Antes que nada, les aviso que este capítulo probablemente les aburra y que, de hecho, no posee gran diferencia a lo que realmente ocurrió en la serie de anime. Es, más bien, una presentación para el personaje de Ryuuhou, uno de los tantos personajes olvidados por la serie y que no ha recibido mayor desarrollo. El próximo será similar pero lo considero mucho más interesante por las introducciones que se harán. No disfruté abiertamente escribir este, sin embargo, espero que no les resulte aburrido.


Capítulo Once

Un dragón ha bajado a saludar

- ¡Yuna, eso fue increíble!

- ¡Ya lo creo, le diste su merecido a ese imbécil!

La halagada les dio una pequeña reverencia como si hubiese actuado, y los miró fijo a ambos por primera vez con sus ojos de hielo, y los abrazó por el cuello a los dos.

- Gracias, Kouga, Souma… - Susurró, Kouga se sintió algo retraído, respondió con un "Gracias" ahogado, mientras su amigo lo decía con seguridad mientras le palmeaba la espalda.

- Yuna. – Dijo Geki, de repente, con un Spear desmayado en brazos.

- O-Oh, maestro Geki, también le agradezco darme esta gran oportunidad.

- Yuna, estoy orgulloso por la forma en que te has desenvuelto en el combate, sin embargo… - La voz le sonaba como si fuera decir algo de lo que se arrepentiría.

- ¿Q-Qué…? ¿Qué le pasó a Spear?

- No, no es eso, él se encuentra bien, solo inconsciente, un día de descanso y estará repuesto, pero… Tú… Tu máscara.

- Ah… - La voz de Yuna empezó a temblar ligeramente. - ¿Q-Qué ocurre, maestro?

- Lamentablemente, no puedes asistir a clases sin llevarla puesta, es una regla de las Santos, y lo sabes muy bien.

- ¡P-Pero maestro! – Replicó la chica, enojada.

- Perdone, maestro Geki. – Intervino Kouga entonces. - ¿Pero no le parece estúpido que una mujer no pueda mostrar su rostro solo para parecer igual a los hombres? – Agregó, Geki hacía gestos diversos, pero no podía responder. – Además, ¿acaso tienen que enamorarse o matar al hombre que la vea así? ¡Si fuera por eso, Yuna debería matarnos a todos aquí!

- ¡Kouga, es que no…! – Intentó contestar Geki.

- ¿Qué no entiendo? ¡Es simple…!

Todos se quedaron en silencio unos segundos que parecieron eternos. Geki finalmente fue quien abrió la boca.

- … Hablaré con el director, creo que podrá entenderlo.

- ¡Genial! – Dijeron todos al mismo tiempo.

- Sin embargo, Yuna, no podrás asistir a la ceremonia del principio de año.

- ¿Eh? ¿Y eso por qué?

- Necesito que vengas conmigo ahora, tengo algo que necesito que hagas mañana, por eso no podrás estar.

- Oh, de acuerdo… ¿Ahora debemos ir?

- Sí, por favor, sígueme.

- ¡Nos vemos, Kouga, Souma! – Los saludó a ambos de lejos mientras caminaba detrás del gran hombre.

- ¡Hasta luego, Yuna! – Contestó Souma sacudiendo la mano, el otro muchacho solo levantó la mano y sonrió un poco.

- ¡Vuelvan a sus dormitorios antes que los agarre el sub-director! – Les advirtió Geki antes de estar muy lejos.

Haciendo caso a las indicaciones de Geki, Souma y Kouga decidieron salir de la Arena, y se dirigieron caminando tranquilamente hacia sus dormitorios.

- Yuna de verdad la hizo, ¿eh? – Sacó tema el leoncillo.

- Sí, me alegro que ahora se sienta mejor con ella misma. – Contestó el otro joven.

- Vi cómo te miro, eh, creo que le llegaron tus palabras. – Dijo de repente, con una sonrisa pícara.

- ¿A qué te refieres? Solo le dije lo que había que decir. – Replicó Pegaso, sin entender a qué se refería su amigo.

- Uh… Tengo que enseñarte a leer entre líneas, Kouga, pareciera que viviste en una isla toda tu vi… - Kouga le dirigió una mirada de: "¿En serio?" – Nada, nada. – Cortó su frase rápido.

- Mira, Souma, creo que hay alguien por allí. – Señaló Kouga hacia la zona de la playa.

- ¿Eh? Kouga, yo no veo a nadie.

- ¡Pues yo sí veo a alguien! ¡Vamos a ver quién es! – Sin dejar hablar a su compañero, salió corriendo directo a la playa metiéndose en los árboles.

- ¡Oh, por todos los…! ¡Este güey me va a meter en problemas nomás! – Se quejaba Souma, pero no pudo evitar seguirlo.

Al cabo de un rato, Kouga estaba fuera de toda la arboleda, y al salir llegó a la playa, apenas puso un pie, se puso a buscar a quién había avistado desde lejos, pero no podía encontrarlo, a los pocos segundos Souma lo alcanzó.

- Hm… No lo veo.

- ¡Pero claro que no lo ves! ¡No hay nadie!

Kouga pensó unos momentos, cerró los ojos y se concentró en algo.

- ¿Eh? ¿Qué haces? - Inquirió el pelirrojo.

- Sh… - Lo calló, al cabo de un minuto más o menos, abrió los ojos y con decisión exclamó: - ¡En el agua!

- ¿Cómo?

Frente a ellos parecía que el mar estaba muy calmo, no obstante, notaron unos movimientos extraños en la superficie del agua. Poco a poco, vieron con sorpresa cómo se empezaban a formar olas leves, sin embargo, cada vez estas se incrementaban con cada ir y venir, hasta que de repente, se detuvo. Confundidos, Kouga y Souma se pusieron en pose de pelea, prevenidos a que algo malo ocurra. A pesar de su anticipación, no pudieron preveer que una gigantesca ola crecería alcanzando una altura que tapaba las estrellas.

- ¡Corre, Kouga! – Exclamó el joven pelirrojo, que se lanzó hacia los bosques para evitar el ataque, sin embargo, el joven Pegaso no pudo responder, quedó mirándose algo. - ¡Oye! ¿Qué diablos estás viendo?

Kouga divisó por sobre la ola que había una persona, seguramente autora de ese imponente muro de agua. Parecía un joven de la edad de Kouga, y posiblemente era un Santo, o un Martian, eso estaba aún por descubrirlo. Tenía la rodilla derecha a la altura del estómago, con los brazos relajados a los costados, como preparado para algo.

- ¡N-No dejaré que me venzas así!

Pegasus Cloth!

Quizás suerte, quizás desesperación, pero en definitiva, Kouga pudo llamar su Cloth, un rayo lo iluminó, dejándolo recubierto por su armadura blanca.

- ¡Genial, lo conseguí! – Comentó, alegre por su logro, pero no se desconcentró de su rival, lo miró directo. - ¡Aquí voy!

Kouga dio un gran salto dirigiéndose a la cresta de la ola, donde su oponente estaba montado, este, en respuesta, al tener una pierna en el aire, dio una voltereta hacia delante, anticipando perfectamente los movimientos de Pegaso, chocó su pie directamente contra sus nudillos.

- ¡Ni siquiera…! ¡Tiene una Cloth! ¿Cómo puede ser…? – Dijo Kouga para sí.

- ¡Pegaso…! – Dijo una voz suave, pero contundente. – Tienes alas… ¡Pero aún no has despertado la luz!

El movimiento de la patada, hizo mover la ola que había alcanzado el tope de altura, siguiendo su curso, atrapó al joven Pegaso con gran potencia, llevándolo directo contra la superficie del agua. El muro de agua se estrelló como el pisotón de un gigante sobre el mar, dejando a un inconsciente Kouga en el borde de la playa, completamente empapado y herido.

En tanto, el rival que acababa de confrontar, había llegado también a la costa, Souma salió rápido a su encuentro al reconocer quién era.

- ¡Vaya, me asustaste!

- Perdona, Souma.

- ¿Te sientes bien?

- Sí, no ha sido nada, pero tenemos que llevarlo igual a que descanse en su dormitorio.

- No dudes que cuando te vea mañana te hablará, y no precisamente en buenos términos.

- No lo creo, seguramente es una persona amable.

- Eh… Lo que digas, Ryuuhou, lo que digas.

[…]

Al otro día…

¡Les damos a todos los Santos de Bronce, la bienvenida a la Palestra! ¡Esperamos que su año aquí sea provechoso, y sean los defensores de la justicia que la diosa Athena desea!

[…]

- ¡Bah, esa ceremonia fue interminable!

- Ya lo creo, menos mal que el primer día no hay que asistir a clases, recién mañana iniciarán las lecciones.

Kouga y Souma salían desde la Arena, donde la ceremonia de inicio de año se había realizado, los dos charlaban de lo exhaustiva que esta resultó, cuando luego oyeron murmullo entre el resto de los alumnos.

- ¡Miren, es cierto, llegó!

- ¡Oh, no lo había visto!

Todos los estudiantes estaban mirando fijo, con la vista casi perdida a un joven en particular, de baja estatura, tez muy blanca y clara, un semblante sonriente y sereno, los ojos los tenía cerrados, pero al momento de abrirlos, reveló unos ojos color azul opaco, ante el cual unas cuantas adolescentes parecieron suspirar a través de la máscara que cubría su rostro. Estaba vestido con un atuendo típicamente oriental, con una chaqueta de color verde claro, que pasaba un poco más de la cintura, y le quedaba ancho en las mangas, incluso largo, pues estas mangas estaban redobladas, estaba abrochada con pequeños cordones de tela azul oscuro, una banda del mismo color la tenía atada en la cintura. Los pantalones eran bien holgados, de una tela aparentemente fina y sencilla, de color verde muy oscuro. Estaba calzado con unas alpargatas negras y simples. Se acercó a los jóvenes Lionet y Pegaso mientras se acomodaba su ondulado cabello negro, le llegaba hasta la nuca, y también caía por los hombros, tenía un flequillo hacia delante recortado.

- ¡Souma! Nǐmen hǎo na? (Hola, ¿cómo están?) – Saludó a ambos alegremente.

- ¡Dí Jiao para ti, Ryuuhou! – Contestó rápido Souma, intentando emular el idioma del chico, aunque no con mucho éxito.

- Hahaha. – Rió animadamente. – No Souma, no, otro día te enseño mejor, oh, perdona, buenos días, Pegaso. – Se disculpó rápido con Kouga, que estaba algo perplejo por la aparición de este chico.

- Tengo un nombre, eh, soy Kouga. – Contestó, algo molesto por ser llamado Pegaso.

- Duìbùqǐ (Lo siento) – Contestó. – Soy Ryuuhou, un gusto. – Le ofreció la mano a modo de signo de amistad, en su dedo índice Kouga vislumbró un anillo, decorado con una pieza de metal con forma rectangular, donde estaba incrustada una gema verde de la misma forma, esa debería ser su ClothStone.

- U-Un gusto. – Dijo Kouga, respondiendo al saludo, algo tímido al no conocer aún al tal Ryuuhou, quien al contacto con el joven pareció hacer una conclusión rápida.

- Sí, como lo había previsto, tienes alas, pero aún te falta la luz, Kouga… - Dijo de manera muy segura.

- Tú… - Kouga quedó aturdido un segundo, hasta que se dio cuenta de lo que había ocurrido, soltó la mano del recién llegado, se volteó hacia Souma rápido y le gritó. - ¡Oye, era verdad que me dieron una paliza anoche, no fue solo un sueño!

- Hice lo que pude, Ryuuhou. – Fue lo único que pudo contestar el pelirrojo, levantó las manos en señal de quitarse la culpa de encima.

- No, está bien… Kouga, lo que pasó anoche no quiero que lo tomes como un ataque sin sentido, yo noté que tu constelación correspondía a Pegaso, y quería comprender el alcance de tu Cosmos.

- De… ¿De verdad?

- Sí, y realmente veo un muy gran potencial dentro de ti, presiento que si entrenas arduamente, te volverás muy, muy fuerte.

- Oh… G-Gracias, Ryuuhou, también espero que podamos ser amigos. – Kouga entró ligeramente en confianza con el chico.

- ¡Claro! ¡Me alegra ser amigo tuyo! – Dijo el chico, alegre, al parecer, todos lo oyeron, y muchos se sorprendieron al ver esta escena.

- Eh… ¿Por qué nos miran así? – Inquirió Kouga, curioso.

- Bueno, verás… - Intervino Souma, confidente. – Ryuuhou es el hijo de un Santo legendario, Shiryu de Dragón, que solía luchar al lado de Seiya, él mismo lo ha entrenado para que pueda portar la Cloth de Dragón.

- ¡Oh! ¿En serio? – Se sorprendió Kouga.

- B-Bueno, sí, pero no es para tanto, mi padre es mi padre, y yo, bueno, yo, no solo somos muy diferentes en personalidad, sino que también… - Bajó la vista un poco, como retraído a seguir hablando.

- ¡En fin! ¿Vamos a almorzar? Estoy a nada de comerme una vaca. – Cortó Souma la charla, dándose cuenta de la incomodidad de su amigo.

- Sí, yo también tengo hambre… - Complementaba Ryuuhou, y agregó. – A propósito, ¿dónde está Yuna?

- Ah, anoche fue enviada a una misión por el maestro Geki, creo que iba a volver por esta hora, para comer, supongo que la veremos allí.

- ¡Muy bien, vamos!