- Le toca leer Sra. Weasley – le dijo Orión.

Molly cogió el libro y lo abrió por el capitulo que acababa de aparecer. – El viaje desde el andén 9 y ¾. – leyó con una sonrisa

- ¡Bien! – gritó Sirius – por fin iremos a Hogwarts.

El último mes de Harry con los Dursley no fue divertido.

- ¿Es que antes te divertías? – preguntó Fred

- No, pero esa vez fue mucho más aburrido que de costumbre.

Es cierto que Dudley le tenía miedo y no se quedaba con él en la misma habitación, y que tía Petunia y tío Vernon no lo ence rraban en la alacena ni lo obligaban a hacer nada ni le grita ban.

- Eso no parece tan malo – dijo Sirius.

En realidad, ni siquiera le dirigían la palabra. Mitad aterrorizados, mitad furiosos, se comportaban como si la silla que Harry ocupaba estuviera vacía. Aunque aquello significaba una mejora en muchos aspectos, después de un tiempo resultaba un poco deprimente.

- A mí me parece una mejora – dijo Sirius – ojala mi familia hubiera dejado de hablarme a mí en vez de gritarme que era un traidor, aunque he de admitir que pasarse un mes así puede acabar resultando aburrido.

Harry se quedaba en su habitación, con su nueva lechu za por compañía. Decidió llamarla Hedwig, un nombre que encontró en Una historia de la magia.

- ¿Sacaste el nombre de un libro? – le preguntó Hermione

- ¿abriste el libro de historia de la magia? – preguntaron Ron, Sirius y James incrédulos.

- Fue la única vez. – contestó Harry, a lo que su madre frunció el ceño.

Los libros del colegio eran muy interesantes. Por la noche leía en la cama hasta tarde,

- ¡Cornamenta le hemos perdido! – grito Sirius tirándose de rodillas al suelo.

- ¡Nooo! ¡Mi hijo se ha pasado al lado oscuro! ¡¿Por qué a mí?!

- Vaya par, luego nos dicen a nosotros que somos melodramáticos – le dijo Alex a Orión.

Lily que les había escuchado se echó a reír – no creo que podáis ganar a esos dos, pero si os parecéis a ellos en personalidad como os parecéis en aspecto seguro que sois muy melodramáticos. Y no os fieis de Lupin el es igual que ellos aunque no lo parezca. – le dijo con una sonrisa.

Mientras Hedwig entraba y salía a su antojo por la ventana abierta. Era una suerte que tía Petunia ya no entra ra en la habitación, porque Hedwig llevaba ratones muertos. Cada noche, antes de dormir, Harry marcaba otro día en la hoja de papel que tenía en la pared, hasta el uno de septiembre.

- yo también hice eso – dijo Hermione

- y nosotros - dijeron Ron y Ginny – empezamos a la vez por lo que Ron contó un mes y yo un año y un mes – terminó Ginny.

- ¿te pasaste un año contando los días que te quedaban para ir a Hogwarts? – le preguntó James. Ginny asintió se había puesto casi tan roja como su pelo.

- Ves Lily te dije que no era el único que hacia eso – le dijo James a su novia – esta chica me cae bien, tenemos que hacer que Harry se fije en ella la quiero en la familia – le susurro a Sirius.

El último día de agosto pensó que era mejor hablar con sus tíos para poder ir a la estación de King Cross, al día si guiente.

- Mas les vale llevarte – amenazó James.

Así que bajó al salón, donde estaban viendo la televi sión. Se aclaró la garganta, para que supieran que estaba allí, y Dudley gritó y salió corriendo.

Hum... ¿Tío Vernon?

Tío Vernon gruñó, para demostrar que lo escuchaba.

- Esa maldita ballena no tiene la capacidad cerebral suficiente para responderte – gruñó Sirius.

Hum... necesito estar mañana en King Cross para... para ir a Hogwarts.

Tío Vernon gruñó otra vez.

¿Podría ser que me lleves hasta allí?

Otro gruñido. Harry interpretó que quería decir sí.

Muchas gracias.

Estaba a punto de volver a subir la escalera, cuando tío Vernon finalmente habló.

Qué forma curiosa de ir a una escuela de magos, en tren. ¿Las alfombras mágicas estarán todas pinchadas?

Ahora toda la sala gruño indignada.

- Para que lo sepas morsa, están prohibidas – dijo el pequeño Percy.

- Si, por eso mi mama no quiso comprarme una – se quejó James haciendo un puchero como si fuera un niño pequeño.

Harry no contestó nada.

¿Y dónde queda ese colegio, de todos modos?

No lo sé —dijo Harry; dándose cuenta de eso por pri mera vez. Sacó del bolsillo el billete que Hagrid le había dado—. Tengo que coger el tren que sale del andén nueve y tres cuartos, a las once de la mañana —leyó.

Sus tíos lo miraron asombrados.

¿Andén qué?

- Andén nueve…

- …Y…

- …Tres…

- …cuartos – repitieron Fabián, Gideon, Fred y George como si se lo estuvieran explicando a un niño muy pequeño o a alguien muy tonto.

Nueve y tres cuartos.

No digas estupideces —dijo tío Vernon—. No hay nin gún andén nueve y tres cuartos.

Eso dice mi billete.

Equivocados —dijo tío Vernon—. Totalmente locos, todos ellos. Ya lo verás. Tú espera. Muy bien, te llevaremos a King Cross.

- ¿En serio? – preguntó Lily – ha sido demasiado fácil.

- Seguro que tiene truco – dijo Remus.

De todos modos, tenemos que ir a Londres ma ñana. Si no, no me molestaría.

- Idiota – gruñeron los merodeadores y Lily.

¿Por qué vais a Londres? —preguntó Harry tratando de mantener el tono amistoso.

Llevamos a Dudley al hospital —gruñó tío Vernon—. Para que le quiten esa maldita cola antes de que vaya a Smeltings.

Eso volvió a hacer reír a todos.

- Cómo debió reaccionar el médico al ver eso.

- Me pregunto qué le dijeron que había pasado. – dijo Hermione

- Perdone señor doctor pero es que un gigante loco con un paraguas rosa vino a llevarse a mi sobrino que es mago para llevarlo a una escuela de magia pero como soy idiota les insulté y el gigante apuntó a mi hijo con el paraguas y le creció una cola de cerdo… - Relató Sirius lo más serio que pudo mientras el resto de la sala se desternillaba de risa.

A la mañana siguiente, Harry se despertó a las cinco, tan emocionado e ilusionado que no pudo volver a dormir.

- A mí me pasó lo mismo – dijeron James y Lily.

Se le vantó y se puso los tejanos: no quería andar por la estación con su túnica de mago, ya se cambiaría en el tren. Miró otra vez su lista de Hogwarts para estar seguro de que tenía todo lo necesario, se ocupó de meter a Hedwig en su jaula y luego se paseó por la habitación, esperando que los Dursley se le vantaran. Dos horas más tarde, el pesado baúl de Harry es taba cargado en el coche de los Dursley y tía Petunia había hecho que Dudley se sentara con Harry, para poder marcharse.

- Menudo cobarde – dijeron los Gryffindor.

Llegaron a King Cross a las diez y media. Tío Vernon cargó el baúl de Harry en un carrito y lo llevó por la estación. Harry pensó que era una rara amabilidad,

Todos pensaban lo mismo, algo estaba tramando esa morsa.

hasta que tío Vernon se detuvo, mirando los andenes con una sonrisa perversa.

Bueno, aquí estás, muchacho. Andén nueve, andén diez... Tú andén debería estar en el medio, pero parece que aún no lo han construido, ¿no?

- Esta camuflado, maldita sea, mi hermana sabe perfectamente cómo se entra – dijo Lily furiosa.

Tenía razón, por supuesto. Había un gran número nue ve, de plástico, sobre un andén, un número diez sobre el otro y, en el medio, nada.

Que tengas un buen curso —dijo tío Vernon con una sonrisa aún más torva. Se marchó sin decir una palabra más. Harry se volvió y vio que los Dursley se alejaban. Los tres se reían.

- Malditos sean, voy a matarlos – gritó James

- Y yo te ayudó – dijo Sirius – ¿donde decías que vivían?

- La dirección ha salido un montón de veces en la lectura – dijo Remus

- Ya pero no puedo estar atento a todo – Remus negó con la cabeza ante la actitud de su amigo.

- Tranquilizaos – dijo Harry – así fue mucho mejor

Harry sintió la boca seca. ¿Qué haría? Estaba lla mando la atención, a causa de Hedwig. Tendría que pregun tarle a alguien.

- No, no lo hagas – dijo Lily

- Espero que esto no acabe contigo en una celda acolchada y con camisa de fuerza – le dijo James seriamente (o tan serio como podía ser James) a Harry.

Detuvo a un guarda que pasaba, pero no se atrevió a men cionar el andén nueve y tres cuartos.

- Mejor – suspiro aliviada la sala.

El guarda nunca había oído hablar de Hogwarts,

- ¡Harry! – esta vez le regañó toda la sala, Harry solo refunfuño un poco molesto sobre que habrían hecho ellos si hubieran estado en esa situación.

y cuando Harry no pudo decirle en qué parte del país quedaba, comenzó a molestarse, como si pensara que Harry se hacía el tonto a propósito.

- Bueno al menos no ha llamado al manicomio – suspiro Lily.

Sin saber qué hacer, Harry le preguntó por el tren que salía a las once, pero el guarda le dijo que no había ninguno. Al final, el guarda se alejó, murmurando algo sobre la gente que hacía perder el tiempo. Según el gran reloj que había sobre la tabla de hora rios de llegada, tenía diez minutos para coger el tren a Hogwarts y no tenía idea de qué podía hacer. Estaba en medio de la estación con un baúl que casi no podía transportar, un bol sillo lleno de monedas de mago y una jaula con una lechuza.

- Conseguiste llegar ¿verdad? – le preguntó su padre.

- Si – contestó Harry

- Te apuesto un galeón a que de lo desesperado que esta empuja el carrito hacia la pared y descubre la entrada por casualidad – le dijo Sirius a Remus.

- Probablemente se encontrara con algún otro alumno y vea como pasar – respondió Remus – así que acepto la apuesta, me compraré una tableta de chocolate con tu dinero.

Hagrid debió de olvidar decirle algo que tenía que hacer, como dar un golpe al tercer ladrillo de la izquierda para en trar en el callejón Diagon.

Hagrid escondió la cara avergonzado por haber olvidado algo tan importante como decirle la forma de pasar al andén, pero Harry se levanto le dijo algo al oído y consiguió que el semigigante sonriera.

- ¿Qué le has dicho? – le preguntó Ron

- Le he explicado que todo fue bien, no importa ¿verdad? – le pregunto a Orión

- No creo.

Se preguntó si debería sacar su varita y comenzar a golpear la taquilla, entre los andenes nueve y diez.

- ¡No!

En aquel momento, un grupo de gente pasó por su lado y captó unas pocas palabras.

... lleno de muggles, por supuesto...

- ¡Sí! – gritó James – mi hijo ira a Hogwarts – ignoró a los demás que en ese momento ponían los ojos en blanco.

- ¿Amigo no te has parado a pensar que a lo mejor son unos sangre limpia o peor unos Malfoy? – le dijo Sirius y le pinchó la burbuja a James que pareció desinflarse y enfurruñarse.

Harry se volvió para verlos. La que hablaba era una mu jer regordeta, que se dirigía a cuatro muchachos, todos con pelo de llameante color rojo.

Todos se giraron para mirar a los Weasley.

- ¡Bien! No son Malfoys – grito James feliz.

Cada uno empujaba un baúl, como Harry, y llevaban una lechuza.

Con el corazón palpitante, Harry empujó el carrito de trás de ellos. Se detuvieron y los imitó, parándose lo bastante cerca para escuchar lo que decían.

Y ahora, ¿cuál es el número del andén? —dijo la madre.

¡Nueve y tres cuartos! —Dijo la voz aguda de una niña, también pelirroja, que iba de la mano de la madre—. Mamá, ¿no puedo ir...?

- La pequeña pelirroja quiere ir a Hogwarts con sus hermanos. – dijo Sirius sonriendo mientras Ginny se sonrojaba hasta la raíz de su pelo.

- No solo quiere ir con sus hermanos verdad hermanita – le dijo Fred – cállate Fred – respondió ella ahora casi mas roja que su pelo.

No tienes edad suficiente, Ginny Ahora estáte quieta. Muy bien, Percy, tú primero.

El que parecía el mayor de los chicos se dirigió hacia los andenes nueve y diez. Harry observaba, procurando no parpa dear para no perderse nada. Pero justo cuando el muchacho llegó a la división de los dos andenes, una larga caravana de turistas pasó frente a él y, cuando se alejaron, el muchacho había desaparecido.

Fred, eres el siguiente —dijo la mujer regordeta.

No soy Fred, soy George —dijo el muchacho—. ¿De ve ras, mujer, puedes llamarte nuestra madre? ¿No te das cuen ta de que yo soy George?

- Hermana como puede ser que no reconozcas a tu propio hijo – la regaño Gideon sabiendo la broma que le estaban gastando los gemelos en el libro. Molly bajo la mirada avergonzada – lo siento mucho chicos – los gemelos sonrieron pensando que esta Molly mas joven no daba tanto miedo como la que ellos conocían, pobres inocentes…

Lo siento, George, cariño.

Estaba bromeando, soy Fred —dijo el muchacho, y se alejó.

Los dos pares de gemelos se echaron a reír, los merodeadores iban a reírse con ellos pero vieron la cara de Molly y decidieron que era mejor estar callado. Estaba claro que la Molly del pasado era tan irritable como la del futuro o incluso más, con un movimiento de varita les mando el hechizo mocomurcilago a sus dos hermanos que instantáneamente pasaron de reírse a suplicar piedad. Y con otro movimiento dejó colgados a los gemelos de los tobillos.

- Sabíais que era una broma y aun así me hicisteis sentir culpable. – Replicó Molly negando con la cabeza

- Ya sabemos de dónde ha sacado Ginny ese hechizo – les dijo Ron a Harry y Hermione – si se ha puesto asi por esto Fred y George van a pasarlo muy mal en algunas partes de estos libros.

- Me da la sensación que no van a ser los únicos – dijeron Harry y Hermione cada uno mirando a sus padres – ¿te imaginas como van a reaccionar con todo lo que hemos hecho? – Preguntó Harry, a ninguno le apetecía saberlo.

Debió pasar, porque un segundo más tarde ya no esta ba. Pero ¿cómo lo había hecho? Su hermano gemelo fue tras él: el tercer hermano iba rápidamente hacia la taquilla (estaba casi allí) y luego, súbitamente, no estaba en ninguna parte.

No había nadie más.

Discúlpeme —dijo Harry a la mujer regordeta.

Hola, querido —dijo—. Primer año en Hogwarts, ¿no? Ron también es nuevo.

Señaló al último y menor de sus hijos varones. Era alto, flacucho y pecoso, con manos y pies grandes y una larga nariz.

- vaya Harry menudas descripciones – se quejó Ron enrojeciendo mientras los gemelos se reían de él todavía colgados del tobillo sobre la mesa.

Sí —dijo Harry—. Lo que pasa es que... es que no se cómo...

¿Como entrar en el andén? —preguntó bondadosa mente, y Harry asintió con la cabeza.

No te preocupes —dijo—. Lo único que tienes que ha cer es andar recto hacia la barrera que está entre los dos an denes. No te detengas y no tengas miedo de chocar, eso es muy importante. Lo mejor es ir deprisa, si estás nervioso. Ve ahora, ve antes que Ron.

Hum... De acuerdo —dijo Harry.

Empujó su carrito y se dirigió hacia la barrera. Parecía muy sólida.

Comenzó a andar. La gente que andaba a su alrededor iba al andén nueve o al diez. Fue más rápido. Iba a chocar contra la taquilla y tendría problemas. Se inclinó sobre el ca rrito y comenzó a correr.

- Y alla va Harry haciéndole caso a una señora que no conoce que le dice que tiene que ir directamente a una pared de ladrillo y él le hace caso sin preguntar siquiera – Todos rieron ante las palabras de Sirius.

(La barrera se acercaba cada vez más). Ya no podía detenerse (el carrito estaba fuera de control), ya estaba allí... Cerró los ojos, preparado para el choque...

- ¡PUM! – gritó Sirius ganándose una colleja por parte de Lily y las risas de los gemelos.

Pero no llegó. Siguió rodando.

- No me digas – dijo Sirius poniendo los ojos en blanco.

Abrió los ojos.

Una locomotora de vapor, de color escarlata, esperaba en el andén lleno de gente. Un rótulo decía: «Expreso de Hog warts, 11 h». Harry miró hacia atrás y vio una arcada de hie rro donde debía estar la taquilla, con las palabras «Andén Nueve y Tres Cuartos».

Lo había logrado.

Los merodeadores le aplaudieron.

- Gracias por ayudarle Molly – le dijeron James y Lily.

El humo de la locomotora se elevaba sobre las cabezas de la ruidosa multitud, mientras que gatos de todos los colores iban y venían entre las piernas de la gente. Las lechuzas se llamaban unas a otras, con un malhumorado ulular, por en cima del ruido de las charlas y el movimiento de los pesados baúles.

Los primeros vagones ya estaban repletos de estudian tes, algunos asomados por las ventanillas para hablar con sus familiares, otros discutiendo sobre los asientos que iban a ocu par. Harry empujó su carrito por el andén, buscando un asiento vacío. Pasó al lado de un chico de cara redonda que decía:

Abuelita, he vuelto a perder mi sapo.

- Mira Neville salimos en la historia – dijo su abuela

- Es igualito a ti Frank – le dijo Alice

Oh, Neville —oyó que suspiraba la anciana.

- ¿Y nosotros dónde estamos? – preguntó Frank pero no obtuvo respuesta.

Un muchacho de pelos tiesos estaba rodeado por un grupo.

Déjanos mirar, Lee, vamos.

El muchacho levantó la tapa de la caja que llevaba en los brazos, y los que lo rodeaban gritaron cuando del interior sa lió una larga cola peluda.

- ¿Qué había en la caja? ¿Quien es ese chico? – preguntaron a la vez Sirius, James y McGonnagall aunque por motivos diferentes.

Harry se abrió paso hasta que encontró un comparti miento vacío, cerca del final del tren. Primero puso a Hedwig y luego comenzó a empujar el baúl hacia la puerta del vagón. Trató de subirlo por los escalones, pero sólo lo pudo levantar un poco antes de que se cayera golpeándole un pie.

- Igualito a su padre – dijo Remus – es cierto – Rió Sirius, tanto Harry como James les estaban mirando mal mientras Lily se reía de ellos junto con Remus y Sirius.

- Vaya unos traidores – refunfuñó James.

¿Quieres que te eche una mano? —Era uno de los ge melos pelirrojos, a los que había seguido a través de la barre ra de los andenes.

- Bien hecho chicos – les dijo su madre

Sí, por favor —jadeó Harry.

¡Eh, Fred! ¡Ven a ayudar!

Con la ayuda de los gemelos, el baúl de Harry finalmen te quedó en un rincón del compartimiento.

Gracias —dijo Harry, quitándose de los ojos el pelo húmedo.

¿Qué es eso? —dijo de pronto uno de los gemelos, seña lando la brillante cicatriz de Harry

Vaya—dijo el otro gemelo—. ¿Eres tú...?

Es él —dijo el primero—. Eres tú, ¿no? —se dirigió a Harry.

¿Quién? —preguntó Harry.

- Harry Houdini – James puso los ojos en blanco.

- ¿Quién?

Harry Potter —respondieron a coro.

Oh, él —dijo Harry—. Quiero decir, sí, soy yo.

Muchos se rieron de la reacción del joven Potter. Harry refunfuñó un poco.

Los dos muchachos lo miraron boquiabiertos y Harry sintió que se ruborizaba. Entonces, para su alivio, una voz llegó a través de la puerta abierta del compartimiento.

¿Fred? ¿George? ¿Estáis ahí?

Ya vamos, mamá.

Con una última mirada a Harry, los gemelos saltaron del vagón.

Harry se sentó al lado de la ventanilla. Desde allí, medio oculto, podía observar a la familia de pelirrojos en el andén y oír lo que decían.

- ¿Oíste lo que dijimos? – le preguntaron Ginny y Ron sorprendidos.

- Harry eso es de mala educación – le regañó su madre, Harry se encogió un poco en su asiento pero en ese momento:

- Ese es mi chico – dijo James mientras se secaba una lagrima falsa – por fin un poco de carácter merodeador, tienes que sacarlo más a menudo – le dijo Sirius.

La madre acababa de sacar un pañuelo.

Ron, tienes algo en la nariz.

- El pequeñito Ronnie tiene algo en su naricita – se burló Fabian y Molly le dio una colleja.

El menor de los varones trató de esquivarla, pero la ma dre lo sujetó y comenzó a frotarle la punta de la nariz.

Ron estaba compitiendo con su pelo por ver quién era más rojo.

- La madre de James nos hacía lo mismo – dijo Sirius mientras James asentía

- Mi madre hacia lo mismo – dijo Frank señalando a su madre – de hecho recuerdo una vez en que las dos nos compinchamos y… - empezó a explicar su madre pero fue interrumpida por Gideon.

- Al menos a vosotros no os lo hacía vuestra hermana pequeña

- No has cambiado nada Molly – sonrió Fabian.

Mamá, déjame —exclamó apartándose.

¿Ah, el pequeñito Ronnie tiene algo en su naricita? —dijo uno de los gemelos.

Como no sabía cuál de los dos había sido le dio una colleja a cada uno.

Cállate —dijo Ron.

¿Dónde está Percy? —preguntó la madre.

Ahí viene.

El mayor de los muchachos se acercaba a ellos. Ya se ha bía puesto la ondulante túnica negra de Hogwarts, y Harry notó que tenía una insignia plateada en el pecho, con la letra P

- ¡Voy a ser prefecto! – exclamó Percy mientras sus padres le felicitaban y los gemelos ponían los ojos en blanco.

- Prefecto perfecto – canturreo Sirius

No me puedo quedar mucho, mamá —dijo—. Estoy de lante, los prefectos tenemos dos compartimientos...

- Cof cof… Pomposo… Cof cof – tosió Fred.

Oh, ¿tú eres un prefecto, Percy? —dijo uno de los ge melos, con aire de gran sorpresa—. Tendrías que habérnoslo dicho, no teníamos idea.

Espera, creo que recuerdo que nos dijo algo —dijo el otro gemelo—. Una vez...

O dos...

Un minuto...

Todo el verano...

- Genial – todos los bromistas se estaban riendo, los demás sonreían mientras el pequeño Percy hacia una mueca.

Oh, callaos —dijo Percy, el prefecto.

Y de todos modos, ¿por qué Percy tiene túnica nueva? —dijo uno de los gemelos.

- Porque soy mejor que vosotros – dijo mientras les sacaba la lengua.

Porque él es un prefecto—dijo afectuosamente la ma dre—. Muy bien, cariño, que tengas un buen año. Envíame una lechuza cuando llegues allá.

Besó a Percy en la mejilla y el muchacho se fue. Luego se volvió hacia los gemelos.

Ahora, vosotros dos... Este año os tenéis que portar bien. Si recibo una lechuza más diciéndome que habéis he cho... estallar un inodoro o...

- Ay Molly nunca le des ideas a un bromista – negó con la cabeza Remus

- Nosotros nunca hicimos estallar uno Gabian

- Es cierto, Fideon, pero hicimos estallar todos los calderos del aula de pociones.

- Nosotros hicimos estallar todos los baños de la primera y la segunda planta – dijo James orgulloso de si mismo.

- ¿Fuisteis vosotros? – les gritó McGonnagall, miró a Dumbledore - ¿Tú lo sabías? – él esquivó la pregunta confirmando las sospechas de McGonnagall que puso los ojos en blanco.

- Myrtle la llorona se paso dos meses persiguiendo a James – empezó a reírse Sirius – yo creo que le gustabas

¿Hacer estallar un inodoro? Nosotros nunca hemos he cho nada de eso.

Pero es una gran idea, mamá. Gracias.

No tiene gracia. Y cuidad de Ron.

No te preocupes, el pequeño Ronnie estará seguro con nosotros.

- Si me dejasteis solo en cuanto subimos al tren –se quejó Ron

- Pero era por tu bien – dijo Fred – a que fue mejor así – dijo George.

Cállate —dijo otra vez Ron. Era casi tan alto como los gemelos y su nariz todavía estaba rosada, en donde su madre la había frotado.

Eh, mamá, ¿adivinas a quién acabamos de ver en el tren?

- ¡Yo lo sé! ¡Yo lo sé! – empezó a dar saltitos Sirius, Harry y Ron empezaron a reírse les recordó a Hermione en clase.

Harry se agachó rápidamente para que no lo descu brieran.

¿Os acordáis de ese muchacho de pelo negro que esta ba cerca de nosotros, en la estación? ¿Sabéis quién es?

¿Quién?

- Redoble de tambor…

¡Harry Potter!

- ¡Oh dios mío! ¡Es Harry Potter! – Exclamó Sirius

Harry oyó la voz de la niña.

Mamá, ¿puedo subir al tren para verlo? ¡Oh, mamá, por favor...!

Ginny se puso roja y se tapo la cara con las manos, mientras James y Sirius se metían un poco con ella, una muy mala idea por Ginny acabo lanzándoles un moco murcilago.

Ya lo has visto, Ginny y, además, el pobre chico no es algo para que lo mires como en el zoológico. ¿Es él realmente, Fred? ¿Cómo lo sabes?

Se lo pregunté. Vi su cicatriz. Está realmente allí... como iluminada.

Pobrecillo... No es raro que esté solo. Fue tan amable cuando me preguntó cómo llegar al andén...

Eso no importa. ¿Crees que él recuerda cómo era Quien-tú-sabes?

Molly y Lily miraron muy mal a los gemelos que se encogieron en su asiento.

La madre, súbitamente, se puso muy seria.

Te prohíbo que le preguntes, Fred. No, no te atrevas. Como si necesitara que le recuerden algo así en su primer día de colegio.

Está bien, quédate tranquila.

Se oyó un silbido.

Daos prisa —dijo la madre, y los tres chicos subieron al tren. Se asomaron por la ventanilla para que los besara y la hermanita menor comenzó a llorar.

No llores, Ginny, vamos a enviarte muchas lechuzas.

Y un inodoro de Hogwarts.

- Nunca llegasteis a enviármelo – se quejó Ginny

- Había alguien que lo necesitaba más – George le guiñó un ojo a Harry

¡George!

Era una broma, mamá.

El tren comenzó a moverse. Harry vio a la madre de los muchachos agitando la mano y a la hermanita, mitad lloran do, mitad riendo, corriendo para seguir al tren, hasta que éste comenzó a acelerar y entonces se quedó saludando.

Harry observó a la madre y la hija hasta que desapare cieron, cuando el tren giró. Las casas pasaban a toda veloci dad por la ventanilla. Harry sintió una ola de excitación. No sabía lo que iba a pasar... pero sería mejor que lo que dejaba atrás.

La puerta del compartimiento se abrió y entró el menor de los pelirrojos.

¿Hay alguien sentado ahí? —preguntó, señalando el asiento opuesto a Harry—. Todos los demás vagones están llenos.

- Aquí empieza todo – le sonrió Ron a Harry – bueno no todo todavía faltaba Hermione por unirse al grupo – añadió Harry

- Vaya Ron gracias por acordarte de mí – dijo Hermione mientras Ron se sonrojaba.

Harry negó con la cabeza y el muchacho se sentó. Lan zó una mirada a Harry y luego desvió la vista rápidamente hacia la ventanilla, como si no lo hubiera estado observan do. Harry notó que todavía tenía una mancha negra en la nariz.

- ¿Vaya Ronnie con que te manchaste? – le preguntó Sirius, Ron le ignoró.

Eh, Ron.

Los gemelos habían vuelto.

Mira, nosotros nos vamos a la mitad del tren, porque Lee Jordan tiene una tarántula gigante y vamos a verla.

- Asi que eso es lo que había en la caja – dijo Sirius

- ¿Introdujeron una tarantula gigante en el colegio? – gritó McGonnagall, al otro lado de Dumbledore, Hagrid se atragantó mientras bebía.

De acuerdo —murmuró Ron.

Harry —dijo el otro gemelo—, ¿te hemos dicho quiénes somos? Fred y George Weasley. Y él es Ron, nuestro hermano. Nos veremos después, entonces.

Hasta luego —dijeron Harry y Ron. Los gemelos salie ron y cerraron la puerta.

¿Eres realmente Harry Potter? —dejó escapar Ron.

- Ronnie confía un poco más en nosotros – dijo Fred

Harry asintió.

Oh... bien, pensé que podía ser una de las bromas de Fred y George —dijo Ron—. ¿Y realmente te hiciste eso... ya sabes...?

Señaló la frente de Harry.

Harry se levantó el flequillo para enseñarle la luminosa cicatriz. Ron la miró con atención.

¿Así que eso es lo que Quien-tú-sabes...?

Sí —dijo Harry—, pero no puedo recordarlo.

¿Nada? —dijo Ron en tono anhelante.

- ¡Ron! Dije que no preguntarais – le regañó su madre

- En realidad solo se lo dijiste a Fred.

- Tranquila Sra. Weasley no me molestó – intentó tranquilizarla Harry.

Bueno... recuerdo una luz verde muy intensa, pero nada más.

Algunos se estremecieron al imaginarlo.

Vaya —dijo Ron. Contempló a Harry durante unos instantes y luego, como si se diera cuenta de lo que estaba haciendo, con rapidez volvió a mirar por la ventanilla.

¿Sois una familia de magos? —preguntó Harry, ya que encontraba a Ron tan interesante como Ron lo encontraba a él.

Ron le miró sorprendido y sonrió.

Oh, sí, eso creo —respondió Ron—. Me parece que mamá tiene un primo segundo que es contable, pero nunca hablamos de él.

- Si se parece un poco a tus tios – dijo el pequeño Bill – algunos muggles son muy raros.

Entonces ya debes de saber mucho sobre magia.

Era evidente que los Weasley eran una de esas antiguas familias de magos de las que había hablado el pálido mucha cho del callejón Diagon.

- Ni los compares – se estremecieron dramáticamente James, Sirius y Arthur.

Oí que te habías ido a vivir con muggles —dijo Ron—. ¿Cómo son?

Horribles... Bueno, no todos ellos. Mi tía, mi tío y mi primo sí lo son. Me hubiera gustado tener tres hermanos magos.

- Ves Lily tenemos que tener más hijos – suplicó James, Lily decidió ignorarle ya podrían discutir eso más adelante.

Cinco —corrigió Ron. Por alguna razón parecía depri mido—. Soy el sexto en nuestra familia que va a asistir a Hogwarts. Podrías decir que tengo el listón muy alto. Bill y Charlie ya han terminado. Bill era delegado de clase y Charlie era capitán de quidditch. Ahora Percy es prefecto.

Los señores Weasley felicitaron a sus tres hijos.

Fred y George son muy revoltosos, pero a pesar de eso sacan muy buenas notas y todos los consideran muy divertidos.

Molly hizo una mueca pero acabó sonriendo y felicitando a los gemelos.

Todos esperan que me vaya tan bien como a los otros, pero si lo hago tampoco será gran cosa, porque ellos ya lo hicieron primero. Además, nunca tienes nada nuevo, con cinco herma nos. Me dieron la túnica vieja de Bill, la varita vieja de Char les y la vieja rata de Percy

Molly y Arthur miraron preocupados a su hijo menor, que en ese momento era golpeado por Ginny.

- Ya hablaremos luego de eso Ronald – le dijo George, los gemelos estabn realmente serios en esta ocasión.

Ron buscó en su chaqueta y sacó una gorda rata gris, que estaba dormida.

- Justo igual que Colagusano – dijo James riendo – ¿por cierto donde estará?

Harry sintió que lo invadía la ira al pensar en esa rata, miró a sus amigos, Ron tenía una mueca y Hermione la mirada sombría. Iba a levantarse y a gritar la verdad pero alguien lo detuvo. Alex lo había agarrado del hombro. – todavía no es el momento, ya se darán cuenta – le dijo Orión, ninguno de los dos parecía contento de que se mencionara a la rata en la historia.

Se llama Scabbers y no sirve para nada, casi nunca se despierta. A Percy, papá le regaló una lechuza, porque lo hi cieron prefecto, pero no podían comp... Quiero decir, por eso me dieron a Scabbers.

Las orejas de Ron enrojecieron. Parecía pensar que ha bía hablado demasiado, porque otra vez miró por la ventanilla.

Harry no creía que hubiera nada malo en no poder com prar una lechuza.

- Hay cosas mucho más importantes que el dinero – afirmó James – pero si necesitáis algo solo tenéis que decírmelo, creo que al final de estos libros vamos a tener muchas cosas que agradeceros – esto ultimo se lo dijo en un susurro a los Weasley que negaban con la cabeza sonrojados – de verdad James no hace falta… - James los ignoró y la lectura prosiguió.

Después de todo, él nunca había tenido dinero en toda su vida, hasta un mes atrás, así que le contó a Ron que había tenido que llevar la ropa vieja de Dudley y que nunca le hacían regalos de cumpleaños. Eso pareció ani mar a Ron.

- Vaya que egoísta era ¿no? – dijo Ron

- Nah, a todos nos anima saber que no somos los únicos que pasamos por malas situaciones – le aseguró Dumbledore haciendo sonreír al chico.

... y hasta que Hagrid me lo contó, yo no tenía idea de que era mago, ni sabía nada de mis padres o Voldemort...

Ron bufó.

¿Qué? —dijo Harry.

Has pronunciado el nombre de Quien-tú-sabes —dijo Ron, tan conmocionado como impresionado—. Yo creí que tú, entre todas las personas...

- Ron no pasa nada por decirlo, es un simple nombre y bastante feo la verdad – le dijo James sonriendo. Ron asintió pero no dijo nada.

No estoy tratando de hacerme el valiente, ni nada por el estilo, al decir el nombre —dijo Harry—. Es que no sabía que no debía decirlo. ¿Ves lo que te decía? Tengo muchísimas cosas que aprender... Seguro —añadió, diciendo por primera vez en voz alta algo que últimamente lo preocupaba mu cho—, seguro que seré el peor de la clase.

- No digas eso Harry, no hay nadie peor que yo – dijo Neville apenado. Sus padres se miraron, al parecer Ron no era el único con complejo de inferioridad.

- Pero Neville si no hay nadie que te supere en Herbología – dijo Hermione tratando de animarle – además nadie puede ser peor que Crabbe y Goyle – añadió Ron haciendo reir a los de su tiempo.

- ¿Eres el mejor de tu clase de Herbologia? – le preguntó su abuela – eso está muy bien – Neville la miró con una cara de "Quien eres tú y que has hecho con mi abuela".

- Ademas si te pareces a tu madre te empezará a ir mejor pronto, Alice fue un desastre hasta 5º curso. – Explicó Frank mientras Alice se ponía roja y le golpeaba en el brazo.

No será así. Hay mucha gente que viene de familias muggles y aprende muy deprisa.

- Y que lo digas – dijeron a la vez Harry y Ron, mirando a Hermione y algunos del pasado mirando a Lily.

Mientras conversaban, el tren había pasado por campos llenos de vacas y ovejas. Se quedaron mirando un rato, en si lencio, el paisaje.

A eso de las doce y media se produjo un alboroto en el pasillo, y una mujer de cara sonriente, con hoyuelos, se aso mó y les dijo:

¿Queréis algo del carrito, guapos?

Harry, que no había desayunado, se levantó de un salto, pero las orejas de Ron se pusieron otra vez coloradas y mur muró que había llevado bocadillos. Harry salió al pasillo.

Cuando vivía con los Dursley nunca había tenido dinero para comprarse golosinas y, puesto que tenía los bolsillos re pletos de monedas de oro, plata y bronce, estaba listo para comprarse todas las barras de chocolate que pudiera llevar. Pero la mujer no tenía Mars. En cambio, tenía Grageas Ber tie Bott de Todos los Sabores, chicle, ranas de chocolate, em panada de calabaza, pasteles de caldero, varitas de regaliz y otra cantidad de cosas extrañas que Harry no había visto en su vida. Como no deseaba perderse nada, compró un poco de todo y pagó a la mujer once sickles de plata y siete knuts de bronce.

- Tenías Hambre, ¿verdad? – preguntó Sirius

Ron lo miraba asombrado, mientras Harry depositaba sus compras sobre un asiento vacío.

Tenías hambre, ¿verdad?

- Eh, no me copies.

Muchísima —dijo Harry, dando un mordisco a una empanada de calabaza.

Ron había sacado un arrugado paquete, con cuatro boca dillos. Separó uno y dijo:

Mi madre siempre se olvida de que no me gusta la car ne en conserva.

- Mama, la carne en conserva me gusta a mi – la regañó Charlie intentando imitarla cuando se enfadaba. Molly le pidió perdón a Ron y le preguntó que le gustaba para no volver a equivocarse.

Te la cambio por uno de éstos —dijo Harry, alcanzán dole un pastel—. Sírvete...

No te va a gustar, está seca —dijo Ron—. Ella no tiene mucho tiempo —añadió rápidamente—... Ya sabes, con noso tros cinco.

Vamos, sírvete un pastel —dijo Harry, que nunca ha bía tenido nada que compartir o, en realidad, nadie con quien compartir nada. Era una agradable sensación, estar sentado allí con Ron, comiendo pasteles y dulces (los bocadillos ha bían quedado olvidados).

¿Qué son éstos? —Preguntó Harry a Ron, cogiendo un envase de ranas de chocolate—. No son ranas de verdad, ¿no?—Comenzaba a sentir que nada podía sorprenderlo.

- Umm , chocolate – se relamió Remus y saco una rana de chocolate y la devoró.

No —dijo Ron—. Pero mira qué cromo tiene. A mí me falta Agripa.

- Toma, para ti – le dijo Remus a Ron tendiéndole el cromo que venía con la rana de chocolate, era justamente Agripa – yo ya le tengo dos o tres veces. – Ron sonrió y le dio las gracias.

¿Qué?

Oh, por supuesto, no debes saber... Las ranas de chocolate llevan cromos, ya sabes, para coleccionar, de brujas y magos famosos. Yo tengo como quinientos, pero no consigo ni a Agripa ni a Ptolomeo.

Harry desenvolvió su rana de chocolate y sacó el cromo. En él estaba impreso el rostro de un hombre. Llevaba gafas de media luna, tenía una nariz larga y encorvada, cabello plateado suelto, barba y bigotes. Debajo de la foto estaba el nombre: Albus Dumbledore.

- Parece que fui tu primer cromo – dijo Dumbledore sonriendo.

Orión y Alex se miraron, decidieron que podían darles alguna cosa del futuro.

- En el futuro hay muchos cromos nuevos – dijo Orión mientras sacaba uno de su bolsillo y se lo pasaba a James y a Lily que lo miraban sorprendidos, entonces James se levanto y gritó:

- ¡Canuto, Lunático soy un cromo de las ranas de chocolate! – Les enseñó a todos el cromo, en el se podía ver una foto de la pareja y se leía:

James y Lily Potter (1960 – 1981)

Un gran mago y una gran bruja, pertenecientes a la Orden del Fenix se enfrentaron en tres ocasiones a Voldemort y salieron con vida. Fueron asesinados por Voldemort la noche de Halloween de 1981… , son los padres de Harry James Potter, el niño que vivió.

- Falta un trozo – se quejaron tanto James como Sirius – Es que contaba algo que saldrá en el libro – se encogió de hombros Alex – a lo largo de los libros os enseñaremos mas cromos del futuro tranquilo.

¡Así que éste es Dumbledore! —dijo Harry.

¡No me digas que nunca has oído hablar de Dumbledo re! —dijo Ron—. ¿Puedo servirme una rana? Podría encon trar a Agripa... Gracias...

Harry dio la vuelta a la tarjeta y leyó:

Albus Dumbledore, actualmente director de Hogwarts. Considerado por casi todo el mundo Como el más grande mago del tiempo presente,

Todos asintieron.

Dumbledore es particularmente famoso por derrotar al mago tene broso Grindelwald en 1945,

Dumbledore desvio la mirada, perdido en sus recuerdos.

por el descubrimiento de las doce aplicaciones de la sangre de dragón, y por su trabajo en alquimia con su compañero Nicolás Fla mel.

El trío dorado sonrió, tantas horas perdidas en la biblioteca…

El profesor Dumbledore es aficionado a la músi ca de cámara y a los bolos.

Varios rieron por eso ultimo, incluido el propio Dumbledore.

- Profesor ha hecho muchas cosas – le dijo el pequeño Charlie admirado.

Harry dio la vuelta otra vez al cromo y vio, para su asom bro, que el rostro de Dumbledore había desaparecido.

¡Ya no está!

- Claro, no se iba a quedar ahí todo el día – dijo James, Lily puso los ojos en blanco

Bueno, no iba a estar ahí todo el día —dijo Ron—. Ya volverá. Vaya, me ha salido otra vez Morgana y ya la tengo seis veces repetida... ¿No la quieres? Puedes empezar a colec cionarlos.

finalmente apartó la vista del cromo, para abrir una bolsa de gra geas de todos los sabores.

Tienes que tener cuidado con ésas —lo previno Ron—. Cuando dice «todos los sabores», es eso lo que quiere decir. Ya sabes, tienes todos los comunes, como chocolate, menta y na ranja, pero también puedes encontrar espinacas, hígado y callos. George dice que una vez encontró una con sabor a duende.

Ron eligió una verde, la observó con cuidado y mordió un pedacito.

- Nunca, pero nunca, elijas las verdes – dijo James – siempre tienen algún sabor horrible.

Puaj... ¿Ves? Coles.

Se oyó un golpe en la puerta del compartimiento, y entró el muchacho de cara redonda que Harry había visto al pasar por el andén nueve y tres cuartos. Parecía muy afligido.

- Dejame adivinar – dijo Sirius – ¿alguien ha perdido a su sapo otra vez?

Perdón —dijo—. ¿Por casualidad no habréis visto un sapo?

Todos empezaron a reírse, incluido Neville.

Cuando los dos negaron con la cabeza, gimió.

¡La he perdido! ¡Se me escapa todo el tiempo!

Ya aparecerá —dijo Harry.

Sí —dijo el muchacho apesadumbrado—. Bueno, si la veis...

Se fue.

No sé por qué está tan triste —comentó Ron—. Si yo hubiera traído un sapo lo habría perdido lo más rápidamente posible. Aunque en realidad he traído a Scabbers, así que no puedo hablar.

- Un sapo habría sido mejor – le susurro Ron a Hermione.

La rata seguía durmiendo en las rodillas de Ron.

Podría estar muerta y no notarías la diferencia —dijo Ron con disgusto—. Ayer traté de volverla amarilla para ha cerla más interesante, pero el hechizo no funcionó. Te lo voy a enseñar, mira...

Revolvió en su baúl y sacó una varita muy gastada. En algunas partes estaba astillada y, en la punta, brillaba algo blanco.

Los pelos de unicornio casi se salen. De todos modos... Acababa de coger la varita cuando la puerta del compar timiento se abrió otra vez. Había regresado el chico del sapo, pero llevaba a una niña con él. La muchacha ya llevaba la tú nica de Hogwarts.

- Como Lunático y la pelirroja.

¿Alguien ha visto un sapo? Neville perdió uno —dijo. Tenía voz de mandona, mucho pelo color castaño y los dientes de delante bastante largos.

- Harry – se quejó Hermione que tenía la cara del color del pelo de Ron

Ya le hemos dicho que no —dijo Ron, pero la niña no lo escuchaba. Estaba mirando la varita que tenía en la mano.

Oh, ¿estás haciendo magia? Entonces vamos a verlo.

Se sentó. Ron pareció desconcertado.

Eh... de acuerdo. —Se aclaró la garganta—. «Rayo de sol, margaritas, volved amarilla a esta tonta ratita.»

Los gemelos recibieron una colleja por parte de su hermanita pequeña.

Agitó la varita, pero no sucedió nada. Scabbers siguió durmiendo, tan gris como siempre.

¿Estás seguro de que es el hechizo apropiado? —pre guntó la niña—. Bueno, no es muy efectivo, ¿no? Yo probé unos pocos sencillos, sólo para practicar, y funcionaron. Na die en mi familia es mago, fue toda una sorpresa cuando reci bí mi carta, pero también estaba muy contenta, por supues to, ya que ésta es la mejor escuela de magia, por lo que sé. Ya me he aprendido todos los libros de memoria, desde luego, es pero que eso sea suficiente... Yo soy Hermione Granger. ¿Y vosotros quiénes sois?

Dijo todo aquello muy rápidamente.

- Guau, que velocidad – dijo Sirius – vas a ser la digna heredera de Lily y Remus, los prefectos perfectos

- Eh – se quejaron los tres.

Harry miró a Ron y se calmó al ver en su rostro aturdi do que él tampoco se había aprendido todos los libros de memoria.

Sirius se giró para mirar a Lily y a Remus

- ¿Vosotros os los aprendisteis?

- Solo algunos – susurro Lily – los más interesantes.

- Yo me los leí todos antes de ir – admitió Remus – pero no me los sabía de memoria.

Yo soy Ron Weasley —murmuró Ron.

Harry Potter —dijo Harry.

¿Eres tú realmente? —dijo Hermione—. Lo sé todo so bre ti, por supuesto, conseguí unos pocos libros extra para prepararme más y tú figuras en Historia de la magia moder na, Defensa contra las Artes Oscuras y Grandes eventos má gicos del siglo xx.

- Vaya si que eres famoso – sonrió James, Harry solo gruñó un poco.

¿Estoy yo? —dijo Harry, sintiéndose mareado.

Dios mío, no lo sabes. Yo en tu lugar habría buscado todo lo que pudiera —dijo Hermione—. ¿Sabéis a qué casa vais a ir? Estuve preguntando por ahí y espero estar en Gryffindor, parece la mejor de todas.

- Por supuesto – gritaron todos los Gryffindor de la sala.

Oí que Dumbledore es tuvo allí, pero supongo que Ravenclaw no será tan mala... De todos modos, es mejor que sigamos buscando el sapo de Nevi lle. Y vosotros dos deberíais cambiaros ya, vamos a llegar pronto.

Y se marchó, llevándose al chico sin sapo.

Cualquiera que sea la casa que me toque, espero que ella no esté —dijo Ron.

Ron iba a disculparse pero Hermione le detuvo – no pasa nada Ron.

Estos capítulos van a ser horribles – pensó Ron.

Arrojó su varita al baúl—. Qué hechi zo más estúpido, me lo dijo George. Seguro que era falso.

Sus padres y su hermana le miraron mal.

¿En qué casa están tus hermanos? —preguntó Harry

Gryffindor —dijo Ron. Otra vez parecía deprimido—. Mamá y papá también estuvieron allí.

- Vamos a estar en Gryffindor – sonrieron Bill, Charlie y Percy.

No sé qué van a decir si yo no estoy. No creo que Ravenclaw sea tan mala, pero ima gina si me ponen en Slytherin.

¿Esa es la casa en la que Vol... Quiero decir Quien-tú-sabes... estaba?

Ajá —dijo Ron. Se echó hacia atrás en el asiento, con aspecto abrumado.

¿Sabes? Me parece que las puntas de los bigotes de Scabbers están un poco más claras —dijo Harry, tratando de apartar la mente de Ron del tema de las casas—. Y, a pro pósito, ¿qué hacen ahora tus hermanos mayores?

Los Weasley escuchaban ahora muy atentamente.

Harry se preguntaba qué hacía un mago, una vez que terminaba el colegio.

Charlie está en Rumania, estudiando dragones,

- ¡SI! – gritó Charlie

- ¡No! – gritó a la vez su madre.

- Me ire a Rumanía, genial, y a estudiar dragones – al chico le brillaban los ojos.

y Bill está en Egipto, ocupándose de asuntos para Gringotts

- Genial, ¿y qué hago? – preguntó

- Rompes maldiciones – dijo Ginny – en las tumbas, la pirámides…

ex plicó Ron—. ¿Te enteraste de lo que pasó en Gringotts? Salió en El Profeta, pero no creo que las casas de los muggles lo re ciban: trataron de robar en una cámara de alta seguridad.

- ¿En serio? – preguntaron los del pasado. Los otros asintieron.

Harry se sorprendió.

¿De verdad? ¿Y qué les ha sucedido?

Nada, por eso son noticias tan importantes. No los han atrapado.

- Imposible – exclamaron algunos.

Mi padre dice que tiene que haber un poderoso mago tenebroso para entrar en Gringotts, pero lo que es raro es que parece que no se llevaron nada.

- A lo mejor la cámara estaba vacía – sugirió Dora, eso hizo pensar a los adultos en lo que Hagrid había sacado de la cámara.

Por supuesto, todos se asustan cuando sucede algo así, ante la posibilidad de que Quien-tú-sabes esté detrás de ello.

Harry repasó las noticias en su cabeza. Había comenza do a sentir una punzada de miedo cada vez que mencionaban a Quien-tú-sabes. Suponía que aquello era una parte de en trar en el mundo mágico, pero era mucho más agradable po der decir «Voldemort» sin preocuparse.

¿Cuál es tu equipo de quidditch? —preguntó Ron.

Eh... no conozco ninguno —confesó Harry.

¿Cómo? —Ron pareció atónito—. Oh, ya verás, es el mejor juego del mundo... —Y se dedicó a explicarle todo sobre las cuatro pelotas y las posiciones de los siete jugadores, des cribiendo famosas jugadas que había visto con sus hermanos y la escoba que le gustaría comprar si tuviera el dinero.

- Bien, mi hijo se ha hecho amigo de un fanático del Quidditch.

Le estaba explicando los mejores puntos del juego, cuando otra vez se abrió la puerta del compartimiento, pero esta vez no era Neville, el chico sin sapo, ni Hermione Granger.

Entraron tres muchachos, y Harry reconoció de inme diato al del medio: era el chico pálido de la tienda de túnicas de Madame Malkin. Miraba a Harry con mucho más interés que el que había demostrado en el callejón Diagon.

¿Es verdad? —preguntó—. Por todo el tren están di ciendo que Harry Potter está en este compartimento. Así que eres tú, ¿no?

Sí —respondió Harry. Observó a los otros muchachos. Ambos eran corpulentos y parecían muy vulgares. Situados a ambos lados del chico pálido, parecían guardaespaldas.

Oh, éste es Crabbe y éste Goyle —dijo el muchacho pá lido con despreocupación, al darse cuenta de que Harry los miraba—. Y mi nombre es Malfoy, Draco Malfoy

- confirmado, es un Malfoy.

Ron dejó escapar una débil tos, que podía estar ocultan do una risita. Draco (dragón) Malfoy lo miró.

Te parece que mi nombre es divertido, ¿no?

- Hombre, la verdad… - dijo James

- Es esa manía de los Black de poner nombres de estrellas a sus hijos, supongo que mi prima finalmente se casara con Malfoy y continuara con la tradición.

No necesi to preguntarte quién eres. Mi padre me dijo que todos los Weasley son pelirrojos, con pecas y más hijos que los que pue den mantener.

- Maldito crio – dijeron Sirius y James

Se volvió hacia Harry.

Muy pronto descubrirás que algunas familias de ma gos son mucho mejores que otras, Potter. No querrás hacerte amigo de los de la clase indebida. Yo puedo ayudarte en eso.

Extendió la mano, para estrechar la de Harry; pero Harry no la aceptó.

Creo que puedo darme cuenta solo de cuáles son los in debidos, gracias —dijo con frialdad.

- ¡Bien dicho hijo!

Draco Malfoy no se ruborizó, pero un tono rosado apare ció en sus pálidas mejillas.

Yo tendría cuidado, si fuera tú, Potter —dijo con cal ma—. A menos que seas un poco más amable, vas a ir por el mismo camino que tus padres. Ellos tampoco sabían lo que era bueno para ellos. Tú sigue con gentuza como los Weasley y ese Hagrid y terminarás como ellos.

- ¡Son mucho mejores personas que tu, mocoso! – gritó enfadada Lily

Harry y Ron se levantaron al mismo tiempo. El rostro de Ron estaba tan rojo como su pelo.

Repite eso —dijo.

Oh, vais a pelear con nosotros, ¿eh? —se burló Malfoy.

Si no os vais ahora mismo... —dijo Harry, con más va lor que el que sentía, porque Crabbe y Goyle eran mucho más fuertes que él y Ron.

Lily golpeo a James – eso es culpa tuya, Potter, son tus genes.

Pero nosotros no tenemos ganas de irnos, ¿no es cierto, muchachos? Nos hemos comido todo lo que llevábamos y vo sotros parece que todavía tenéis algo.

Goyle se inclinó para coger una rana de chocolate del lado de Ron. El pelirrojo saltó hacia él, pero antes de que pu diera tocar a Goyle, el muchacho dejó escapar un aullido te rrible.

Scabbers, la rata, colgaba del dedo de Goyle, con los agu dos dientes clavados profundamente en sus nudillos.

El trío dorado, Alex y Orión se miraron incrédulos.

Crabbe y Malfoy retrocedieron mientras Goyle agitaba la mano para desprenderse de la rata, gritando de dolor, hasta que, final mente, Scabbers salió volando, chocó contra la ventanilla y los tres muchachos desaparecieron. Tal vez pensaron que ha bía más ratas entre las golosinas, o quizás oyeron los pasos porque, un segundo más tarde, Hermione Granger volvió a entrar.

¿Qué ha pasado? —preguntó, mirando las golosinas ti radas por el suelo y a Ron que cogía a Scabbers por la cola.

Creo que se ha desmayado —dijo Ron a Harry. Miró más de cerca a la rata—. No, no puedo creerlo, ya se ha vuel to a dormir.

Y era así.

¿Conocías ya a Malfoy?

Harry le explicó el encuentro en el callejón Diagon.

Oí hablar sobre su familia —dijo Ron en tono lúgu bre—. Son algunos de los primeros que volvieron a nuestro lado después de que Quien-tú-sabes desapareció. Dijeron que los habían hechizado.

- Sí, claro – dijo Arthur

- Si eso es cierto entonces yo soy la mano derecha de Voldemort – dijo Sirius, el trío se miró, Sirius había sido acusado de eso en el futuro.

Mi padre no se lo cree. Dice que el padre de Malfoy no necesita una excusa para pasarse al Lado Oscuro. —Se volvió hacia Hermione—. ¿Podemos ayu darte en algo?

Mejor que os apresuréis y os cambiéis de ropa. Acabo de ir a la locomotora, le pregunté al conductor y me dijo que ya casi estamos llegando. No os estaríais peleando, ¿verdad? ¡Os vals a meter en líos antes de que lleguemos!

Scabbers se estuvo peleando, no nosotros —dijo Ron, mirándola con rostro severo—. ¿Te importaría salir para que nos cambiemos?

Muy bien... Vine aquí porque fuera están haciendo chi quilladas y corriendo por los pasillos —dijo Hermione en tono despectivo—. A propósito, ¿te has dado cuenta de que tienes sucia la nariz?

- Pero que tienen todos con mi nariz – preguntó Ron a nadie en concreto.

Ron le lanzó una mirada de furia mientras ella salía. Harry miró por la ventanilla. Estaba oscureciendo. Podía ver montañas y bosques, bajo un cielo de un profundo color púr pura. El tren parecía aminorar la marcha.

Él y Ron se quitaron las camisas y se pusieron las largas túnicas negras. La de Ron era un poco corta para él, y se le podían ver los pantalones de gimnasia.

Una voz retumbó en el tren.

Llegaremos a Hogwarts dentro de cinco minutos. Por favor, dejen su equipaje en el tren, se lo llevarán por separa do al colegio.

- Ya llegan, ya llegan – cantaban Sirius y James emocionados.

El estómago de Harry se retorcía de nervios y Ron, podía verlo, estaba pálido debajo de sus pecas. Llenaron sus bolsi llos con lo que quedaba de las golosinas y se reunieron con el resto del grupo que llenaba los pasillos.

El tren aminoró la marcha, hasta que finalmente se de tuvo. Todos se empujaban para salir al pequeño y oscuro an dén. Harry se estremeció bajo el frío aire de la noche. Enton ces apareció una lámpara moviéndose sobre las cabezas de los alumnos, y Harry oyó una voz conocida:

- Hagrid

¡Primer año! ¡Los de primer año por aquí! ¿Todo bien por ahí, Harry?

La gran cara peluda de Hagrid rebosaba alegría sobre el mar de cabezas.

Venid, seguidme... ¿Hay más de primer año? Mirad bien dónde pisáis. ¡Los de primer año, seguidme!

Resbalando y a tientas, siguieron a Hagrid por lo que pa recía un estrecho sendero. Estaba tan oscuro que Harry pen só que debía de haber árboles muy tupidos a ambos lados. Nadie hablaba mucho. Neville, el chico que había perdido su sapo, lloriqueaba de vez en cuando.

En un segundo, tendréis la primera visión de Hog warts —exclamó Hagrid por encima del hombro—, justo al doblar esta curva.

Se produjo un fuerte ¡ooooooh!

- Es la mejor vista del mundo – dijo Harry la mayoría asintieron.

El sendero estrecho se abría súbitamente al borde de un gran lago negro. En la punta de una alta montaña, al otro lado, con sus ventanas brillando bajo el cielo estrellado, había un impresionante castillo con muchas torres y torrecillas.

¡No más de cuatro por bote! —gritó Hagrid, señalando a una flota de botecitos alineados en el agua, al lado de la ori lla. Harry y Ron subieron a uno, seguidos por Neville y Her mione.

- Bien, todos juntos – dijo Alice, tanto ella como los padres de Hermione tenían la esperanza de que sus hijos hicieran amigos pronto. Por lo menos sabien que sus versiones futuras parecían felices y tenían muchos amigos.

¿Todos habéis subido? —continuó Hagrid, que tenía un bote para él solo—. ¡Venga! ¡ADELANTE!

Y la pequeña flota de botes se movió al mismo tiempo, deslizándose por el lago, que era tan liso como el cristal. To dos estaban en silencio, contemplando el gran castillo que se elevaba sobre sus cabezas mientras se acercaban cada vez más al risco donde se erigía.

¡Bajad las cabezas! —exclamó Hagrid, mientras los primeros botes alcanzaban el peñasco. Todos agacharon la cabeza y los botecitos los llevaron a través de una cortina de hiedra, que escondía una ancha abertura en la parte delante ra del peñasco. Fueron por un túnel oscuro que parecía con ducirlos justo por debajo del castillo, hasta que llegaron a una especie de muelle subterráneo, donde treparon por entre las rocas y los guijarros.

¡Eh, tú, el de allí! ¿Es éste tu sapo? —dijo Hagrid, mientras vigilaba los botes y la gente que bajaba de ellos.

- Por fin alguien encontró al sapo.

¡Trevor! —gritó Neville, muy contento, extendiendo las manos. Luego subieron por un pasadizo en la roca, detrás de la lámpara de Hagrid, saliendo finalmente a un césped suave y húmedo, a la sombra del castillo.

Subieron por unos escalones de piedra y se reunieron ante la gran puerta de roble.

¿Estáis todos aquí? Tú, ¿todavía tienes tu sapo?

Hagrid levantó un gigantesco puño y llamó tres veces a la puerta del castillo.

- Es el final del capítulo – dijo Molly

- Que les parece si hacemos un descanso – propuso Dumbledore.