Capítulo diecisiete

Piel de cordero

Un rugido del cielo inició todo, la tierra pareció temblar del terror que le habían provocado, sin dudarlo, todos abandonaron el salón, para algunos, fue demasiado tarde. Parecía oírse como las nubes crujían, y luego, un trueno colosal cayó en el centro, y reventó en pedazos el techo, la onda expansiva derrumbó los muros. No todos llegaron a salir, algunos jóvenes fueron fulminados por el poderoso rayo, y otros, aplastados por los escombros.

El maestro Geki estaba allí presente, con los alumnos que habían conseguido salir, alrededor de quince jóvenes miraban el destruido salón, en las alturas, vieron una persona que les resultó no solo conocida, sino también responsable de lo que acaba de suceder.

– ¡EDEN! ¿Tú has hecho esto? – Ladró Geki, enfurecido, pero la persona no respondió, un nuevo relámpago golpeó el suelo, cegó a todos los presentes, y la figura se desapareció apenas volvieron a abrir los ojos. La lluvia empezaba a caer…

[…]

– Ionia, todo está preparado, es momento de que comience la invasión.

– Sí, es necesario comenzar con los preparativos para cuando su padre llegue.

– A todo esto, ¿hacia dónde ha ido?

– Al Santuario.

[…]

¡Kouga!

¡Souma!

Águila y Dragón, llevaban minutos antes de la tormenta dentro de los dormitorios, cuando oyeron el primer trueno, instintivamente se colocaron las Cloth, y al oír como pedruscos caían como gotas de lluvia, se apresuraron en buscar a sus compañeros rápidamente. En un momento la oscuridad los recubría, y temieron que el techo se derrumbase sobre ellos sin que estos lo notaran a tiempo, pero no pudieron detenerse en ese momento.

Fue allí cuando vieron como una pared del exterior sucumbía ante una patada, y un individuo ingresaba por el hueco hecho, no reconocieron quién era, solo lo veían vestido con una extraña armadura negra, un yelmo que cubría toda la cabeza, con cuernos pequeños a los costados.

– ¡Martians! – Exclamó Ryuuhou. – ¿Cómo llegaron aquí?

– ¡No creo que nos respondan! – Replicó Yuna, que se lanzó directo al ataque, se tiró a propósito al suelo de espaldas, paró la caída con las manos, y luego golpeó en las piernas del Martian, que quedó suspendido en el aire unos segundos, hasta ser rematado de una segunda patada ascendente. – ¡Cuidado atrás, Ryuuhou!

Cuando Yuna tuvo tiempo de decir "Cuidado", Ryuuhou ya había despachado en pocos golpes a dos más que trataron de tomarlo por sorpresa. Cerca de ellos, oyeron como el techo sobre ellos se derrumbaba, pero no justo sobre sus cabezas, sino un poco más alejado, se abrió un gran hueco por donde más de tres Martian cayeron, estos se levantaron, e intentaron escapar en dirección contraria a Yuna y Ryuuhou.

– ¡Ah, no, ni se crean! – Oyeron una voz familiar.

Un joven Santo, protegido por una Cloth de color naranja bajó por el mismo agujero, al instante lo reconocieron.

– ¡Souma! – Exclamaron al unísono.

No los oyó ni de cerca, estaba apurado y la lluvia era demasiado fuerte. Antes de que pudieran contar los segundos, se escucharon encender llamas y apagarse al instante, Souma se hizo fácilmente con la victoria y regresó rápido.

– ¡Yuna, Ryuuhou! ¡Me alegra que estén bien!

– Lo mismo, Souma, pero… – Dijo preocupada, Yuna.

– ¿Y Kouga? – Completó la frase.

– No tengo la más mínima idea, no estaba en la cama cuando los rayos me despertaron, quizás esté fuera, aunque viendo a estos tipos acá, eso no alienta mucho. – Se acercó a la entrada recientemente hecha por el Martian, salió a encontrarse bajo una fuertísima tormenta que lo empapó al instante. – ¡Vamos! – Gritó, su voz se perdía entre el repiqueteo de las gotas. – ¡Hay que ayudar al resto!

[…]

– Ugh…

Se despertó adolorido en el pecho, tenía dolor terrible en el cuello y la espalda, al estar boca abajo, se volteó para poder apoyarse en algo más suave, solo que ese algo más suave eran puras rocas que lo hicieron saltar del dolor.

– Bien, despertaste justo a tiempo.

– ¿Hm…?

Miró hacia un costado, y se encontró con quien le hablaba, era un chico que parecía apenas mayor que él, aparentaba unos catorce o quince años, estaba sentado contra una pared. Kouga intentó sentarse también, se puso con las piernas cruzadas, y se recostó también sobre una pared, para alivianar el dolor un poco, allí pudo ver claramente a la persona que le hablaba. Parecía alto, tenía un cabello sorprendentemente largo, al tenerlo atado, llegaba hasta la cintura, un flequillo largo le pasaba por el ojo derecho, y en general lo tenía terriblemente despeinado. Su piel era notablemente extremo–asiática, aunque sus ojos no, eran ligeramente más grandes de la media y con un color peculiar.

Llevaba puesto una campera totalmente negra, con largos bolsillos a los costados, en los codos tenía otros bolsillos más, en el centro de la campera, había unos extraños dibujos en blanco. Tenía capucha, también, revestida por dentro con pelaje sintético de color blanco. Por pantalones tenía unos jeans a tono con la campera, y desgastados zapatos café.

– ¿Q–Quién eres tú? – Dijo Kouga, con el habla algo entorpecida.

– No confiaría mi nombre al primero que se me aparezca, ¿cuál es tú nombre? – Respondió con frialdad y voz calma.

– P–Pues soy Kouga, el Santo de Pegaso.

– Ya veo… – Dijo, meditó un segundo, en el que pensó: "Debe ser clásico que estos tipos sean algo idiotas." – Mi nombre es Yoshitomi… Soy el Santo de Bronce del Lobo.

– Ah, genial. – Respondió Kouga, con cierta alegría. – ¿Sabes cómo salir de aquí? – Dijo al ver a varios lados, estaban en un pequeño hueco dentro de una caverna más grande, iluminada por antorchas, estaban imposibilitados para salir por hileras de barrotes horizontales, verticales y diagonales, prácticamente imposibles de atravesar siquiera con el dedo.

– He estado aquí, creo, dos días, y a decir verdad, ya podría haber escapado, pero cuando me capturaron recibí una paliza brutal, por eso descansé lo más que pude, sabía que tarde o temprano, alguien más caería aquí, supongo que me podrás ayudar con esto.

– ¡Claro! ¿Qué debo hacer?

– Nada, por ahora, esta parte déjamela a mí, tú tendrás que cubrirme la espalda cuando abra esta puerta.

– De acuerdo, pero… ¿Cómo la abrirás?

– Cuando me atraparon, me despojaron de todas mis armas, menos una… – Se levantó un poco, el techo estaba a un nivel muy bajo, metió la mano dentro de la capucha, y tomó algo desde allí, Kouga vio que era una suerte de soga atada a un anillo, parecía sacar algo dentro de su vestimenta, retiró la fina soga por completo, y Kouga pudo ver la punta, estaba atado una pequeña punta.

– ¿Eso es un…?

Kunai, es un arma natural de los ninja, aunque no se suele usar de esta manera, nos abrirá la puerta. – Explicó el Lobo, que se acercó a la puerta y miró entre los pequeñísimos huecos. – Mira, allí está el guardia de espaldas, lo atraparé con esto, y ya verás.

Ninja… – Quedó pensando Kouga.

Estiró la cuerda un poco, tomó la parte más cercana al arma, y cerró los ojos un segundo. Kouga notó como una energía empezó a emanar desde su cuerpo, tenía un color verde claro, definitivamente era un Santo como él. El kunai adquirió un brillo de color similar, y ahí fue cuando Yoshitomi lo lanzó con fuerza hacia la puerta. De manera imposible, el arma atravesó la puerta sin problemas, y se incrustó directamente en la nuca del Martian guardián.

– ¡Te tengo! – Exclamó, cuando tomó el otro extremo, y lo trajo velozmente hacia él.

– ¡Bien, quítale las llaves!

– No hay llaves, esta puerta era para sellar nuestra muerte, no hay forma de abrirla… Excepto una que conozco. – Tomó la cuerda, y la atrajo hacia él, Kouga escuchó un ruido metálico, entonces el Santo soltó un poco la cuerda, y volvió a tirar, soltó, y tiró, soltó, y tiró, el ruido sonó varias veces hasta que se escuchó como si algo se partiese. – Como lo imaginaba.

– ¿Eh?

– Estos barrotes están hechos de las mismas protecciones que los Martian, las Caetus, era cuestión de hacerlos chocar y se romperían entre sí. – Explicó, luego golpeó con una patada en la zona donde había propinado los golpes, los barrotes se llenaron de grietas y sucumbieron fácilmente, la puerta cayó y dejó el paso libre, Yoshitomi salió primero, cuando Kouga le siguió, le dijo: "No mires atrás si eres impresionable." Pero Kouga entendió "Impresionante".

¿Entonces si miro para atrás seré impresionante? – Pensó al salir, y cuando miró para atrás, vio aterrorizado a un hombre que perdía sangre desde la cabeza, y con el cuello quebrado, estaba totalmente desmayado por los impactos. – Vaya… No sé qué fue más impresionante, si yo, o eso…

Yoshitomi se había adelantado un poco, y vio que la única forma de salir era a través de un nivel superior, donde había un gran hueco, se lo señaló, y Kouga comprendió. Pero antes de intentar nada, oyeron voces.

– ¿Ya comenzó el ataque en la Palestra? – Dijo una.

– No, en un momento, se sentirá como un terremoto aquí.

– Y al mismo tiempo, el señor Mars volará el Santuario.

"¡El Santuario!" Pensó Yoshitomi, la idea de que el Santuario desapareciese de repente significaba la peor noticia posible, allí habitaban los Santos de Oro y de Plata, perderían a todos los aliados allí, y además, el ataque a Palestra, ¡los Santos de Bronce serían destruidos!

– ¡Kouga, hay que apresurarnos! Yo me acercaré primero con la cuerda, tú trepa detrás de mí, ¿de acuerdo? – Le dio instrucciones, Kouga asintió con seguridad.

Como dijo, lanzó su cuerda con kunai directo al hueco, afirmado a este, empezó a trepar hábilmente por él, Kouga lo siguió, pero con mucha menos destreza, cuando llegó al lugar, oyó todos los impactos de una vez, Yoshitomi se hizo cargo de los Martian que allí estaban, le dio una señal a Kouga para que recuperara la cuerda, y Kouga hizo caso obedientemente, fue corriendo tras él.

– ¡Las encontré! – Exclamó el Lobo, desde lejos.

– ¿Qué cosa? – Llegó Kouga más tarde, su camarada tenía en manos dos ClothStone, una le pertenecía al Pegaso, y la otra, evidentemente a Yoshitomi, la de este era una especie de arete verde, se lo colocó en la oreja, e instantáneamente llamó a su Cloth.

Wolf Cloth!

Después de que una luz lo recubriera por completo, Yoshitomi apareció protegido por una armadura de colores plomo, estaba un poco oscuro, por lo que Kouga apenas pudo ver cuando le regresó su ClothStone.

Pegasus Cloth!

Una vez Kouga se colocó también la Cloth, Yoshitomi pensó para sí: "Así que es verdad…" Como si hubiese desconfiado de él hasta entonces.

– ¡Rápido, Kouga, no hay tiempo!

[…]

– ¡Santos de Athena, nos enfrentamos todos a una invasión, pero no debemos caer jamás en el pánico! ¡Pues nosotros debemos defenderá nuestra diosa con la vida propia, para morir por ella, esa es la razón de haber nacido! No permitiremos que Mars y su ejército se haga con nuestra querida Palestra, ¡ataquen, Santos de Bronce! ¡Por Athena!

¡POR ATHENA!