James y Harry se acercaron a los otros merodeadores que en ese momento estaban peleándose por lo que parecían ser unas ranas de chocolate. James supuso que Canuto había vuelto a quitársela a Lunático. Se sentó junto con Harry en el sofá desde donde Angy veía divertida la pelea entre los Lupin y los Black.
- ¿Qué les pasa? – preguntó Harry, Angy iba a responderle pero parecía que no era capaz de dejar de reír.
- Probablemente Canuto le habrá quitado su chocolate a Lunático – respondió James, encogiéndose de hombros y sonriendo como si viera esas peleas a menudo – lo que no se es que le pasa a ella. – añadió señalando a Angy que seguía riendo.
- Jajaja… me han… jaja… dado con… jajaja… un hechizo – se paró para respirar pero enseguida volvió a reírse – no sé… jiji… no se cual era.
- Yo creo que se quien lo ha lanzado – dijo Harry señalando a Sirius y a Remus, Remus le lanzaba hechizos a Sirius entre carcajada y carcajada, pero cuando Alex le lanzó uno a Sirius dejándole el pelo rosa brillante cayó al suelo y se dejó llevar por la risa. Esto distrajo lo suficiente a Sirius y a Orión, para que Alex le lanzara el hechizo de las piernas locas al otro chico, proclamándose vencedora del duelo.
Los tres espectadores empezaron a aplaudir mientras ella saludaba como en un teatro. En ese momento Sirius contraatacó lanzándole el mismo hechizo con el que había dejado a Lunático rodando por el suelo muerto de risa, pero cometió el error de gritar por lo que a ella le dio tiempo a girarse y lanzar otro hechizo, total que acabaron como Harry y Voldemort: un duelo épico, dos hechizos conectados… Aunque no duró tanto ni aparecieron fantasmas, en cuanto los dos rayos de colores chocaron hubo una pequeña explosión que llenó todo de humo.
El resto de personas que se encontraban allí se acercaron a ver qué pasaba, no les habían hecho mucho caso hasta que lo vieron todo cubierto de humo. Aunque no esperaban encontrar lo que encontraron cuando se dispersó el humo, allí estaban los merodeadores junto con Angy, Harry, Alex y Orión, todos por el suelo y riéndose a más no poder cada uno con el pelo de un color diferente, y Orión y James con extraños espasmos en las piernas.
Esta situación les pareció muy graciosa a los tres niños que se tiraron al suelo con ellos y empezaron a reírse también, Dora incluso cambió el color de su pelo a rosa, parecido al color que tenía su primo en ese momento.
A los adultos les llevó un rato volver a dejarles como estaban antes, o casi porque no pudieron devolverles su color de pelo normal, McGonnagall dijo que tardaría un rato pero volvería solo a la normalidad aunque por la sonrisa cómplice que compartían ella y Dumbledore Sirius tenía sus dudas.
Así que acabaron los ocho sentados en fila cada uno con un color diferente, desde el rosa de Sirius hasta el amarillo de Harry, pasando por el blanco de James, el azul de Alex, el morado de Angy y al final Orión, que tenía una combinación de rojo, naranja y verde que le hacía parecer un semáforo.
- Y si seguimos leyendo – sugirió Lily.
- Yo me muero de hambre – dijeron a la vez Ron y Sirius. Todos les ignoraron.
- Hemos pensado que este sería un buen momento para traer a algunas personas del futuro – dijo Orión – podéis comer mientras vamos a buscarlos – añadió. Todos parecieron contentos con la idea.
- Pero vosotros tenéis que venir con nosotros – dijo Alex señalando a los cuatro niños, que salieron corriendo detrás de ellos.
El resto se quedaron en la sala, mientras los veían irse un elfo les sirvió algo de comer. Cuando Sirius hubo saciado su apetito volvió la curiosidad.
- ¿A quien creéis que han ido a buscar?
- Supongo que a las versiones adultas de los chicos – respondió Remus – sino no les habrían dicho a los niños que tenían que irse.
- Pues espero que les digan a sus madres a donde se los han llevado o les dará un ataque – dijo James mirando a Andrómeda y a Molly.
Los chicos se habían ido a una de las habitaciones que les había proporcionado la sala de los menesteres, en la sala había un sofá y varios sillones, había una pila de libros al lado de uno de los sillones, y una pantalla de plasma, a la que los Weasley se quedaron mirando nunca habían visto una cosa así, en cambio Dora se tumbó en el sofá mirando a la pantalla y preguntó por un bol de palomitas.
- ¿Quién va a ir a buscar a los otros? – le preguntó Orión a Alex en un susurro.
- ¿Qué tal si lo echamos a suertes? – Se lo jugaron a piedra, papel o tijeras.
- ¡Bien, he ganado! – exclamó Alex tirándose en uno de los sillones – te toca ir.
- Serás vaga – refunfuñó el chico, luego pasó su mirada de Dora tirada en el sofá a Alex tirada en un sillón y sonrió – está claro que saliste a tu madre – y se fue riéndose por una puerta que acababa de aparecer. Alex miró a donde estaba Dora, sonrió y le lanzó un cojín a Orión justo cuando salía por la puerta.
- ¿Qué es eso? – preguntó Bill, que no aguantaba más la curiosidad. – es una televisión, un aparato muggle para ver imágenes y videos, como muchas fotos seguidas. – explicó Alex.
- ¿para qué hemos venido aquí? – preguntó esta vez Percy
- Ah sí, vais a tener que quedaros aquí – los cuatro niños empezaron a quejarse a la vez – relajaos, vais a poder seguir leyendo la historia – señaló a la pila de libros.
- ¿Vamos a tener que leer nosotros? – preguntaron con cara de horror Charlie y Dora, está claro que en cuestión de lectura Teddy y ella habían salido a su padre. Alex se quedó pensativa.
- A lo mejor podemos hacerlo de otra forma – y encendió la tele – los libros están basados en los pensamientos de Harry, podemos utilizar la tele como un pensadero y que veáis lo que pasó en vez de leerlo.
Eso les gustó mucho más, enseguida estuvieron todos sentados y hasta hicieron que un elfo domestico les trajera un bol de palomitas a cada uno, porque según Alex y Dora una película no es lo mismo sin palomitas.
- ¿Y por qué hemos tenido que irnos nosotros? – preguntó entonces Charlie
- Porque vamos a traer a vuestras versiones futuras y no podéis estar juntos a menos que queráis volveros locos – explicó la chica – de todas formas esto es mucho mejor ¿no crees?
- Sí, pero nos vamos a perder todas las cosas graciosas que hagan y digan en la sala
- Bueno pues para compensar os voy a contar un secreto, o mejor os lo enseñó – y acto seguido hizo cambiar de color su pelo y sus ojos.
- ¡Guay, eres metamorfomaga como yo! – exclamó Dora – Si, pero no podéis decírselo a nadie, es un secreto.
En ese momento se escuchó un pitido y la pantalla de la televisión se encendió.
- Parece que ya han llegado los del futuro y van a empezar a leer, ¿queréis que empecemos a ver el capitulo? – preguntó, todos asintieron – bien pues me quedaré aquí con vosotros durante este capítulo – y se sentó en el sofá con Dora y Charlie. En la pantalla apareció el título del capítulo:
El sombrero seleccionador.
