Mi Rey.
Capítulo ocho: Mi princesita.
Rodeada por dos docenas de guardias reales, Karin no podía contener su sonrisa mientras miraba el paisaje por la ventana del carruaje donde se estaba transportando lejos de Juubantai hacia el reino de Karakura. ¡Iba a volver con su familia! ¡Su bebé crecería rodeado del amor de un abuelo loco pero dedicado y la mejor tía que alguna vez podría haber existido!
Kouzu estaba sentado a su lado retorciendo sus manos con nerviosismo y ansiedad. Aún se reía cada vez que recordaba su reacción cuando le preguntó si quería irse con ella al reino de su padre, casi pareciera que su mandíbula se desencajó.
Aunque… su corazón se estrujaba un poco cada vez que pensaba en la reacción de Rangiku cuando le informó sobre la noticia. Estuvo devastada, habían llorado mucho las dos, pero finalmente su dama entendió que eso era lo que la hacía sentir mejor y la dejó ir, rechazando marcharse junto con ella porque no quería dejar a aquel que consideraba como un hijo, menos ahora que parecía estar enderezando su camino.
La doctora Unohana quiso enviar a Isane para que fuera también y chequeara su estado hasta que el bebé naciera, pero la tranquilizó diciendo que no le sería necesario porque su hermana era especialista en estas cosas y hasta se sentiría celosa si alguien más cuidara de su embarazo quitándole la oportunidad.
Envió una carta a Momo informándole la situación y de inmediato recibió su visita y permaneció todo lo que pudo con ella hasta que se cumplió la semana que necesitaba su hermano menor para terminar los preparativos para devolverla con su padre. Se despidieron entre lágrimas prometiendo visitarse pronto.
Tuvo que batallar una hora para que Matsumoto y Hinamori la soltaran a ella y a su gran barriga de embarazada de cinco meses donde estaba su ansiado nieto y sobrino antes de poder subirse al carruaje. Su futuro ex esposo no fue a despedirla directamente, pero ella lo vio mirándola partir desde uno de los tantos ventanales del palacio.
Las cosas en la guerra se habían volcado más a favor de Karakura, así que ya era seguro trasladarse allí desde que hacía mucho no sufrían ataques enemigos, pero aun así habían insistido en hacerla viajar bien custodiada, también a una velocidad más lenta de lo normal para no provocarle ningún tipo de malestar por su embarazo, por lo que el viaje tardaría unas siete horas de las cuales recién solo llevaban cuatro.
Sacó la cabeza por la ventana del carruaje y agitó una mano hacia el amable soldado que ella misma había seleccionado para que montara a Mei en su trote junto al carruaje, era un chico muy ligero y amable que sabía no representaría ningún problema para la yegua, Yamada Hanataro, recordaba se llamaba.
Volvió a sentarse cómodamente en el carruaje y le dio unas palmaditas reconfortantes a su amigo para que calmara sus nervios, concentrándose luego en acariciar su vientre amorosamente mientras idealizaba su futuro reencuentro con su familia. Sabía que Hitsugaya había enviado un mensajero para avisarles de su pronta llegada puesto que las cartas tardaban demasiado o directamente no llegaban, así que debían estar esperándola.
Casi sin darse cuenta, en la tranquilidad del suave repiqueteo de las ruedas y las aves cantando en la distancia, sus parpados fueron cerrándose más y más hasta que finalmente cayó dormida.
Se despertó al sentir un suave agarre en su hombro junto con una leve sacudida.
-Karin-san.- oyó a Kouzu llamarla. -¡Karin-san, despierta, ya estamos llegando!- se oía emocionado.
Abrió los ojos de golpe y de inmediato se apresuró a sacar la cabeza por la ventana, sonriendo enormemente al encontrarse con los familiares paisajes y la vista de su ciudad a tan solo pocos metros de distancia, más por ya poder vislumbrar desde la lejanía el palacio de colores alegres donde se había criado toda su vida. Estaba en casa.
Solo bastó media hora más para atravesar el pueblo, llamando mucho la atención, por supuesto, antes de que pudieran aparcar el carruaje frente al palacio. Un soldado la ayudó a bajar y entonces ella se topó con los guardias de su propio palacio que ya bien conocía, recibiéndola animadamente.
-¡Bienvenida, princesa! ¡Nos alegra tanto que haya regresado!- lloró el más bobo pero leal de los guardias, Asano Keigo, inclinándose una y otra vez hacia ella. -¡Yo sabía que iba a volver! No podría permanecer mucho tiempo alejada de mí, por supuesto.- se cruzó de brazos con arrogancia.
-Asano-san, esa no es manera de dirigirte a ella, ya sabes.- el otro guardia tenía sus ojos pegados en una hoja mientras hablaba sin dejar de escribir en ella. –Ahora es la reina de Juubantai, podría pedirle a esos guardias que trae con ella que corten tu cabeza.- murmuró viéndose como si realmente no le importara y solo estuviera señalando lo evidente.
-Eh…- Keigo palideció. -¡M-mis disculpas, Hitsugaya-sama! ¡Nos honra con su presencia en este humilde reino!- se inclinó profundamente pero luego se irguió de golpe y le plantó cara al otro. -¡Oye, Mizuiro, tú eres aún más irrespetuoso por no inclinarte ante ella también y prestarle más atención a esa carta! ¡Y se supone que debes llamarme por mi nombre, no así!- lloriqueó.
Karin se largó a reír, encontrando esa absurda situación demasiado entrañable y familiar, algo típico de esos dos amigos de su hermano. Típico de su hogar.
-Como sea, su majestad.- Kojima Mizuiro ignoró a su amigo mientras se inclinaba levemente ante ella. –La princesa Yuzu-sama la espera en sus antiguos aposentos, nos pidió que la escoltemos allí, así que cuando esté lista díganos, llevaremos su equipaje.- tomó dos maletas de inmediato, ignorando las quejas de Keigo por dejarle las otras cinco.
Karin pidió a Hanataro llevar a Mei a los establos del palacio y se despidió de los soldados deseándoles buen viaje de regreso, después se volteó hacia Kouzu y le tendió un brazo para que lo tomara y los dos entraran como iguales a palacio, siendo seguidos de cerca por Keigo y Mizuiro, recibiendo muchas inclinaciones y emocionadas bienvenidas de los sirvientes que estaban felices de que la princesa que la mayoría de ellos había visto crecer esté de vuelta otra vez, y muchas mujeres se acercaron a felicitarla por su embarazo también.
Cuando llegó a su cuarto, soltó a su amigo, pero no tuvo tiempo ni de volver a apreciar la habitación donde se crió porque de inmediato se vio sofocada por un abrazo muy lloroso de su hermana gemela, que la estrujó mucho por unos cuantos minutos antes de caer de rodillas y abrazarse a su estómago hinchado suavemente chillando algo acerca de sobrinos y otra vez ser tía y morir de felicidad, siempre llorando todo el tiempo.
Los hombres se retiraron de la habitación, no sin que antes ella pidiera que llevaran a Kouzu a su nuevo cuarto, y por fin se quedó a solas con Yuzu y lloraron un rato abrazándose y diciendo todo lo que se habían extrañado, aunque ella esperaba que tanta sensibilidad fuera cosa del embarazo.
-¿Y dónde está el viejo, por cierto?- preguntó luego de un tiempo después de secarse las lágrimas.
-Tenía que atender asuntos del reino o la guerra, creo.- suspiró, siendo esto nada nuevo para ellas. Los reyes eran personas muy ocupadas. –Pero prometió volver lo más pronto posible, te ha extrañado incluso más de lo que yo te extrañe.- sonrió y Karin rió nerviosamente, sabiendo muy bien que eso era porque probablemente su padre conocía a Hitsugaya y sabía a qué clase de hombre la había vendido por el bien de su reino.
-También lo he extrañado.- admitió. –Imaginó que quedó muy feliz sabiendo que va a tener otro nieto, y uno que podrá crecer cerca de él, para el caso.- los hijos de su hermano vivían junto con su madre en Seireitei, así que no podían ver mucho a su abuelo.
-Ya está muy feliz solo porque hayas vuelto, había estado muy deprimido cuando te fuiste y más por la época en la que las tropas de Aizen quisieron atacar a nuestra gente. Pero por suerte tu marido envió una excelente ayuda, y dijeron que tú habías tenido que ver en eso, estábamos muy orgullosos de ti.- sonrió emocionada y ella no pudo evitar impresionarse de que en serio le hayan dejado algo de crédito.
-Solo di una idea. Siempre se me han dado bien las tácticas de guerra, lo sabes.- se encogió de hombros, no queriendo hablar ni recordar nada de su esposo, para el caso.
-Bueno, sin duda se te dan mejor de lo que se me dan a mí.- Yuzu rió cantarinamente.
-Sí, pero a ti se te da mejor tratar con niños, así que necesitare mucha de tu ayuda ahora.- se llevó una mano al vientre, sonriendo.
-Hablando de niños…- sus ojos brillaron de una manera que nunca le había visto antes, no solo brillaba, ella resplandecía.
-¿Qué?- estaba curiosa. ¿Por qué estaba tan feliz su amada hermana gemela?
-Tengo a alguien que quiero que conozcas.- la tomó de las manos y comenzó a jalarla fuera de su habitación hacia la suya, que quedaba solo al lado, así que solo bastaron un par de pasos para cruzar de una a la otra. –Bueno, no exactamente a un solo alguien, son dos, pero sé que los amaras.- abrió la puerta del cuarto para ella, que se quedó sin aliento al ver la gran cuna junto a la ventana.
-Yuzu…- volteó incrédula hacia su gemela. -¿Tú…?...- la mayor le impidió seguir hablando tomando una de sus manos con una de las suyas y acercándola más a la cuna en lo que seguía hablándole.
-Antes de que te fueras, yo ya había estado embarazada de dos meses sin saberlo, te escribí cartas pero suponía que no las habías recibido.- sonrió con entusiasmo, dándole un pequeño empujón para que se inclinara sobre la cuna. –Pero no importa, esto es mejor a que te enteres por cartas.-
Miró dentro de la cuna, idiotizándose de inmediato ante la imagen de dos hermosos pequeños bebés de piel pálida, un niño y una niña. El niño tenía el cabello rubio y la miraba con grandes e inocentes ojos oscuros, ¡del mismo color que ella! Y la niña tenía el cabello rojo y los ojos grandes e inocentes de su madre.
-Cielo santo…- se llevó una mano a la boca y miró a su hermana con lágrimas en los ojos. -¿Son tus hijos… mis sobrinos?- la miró como si no lo creyera. Claro que ya había sido tía, pero a una edad muy joven y en definitiva no embarazada e híper-sensible y emocional.
-Habían estado esperando conocerte.- sonrió también a punto de llorar. –Déjame presentártelos.- se volvió hacia sus hermosos bebés. –Él es Yukiteru, Yuki.- acarició con adoración la mejilla de su hijito. –Y ella, es Miyu.- pasó su mano a acariciar la naricita de la niña. –Mis gemelos.- lloró de felicidad ahora tomando sus manos. –Jinta-kun aún no ha podido conocerlos.- sollozó un poco y de repente la sofocó en un gran abrazo. –No tienes idea de cuánta falta me hiciste.- lloró y ella no pudo evitar ponerse a llorar otra vez. –Te necesite mucho… pero me alegra poder estar para ti ahora que tú estás embarazada. Me alegra tanto que hayas regresado.- su voz se quebró y de repente las dos solo pudieron sollozar.
Toda una vida creciendo juntas, estando allí la una para la otra, y de repente tuvieron que separarse en situaciones tan abruptas e injustas… sin siquiera poder escribirse o tener una garantía de volver a verse… fue el infierno para ellas.
Dejaron de llorar al poco tiempo al oír a los bebés reclamar por atención y finalmente dejaron un poco de lado la melancolía para atenderlos y que pudiera conocerse más con ellos, amándolos inmediatamente.
Ambos eran muy alegres y dulces, pero cuando lloraban eran un poco bastante agresivos y pataleaban y les tiraban del pelo a las dos… Hmm, dignos hijos de su padre estúpido.
Hablando de padres estúpidos, pudo volver a ver al suyo a la hora de la cena, y muy a regañadientes dejó que la abrazara y llorara sobre ella por media hora antes de que finalmente se hartara y le diera un puñetazo para que se le quitara de encima cuando empezó a hablar tonterías sobre cargarla sobre sus hombros y llevarla por todo el reino para que admiraran que la princesa barra reina de Juubantai estaba de vuelta y embarazada con su precioso nieto que sería un gran príncipe mucho mejor que su estúpido hijo y un montón de las estupideces que siempre decía y eso.
Pesé a que la molestaba enormemente, también estaba increíblemente feliz de tener que soportar a esa cabra loca de nuevo, había extrañado a su padre idiota y sobreprotector, había extrañado poder sentirse libre de reírse y enojarse cuando quisiera.
Realmente había extrañado a su familia.
Kouzu se llevó increíblemente bien con Yuzu, como ya había predicho. Esos dos eran demasiado parecidos. Su padre también adoró a su amigo, diciendo que era algo así como su "cuarto hijo". En serio, esa cabra estaba demasiado loca, pero lo prefería así. Prefería todo así.
Cuando se fue a dormir a su habitación, la habitación donde había crecido, sintió que todo estaba bien con el mundo… Excepto por el hecho de que extrañaba horriblemente a Rangiku, que se había convertido en algo así como una segunda madre para ella. También, como que se había acostumbrado a los malos chistes de Urahara y su retorcido sentido del humor, la excentricidad y los tés de Tessai.
Las cartas de la princesa… los consejos de Unohana y la servicial timidez de Isane…
…Los ojos turquesas de su esposo mirándola a la distancia…
Gruñó y se maldijo por pensar en él cuando los recuerdos horribles que eso implicaba la invadieron. Solo era la costumbre de casi un año viviendo allí, se decía, y ahora seguro que iba a tener pesadillas solo por dejarse llevar por pensamientos ridículos y terminar pensando en lo que justamente quería olvidar.
Fue una noche larga.
Cuando despertó al día siguiente, tuvo un agradable desayuno con su familia y amigos, y pasó un poco de tiempo con su hermana y los gemelitos antes de que ella los dejara con su niñera y accediera a su invitación para ir a conocer a Mei.
Se sentaron junto a ella en el establo y la acariciaron suavemente mientras conversaban, seguían teniendo mucho por lo cual conversar hasta ponerse al día.
-Así que, el perdedor de tu marido aún no ha podido conocer a su adorable descendencia, ¿eh?- comentó cambiando de tema cuando ella quiso preguntarle cómo había sido su vida en Juubantai siendo la esposa del rey.
-Oh, no. Ya fue bastante que se tomara el lujo de descansar luego de haber sido lesionado en la guerra. Ni siquiera pudo venir a tu boda después de haberse ido solo un mes antes. No puede simplemente abandonar el frente.- suspiró tristemente, viéndose también muy preocupada. –Yo no pido que vuelva más tarde o más temprano. Me basta solo con que se mantenga con vida. Eso sería suficiente.- miró soñadora al cielo.
Ella sin duda amaba a su marido, ellos se amaban… El suyo era… un hermoso matrimonio, digno de envidiarse.
-Yuzu, ¿cómo fue…?... Eh…- no supo completar su propia oración, avergonzada de lo que quería preguntar. Su hermana sonrió alentándola, así que junto valor y decidió simplemente soltarlo. -¿C-cómo fue tu noche de bodas?- inquirió apartando la mirada, sus mejillas color escarlata.
-¡¿Eh?!- ella también se sonrojo mucho. –B-bueno…- se rascó la mejilla tímidamente, pero parecía dispuesta a contestar, así que volteó la vista hacia ella con expectación. –Me gustaría decir que fue súper romántica, y la verdad si lo fue… pero también fue un desastre.- tosió incómodamente. –Ninguno de los dos sabía mucho sobre… ya sabes, hacer el amor.- ¿hacer el amor? Casi se había olvidado de que también se le podía decir así a ese acto. –La verdad me dolió mucho y él fue un poco… brusco.- ja, eso no le sorprendía del bruto de Jinta. –Me lastimo, pero no fue su culpa, yo quise hacerme la fuerte y lo deje hacer.- rió nerviosa, viéndose aún más incómoda. –Pero una vez dejó de doler…- su sonrojo se profundizó. –F-fue muy… placentero, y eso.- ocultó el rostro entre las manos, echando humo por las orejas. -¿Por qué lo preguntas?- de golpe alzó el rostro, aun roja pero mirándola con curiosidad. -¿Cómo fue la noche de bodas para ti?- preguntó y Karin pestañeó, justo antes de dejar salir un enorme torrencial de lágrimas.
Su gemela gritó su nombre y de inmediato la atrapó en un abrazo, ese dulce consuelo solo desencadenando más llanto y violentos sollozos que sacudieron su cuerpo mientras abrazaba desesperadamente a la rubia, dándose cuenta solo en ese momento de lo mucho que había necesitado a su hermana en estos difíciles meses.
Un enorme nudo se instaló en su garganta, pero aun así obligó a los sollozos a retroceder, abrió la boca aunque con algo de dificultad al casi sentirse como si no pudiera respirar, y le contó absolutamente todo a Yuzu.
No omitió nada, lo contó tan detalladamente como lo recordaba, sintiendo a su hermana abrazarla cada vez más y más fuerte a medida que avanzaba en su historia, contándole también sobre los maltratos de la anterior reina de Juubantai hacia su hijo y las excusas que Hitsugaya le había puesto a cada una de sus malas acciones en su contra, haciéndola saber de la mejora de su comportamiento después de que ella cayera de las escaleras, y su incapacidad para perdonarlo y olvidar todo lo que le hizo.
-Lo peor… es que una parte de mí realmente no quiere odiarlo… siente… lástima por él.- frunció el ceño, sus sollozos ahora más calmados. –Pero la otra parte… hace que quiera no volver a tenerlo cerca nunca más… y la verdad… ya no creo tener miedo de él, pero… siento tanta rabia… tanta amargura… y no me gusta, pero tampoco quiero dejar de sentir eso hacia él, porque si no siento eso… ¿entonces qué sentiré?- enterró la cabeza más en el hombro de su hermana. –Estoy llena de resentimiento, Yuzu… y solo lo odio más por hacerme sentir así.-se separó de ella y se secó las lágrimas un poco. –Voy a ser mamá… no quiero estar llena de odio.- frotó su vientre con cariño. –Pero tampoco quiero perdonarlo, nunca.-
Terminó de secar sus lágrimas y se volteó para acariciar a Mei, evitando mirar a la otra humana en el establo, la equina había estado algo triste desde que se fueron del otro palacio, pero se animó más al pasar tiempo juntas, sin embargo era obvio que acababa de romper rotundamente el anterior ambiente de alegría.
-Karin-chan…- susurró la rubia, pero siguió evitando mirarla. –Realmente te admiró mucho, ¿sabes?- bueno, eso la sorprendió, volteó a ver a su hermana de inmediato. –Soportaste tanto por el bien del reino… eres muy fuerte, cualquier otra mujer en tu lugar se habría derrumbado.- volvió a acercarla a ella y tomó los lados de su rostro. –Pero tú no, tú eres mi valiente Karin-chan.- sonrió con ojos llorosos. –Y yo sé… que lograras salir adelante. Tienes que saber lo fuerte que eres, tienes que saber que realmente te estás esforzando, tal vez tú no lo notes, pero yo sí. Tienes todo el derecho a sentir enojo, y todos esos sentimientos malos, es inevitable. Pero ahora ya no tienes nada que temer, y tal vez nunca puedas olvidar… pero no es necesario que perdones nunca a nadie, solo concéntrate en lo bueno.- posó una mano en su vientre. –Concéntrate en tu bebé, solo piensa en él. Te digo por experiencia que cuando nazca a penas tendrás tiempo de recordar tu propio nombre.- rió entre dientes y luego la miró con dulzura. –No tienes nada que reprocharte, serás una buena madre, yo me asegurare de que lo seas.- sonrió guiñándole un ojo.
Y entonces Karin se sintió mucho mejor de lo que se había sentido en mucho tiempo. Se sentía con un peso menos sobre los hombros ahora que le había contado todo a su gemela y sabía que contaba con su apoyo y su amor.
No volvió a pasar insomnio por las noches después de eso. Dormía sin dificultades, sin pensar mucho, ansiando a que el día siguiente llegara, así faltaría cada vez menos para la llegada de su bebé, para tenerlo entre sus brazos finalmente.
Hmm, sería madre a los diecinueve años, que loco, nunca pensó que tendría hijos tan pronto. Hmm… demonios que nunca pensó casarse a los dieciocho… y ni siquiera había celebrado su cumpleaños diecinueve, que no fue mucho antes de enterarse de que estaba embarazada, pero solo lo sabían Rangiku y Kouzu, y su dama solo le había regalado un lindo Kimono y su amigo un pastel de chocolate, pero no hubo ningún tipo de celebración por supuesto.
Su gemela le dijo que fue difícil celebrar su primer cumpleaños separadas, y que su padre había insistido en que hicieran dos pasteles de todos modos y él mismo había soplado las velas del que debería corresponderle. Viejo loco.
Las cosas iban bastante bien. Su embarazo estaba en orden, los síntomas la molestaban, sus antojos molestaban al pobre y servicial Kouzu. Se la pasaba pegada a sus sobrinos y a Mei, podía pasar mucho tiempo con Yuzu. Su padre le comentaba cómo iban las cosas de la guerra, parecían estar acorralando por fin al ejército arrancar de Aizen. Y ella estaba feliz, aunque extrañaba a su casi-suegra y a su casi-cuñada, puesto que ninguna tenía realmente lazos sanguíneos con su esposo, pero seguían siendo su familia, y por consiguiente, familia de ella, y aun cuando finalmente lograra divorciarse del monstruo, las seguiría considerando familia igual.
-Entonces, Karin-san, ¿de qué tienes antojo ahora, eh?- Kouzu suspiró cansinamente a penas la vio llegar sosteniendo su enorme estómago de ahora siete meses con una sonrisa demasiado dulce que pronosticaba que le pediría comida, sin duda. Él se había instalado completamente en la cocina de su palacio, ahora se la pasaba ahí y había hecho varios amigos. –Últimamente quieres algo diferente cada dos días, lo único de lo que estoy seguro es que será algo que tenga chocolate, ¿verdad?- sonrió a sabiendas cuando la vio asentir tímidamente.
-Solo quiero ese postre que sirvieron la semana pasada… se me antojó.- sacó la lengua golpeándose levemente la cabeza.
-Ah, ya. Creo que puedo hacerte uno en veinte minutos, ya te lo llevo a tu habitación, no estés caminando mucho por las escaleras.- argumentó preocupado, y con razón, cuando subía escaleras le daban pequeños mareos, por lo que después de casi caerse su padre ordenó a todos los sirvientes estar atentos a ella cuando la veían cerca de una escalera, las pocas veces que la dejaban fuera de su habitación sola. –Prometo no tardar mucho.- la despidió.
-Llévamelo a los jardines, estaré con Mei.- salió agitando una mano a los otros cocineros.
Fue escaleras abajó, no sin una atenta vigilancia de parte de una chica que estaba limpiando el polvo cerca. Estúpida cabra loca y padre excesivamente sobreprotector… aunque admitía que en cierta medida un poco apreciaba su preocupación, pero estaba bien.
Llegó a los jardines sin mayores problemas y saludó animadamente a su hermana, que estaba allí inclinada sobre la cuna doble de los gemelitos, y jaló una silla para sentarse a su lado y también juguetear con sus sobrinos, acariciando sus cabellos y dejándolos babear sus dedos.
Se moría de ansias de pronto tener a su bebé con ella.
-Oye, Karin-chan, estaba pensando sobre Onii-sama…-
-¿Onii-sama?-
-Ehh… tu esposo, el rey de Juubantai.- aclaró con una sonrisa inocente.
-¡Yuzu! ¡No lo llames así! Sabes que nos vamos a divorciar.- la miró mal. Ese monstruo no merecía ser considerado un hermano mayor para su dulce gemela.
-Lo siento, lo siento.- su sonrisa se tornó nerviosa pero no se fue. –Es la costumbre.- hizo un mohín. -¿Sabes? Cuando lo conocí aquí en el palacio por primera vez… él no me pareció tan malo…- confesó con el ceño fruncido.
-¿Qué? Pero dijiste que te daba miedo.- la miró con una ceja en alto.
-Pues sí, pero… me refiero a que no pensé que él querría hacerte odiarlo tanto. Yo vi…- guardó silencio un momento, como si dudara de decir lo que quería decir, pero no fue por mucho y volvió a hablar pronto. –Yo vi cómo te miró la primera vez en aquella cena… cuando entraste… él pareció completamente deslumbrado, por no decir idiotizado.- apartó la mirada. –Yo siempre he examinado mucho a cualquier posible pretendiente tuyo que se presentara, he visto a decenas de chicos deslumbrados por ti, pero él te miró de una manera que nunca había visto en otro que no fuera Jinta-kun al mirarme, o en Onii-chan al mirar a Rukia-nee-chan… Y fue esa mirada que te dedicó la primera vez que te vio la esperanza a la que yo me aferre para pensar que estarías bien allí. Por un momento pensé… que él se enamoró a primera vista de ti.- suspiró, cruzándose de brazos. –Supongo que estuve mal, mi intuición está fallando. O…- se llevó un dedo a la barbilla. –Tal vez él tiene ese tipo de personalidad, ya sabes… esa donde te han manipulado para ser un tipo de persona que tú no eres en lo absoluto.-
-¿Eh?- pestañeó, sin creer entender lo que estaba tratando de decir.
-Es como si el verdadero tú esté encerrado en una cajita de cristal dentro sin querer salir, asustado y lastimado, dejándole tomar las decisiones a una persona que no eres realmente.- continuó la de ojos mieles. –Pero luego llega otra persona a agrietar esa cajita, destruyendo lo que tú creías era un estado "estable" para no derrumbarte después de que casi te quiebran, así que eso te asusta y tratas de alejar a esa persona, pero irremediablemente tienes que estar cerca de ella de vez en cuando y por eso sigue agrietando la cajita y te asusta y tú haces lo posible para alejarla, haces cosas malas y horribles, sin embargo… no puedes evitarlo, y al final la cajita acaba rompiéndose por completo, dejando tu verdadero tú vulnerable para que el mundo lo vea. Y de repente, esa persona que antes dejabas que te controle, se esfuma. Ya eres consciente de todo el mal que hiciste, y estás agradecido de que la otra persona que rompió la cajita de cristal lo haya hecho, tú la amas, pero te das cuenta de que le hiciste tanto daño tratando de evitarlo, que ahora esa persona ya no soporta estar cerca de ti.- concluyó su larga historia finalmente. –Es… un poco triste.- comentó.
-Yuzu…- Karin la miró con ojos muy amplios. -¿De nuevo has estado leyendo todos esos libros sobre esa nueva ciencia llamada psicología?- la miro con una ceja en alto, a lo que la aludida hizo un mohín.
-Oye, estoy hablando en serio aquí.- le sacó la lengua infantilmente. –De cualquier modo… después de todo lo que me contaste de Onii-sama… perdón, quiero decir, el rey de Juubantai.- se corrigió ante su mirada fulminante. –Estuve pensando mucho en eso, no podía entender su manera de comportarse contigo. Así que idee la "teoría de la caja de cristal", y creo que es bastante acertada. Y si no lo es con él, entonces debe serlo con otras personas. De cualquier manera escribiré un libro sobre eso.- sus ojos castaños brillaron con determinación.
-Sí, aja.- le sobó la cabeza con ternura, sin embargo, pronto su mano se congeló en su lugar y sus ojos una vez más se hallaron sumamente amplios al sentir algo que no había sentido antes. -¡Y-Y-Yuzu! ¡Está pateando! ¡El bebé está pateando!- se llevó las dos manos al vientre para sentirlo mejor.
-¡¿Qué?!- su hermana de inmediato se arrodilló frente a ella, posando sus manos allí también. -¡Oh, lo siento!- sus ojos brillaron.
Claro que desde hacía bastante podía sentir al bebé moverse, pero nunca había pateado directamente de modo que otros pudieran.
Era increíblemente precioso, sentir los piecitos de su hijo contra sus manos, y compartir este momento con su gemela.
"Toshiro, si ya no eres el monstruo que conocí, si realmente rompiste tu caja de cristal, o en tu caso de hielo más bien, entonces… ¿Te gustaría compartir este momento con nosotras… conmigo?"
Después de esas primeras patadas, el bebé no dejó de patearla todo el tiempo, para alegría de todo mundo, que no dejaba de manotear su estómago, queriendo sentir la vida creciendo en su interior. Su padre en especial estaba efusivo con esto, Keigo y Mizuiro tuvieron que arrastrarlo lejos de su cuarto para que vaya a una reunión con el consejo después de que por fin él haya conseguido su permiso para palpar su vientre.
Cumplió ocho meses de embarazo, y un día Kouzu llegó eufórico al jardín donde estaba tomando su desayuno bajo un pequeño techo mirando la nieve de invierno caer suavemente, él sonreía enormemente, viéndose como si pudiera estallar si no le decía lo que tenía que decirle pronto.
-Kouzu, ¿qué pasa?- dejó de atiborrarse de sus chocolates para mirarlo curiosa.
-¡E-es… es…!...- no podía contener su emoción. -¡Es Matsumoto-san y Hinamori-sama! ¡Ellas están en la entrada! ¡Vinieron a visitarte!- prácticamente dio saltitos.
-¡¿Qué?!- sintió sus ojos aguarse y sonrió. -¿Rangiku-san y Momo-san?- dejó su desayuno sin miramientos y se apresuró a la entrada, sosteniendo su espalda con una mano y su gigantesco estómago con otra. Desde hace un tiempo tenía algunas dificultades para caminar, sus pies se habían hinchado y caminaba como pato tambaleándose tanto, pero aun así se negaba a recibir ayuda para eso.
No tuvo que caminar mucho, sin embargo, apenas entró al recibidor las vio, entregando sus maletas a los guardias… o más bien a los pocos guardias que no estaban babeando al ver la belleza de su casi-suegra. A penas la notaron, la boca de las dos cayó y de inmediato corrieron hacia ella.
-¡Karin-chan!- extendió los brazos para abrazarlas, pero ellas cayeron de rodillas y directamente se lanzaron a abrazarse a su vientre, con delicadeza, restregando su mejilla contra la gran barriga.
-¡WAA! ¡Mi sobrino está tan cerca!- lloriqueó la de cabellera castaña oscura.
-¡Finalmente tendré pronto a mi nieto! ¡Pero seré una abuela increíblemente joven, por supuesto!- chilló la de cabellos rubios.
-Wow, yo también las extrañe.- rodó los ojos, pero sonriendo divertida. –Dejen a mi hijo, estoy comenzando a temer que lo convertirán en el niño más malcriado de la existencia. No quiero que me lo echen a perder.- trató de zafarse de ellas, pero entonces el bebé pateó, y ellas chillaron aún más, por lo que supo que su libertad no estaba precisamente cerca de pasar pronto.
-¡Por supuesto que malcriaremos a este niño! ¡No encontraran a uno más mimado en cuanto acabemos con él!- aseguró la mayor, finalmente apartándose de ella pero manteniendo las manos en su estómago.
-Seré la tía más consentidora que pueda haber.- prometió la princesa imitando a la mayor.
-Eso está a discusión, princesa de Juubantai.- argumentó Yuzu haciendo acto de presencia.
-¡Oh! ¿Ella es la otra princesa de Karakura?- Momo se apartó de Karin para acercarse a su gemela. –Los rumores eran ciertos, ambas son muy hermosas.- dio una pequeña reverencia a la rubia, que correspondió el gesto. Ellas eran bastante parecidas. –Es un placer.-
-Lo mismo digo.- se sonrieron. –Así que… vamos a ser las tías…- de repente, rayos salieron de los ojos de ambas.
-¡Yo quiero ser la madrina!- se acercaron a la futura mamá poniendo los dos pares de ojos de cachorritos más letales a los que podría haberse enfrentado.
-Eh…- esto era estar entre la espada y la pared. -¡Oh, hablando de eso, Yuzu!- le dedicó una mirada inquisitiva. -¿Quiénes son las madrinas de tus hijos?- entrecerró los ojos cuando la vio erguirse completamente y sonreír nerviosamente.
-B-bueno… como tú no estabas aquí…- jugueteó nerviosa con sus dedos. –Jinta-kun sugirió en sus cartas a Ururu-chan y yo pensé en Midori-chan, y… eso.- rió nerviosamente otra vez. La pelinegra sofocó una exclamación y de inmediato se volteó hacia la princesa de pelo oscuro con una sonrisa de suficiencia, por lo que la de cabello claro supo de inmediato que iba a hacer. -Karin-chan, no.- se quejó.
-Momo-chan, he decidido que tú puedes ser la madrina.- le sonrió y la aludida de inmediato brincó y chilló de alegría, sacándole luego la lengua a Yuzu, que infló las mejillas y se cruzó de brazos. Todo esto ante las carcajadas de Rangiku.
Se sentía increíble tener a las tres consigo, ahora si podía decirse completa… bueno, faltaba su hermano y su familia, pero hace bastante que se había acostumbrado a no verlos tan seguido, de todos modos.
Su padre estaba muy ocupado ese día, así que cenaron solo ellas cuatro en la mesa, junto con Kouzu y otras personas más que se sentaron más apartados para dejarlos conversar tranquilamente.
Conversaron mucho. Yuzu se llevó extremadamente bien con las dos, ella parecía ser su perfecta combinación, de hecho, pudiendo ser tan dulce e inocente como la princesa de pelo oscuro y tan pícara y manipuladora como la otra rubia.
Kouzu se fue al poco rato, alegando tener cosas que hacer, las otras personas en el comedor también lo abandonaron, y pronto la niñera de los gemelos vino a avisar a la princesa de ojos mieles que sus bebés la extrañaban, por lo que pronto quedaron solo la reina y las dos visitantes.
-… Así que la doctora Unohana-san e Isane-san me mandan esto, ¿eh?- guardó en la manga de su abrigado Kimono la lista de tés y sopas que mandaban las expertas en medicina de Juubantai. –Que consideradas. Note que no se habían quedado muy conformes cuando tuve que quedarme fuera de sus cuidados para estar ahora bajo la tutela de mi hermana.- rió entre dientes. –Pero en fin, Kisuke-san y Tessai-san, ¿cómo están ellos?- preguntó curiosa, puesto que le habían hablado de todos menos de esos dos, y su esposo, pero él no le interesaba.
Las dos compartieron una mirada, como dudando en responder, cosa que la extrañó.
-Bueno, verás, Karin-chan…- la princesa se frotó un brazo nerviosamente. –Eh… ¡Rangiku-san, tú dile!- pasó la pelota sin poder ser capaz de contárselo por su cuenta, a lo que la mujer suspiró y se frotó las sienes.
-Urahara y Tessai-san han regresado a la guerra, Karin-chan.- soltó de una, para su sorpresa.
-¿Eh?- pestañeó confundida. –Pero… ¿no habían dicho que ahora se quedarían al lado del rey para planear y tomar las decisiones tan importantes y decisivas a estas alturas de la guerra?- para ella no tenía sentido.
-Bueno, la cosa es que…- Rangiku suspiró y estiró su mano por la mesa, ya que estaba sentada en frente, para tomar la suya, mientras Momo a su lado la abrazó por los hombros. Ellas estaban actuando como si estuvieran a punto de decir algo que la alteraría mucho, preocupándola enormemente. –El rey fue a la guerra también.- confesó con gran tristeza y preocupación. –Fue a pelear en primera línea a las trincheras.-
¿Qué?
No… eso no tenía sentido. Los reyes debían estar protegidos, ¿qué sería de un reino sin rey? Y esta ni siquiera era la guerra de Juubantai, él no tenía por qué estar tan cerca del peligro arriesgando su vida. No cuando era un rey. ¡No cuando tenía un hijo que conocer! ¡No cuando podía morir!
-Karin-chan, tranquila.- no fue sino hasta que oyó la voz de su cuñada que se dio cuenta de que estaba temblando. –S-seguro que estará bien y podrá conocer a su hijo.- sonrió pero sin parecer muy convencida, ¿ella misma no podía ocultar su propio miedo y preocupación y planeaba tranquilizarla?
Oh, cielos santos, no había considerado esta posibilidad. Si Toshiro había cambiado, entonces en serio quería darle la oportunidad de ser un padre para su hijo, ¿pero que se supone que le diría a su niño si se quedaba sin padre?
-Calma, querida.- sintió la mano de su casi-suegra apretar la suya reconfortantemente. –Le harás mal al bebé.- dijo y eso fue suficiente para devolverle su compostura, ¿por qué demonios la había perdido, en primer lugar? –Sé que el rey sobrevivirá. Está entrenado en todo tipo de artes marciales y todas las doctrinas militares. Y Urahara me prometió que iba a cuidar de él, y puedo asegurarte que aunque sea un charlatán, cuando hace promesas, difícil es que alguien le impida cumplirlas.- aseguró. –Tu hijo tendrá padre.-
Suspiró, más tranquila. Pareciera que Matsumoto siempre sabía que decir, nada mal para una floja borracha.
-Pero no lo entiendo… ¿Por qué quiso ir a la guerra?- no tenía lógica. Era absurdo. Momo se encogió de hombros, viéndose tan confundida como ella se sentía, pero la mayor parecía saber perfectamente la respuesta a esa pregunta. –Rangiku-san…- entrecerró los ojos hacia ella. –Escúpelo. Te lo ordenó como tu reina.- aún no había dejado de serlo.
-Ahh, que reina tan mandona.- hizo un mohín viéndose divertida, pero luego su gesto se enserió. -¿Sinceramente quieres saberlo, su alteza?- indagó con pinta de que ya sabía la respuesta a eso.
No, la verdad no… pero no resistía la curiosidad, una parte de ella necesitaba saberlo.
-Dímelo, por favor.- pidió en un susurro, mientras su mente la regañaba en el interior.
-Bien.- la rubia suspiró. –Él no me lo dijo exactamente, pero yo sé que lo hizo porque ya no soportaba estar en el palacio, no sin su reina ahí.- sonrió condescendiente a su cara de sorpresa, como si ya hubiera sabido que iba a reaccionar así.
-Es un idiota.- bufó.
Momo frunció el ceño y pareció querer contradecirla, pero Rangiku le puso una mano en el hombro y ambas solo se le quedaron viendo desde su sitio sentadas mientras ella se disponía a salir del comedor, pero entonces un mareo la invadió al estar subiendo los dos escalones que daban a la otra habitación, y sin poder evitarlo cayó sentada sobre su trasero, y un horrible dolor la desgarró.
Soltó un gran gritó, y antes de que siquiera se diera cuenta ya tenía a medio palacio rodeándola y llevándola a la enfermería.
Había roto fuente.
No recordaba mucho, todo de lo que fue consciente era de un horrible dolor y de no poder evitar gritar todo el tiempo.
El dolor… era insoportable, pero había una voz, probablemente la de Yuzu, diciéndole que debía soportarlo, diciéndole que pronto tendría a su bebé con ella. Más pronto de lo que pensó, aparentemente, un mes antes.
Siguió recibiendo instrucciones que obedeció casi robóticamente, la mayor parte del tiempo solo pensando en soportar el dolor que, rayos, en serio dolía como el infierno.
Podía escuchar voces familiares. La de su hermana, casi todo el tiempo. La de Rangiku y Momo, las sentía acariciar su cabello. La de Kouzu, oyó como lo corrían de la habitación, eso le arrancó una pequeña sonrisita. Oyó a su padre llegar haciendo un escándalo, también siendo corrido, el viejo loco.
Fueron horas y horas de puro sufrimiento, las palabras de consuelo no hacían nada para disminuirlo, estaba apretando las sábanas entre sus manos, y casi quiso llorar cuando a una estúpida enfermera se le ocurrió preguntar dónde estaba el padre del bebé en camino para apoyar a su esposa sosteniendo su mano en este momento tan importante. Agradeció mucho el que Rangiku la haya echado de la habitación, por bocona.
"Toshiro…"
De repente, el dolor aumentó a límites insospechados.
"Si ya no eres el monstruo que conocí…"
Un potente grito de dolor le desgarró la garganta.
"Si rompiste esa caja de hielo que te aprisionaba…"
Su hermana le dijo que pujara. Aquí viene.
"Entonces…"
Apretó las sabanas en sus manos y las lágrimas se deslizaron incontrolables por su rostro, aunque no precisamente por el dolor.
"¿Te gustaría compartir este momento conmigo?"
Sintió que la partían por la mitad desde adentro. Aquí viene.
"¿Querrías estar aquí para mí, sostener mi mano?"
Un llanto resonó en la habitación.
"¿Habrías querido presenciar el nacimiento de nuestro hijo?"
Se sintió demasiado débil de repente, pero aun así abrió los ojos lo más que pudo y pudo apreciar el momento en el que Yuzu se acercó a ella con un bultito envuelto en mantas, en el que claramente sobresalía una pequeña mata de cabello blanco puro.
-Felicidades, Karin-chan.- alguien la recostó de modo en que su espalda quedara recostada contra las almohadas donde antes había reposado su cabeza, así pudo sostener mejor al bebé cuando lo depositaron en sus brazos. –Es una niña.-
¿Con que una niña, eh?
Se sentía exhausta y débil, pero aun así obligó a sus ojos a permanecer abiertos para apreciar a su hija, la cosita más linda que había visto en el mundo, su hija…
Sonrió, y lloró, apreciando la piel tostada suave y tierna, las mejillas regordetas espolvoreadas de un leve rosa, la naricita tan chiquita y las pestañas espesas y largas adornando sus parpados cerrados que se agitaban furiosamente mientras gimoteaba, hasta que la vio entreabrir uno de sus ojitos, haciendo notar el claro color turquesa de su iris.
Besó suavemente su frente.
-¿Eres idéntica a tu papi, eh?- susurró con ternura solo para que ella la escuche.
-Karin-chan, ¿cómo vas a llamarla?- preguntó Yuzu, siendo la única que no estaba tan idiotizada por el espectáculo de madre e hija conociéndose como para abstenerse de preguntar.
Nombres, no había pensado nombres de niña, debía admitir, una parte de ella había estado convencida de que sería un niño, equivocándose a lo grande, y ahora no tenía idea de cómo llamar a su preciosa hijita.
Sus ojos cansados vagaron por la habitación mientras pensaba, notando entonces un espectáculo muy curioso al mirar la nieve cayendo a través de la ventana, en ella, la escarcha en los bordes había formado un perfecto corazón, pero uno que parecía estar hecho de tres partes, dos partes más unidas mientras que la tercera estaba algo más apartada.
Y entonces se le ocurrió un nombre.
-Shimo.- decidió de inmediato, mirando hacia abajo a la inquieta criaturita que se agitaba ahora con sus ojos muy abiertos mirándola. –Mi princesita Hitsugaya Shimo.-
Continuara...
Holaaa! :D
Muchas gracias por todos sus reviews! TwT Aquí tienen el cap largo y antes de tiempo como premio ;D
Veo que hay cierta división entre ustedes, algunas creen que Toshiro ya podría ser perdonado, otras q tiene q sufrir más, otras q nunca debe ser perdonado, creo que aresuri-cham quiere matarlo o algo así xD Y otras creen que el monstruo aquí soy yo :v XD
Pero bueno, qué les pareció este cap? owo Qué les parecen los gemelos de Jinta y Yuzu? *-* Hace rato q quería presentarlos pero no encontraba oportunidad xP Karin volvió a casa! Qué les parece el cambio de escenario? Opinen, opinen! Me encantan sus reviews largos y cuando me hablan de todo *w*
Y tambien he visto sus teorias xD Ya tengo este fic pensado de pies a cabeza, pero me encanta q armen teorias, y alguna q otra no está tan lejos de lo q realmente va a pasar XP
Bueno, sobre la actualización... sorry pero ahora me voy a concentrar en hacer otro OS antes de traerles la conti de Mi Rey nwnU A menos q me vuelvan a sobrecargar la bandeja de entrada de mi correo con sus reviews XDD En serio, fue muy WOW y muy WTF para mí xD Otra vez gracias! :'D
Dejo de divagar o no subo más el cap xP Los personajes de Tite Troll!
COMENTEN! *o*
CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
