Mi Rey.

Capítulo seis: Terrible destino.

Embarazada. Esa era una palabra que a la mayoría de las mujeres se le hacía hermosa, y Karin estaba entre esa mayoría, pero cuando salió de la boca de la doctora Unohana, informándole que ese era el estado en el que se encontraba y el porqué de que últimamente sintiera tantas nauseas, se le antojó como una palabra aterradora. Una palabra que destrozó su mundo y sus esperanzas.

Se acabó, ya no podría escapar de Hitsugaya Toshiro, ahora tenía algo que la uniría a él por el resto de sus vidas creciendo en su interior. Al demonio con su plan, al demonio con huir, al demonio con olvidar…

Escapó de la enfermería de la doctora y corrió al cuarto más cercano, que resultó ser una bodega de limpieza, y se acurrucó en un rincón, llorando y sollozando desconsoladamente, maldiciendo a la vida, maldiciéndose a ella, maldiciendo a Hitsugaya, maldiciendo a ese b…

Frenó sus pensamientos antes de completar una sentencia tan horrible.

Las lágrimas siguieron deslizándose solo que ahora silenciosamente mientras reposaba su cabeza contra el muro, pensando con miedo lo cerca que había estado de ser una persona lo suficientemente horrible como para maldecir al alma más pura que alguna vez podría existir, un bebé, su propio hijo… No, se había prometido que el odio hacia Hitsugaya nunca la haría caer tan bajo.

Ni modo, pensó secando sus lágrimas y levantándose tambaleante de su anterior posición fetal en el suelo, este bebé ya estaba aquí. Ahora ella estaba atada para siempre al rey y él tendría al heredero que quería. ¿Qué podía hacer al respecto?

Ya debería haberse resignado a su terrible destino, había sido estúpido albergar esperanzas de poder escapar de esa vida algún día.

Limpió los rastros de lágrimas de sus mejillas y se fue tambaleante hacia su habitación designada, subiendo cuidadosa y lentamente las escaleras sin siquiera darse cuenta sino hasta que llegó al final de las mismas.

Con su cabeza dando vueltas, siendo un revoltijo de confusión y emociones encontradas, llegó a su cuarto y de inmediato se lanzó sobre su cama, volviendo a sollozar solo que ahora mucho más tranquila en la privacidad de su habitación.

O al menos pensó que allí podría tener privacidad hasta que oyó la cantarina voz de su dama principal anunciando que iba a entrar sin autorización solo porque se le placía. Adoraba a esa mujer, pero a veces realmente quería golpearla.

Ni siquiera tuvo tiempo de secarse las lágrimas por completo antes de que Rangiku ingresara a la habitación con una gran sonrisa que se esfumó al momento de ver en el estado lastimoso en el que se encontraba.

-Oh, cielos.- pareció espantadísima. -¿Qué te hizo él ahora?- se llevó una mano a la sien masajeándola como rogando por paciencia a alguna divinidad. –Esta vez sí que lo mató, seriamente está muerto ahora…- masculló entre dientes mientras Karin solo la ignoraba meditando si contarle era buena idea o no.

-Me embarazó, Rangiku-san.- admitió finalmente, decidiendo que no tenía ninguna razón para mentirle a su querida dama principal.

La mujer mayor se quedó en blanco por un momento, antes de soltar el mayor chillido rompe-tímpanos que la ex Kurosaki había escuchado en toda su joven vida, justo un segundo antes de correr hacia ella con una enorme sonrisa.

-¡Oh por Dios! ¡¿En serio?! ¡Esto es una gran noticia! ¡Es… es…!...- calló cuando de repente notó su rostro abatido. –Pues diría que es genial y motivo de celebración, pero tú no pareces muy feliz.- suspiró y luego su gesto se contrajo en uno de rabia peligrosa que hasta a ella le dio miedo. -¿Volvió a forzarte? Porque si lo hizo…- comenzó a amenazar pero Karin negó con la cabeza, avergonzada.

-Eh… n-no, Rangiku-san, esta vez no me forzó…- evitó su mirada, completamente sonrojada. –Fue consensuado.- fue culpa suya por ser una puta y no haber podido contenerse y rechazarlo aquella vez hace tres semanas cuando él estaba borracho y de alguna forma las cosas acabaron en sexo, que ahora se enteraba había desembocado en un embarazo.

-Oh.- eso pareció aliviar muchísimo a la de ojos claros, hasta soltó un enorme suspiro de alivio. -¿Entonces por qué tanto llanto? Eso podría hacerle mal a tu bebito, ya sabes.- regañó cariñosamente y la menor se sonrojó aún más.

Oh por todos los cielos, realmente iba a convertirse en una madre. E iba a tener al hijo de un monstruo. O hija… dijo una voz dentro de ella, y la criatura no tenía la culpa de las condiciones en las que nacería, ella y Hitsugaya eran los responsables, y solo debían tener como prioridad a su hijo sin importar la relación entre ellos, por más que se odiaran.

-E-es que…- tartamudeó, ahogando otro sollozo, pero antes de que pudiera decir nada la mayor llegó a sus propias conclusiones por ella misma y la miró con sus ojos claros muy amplios.

-¿Tú no lo quieres?...- preguntó en un susurro lleno de incredulidad y Karin bajó la mirada. -¿No quieres a tu propio bebé?- se horrorizó por completo, mirándola con desaprobación. –Karin-chan, nena, te adoro, pero es tu hijo, ¿qué no tienes ninguna clase de instinto maternal o como le llamen? ¿Cómo puedes rechazarlo?- se notaba atónita.

-¿Y qué esperabas?- se cruzó de brazos, un tanto a la defensiva. -¿Quieres que esté feliz de atarme para siempre a ese bastardo? Sé que la criatura ya está aquí y no es como si quisiera desentenderme del bebé ni nada, cargaré con la responsabilidad, pero no puedo sentirme feliz, Rangiku-san. Solo estoy asustada y confundida y…- y más asustada.

-Oh, ya, ya, querida, yo entiendo.- la abrazó por los hombros y la dejó llorar en el hueco de su cuello, frotándole la espalda maternalmente. –Pero el bebito no tiene la culpa de nada, y por más que a tu esposo lo odies y que probablemente no será ni de cerca el mejor padre del mundo, eso no es excusa para que no te esfuerces por ser una buena madre de ahora en adelante.- tomó su barbilla y alzó su rostro. –Ahora tienes una enorme responsabilidad bien chiquitita creciendo en tu interior, es tu deber cuidarlo y protegerlo, y tienes que priorizarlo por sobre todas las cosas. No quiero que te dejes llevar por tus emociones sobre esto, tienes que entender que estás cargando una vida indefensa que depende absolutamente de ti.- su ojos claros refulgían seriedad como nunca antes. -¿Entiendes lo que te estoy diciendo, querida? ¿Puedes prometerme que serás fuerte?-

-S-sí, Rangiku-san.- asintió con ojos llorosos, separándose de ella y secándose las lágrimas. –P-pero en serio… tengo mucho miedo…- trató de no volver a llorar, pero su cuerpo temblaba descontroladamente.

-Es normal, querida.- le acarició el rostro con compasión. –Pero no vas a estar sola. Y no me refiero a solo que obviamente contaras con todo mi apoyo, ahora mismo aunque me vaya nunca más estarás sola.- colocó la palma de su mano plana contra su vientre. –Ahora siempre tendrás que pensar siempre por dos, y verás cómo esta criaturita alegrara todos tus días.- sonrió con nostalgia acariciando con aprecio su estómago.

La pelinegra se sonrojó un poco, conteniendo el repentino impulso de acariciar su vientre también.

-Oye, y… ¿t-tú nunca has… tenido hijos? ¿O esposo, al menos?- preguntó curiosa, puesto que la mujer mayor, pesé a que le encantaba hablar de la vida de los demás, nunca decía demasiado sobre la suya propia, y menos sobre su pasado.

-Yo estoy casada con el gran amor de mi vida.- sus ojos se iluminaron como estrellas. –Es un general del ejército, tuvo que ir a la guerra.- suspiró cabizbaja, apartándose de ella para ir a sentarse al otro lado de la cama. –Nunca pudimos tener hijos, sin embargo siempre nos hemos sentido padres…- sonrió con algo de nostalgia y amargura mescladas. –Cuando Momo-chan y Toshiro llegaron al palacio… los reyes no tenían mucho tiempo para ellos, así que nosotros pasábamos prácticamente toda la tarde cuidándolos pesé a que solo éramos una pareja de adolescentes enamoradizos con demasiado tiempo libre.- rió entre dientes. –Momo-chan era más unida a mi esposo, pero Toshiro siempre fue más apegado a mí, él era mi niñito…- suspiró con añoranza. –Sé que aún es pronto para darte este consejo, pero volveré a repetírtelo incontables veces así que mejor empezar desde ya.- se volvió a mirarla con una pequeña sonrisa. –Aprovecha a tu hijo mientras sea chiquito, te sorprenderá con lo rápido que crecen y dejan de depender de ti.- la ex Kurosaki se quedó sin aliento al notar las lágrimas en las comisuras de sus ojos.

-Rangiku-san…- susurró, empezando a conmoverse de tal modo que las ganas de acariciar su vientre casi le eran insoportables.

-Tal vez él nunca me consideró su madre, pero siempre lo he considerado mi hijo.- apartó la mirada de nuevo al frente, evitando sus ojos. –Y me duele ver en lo que se ha convertido… pero, ahora que va a ser padre, no puedo evitar tener la esperanza de que…- se frotó los ojos. –La esperanza de que pueda recuperar aunque sea un poco de lo que fue el niñito que tanto ame, que vuelva a ser esa persona maravillosa que solía ser antes de la muerte de sus padres.- tomó una gran bocanada de aire. –Ojala… ojala las cosas salgan bien. No pido que todo esté bien entre ustedes, sé que nunca lo perdonaras, pero… esperó que sean buenos padres.- sonrió tensamente.

La mirada de Karin se ablandó mientras gateaba por la cama hasta llegar al lado de su dama, abrazándola por los hombros.

-Rangiku-san… me recuerdas mucho a mi madre, ¿sabes?- admitió y la rubia la miró muy sorprendida. –Estoy segura de que hiciste un gran trabajo criando a Hitsugaya como a un hijo. El modo en el que él es ahora… no es tu culpa.- ahora ella la miró con comprensión, también con lágrimas en sus ojos. –La prueba de ello, es que a pesar de todo, a pesar de la manera en la que él es ahora… aún te ama.- aseguró y finalmente las lágrimas escaparon de los ojos claros de la hermosa mujer.

-¿Tú crees?- susurró con una mirada muy vulnerable, que a Karin le recordaba mucho al tipo de miradas que tanto le dio Toshiro hace tres semanas cuando ella se entregó voluntariamente a él en un momento de debilidad, esa mirada que tenía la gente mayor que la hacía ver como solo un niño perdido.

-Yo lo sé, Rangiku-san.- aseguró. –Yo lo sé.- ambas se abrazaron, las dos llorando, y un poco del miedo y confusión de Karin se disipó ahí mismo, más tranquila ahora que sabía que contaba con el apoyo de Rangiku-san.

No todo tenía que ser tan malo, ¿verdad?

Al día siguiente, por insistencia de Rangiku, volvió a la enfermería junto con ella para hablar con la doctora Unohana y que le dijera todo lo que tenía que saber acerca de llevar un embarazo. La doctora quiso hablar con el rey también, pero la reina se negó, alegando que todavía estaba esperando por el momento correcto para informar a su marido sobre su estado.

Aunque la verdad era que solo quería postergar el momento lo más posible.

El bastardo había ganado, logró convertirla en su herramienta para conseguir lo que quería, su heredero. Quería retrasar el momento de tener que concederle su victoria y asumir su derrota, el finalmente haberse sometido a sus caprichos, el complacer a ese monstruo descorazonado, el cambiar completamente su vida solo por una noche en la que fue débil.

Era consciente de que ella misma se había hecho esto por ser tan débil, y esa era la única razón por la cual reconocía que esto no era solo culpa de Hitsugaya y por ende ella también debía asumir la responsabilidad equitativamente, y cumplir la promesa a Rangiku de ser fuerte y esforzarse por ser una buena madre en la medida que pudiera.

Una semana después de haberse enterado del embarazo, Karin aún no encontraba el valor ni la forma de decirle a su esposo de su primogénito en camino, sobretodo porque ni siquiera se hablaban.

Desde… aquella noche… ellos se evitaban el uno al otro lo más posible, solo se dedicaban miradas a la distancia, y eran miradas llenas de puro desprecio. Se odiaban, y se arrepentían de aquella noche, ella lo sabía muy bien. Pero aquella noche tuvo más consecuencias que solo aumentar el odio entre los dos, tuvo una milagrosa y pequeñita consecuencia que ahora mismo crecía dentro de ella.

Y sabía que no iba a poder ocultárselo a su marido por mucho tiempo.

Muy nerviosa, decidió acudir a Kouzu para pedir consejo sobre cómo podría informar al rey sobre su estado, pues su amigo cocinero era sin duda de las personas más precavidas que alguna vez haya conocido, y sinceramente, se moría por contarle del asunto a alguien que no fuera su dama, así que lo llevó a su habitación designada al atardecer para poder hablar tranquilamente.

-¿Embarazada?- susurró sorprendido su amigo una vez le contó, pero su reacción fue inesperada, había pensado que chillaría de la completa sorpresa, o mínimo que abriría mucho los ojos y la boca, pero él se veía solo… inmensamente preocupado. –Wow, felicidades, Karin-san, sé que serás una gran madre.- la felicitó, pero sin mirarla. ¿Qué pasaba con este muchacho adorable ahora?

-Ya, Kouzu, ¿qué te pasa? No te ves sorprendido, pero pareces angustiado. Dime que pasa y no mientas, es una orden.- mandó y él suspiró, apartándose el flequillo de la frente por un momento.

-Solo he… escuchado unos malos rumores.- empezó a comentar y ella hizo un gesto para que continuara contándole. –Sí, bueno… resulta que han estado diciendo que las cosas en la guerra se están poniendo más feas… y aparentemente batallones han estado queriendo invadir nuestras fronteras, según dicen…-

-¿Batallones?- se horrorizó. -¿Aquí, queriendo invadir estas tierras?- no lo creía. –Pero… ¿quién está lo suficientemente loco como para tratar de meterse con este reino que es reconocido por su fuerza militar?- no tenía sentido.

-Yo no sé nada de eso, Karin-san, solo son rumores, pero…- pareció indeciso de seguir hablando.

-¿Pero?- insistió.

-Hace poco, un pequeño batallón avanzó lo suficiente burlando nuestros campamentos militares, acercándose lo necesario al palacio como para derribar una porción del muro que lo rodea a la distancia con un cañón.- se mordió el labio. –Solo estoy preocupado porque lo primero que las tropas enemigas harían si lograran entrar a palacio, sería asesinar al rey y la reina.- se abrazó a sí mismo. –Ante estos rumores, el momento de la llegada del heredero al trono es motivo más de preocupación que de celebración.- suspiró. –Lo siento, Karin-san, me gustaría estar feliz por ti, pero estoy muy preocupado.- volvió a suspirar, tristemente.

-No te preocupes, Kouzu.- negó con la cabeza con una pequeña sonrisa. –Gracias por decirme esto.- de otra forma no se hubiera enterado, porque Hitsugaya era un bastardo que la dejaba afuera de todo.

-De nada, Karin-san, pero ya debería irme.- rió levemente, un poco nervioso. –Uhh… si tienes algún antojo o algo así, no dudes en acudir a mí, estaré encantado de ayudarte en lo que pueda.- sonrió cálidamente en lo que se dirigía a la puerta.

-No tienes que ser el único que siempre me complazca en todo, puedo pedir a otros cocineros que me hagan la comida o incluso puedo cocinarme yo misma. Tuve un excelente maestro, ¿lo olvidas?- le guiñó un ojo mientras le abría la puerta para que saliera.

-Me gusta complacerte en todo, Karin-san.- aseguró tomando una de sus manos con la suya y palmeándola en un gesto reconfortante. –Y no te preocupes, todo saldrá bien.- sonrió una última vez antes de sacudir una mano y alejarse con los hombros tensos.

Suspiró y planeó volver a entrar en la habitación, pero una mano sujetó su muñeca, impidiéndoselo. ¿Qué demonios?... Sus ojos se ampliaron y miró espantada hacia atrás, encontrándose con el aterrador espectáculo de los furiosos ojos turquesas de su marido clavados en ella augurándole peligro.

-¿Q-qué quieres?- preguntó en un susurro, asustada. Sí él le hacía algo ahora no solo su vida estaba en peligro, sino que también la de un inocente, su propio hijo, de ambos.

-¿Qué hacía Ikami en tu habitación?- apretó su muñeca muy fuerte, a lo que trató de zafarse de su agarre, pero no la soltaba.

-¡Suéltame, me estás lastimando!- exigió y se sorprendió cuando rápidamente la dejó ir, pero siguió mirándola de esa manera tan intimidante que la obligó a retroceder un paso cuando él avanzó, dejándola acorralada contra el marco de la puerta y su cuerpo. -¿Q-que q-quieres ahora?- tartamudeó tratando inútilmente de no sonrojarse por los recuerdos que la invadían de lo que pasó la última vez que lo tuvo tan cerca.

-Dame una sola razón para no matar a ese maldito cocinero después de que lo vi saliendo de tu habitación.- gruñó en su oído, antes de separarse un poco para mirarla fijamente a los ojos, su nariz casi rozándose contra la suya.

-N-nosotros s-solo hablábamos…- contestó sin poder evitar estar más nerviosa por el riesgo que podía correr la vida de su amigo que indignada porque nuevamente manifestara sus dudas sobre la relación que mantenía con Kouzu. –Y no es asunto tuyo sobre qué.- contestó a la defensiva cuando lo vio mirarla de forma que claramente exigía una mejor explicación.

-Si no me lo dices, lo mató, ¿te parece que ahora es asunto mío?- alzó una ceja con frialdad, casi con burla.

Karin se mordió el labio con impotencia, recordándose los motivos por los cuales lo odiaba tanto y reprochándose por enésima vez su debilidad de hace ya un mes cuando actuó como puta y terminó arruinándose la vida.

-Solo me contó acerca de los ataques contra los muros del palacio, cosa que no me habría molestado en lo absoluto que tú me mencionaras, mi rey.- escapó por debajo de su brazo y entró a su habitación, sintiéndose a salvo cuando pudo entrecerrar la puerta por fin. –A diferencia de lo que a ti te gustaría, no soy una muñeca, y me interesa saber acerca de lo que está pasando en mi residencia actual, en el reino del cual soy reina, y sí tú no me lo dices, entonces no me culpes por buscar otras fuentes de información.- al ver que aparentemente no tenía planeado hacer ni decir nada, le cerró la puerta casi en la cara. Suspiró aliviada de ya no tener que lidiar con él, pero entonces escuchó su voz desde el otro lado de la puerta.

-Te lo advierto, mi reina.- dijo con un tono completamente inexpresivo e indiferente, pero que no sonaba menos peligroso. –No quiero volver a enterarme sobre Ikami o cualquier otro hombre en tus aposentos. Porque a él lo mató, y a ti te quitare todas tus libertades.- advirtió y pesé a que no podía ver su expresión, de igual manera su corazón se llenó de miedo.

¿Cómo había terminado casada y embarazada de ese maldito monstruo? Solo pudo volver a respirar cuando oyó sus pasos alejarse.

Lágrimas de rabia se deslizaron por su rostro. ¡Ella no quería vivir el resto de su vida de este modo! Ella había querido huir, había estado dispuesta de hasta morir con tal de no tener que soportar esto, hasta ponía en peligro la vida de personas que realmente había llegado a apreciar mucho siendo la esposa del monstruo.

Pero no, nunca iba a escapar de esa vida, ahora estaba atada al monstruo por algo aún más fuerte que el matrimonio, un hijo. Ya nunca podría escapar, estaba condenada a vivir humillándose, con miedo, sometida e intimidada, llena de lujos pero sintiéndose miserable, y todo por una maldita noche… y un maldito b…

Detuvo sus pensamientos una vez más, dándose cuenta de lo que de nuevo estuvo a punto de decir.

-No…- suspiró, mirándose en el espejo de cuerpo completo de la habitación, aplanando su Yukata para tener una mejor visión de los contornos de su vientre aún plano. –Nada de esto es tu culpa, ¿verdad?- llevó su temblorosa mano a su vientre, dejándola reposar allí mientras se observaba en el espejo. –Tú… no tienes la culpa de nada…- los ojos se le llenaron de lágrimas una vez más mientras metía la mano dentro de su ropa para acariciar su estómago con delicadeza, sin poder creer que realmente una vida estuviera formándose allí. –Tú estás aún más indefenso que yo… tú me necesitas…- pequeñas lágrimas se deslizaron de sus ojos. –Tú me harás feliz.- sonrió, acariciando su vientre ahora con ambas manos. –Y yo… yo me asegurare de que tú seas feliz. Te voy a cuidar.- volvió a mirarse al espejo, notando cierto brillo en sus ojos que antes no había estado ahí. –Te voy a proteger.- aseguró con su mirada radiante de determinación. –Ahora… tú serás mi futuro.-

Iba a asegurarse de que se convirtiera en una gran persona y en un futuro gran rey… o reina, y trataría de mantenerlo lo más lejos posible de su horrible padre, no dejaría su bebé solo a la merced de ese monstruo.

Su hijo ahora sería su rayo de luz y esperanza en esa vida oscura que le esperaba.

Desde esa noche, empezó a sentir una especie de conexión con su bebé aún no nacido, por decirlo así. No podía evitar acariciar su vientre lo más posible cada vez que estaba sola, y se la pasaba pensando cómo sería su bebé. Tal vez podría parecerse a Yuzu, pensaba con ilusión de que al menos no fuera el vivo retrato de su horrible padre, aunque la verdad él solo era horrible por su personalidad pero por su apariencia no había mucho de lo que pudiera quejarse, pero aun así… le gustaría que se pareciera a alguien de su familia.

Igual lo amaría como fuera, supo con certeza a las dos semanas desde que se decidió por aceptar a su hijo, mientras escribía con entusiasmo cartas a su hermana contándole la noticia con todo el entusiasmo del mundo, pesé a que sabía que por la guerra su carta tardaría meses en llegarle, de todos modos su mente estaba en paz con haberle escrito apenas pudo considerar aquello una noticia extremadamente feliz.

Al demonio con Hitsugaya, se decía para sí misma, este es mi bebé.

Pero aun así debía decirle al bastardo sobre su estado, insistía Rangiku cada vez que preguntaba y ella le decía que aún no le había dicho nada. Tiene derecho, es el padre, y es el rey, le recordaba ella. Aparte, de que un embarazo no era algo que se podría ocultar por mucho tiempo.

Así que, un mes después de haberse enterado, con ya dos meses de embarazo, seguía sin decirle al futuro padre-monstruo sobre su próximo-a-nacer primogénito y heredero al trono, pesé a que sabía que probablemente si dejaba pasar más tiempo él se enojaría.

Se miró al espejo de cuerpo completo del cuarto y aplanó su ropa, sonriendo al ver el levísimo bultito que estaba sobresaliendo en su vientre, pero luego suspiró, sabiendo que no podría ocultar esto de su odioso esposo mucho más tiempo.

De la nada, de pronto se le antojó un poco de pescado con chocolate, raro, pero era su antojo favorito de esa semana, y sabía que probablemente Kouzu ya la estaría esperando con un bocado de eso listo para ella, la sola idea hizo rugir su estómago pesé a que comió hace poco tiempo.

Casi brincó su camino sonriente hacia la cocina, e incluso cuando se topó con Hitsugaya en uno de los pasillos lo ignoró por completo y siguió sonriendo y brincando, ansiosa por su bocadillo.

Al llegar, Kouzu ni la miró al darle una bandeja con exactamente lo que quería, a lo que le dio un gran abrazo antes de irse contenta.

Comió alegre ignorando las miradas extrañadas de los sirvientes, seguramente muchos ya habrían notado que estaba embarazada, o al menos la mayoría de las mujeres debían sospecharlo.

Tenía pensado comer el bocadillo en su habitación, pero no se resistió y termino devorándoselo tan solo en el inicio de las escaleras que daban al pasillo donde estaba su cuarto designado, suspiró y se dio la vuelta cabizbaja para regresar la bandeja con un pequeño mohín, pero en eso un fuerte mareo la invadió y se tambaleó.

Horrorizada, trató de sujetarse de la pared antes de sufrir el terrible destino de caer por las escaleras, pero todo pasó demasiado rápido, y sus dedos solo se deslizaron por la pared de piedra en lo que lágrimas llenaban sus ojos.

Pero entonces sintió un brazo rodear su cintura y los escalones mortales alejarse de su rostro, y en un segundo estuvo de nuevo estable en sus pies, con lágrimas de miedo deslizándose por sus ojos, y lo único que le impidió abrazar a quien la salvó, fue el hecho de que esa persona era Toshiro.

Temblando incontrolablemente, se dio cuenta demasiado tarde sobre la forma en la que desesperadamente se estaba abrazando a su vientre, y la forma en la que él estaba con la vista fija allí, y se congeló. Él se dio cuenta, ya lo sabía.

-Deberías tener más cuidado con las escaleras estando embarazada, mi reina.- comentó con sequedad, sus ojos brillando con una emoción indetectable.

-Y-yo…- "gracias, te lo iba a decir", eso quería decir, pero por alguna razón estaba paralizada sin poder decir nada, tal vez tuviera que ver con la mirada espeluznante e intimidante que le estaba mandando.

-Después de todo.- se cruzó de brazos. –No querrás perder a tu pequeño bastardo, ¿verdad?-

Si antes Karin se había sentido congelada, ahora se sintió completamente de piedra. ¿Qué?... No podía estar hablando en serio, ¿cierto? Tenía que ser una maldita broma, una broma de muy mal gusto.

-Toshiro…- no pudo evitar llamarlo por su nombre en su incredulidad. -¿Qué demonios estás insinuando, maldito idiota?- no pudo evitar insultarlo porque… ¿en serio? Es verdad que él había estado muy borracho esa noche, pero ella sabía que recordaba, ¿cómo podía pensar que su hijo era producto de una infidelidad? Imbécil.

¿Cómo podía insultar de ese modo a su ansiado hijo incluso antes de nacido? ¿Qué clase de ser humano era?

-¿Crees que estás en posición de insultarme?- la tomó de la muñeca, acercándose a ella tanto que quedaron nariz contra nariz, sus ojos turquesas llenos de furia enfrentados a sus ojos negros repletos de indignación. –Sé que el bastardo que cargas no es mío, y ahora mismo vas a que la doctora Unohana te lo saque.- ¿saque, saque qué? No podía… -Y veté despidiendo del cocinero, mañana lo mandó a fusilar.- en sus ojos podía ver que estaba hablando completamente en serio, como siempre.

-Tú… no puedes estar hablando en serio.- sabía que sí. –No puedes ser tan desquiciado… ¿qué no queda nada humano en ti, maldito monstruo?- trató de soltar su muñeca, pero su agarre era de hierro. -¿Ahora quieres matar a tu propio hijo?- la pregunta le salió temblorosa, junto con un par de lágrimas. No podía entender cómo es que terminó con un hombre como este. ¿Este hombre iba a ser el padre de su bebé?

-No creas que llorar salvara a tu amante de quinta o a tu bastardo.- comentó él con desagrado, apretando tanto su muñeca que sabía que iba a dejar moretones. –Bueno, tal vez si accedes a no volver a negarte a complacerme en las noches salvé a tu amante y lo castigue solo con algunos latigazos, pero al bastardo te lo sacas ahora mismo.- sin más empezó a jalarla para bajar por las escaleras, seguramente queriendo a arrastrarla a la enfermería para que le hagan esa… esa cosa impensable… horrible…

"Yo te voy a proteger, bebé. Incluso de tu padre."

Con una fuerza que no tenía idea de dónde sacó, logró soltarse de su agarre y comenzó a correr escaleras arriba, tratando de escaparse de ese monstruo desquiciado, pero rápidamente él volvió a tomarla de la muñeca para jalarla hacia abajo.

-¡Suéltame, enfermo!- las lágrimas caían incontrolables por sus mejillas. -¡Quieres matar a nuestro hijo por tus malditas dudas y celos! ¡Eres peor que un monstruo! ¡Eres el demonio!- forcejeó para soltarse pero no la soltaba.

-Incluso si fuera mi hijo.- la miró con una sonrisa repleta de amargura. -¿Qué te hace pensar que quiero a tu hijo ahora, a estas alturas de la guerra? Te dije que ibas a darme lo que quería cuando lo quisiera. No quiero ahora, por lo tanto no lo tendrás, y mucho menos me arriesgare a que quieras convertir a un bastardo en el heredero al trono.- Karin se horrorizó por completo.

Él realmente era el demonio…

Pero esta vez no haría lo que quería, esta vez si los tocaba lo mataría, a ella podía hacerle lo que quisiera, pero no ahora que su hijo la necesitaba, y si siquiera se atrevía a hacerla abortar… ella lo mandaría al infierno que era donde merecía estar.

-¡Si matas a mi bebé mátame también porque si no lo haces yo te matare a ti! ¡Te juró que te matare! ¡Eres peor que una mierda! ¡¿Qué pensaría tu padre de esto?! ¡Eres peor que tu madre, tú…!...-

Calló cuando de repente se vio libre del agarre del rey, justo en el momento en que había tirado para atrás intentando justamente soltarse, la fuerza del impulso y la sorpresiva libertad haciéndola tambalearse hasta que inevitablemente pasó lo que tenía que pasar.

Llorando, sintió el primer duro golpe contra un lado de su rostro antes de sentir cada doloroso segundo en el que rodaba escaleras abajo doblando su cuerpo de maneras indescriptiblemente dolorosas hasta llegar al final del recorrido del dolor.

Y pudo notar que las lágrimas no eran el único líquido caliente que brotaba de su cuerpo.

Entreabrió los ojos, notando su visión oscurecida en los bordes, pero lo suficiente clara como para notar a Hitsugaya parado en el mismo lugar donde ella había comenzado a caer, estático con un brazo extendido en su dirección.

-¡Karin-chan!- oyó el grito lloroso de Rangiku, pero ella siguió con lo poco que le quedaba de visión fija en el monstruo…

"¿Por qué me hiciste esto?"

Finalmente, su visión se tornó completamente negra y ya no fue consciente de nada.

"¿Por qué no me dejaste proteger a nuestro bebé?"

Lo último que pensó, fue que si su bebé moría, entonces ella quería morir también.

Continuara...

Hola! O:D

Uff, finalmente termine esto o3o Me salió más largo de lo que pensé... Pero bua, lo importante es que aquí tienen n.n

Tratare de actualizar la proxima semana, los reviews siempre son una excelente motivación para hacerlo lo más pronto posible ;D

Esperó pronto poder subir un OS owo Estoy tan cerca de los 150 y la adap a Mulan! *-*9

Me muero de sueño, me quede hasta las 6 de la mañana para terminar esto así que... probablemente me esté olvidando decir muchas cosas xP

Ñeh, supongo q las cosas importantes las dire en mi página de Facebook, por favor, no olviden buscarla y darle like, se llama Celeste kaomy-chan, me haría muy feliz tener a todas o la mayoría de mis lectoras recurrentes allí para tener un contacto más directo :D

Realmente tengo mucho sueño, así que los personajes de Tite, si quieren matarme pueden intentarlo por medio de un review o en mi pag de face ;D

COMENTEN! *o*

CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!