- El sombrero seleccionador – leyó Lily

- Genial vamos a leer la selección de Harry – exclamó James

Harry estaba un poco preocupado por cómo reaccionarían todos al leer lo que había dicho el sombrero seleccionador.

La puerta se abrió de inmediato. Una bruja alta, de cabello negro y túnica verde esmeralda, esperaba allí.

- Minny no has cambiado nada – comentó Sirius

- Señor Black le he dicho que no me llame asi.

Tenía un ros tro muy severo, y el primer pensamiento de Harry fue que se trataba de alguien con quien era mejor no tener problemas.

- Que va, en realidad es la mejor profe de todas

- Señor Potter, deje de hacerme la pelota, que ya eres mayorcito.

Los de primer año, profesora McGonagall —dijo Hagrid.

Muchas gracias, Hagrid. Yo los llevaré desde aquí.

Abrió bien la puerta. El vestíbulo de entrada era tan grande que hubieran podido meter toda la casa de los Durs ley en él. Las paredes de piedra estaban iluminadas con res plandecientes antorchas como las de Gringotts, el techo era tan alto que no se veía y una magnífica escalera de mármol, frente a ellos, conducía a los pisos superiores.

Siguieron a la profesora McGonagall a través de un ca mino señalado en el suelo de piedra. Harry podía oír el ruido de cientos de voces, que salían de un portal situado a la dere cha

- ¡El Gran comedor! – gritó Sirius

- Black me estoy enfadando

(el resto del colegio debía de estar allí), pero la profesora McGonagall llevó a los de primer año a una pequeña habita ción vacía, fuera del vestíbulo. Se reunieron allí, más cerca unos de otros de lo que estaban acostumbrados, mirando con nerviosismo a su alrededor.

- Ese momento es horrible, no sabes lo que va a pasar y te mueres de los nervios – dijo Ted recordando.

Bienvenidos a Hogwarts —dijo la profesora McGona gall—. El banquete de comienzo de año se celebrará dentro de poco, pero antes de que ocupéis vuestros lugares en el Gran Comedor deberéis ser seleccionados para vuestras casas. La Selección es una ceremonia muy importante porque, mien tras estéis aquí, vuestras casas serán como vuestra familia en Hogwarts. Tendréis clases con el resto de la casa que os to que, dormiréis en los dormitorios de vuestras casas y pasa réis el tiempo libre en la sala común de la casa.

»Las cuatro casas se llaman Gryffindor,

- Los mejores y los más valientes – gritaron los leones – Y los más guapos – añadieron Sirius, James y los gemelos.

Hufflepuff,

- Nosotros sí que somos los mejores – gritaron Tonks y su padre pero al ser solo dos no pudieron superar a los Gryffindor.

Ra venclaw

Luna y su madre sonrieron siempre con su mirada soñadora pero no dijeron nada.

Y Slytherin.

*Creec creec* *creec creec*

- Parece que se ha colado un grillo en la sala – dijo Dumbledore sonriendo

- ¡Qué va! – Exclamó Lily – son estos dos haciendo el tonto – señaló a James y Sirius que se estaban riendo. Snape les fulminaba con la mirada.

Cada casa tiene su propia noble histo ria y cada una ha producido notables brujas y magos.

- Menos Slytherin – añadió Sirius.

Mien tras estéis en Hogwarts, vuestros triunfos conseguirán que las casas ganen puntos, mientras que cualquier infracción de las reglas hará que los pierdan. Al finalizar el año, la casa que obtenga más puntos será premiada con la copa de la casa, un gran honor. Espero que todos vosotros seáis un orgullo para la casa que os toque.

»La Ceremonia de Selección tendrá lugar dentro de po cos minutos, frente al resto del colegio. Os sugiero que, mien tras esperáis, os arregléis lo mejor posible.

Los ojos de la profesora se detuvieron un momento en la capa de Neville, que estaba atada bajo su oreja izquierda, y en la nariz manchada de Ron. Con nerviosismo, Harry tra tó de aplastar su cabello.

- Imposible – gritó media sala. – Es la maldición…

- Del pelo Potter, si, ya lo sabemos – se enfurruñaron James y Harry.

Volveré cuando lo tengamos todo listo para la ceremo nia —dijo la profesora McGonagall—. Por favor, esperad tranquilos.

Salió de la habitación. Harry tragó con dificultad.

¿Cómo se las arreglan exactamente para seleccionarnos? —preguntó a Ron.

- ¿Por qué nunca explica en qué consiste la selección profesora? – preguntó curioso Bill.

McGonagall se encogió de hombros – así es más divertido – respondió sonriendo

- Ja, sabía que Minny tenía sentido del humor – dijo James, McGonagall le miró mal, sobre todo cuando vio como Sirius le pasaba unas monedas a James.

Creo que es una especie de prueba. Fred dice que due le mucho,

- Fred – gritó Molly enfadada – no te metas con tu hermano pequeño – le regañó.

- Que rápido le ha cogido el truco a lo de distinguirnos – se quejó Fred en un susurro a su hermano.

Pero creo que era una broma.

El corazón de Harry dio un terrible salto. ¿Una prueba? ¿Delante de todo el colegio? Pero él no sabía nada de magia todavía... ¿Qué haría? No esperaba algo así, justo en el momen to en que acababan de llegar. Miró temblando a su alrededor y vio que los demás también parecían aterrorizados. Na die hablaba mucho, salvo Hermione Granger, que susurraba muy deprisa todos los hechizos que había aprendido y se preguntaba cuál necesitaría. Harry intentó no escucharla. Nun ca había estado tan nervioso, nunca,

- Que dramático

ni siquiera cuando tuvo que llevar a los Dursley un informe del colegio que decía que él, de alguna manera, había vuelto azul la peluca de su maes tro.

- Jajaja, esa es buena – rió James

Mantuvo los ojos fijos en la puerta. En cualquier momento, la profesora McGonagall regresaría y lo llevaría a su juicio final.

- Chan chan chan – gritó Sirius – relájate Harry, no es como si te fueran a hacer enfrentarte, no sé, a un troll o algo así. – añadió riendo.

El trío dorado tuvo que aguantarse la risa, menos mal que Hermione le dio un pisotón a Ron antes de que empezara a reírse.

Entonces sucedió algo que le hizo dar un salto en el aire... Muchos de los que estaban atrás gritaron.

- ¿Qué ha pasado? – preguntaron los padres de Hermione preocupados

¿Qué es...?

Resopló. Lo mismo hicieron los que estaban alrededor. Unos veinte fantasmas acababan de pasar a través de la pa red de atrás. De un color blanco perla y ligeramente transpa rentes, se deslizaban por la habitación, hablando unos con otros, casi sin mirar a los de primer año. Por lo visto, estaban discutiendo.

- No pasa nada solo son los fantasmas de Hogwarts, todos los años asustan un poco a los de primer año – explicó James – es como la primera broma del curso.

- Aunque nosotros en nuestro 4º año conseguimos hacer una antes que ellos – añadió orgulloso Sirius – dejamos encerrados a un montón de Slytherins en su compartimento en el Hogwarts Express.

Los tres merodeadores junto con los mas bromistas se echaron a reír mientras Snape les lanzaba una mirada de puro odio y McGonnagal suspiraba resignada pero divertida.

El que parecía un monje gordo y pequeño, decía:

Perdonar y olvidar. Yo digo que deberíamos darle una segunda oportunidad...

- Este Peeves nunca cambiara – dijo Sirius.

- ¿Cómo sabes que hablan de Peeves? – preguntó Harry

- He oído esa conversación un montón de veces, siempre es por Peeves.

Mi querido Fraile, ¿no le hemos dado a Peeves todas las oportunidades que merece?

- ¿Veis? – todos le ignoraron.

Nos ha dado mala fama a to dos y, usted lo sabe, ni siquiera es un fantasma de verdad... ¿Y qué estáis haciendo todos vosotros aquí?

- Ya como si no lo supieran

El fantasma, con gorguera y medias, se había dado cuen ta de pronto de la presencia de los de primer año.

Nadie respondió.

¡Alumnos nuevos! —Dijo el Fraile Gordo, sonriendo a todos—. Estáis esperando la selección, ¿no?

Algunos asintieron.

¡Espero veros en Hufflepuff—continuó el Fraile—. Mi antigua casa, ya sabéis.

- El fraile gordo es el mejor fantasma de todos – dijo Tonks – nos enseñó la entrada a las cocinas desde nuestra sala común.

- ¿Tenéis una entrada a las cocinas en la sala común? – preguntaron envidiosos los gemelos.

- Si nuestra sala está al lado, de hecho creo que algunas partes eran parte de las cocinas – explicó Tonks sonriente – en teoría es una entrada secreta pero el fraile siempre nos la enseña.

En marcha —dijo una voz aguda—. La Ceremonia de Selección va a comenzar.

La profesora McGonagall había vuelto. Uno a uno, los fantasmas flotaron a través de la pared opuesta.

Ahora formad una hilera —dijo la profesora a los de primer año— y seguidme.

Con la extraña sensación de que sus piernas eran de plo mo, Harry se puso detrás de un chico de pelo claro, con Ron tras él. Salieron de la habitación, volvieron a cruzar el vestí bulo, pasaron por unas puertas dobles y entraron en el Gran Comedor.

Harry nunca habría imaginado un lugar tan extraño y espléndido. Estaba iluminado por miles y miles de velas, que flotaban en el aire sobre cuatro grandes mesas, donde los demás estudiantes ya estaban sentados. En las mesas había platos, cubiertos y copas de oro. En una tarima, en la cabece ra del comedor, había otra gran mesa, donde se sentaban los profesores. La profesora McGonagall condujo allí a los alum nos de primer año y los hizo detener y formar una fila delante de los otros alumnos, con los profesores a sus espaldas. Los cientos de rostros que los miraban parecían pálidas linternas bajo la luz brillante de las velas. Situados entre los estudian tes, los fantasmas tenían un neblinoso brillo plateado. Para evitar todas las miradas, Harry levantó la vista y vio un te cho de terciopelo negro, salpicado de estrellas. Oyó susurrar a Hermione: «Es un hechizo para que parezca como el cielo de fuera, lo leí en la historia de Hogwarts».

- Hermione, deja los libros y vive un poco – le pidió Sirius – no seas como ellos – señaló a Remus y Lily que le fulminaron con la mirada.

Era difícil creer que allí hubiera techo y que el Gran Co medor no se abriera directamente a los cielos.

Harry bajó la vista rápidamente, mientras la profesora McGonagall ponía en silencio un taburete de cuatro patas frente a los de primer año. Encima del taburete puso un som brero puntiagudo de mago. El sombrero estaba remendado, raído y muy sucio. Tía Petunia no lo habría admitido en su casa.

Tal vez tenían que intentar sacar un conejo del sombre ro,

Todos los muggles e hijos de muggles empezaron a reír.

- Muy buena esa Harry – le felicitó Ted, los sangre pura les miraban confusos.

- Es algo que hacen los ilusionistas muggles – explicó Lily

- ¿Y un ilusionista es…? – preguntó Arthur

- Lo que los muggles consideran un mago – contestó la madre de Hermione.

pensó Harry algo irreflexiblemente, eso era lo típico de... Al darse cuenta de que todos los del comedor contemplaban el sombrero, Harry también lo hizo. Durante unos pocos se gundos, se hizo un silencio completo. Entonces el sombrero se movió. Una rasgadura cerca del borde se abrió, ancha como una boca, y el sombrero comenzó a cantar:

- Debería poner que desafina más que canta – añadió Sirius.

Oh, podrás pensar que no soy bonito,

- Lily, tienes que cantarla – exigió Sirius, Lily murmuró algo por lo bajo y no parecía un cumplido hacia Sirius, mientras Dumbledore hizo un movimiento de varita y el libro empezó a brillar, la canción empezó a sonar.

Oh, podrás pensar que no soy bonito,

pero no juzgues por lo que ves.

Me comeré a mí mismo si puedes encontrar

un sombrero más inteligente que yo.

- Siempre he querido ver eso – dijo Fred – George nuestra siguiente misión será encontrar un sombrero mas inteligente.

- Nosotros os ayudaremos – añadieron los Merodeadores y los gemelos Prewet.

Puedes tener bombines negros,

sombreros altos y elegantes.

Pero yo soy el Sombrero Seleccionador de Hogwarts

y puedo superar a todos.

No hay nada escondido en tu cabeza

que el Sombrero Seleccionador no pueda ver.

- Alguien debe enseñarle al sombrero que ser un cotilla es de mala educación – dijo Sirius

- Mira quién habla – le contestó Remus.

Así que pruébame y te diré

dónde debes estar.

Puedes pertenecer a Gryffindor,

donde habitan los valientes.

Su osadía, temple y caballerosidad

ponen aparte a los de Gryffindor.

Una especie de niebla roja empezó a formarse en un lado de la sala.

Puedes pertenecer a Hufflepuff

donde son justos y leales.

Esos perseverantes Hufflepuff

de verdad no temen el trabajo pesado.

Una niebla amarilla se unió a la roja.

O tal vez a la antigua sabiduría de Ravenclaw,

Si tienes una mente dispuesta,

porque los de inteligencia y erudición

siempre encontrarán allí a sus semejantes.

Al otro lado de la habitación se empezó a formar la misma niebla esta vez color azul.

O tal vez en Slytherin

harás tus verdaderos amigos.

Esa gente astuta utiliza cualquier medio

para lograr sus fines.

Por último se formó una niebla espesa de color verde al lado de la azul.

¡Así que pruébame! ¡No tengas miedo!

¡Y no recibirás una bofetada!

Estás en buenas manos (aunque yo no las tenga).

Porque soy el Sombrero Pensante.

La niebla de colores comenzó a disiparse dejando ver a…

Continuara…