Pasando página de un no muy interesante capítulo, donde más que nada vimos cómo Kouga y Souma fueron víctimas del arduo y pesado entrenamiento de su maestro Geki, ahora es momentode un capítulo centrado en Souma, nuestro pequeño león hiperactivo, desvelando sus razones por las que es un Santo, entre... Otras cosas bastante interesantes, un capítulo que disfruté escribir en general.
Capítulo quince
La cruz del león
Los dos jóvenes estaban tan cansados y hambrientos que apenas pudieron vestirse, casi desfallecen apenas llegan a los pasillos de los dormitorios, respiraban con profundidad constantemente, hasta que por fin pudieron regularse, Kouga parecía el más abatido, mientras Souma, cuando se relajó, esbozó una sonrisa, en ese instante recordó el Pegaso que necesitaba preguntar algo.
- O-Oye Souma… - Dijo Kouga con algo de timidez.
- ¿Hm? ¿Pasa algo? – Como siempre, sonriente y confiado.
- ¿Por qué…? ¿Por qué decidiste volverte Santo?
- Uh… Nunca te conté, ¿cierto? Bueno, es una historia un tantito larga.
- No, está bien, dime.
- Bueno…
Mi padre, Kazuma, era Santo, Santo de Plata de Cruz del Sur, siempre estaba atendiendo a su deber cuando era necesario, pero jamás, ni una vez, dejó de venir por la noche a estar conmigo, a enseñarme sobre los Santos y sus leyendas más increíbles, gracias a él aprendí de los legendarios Santos de Bronce, de los de Plata, y Oro también. Yo veía en él un héroe… Yo quería ser un héroe como él, un héroe que protegiese la justicia, y el bien… Pero hace tiempo, que me olvidé qué es el bien…
Recuerdo que era un día normal, papá ni siquiera tuvo que salir a luchar ese día, pasé todo el tiempo con él trabajando, él luego siempre se reunía con sus amigos, y yo lo acompañaba, en días libres como aquel, jugaban a las cartas, bebían… Era muy divertido pasar el tiempo allí.
Cuando salíamos del bar, íbamos donde… Donde está mamá, mi padre siempre le dejaba una flor de desierto, que solo crecía allí, a ella le encantaban… Después de eso, nos volvíamos a nuestro hogar a cenar. En medio de la cena, papá oyó un ruido fuera, salió rápido, dejándome allí. Lo cierto es que nunca había visto a mi padre pelear, tenía apenas nueve años, como niño tonto que era, lo desobedecí, estaba muy emocionado con verlo con su Cloth puesta, y salí, pero no me vio.
Entonces apareció… Ese demonio enmascarado de armadura negra… No oí bien, pero entendí claramente que venía con intenciones de tomar su vida, mi padre se colocó instantáneamente su Cloth, pero no aceptó la batalla, escuché que le dijo que esto era innecesario, y que en su corazón, esa persona no sentía verdaderos deseos de pelear. En esos momentos, me sentía extraño, ¿por qué no peleaba? ¿Por qué se rehusó a luchar? ¡Era el enemigo! ¡Tenía que atacarlo! Pero… Le dio la espalda… Y… ¡Y…!
- Ya, no es necesario que lo digas. – Notó que el joven estaba a punto de soltar unas lágrimas de sus ojos castaños.
- Aún no lo entiendo, pero… ¡Confío en él! Yo sé que no murió por ser un cobarde, como todos dicen. – Intentó tomar fuerza de su argumento para no echarse al llanto. – Él creía en una justicia, y él murió por esa justicia, yo quiero que todos sepan que su justicia vale la pena… ¡Porque lo vale, lo vale! – Hablaba con la voz algo rasposa, pero eso no le quitaba emotividad y energía a cada una de sus palabras, tomando impulso de esto, se paró, Kouga lo imitó.
- Por supuesto que lo vale Souma, si te ha hecho creer en ella, debe valerla… - Lo reconfortaba, palmeándolo el hombro, el león respondió sonriente, como solía serlo. – Ahora entiendo por qué entrenas tanto, para ser fuerte, como tu papá.
- Sí… Necesito ser fuerte para cumplir mi meta, más fuerte que un simple Santo de Bronce, fuerte como… Fuerte como Ikki.
- ¿Él quién? – Empezaron a caminar, directo hacia sus dormitorios para descansar un poco.
- Mi ídolo entre los Santos de Bronce legendarios, el Santo del Infierno, Ikki de Fénix. – Miró al cielo, como si el ave inmortal estuviese surcando los cielos en ese momento.
- ¿S-Santo del Infierno? Eso no suena muy bien.
- Heh, lo imagino, antes su nombre inspiraba terror, pero ahora es respeto entre todos los Santos, incluso los de Oro, él también usaba técnicas de fuego igual que yo, pero su nivel es algo fuera de este mundo, yo quiero llegar tan lejos como él…
- Oye, ¿y esos dos?
- ¿Hm?
Mientras caminaban notaron la presencia de dos personas encapuchadas en el pasillo, una era alta, y la otra, pequeña como un niño, estaban cubiertos completamente por la capa color blanca, y cubiertas las caras por capuchas.
- Deben ser invitados de la Palestra, no los mires, solo camina.
- De acuerdo… - Kouga tragó saliva, su curiosidad quizás le impidiese cumplir eso.
Continuaron su camino, en cuanto llegaron a estas dos figuras estas no mostraron reacción alguna, lo único que vieron fue el mentón del alto, pálido y parecía de una cara larga, mientras que el otro se notaba que era perteneciente a un niño por lo circular que parecía.
Una vez caminaron un trecho más o menos largo, donde no pudieran oírlos ya, Kouga soltó un suspiro de alivio.
- Creí que algo muy malo iba a pasar… - Dijo algo agitado.
- No te preocupes, vamos, ya estamos en el dormitorio.
- ¡Pero miren, si es Souma! El nenito de papi que no se puede levantar solo por la mañana. – Oyeron, alguien se acercó caminando por atrás, al voltearse, vieron que un chico de la edad de ellos, vestido en uniforme, de piel tostada, ojos oscuros, y cabello largo se acercaba. – Hey, Souma, ¿cómo estuvo el entrenamiento de Geki? ¿Duro, eh? - Continuó con cierta soberbia. - ¿O la vergüenza te hace desesperar por volverte más fuerte? Heh, no me sorprende.
- Ranjeet… - Souma se volteó a mirar al joven, que tenía una pose muy poco respetuosa, con la mano en la cadera, y el pecho en alto. - ¿Qué mierda quieres?
- Oh, así que ahora estás de malas… - Kouga notó ahora que el chico tenía unas trenzas hechas en su cabello con aretes coloridos, el llamado Ranjeet notó el interés de Kouga. – Onhka ki:ken (¿Y este quién es?) – Movió su cabeza señalándolo.
- Sabes que no comprendo tu lengua, Mohawk. – Replicó Souma, enfadado. – Pero si preguntas por él, es Kouga, Santo de Pegaso.
- Eh, ¿intentas ofenderme diciéndome Mohawk? Yo recibo bien ese apodo, Kanien'kehá:ka no me queda, come-carnes suena mucho mejor en mí.
- Me das asco, Ranjeet, ni siquiera tienes el honor para defender tu cultura.
- ¿Llamas a esos indios cultura? No hay duda que eres como tu padre, defensor de los inútiles.
Eso despertó la fiera dentro del muchacho, los ojos quedaron fijos en quien tenía en frente, parecía que sangre brotaría de ellos, estaba paralizado en una pose, dispuesto a saltarle al cuello a Ranjeet, apretó los dientes como signo de furia.
- ¡Basta, Souma, no te pongas así! – Kouga lo tomó por los brazos, sin embargo, Souma poseía fuerza sobrehumana en ese momento, podía lanzarlo al suelo sin problemas, lanzó un cabezazo hacia atrás que debería tumbar al Pegaso en el suelo, sin embargo, este no se dejó caer. - ¡No, Souma, no vale la pena!
- Ya, ya, ustedes sigan jugando a los amiguitos, yo me iré, tengo cosas más importantes… - Dijo un fastidiado Ranjeet que volvió por donde se vino, no sin antes voltearse y darle una mirada de desafío a ambos, ante su salida de escena, Souma se calmó, pestañeó nuevamente, y respiró con tranquilidad, cuando estuvo bajo control y Kouga pudo soltarlo, se sintió triste por un momento.
- Mírame, Kouga… - Comenzó. – Soy una bestia, no puedo resistir nada, no como mi papá, él sí podría aguantar esto… Por más amigable que sea, nadie está a salvo a mi lado, todos corren el riesgo de que los mate a golpes porque soy un loco… - La voz se le resquebrajaba como un cristal.
- Souma. – Replicó Kouga, lo hizo mirar a los ojos. – Yo estoy aquí, ¿te atreves a decir que estás solo de nuevo? Y además, ¿por qué eso te hace mala persona? Quieres y honras a tu papá, te preocupas por mí, de hecho, gracias a ti estoy con vida ahora, eres una buena persona, Souma, por eso… Eres mi amigo. – Con una cándida sonrisa, Kouga le tendió una mano, al verla, su amigo, se sintió ligeramente conmovido, pero también devolvió la sonrisa y estrechó la mano.
- Kouga, me alegra que estés aquí, eres un muy buen amigo… - Las lágrimas que estaban a punto de escurrirse le quedaron dentro de sus ojos. - Ahora, vamos a descansar, en serio, estoy destrozado…
- Sí, vamos.
[…]
- ¿Y quién era?
- Ranjeet, del Oso, la Cloth que antes portaba el maestro Geki.
- Increíble, ¿el maestro fue Santo?
- Sí, una vez luchó contra Seiya, aunque perdió ante la gran potencia de éste.
- Pertenece a la tribu Kanien'kehá:ka, de la costa este de Estados Unidos, pero para abreviar, se dice Mohawk, aunque ese apodo es muy insultante, significa "comecarne", pero como ves, ni siquiera le interesa respetar su propia cultura, quiere cagar más alto que el culo, es un cretino nomás.
- Ya veo… ¿Y qué dice el maestro de él?
- Lo mismo que yo, él lo encontró en la jungla luchando con un oso, fue capaz de matarlo a mano limpia, eso le sirvió de boleto para el entrenamiento, además, juró luchar por Athena, eso es innegable, prácticamente no le presta atención, pues le da un poco de vergüenza que un tipo como él use su Cloth.
- Hm…. ¿Y es fuerte?
- Sí, lo es, no solo de mente, aunque la tenga sucia, también es fuerte físicamente, te dije que mató a un oso, en todo Palestra, es el único que se me puede igualar en fuerza, nunca luchamos pues, según Geki, tardaríamos un mes en salir de un simple agarre, Eden tal vez sería quien nos supere a ambos, aunque creo que ese tipo es un monstruo directamente.
- Ah… Hey, mira lo que hay en nuestra puerta.
- ¿Eh? ¿Qué es esto?
Al llegar a la puerta de su dormitorio, se hallaba enganchado un sobre que seguramente envolvía una carta, el sobre era blanco, Souma lo quitó de allí, y lo abrió rompiendo el sello dorado de Athena, comenzó a leerlo, Kouga lo miraba perplejo, pues no comprendía el idioma que utilizaban.
- Tranquilo, tampoco entiendo todo aquí… Solo sé que dice algo como "Jóvenes Santos, se les encomienda una… Misión, bla bla bla, Athena, de tin marin de don pingüe, fueron elegidos, cucara, macara, viajarán…" ¡Oh!
- ¿Qué, qué dice?
- ¡Dice que viajaremos a España! ¡Genial! – Exclamó emocionado.
- ¡Asombroso, España…! – Kouga imitó a su compañero, pero luego notó que algo no estaba bien. - ¿Qué es España?
- Pues, es un país muy lejano aquí, ¡allá hablan el mismo idioma que yo! Será genial, hace mucho que no hablo con gente en español.
- Increíble, debe ser un lugar muy bonito si tanto te emociona.
- ¡Sí, sí! – Asintió.
- Al fin la leyeron. – Escucharon a lo lejos, reconocieron la voz, eran Yuna y Ryuuhou que se acercaban.
- Hey, hola, Ryuuhou, Yuna, ¿qué tal? – Saludó el león.
- Pues bien, como todos los Santos, recibimos una carta similar para ir en una misión, nosotros iremos a Inglaterra, afortunadamente, yo estoy muy entrenada en inglés.
- Wait, do you live wih… Him? (Espera, tú vives con… ¿Él?) – Souma siguió el juego de Yuna, hablaba un inglés algo burdo.
- No, no, we were… Letter… Two… - Yuna miró hacia arriba, buscando las palabras, pero se enredó al instante. – Digo, no, no vivo con él, solo nos llegó la misma carta y decía que teníamos que encontrarnos para salir de viaje.
- Claro, muy entrenada. – Se burló Souma.
- Pues no miente, Souma, lee perfectamente y entiende todo, solo que le cuesta armar oraciones, es igualmente buena para aprender chino, le he enseñado un poco. – Comentó Ryuuhou, defendiendo a Yuna; en tanto, Kouga estaba silencioso.
- ¿Qué pasa, Kouga? – Preguntó Yuna.
Kouga estaba muy fijado en el nuevo atuendo de Yuna, que en vez de ser el uniforme habitual, estaba vestida con unos cortos color blanco de jean, debajo, una calza del mismo color que llegaba hasta un poco más arriba de sus botas caqui de taco medio. Arriba llevaba puesta una chaqueta ligera, abierta y de color blanco como el resto de la indumentaria, debajo, llevaba una playera de color verde claro. Entre su chaqueta y remera, se dibujaban las alas y el cuerpo de un águila, a la altura del pecho estaban las alas dibujadas en color verde, en la remera estaba el cuerpo, de color blanco; no fue útil su resaltante ClothStone rosada con forma oval en un collar de cuero como para desviar la vista de Kouga de otro lugar.
- Oye. – Dijo Souma, le dio un pequeño golpecito al mentón. – Que ahí no están los ojos. – Empezó a reírse animadamente.
- Eh… Claro. – Kouga se sintió aturdido un segundo por el golpe, por lo que se demoró en seguir, además de que se ruborizó. – Yuna, ¿por qué ahora estás vestida así? Creí que te gustaba el uniforme.
- No en realidad, cuando usaba la máscara, estas ropas quedaban horribles, solo me las ponía en mi habitación, allí paso todo el tiempo, me gustaba verme así, y ahora que dejé mi máscara, preferí vestirme así constantemente.
- Y-Ya veo.
- Noté que no pueden leer bien la carta. – Cambió Ryuuhou de tema. – Seguramente el formato es el mismo, así que debería decirles que la misión se hará mañana y durará solo un día, y tendremos un banquete para esta noche, crearán una sala en medio de los dormitorios, allí cenaremos… - Se paró un segundo y rió. - Bueno, eso no lo decía la carta, nos dijeron por la mañana, también, que los detalles de la misión nos la darán apenas lleguemos al lugar.
- Eh… Ya veo, fabuloso, ¿no, Kouga? – La emoción era clara como el agua en el rostro de Souma.
- C-Claro. – Pero para Kouga, aún se sentía confundido de hace rato.
- Iremos a dormir antes de la cena, nos dijeron que el colchón sería repuesto para ahora, en fin… ¡Nos vemos en la noche, Ryuuhou, Yuna!
- ¿Quieren que los vengamos a despertar si no están una hora antes?
- ¡Claro, eso ayudaría mucho!
- Duerman tranquilos, ¡hasta luego, chicos! – Dijo Yuna mientras se volteaba para irse, la siguió Ryuuhou que los saludaba de igual manera.
- ¡A-Adiós! – Saludó Kouga, con una voz algo rara y forzada.
- Mierda, vivías en serio en una isla, no tienes la más puta idea de cómo hablar con mujeres, es otra cosa que te enseñaré, en España, claro.
- Oh, de acuerdo. – Se le fue la vergüenza una vez con su amigo a solas, entraron al dormitorio, y para su gusto, o quizás no tanto, había un nuevo colchón en medio de la habitación que ocupaba un montón de espacio, el roto había sido removido, sin pensarlo mucho ni quejarse, Souma se tiró a su nueva cama al instante, y Kouga se fue a la suya, esperando poder dormir, sin embargo, tenía mucho de qué pensar en ese momento.
Mientras tanto, algo se acercaba a Palestra, entre nubes de tormenta, una luz cálida rompía y se acercaba, bajando, envuelto en un sigiloso, resplandor… Pero no brillaba con alegría, parecía como si la dama de las flores, Flora, fuese llevada por las manos del violento amo de los vientos, Céfiro, una vez más, a un destino nefasto e infeliz… Los pétalos caían poco a poco como rayos de luz… La tormenta la engullía.
