Mi Rey.
Capítulo diez: Difícil decisión.
Karin suspiró pesadamente mientras veía el ya familiar paisaje a través de la ventana del carruaje que la estaba transportando de vuelta a Juubantai, el precioso lugar de donde venían sus pesadillas.
Una vez que Rangiku se calmó lo suficiente para dejar de llorar, la pelinegra la dejó a cargo de Shimo para ir a hablar con su padre y su hermana e informarlos de la situación y que necesitaba viajar al otro reino de inmediato. Ellos se mostraron preocupados y quisieron insistirle en que esperara para viajar mañana, pero aún era muy temprano y ella no quería esperar siquiera un segundo más, por temor a que el idiota que tenía por marido cometiera alguna estupidez. Luego de asegurarles al menos unas mil veces que estaría bien, la dejaron partir en el mismo carruaje donde su ex dama había venido a las pocas horas.
Ahora estaba atardeciendo y estaban a medio camino de llegar a Juubantai. Rangiku estaba sentada a su lado, meciendo a Shimo suavemente, tratando de mantenerla calmada y riendo para no concentrarse en su primera experiencia viajando en carruaje.
Suspiró, preguntándose cuántas veces tendría que estar así desde ahora en adelante por gran parte de su vida, viajando varias horas solo para llevar a su pequeña a ver a su padre idiota al que odiaba.
La verdad, no deseaba que su hija creciera de este modo, dividida entre sus padres, y mayormente lejos del reino que iba a gobernar en cuanto creciera, pero no había otra opción. Se divorciaría de Toshiro y su hija tendría que vivir con ella como era lo correcto. No le gustaba, pero le gustaba menos el tener que ver a su futuro ex esposo algo más que lo absolutamente necesario.
Se llevó una mano a la frente, alterada por la idea de tener que volver a verlo nuevamente, mas era necesario, quería que fuera un padre para su hija, era lo mínimo que su pequeña merecía pesé a cuánto pudiera odiarlo ella, sabía que su hija necesitaba a su padre a su lado, y no pensaba negarle la oportunidad. Por eso estaba tan furiosa de que el bastardo rey monstruo siguiera poniendo más y más excusas para evitar conocer a su hijita, y ahora hasta matarse quería.
Ja, no si ella lo mataba primero.
Miró a las otras ocupantes del carruaje, notando a su bebé plácidamente dormida en brazos de su casi-abuela y sonrió un poco, a lo que Rangiku pareció notar su mirada y volteó sonriente a verla.
-Shimo-chan ha crecido mucho.- comentó en susurros, acariciando con adoración las hebras de cabello blanquecino. –Me… me habría gustado mucho haber estado ahí contigo mientras la criabas.- sonrió nostálgicamente, sus ojos celestes aguados.
-Podrías haber estado allí de haber querido, ya sabes…- le recordó suavemente, a lo que ahora su sonrisa cambió a ser amarga.
-Sabes que no lo dejaría. No es mi hijo biológico pero… tú ya sabes.- suspiró, ahora acariciando las mejillas rosadas de su casi-nieta. –Es mi niño… Y así como yo sé que tú nunca abandonarías a tu hija, yo nunca podría abandonarlo. Ya eres madre, debes entender.-
-Sí… es cierto, lo lamento.- bufó. –Es solo que también te has convertido en algo así como una segunda madre para mí, y sabes lo que pienso de Toshiro así que… es un poco difícil de aceptar, supongo.- apartó su mirada de regreso al paisaje.
-Yo sé, querida.- colocó una mano en su hombro con comprensión. –Sé que es duro… pero yo lidiaré con lo que sea que tú consideres lo mejor, nadie merece más que tú tener el derecho de decidir cómo serán las cosas a partir de ahora.- afirmó seriamente.
Anocheció y Shimo despertó de su siesta, por lo que la tomó en brazos para alimentarla en lo que se adentraban en la colorida ciudad de Juubantai hacia el palacio que contrastaba tanto por su aire lúgubre y moderno, sin dejar de ser hermosamente cautivante.
Cuando finalmente llegaron, unos sirvientes tomaron las maletas que había organizado para que ella y su bebé pasaran de visita unos cuantos días en el palacio de Juubantai. Rangiku le frotó el hombro con cariño al notarla quedársele viendo con seriedad el lugar donde había vivido casi un año entero, y solo suspiró y las tres se adentraron en el palacio de las estatuas draconianas.
Shimo miraba con su boquita y ojos muy abiertos el nuevo lugar oscuro en donde se estaban internando, asombrada pero sin temor.
Era tan adorable… Hitsugaya era un idiota por querer matarse antes de ver a este ángel que era su hijita. Imbécil…
-¡Ah, pero sí es nuestra encantadora reina!- Urahara apareció de la nada extendiendo los brazos con una enorme sonrisa. –Que honor tenerla nuevamente en palacio, majestad.- se inclinó elegantemente hacia ella.
-Kisuke-san.- Karin sonrió y le dio a Matsumoto su hija, acercándose al consejero de guerra y dándole una fuerte bofetada que le volteó el rostro y dejó su mano marcada en su mejilla. -¡Eso fue por hacerte el misterioso sobre la vida del rey cuando terminó la guerra!- sí, no había olvidado eso.
El rubio gimió y acarició su mejilla con ternura, haciendo un pequeño mohín.
-Mis disculpas, mi reina. Pero no era necesaria tanta agresión.- lloriqueó sacando su abanico, para luego cubrir su boca con él y pasar a tener un gesto más serio. –Y si gusta acompañarnos en la cena, me sentiría feliz de explicarle los motivos por los cuales tome tales decisiones.- propuso.
-Bien…- bufó cruzándose de brazos. –Pero más te vale que sean muy buenos motivos.- advirtió aún molesta, pero él tuvo el descaro de ignorarla y se aproximó a la rubia con la albina en brazos.
-¡Oh, con que esta es la pequeña princesita! Que honor conocerla, es una niña muy hermosa, e idéntica al rey, estoy seguro de que él se sentirá muy feliz al conocerla.- observó a la bebé con ojos interesados.
-Tú mejor mantente alejado de esta niña, no confió nada en ti.- Rangiku alejó a la niña fuera del rango de visión del hombre, que la miró con una gotita bajando por su sien.
Tessai llegó, también de la nada, y ofreció escoltarlos hacia el comedor donde ya tenía servida la cena.
Comieron las delicias del hombre grandulón en lo que Urahara explicaba todo el asunto del misterio que adoptó en cuanto al asunto de la herida de Hitsugaya después de derrotar a Aizen y ganar la guerra.
Al parecer, Kisuke había estado seguro de que podría hacerlo recuperarse de su lesión en la cadera que lo había inducido a la parálisis en sus piernas, y había tenido que recurrir a unos métodos no del todo "legales" solo para salvar su vida, y como requería de total discreción y privacidad para tratarlo adecuadamente, tuvo que mantener el secreto de dónde y cómo estaban puesto que sería difícil que dejaran de atosigar a quién era el principal héroe de la guerra.
Y, también, contó luego de que Karin aplicara un poco de presión para que dijera toda la historia, porque el albino había estado consciente casi todo el doloroso proceso de sanación, y había estado de acuerdo con él sobre no divulgar su situación a los demás. Genial, otro motivo por el que tendría que golpear a ese rey estúpido.
Aun cuando el rubio terminó de contar su versión de los hechos, Karin de todos modos lo golpeó, por ser tan idiota para hacer caso en un asunto tan delicado a una orden tan insensible, y que ella como su reina le ordenaba no volver a ocultarle información tan importante o lo mataría.
Una vez la cena terminó, su casi-suegra la llevó hacía una nueva habitación en la que nunca había estado antes, más grande que su antigua habitación designada y ya con una cuna instalada para la princesita.
Durmió a su niña y la dejó en su cuna, dejando a una criada vigilándola en caso de que llorara en lo que se iba con Rangiku a ver a su prontamente ex esposo. Él estaba encerrado en su habitación, aparentemente, y solo dejaba entrar a la enfermera que la doctora Unohana había elegido para él, y todos tenían órdenes de no entrar a su cuarto a menos que les diera la autorización, e incluso dejó fieles guardias a los costados de su puerta para asegurarse de que no tratarían de invadir su espacio personal a la fuerza, que era algo lógico que debía pasar después de su intento de suicidio, el muy idiota… Aun le daba rabia pensar en aquello. ¿Cómo pudo tratar de hacerle eso a su hija? Este tipo era incorregible.
Llegó a la puerta del cuarto que había compartido con él por un tiempo y en situaciones contadas, y les ordenó a los guardias hacerse a un lado para que pudiera hablar con su esposo, y siendo ella la reina claro que no discutieron en absoluto.
Una vez tuvo paso libre a la puerta, se acercó hasta estar justo en frente, y compartió una última mirada con Rangiku antes de tocar.
La respuesta del otro lado llego de inmediato.
-¡Lárguense!- se estremeció al oír su voz tan profunda y grave molesta como en sus peores pesadillas, pero recordó la carita de su hija y tomó una profunda respiración para no dejar que el miedo ganara esta batalla.
Él ya no iba a hacerle nada… no dejaría que le hiciera más nada.
-Toshiro, soy yo.- dijo suavemente y todo fue silencio por un momento antes de que volviera a oírlo a hablar.
-¿Karin?- preguntó en un tono suave como la seda. –Lamento el grito, no sabía que eras tú.- bueno, al menos se disculpaba. -¿Qué haces aquí?- se oyó perdido y confundido.
-Quiero hablar contigo, Toshiro. Déjame entrar, por favor.- pidió llevándose las manos a las caderas repasando mentalmente lo que tenía planeado decirle. –Traigo a nuestra hija conmigo también.- lo dejaría conocerla una vez que prometiera no volver a intentar algo tan estúpido.
Él se mantuvo en silencio por unos minutos.
-Por favor, te lo ruego…- finalmente oyó su voz suplicante. –Vete… váyanse las dos.- Karin retrocedió un paso, sorprendida por sus palabras, y pudo oír a Matsumoto jadear.
-¿Qué?- tenía que estar bromeando. -¿Cómo puedes decir algo así?- frunció el ceño y golpeó la puerta con los puños fuertemente. -¿Qué clase de padre eres tú? ¿Cómo no quieres conocer a tu hija?- lo que le faltaba… -¡Y no me voy a ir hasta que abras la jodida puerta y me escuches, maldición!- perdió un poco los cabales en su furia.
-Váyanse… por favor…- volvió a implorar y Karin crujió los dientes.
-¡Tú nunca cambiaras, infeliz!- pisoteó alejándose del cuarto, siendo seguida casi de inmediato por una llorosa y confusa Rangiku. –Bastardo miserable… ¿Quién se cree que es para hablarme así?- masculló entre dientes.
Vino a ayudar a que no acabe con su estúpida existencia y conociera a su hijita y prácticamente la echaba. ¡Idiota, idiota, idiota!
-Karin-chan.- la rubia de enorme delantera la alcanzó para empezar a caminar a su lado. –Lamento eso, querida… Él no había dejado entrar a nadie que no sea la enfermera a su habitación, no pensé… Es decir, yo… creí que contigo sería diferente.- suspiró.
-No importa.- bufó, calmando un poco su temperamento al ver la preocupación maternal brillando claramente en sus ojos celestes. –Tienes un par de días para convencerlo de hablar conmigo, supongo. Aun quiero que Shimo lo conozca, si no ya lo habría matado yo misma.- gruñó. –Pero como tú, soy una madre ante todo, así que le daré otras oportunidades, al menos hasta que se acabe el tiempo de visita que había calculado tener aquí.- se encogió de hombros tratando de aparentar indiferencia.
-Bien…- suspiró aliviada. –Muchas gracias, querida.- le sonrió.
-Solo ten en claro que esto lo hago por ti y por mi hija.- suspiró y volvió a la habitación donde dejó a su bebé dormida. Dejó a la criada que la había cuidado marchar y la tomó en brazos, cuidando no despertarla. –Lo siento, mi vida… Tu papi es realmente un gran imbécil y tendrás que esperar un poco para conocerlo… solo esperó que cuando eso pase no te contagié lo bobo que puede llegar a ser.- bufó y besó suavemente su cabecita.
Durmió inquieta esa noche, levantándose cada tanto para ver a su pequeña dormir y pasearse por el cuarto nerviosa con estar de nuevo en aquel palacio que tantos recuerdos le traía, temerosa de que si dormía de más las más horribles pesadillas la atormentaran. Solo pudo caer en un sueño profundo cerca del alba, y no pasó mucho hasta que de todas formas despertó por el llanto de su bebé.
Fue a desayunar llevando a Shimo en brazos, ya luego preguntaría que decisión había tomado Toshiro respecto a hablar con ella, pero por ahora tenía hambre y luego de verla comer su hija iba a tener hambre también.
En cuanto llegó al comedor, vio a cuatro personas ya instaladas allí. Urahara y Tessai, y Rangiku junto a un raro y espeluznante tipo de ojos rasgados y sonrisa siniestra, que agrandó su sonrisa al voltear a verlas. Ella retrocedió un paso y su hija lloró.
-¿Con que ellas son nuestras preciosas reina y heredera al trono, eh?- habló el tipo escalofriante entreabriendo levemente sus ojos dejando apreciar sus ojos celestes. –El rey es sin duda un hombre afortunado.- su sonrisa era zorruna, pero divertida y sincera.
No detecto ningún toque de maldad o peligro real en su tono, solo bastante picardía y un tinte burlón, y también se dio cuenta del modo en el que él y su ex dama sostenían sus manos. ¿Él era su esposo? Wow, no creía que tuviera gustos tan… peculiares. El tipo era guapo y todo, pero seguía siendo escalofriante.
-¡Karin-chan, buenos días!- Matsumoto la saludó animadamente. –Déjame presentarte a mi esposo, Ichimaru Gin.- sonrió con ojos llenos de amor hacia el tipo, que no cambió su expresión en lo más mínimo pero aun así ella pudo notar como sujetaba más fuerte su mano en la suya. –Ignora su pinta de rarito, él ha sido así siempre.- le guiñó un ojo y Gin hizo un mohín bastante infantil.
Se sentó lentamente y con duda en la mesa frente al tipo espeluznante, tratando de calmar el llanto de su hijita que volteaba el rostro para no ver al tipo que daba miedo.
-Umm… es un placer, Gin-san.- asintió levemente con la cabeza. –Lamento que Shimo no piense lo mismo.- rió nerviosa palmeando la espalda de la pequeña llorosa. –Supongo que le das un poco de… extrañeza…- trató de no mirarlo como quien mira a un bicho raro, pero su sonrisa escalofriante no estaba ayudándola mucho.
-Oh, no se preocupe, majestad.- de pronto, su sonrisa se suavizo, dándole una apariencia mucho menos desagradable que incluso la hizo entender que vio una mujer tan hermosa como Rangiku en él. –Es un placer finalmente conocer a la mujer que trajo a nuestro Shiro-chan devuelta.- uso el apodo que a veces se le escapaba a Momo usar, con burla pero un cariño bien oculto. –Y a su encantadora descendencia, por supuesto.- entreabrió los ojos para ver mejor a la chiquita llorosa. -¿Te importaría dejarme cargarla?- pidió.
-Eh… no creo que eso sea buena idea.- Shimo solía ser agradable con todos, pero él realmente parecía asustarla mucho.
-Oh, vamos, dame una oportunidad.- hizo un mohín cual niño pequeño. –Solo un minuto, luego si quieres puedes quitármela.-
-Mmm…- iba a negarse, pero vio la ilusión en el rostro de Rangiku, y suspiró. –E-está bien…- con algo de duda, se inclinó un poco por sobre la mesa para entregarle a la niña, que chilló cuando se quedó en los brazos del desconocido, a lo que tuvo que resistir el impulso de tomarla de regreso.
-Aww, no seas tan dramática, Shimo-chan.- Rangiku puso la cara delante de su casi-nieta. –Este hombre tan feo es el esposo de tu hermosa y joven casi-abuela. Y veras que te caerá súper en cuanto lo conozcas.- hizo cosquillitas en la barbilla de la pequeña, logrando arrancarle una risita que paró sus lágrimas, pero aun así continuó mirando seria a Ichimaru.
-Oww, a los niños nunca les caigo bien.- gimoteó Gin. –Incluso tu padre me odiaba cuando era pequeño.- miró con sus ojos celestes entrecerrados a Shimo e hizo una mueca ridícula. –Y creo que aún hoy en día me odia.- le ofreció una sonrisa mucho menos aterradora y ella lo miró curiosa. –Shimo-chan, ¿eh? Tan joven y ya tengo una casi-nieta, ojala no nos llevemos como me llevo con tu padre.- sacó la lengua y finalmente la princesita rió.
La reina suspiró aliviada. Al final se habían llevado bien. Solo era cosa de no juzgar a este tipo por su apariencia por más espeluznante que fuera, por algo la mujer que era como una segunda madre para ella lo quería, después de todo.
El desayuno fue bastante ameno, era imposible no estar alegre cerca de aquel peculiar matrimonio que se notaba a leguas que se amaba con locura. Nunca creyó ver el día en que Rangiku se ruborizaría y se comportaría como adolescente estúpidamente enamorada, regañando las travesuras y los comentarios de su esposo como si ella no hiciera cosas iguales o peores, y como si no se riera por lo bajo cada vez que lo hacía.
La verdad… los envidiaba un poco. A ella le hubiera gustado experimentar un amor así, un matrimonio tan lindo… pero en cambio estaba atrapada con Hitsugaya en un matrimonio que pronto terminaría y con una hija seguramente sufriendo de por medio.
Era curioso, el hecho de que para Gin y Rangiku Momo y Toshiro fueran algo así como lo más parecido que tenían a hijos, y por ende Shimo a una nieta, y este tipo espeluznante pero simpático algo así como su casi-suegro pesé a que aparentemente no se llevaba bien con Toshiro y… en fin, esto era todo un enredo en su mente. Pero le gustaba que su hija tuviera muchos familiares de buen corazón con quienes crecer, y que se notaba que la adoraban y la veían como quién había rescatado a su "Shiro-chan" de perderse a sí mismo.
Todo esto la hacía pensar que en realidad no sería tan malo visitar más seguido Juubantai.
Hasta… hasta se le había pasado por la cabeza que volver a vivir allí podría ser algo bueno, pero descartó la idea de inmediato.
Al atardecer, luego de dejar que Shimo se conociera un poco con su casi-abuelo, Rangiku y ella volvieron frente a la puerta del rey, esta vez llevando a la bebé también.
Los guardias se apartaron del camino apenas vieron que era la reina, y tocó la puerta con suavidad.
-¿Quién es?- lo oyó preguntar en tono esperanzado.
-Soy yo, Toshiro.- suspiró. –Y traigo a nuestra hija, así que por favor, abre la puerta para que puedas conocerla. ¿No era eso lo que soñabas con tanto cariño?- pensó en su carta, no la había olvidado… a veces, en secreto le gustaba releerla, tal vez para descifrar sí lo que decía eran mentiras… o sí eran verdades.
-Lo siento.- percibió en su disculpa amortiguada por la gruesa puerta un tono ahogado y quebrado, como si las palabras lo estuvieran estrangulando al brotar de su garganta. –Pero por favor, te pido que te vayas, y te lleves a quien hayas traído contigo.- de nuevo las estaba prácticamente echando.
-Escucha…- apretó la mandíbula rogando por paciencia. –Tenemos una hija, y hay que hablar al respecto. ¿Crees que quiero verte? ¿Crees que quiero hablarte?- frunció el ceño. –No sé qué diablos esté pasando por esa mente desequilibrada tuya, pero soy la madre de tu hija, tu descendencia, tu heredera, y merezco una explicación, como mínimo.- pisoteó y esperó una respuesta.
-Disculpa… perdóname, por favor. Pero debo pedirte que te vayas. Vete y llévatela.- repitió y ella solo se contuvo de gritar porque tenía a su pequeña en brazos.
-Esto es lo único que te faltaba.- su frustración era palpable. –Nunca voy a entenderte.- abrazó a su hijita fuertemente y comenzó a retirarse. -¡Sigue así y veras lo bien que yo seguiré tus deseos, mi rey!- escupió, advirtiéndole no solo a él, sino que también a Rangiku, que estaba a un pelo de perder la paciencia e irse y no volver.
A medio camino de llegar a su habitación, una chica se interpuso en su camino. Era una joven bonita de complexión menuda poco menor que ella, de cabello marrón chocolate y ojos rasgados del celeste más claro que había visto, incluso más claros que los de su ex dama. Tenía una expresión angustiada en su rostro aniñado.
-Su alteza.- se inclinó, apretando con fuerza los bordes de su Kimono rosado y floreado. –D-disculpe que la moleste, pero…- sacó de su manga una llave. –Esta me la dio la doctora Unohana-sama para abrir la puerta de la habitación del rey.- se la tendió, sin erguirse. –Soy la enfermera de Hitsugaya-sama y la única autorizada a entrar a su habitación por él mismo, y aunque sé que el rey se enojara conmigo por esto, yo…- la miró por un segundo, antes de volver a bajar la cabeza avergonzada. –Quisiera darle la llave si usted quiere, para que hable con su marido y haga lo que consideré lo mejor, majestad.-
Karin miró a la joven con ojos amplios.
-Eres muy valiente.- sonrió levemente a la joven, que se sonrojó. –Pero me temó que rechazare tan valerosa oferta.- suspiró. La chica alzó la vista, pareciendo un cachorrito adorable al mirarla con los ojos muy abiertos.
-¿Eh? pero…- obviamente no se había estado esperando que la rechazase. -Creí que quería hablar con el rey.- parecía muy confundida.
-Lo que yo quiero es que me escuche.- suspiró por enésima vez en ese día. –Y eso no lo lograre forzándolo. Agradezco tu valentía, pero dejaré en las manos del rey si va a hablar conmigo o no.- la chica bajó la cabeza. -¿Cómo te llamas? Y no es necesario que te sigas inclinando, ya sabes.- sonrió divertida.
-Eh… Kyoshi Nikita.- dio un último arco antes de mantenerse erguida en sus dos pies. –P-puede llamarme Niki si quiere, todos lo hacen.- se frotó el brazo, avergonzada.
-Niki.- sonrió, pero luego se puso seria. –Quería preguntarte, ¿el rey te ha dicho algo sobre lo que está pasando últimamente, o tú lo has percibido? ¿No tienes nada que explique su comportamiento?- es que realmente no lo comprendía.
-No, nada muy concreto, pero…- apartó la mirada, pensativa. –A veces, él…- dudo en hablar, pero hizo un gesto para que continuara sin miedo. –Bueno, es que a veces…- bajó los ojos. –Tiene unas pesadillas… que realmente se ven horribles.- su mirada irradiaba preocupación. –A veces, parece atormentado por el nombre de ese malvado Aizen… y otras veces, por su nombre, mi reina.- suspiró.
Karin frunció el ceño, pero vio a su hija chuparse el pulgar somnolientamente mientras apoyaba su cabecita en su hombro y su gesto se suavizó.
-De acuerdo… Gracias por decírmelo.- inclinó su cabeza hacia ella en modo de agradecimiento. –Buenas noches.- siguió su camino a su habitación, dejando a Shimo en su cuna antes de lanzarse de cara contra su almohada y gruñir de molestia.
¿Así que ahora ella lo atormentaba a él? ¿Cuándo se habían invertido los jodidos papeles? Los dos le jodían la vida al otro, ¿esto era un maldito círculo vicioso o qué? Pues de ser así, solo esperaba que su hija no se viera arrastrada a la misma vida miserable que sus dos padres tenían que sufrir.
Todo esto realmente la estaba desgastando mentalmente, si Toshiro no accedía a hablar con ella, no estaba segura de cuánto aguantaría antes de largarse y llevarse a su hija para nunca regresar pesé a cuanto pudiera llorar su casi-suegra. Le estaba dando la oportunidad a su casi-hijo idiota y él la desperdiciaba. Al menos ella lo estaba intentando.
Pero maldito sea Hitsugaya. ¿Por qué siempre tenía un problema? Que su actitud, que sus traumas, que sus celos, que la cajita de hielo, que su arrepentimiento, que la guerra, que Aizen, ¡y ahora esto! ¿Qué nunca tenía un descanso el pobre diablo? Ni ella tampoco, desde que era su esposa… sin contar los momentos donde estaba con su hija, por supuesto.
Estos iban a ser unos largos días…
A la mañana siguiente, notó a Rangiku muy nerviosa y cabizbaja en el desayuno, solo sonriéndole apenas a su esposo escalofriante, pero por lo demás seria y pensativa como pocas veces. Hubiera indagado en el asunto, pero justo en ese momento un guardia anunció la presencia de la princesa Hinamori Momo en el palacio.
Casi corrió a recibirla, y solo casi porque traía a su hija en brazos y a ella no le gustaba ni que caminara rápido cuando la tenía encima. Pero estaba muy emocionada porque su cuñada volviera a ver a su sobrina, sabía que estaría ansiosa por volver a verla.
-¡Ah, Karin-chan!- gritó Momo apenas entró al recibidor, corriendo hacia ella.
-Momo-san.- extendió su brazo libre para abrazarla, pero ella la ignoró por completo y le quitó a su hija de los brazos.
-¡Shimo-chan!- chilló alegremente abrazando a su sobrina y llenándola de besos. -¡Estas tan grande!- vio las lágrimas en las comisuras de sus ojos. -¡Realmente me moría por verte de nuevo!- la acarició con ternura y la chiquita solo pestañeó.
-Cuánto tiempo, Momo-san.- se acercó de brazos cruzados, riendo en voz baja. –Ehh… ¿Quieres devolverme a mi hija?- alzó una ceja con diversión.
-Nop.- negó de una. –Tú la tienes todo el tiempo, ahora la secuestraré.- rió lindamente acariciando la naricita de la chiquita con la suya, haciéndola reír de manera preciosa.
-Ladrona de hijas.- la regañó y ambas rieron en lo que la arrastraba a su habitación para charlar, ordenándole a una criada que fuera a buscar a Matsumoto y le indicará que fuera a su habitación para unirse a su conversación si no estaba ocupada.
Izuru también había venido, pero se quedó hablando con Gin, al parecer ellos eran muy buenos amigos de la época en la que él estuvo en el ejército bajo el mando de Ichimaru antes de sufrir una lesión leve pero que lo dejó imposibilitado de seguir en combate.
Se pusieron al día con conversaciones alegres en lo que mimaban a Shimo, hasta que finalmente hasta ella se hartó de tantos mimos y besos excesivamente azucarados y exigió que la alimentara. Solo cuando la dejó en su cuna, ya dormida, fue cuando su conversación con su cuñada se tornó más seria.
Ella le contó cómo habían estado las cosas en palacio mientras ella gobernaba, y la manera en la que su hermano prácticamente la echó del palacio en cuanto regresó al insistirle para que fuera a conocer a su hija o que al menos le escribiera. Bastardo.
Rangiku llegó al poco rato, aún con su expresión seria.
-Momo-chan.- le sonrió a su casi-hija. –Me alegra que hayas podido venir, realmente necesitó tu ayuda.- suspiró y Karin la miró confundida. –Yo llame a Momo-chan, es mi última esperanza para convencer al rey de hablar contigo.- explicó frotándose las sienes.
-Oh.- solo pudo decir.
-No creo que me escuche.- pequeñas lagrimitas se deslizaron de sus ojos y la pelinegra no pudo hacer más que maldecir al albino por tener el cariño de tantas mujeres buenas y hacerlas sufrir tanto. –Creí que las cosas finalmente podrían solucionarse… Pero ahora está casi peor que antes.- sollozó. –Yo… ¿tal vez hice algo malo?- se oyó perdida y desolada.
-No digas eso, Momo-san.- la regañó suavemente, abrazándola. –Él solo es un bastardo egoísta.- gruñó con rencor.
Hinamori hizo una mueca, pero no dijo nada. Karin sabía que a ella no le gustaba que insulte a su hermano, pero no podía evitarlo. En especial cuando el imbécil la hacía llorar.
Para colmo de los colmos, justo cuando finalmente la princesa estuvo a punto de calmar su llanto, el llanto de la princesita llenó la habitación y la reina gimió llevándose una mano a la frente, aunque al menos eso hizo sonreír a las mujeres mayores.
Horas después, justo luego de terminar la cena, Momo y Rangiku fueron a hablar con el rey. Y la ex Kurosaki no pudo evitar seguirlas, aprovechando que Gin e Izuru se habían ofrecido como los secuestradores de Shimo en el momento justo.
Ellas llegaron frente a la puerta del héroe de guerra y los guardias se apartaron por orden de la princesa, mientras que ella se ocultaba en el rincón del pasillo que doblaba a la izquierda justo en frente.
Momo golpeó suavemente la puerta.
-¿Karin?- se estremeció al oírlo decir su nombre, pero luego se concentró solo en no revelar su presencia a las mujeres, porque estaba segura de que los guardias la habían notado pero por supuesto que no dirían nada.
-Soy yo, Shiro-chan.- informó su hermana-en-ley, apoyando sus manos en la puerta.
-Vete, Hinamori.- la decepción en su voz era palpable.
-¡Tienes que escucharla! ¡Sí no vas a escucharme a mí al menos escúchala a ella!- saltó Rangiku como si ya no soportara callarse más.
-Ya hablamos de esto, Matsumoto.- su voz era fría y cortante. –Tome mi decisión. Acéptalo.-
-¡No voy a aceptar que arruines tu vida! ¡Ella es lo mejor que te ha pasado! ¡Simplemente no entiendo porque quieres dejarla ir después de todo lo que lloraste cuando se marchó! ¡Y ahora la traje de vuelta y te portas de esta forma! ¡No te entiendo!- ¿lloró? ¿Por qué eso era lo que más le llamó la atención de todo lo que dijo?
-Te dije que no quería que volvieras a hablar de eso.- sonó a la defensiva. –No tienes derecho a hablarme de esa forma. No eres mi madre, eres una simple consejera que ni para eso sirve.-
Rangiku retrocedió como si la hubiera golpeado, con los ojos abiertos y heridos, y Karin hubiera saltado en su defensa de no ser porque Momo se adelantó.
-¡No le hables así, bastardo hijo de puta!- la boca de todos cayó ante el fuerte insulto que había dicho la supuestamente dulce princesa, hasta le pareció oír una exclamación ahogada del otro lado de la puerta. -¡Sí, eso eres! ¡Eso es lo que quieres ser! ¡Quieres pensarte a ti mismo como el hijo de una mujer horrible cuando siempre hemos tenido a Rangiku-san e Ichimaru-san dándonos el cariño puro que todo huérfano miserable como nosotros desea tener!- lágrimas se deslizaban furiosamente por sus ojos. Al parecer Toshiro había terminado por contarle todo lo que había pasado con la anterior reina. -¡Si vas a insultar a alguien, que sea a esa mujer mala que solo fingía querernos! ¡No a nuestra verdadera madre de corazón que por alguna razón siempre quiso a niños callejeros piojosos como nosotros!- sollozó. -¡¿Crees que eres la única víctima aquí?! ¡Ella también me odiaba! ¡No tienes idea de las cosas que me decía!- se abrazó a sí misma y la mayor de inmediato se lanzó a abrazarla. -¡Para ti todo solo se trata sobre una sola cosa! ¡Tú, tú y tú! ¡Egoísta, egoísta!- se soltó del abrazo de su definitivamente-madre y se largó corriendo.
-¡¿Ves lo que provocas?!- Rangiku se quedó mirando a la puerta, como esperando algo. –Y ni siquiera así tienes las agallas de salir…- suspiró. –Olvídalo. Te mereces que Karin-chan se vaya y no regresé… Solo lamento que Shimo-chan tenga un padre tan egoísta.-
Sin más, Rangiku se fue siguiendo el camino por el que Momo se había ido.
Ella se quedó ahí parada, asimilando todo lo que acababa oír, hasta que de pronto sintió una mano en su hombro y volteó sorprendiéndose de encontrarse a Gin con su hija dormida en brazos. Él le dio a la niña y luego se fue derecho a la puerta del rey. Al ser el general, los soldados volvieron a apartarse.
-Yo sé por qué haces lo que haces, Shiro-chan.- Gin fue directo al punto al llegar frente a la puerta, su sonrisa un poco más espeluznantes que de costumbre. –Y sabes que ellas tienen razón, estás siendo egoísta.-
-Lo sé…- sorprendentemente, Toshiro contestó, pesé a que ella pensó que no lo haría luego de tanto silencio de su parte.
-¿De qué tienes tanto miedo, niño? Tu padre no crió a un cobarde.- ahora frunció el ceño, cualquier rastro de su sonrisa ido. –Tu esposa acaba de irse, por cierto…- mintió de un modo muy convincente. –Y dijo que jamás regresaría.-
-Bien… eso es lo que quería…- su voz salió temblorosa y quebrada.
-Mientes, dime la verdad. ¿Qué es lo que querías realmente? Yo ya lo sé, porque te conozco, niño, pero quiero saber si al menos tienes las agallas para admitirlo en voz alta.- desafió.
-Yo…- su voz salió estrangulada, y de repente le pareció oír un sollozo. –Yo no quería verlas…-
-¿Por qué?- ahora el tono del mayor era un poco menos duro.
-¡Porque no lo soportaría!- exclamó fuertemente, como si hubiera tenido que arrancárselo del alma para admitirlo. –Karin iba a volver aquí… paseándose por mi vida haciendo todo más brillante y a la vez matándome con sus palabras y su desprecio… e iba a traer a mi hija… a la que yo amaría y sin la que no soportaría vivir… Y luego ellas se iban a volver a ir y… ¿Cómo esperas que viva con eso? No soy tan masoquista… yo… no puedo soportar amarlas tanto y no tenerlas a mi lado… No quiero vivir así… solo pudiendo respirar libremente las contadas ocasiones en las que pueda tenerlas cerca… No quiero obligar a Karin a tener que soportarme, y mi hija merece algo mejor que yo… un inútil que no puede caminar, un hombre incompleto… una basura inservible que solo trajo sufrimiento a la mujer que le dio la vida… No puedo soportarlo, Ichimaru… no soy tan fuerte…- su voz se fue haciendo más baja y más baja, y tuvo que acercarse más para oírlo correctamente, ya sin importarle esconderse.
-Entiendo.- Gin junto las manos, muy serio. –Haber perdido la capacidad de caminar te afectó más de lo que quieres demostrar… y eso es normal. Pero lo estás afrontando de manera incorrecta, de una manera que lastima a las personas que te quieren o te necesitan.- torció los labios. –Pero lo que tú deberías hacer es levantar tus manos al cielo y dar gracias de que tu esposa aún se moleste en hablarte después de todo lo que le hiciste, y sí, Ran-chan me lo conto.- frunció el ceño. –Quiero que algo te quede muy claro, niño. Tú perdiste tu título de hombre en el momento en el que le hiciste daño a tu esposa, a ninguna mujer hay que lastimarla, ni siquiera un rasguño.- declaró con ferocidad pero aun así extrañamente tranquilo. –Eres una basura desde el instante en el que la lastimaste, pero aun sirves, mientras te quede un brazo y en él un solo dedo, aun sirves. Sirves para luchar y emplear cada segundo de lo que quede de ti en hacer lo posible por facilitar la vida de tu esposa, una vida que estuviste a punto de arruinar. No tienes derecho a tener el deseo egoísta de tomar ninguna decisión sobre la vida de tu mujer y tu hija, con suerte ella es una madre increíble y te está dando la oportunidad de no fallar como padre, porque como hombre y como esposo, hace mucho que fallaste.- suspiró. –De todos modos… mentí, tu esposa aún no se fue.- ante eso, oyó algo volcarse del otro lado de la puerta. –Solo… piensa en lo que te dije.- sin más se retiró, dándole una última inclinación de cabeza.
Tipo curioso, este Ichimaru Gin.
Volvió a su habitación y dejó a su hija en su cuna, contemplándola pensativa. ¿Qué debería hacer?... La decisión era plenamente de ella, nadie más tenía derecho a poner un pero en lo que decidiera, todos sabían cómo fue su matrimonio, sin embargo… ella los tenía en cuenta.
¿Qué era lo mejor para los demás? Para su familia allá en Karakura, para Rangiku y Momo que tanto sufrían, para Juubantai, que con su rey tan deprimido probablemente necesitara de su reina… para ella… y lo más importante, para Shimo.
Estuvo considerando pros y contras toda la noche hasta que llego el día siguiente, y finalmente, había tomado una difícil decisión. Pero le pareció lo mejor para la mayoría, y principalmente para su hijita… a pesar de que no le parecía en lo absoluto lo mejor para ella misma. Pero lo dijo y lo repetiría cuantas veces fuera necesario, siempre antepondría las necesidades de su hija.
Se dirigió hacia la puerta de su esposo poco después de la cena, tocándola suavemente con una mano mientras que empleaba la otra mano, o el brazo más bien, para sostener a su bebé.
-¿Quién es?- lo oyó preguntar desganado y tomó una profunda respiración para infundirse valor.
-Tu reina.- contestó tratando de sonar despreocupada.
Él guardo silencio por largo rato.
-¿Qué quieres?- indagó con voz temblorosa y baja, tratando de disimular pero sin mucho éxito.
-Quiero hablar y que conozcas a tu hija.- dijo simplemente.
-Karin…- oyó su suspiro. –Ha-hay algo que necesito decirte… yo…-
-Ya lo sé.- lo frenó. –Escuche lo que dijiste ayer… todo…-
Aún más silencio.
-¿Me odias aún más?- se notó desolado, pero ella no sintió ningún tipo de empatía.
-Sí, en realidad.- se encogió de hombros con sinceridad.
-… Ya veo…- sonaba a punto de quebrarse, pero no podría haberle importado menos. -¿Vienes a anunciarme que te marchas para nunca más volver?-
-No.- suspiró. –Estuve pensando y… yo… en realidad no quiero que Shimo crezca lejos de su padre.- suspiró. Sintió el sonido morir del otro lado de la puerta. –He… he decidido quedarme en Juubantai, las dos nos quedaremos a vivir aquí. Quiero que crezca en el pueblo que va a gobernar y que tú la prepares y la ames, y estés allí cuando te necesite.- apretó los ojos con fuerza, decir esto la estaba golpeando con fuerza. –Te quiero en su vida, Toshiro.- esto era lo mejor para todos, menos para ella.
-¿Y qué pasara con tu vida?- su pregunta la tomó con la guardia baja. –Tú me odias… ¿estás… dispuesta a tolerar vivir cerca de mí… solo para que yo pueda ver más a nuestra hija por mis deseos egoístas?-
-Sí.- declaró con firmeza. –Por mi hija, yo lo hago todo.- eso quería dejarlo bien claro. –No me interesan mis sentimientos, ni los tuyos, solo quiero que asumas tus responsabilidades, y te esfuerces por ser el padre que ella merece.- aspiró aire. –Abre la puerta, Toshiro.- pidió, y esperó.
Oyó movimiento en la habitación, y en solo pocos minutos la puerta se estaba abriendo frente a ella y su hija, y por primera vez en meses, volvió a ver a su rey.
Estaba completamente demacrado, con ojeras, los ojos rojos e hinchados, el cabello revuelto y los labios lastimados como si se los hubiera estado mordiendo casi al punto de querer arrancárselos. Tenía una capa de vendas rodeándole el cuello, y estaba sentado en una gran y obvia silla con dos grandes y obvias ruedas.
La miraba con sus odiosos ojos vulnerables, en un primer momento, solo se le quedó viendo a ella, pero luego, poco a poco, sus ojos turquesas se fueron deslizando a la pequeña criatura en sus brazos y se ampliaron comenzando a brillar de una manera que nunca le había visto antes y que no podía nombrar.
-Mi… ¿mi hija?- miró con ojos aguados a la niñita curiosa que lo miraba chupándose un dedo. –Shi-Shimo…- extendió los brazos hacia ella en un gesto que casi parecía inconsciente por el modo en que luego los retiró de inmediato, pero Karin negó con la cabeza, y colocó cuidadosamente a la bebé en sus brazos, lanzándole una mirada tranquilizadora.
Él estaba temblando, tratando de controlarse para no espantar a su hija desde su primer encuentro ya. Ella lo supervisó, indicándole cuál era la forma correcta de cargarla y acariciando el cabello de su hijita para mantenerla tranquila en lo que se adaptaba a ese torpe padre primerizo.
Algo en el fondo de lo que quedaba de su corazón que no le pertenecía exclusivamente a Shimo se enterneció ante la imagen.
Era… algo lindo, ver a Hitsugaya cargando a su mini copia exacta, con lágrimas en los ojos susurrándole palabras que no alcanzaba a oír pero se notaban reflexivas, seguramente para hacer recapacitarse a sí mismo.
Su hijita… bueno, ella era linda en cualquier momento, pero por alguna razón parecía inusualmente más encantadora de lo normal en brazos de su padre, mirándolo con sus ojos del mismo color grandes e inocentes.
En realidad… tal vez pudiera acostumbrase a esto… en una pequeña medida, aunque sea.
Con su hijita con ella, no todo podía ser tan malo. Incluso con Hitsugaya Toshiro cerca.
Continuara...
Lamento la tardanza, lo hubiera subido más temprano pero por mi casa la maldita luz se está cortando demasiado o3o
Oficialmente me muero de sueño :'v Así q los personajes de Tite!
No olviden pasar a dejar su Like en mi pag de Facebook, allí subo material secreto ;D Okno xP Pero si cosas que tendrán q esperar pero yo ya tengo un Lemon ahi, así q si les interesa... Hay cosas q si les interesaran, lo aseguro xD
Qué les pareció el cap? owo
Bueno, Karin oficialmente volvera al otro reino, Gin vino! (lo amo) Toshi es bobo y Shimo adorable :3
COMENTEN! *o*
Me despido!
CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
