío y empezaron a preocuparse al ver que este se volvía paranoico y que acababan en una casa en medio del mar en plena tormenta, y para mejorar la situación Harry tuvo que dormir en el suelo, aunque los mismos que cantaron el himno de Hogwarts le cantaron el cumpleaños feliz, y todos se quedaron en silencio cuando se leyó que alguien golpeaba la puerta.
