Mi Rey.
Capítulo nueve: El fin de la guerra.
Aun después de una semana de nacida su hija, Karin no podía dejar de preguntarse cómo era que alguien tan para-nada-tierna como ella y el monstruo de su marido pudieron haber sido capaces de engendrar una descendencia tan adorable.
La chiquilla prácticamente tenía hipnotizados a todos aquellos que la conocieran, era imposible pasar cerca de ella sin detenerse por un momento de lo que sea que estuvieras haciendo solo para sonreírle a la pequeña princesita, como mínimo.
Según Yuzu, había nacido un poco más pequeña y con menos peso de lo normal, consecuencia de nacer prematura, pero todo lo demás parecía estar en orden, la niña era sana y se comportaba normalmente, y todos la amaban.
Karin la cuidaba con todo el amor que nunca antes le había profesado a nadie, era increíble lo mucho que amaba a ese pequeño ser humano adorable, era un amor completamente diferente a cualquier otro que haya podido sentir. Simplemente le nacía del alma poner a su hija por delante de todo, hacer por ella hasta lo imposible y más, y sentir que todo era mejor ahora que la tenía.
Se sentía completa.
Momo y Rangiku adoraron a Shimo, prácticamente se la comían a besos y la miraban como si fuera lo más lindo del mundo. Ellas realmente estuvieron devastadas cuando tuvieron que marcharse a las dos semanas. Les hubiera gustado quedarse más tiempo, pero ahora que el rey no estaba era el deber de la princesa gobernar y resulta que ahora su ex dama había vuelto a sus labores como consejera real ahora que ya no debía atender a la reina, por lo que el reino las necesitaba a ambas.
Eso la hacía pensar que muy probablemente era más su deber que el de ellas ocuparse del reino, pero como no tenía planeado volver allí para nada más que cortas visitas, entonces eso estaba fuera de discusión, además, tenía que concentrarse en cuidar a su hija. Y… pronto dejaría de ser la reina de Juubantai, de todos modos.
Antes de que su casi-suegra y cuñada se marcharan, ella decidió darles una carta para que se la enviaran a su marido con uno de los mensajeros reales.
La carta era breve, en ella solo le explicaba del nacimiento de su primogénito, que era una niña, y que deseaba que pudiera conocerla pronto, así que tenía que dejar de ser un idiota y abandonar sus deseos de pelear en la guerra para poder conocerla y gobernar adecuadamente el pueblo del que ella era princesa. También le explicó que había decido nombrarla Shimo y que ya tenía su apellido. Se despidió secamente recomendando hacerle caso.
Quería que su hija tuviera un padre, incluso si era él, antepondría las necesidades de su pequeña de estar con su padre aun sobre las suyas de estar lo más lejos posible de él.
Sorpresivamente, un mes después de la partida de Hinamori y Matsumoto, con su hija teniendo un mes y medio de vida, un mensajero llegó al palacio, con una carta del rey de Juubantai para la reina.
Dejó a su bebé al cuidado de Kouzu y se encerró en su habitación para leer la carta lejos de los ojos curiosos de su gemela.
Mi reina,
Me complace saber que nuestra hija nació sana pesé a que prematuramente. Estoy verdaderamente feliz de que tanto tú como ella estén bien. Solo con tu breve descripción sobre Shimo, siento que ya la amo. Gracias por ser tan fuerte y otorgarme el precioso regalo de convertirme en un padre, nunca podría haber soñado con tanto cariño como sueño ahora el conocer a mi descendencia.
Como ha sido una niña, seguramente no tardaran en llegar proposiciones de otros reinos para tratar de desposarla con príncipes o nobles de familias que quieren hacerse con el poder de Juubantai. No te preocupes, ya estoy arreglando los documentos para quitarle al Consejo el poder para comprometerla forzosamente. Las únicas que podrán decidir qué será de su vida, son tú y ella. Aunque probablemente el Consejo pondrá peros, también estoy arreglando los poderes para que Shimo tenga derecho al trono aun sin un marido. Apenas cumpla dieciséis, si yo ya no estoy aquí, ella podrá asumir sin lugar a objeciones. Y aunque tú ya no seas mi reina en esos tiempos, eres la madre de la heredera y siempre serás bien recibida y venerada en Juubantai.
Aunque estaría encantado de complacerte en todo lo que me pidieras, lamentó informarte que continuó y continuare peleando en el frente hasta el fin de la guerra. He logrado salvar incontables vidas con mi participación, estoy bien preparado y tengo experiencia, así que no veo porque no prestar mis servicios por el bien de tu reino y el mío. Si muero, será con honor.
En caso de que no llegue a conocer a Shimo… solo dile que ella es la única cosa buena que he hecho en mi vida.
Te deseó la mayor de las felicidades, mi reina. Ruego todos los días por que puedas tener el sueño tranquilo que desde hace mucho me escasea. Rezó para que las pesadillas no te atormenten por mi causa, sé lo horrible que es despertarse en medio de la noche por un recuerdo en vez de por una fantasía. Ansió que tus sonrisas deslumbren a los afortunados que se hayan ganado el placer de tu compañía. Quiero más que nada en el mundo que tus ojos recuperen ese brillo tan bello que arrebate cruelmente solo por caprichosamente quererlo únicamente para mí.
No te preocupes por mi vida, en serio. Ya conocí lo que es el amor, ya pude pedir perdón a las personas que he lastimado, ya tengo una preciosa hija que inunda mis pensamientos de alegría, y todo eso gracias a ti. Realmente me has dado mucho. Me siento completo, la muerte no sería más que un bienvenido regalo que aceptaría con una sonrisa, la señal de que mi labor en este mundo ya se ha cumplido y finalmente podré pagar adecuadamente por mis pecados.
Desde ahora, me temó que no podré recibir más cartas. Por lo que puede que esto sea lo último que leas de mí. Gracias por tu interés en que pueda conocer a nuestra hija, veo que realmente eres una madre increíble. Nunca podría terminar de agradecerte.
Sé que no tengo derecho a decirte esto… pero te amo.
-Tu rey.
Arrugó la carta en sus manos y frunció el ceño, odiando que sus estúpidos ojos se hayan llenado de estúpidas lágrimas por ese estúpido monstruo… aunque en su corazón sabía que estaba arrepentido, no podía dejar de pensarlo como la causa de sus más amargas pesadillas. Todo lo que lograba con su arrepentimiento era que le diera la oportunidad para conocer a su hija. ¡Y ahora él ni siquiera parecía querer aprovecharla! Solo parecía querer matarse.
¿Qué le diría a Shimo si su padre estúpido realmente conseguía matarse en una guerra que ni siquiera era suya cuando perfectamente pudo haberla dejado para conocerla? ¿Por qué su padre aparte de un monstruo estúpido era un imbécil?
Suspiró. Bueno, de todos modos ya no había nada que pudiera hacer. Intentó disuadirlo enviando su carta y aun así seguía firme en su convicción y ya no recibiría más cartas… Al menos lo intentó, nadie podía decir que no lo hizo.
Más tarde esa noche, mientras trataba de dormir a Shimo, observó con ternura sus ojos de tan enigmático color y acarició con cariño su mejilla, maravillándose con todos y cada uno de sus gestos. Como desearía poder darle todo lo que merecía…
-Tu papi es un imbécil, mi vida…- suspiró tristemente, besando con suavidad su frente.
Su hija la miró con ojos somnolientos y bostezó, derritiendo completamente su corazón de pura ternura. ¿Esta criaturita linda realmente era su hija? Después de todo, parecía que la vida no la trataba tan mal, parecía que todo iba a estar bien. Tenía que aprender a ser más positiva, ahora era una madre y su pequeña era la luz de sus ojos, no todo tenía que ser tan malo, ¿cierto?
A los dos meses de edad de su bebita, su padre le informaba que las cosas en la guerra cada vez se tornaban más y más decisivas para ambos bandos. Ellos estaban ganando en números, desde que también recibían ayuda de Seireitei y de la ciudad de los Vizards, pero el ejército Arrancar de Aizen había aumentado su letalidad y horripilantes métodos de asesinato, y batallones enteros se erradicaban todos los días, de ambos bandos.
Su padre dejó de contarle cosas al respecto cuando ella acabó vomitando del horror cuando le describió las maneras en la que los Arrancar desmembraban a sus soldados como su nuevo método de matanza más utilizado. Eso lo sorprendió tanto a él como a ella, normalmente una cosa así no le afectaría en lo más mínimo, y le hubiera gustado saberlo puesto que tal vez podría haber pensado en una estrategia de contraataque… pero cuando se lo contó… lo único en lo que pudo pensar fue en el padre de su hija en esa situación, y fue demasiado espantoso para tolerarlo.
Ser mamá realmente la había sensibilizado.
Ahora, los colores pasteles como rosa o celeste le parecían sumamente encantadores y adorables, y le encantaba vestir a su hija de esa manera, riendo cuando le ponía esos morritos enojados a modo de expresar su desagrado, pero era tan tierna y linda que no podía hacer nada más que reír y comprender las antiguas manías de su hermana gemela de obligarla a usar ropa que no quería.
También, ahora estaba mucho más interesada en la cocina, quería ser capaz de cocinar deliciosos platillos para su hijita cuando creciera, Kouzu y Yuzu estaban encantados de ser sus maestros, aunque la mayoría del tiempo se distraían intercambiando recetas entre ellos, por lo demás eran buenos enseñándole.
Le hubiera encantado poder intercambiar cartas con Rangiku y Momo, pero en Karakura tenía el mismo problema que en Juubantai con Yuzu. Las cartas no llegaban, y no podían arriesgar la vida de los mensajeros a menos de que sea un asunto urgente.
Lo único que podía hacer era esperar que la guerra acabe pronto.
Había una cuna instalada en su cuarto junto a la cama, pero casi nunca la usaban pesé a que siempre estaba preparada. Le gustaba dormir junto con su hijita, eso mantenía lejos a las pesadillas, y Shimo también disfrutaba de dormir con su madre, lloraba si estaba mucho tiempo lejos de ella, más con el frío de invierno que recién estaba comenzando a irse.
Las pocas veces que Shimo optaba por la cuna y los muchos peluches que su casi-tía y casi-abuela se habían encargado de regalarle antes de marcharse, Karin tenía que lidiar con las pesadillas horribles sin tener el lujo de hacer ningún ruido o movimiento brusco para no asustar a su pequeña al despertar de ellas.
Sus pesadillas seguían siendo a causa de Hitsugaya, pero ahora no era solo por los recuerdos de las atrocidades que le hizo, ahora también no podía evitar soñar con la guerra y con Arrancas matándolo de formas horribles, mientras el llanto de su hija resonaba de fondo… era aterrador.
Luego de esas pesadillas, difícil era que alguien tratara de arrebatarla a su bebé de los brazos, no la soltaba en todo el día.
-¡Karin-chan, buenos días!- la saludó Yuzu animadamente entrando a su habitación.
-Buenos días.- respondió el saludo distraídamente, más concentrada en peinar los pequeños rizos blanquecinos de su hijita. Desde que cumplió tres meses, ya podía atar su cabello en una colita, y aunque nunca fue una gran fan de lo lindo, con su hija no podía resistir la tentación de peinarla de forma delicada porque simplemente era la cosita más linda de la existencia.
-¿De nuevo peinando a Shimo-chan?- su gemela rió al ver la cara de disgusto de la princesita, que no era muy fan de que la peinaran. -¿Si sabes que ella va a odiarte cuando crezca, verdad?- se burló, acariciando con dulzura la barbilla de su sobrinita tratando de calmar su gesto agrio, pero ella solo hizo algo parecido a un bufido que produjo una adorable burbuja de baba. -¡Aww, es tan linda!- chilló.
-Valdrá la pena, solo mírala.- terminó de atar su cabello en una pequeña colita asegurándose de que no le tirara ni un poco y la alzó para que Yuzu contemple su hermoso cabello blanco puro bien peinado hacia atrás con un pequeño mechón sobresaliendo sobre su ojo izquierdo, su colita a un lado de su rostro sujeta con una liga decorada con flores. -¿Cómo esperas que me resista a esto?-
-Tienes razón, la tentación es demasiado grande.- concedió Yuzu sin apartar sus ojos brillantes de la pequeña, totalmente fascinada. –Ella va a odiarnos.- ambas suspiraron tristemente, pero simplemente no se resistían a aprovecharse de lo adorable que era.
-Es una pena que Rangiku-san y Momo-san no estén aquí, sé que amarían verla así.- se le vino el pensamiento a la cabeza.
-Sí, también es una pena que Onii-sama no esté aquí. Seguro estaría mucho más encantado que yo al tener una hija tan hermosa.- sonrió acariciando las mejillitas de la Hitsugaya. –Me puse muy triste cuando me contaste que aún no podría conocer a su princesita. Debe estar tan solo y triste en esas frías tiendas de campaña en las trincheras.- se frotó los brazos como imaginando estar allí.
Frunció el ceño. Pff… ¿Por qué Yuzu tenía esa manía de hacerla pensar en su futuro ex esposo casi todos los días? Parecía hacerlo apropósito para no dejarlo escapar de su mente y atormentarla.
-En fin, Yuzu. ¿Qué quieres ahora? Sé que no fuiste al desayuno por tener que cuidar a Yuki y a Miyu.- y no era costumbre de ella entrar sin tocar a su habitación, eso más bien parecía algo que su antigua dama principal haría. -¿Pasa algo?- aunque su objetivo principal con esa pregunta era cambiar de tema, también tenía curiosidad.
-Ehh… no, no creo.- adoptó un gesto pensativo. –Solo que papá pidió que no faltemos a la cena, porque tiene que hacer un anuncio importante, o algo así.- informó con un dedo en alto. –Y esta vez sonaba a que no era otra de sus bromas y hablaba en serio.- se cruzó de brazos frunciendo el ceño. –Estaba muy raro…-
Ahora amamantando a su hija para que dejara de poner cara de amargada, Karin le acarició el cabello suavemente mientras pensaba en lo dicho por su hermana. ¿El comportamiento de su padre tendría algo que ver con la guerra? Solo esperaba que no fueran noticias sobre como Juubantai se quedaba sin rey y su hija sin papá.
Cuando llegó la cena, el comedor estaba más lleno que de costumbre, con varios guardias como Keigo y Mizuiro sentados en la mesa, y algunos de los nobles que vivían en el palacio también aunque más rezagados.
La reina Hitsugaya llegó al comedor con su princesa y muchos le estuvieron encima por un tiempo para mimar a la linda bebé, hasta que el rey de Karakura por fin se dignó a hacer acto de presencia solo aumentando el clima de ansiedad por su cara raramente seria.
-Viejo, ¿qué demonios está pasando?- preguntó sin importarle ser irrespetuosa con el rey, de todos modos, todos ya conocían el trato que tenía con su padre, el único que se exaltó fue Kouzu, sofocando una exclamación.
-Tengo importantes noticias e iré directo al grano.- ya estaba comenzando a asustar a todos con tanta seriedad. –Estamos ganando la guerra.- anunció y muchos se aliviaron y vitorearon, pero sus hijas notaron que el gesto del rey seguía oscurecido. –Sin embargo…- volvió a hablar, callando a todos de inmediato, él sabía imponer autoridad cuando era necesario. –Aizen ha solicitado una audiencia con todos los reyes que participan en la guerra. Por lo que yo, como rey de Karakura, debo acompañar a los reyes de Juubantai, Seireitei y del pueblo Vizard, Hitsugaya, Kyoraku y Hirako, a enfrentar a ese hombre.- todo mundo guardo silencio, esperando que dijera algo más. –Suponemos que lo más probable es que quiera negociar los términos de su rendición o… tal vez querer solucionar las cosas de otras formas. No lo sabemos… pero prometo tenerlos informados.- suspiró. –Por ahora, debo partir al atardecer, así que tendrán que disfrutar la cena sin mí.- sonrió un poco antes de hacer una seña a los cocineros para que trajeran la comida y retirarse.
Karin frunció el ceño y acarició distraídamente el cabello de su hijita, preocupada por lo que dijo su padre y su expresión tan sombría. Obviamente no lo había dicho todo. Decidió que terminaría de cenar, alimentaría a su hija, a la que le daba hambre cuando la veía comer, y luego iría a encararlo para que hablara. Era su hija y una reina, no podía negarle la información a ella.
Dejó a Shimo con Yuzu y sus primitos y se dirigió a la oficina de su padre, entrando sin siquiera tocar, encontrándolo empacando una espada entre sus cosas. Ambos se congelaron al verse.
-Papá, ¿qué está pasando?- exigió saber con seriedad. –No trates de ocultarme nada. Te conozco, dímelo.- se cruzó de brazos y él suspiró, apartando la mirada. -¿Qué ocultas?-
-No oculto nada, hija, es solo… Solo estoy preocupado por la audiencia que Aizen solicitó. Sé muy bien que ese hombre lo que menos planea es rendirse.- se frotó las sienes.
-¿Y qué es lo que crees que quiere con la audiencia?- inquirió teniendo un horrible presentimiento.
-Hija, no creo…-
-¡Papá, dímelo!- pidió con dureza, pero luego suavizó su mirada. –Ya no soy una niña, soy una madre, y sabes qué es lo que me preocupa y que tengo derecho a saberlo.- lo miró profundamente, arrancándole otro suspiró.
-Lo sé, hija.- apretó los puños. –Es que… antes de intentar invadir Karakura, Aizen ya se había apoderado de una alianza de reinos del otro lado del océano. Todos temían que Karakura solo fuera el primero de muchos reinos que ese malvado esté tratando de dominar, por eso tantos reinos se unieron a ayudarnos luego.- explicó. –Según rumores no confirmados, Aizen logró la derrota de los reinos del otro lado del océano asesinando a todos los reyes uno a uno en duelos justos a espada a los que ellos accedieron confiando en que él no podría con ellos.- tensó su mandíbula. –Sí los rumores son ciertos, entonces es probable que nos desafíe a Kyoraku, Hirako, tu marido y a mí, y en nuestra derrota o victoria pesé el destino de la guerra.- la miró con tristeza y Karin cayó en cuenta de algo.
-Tú y Kyoraku-san son buenos con la espada, pero viejos.- recordó.
-No podríamos contra Aizen.- concedió él bajando la mirada y viéndose aún más apenado al mirarla.
-Shinji-san ya no es tan joven y nunca fue conocido exactamente por su habilidad con la espada.- lo conocía, era amigo de su hermano, y su fuerza provenía de su astucia y su habilidad para engañar a su oponente, pero aun así… eso no bastaría contra Aizen. –Él no podría solo…- entonces…
-Él no podría si es el primero…- murmuró su padre sombríamente.
-El primero de los reyes que tengan que enfrentar a Aizen debe ser el más joven y fuerte.- se llevó una mano al rostro.
-Debe ser el que tenga más posibilidades de ganar.-
-Va a ser Toshiro.- suspiró temblorosamente. –Lo enviaran a morir primero…-
-No, hija, él…-
-¡Van a matarlo y ni siquiera ha conocido a su hija!- estrelló los puños contra la mesa del escritorio. -¿Cómo pueden permitir esto? ¿Cómo puedes? Después de todo lo que ha hecho por ti y por el reino…- tal vez a ella la trató horrible, pero fue un buen aliado.
-Hija, no es algo seguro…-
-Por favor.- se dejó caer desganada en una silla. –Es obvio que Aizen exigirá los duelos. Y es obvio que ustedes enviaran a morir primero al más joven que tiene una bebita de tres meses por conocer, solo con la esperanza de que lo cansé para poder derrotarlo en el próximo duelo.- sabía cómo pensaba la alianza real, y en realidad era lo más sensato, pero aun así… él era el padre de su hija…
-Puede que él lo derrote…-
-Tal vez, pero ni tú ni los otros creen eso.- sonrió con amargura. –Y está bien, porque son los reyes, y tienen que pensar de forma realista por el bien de sus pueblos.- suspiró. –Mira papá, solo estoy enojada y nada de lo que digas cambiara eso.- se llevó las manos al rostro. –Solo ruego que, por favor, si hay algo que puedas hacer para que tu nieta tenga a su padre… hazlo.- suplicó y luego se fue sin esperar respuesta.
Su padre partió al atardecer tal como había dicho, por lo que el reino ahora quedaba a cargo de ella y Yuzu.
La guerra oficialmente había entrado en su fase final, con todos los reyes de la alianza en el campo enemigo.
No podían saber lo que estaba pasando. Era muy riesgoso enviar mensajeros por noticias, pero al menos sabían que si no venía ninguno entonces las cosas seguían estables y su reino con rey. A veces, enviaban soldados heridos que ya no serían capaces de seguir peleando a ser tratados en el palacio, y ellos traían algunas noticias, aunque no fueran de mucha utilidad pero algo era algo.
Los cuatro reyes aún estaban vivos, y los duelos que decidirían el destino de la guerra se realizarían en una semana, tres semanas después de que su padre haya partido.
Y Hitsugaya Toshiro sería el primer rey que enfrentaría a Aizen.
Cuando se enteró, corrió a su cuarto y Yuzu corrió tras ella, abrazándola y diciéndole que estaba bien que llorara, a lo que solo la sacó fuera de su habitación gritándole que nunca lloraría por ese bastardo, solo para luego correr a la cuna donde se había quedado su hijita y abrazarla fuertemente, diciéndole que todo estaría bien y que siempre se tendrían la una a la otra, aguantando las lágrimas. Pero no lloró, no iba a llorar.
Cada día, sosteniendo a su bebé dormida en sus brazos, se sentaba en el balcón de su cuarto, observando el camino por donde se llegaba al palacio, como esperando a que alguna vez llegara un mensajero con la noticia de que su padre o su esposo estaban muertos.
Shimo cumplió cuatro meses, y justo ese día, mientras la veía jugar con sus primitos que la hacían reír agitando los juguetes que tenían para ella, un mensajero llegó corriendo a la sala del trono donde Yuzu estaba discutiendo con un comerciante, viéndose agitado y ansioso.
-¡Mis señoras!- se inclinó ante la princesa y la reina. -¡Traigo noticias del rey! ¡Ganamos, señoras! ¡Ganamos la guerra!- gritó jubiloso.
-¡¿Qué?!- chilló Yuzu, siendo la primera en salir del shock.
-¡Ganamos la guerra!- el mensajero parecía a punto de llorar de emoción. -¡El rey Hitsugaya derrotó a Aizen en el duelo a muerte! ¡Los Arrancar se están retirando! ¡Aizen está muerto! ¡La alianza triunfó!- explicó y eso fue suficiente para que Yuzu chillara de alegría y se lanzara a abrazarla mientras todos los presentes en la sala vitoreaban.
-¡Rápido! ¡Propaguen la noticia!- la princesa se separó de la reina. -¡Ganamos! ¡La guerra acabó!- lágrimas de felicidad escaparon de sus ojos mieles. -¡El rey de Juubantai es nuestro héroe!- de repente, volvió a abrazarla. -¡Onii-sama nos salvó! ¡Tu marido es nuestro salvador, Karin-chan!- lloró y luego volvió a separarse de ella para correr a sus hijos. -¡Pronto conocerán a papá, mis pequeños!- los cargó en brazos llorando y llenándolos de besos.
Karin se quedó paralizada un momento, abrazando a su hijita fuertemente contra ella, antes de tomar una profunda respiración, aliviada de que todo por fin había acabado. Se acercó al mensajero, lamentando interrumpirlo de beber su agua, pero había algo que quería preguntarle.
-Disculpa…- llamó su atención y de inmediato cayó de rodillas.
-¿Qué desea, su alteza? Es un gran honor que la esposa de nuestro salvador me dirija la palabra.- wow, este tipo realmente estaba aliviado por el fin de la guerra.
-Mmm… y-yo solo quería saber cómo está el rey de Juubantai, ¿salió muy herido después del duelo?- no había creído que fuera a ganar, pero ahora que lo hizo, seguro que no habrá salido intacto.
-Uhh…- de repente el tipo se irguió, completamente nervioso, antes de volver a hincarse ante ella. –Tendrá que disculpar mi ignorancia, su majestad. Pero todo lo que sé es que su marido salió victorioso en el duelo, sin embargo nadie me dijo si estaba herido… o vivo o muerto, para el caso… ¡Por favor perdóneme!- se oyó avergonzado, pero ella no le prestó atención a él, ni a las celebraciones por la victoria, ni a su hermana llorando de felicidad, y simplemente fue a encerrarse a su cuarto, abrazando fuertemente a su hija.
El reino entero estuvo de fiesta por días, recibiendo a sus soldados sobrevivientes con grandes banquetes y reconocimiento, el luto por los caídos se hizo con sonrisas tristes, las familias se consolaban con que al menos no habían perdido a sus hijos en vano.
Todo el palacio estaba de fiesta también, Yuzu se encargaba de que todos los soldados fueran condecorados y que todos se enteraran y estuvieran agradecidos con el rey de Juubantai por ser el héroe que ganó la guerra, por lo que, debido a ser su esposa y la reina de dicho reino, y aparte tener a su hija que era la princesa, no podían caminar tranquilas sin que de repente alguien llegara llorando a agradecerle y felicitarla por su increíble marido.
Esto la hacía preguntarse cómo reaccionarían todas esas personas cuando se divorciara, seguro sería interesante ver las caras de la gente cuando dejé de una vez al ahora héroe y pueda dejar de ser reina de Juubantai.
Como todos, estaba agradecida con él por haber derrotado a Aizen, pero aún si hubiera salvado el mundo entero nunca lo perdonaría y mucho menos lo amaría. Pero consideraba que era algo lindo para Shimo, la hija del salvador… a ver qué hereje trataba de meterse con ella cuando creciera.
Su padre y Jinta volvieron al palacio una semana después de haberse declarado ganada la guerra. El viejo estaba en perfecto estado, porque finalmente no había tenido que pelear, mientras que Jinta tenía un brazo roto, pero a Yuzu no pareció importarle porque apenas lo vio se le tiró encima sin consideración alguna, demasiado feliz como para notar sus quejidos de dolor, pero al final el pelirrojo estúpido estaba también demasiado feliz como para quejarse y terminó sonriéndole a su esposa, quitándosela de encima amablemente y preguntando con ojos brillantes por sus hijos.
Fue un espectáculo bastante hermoso, la verdad, incluso con la horrible cara del Hanakari, fue realmente conmovedor verlo llorar de alegría al conocer a sus hijitos de ya un año de edad.
Karin no pudo evitar sonreír así como no pudo evitar sentir una pequeña punzada de envidia al ver esa familia tan feliz y unida.
Dejó que Jinta conociera también a su sobrina, golpeándolo cuando dijo que ella era demasiado linda como para ser su hija en serio.
Aunque luego rió cuando Shimo lloro y le dio manotazos a su tío. No le cayó nada bien.
Una vez terminaron los reencuentros y presentaciones, dejó a Shimo con Kouzu y pidió a hablar a solas con su padre, a lo que fueron a su oficina.
-Ya viste, hija.- su padre sonrió, de nuevo con sus sonrisas idiotas. -¡Tu marido ganó su duelo y nos salvó a todos!- celebró.
-Sí… ¿Cómo está él?- ¿Por qué aún no le había enviado una carta o había venido a conocer a su hija?
-Eh…- el rostro del rey cayó. –Lo siento mucho, hija.- su gesto se oscureció. –Él fue gravemente herido en su duelo contra Aizen… por un momento pareció que iba a perder y morir, pero entonces…- sus ojos se ampliaron, como si aún continuara impresionado con el solo recuerdo. –Entonces él de pronto solo… se levantó… se levantó y enterró la espada en el corazón de Aizen, y luego…- frunció el ceño. –Luego solo volvió a caer.- suspiró. –Y en verdad lo siento, hija, pero Urahara se lo llevó y desde entonces nadie más tuvo noticias sobre él.- la miró tristemente.
-¿O sea que podría estar muerto?- se llevó una mano al pecho.
-Lo siento… pero en verdad no lo sé.- le colocó una mano en el hombro. –Enviare hoy mismo mensajeros a Juubantai para preguntar por su condición.- le aseguró. –Estoy seguro de que todos los reinos quieren saber si está bien.- sonrió con un poco de orgullo. –Tu esposo es un héroe.-
-El padre de mi hija es un héroe.- lo corrigió fríamente. –Esperare por las noticias.- suspiró, retirándose de la oficina a paso rápido.
Al día siguiente, los mensajeros llegaron de vuelta al reino, pero las noticias que dieron solo ayudaron a sorprender y confundir aún más a todos.
-El rey Hitsugaya aún no ha regresado al palacio de Juubantai.- informó uno de los dos mensajeros. –Según nos cuenta la princesa Hinamori Momo, el paradero de Urahara Kisuke es desconocido, y él no ha notificado nada al palacio desde que terminó la guerra. Lo último que supieron del rey, es que se encontraba gravemente herido y su supervivencia no estaba garantizada.-
Apenas el mensajero terminó de hablar, todos los ojos en la sala del trono se dirigieron a la reina, y de inmediato la princesa corrió a abrazarla al notar que temblaba, pero ella se separó y salió de allí directo a la cocina, donde Kouzu tenía a su hija.
Sonrió un poco al verlo hacerle caras tontas a Shimo, arrancándole adorables risitas, pero pronto él la notó y notó su gesto afligido.
-Karin-san, ¿todo está bien? ¿Qué dijeron los mensajeros?- preguntó preocupado.
-El maldito de Kisuke-san…- apretó los puños con rabia. –Está reteniendo a Toshiro en quién sabe dónde sin darnos ninguna información ni siquiera sobre sí está vivo o muerto.- hubiera golpeado algo de no ser porque no quería asustar a su hija.
-Suena a algo que él haría.- murmuró Kouzu sombríamente. –Pero no creo que Hitsugaya-sama esté muerte sí está en manos de Urahara-dono, sé… que él nunca lo dejaría morir.- sonrió algo forzadamente. –O tal vez el rey sí murió y él está buscando la forma de revivirlo o algo así.- se le ocurrió. –Por eso no le dice a nadie y pronto Hitsugaya-sama volverá como un zombi.- se espantó llevándose las manos a las mejillas.
Karin no pudo evitar reír ante las estupideces que decía su mejor amigo y le palmeó la cabeza con cariño.
-Claro, Kouzu, claro.- negó divertida con la cabeza. –Pero confiare en Kisuke-san y sí Toshiro resulta estar muerto entonces me asegurare de matarlo.- frunció el ceño con un aura negra y terrorífica rodeándola, pero esta de inmediato se convirtió en una de flores y corazones al voltear sonriente hacia su hijita. –No te preocupes, mi vida. Pronto conocerás a tu papi, y si no mami matará al tío Kisuke-san para que vaya al infierno y encuentre una manera de traerlo de regreso solo para que pueda matarlo yo misma.- canturreó dulcemente para su bebita, que solo rió sin realmente tener idea de lo que su madre estaba diciendo.
Una gotita resbaló por la nuca de Kouzu mientras veía a madre e hija reír mientras hablaban de futuros asesinatos.
-Estas dos me dan miedo.- lloriqueó.
Pasaron dos semanas más de celebración y luto por el fin de la guerra, y aún seguía sin haber noticias sobre el héroe que la había ganado directamente y había vengado la muerte de cientos de soldados asesinando al responsable directo de todo.
Los mensajeros le habían dicho que Juubantai le enviaría noticias apenas las tuvieran, así que solo podía esperar para saber sobre el padre de su hija. Maldito sea Urahara, él y su estúpida aura de misterio que siempre le gustaba tener.
No quería creer que Toshiro esté muerto, pero… al mismo tiempo sabía que había una gran posibilidad. La medicina había avanzado mucho últimamente, pero dudaba que ya fuera lo suficientemente milagrosa como para salvar a alguien que estuvo tan cerca de la muerte del modo en que su padre había descrito haberlo visto.
Un día, mientras peinaba con cariño el pelo de su hijita en dos colitas, riendo por sus muecas de desagrado, de repente Mizuiro llamó a la puerta de su habitación informándole para su sorpresa que Matsumoto Rangiku estaba allí con él y quería entrar a hablar con ella.
-Adelante, Rangiku-san, pasa.- de inmediato dejó a Shimo en la cuna y se acercó a abrir la puerta de su habitación.
Su ex dama por alguna razón venía encapuchada y con el rímel corrido alrededor de sus ojos, como si hubiera estado llorando todo el camino desde Juubantai hacia Karakura. Esta imagen llenó de miedo su corazón.
-Yo me retiró, majestad.- Mizuiro dio una última inclinación de cabeza antes de retirarse.
-Rangiku-san.- la miró impresionada mientras cerraba la puerta. -¿Qué pasó?- preguntó con miedo, tomando sus manos con las suyas.
-Karin-chan…- susurró con la voz rota, antes de estallar en sollozos y abrazarla fuertemente. -¡Cielo santo, como te echaba de menos, mi niña!- se separó y sonrió levemente, antes de que su gesto volviera a caer a uno sombrío. –Lamento haber venido tan de repente sin anunciarme.- se disculpó y ella solo negó con la cabeza restándole importancia. –Yo… Karin-chan, realmente necesitaba verte.- sollozó otra vez.
-¿Qué pasa? Rangiku-san, tienes que decírmelo.- sus ojos se llenaron de lágrimas, le dolía ver a esa mujer normalmente tan alegre en ese estado.
-Es… es Toshiro…- susurró ella con la voz rota.
-¿Qué pasa con él?- su corazón se aceleró, temiendo lo peor. -¿Acaso…?...- solo se le ocurría una razón por la cual todo esto podría estar pasando, sus lágrimas, sus palabras, su propio mal presentimiento. -¿Acaso Toshiro… está muerto?- susurró y Rangiku solo sollozó, y ella sintió un nudo en su garganta, que solo empeoró cuando oyó el llanto de Shimo. –P-pero…- por primera vez, ignoró un poco el llanto de su hija mientras tomaba a Rangiku de los hombros. -¡¿Pero cómo…?!...- no pudo seguir hablando, su cuerpo temblaba. -¿Cómo…?...- pensó en su carta. –Él…- sus ojos se aguaron.
-No, no, Karin-chan.- finalmente Rangiku limpió sus lágrimas y la tomó de los hombros. –Él no está muerto.- aseguró.
-¿Eh?- se frotó los ojos y miró a la mayor, expectante por una explicación mientras se frotaba los ojos y se volteaba a su hijita, que parecía solo estar llorando por atención esta vez. No debería consentirla tanto, pero igual la cargó en brazos y le frotó la espalda para que dejara de llorar al menos por ahora.
-Hace una semana Urahara lo trajo de regreso al palacio.-
-¿Hace una semana? Pero, ¿por qué no nos avisaron?- frunció el ceño.
-Él ordenó no hacerlo.- suspiró y Karin frunció el ceño, maldiciéndolo.
-¿Por qué hizo algo como eso?- bufó sumamente molesta.
-Tendrías que verlo, Karin-chan.- se sentó en su cama, frotándose las sienes con cansancio. –Él… volvió completamente cambiado después de la guerra.- sus ojos reflejaron pura tristeza.
-No me digas.- rodó los ojos. -¿Con qué versión del rey nos estamos enfrentando ahora? ¿El rey malo o el bueno, el arrepentido o el monstruo?- ironizó insensiblemente.
-Más bien el suicida miserable…- Rangiku le siguió el juego también rodando sus ojos celestes.
-Espera, ¿qué?- ¿suicida?
-Es horrible, Karin-chan.- murmuró seriamente. –Desde que regreso de la guerra… él se encerró en su habitación. Apenas logró que coma y… por las noches… lo oigo gritar de una manera… tan desgarradora y horrible.- cerró los ojos dolorosamente. –Y solo ayer… Urahara apenas y si evitó que él muriera después de haberse cortado la garganta…- lágrimas se deslizaron por sus ojos otra vez.
-¡¿Qué el imbécil hizo QUÉ?!- gritó y Shimo, que acababa de calmarse, volvió a llorar más fuerte en sus brazos. La meció mientras miraba incrédula a la rubia. -¿Por qué demonios hizo algo así?- se horrorizó.
-¡No sé, estoy desesperada porque no quiere hablar conmigo!- sollozó agarrándose la cabeza con las manos. –Urahara dice que solo está deprimido por la condición en la que quedó después de la guerra, pero…-
-¿Qué condición es esa?- inquirió casi asustada de saber.
-Oh, cierto.- dijo como si hubiera olvidado que no lo sabía. –Tessai-san hizo todo por salvarlo, pero finalmente… él perdió la capacidad de caminar después de las lesiones que Aizen le ocasionó.- ¿Qué? –Él quedó paralitico.- suspiró tristemente.
Los ojos oscuros de la pelinegra se abrieron de par en par.
-Eso…- no sabía que decir. –E-es… terrible.- frunció el ceño, abrazando con cariño a su hija, que ahora solo gimoteaba.
-Karin-chan…- la miró con ojos suplicantes. –Estoy desesperada… no sé qué hacer… Mi niño quiere matarse.- sollozó y Karin se sintió a punto de llorar por el enorme dolor que se notaba que estaba sufriendo. –Lo único que se me ocurrió… fue acudir a ti.- juntó las manos, mirándola sumamente apenada pero más desesperada que otra cosa. –Sé que no tengo derecho a pedirte esto, pero por favor…- cayó al suelo y se puso de rodillas ante ella, llorando desconsoladamente. –Por favor, has una visita al palacio y hazlo entrar en razón. Por favor vuelve y has algo.- se abrazó a sus rodillas. –No quiero perder a mi niño.- el llanto a penas la dejaba hablar.
-Rangiku-san…- su corazón se derritió completamente y dejó a Shimo en la cuna. –Levántate, levántate por todos los cielos, no tienes que arrodillarte ante mí.- la tomó suavemente por los hombros y la instó a levantarse. –Voy a volver a Juubantai y trataré de hacer entrar en razón a ese rey idiota. Lo haré por ti.- la abrazó tranquilizadoramente.
-¡Oh, gracias, Karin-chan!- lloró de alegría y alivio. -¡Gracias, gracias!-
Bueno… parecía que ella misma tendría que llevar a su hija con su padre idiota para que lo conociera finalmente.
Continuara...
Holaaa! :D
Aquí el cap, lamento el retraso n.n Espero q les haya gustado y los personajes de Tite Troll Kubo :)
De nuevo, dejare a su criterio la elección de lo q quieran q suba primero:
¿Cap 10 de Mi Rey o nuevo One-shot? Elijan! ;D
Ah, y parece q tengo lectoras nuevas o al menos olvidadizas por aquí xD Pero Shimo ya había aparecido desde hace mucho en mis historias, y si, sé q su nombre es raro, pero a mí me gusta así que lastima :v
Y respondiendo a la pregunta de Laguna Sue, Shimo significa "escarcha", el hermoso rocío congelado q recubre las ventanas o plantas en invierno y q personalmente a mí me encanta *-* Obviamente su nombre se lo puse por Toshi xP
Bien, ahora me voy, no olviden elegir q quieren q suba primero x3
COMENTEN! *o*
CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
