Mi Rey.

Capítulo siete: Lo que quiera la reina.

-¿Karin-chan?- los parpados de Karin se agitaron levemente ante el llamado tan cariñoso y maternal de Rangiku. -¡Está despertando, está despertando!- se oía entusiasmada y aliviada, también. ¿Pero por qué? ¿Y quién más estaba ahí?

Trató de abrir los ojos, pero de inmediato una luz cegadora la obligó a cerrarlos, y de repente se sintió híper-consciente de lo doloroso que todo se sentía. Todo su cuerpo le dolía, incluso respirar se sentía doloroso.

Planeaba continuar con los ojos cerrados, solo porque era la única forma en la que descubrió que el dolor se atenuaba aunque sea un poco, pero entonces comenzó a recordar lo último que se le venía a la memoria, y abrió los ojos como platos.

-¡Mi bebé!- trató de incorporarse pero lo único que logró fue revolverse un poco y casi gritar por el inmenso dolor que la invadió de sopetón, mucho mayor al que ya tenía solo por haberse movido tan levemente.

Unas manos gentiles se posaron en sus hombros y la obligaron a volver a recostarse.

-Tranquila, Karin-chan, debes estar quieta.- llegó la dulce voz de la princesa.

-¿Momo-san?- susurró incrédula, dándose cuenta entonces de lo seca que se sentía su garganta. ¿Qué hacía ella aquí?

-Es bueno verte de nuevo, Karin-chan.- le sonrió con algo de tristeza.

La pelinegra miró a su alrededor, dándose cuenta de que estaba en la enfermería de la doctora Unohana, pero esta estaba llena de aparatos extraños que nunca había visto antes. Habían más personas en la habitación, aparte de su dama y su cuñada, entre ellas Kouzu, que estaba dormido sentado en una silla a los pies de la cama, la doctora Unohana y su enfermera Isane, dos hombres desconocidos con pinta extraña y… Hitsugaya, sentado en un rincón oscuro de la habitación.

Sus ojos se ampliaron y su corazón se aceleró del terror. Ese maldito… todo era su culpa…. Su cuerpo tembló, y el miedo se esfumó, reemplazado por el puro odio. Sabía que antes había dicho que no dejaría que el odio la consumiera, pero ahora en su corazón ya no quedaba nada, nada más que un profundo deseo de acabar con su propia vida, justo después de primero matar a ese monstruo.

-¿Qué hace aquí?...- susurró mirando con incredulidad a esas personas que supuestamente la querían. Pero si en serio la querían aunque sea un poco ¿por qué lo dejaron entrar? -¡¿Qué hace él aquí?!- gritó retorciéndose furiosa sin importarle el dolor.

-¡Karin-chan, cálmate!- trató de tranquilizarla Matsumoto mientras la sujetaba por los hombros para que no se moviera, pero no la iba a escuchar, no si es que ella la traicionaba trayendo a ese desquiciado inhumano a cualquier lugar cerca de ella.

-¡Quiero que se vaya! ¡No lo quiero cerca de mí!- lo notó pararse del asiento en el que había estado y más furia la lleno. -¡Lárgate!- le gritó. -¡Monstruo, asesino! ¡Ojala te pudras en el infierno! ¡Asesino, asesino!- lágrimas de rabia llenaron sus ojos y el dolor de su cuerpo la taladró, pero no dejó de gritarle, incluso cuando vio que realmente se dirigió hacia la puerta y se fue, no dejó de gritar sino hasta que uno de los hombres desconocidos con la pinta extraña se le acercó y le inyectó algo en el brazo.

Todo su cuerpo se relajó y más lágrimas se escaparon en lo que volvía a caer en la reconfortante inconsciencia.

Cuando volvió a despertar, el dolor ya no era tanto, pero si se sentía mucho más débil.

Sus ojos se deslizaron por todo el lugar donde se encontraba, dándose cuenta que seguía en el mismo lugar donde había despertado la última vez, solo que mucho más vacío, a excepción de… Hitsugaya sentado a un lado de la cama.

Abrió la boca queriendo gritar, pero todo lo que salió fue un pequeño jadeo, su boca se sentía mucho más reseca que nunca como para siquiera concretar la simple acción de hacer un sonido.

-Tranquila.- dijo él en voz muy baja. –No voy a hacerte nada.- evitaba mirarla directamente a los ojos. Karin solo tomó una gran bocanada de aire, mirando por toda la habitación sin poder hablar. –Oh, eh… supongo que quieres agua.- lo oyó a hablar vacilante.

Cuando lo sintió posar un vaso de agua contra sus labios, estuvo a punto de rechazarla, pero finalmente la sed ganó y bebió.

Se sintió mejor y ya capaz de hablar, pero obviamente no le iba a agradecer nada a ese monstruo, así que solo lo miró con cautela, notando entonces algo muy curioso.

-¿Qué te pasó en la cara?- preguntó sin resistir la curiosidad.

-Esto.- señaló primero a las múltiples venditas en el lado derecho de su rostro y en su nariz, y también a su brazo enyesado que no había notado hasta que alzó el hombro. –Fue obra de Matsumoto. Y esto.- señaló ahora a su ojo izquierdo, que se encontraba cerrado, hinchado y morado. –De Hinamori. Y esto…- vaciló un poco mientras señalaba a su labio partido y a un leve moretón en su barbilla justo debajo. –De Ikami.- admitió a regañadientes.

-¿Kouzu te golpeó?- graznó incrédula. -¿Y tú que le hiciste?- preguntó con algo de pánico cuando asintió.

-Nada.- contestó para su sorpresa. –Él tenía razón. Yo me lo merecía. Me lo merezco.- seguía evitando verla a los ojos.

Por supuesto que se lo merecía, se merecía todo lo malo que pudiera pasarle. El recuerdo de todas las cosas malas que le había hecho la golpearon con fuerza y sus ojos se llenaron de lágrimas y odio al mirarlo.

-¿Por qué estás aquí? ¿No tuviste suficiente con lo que me hiciste que tienes que venir a atormentarme ahora?- no podía mover los brazos, pero apretó los puños. -¿Cómo es que siquiera te dejan acercarte a mí, asesino?- escupió con rencor.

Él arrugó el gesto y la miró de reojo con su ojo bueno, haciéndola notar su mirada otra vez llena de esa vulnerabilidad que la hacía recordar la maldita noche donde fue débil y comenzó todo este asunto que pensó que podría mejorar un poquito su vida pero que ahora solo la dejaba sin ningún tipo de interés en seguir viviendo.

Pareció a punto de querer decir algo, pero entonces los dos tipos desconocidos con pinta extraña ingresaron a la habitación y se acercaron a ella.

-¡Ah, veo que su majestad la reina ya está consciente, que gran noticia!- gorjeó el más rarito de los dos, que tenía el cabello rubio y un extraño sombrero cubriéndole los ojos. –Tessai-san, has el favor de verificar su estado.- pidió al otro, que era un hombre muy grande con gafas.

Hitsugaya se apartó para dejar que el tipo grande se le acercara y tanteara sus brazos y sus piernas muy superficialmente pero aun así arrancándole gemidos de dolor, el tipo también cambió las vendas que tenía en la cara y revisó sus pupilas y lengua.

-Su majestad la reina Hitsugaya-dono sigue en un estado muy delicado.- declaró solemnemente una vez terminó su revisión, completamente erguido como si fuera un soldado hablándole a sus superiores. –Ahora que ya está consciente, recomiendo que beba mi té especial de hierbas.- dio una profunda inclinación una vez terminó de hablar.

-Gracias, Tessai-san, ve a preparar ese té, por favor.- el rubio dio una inclinación de cabeza al grandulón y luego se volvió sonriente hacia la chica. –Oh, qué modales los míos, mis más sinceras disculpas, alteza. Permítame presentarme, soy Urahara Kisuke, principal consejero de guerra del rey.- dio una elegante reverencia. –También, junto con mi compañero Tessai-san, somos los mejores curanderos del reino. Estábamos ayudando en la guerra pero entonces nos llegó un mensajero del rey indicándonos venir inmediatamente a palacio para atender a la reina, y por supuesto que no perdimos tiempo en despedidas, juntamos todo lo necesario y vinimos a ayudarla inmediatamente. Y nos alegra haberlo hecho, así logramos salvar a nuestra hermosa reina y al futuro heredero.- sonrió levantando levemente su sombrero en señal de apreciación, pero Karin se congeló completamente ante lo último dicho.

-¿Lo salvaron?- pestañeó y las lágrimas llenaron sus ojos. -¿Salvaron a mi bebé?- no podía creerlo.

-Con la invaluable ayuda de la doctora Unohana, y los conocimientos de Tessai-san, me alegra ser el que tenga el placer de informarle que, aunque tendrá que tener un cuidado más delicado a partir de ahora, su bebé está bien, alteza.- presionó una mano en su sombrero, sonriéndole tranquilizadoramente.

Karin se quedó paralizada por un momento mientras asimilaba la noticia, antes de que una sonrisa temblorosa tirara de sus labios, e incluso con el dolor desgarrador que envolvía sus brazos, de alguna manera logró tener la fuerza suficiente como para levantar uno y posar una mano en su vientre, sollozando de felicidad, permitiéndole a las lágrimas de alivio escapar libremente de sus ojos mientras agrandaba su sonrisa.

-Aquí está el té para la reina.- el grandulón, Tessai, reapareció con un pequeño vaso y se lo tendió al rey. -¿Prefiere dárselo usted, Hitsugaya-sama?- preguntó, pero fue la reina quien contestó, solo que dirigiéndose a su esposo.

-No creas que esto cambia nada.- pestañeó para alejar las lágrimas. –Aún no te quiero cerca de mí, quiero que te vayas.- estaba feliz porque su bebé esté bien, pero recordarlo arrastrándola por las escaleras, ordenándole que dejara que mataran a su propio hijo era algo que jamás iba a olvidar.

-¿Oh? ¿Tienen problemas maritales, mis reyes? Porque si es así, soy un excelente terapeuta.- rió cantarinamente Urahara, recibiendo una mirada fulminante de la embarazada al andar de metiche con lo que no era asunto suyo en lo absoluto.

-Urahara, Tsukabishi, por favor déjennos solos.- suspiró Hitsugaya tomando la taza de té de las manos del hombre grandulón. –Quiero estar un momento a solas con la reina.- masculló, siempre hablando en voz muy baja, como si tuviera miedo de alzar la voz.

-¿Qué? ¡No! ¡Yo no quiero estar sola contigo! ¡Quiero que te vayas tú!- comenzó a chillar su desacuerdo, pero los dos hombres obedecieron inmediatamente al rey y abandonaron la habitación no sin antes una última inclinación hacia ella. -¡Te odio, entiéndelo!-

-Lo sé.- frunció el ceño. –Pero… hay algo que quiero que tú sepas.- se mordió el labio. –Por favor, solo escucha.-

-¡No quiero escucharte, eres un monstruo!- lo miró con odio y desprecio. -¡Lárgate!- exigió y lo notó fruncir el ceño, pensativo.

-Lo siento, pero debes tomar el té.- presionó la taza humeante contra sus labios. –Es por el bien del bebé.- le recordó y a ella no le quedó otra más que sorber de la taza, preguntándose a dónde diablos quería llegar con todo esto y por qué la seguía torturando con su presencia allí.

-¿Y a ti qué diablos te importa el bien del bebé?- inquirió con amargura antes de tomar un segundo sorbo del té.

-Sé… sé que nunca vas a perdonarme todo lo que te he hecho.- vaya, al menos lo sabía. –Sé que no tengo justificación, y que no merezco ninguna piedad de tu parte, pero aun así… solo quiero que sepas que yo… yo no sé en que estaba pensando cuando te dije... todo eso acerca de que abortaras a nuestro hijo…- ¿nuestro hijo? ¿Ahora se atrevía a llamarlo así?

-¿No lo sabes?...- susurró con burla, sus ojos llenos de desprecio al mirarlo. –Pues déjame refrescarte la memoria. Tú estabas pensando que yo era una puta que no podía tener una amistad con un chico sin estarse revolcando con él, estabas pensando que yo era un objeto con el que podías hacer lo que quisieras, ¡y estabas pensando en asesinar a una criatura inocente! ¡Eso es en lo que estabas pensando, monstruo!- otra vez sus ojos estaban quemando, amenazando con derramar lágrimas, pero se obligó a sí misma a tomar una gran bocanada de aire y otro sorbo de té.

-Yo no sé ni siquiera porque se me ocurrió eso…- siguió hablando en esa voz baja, como un niñito con miedo de hablar más alto, pero eso no hacía más que aumentar su frustración. –La doctora Unohana nunca me hubiera permitido hacer algo así, y en el fondo yo sabía que no había nada entre tú y tu amigo, pero solo… solo quería que tú me lo dijeras, quería que tú me lo aseguraras, y tal vez… Tal vez por eso dije eso, para asustarte, pero realmente nunca pensé en seriamente obligarte a abortar…- su voz se quebraba cada vez que decía esa palabra. –Y también… yo estaba asustado. Cuando llegué a la conclusión de que estabas embarazada por tus extraños comportamientos y tus síntomas, no me sentí listo para ser padre, y tuve miedo porque estamos en guerra y este no era el mejor momento, pero sé…- apretó su ojo bueno con fuerza. –Sé que mis miedos e inseguridades no fueron la razón principal por la que actué de la manera en la que actué, la simple y estúpida verdad es que… estaba celoso.- giró su cabeza en otra dirección, pero se mantenía acercando la taza hacia ella, que bebió otro sorbo tranquilamente, imperturbable hacia el temblor de sus manos. –Sabía que tú me odiabas, sabía que no podría hacer nada nunca para que te acercaras a mí, pero aun así… no quería que te alejaras, no quería que nadie te alejara de mí. Mas al final terminé siendo el único responsable de que te alejaras de mí, por lo mucho que me odias.- Karin hubiera seguido tomando del té para pretender que no lo estaba oyendo, pero no pudo evitar sofocar una exclamación al ver las lágrimas en la comisura de su ojo de ese peculiar color turquesa. –Y-yo… no quería que pasara lo que pasó, solo pude reaccionar sobre lo que estaba haciendo cuando mencionaste a mi madre y a mi padre, y entonces te solté para que te fueras, n-no vi… no vi que te resbalaste.- hablaba entrecortadamente. –Quise sujetarte, mas no llegué…- bajó la cabeza. –No llegué y solo pude verte caer sin poder hacer nada y solo entonces lo comprendí, ¿sabes?- ella se quedó sin aliento al ver pequeños destellos cristalinos deslizándose desde su rostro hasta el piso. –Solo entonces comprendí que he llegado a amarte… aunque a costa de que me odies.- sonrió amargamente.

Karin se lo quedó mirando con la boca abierta.

-¿Cómo puedes ser tan descarado?- gruñó con rencor. -¿Crees que me interesa saber los motivos egoístas por los cuales casi nos matas?- él no alzó la mirada. –No me interesan tus motivos, ni tus excusas, ni tu amor…- sonrió con burla y desprecio. –Ni siquiera creo que alguien como tú sea capaz de sentir algo tan bello como eso. Tú todo lo que sientes es culpa, mi rey. Y me alegró mucho de que te pesé en ese corazón marchito que tienes.- no ocultó en lo absoluto su odio.

-Me odias…- reconoció aun sin levantar la vista. –Lo comprendo, sé que nunca cambiare eso, pero yo solo quería contarte esto para pedirte… para rogarte si es que… ¿A-aún puedo formar parte en la vida de nuestro hijo?- preguntó con evidente miedo.

Pesé a que en un primer momento tuvo ganas de decir que absolutamente no, decidió repasar bien sus palabras en lo que terminaba de tomar el té que aún sostenía cerca de su rostro para determinar su decisión final, contentándose con el hecho de que supiera de antemano que le tenía que pedir permiso para eso, por supuesto.

Si realmente se había arrepentido y no se mandaba ninguna otra monstruosidad inhumana de su parte, suponía que podía intentar darle una oportunidad. No es como si quisiera que su hijo creciera sin padre… aunque si era para tener uno como Hitsugaya obviamente se lo tenía que pensar dos veces, pero tampoco quería dejar a Rangiku ni a Momo fuera de sus vidas como tía y abuela, y sabía que ellas querrían darle una oportunidad a su amado Toshiro pesé a todo.

-Te daré una oportunidad…- decidió finalmente. –Pero solo por Rangiku-san y Momo-san, solo por ellas. Y esperó que te quedé muy en claro que te odio, y si te atreves a volver a hacerme daño o a hacerle daño a nuestro hijo, todas tus oportunidades se irán a la mierda, y no puedo prometer que no te matare.- advirtió y él asintió levemente, todavía evitando sus ojos.

-De acuerdo. Lo que tú quieras.- cedió sumisamente.

-Bien…- dio el último sorbo a lo que quedaba de su té. –Ya te escuche, ya hablamos y ya terminé el té, ahora lárgate.- exigió con dureza y él solo asintió pareciendo miserable, cosa que no podría haberle importado menos.

Se marchó cabizbajo llevándose la taza y no pasó mucho tiempo antes de que a la sala ingresaran de nueva cuenta los curanderos raritos a los que les debía la vida de su hijo y la doctora Unohana. Estuvieron hablando por lo que le parecieron horas sobre su estado de salud y las precauciones que debería tomar de ahora en adelante antes de que ellos se marcharan y les dejaran paso a la princesa, su dama y su amigo cocinero, permitiendo que ahora tuvieran una reunión más emotiva al estar más lucida que la última vez que había regresado de la inconsciencia.

En cuanto todo mundo la dejó sola por fin para que descansara, ella pudo regodearse en soledad del hecho de que su bebé estaba bien, su destino no sería tan horrible, aún había una luz en su vida que le daba fuerzas y ganas para seguir viviendo y ser feliz.

La caída por las escaleras le rompió una pierna y ambos brazos, al parecer, inconscientemente había protegido su vientre con los brazos, razón de que ahora estuvieran rotos, y había sufrido un pequeño sangrado por los golpes, pero afortunadamente el bebé había sobrevivido.

"Eres muy fuerte, ¿eh? No te preocupes, prometo que seré fuerte por ti, mi bebé."

Tuvo que pasársela un mes enteró en la enfermería para recuperarse y asegurarse de que su bebé estaría bien, siempre recibiendo visitas constantes, de enfermeras, la doctora y los curanderos, y especialmente de Kouzu, Rangiku y Momo y su esposo, que se la pasaban prácticamente todo el día con ella. Sabía que la princesa había venido corriendo apenas se enteró de su condición y ella no se iba a ir hasta que estuviera segura de que estaría bien, cosa que apreciaba enormemente.

No había vuelto a ver a Hitsugaya desde su primera visita, pero según lo que todos le decían, él se la pasaba preguntando por su estado y estaba dispuesto a hacer y conseguir lo necesario para que se recuperara lo antes y lo mejor posible, no es como si le importara, eso era lo mínimo que el bastardo podía hacer, era su deber.

Había estado unas buenas dos semanas en coma después de haber caído por las escaleras, y cuando finalmente pudo salir de aquel cuarto de enfermería, ya estaba cerca de los cuatro meses de embarazo y ya tenía una barriguita considerable que tenía a Momo y a Rangiku casi babeando sobre ella y muriéndose de ternura mientras la acariciaban, Kouzu también le acariciaba el vientre solo que mucho más tímidamente, y ni que decir que ella misma se la pasaba acariciando su estómago todo el tiempo, ilusionándose con la vida que venía en camino con fuerzas renovadas pesé a las dificultades que casi se la arrebataban.

Volvió a su habitación designada solo que ahora la tenía que compartir con Momo por un tiempo, que se había ofrecido a mantenerla bajo su vigilancia. Aún tenía que estar en observación hasta que se cumpliera el cuarto mes de embarazo y pasara al segundo trimestre, que era algo más seguro.

Con los extraños curanderos, la princesa y su marido en el palacio, el desayuno, almuerzo y cena eran unas reuniones bastante entretenidas y cálidas, en un ambiente más relajado y familiar, sobre todo por la ausencia del rey, que le daba la suficiente confianza a Rangiku y Kouzu para sentarse en la mesa con ellos, haciéndola sentir sumamente cómoda, confirmándole que sin duda las cosas eran mejor cuando su horrible esposo no estaba cerca.

Casi no lo veía, él evitaba ir al comedor, o a la cocina, o a los jardines, o a cualquier lugar que ella frecuentara, las pocas veces que lo veía era cruzándoselo por los pasillos, y él evitaba verla a los ojos y se marchaba rápidamente, aunque nunca sin quedarse un buen par de segundos viendo su estómago, pero parecía acobardado de hablarle, mejor así.

Finalmente, llegó al cuarto mes de embarazo y la princesa y su marido tuvieron que despedirse, deseándole lo mejor y asegurándole que los volvería a ver pronto para que pudieran conocer a su sobrino.

La doctora Unohana e Isane llevaban su embarazo brindándole las instrucciones, cuidados y todo lo necesario para que todo saliera bien, y ella era feliz leyendo tranquila, comiendo las delicias de Kouzu, charlando hasta altas horas con Rangiku… cuando no iba a emborracharse, y visitando constantemente a Mei. Ella era feliz sin que Hitsugaya esté cerca de ella.

A veces, recuerdos de sus ojos vulnerables, su voz suave o sus caricias placenteras sobre su cuerpo la invadían quitándole horas de sueño por las noches, pero entonces recuerdos de sus ojos furiosos, su voz dura y sus manos triturándole las muñecas la obligaban a dormirse solo para tener horribles pesadillas.

Podría decir que su vida estaba muy bien, solo le faltaba su familia para sentirse completa, pero aún no había recibido ninguna carta de Yuzu, por lo que podía adivinar que la guerra estaba dificultando mucho las comunicaciones.

Un día como cualquier otro, bajo las escaleras en compañía de sus dos damas de reserva para desayunar, sosteniendo su estómago alegremente y entrando al comedor con una sonrisa que se desvaneció al ver al rey monstruo sentado en la cabecilla de la mesa picando distraídamente su desayuno mientras escuchaba con desinterés el parloteo incesante de Urahara.

Rangiku estaba sentada en la mesa, pero a Kouzu no lo vio por ningún lado, seguramente el monstruo lo había espantado.

Todos los hombres se levantaron de la mesa al verla entrar y Tessai descorrió una silla para ella al lado de su dama principal, a lo que accedió a sentarse aunque con una mueca de estar a solo dos sillas de distancia de su horrible esposo.

-¿Qué pasa aquí?- preguntó a la mujer mayor. -¿Dónde está Kouzu?- eso también le daba mucha curiosidad.

-Aquí, Karin-san.- su amigo entró al comedor trayendo una bandeja con lo que parecía té. –Disculpa, es que Urahara-dono me pidió que trajera más té para su larga conversación.- dejó el té frente al rubio y luego dio una reverencia. –A Karin-san le gusta que desayune aquí con ella, pero si el rey lo desea hoy puedo desayunar en la cocina ya que no es asunto mío escuchar su importante conversación.- se inclinó aún más.

-Sí ese es el deseo de la reina entonces puedes permanecer.- contestó inmediatamente Hitsugaya, su voz tan baja como lo recordaba de la última vez que le habló.

-Muchas gracias, Hitsugaya-sama.- sonrió y se sentó al lado de la reina. –Buenos días, Karin-san.- la saludó animadamente.

La ex Kurosaki miró interrogante a su marido, ¿ahora no le molestaba que él la llamara tan informalmente? ¿Ni su presencia cerca de ella, para el caso?

-¿Qué pasa aquí?- ahora preguntó para todos. -¿Por qué está él aquí? ¿Y qué es esa importante conversación?- no entendía nada.

-Yo invite a su real alteza el rey a desayunar hoy, mi reina.- informó Urahara con su típica sonrisa burlona y odiosa de que sabía algo que tú no. –Y a él le pareció buena idea desayunar aquí para que usted tuviera participación en nuestra conversación, su majestad.- dio una pequeña inclinación de cabeza.

-Urahara quiere discutir acerca de las novedades de la guerra. Debido a que la guerra es de tu reino, pensé… que querrías saberlo e involucrarte en las decisiones que pudiéramos tomar…- informó el rey, su voz susurrante siendo apenas audible.

Bueno, esta vez sí que debía admitir estar impresionada de que la tuviera en consideración hasta ese punto.

-Pensaste bien.- reconoció comenzando a picar su desayuno. –Sí, me interesa mucho y me encantaría formar parte de las decisiones. Yo…- masticó un bocadillo para darse tiempo a pensar si era buena idea agradecer, pero modales ante todo, decía su madre… por más que muchas veces no le había hecho caso. –Gracias.- soltó finalmente, un poco a regañadientes.

-Sí quieres algo, no dudes en pedirlo.- Hitsugaya asintió, aun evitando mirarla a los ojos. –Bien, Urahara, por favor comienza desde el principio para que tu reina escuche.- mandó a su consejero de guerra con su voz mucho más dura pero sin ser ni la sombra de lo que era en el pasado.

Karin escuchó atentamente todo lo dicho por el rey y su consejero, haciendo preguntas cuando no entendía algo, que eran amablemente contestadas y dando su opinión cuando su marido se la pedía aunque apenas animándose a mirarla de reojo.

Aparentemente la alianza entre el reino de su padre, Karakura, y en el que era actualmente su reino, Juubantai, había logrado avasallar un poco a las fuerzas del ejército arrancar de Aizen, pero este había optado ahora por usar unas tácticas más sucias y atacar directamente a la población.

Juubantai no tenía mucho que temer porque los campamentos de su fuerza militar estaban en las fronteras del reino, y aunque hubieran enviado a la mitad de su ejército a ayudar a Karakura, seguían siendo muy numerosos y no estarían para nada en desventajas contra invasores, y lo poco que no estaba resguardado por los soldados, estaba seguro tras fuertes murallas. El batallón que se había colado meses atrás fue de un pequeño puñado de hombres con dos cañones, y eso había hecho reforzar la seguridad, así que no tenían mucho que temer allí.

Pero la población de Karakura era más frágil y desprotegida. No tenían murallas, y todo su ejército había ido a pelear a la guerra. La fuerza de la guardia real hacia lo que podía para defender al pueblo, pero iba a llegar un punto en el que sí seguían así se quedarían completamente indefensos.

Su padre había suplicado a su esposo que mandara más tropas para defender al pueblo, pero en su situación actual también era peligroso para ellos dejar ir otra porción de su ejército y esa ni siquiera era su guerra y obviamente no querían dejar desprotegida a su gente, cosa que el rey de Karakura también entendía perfectamente pero estaba desesperado.

-No habría mucha perdida para nosotros sí solo enviáramos un pequeño batallón de doscientos hombres, pero eso significaría dejar más desprotegida sí o sí alguna de las fronteras, mi reyes.- informó Urahara, ya habiendo aprendido después de dos horas de conversación que debía dirigirse a los dos como iguales. Ahora solo ellos tres estaban en la mesa, incluso Tessai se había marchado a ayudar con la cena.

-Es complicado.- acarició su vientre distraídamente mientras pensaba en la situación. –Incluso con todo el amor que le tengo a mi propia gente sé que ustedes no pueden simplemente hacer correr peligro a la suya por algo en lo que solo están prestando una ayuda caritativa.- suspiró.

-El mensajero del rey Kurosaki me dijo que él entendería si nos negábamos a su petición, pero es algo que dejó fuera de la cuestión. Tenemos que averiguar la manera de ayudar a su pueblo sin poner en mucho riesgo a nuestra gente.- dijo Hitsugaya a Urahara y Karin sintió alivio y algo de respeto hacia él por no simplemente lavarse las manos del asunto.

-Y si…- una idea surgió en su mente. -¿Y si enviáramos cincuenta hombres de cada batallón en vez de un batallón completo? Sería una reducción casi insignificante y tendría que bastarle a mi padre para defender al pueblo más que con la guardia real.- sugirió, emocionada porque podría funcionar.

Los dos hombres compartieron una mirada.

-Eso podría ser buena idea, mi reina.- admitió Urahara, sacando su abanico y mirándola por detrás de él con ojo examinador. –Pero…-

-¿Pero?- pestañeó.

-Dependiendo el batallón, mis soldados se entrenan de una manera distinta, siguiendo distintas autoridades.- Hitsugaya frunció el ceño. –Si los mezclamos para conformar un solo batallón entonces es probable que no sepan trabajar en equipo ni respetar una autoridad distinta a la que están acostumbrados. Y no podemos retrasarnos con entrenamiento para disciplinarlos en un nuevo ámbito.- suspiró, pero luego sonrió levemente. –Sin embargo, esa fue… una muy buena idea.- sonrió un poco, pero de inmediato apartó la mirada.

Karin sintió sus mejillas calentarse, pero se dio bofetadas mentales y se obligó a concentrarse en el tema en cuestión.

-Sí el problema es la autoridad y el entrenamiento para conformar otro gran bloque de soldados…- prácticamente estaba estrujando su cerebro para estructurar sus ideas. Tácticas de guerra era algo en lo que su padre y su hermano siempre la habían admirado por su astucia. -¿No podríamos seleccionar solo a los soldados más disciplinados y destacados de cada batallón? Y que una figura conocida por todo el ejército los dirija para ejercer la autoridad. Una caricia al ego de los muchachos los podría hacer querer trabajar lo mejor posible, y más si es que el rey les promete una recompensa al regresar con la misión cumplida exitosamente.- sonrió, sabiendo muy bien de lo que hablaba. Había tenido que lidiar mucho con soldados en Karakura, y sabía lo arrogantes que eran los "destacados".

El rey y su consejero volvieron a compartir una mirada, aún más impresionados que antes.

-¿Pero eso no sería un número mucho más reducido para ayudar a su padre, mi reina?- preguntó Urahara, pero viéndose como si ya supiera la respuesta.

-Mis soldados más destacados no necesitan ser numerosos para lidiar con el enemigo, Urahara.- el albino parecía contener una sonrisa. –Es verdad que no llegarían a ser cien, pero es mejor que nada y es la mejor manera de mantener a Aizen alejado de la población de ambos reinos. Nuestro ejército aquí habrá sufrido una perdida menor de números y espantaran a los batallones arrancar pareciendo tan numeroso. Mientras que nuestros soldados destacados espantaran a los arrancar de Karakura con su eficiencia y nivel. No se atreverán a acercarse a Juubantai por sus números, y no se atreverán a volver a acercarse a Karakura después de que mis soldados destacados se encarguen de ellos.- sonaba muy confiado.

-Notó que ya tiene a alguien en mente, alteza.- el rubio sonreía como si supiera exactamente en lo que estaba pensando. -¿Puedo saber de quiénes se trata y quién va a dirigir tal grupo letal?- sus ojos brillaban.

-Deja de jugar, Urahara.- dio un suspiró de irritación. –Sabes exactamente lo que quiero. No pierdas tiempo y contacta a Zaraki Kenpachi, dile que lo dejare reunirse con Madarame, Ayasegawa y su panda de locos favorita. El batallón Juuichibantai volverá a estar junto nuevamente protegiendo Karakura.-

¿Juuichibantai? Karin había oído de ellos, eran en parte la razón por la cual el ejército de Hitsugaya se hizo tan temido hace cinco años. Los rumores contaban que el ejército de los "Bount" había salido despavorido huyendo como cobardes al tratar de invadir Juubantai y toparse con el batallón al mando de Zaraki Kenpachi, que si bien no llegaban a ser ni cien hombres, todos y cada uno de ellos eran unos locos sedientos de sangre que no iban a dejar de pelear mientras aún tuvieran sangre en sus venas, no importa cuántas veces se los acuchillara o incluso si les arrancaban los brazos.

-Ehh… saben, pensándolo bien, no creo que esas sean las personas adecuadas para proteger a la población.- sonrió nerviosamente.

-Tranquila, me aseguraré de pedirle a Zaraki que no mate a ningún civil y a Madarame y Ayasegawa que mantengan vigilados a los otros hombres, ellos dos son los únicos que tienen el suficiente cerebro como para respetar mi autoridad sobre sus intereses personales.- el rey suspiró frustrado, pero luego su mirada se ablandó. –Y gracias. Fuiste muy útil, no se me habría ocurrido la idea de volver a reunir a Juuichibantai de no ser por ti, y probablemente es la mejor opción para los dos reinos.- agradeció pero sin mirarla.

-Soy la reina de Juubantai y la princesa de Karakura, me alegra haber podido ayudar a mis dos pueblos.- se encogió de hombros. –Te agradezco lo que haces por mi padre, pero esperó que entiendas que esto no cambia nada. Puedes buscarme para hablar sobre asuntos del reino, pero por lo demás, abstente de acercarte a mí como hasta ahora. Con permiso.- se levantó de la mesa con cuidado y se marchó a la cocina indicándole a Kouzu que le llevara la cena a su habitación pues prefería comer allí ese día.

Las cosas siguieron tranquilas después de eso, Urahara le decía las novedades de la guerra y su embarazo marchaba bien.

Parecía que las cartas no llegaban a su hermana, así que solo se escribía constantemente con la princesa, que no vivía muy lejos.

Los síntomas del embarazo la molestaban bastante, sobre todo últimamente eran más mareos y cambios de humor que otra cosa. A veces se ponía a pensar en cosas raras, como lo bonito que era el rostro de su marido ahora que se le habían curado las heridas, obviamente por culpa de las malditas hormonas, ella lo odiaba, por supuesto.

A veces se ponía a llorar de la nada, extrañando a su familia, por los recuerdos de sus primeros meses de matrimonio, o incluso por razones estúpidas como las fantasías idiotas de cómo habría sido su matrimonio con Hitsugaya si solo su madre horrible nunca lo hubiera traumado o sí tan solo él hubiera escuchado a Rangiku y Momo desde un principio. Pero no, el tipo había tenido que casi matarlos aunque-no-intencionalmente a ella y a su propio hijo-no-nacido para entrar en un poco de razón, y aun así ella vivía con el miedo constante de que algún día volviera a agarrarle la loca y de nuevo la maltrataría.

Para ella, él era peligroso, nunca iba a darle su confianza. Podría darle una oportunidad con su hijo, pero nunca le iba a perdonar todo lo que le hizo.

Paseando por los jardines con Mei, se acercó al estanque para dejarla tomar agua, observando con admiración los hermosos peces y las bellas plantas que crecían.

Miró hacia abajo en su cuerpo, encontrándose con su ya gran barriga de cinco meses y no pudo evitar acariciarla con adoración, riendo cuando Mei dejó de beber su agua solo para frotar su hocico en su estómago junto con su mano, parecía entender que allí dentro estaba alguien muy querido para ella.

"Ya pronto te tendré conmigo, bebé."

Wow, su hijo sería un rey, nunca podría haberlo pensado cuando seguía siendo una princesa, pensó que como su padre dejó a Yuzu casarse con el hombre que amaba (aunque fuera un general seguía sin ser un matrimonio arreglado), tal vez ella alguna vez pudiera encontrar a alguien y quedarse con su familia en Karakura para siempre… pero el destino tuvo otros planes.

Aunque… podría ser una niña, pensó sonriendo. Y en ese caso dependería… podría ser que fuera reina cuando se casara, o dependería si la dejaban reinar sola sin un marido, o que el rey tuviera otros hijos y le diera prioridad a un hijo varón… Por supuesto, no es como si ella fuera a darle más hijos a ese monstruo, aún lo odiaba, pero algún día pensaba separarse de él y entonces podría conseguirse otra esposa sumisa con la que hacer lo que quiera y que le daría todos los hijos que quisiera cuando lo quisiera…

Arrugó las cejas ante el pensamiento y decidió no pensar en eso por ahora, volviendo su vista al estanque, pero no vio a Mei bebiendo agua como pensó, así que volteó a todos lados para tratar de encontrarla, dando un paso atrás sin percatarse de que la yegua había estado detrás suyo, por lo que pisó una de sus pezuñas haciéndola removerse lo suficiente como para empujarla un poco, y por el peso extra de su estómago no pudo evitar irse para delante al haber trastabillado cuando piso mal.

"¿Por qué siempre me pasa esto a mí?", pensó maldiciendo a su suerte mientras se estrellaba de cara contra el agua del estanque, abrazándose desesperadamente a su vientre.

Oyó a Mei relinchar pero no pudo hacer nada para dejar de hundirse, tenía demasiado miedo de soltar su vientre.

El estanque no era tan profundo, solo debía tener dos o tres metros de profundidad, pero maldita sea que eso era suficiente para congelar de miedo su corazón y hacerla temer por su vida. Maldita, maldita, maldita sea su suerte.

Trató de tomar impulso hacia arriba, pero no fue capaz de hacer mucho en su estado. Lindo problema para meterse cuando no había nadie cerca…

Afortunadamente, no tuvo que temer mucho más tiempo, sintió un brazo rodear su cintura, justo debajo del pecho, y de repente se encontró siendo jalada hacia arriba, volviendo a la reconfortante superficie fuera del agua y al oxigeno respirable.

Tosió furiosamente pero tenía la impresión de que había aguantado bien la respiración y no había tragado mucha agua, su única preocupación era su bebé.

Agitó la cabeza para apartarse el pelo mojado de la cara y mirar quién era el que la estaba jalando, encontrándose con el rostro ansioso y preocupado de su marido, que la sostenía cuidadosamente con un brazo mientras usaba el otro para sacarlos del estanque, sosteniéndose de Mei para tomar impulso y salir una vez se acercaron a la orilla.

La cargó en sus brazos y corrió a la enfermería mientras ella no podía dejar de toser, más que nada por un leve escozor en la garganta, sin embargo ya había dejado de toser agua, por suerte…

Llegaron rápidamente, atrayendo la atención de la mitad del palacio que los siguieron hasta la puerta, y él la dejó al cuidado de la doctora y su enfermera, sentándose en un lugar donde no estorbaba mientras las profesionales trabajaban.

Luego de media hora de exámenes y un baño caliente, ellas le dijeron que afortunadamente no había sido nada muy malo y tanto el bebé como la futura mamá estarían bien, pero que aun así lo mejor era que comiera algo caliente y tomara un poco de té, y que reposara un poco en su cama envuelta en sabanas.

Recomendaron que no caminara mucho hasta que descansara bien así que le pidieron al rey que la llevara hasta su habitación, a lo que ambos protestaron pero solo bastó una dulce y espeluznante sonrisa de la doctora para que cerraran la boca cual peces y obedecieran su mandato.

De nuevo, Hitsugaya la cargó en sus brazos y subió escaleras arriba cargándola para llevarla a su habitación designada, de nuevo atrayendo la atención de medio palacio y ahora de su dama principal, que los miró con la boca abierta.

Entraron a su habitación y la dejó suavemente en la cama, apartándose un par de pasos.

-¿Estás bien?- ella asintió. -¿Algo que necesites?- ahora negó. –Bien, Karin… eh… ¿puedo decirte algo?- pidió permiso algo vacilante.

Ella entrecerró los ojos. Bueno… la había salvado… y no tenía pensado decirle gracias, así que suponía que podía aceptar que le hablara de lo que quiera… dependiendo.

-Bien, habla.- si era alguna estupidez entonces le pediría que se largara.

-Yo… ¿recuerdas la conversación que tuvimos cuando despertaste del coma, cuando yo te dije que te… te amaba?- bueno, esto sin duda auguraba a que iba a ser una estupidez, pero asintió, aunque rodando los ojos. –S-solo quería decirte que… que hablaba en serio.- apartó la mirada. –Me siento avergonzado de todas las cosas que te hice, y yo… yo solo quería saber si… ¿Hay algo que yo pueda hacer para compensarte todo el mal que te hice?- la miró esperanzado por un segundo, antes de volver a bajar la mirada.

-¿Disculpa?- esto tenía que ser una broma, una muy mala. -¿Crees que hay algo que tú puedas hacer para compensarlo?- esto era indignante. -¿Siquiera tienes una idea de lo que me hiciste?- gruñó y él bajó aún más la cabeza. -¿Tengo que recordarte lo que me hiciste?- por todos los cielos que ni ella quería recordarlo, trataba de olvidarlo todos los días. -¿Crees que puedes hacer algo para que te perdone?-

-S-sé…- tragó saliva audiblemente. –Sé que nunca me perdonaras, eso no es lo que quiero lograr. Solo… quiero que sepas que en serio… ya no pienso seguir haciéndote ningún mal, me arrepiento de lo que te hice y… haré todo lo que esté a mi alcance para tratar… tratar de que te sientas lo mejor posible desde ahora en adelante. Lo que trató de decir es que… ya no quiero que sientas que estás por debajo de mi autoridad, yo soy el que te debe. Nunca más te presionare por la guerra o por ser el rey ni tu esposo. Estoy dispuesto a hacer lo que quieras. Todo lo que quieras que esté a mi alcance… yo te lo daré.- sonó a que hablaba en serio pero seguía sin verla a los ojos.

La ex Kurosaki se lo quedó mirando. ¿La estaba desentendiendo de ser el precio que debía pagar su padre por su alianza para ayudarlos en la guerra? ¿Él… la estaba liberando? ¿Realmente estaba dispuesto a hacer lo que decía? De ser así…

-Sí lo que dices es cierto…- comenzó a hablar, dispuesta a aprovechar la situación. –Entonces lo que quiero es el divorcio, y volver con mi padre.- él pareció sorprendido, lo notó abrir mucho los ojos, pero no alzó la vista. –Y quiero llevarme a Kouzu y a Mei conmigo.- diría que también a Rangiku pero sabía que ella no querría abandonar a este tipejo.

-De acuerdo.- para su grata sorpresa, accedió sumisamente, aunque su voz temblaba. –Sí es lo que quieres, te lo concederé. Empezaré los preparativos y podrás volver con tu padre en una semana. Aunque el divorcio debe esperar hasta que nazca el bebé para que sea heredero legítimo.- finalmente alzó la mirada y notó sus ojos acuosos. –Podemos discutir la tenencia por cartas. Una vez que te vayas, ya no será necesario que me veas nunca más.- sin más, dio media vuelta y se fue de la habitación.

Karin no supo que sentir. Finalmente… iba a ser libre…

Continuara...

Hola! :D

Actualización rapida y larga porq se la merecen por dejarme tantos reviews tan hermosos! TTwTT

aresuri-cham, como me lo pediste, te menciono a ti y a tu review grosero que me encanto xD Espero que este cap te haya bajado un poco el enojo xP

Qué les pareció el cap? owo Finalmente Toshiro reacciono! Y oficialmente yo misma declaró q deja de ser el malo del cuento uwur Aunque creo q probablemente aun todas lo odien xDD

Ohh, parece que Karin y Toshiro se van a separar. Este fic está llegando a su final? O aun queda mucho por recorrer? Será un final feliz? Eso por supuesto porq odio los finales tristes :P Pero q es lo feliz en este caso? Qué ellos queden juntos? O separados? Solo yo lo sé 3:D Bueno, yo y mi mejor amiga XP

Mayormente pude traerles esto tan rapido porque hoy y ayer no tuve clases y no tenía nada mejor que hacer :v

Bueno... los personajes de Tite Kubo Troll.

Una pregunta! Qué quieren primero? Proximo capitulo de Mi Rey o un One-shot? Elijan o voy a hacer lo q yo quiera y no se los recomiendo ;D

Qué les pareció la aparición de Urahara en el fic? Yo amo a ese demente *-* Qué les va pareciendo la actitud y la relación de Toshiro y Karin? Y la confesión del amor de él hacia ella y del odio de ella hacia él? Y el bebé aun está en camino! :3

Nuevamente las invitó a darle Me gusta a mi pag de Facebook llamada Celeste kaomy-chan n.n

Ok, ya, ya dejó de joder xP

COMENTEN! *o*

CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!