"QUIERO BESARTE. PARTE DOS."
...
Era divertido ver lo mucho que se esforzaba Souji por coordinar lo que hacía. En un instante lo tenía sobre mi cuerpo, besándome de una manera que me hacia olvidar como respirar, y luego bajaba a besar mi piel, haciéndome tiritar bajo su cuerpo y a explorar una vez mas con sus manos que memorizaban caminos para detallarlos en su mente. Quería hacerlo todo al mismo tiempo y no sabia donde comenzar y mucho menos donde terminar. Sus ansias eran demasiado adorables. No me trataba con la misma hambre de deseo como lo hicimos el uno con el otro allá, en Hakone, más bien, era delicado, cuidadoso, y aunque el chico estaba tan nervioso como yo, iba despacio. Y lo amé.
Solté una pequeña risilla sin querer y mucho fue lo que me arrepentí de inmediato. Él levantó el rostro y sus labios se retiraron de mi clavícula. —¿Te estas riendo de mí?
—¡C-claro que no! —rompí a reir. —M-me estas haciendo cosquillas, ¡es eso! ¡Soy muy sensible en ese lugar, en serio! —mentí desesperadamente para salvarme el pellejo.
Souji soltó un jadeo de sorpresa, un tanto avergonzado. —¡No te creo nada! —rió pellizcando sobre mis costillas, haciéndome reir de verdad por las cosquillas ocasionando que me retorciera y suplicarle por que se detuviera.
—Amo tu voz. Especialmente cuando te ríes de esa manera.
Sus palabras me silenciaron de pronto. Mi rostro lo sentía rojo.
'Joder esto no debe ser bueno. Esta caliente.'
Los latidos que sentía golpear en su pecho eran tan rápidos y fuertes como los míos, quizás hasta más... supe ahí, que estaba tan asustado y ansioso como yo. Me estaba mirando, las perlas esmeraldas desnudaban mi alma de una manera que él solo sabía; intensamente infinita. El sentimiento era tan cálido, era capaz de derretirme ahí mismo solo con la manera en que me miraba: yo era su persona especial. La cadena con el anillo en su cuello bailaba cerca de nuestros rostros y le hice caso a este sentimiento, no temí en halar de aquel collar para unir sus labios con los míos, ya nada me deba miedo, no si estaba con él. Souji no tendría escapatoria.
Envolví mis brazos alrededor de su cuello. —Hazme el amor, Souji. Te quiero a ti.
Aquella noche aprendí, que yo era lo mas preciado para esta persona. Me acariciaba con tanta delicadeza que sus dedos apenas los sentía como plumas. Souji, temía de un momento a otro, que fuera a desparecer, como un hermoso sueño. No quisimos romper un beso, solo si fuese por la necesidad biológica de respirar. Su peso sobre el mío era sencillamente perfecto, y como nuestros cuerpos se amoldaban con exactitud, hechos el uno para el otro. Era indiscutible: podía sentir su corazón latir desbocado por encima de los jadeos y gemidos que llenaron mi habitación.
Después de obstinadamente reconocerlo, reitero, Souji era todo lo que necesitaba y todo lo que yo quería.
Ah... Mierda.
...
Fue difícil levantarme de la cama a la mañana siguiente. A parte del dolor físico, no quería separarme de él, mas aquella verguenza y pizca de orgullo que residía en mi, hicieron que apoyara los pies en el piso. Era claro que Souji estaba más agotado que yo y era imposible resistirse a observarlo unos minutos mientras estaba en su profundo letargo, en mí cama; era un poco complicado de creer que este chico, totalmente contrario a mi personalidad reservada, era el príncipe durmiente que ponía mi mundo patas arriba. Aparté el pelo de su cara con los dedos, cuidando de no despertarlo; se veía mas joven cuando dormía tan pacíficamente.
Y había una razón para estar a las siete de la mañana lavando ropa un día de semana. Claro que si, una buenísima razón: me era imposible volver a la cama. No luego de haber hecho tales cosa eróticas antes de quedarnos dormidos por el cansancio. Había perdido por lo menos dos horas de sueño, en las cuales daba vueltas en la cama, procesando todo, las cosas embarazosas que jamas pensaría que salieran de mi boca.
'Joder.' Me ruboricé.
Al final, resultó ser mas fácil de lo que pensaba, aquello no habría sido posible aceptarlo por completo de no ser por los consejos de los idiotas de Hatori y Jun, supongo que les debía una... Arrugué la nariz. No, que pesadilla.
Era bueno tener el día libre con el punzante dolor en mi espalda baja, porque era obvio que no iba a ser capaz de dar un paso en el exterior sin antes irme de bruces al suelo. Recogí con algo de dificultad una prenda que había caído en el césped desde el tendedero por culpa del viento, no faltaba mucho para que se secaran completamente. A todo esto... ¿Como estaría Jun? Después de declararle la guerra y pasar por tantas complicaciones entre él y Souji, ¿como lo estaría llevando? El rubio mencionó antes, que se había llevado esos sentimientos a Inglaterra por años, cuando regresó, forzó lo que fue una bonita amistad desde la infancia y masacrandola, se dio cuenta que su mejor amigo tenía sentimientos por algún extraño.
'No te deprimas tanto al llamarte extraño.' Bufé.
Ya sé que hicimos las paces y realmente no le guardo ningún rencor, ya que hace meses estaba en una situación bastante similar, la misma prácticamente... Pero...
—¿En el fondo seguirá odiándome? "..."
Y a pesar de que trató y trató, Souji seguía protegiendo a ese muñeco roto que solo sabia gritarle y rechazarle, no dejando espacio para nadie mas.
'Tsk... ¿Cómo ese tonto se había podido enamorar de alguien como yo?'
Al final de cuentas, Jun resultó lo suficientemente maduro... o tal vez lo bastante frío para no interponerse y dejar sellados esos sentimientos hacia Souji, o lo mas probable, es que ya haya tratado de desecharlos. ¿Tal vez su amor era débil? ¿O su amistad era más grande? Quien sabe... lo único que era irrefutable sería que esta primavera ocurrieron demasiadas cosas: había logrado enamorarme.
De todas maneras, habérmele confesado al chico supuso un gran alivio para mi, si hubiese tardado mas, hubiese acabado totalmente estropeado. Esta mañana, convencido de que no caería en el mundo de los sueños, me quede observándolo por largos minutos, a aquel que, a la mañana de hoy, podía llamar con seguridad mi novio.
...¿Novio?
"E-espera un momento..."
Ambos confesamos lo que sentíamos el uno por el otro y somos correspondidos pero... Nunca definimos nuestra relación. Hace mucho cruzamos la raya de simples 'amigos' o 'conocidos', pero mucho menos eramos una aventura, o un simple juego... Esto quiere decir... ¿que somos amantes? Arrugué la nariz, no me gustaba como sonaba eso. Nuestro pequeño secreto compartido, un pacto consensuado, saber eso era lo que podía realmente alegrarme el día. Se supone que no debería darle vueltas a este tipo de asuntos, pero siempre me pierdo pensando: "Demonios, sería el hombre más feliz del mundo si tan solo esa persona me diera toda su aprobación"
Lo había visto sonreírme, gritarme, protegerme, se ha enojado conmigo y yo con él, fui el objeto de sus burlas y sus pesadas bromas en bastantes ocasiones, habíamos charlado y me ha permitido secar sus lágrimas, Souji también me ha visto llorar, nos hemos perdido en los ojos del otro y hemos pasado por varios disgustos, reímos juntos, nos besamos, nos entregamos el uno al otro en carne y alma, nos amamos. Nada me gustaría mas que poder seguir así, que pasaran los días, los meses y los años y que él me sonría con la misma picardia traviesa que estremece todo mi ser cada día.
Debía hacerlo...
Sobre todas las cosas, quiero hacer a Souji feliz.
—¿Por qué no estas en la cama conmigo?
—¡...! ¿Q-quieres dejar de asustarme de esa manera?
—¡¿Eh?! Pero si estuve un buen tiempo llamándote y no me escuchabas.
Fruncí el ceño. ¿Qué tanto tiempo anduve en las nubes? Retiré los ganchos que sostenían una de mis camisetas y comencé a descolgar la ropa, sin hacerle mucho caso al chico que me miraba desde el umbral de la puerta de papel de arroz. El pareció notar mi confusión, se acercó a mi y me abrazó por detrás. No tenía manera de como impedir que la sangre se aglomeraba en mis mejillas. Detuve mi tarea en seco, sentía sus ojos clavarme el rostro con interés.
Debía preguntárselo directamente.
—Sou...
—¿Mm?
—¿Estamos saliendo? —ni siquiera logré ponerme nervioso, necesitaba saber, la pregunta fue directa, y la respuesta debía ser cerrada. Me liberó de sus brazos, dando unos pasos hacia al lado, me miró de perfil. ¿Le habrá molestado?
No contestó de inmediato, quizás si debía sentirme un tanto intranquilo.
—Nunca me pediste tal cosa. Accederé si tu me lo pides.
"BASTARDO, HIJO DE..." Casi sufrí un colapso. Notó mi semblante y se guardó la risita porque estaba a punto de matarle y Souji lo sabía perfectamente.
Me giré hacia él, casi enfurruñado. —¡BIEN, ENTONCES! —Hundí los dedos en mi pelo, chasqueando la lengua al cerrar los ojos un momento con paciencia. No podía creer que caía de nuevo en sus juegos. —Me gustas mucho, sal conmigo. ¿quieres? —casi chirrié los dientes de tanto que los apreté, al igual que mis puños a cada lado de mi cuerpo.
Me sonrió con ternura.
—Eras mi novio desde que puse mis ojos en ti. Yuu-san, por favor, cuida de mi.
Mi corazón era capaz de salirse de mi pecho en ese instante, él debía tener más cuidado con eso.
Lo siguiente que supe es que me tenía entre sus brazos y la prenda que sostenía entre las manos acabó arrugada en la canasta. Llevaba una yukata fina, Souji no estaba consciente de lo que provocaba en mi al llevarla abierta hasta la cintura, dejando casi todo su torso al descubierto, casi podía sentir su cálida piel desnuda calentando la mía por encima de la tela que yo llevaba. Por supuesto que estaba todo rojo, ni siquiera pude esconderme, fingir que no sucedía nada tal vez podría ser mi salvación.
Tal vez.
—A-aún me queda ropa por descolgar, vamos, ayúdame... —traté de tener un semblante neutro, pero no pareció funcionar, agradecí de que no podía ver la extraña mueca en mis labios. —S-Sou... Vamos... —le dí unas cuantas suaves palmaditas en la espalda.
Su cabeza se movió y su pelo me hizo cosquillas en la mejilla junto con sus labios presionando en mi cuello, podía sentir perfectamente como su respiración chocaba contra mi piel. Su mano se escurrió por debajo de mi camiseta. Si continuaba, yo... —Cuando dije que me ayudaras a descolgar la ropa no me refería a que me desnudaras. —jadeé. Su mano ya había hecho un camino hacia arriba, el frió de la mañana golpeaba mi piel que ahora él dejaba al descubierto.
—Es casi lo mismo. —Tenía su boca sobre mi clavícula, parecía iniciar un juego con el cual yo acabaría lleno de marcas en ese lugar si lo permitía. —Te ves demasiado provocativo haciendo eso.
—¿Q-qué? ¡¿Quién dice eso sobre algo tan cotidiano?! —estaba tan sonrojado.
—Tu novio.
Sus ojos ahora me miraban como si hubiese hecho la pregunta mas absurda del mundo; si antes estaba rojo, ahora estaba hirviendo. ¿Cómo aquello podía serle tan natural? La irises verdes, tan felinas y seductoras, calaban en mi. Estaba tan acostumbrado a ser escrutado por esa mirada que inconscientemente me perdí en esa laguna esmeralda tan hermosa. Mi burbuja reventó cuando sus manos en mis caderas me pegaron a su cuerpo.
—¿Souji? —sus labios atraparon los míos. Olvidé respirar. Los masajeaba con tanta delicadeza y paciencia, como quien trataba de no asustar a un primerizo. —Tengo que... —aun así, me dejé llevar, corresponderle fue tan sencillo. Mis manos estaban en sus caderas, casi luchaba conmigo mismo por si ponerme de puntillas o no. Con sus manos en mi cuello, besándome de esa manera, Souji debía notar lo caliente que estaba mi rostro.
—La ropa puede esperar. —jadeó cuando decidimos tomar algo de aire. Con su mano detrás de mi cabeza, y su brazo alrededor de mi cintura, me abrazó. Mi novio volvió a esconderse. —Te deseo. Quiero hacértelo, ¿puedo?
Si había alguien especial en el mundo que lograba hacerme sonreír de esta manera, era él. Era el único capaz de acelerarme el corazón de esta manera y de hacerme perder los estribos con locura, ese era Souji. Ahora, este chico significaba mi mundo.
...
—Me gustaría matarte. La vas a lavar tú, ¿has entendido?
—Me haré responsable. —su risa melódica resonó en la habitación, haciendo juego con la de Yuu.
Ni siquiera se molestaron en subir a la habitación del artista. El más joven había tomado una sábana limpia del tendedero y la extendió en el piso de madera, la ropa de ambos estaba esparcida por toda la habitación que el artista usaba para recibir visitas inesperadas a la casa, así que no había mas que unos pocos muebles que no estorbaban.
Yuu era ahora quien se aferraba a los labios de su chico, mientras este sostenía sus manos por sobre la cabeza del asistente. Era bonito poder juguetear entre risas y besos de esa manera. Yanase entrelazó sus dedos con los del mas alto en un intento por tratar de alcanzar sus labios estando bajo él, cuando vió que los alejaba a propósito solo para molestarlo, llevó su mano entrelazada a la propia y mordió sin cuidado su muñeca viéndole con travesura a los ojos.
—D-duele... —lo vió cerrar un ojito.
—Deja de meterte conmigo y déjame besarte. —respondió Yanase, compensándolo al dejar un agradable beso donde estaba la marca roja de sus dientes. Su sonrisa era la mas hermosa de todas, eran pocas las veces que lo hacía de esa manera, pero cuando lo hacía, solo para él, Souji se sentía realmente afortunado de poder besar esa sonrisa.
—Es divertido meterme contigo. —se acercó a rostro, dejando varios piquitos en sus labios. Su calor era embriagante y su aroma seductor, necesitaba de él urgentemente. A lo largo de sus hombros trazando una trayectoria de húmedos besos y cálidas lamidas contra su tiritante piel a causa del frió mañanero. En lo que el menor le dilataba con los dedos, Yuu trataba de distraerse con besos y mordidas al cuello de su pareja, donde era realmente sensible en ese lugar. —Joder, h-harás que me detenga sin querer.
—No, te atrevas. ¡Ngh! —habían marcas de chupones hechos por Yuu. Los dedos de Souji se enterraron mas en su interior, deseaba escucharlo gritar. Su esfuerzo fue inútil, Yanase se mordía el labio inferior, aguantando las ganas de gemir obscenamente, por ello Souji se vió obligado a interrumpir lo que Yanase hacía para poder jugar con sus pezones. —Ahh, al mismo t-tiempo... No. ¡Ughh!
—Calla. Déjame hacerte el amor apropiadamente.
—¡Eres un...! ¡Ah! —sus dedos salieron de la cavidad lubricada sin previo aviso haciendo a Yuu arquear la espalda. Con la ayuda de su mano, apenas empujó un poco dentro de él. Souji mordió uno de sus pezones, su reacción solo logró subirle el libido. —¡Ngh! ¡U-ugh! ¡Ah! ¡Ahmm! —los labios del chico que estaba sobre él, lograron silenciar los quejidos de la incomodidad que siempre sucedía en la intrusión. Yuu se convenció que lo mejor era dejarse guiar, por ello enredó los brazos alrededor de su cuello y su lengua hizo su camino dentro de la boca del editor. Souji entró un poco más en él, con ello, Yuu ahogó un gemido que murió en la boca de su pareja.
—Falta poco. ¿Estás bien? —el editor tenía la frente perlada en sudor, con aquel semblante se notaba que estaba haciendo un esfuerzo por contenerse. —¿Quieres que me detenga?
—¡No! —gruño alterado, al instante arrepintiéndose: había gritado demasiado alto. Su cara se puso tan roja por la verguenza cuando Nakami lo miró con grandes ojos, sonrojado al igual que él. Parecían adolescentes torpes. —L-lo siento. C-c-continúa.
El oji-verde se mordió el labio inferior y soltó una pequeña risa.
—¡No te rías de mi!
—Eres demasiado lindo. —trató una vez mas, la conversación pareció haberle distraído lo suficiente como para dilatarle y facilitarle las cosas al menor, quien pudo entrar de lleno en él, arrancándole un orgasmico gemido a Yuu. El dolor no era intolerable, ayudaba mucho que aquella no fuese su primera vez juntos, sin embargo la incomodidad se convirtió de prisa en un ligero dolor placentero, cuando comenzó a moverse despacio, abriendo mas sus piernas con caricias en sus muslos, el vaivén lo hizo flotar, se sentía demasiado bien.
—A-ah... Estas un poco, estrecho... Yuu, r-relájate... —dijo con voz suave y pausada. El mayor veía hipnotizado como su voz controlaba el tiempo: fluida, con paciencia, sumergiéndose en un mundo de lujuria que los arrastraba a ambos. Souji mantenía una mano en su cadera y su brazo apoyado en el suelo, a lado de su cabeza, considerándole para no aplastarle con el peso de su cuerpo.
´¡Como si pudiera contigo llamándome de esa manera!´ Se aferró fuerte a su cuello, buscó ocupar su mente, entre gemidos y quejidos besaba el cuello del editor, subía hasta su barbilla y si no era interrumpido por el erotismo que buscaba salir de su boca debido a las estocadas que ahora era mas rápidas, podía llegar sin problema a sus labios y probarlo una vez más entre mordidas y lascivas lamidas que eran correspondidas debidamente. —¡A-ahh! ¡Sou..ji! ¡Ughh! ¡Baka, v-ve mas despac...-! —su corazón latía demasiado deprisa, el calor de su cuerpo lograría derretirlo junto con el fascinante ritmo que llevaban.
—No quiero. —jadeó rápidamente sobre su boca. Sus ojos verdes le veían con deseo, destellaron en la claridad de la habitación y detalló el rostro de Yuu con descaro al verle tan vulnerable. Los dedos de Yuu se enredaron en los mechones que acariciaban su rostro y su dedos rozaron la mejilla del contrario.
Era un hecho. Nakami Souji era hábil con las manos, en muchos sentidos... Oh, pero no solo sus manos, también su boca; sabía besar muy bien y la forma en que utilizaba la lengua su cuerpo lo hacia estremecer con fuerza. Recorría al artista como si fuera de porcelana, llamándolo entre roncos gemidos en aquel fuego en Souji amaba quemarse.
Podría decirse que perdieron la noción del tiempo perdidos a propósito en el cuerpo del otro, dejando que la excitación se apoderara de sus pensamientos mas racionales. Los orgasmos fueron lentos y perfectos, dejándolos en un estado de trance cuando la pasión desbordaba y se quedaba un momento con ellos. No se estaban conteniendo, en el silencio de la casa, solo roncos suspiros, sus respiraciones y los gemidos deleitaban los oídos del otro, haciéndoles saber cuanto les gustaba. ¿Cuántas veces ya habían hecho el amor aquella mañana? Increíblemente, se había perdido la cuenta.
—Mmm, ¿e-estás bien? —los músculos se apretaron alrededor de su palpitante hombría, Souji no pudo evitar gemir y hundir las uñas en su espalda.—N-no hagas eso...
—No puedo evitarlo, p-pero en esta posición es un poco difícil controlarme. —Jadeó el asistente de mangaka retirando con cuidado la intimidad de su interior, colocándose tembloroso a horcajadas sobre el regazo del editor y recargando todo su peso en su pecho, estaba exhausto, probablemente el otro también. Hizo al joven apoyare de la pared para poder acomodarse bien. Sentía que lo habían hecho como unos chicos con las hormonas alborotadas. Pero estaba feliz, aquello lo había hecho feliz.
Los brazos de su pareja le abrazaron, dejó un beso en su pelo, y luego uno más duradero en la coronilla de su frente.
Corrección, Yuu estaba muy feliz, mucho.
—Sou...
—¿Mm?
Suspiró. —T-te amo.
...
—¿Vas a beber eso? ¿No es un trago muy fuerte? —el camarero se llevó la carta de tragos, el rubio lo miró preocupado pero él no parecía realmente importarle.
—Sé que es fuerte. No soy un mocoso de estomago débil como tú. —respondió Yuu.
Tuve que morderme la lengua, no podía decir eso de ninguno de los dos.
—Ah... —suspiró, descansando su mejilla en la palma de su mano. Jun lo miraba por el rabillo del ojo, giraba el vino en su copa suavemente con su otra mano con desinterés. —Estas abusando solo por ser dos años mayor. —jamás creí que aquellos dos podrían siquiera tolerar la presencia del otro debido a las primeras impresiones y todos los problemas que los tres atravesamos, aunque el culpable estaba presente, aquello era tan extraño, como un sueño, uno muy loco. Se estaban llevando bien.
—¿De que te ríes? —dijeron los dos al mismo tiempo, centrando toda su atención en mí. Me reí más fuerte, tuve que cubrirme la boca con la mano, no quería ser imprudente en un lugar tan elegante donde los otros comensales en sus mesas, apenas hablaban en susurro.
—Esto es tan bizarro. —mi novio y mi mejor amigo se miraron y arrugaron la nariz.
—Lo es.
—Un poco... si, quizá. Es raro. —Jun bebió de un golpe lo que quedaba de su copa y pidió otra mas. El camarero dejo delante de Yuu-san una botella de Shōchu y le sirvió en el vaso que trajo, me estaba mirando y yo a él, casi sonreí.
—Gracias. —el joven hizo una rápida reverencia luego de servirme.
—Bien, ordenen lo que quieran, saben que yo invito. —Jun abrió los brazos y los movió delante de la mesa, cuando hacía ese tipo de gestos con las manos era porque se estaba poniendo emotivo. —Comeremos y beberemos hasta explotar, esta es mi reunión de despedida.
Yuu frunció el ceño al tragar su bebida.
—¿Te despediste de Isami-san? —el asintió distraído, viendo a ningún punto particular en la mesa. Yo tomé un trago de mi bebida.
—Se puso a llorar.
—Mierda, ¿en serio? —los ojos de Yuu volaron hacia mi, pendiente de nuestra conversación, limitándose a beber en silencio.
—Me hizo llorar. Joder, tenía tanto tiempo sin verlo. Me hizo prometerle volver mas a menudo. Desde que eramos niños era tan amable, es amable. ¿Sabes?, eres muy afortunado de tener esa familia. —sus ojos ambarinos volaron a mi, contesté ¨lo sé¨ con orgullo evidente. No eran mi familia de sangre, pero la vida no pudo darme algo mejor.
Noté el significado tras sus palabras; Jun era un tanto imprudente pero era un adulto consiente de lo que significaba ausentarse tanto tiempo: la vida daba tumbos y giros inesperados, en un abrir y cerrar de ojos, las cosas cambian, perdemos para siempre a quienes amamos, conocemos personas maravillosas que pondrán nuestro mundo de cabeza. Pero sobretodo, el tiempo, desperdiciando tiempo valioso que es irrecuperable. Nuestra amistad fue el mas grande ejemplo de ello, jamás podríamos recuperar los años que estuvimos separados, pero, creo firmemente, que gracias a alguien frente a mi, mi amistad con Jun no solo se hizo mas fuerte, sino que creció.
Tenía mucho que agradecerle a Yuu-san.
—No te pierdas.
Jun y yo salimos de nuestra ensoñación. Yuu tenía la mirada gacha, aun así sonrió.
—Todos lo pasaran mal si no nos visitas a menudo. Tenemos muchas estúpidas peleas por las cuales discutir aún.
—Yuu-san... —murmuré conmovido por aquello. Jun abrió los ojos como platos, al igual que yo. No le dijo nada al dibujante al instante. La mejillas del rubio se tiñeron de un ligero rosado, sus ojos se aguaron y Yanase se asustó.
—¡O-oi! ¡Espera, no lo dije para que te pusieras a llorar! ¡Sou-Souji ayúdame! ¡¿Q-qué debo hacer?!
Jun estaba hecho un desastre emotivo esa noche.
...
—¿Tienes todo? ¿Pasaporte, boleto, equipaje de mano...? —el aeropuerto no estaba tan colmado de gente como pensé. Aun faltaba un rato para que el empresario tuviese que abordar su avión.
—Si, si si. ¿Quién eres? ¿Mi madre? —fruncí los labios con una cara poco amable.
—A veces creo que si.
—Joder, no me quiero ir. Visiten-
—¡Imposible! —gruñimos Yuu y yo al tiempo.
—El trabajo no nos permite ese tipo de vacaciones, y aun tuviésemos la oportunidad, ¿de donde sacaríamos la cantidad de dinero que necesita un turista? —Yanase le explicaba al rubio como si fuese un niñato cabeza dura. La verdad, con Jun no había mucha diferencia si se pensaba bien. Hirose chasqueó la lengua con mala cara, aquella expresión de disconformidad en su rostro, con la ropa casual que llevaba, lo hacía ver como un busca pleitos.
—Ah, prometí a mi padre llevarle algunos recuerdos. Ten, —me pasó una tarjeta de crédito negra que sacó de su billetera. —busca algo adecuado para él, que sean varios, con diez o veinte estarán bien.
Mi sien palpitó de rabia. —Él no necesita tantos recuerdos.
Suspiré tomando la dichosa tarjeta que sostenía entre sus dedos y me encaminé a la tienda de regalos que mas me convencía. Procuré no alejarme mucho de ellos dos, aunque me era remotamente imposible espiar su conversación, me daba curiosidad de que querían hablar a solas.
...
—¿Pudiste hacerlo? —Yuu le vió a los ojos. Aún no estaba habituado a que ese chico fuese tan directo. Estaba lentamente acostumbrándose a la idea de que quien había sido su mas reciente rival en el amor, realmente sentía cierta preocupación por él. Abrirse a otras personas nunca fue sencillo, menos cuando esas personas trataron de hacerte daño en el pasado.
Una de las virtudes de Yuu era no ser rencoroso.
—Y-ya se lo dije. Esta tan feliz... Ambos, de hecho.
Jun sonrió con ternura ante el sonrojo de Yuu. Había dejado a Souji en buenas manos. Era incapaz de entregárselo a alguien que no podría hacerlo feliz, a pesar de que dolía, la felicidad de editor estaba por encima de cualquier capricho imposible entre ambos. Jun era bastante avispado; la manera en que se miraban en el bar el día anterior, los delataba, jamás había visto a Souji mirar a otra de sus parejas del pasado de la manera en que miraba a Yuu. No habría tenido sentido rendirse si fuese otro, si se trataba de Yanase Yuu, solo se lo confiaría a el.
—Estoy feliz por ustedes dos entonces.
—¿E-en serio?
Jun frunció el ceño, la cara que puso intimidó de inmediato al dibujante. —¿Acaso crees que soy algún tipo de villano?
—¡No, no, no! ¡N-no se trata de eso! Es solo que, pasaron tantas cosas, creí que al menos me odiarías, habría sido lo mínimo. —rió nerviosamente sin saber donde realmente mirar.
—Traté de odiarte, pero no pude. Eres demasiado bueno para eso. —Yuu alzó las cejas, sorprendido.
—¿De veras? ¿Que quiere decir eso?
—Sabes que quiere decir, déjame en paz. —el mas alto se cruzó de brazos.
—No lo se, oye, niño ricachón dime. —Insistió. Era obvio que el castaño estaba aprovechándose para molestarlo.
Jun suspiró. Los retorcidos juego mentales de Souji se le estaban pegando a su pareja.
—Significa que tal vez, me caes bien.
—¿Huh? ¿Es eso cierto? —esa sonrisa fisgona. Definitivamente algunas mañas se pegan como garrapatas.
Recordando algo de pronto, el semblante huraño de Jun despareció por completo y lo remplazó una expresión fresca, casi neutra. —Casi lo olvido. —el rubio extendió su mano en su dirección, una costumbre de Inglaterra. Yuu no entendió en un principio, pero luego cayó en cuenta que estaba sucediendo —Mi nombre es Hirose Junichi, es un placer conocerte.
Yuu la tomó, el apretón de manos era firme y acogedor.
—Yanase Yuu, lo mismo digo. —su sonrisa era genuina.
—Cuida de él, es una gran persona, algo rota, pero estoy seguro de que tu puedes hacer algo por Souji.
—Lo haré, gracias. —dijo con seguridad. No tenía dudas, no las había.
—¿De que tanto hablan? Ten. —extendió un par de bolsas que el rubio las tomó sin problemas. En el momento en que Yuu vió a su chico acercarse, deshizo el formal contacto y les dio espacio para que hablaran a solas.
—Cosas. —Souji alzó una ceja ante la respuesta vaga de Jun quien veía distraidamente a las personas hacer filas para registrar sus vuelos.
—¡HEY! —el rubio respingó y se giró buscando quejarse por ese rugido que le había asustado. No pudo hacerlo, la expresión enfadada y triste de Nakami cortó la palabras de su boca. —No tardes en volver, ¿escuchaste? Si me dejas tirado otros siete años, te buscare y te golpeare, ¿me estas entendiendo?
—Souji... Yo, lo siento tanto, yo no quería... —ver a Souji en ese momento limpiarse bruscamente las lágrimas que luchaban por salir, le hizo un nudo en la garganta. Jun era sensible al dolor de otros, no tardó en llorar como un niño al ver a su mejor amigo en ese estado por su culpa. Le abrazó con fuerza, repitiendo palabras de perdón entre sollozos por todo lo que había causado todos esos años en ausencia, y por todo lo que le había hecho a los dos esa primavera.
No existía que perdonar.
...
Realmente se había ido. El zumbido de los motores del avión en el cielo, apenas despegando fue una molestia tolerable. Miré al chico a mi lado, el pelo se mecía en su cara con gracia, mientras ambos, veíamos la pista de aterrizaje detrás de la cerca. Era el limite para los peatones que querían ver lo aviones subir y bajar. Luego de un rato, en un momento dado, Yuu me tomó de la mano, sacándome de allí. Nos tocó pasar un buen rato en silencio desde la última vez que alguno de los dos abrió la boca. No era un silencio incomodo ni nada que se le pareciera, solo no había mucho de que hablar de momento.
Luego de caminar un corto rato, lo sentí espiarme por el rabillo del ojo, estaba un poco inquieto. De todas las cosas que revoloteaban en mi cabeza, una en especifica me molestaba bastante y era mejor sacármela de la cabeza en esta oportunidad. Me detuve en seco, tiré ligeramente de su mano para que se detuviera, allí no había nadie mas que nosotros dos.
—¿Souji?
Estaba en graves problemas.
Agaché la cabeza, en este momento no estaba orgulloso de mi mismo, fui directo al grano, sin rodeos ni más preámbulos. —Cuando nos conocimos, estabas ebrio. ¿Recuerdas lo que sucedió en mi casa luego? Realmente no nos acostamos en aquella ocasión, pasaron muchas cosas, pero sería incapaz de aprovecharme de alguien en ese estado. —en ese momento era imposible verle directamente a los ojos. Sentía su mirada clavada en mi, no sabia si estaba enojado, alterado, incluso si estaba llorando por aquella cruel confesión. —Yo... te hice creer eso solo para molestarte y ver como reaccionabas cerca mio. También fue una excusa para seguir viéndote.
Cuando me decidí a mirarle a los ojos porque el silencio que nos ocupó cuando acabé de hablar me estaba matando. Una sombra rápida cruzo delante de mi ojos, el sonido resonó muy fuerte y el dolor en mi mejilla no se hizo esperar.
—Auch. —masajeé el lugar afectado por la bofetada que me propinó. —Si, lo tenia bien merecido.
—M-mierda, creo que me dejé llevar. ¡Lo siento, no pensé, yo solo...! —se acercó a mi viéndome con una cara sombría de preocupación, como quien estaba a punto de llorar por un error garrafal.
Me eché a reir por ello, parecía un niño pequeño que se había metido en grandes problemas. Lo tomé de la muñecas, Yuu estaba a punto de volverse un manojo de nervios por lo que acababa de hacer. —En serio, esta bien. —le sonreí con ternura. —Creo que es la primera vez que me abofetean. —aquello no ayudó en nada, sus labios su volvieron un disparate. —Duele, pero sabemos que tarde o temprano debías hacerlo, me he salido demasiado con la mía. —fruncí los labios, invitándolo a reírse conmigo. Funcionó, su rostro se iluminó con la belleza de un ángel y reímos juntos, sus brazos se volvieron lánguidos, lo solté despacio, de la misma manera en que me dí cuenta cuanto amaba a este hombre.
Yanase Yuu se acercó, se puso de puntillas, dejando una mano en mi mejilla sana, besó con dulzura la que tenia la marca roja de su mano. Mis ojos se abrieron grandes, me había sonrojado, al igual que él. Al separarse, noté como tenía el ceño fruncido con la cara tan roja como una manzana, sus ojos estaban en llamas. Aún no estaba fuera de peligro.
—Solo por esta vez, te voy a perdonar. Pero si vuelves a hacer algo así, voy a matarte. ¡L-lo digo en serio, idiota! —me señaló con el dedo. Asentí enérgicamente, estaba tan feliz. El asistente de mangaka chasqueó la lengua y se pasó los dedos por el pelo buscando calmarse. Yuu comenzó a caminar, dejándome atrás.
—Entonces, ¿que te dijo Jun? ¿De que quería hablarte?
Yuu dio un respingo como un gato asustado. No esperaba que yo diera en el blanco.
—Te diste cuenta. —desvió la mirada. Estaba un tanto nervioso.
—Era obvio. Su padre odia los recuerdos de los aeropuertos. —Yuu-san murmuró algo inaudible entre dientes. —¿Y bien? ¿Qué te dijo? ¡Dime,dime!
—¡Es asunto privado! ¡O-oye, no te acerques tanto, estamos en publico! ¡Sou-! —callé cualquier intento de reproche con mis labios. Era dulce, Yuu-san sabía muy dulce. Aun debía descubrir que provocaba estos pensamientos tontos e irracionales; una sonrisa, un gesto, una mirada de su parte y estaba totalmente hundido en él. Me volvía loco, totalmente loco. Aprendí a amarlo, primero desde la distancia, con excusas que me inventaba para convencerme a mi mismo de que solo quería protegerlo, luego, pensamientos más egoístas como ''solo quiero que me mire a mí'' comenzaron a llenar mi cabeza. Viéndole día tras día, tenerle cerca era suficiente. Con él, descubrí que era el primer amor.
Aún no puedo creer que me enamoré perdidamente de esta persona maravillosa.
Me separó de él empujando amablemente mi pecho. No me veía a los ojos, su cara sonrojada era la mas hermosa de todas. Yo, de igual manera, estaba afectado por su culpa. Yuu tomo de mi mano y tiró ligeramente de ella, guiándome mientras caminábamos lejos de allí.
Parpadeé un par de veces, un tanto confundido por su comportamiento tímido.
—¿Yuu-san? ¿A donde quieres ir? —lo vi cuando apretó los labios, igualmente entrecerró ligeramente los ojos sin soltarme.
—A casa. —mis ojos sorprendidos brillaron: mi corazón iba a salirse de mi pecho.
A veces, suceden cosas muy difíciles de explicar pero tan sencillas de sentir. Para mí, solo existía él, tenía que ser esta persona, no quería que fuese nadie más. Si me dejaba llevar por este sentimiento, deseaba entonces morir ahogado en el.
"Y estoy seguro que..." Los ojos de Yuu sonrieron.
"Te amaré por mucho tiempo."Souji se acercó más a mi lado.
Este era, el primer amor más grande del mundo.
FIN
XxxX
Ha pasado demasiado tiempo, no tengo excusa que valga, amento mucho mi irresponsabilidad. Gracias a todos y todas por acompañarme en este fic que surgió de una pequeño loco pensamiento, una tarde cuando iba al colegio, hace varios años, sus comentarios y criticas me han ayudado un montón en el desarrollo de esta obra, cada uno de ellos tiene mucho valor, muchas gracias. Sin nada mas que decir, a continuación dejo los créditos...
Obra original: "El primer amor más grande del mundo: Sekai-ichi Hatsukoi, por Nakamura Shungiku."
Fanfiction: "El gato blanco de la mala suerte, por Rose Thane."
Editoras: Rose Thane, LiNi.02 (ch 1-4) Asa-chan, beta oficial, (ch 1-15)
Agradecimientos especiales a Lau (Asa-chan), sin esta persona especial, realmente puedo decir que este fic jamas lo hubiese podido continuar, debido a los problemas y las crisis existenciales que me dio debido a muchas cosas que sucedieron a lo largo de su trayecto. Su colaboración fue tal con Yuu y la trama en si, que este fanfiction, de principio a fin me gustaría dedicárselo. Puede sonar ridículo, pero una vez le comenté a ella que si algo me llegase a suceder antes de concluir la obra, esta seria de ella y que quedaría a su imaginación, sobretodo, que si le gustaría continuarla a su antojo, que lo hiciera, fue algo precipitado y quizás tonto, pero así de inspirada me sentía cuando trabajábamos juntas en este proyecto, que para algunos solo puede ser un fanfiction de amor entre hombres como hay miles, pero para mi es la primera cosa que he hecho bien en mi vida y la he llegado a terminar, y aunque un parte de mi corazon y alma se queda aquí, otra seguirá escribiendo. Sin nada mas que decir, gracias mil millones de veces a Lau, mi pony, mi partner, mi amiga, mi hermana, mi Yogi/Silver, mi musa, mi bae, mi Yuu, mi waifu, mi beta, mi cómplice, a la mejor de las mejores, (llora, lau, llora.) ¡GRACIAAAS!
¡Gracias a todos, luego nos leeremos, porque esto no se queda aquí!
