Mi Rey.
Capítulo once: Inútil.
Por una hora o dos, Karin solo se sentó en la cama de la habitación real, mirando a Hitsugaya interactuar con su hijita. Él era bastante torpe con ella en sus brazos, pero cuidadoso, en realidad se estaba esforzando mucho. Shimo parecía cómoda con él, lo miraba con mucha curiosidad pero estaba confiada y tranquila, pronto se quedó dormida. Lo dejó sostener a su hija un tiempo más antes de caminar hacia él y tomarla suavemente en sus brazos.
-Gracias…- murmuró pasándose el dorso de la mano por los ojos, como secando lágrimas que ella no había visto. –Gracias por ser tan maravillosa.- la miró con sus ojos vulnerables y ella apartó la mirada.
-Lo hago por m… nuestra hija.- suspiró. –Toshiro, tenemos que hablar.- acostó a su bebita en la gran y mullida cama matrimonial y se sentó a su lado, mirando al albino con seriedad. –Necesito asegurarme de que serás un buen padre para nuestra hija, así que contéstame con sinceridad.- él la miró atentamente. -¿Por qué fue el intento de suicidio?-
-Yo…- pareció sorprendido por su pregunta, llevando su mano a acariciar el vendaje en su cuello. –Estaba confundido y deprimido, supongo.- suspiró y miró hacia abajo a sus piernas. –Cuando perdí la capacidad de caminar yo pensé muchas cosas horribles.- pasó una mano por su rostro. –Pensé como ya no podría visitarte ni a ti ni a nuestra hija por ser un inútil, pensé que ella podría sentir odio por tener un padre como yo, pensé… pensé que ustedes se merecían algo mejor que yo y la idea me causo tanto sufrimiento pero me convencí de que era lo correcto y que el camino más rápido a que encontraran a alguien más y que yo no pasara por el dolor de perderlas era esto.- ahuecó su garganta. –Iba a matarme, pero entonces pensé en lo mucho que realmente quería conocer a mi hija y mi mano tembló, por lo que solo me hice un rasguño en la garganta, y Tsukabishi logró salvarme a tiempo.- suspiró otra vez. –No te preocupes, ahora que ya conozco a nuestra hija y que sé que se van a quedar a mi lado, prometo que daré todo de mí para hacerlas felices hasta el día en que me muera por razones más allá de mi control.- prometió con sinceridad.
-Bien, te creeré.- asintió, feliz de que las cosas parecían estar encaminándose en conveniencia para su hija. –Mañana volveré al palacio de Karakura para traer todas nuestras pertenencias e instalarnos aquí. Mientras tanto podrás cuidar de Shimo y conocerla mejor.- tomó a la bebé en brazos y comenzó a retirarse de la habitación. –Pero Toshiro, tienes que prometer que te comportaras.- lo miró por encima del hombro. –O tomare mis cosas, tomare a mi hija, nos largaremos de aquí y tendrás suerte si vuelves a verla a ella.- advirtió.
Lo notó tragar saliva.
-Lo prometo.- bajó la cabeza. –Nunca quiero volver a hacerte daño, y jamás, JAMÁS lastimaría a nuestra hija.- aseguró recalcando ferozmente el jamás. –Sí mi amor por ti te molesta, entonces lo suprimiré.- seguía evitando mirarla. –Haré lo que sea para que permanezcan cómodas a mi lado.-
-De acuerdo.- asintió y sin más se retiró cargando a su bebita.
Dejó a la niña durmiendo en su cunita y se propuso a salir para buscar a Rangiku y contarle su decisión, pero justo en ese momento ella entró a la habitación viéndose extremadamente agotada y preocupada.
-Karin-chan.- al verla de inmediato la mayor le dio un gran abrazo. –Lo siento tanto, tratamos de hablar con el rey, pero…-
-Tranquila, Rangiku-san.- se separó de su abrazo con delicadeza. –Yo ya hable con él. Llegamos a un acuerdo y he decidido mudarme aquí de nuevo junto con mi hija, viviremos en Juubantai.- explicó y la rubia la miró con los ojos muy amplios.
-¿Qué?- exclamó sorprendida en un primer momento, pero luego chilló y se le tiró encima a darle un abrazo asfixiante quiebra-huesos. -¡¿En serio?! ¡No puedo creerlo! ¡Cielo santo, niña, tú eres un ángel!- la besó repetidas veces en las mejillas. -¡Bendito el día en el que de todas las mujeres en el mundo tú terminaste siendo mi casi-nuera y la madre de mi casi-nieta!- finalmente la soltó para que pudiera respirar. -¡Gracias, muchas gracias!- no cabía en sí misma de la felicidad.
-Fue por ti y mi hija, Rangiku-san.- sonrió luego de tomar grandes bocanadas para recuperar el aliento. –Así podrán crecer juntas, te lo mereces.- sabía que su casi-suegra necesitaba esta alegría en su vida, y sabía que sería una buena y divertida influencia para Shimo.
-Pero, ¿qué pasara con tu familia, querida?- preguntó con curiosidad.
-Tendrán que comprender y respetar mi decisión.- se frotó las sienes. –Probablemente no lo tomen muy bien. Pero esto es lo mejor para Shimo, debe crecer con sus dos padres, en el reino que un día va a gobernar.- Yuzu lloraría pero terminaría aceptándolo, era su padre el que le preocupaba, no le había contado de las cosas que el tipo con el que la casó le hizo, pero sabía que lo sospechaba.
Al día siguiente, muy temprano dejó a Shimo con Rangiku y la alentó a que la llevara a pasar tiempo con su padre mientras ella se embarcaba en un carruaje con dirección a Karakura.
Bufó dentro mientras veía el paisaje, preguntándose cuentas veces tendría que viajar en carruaje en una misma semana, o en toda su vida, para el caso.
Dividida entre reinos, entre familias, entre su mente y su corazón, entre sus sentimientos hacia Hitsugaya y su amor como madre contra su odio como mujer. Así auguraba ser su vida. Todo un completo lío.
Luego del largo viaje, llegó a su reino natal, siendo recibida por los alegres Keigo y Mizuiro que la recibieron con una sonrisa pesé a su extrañeza por verla llegar sin Shimo y sin maletas.
Planeaba ser breve y firme, ya había tomado una decisión no por su bien, sino que por el de su hija.
Al ingresar a la sala del trono, Yuzu la recibió con un enorme abrazo y muchos chillidos de alegría porque tenía mucho que contarle y eso, instalando un nudo en su garganta por la noticia que pronto tendría que darle, la cual probablemente rompería su corazón.
Su padre, sentado en el trono, despidió a uno de los duques con el cual había estado hablando y centró su atención en la menor de sus hijas, brindándole una cálida sonrisa.
-¡Hija, querida! ¡Que gusto que regresaras tan pronto!- dio palmaditas de modo ridículo. –Pero dime, ¿dónde está mi bella nietecita más pequeña?- pestañeó curioso.
-Viejo…- apartó la mirada. –Shimo se quedó en el palacio de Juubantai.- soltó de golpe, sorprendiendo tanto a su progenitor como a su gemela. -Yo tome una importante decisión que merecen saber.- suspiró pesadamente. –Decidí que nos quedaremos allí en Juubantai, porque considero que es la mejor opción para mi hija.- bajó la cabeza, mordiéndose el labio. –Lo siento, pero me iré de Karakura y regresare con mi… esposo…- la palabra le salió con un gusto amargo.
No se atrevió a mirar las caras de su padre y su hermana, pero pronto pudo hacerse a una idea al menos de lo que estaba pensando su hermana al oírla llorar sollozando.
-Ay, Karin-chan.- Yuzu la envolvió en un abrazo. –Imaginó lo difícil que esto debe estar siendo para ti, te voy a extrañar pero admiró y respetó tu decisión.- sonrió comprensivamente y ella pudo respirar tranquila, pero entonces su padre habló.
-Por favor, todos abandonen esta sala inmediatamente.- ordenó y no se necesitó decir más para que todos los sirvientes y demás gente que quedaba allí se retirara, a excepción de las gemelas. –Todos excepto Karin, y eso te incluye, Yuzu.- miró con severidad a la gemela de ojos mieles, que hizo un puchero pero obedeció.
-¿De qué se trata esto, papá?- Karin lo miró con ojos entrecerrados y una ceja en alto.
Su padre se mantuvo en silencio por un momento, antes de bajar de su trono y colocar las manos en sus hombros.
-¿Pero en qué estás pensando, Karin?- la miró severamente como pocas veces. -¿Cómo puedes volver allí y llevar a tu hija también con ese… hombre?- escupió la palabra como conteniéndose de decir algo peor. –Tú no me lo has dicho, pero sé que algo horrible te hizo para que vinieras corriendo de nuevo conmigo a la primera oportunidad. Y no puedes esperar que acepte así nada más que regreses con él.-
-Papá, este no es un asunto en el que tengas derecho a intervenir.- frunció el ceño apartando sus manos lejos de sus hombros. –Yo sé lo que hago, ya no soy una niña, ni la princesa que debe seguir tu voluntad, ahora soy una reina.- alzó la barbilla. –Sé lo que hago.-
-No puedes esperar que me contente con eso.- la miró con ojos temerosos. –Yo no dormía imaginando lo que podrías sufrir por mi culpa.-
Karin se conmovió ante sus ojos brillantes de preocupación paternal y suavizó un poco su tono.
-Nada de esto fue tu culpa, papá. Tú hiciste lo correcto para salvar al reino de la guerra.- a pesar de que realmente no hubiera sido necesario casarla con Hitsugaya de no ser porque el maldito se obsesionó con ella. –Y ahora Hitsugaya…- frunció el ceño, dudosa de decir la siguiente afirmación. –Cambió.- murmuró a regañadientes, una parte de ella no quería reconocer ese hecho.
-No pareces segura.- rebatió su padre sombríamente. Karin se quedó en silencio. –Hija, no creo que sea buena idea dejar a ese hombre criar a tu hija. Ni siquiera creo que sea buena idea que los sigas viendo o visitando. Sé que es el héroe de guerra, pero no ha sido un buen marido contigo y no podemos tener la certeza de que será un buen padre. ¿Qué harás si de repente decide hacerle daño a tu hija?-
-¡Papá!- regañó. –Mira, reconozco que a mí no me… trató nada bien.- las lágrimas llenaron sus ojos ante el recuerdo, pero rápidamente sacudió la cabeza para dejar de pensar en eso. –Pero ese asunto ya está en el pasado, y ni él es tan monstruoso como para hacerle daño a una niña, mucho menos a su hija.- de alguna manera jamás lo había visto como alguien capaz de hacerle daño a su propia familia, a excepción de ella porque antes la había visto como de su propiedad, pero ahora se había encargado de dejarle muy en claro que ella no le pertenecía, ni a nadie. –Te lo dije, cambió, y ahora me escucha.- insistió. –Y si se atreve a hacer otra ofensa, ahí es cuando regresare a Karakura, pero antes quiero darle esa oportunidad, no por mí, sino por mi hija.-
Su padre la contempló en silencio por un momento, antes de suspirar.
-Bien, hija mía.- se frotó la nuca. –Sé que eres inteligente y astuta, siempre he confiado en tu juicio y confiare ahora solo porque te veo muy convencida.- sonrió tristemente. –Te visitaremos y tú igual visítanos cuando quieras con tu hija, y sí quieres regresar, te recibiremos con los brazos abiertos.- le dio un abrazo y ella lo permitió sin resistencia, abrazándolo también.
-Gracias por confiar en mí, papá.- afirmó aliviada de no tener que marcharse furiosa con él. –Lamento no poder quedarme más tiempo, pero debo ir por mis cosas y volver a Juubantai. Les escribiré.- prometió.
Fue a su habitación y junto todas sus cosas y las de Shimo. Pasó otra hora despidiéndose de su hermana, el idiota de Jinta, los gemelitos y sacándose de encima a su padre que había vuelto a su actitud infantil.
Habló con Kouzu y le comentó su decisión, a lo que él se vio muy sorprendido y pesé a los amigos que había hecho en Karakura, decidió seguirla a Juubantai. Tendría que juntar sus cosas y despedirse por lo que decidió mejor partir a la mañana siguiente llevándose a Mei consigo también.
Luego de eso ella volvió al carruaje que la había estado esperando y Keigo y Mizuiro la ayudaron a llevar y subir las maletas, por lo que aprovechó a despedirse de ellos también, riendo por las lágrimas ridículas pero entrañables de Keigo y el intento de Mizuiro de parecer completamente indiferente a la situación. Los extrañaría, extrañaría a todos en el lugar donde se crió.
Llegó de vuelta a Juubantai ya entrada en la noche y de inmediato corrió a la habitación real a ver a su hija, entrando sin tocar a tiempo para encontrar a Hitsugaya sosteniendo a la pequeña en brazos, arrullando suavemente, con su mirada cálida fija en ella, mientras que Matsumoto estaba tirada en un sofá dormida con una botella de sake en la mano.
Se quedó parada quieta en la entrada, contemplando la escena del rey monstruo siendo un padre tan dedicado y tierno con su descendencia, que se notaba muy cómoda y confiada durmiendo en sus brazos. Tal vez esto de quedarse aquí realmente era una buena idea después de todo. Decidió dejar de acechar en las sombras como una acosadora e hizo notar su presencia, a lo que de inmediato el albino se puso rígido y la volteó a ver con ojos amplios.
-Regresaste.- solo dijo y ella rodó los ojos.
-Claro, ni que fuera a abandonar a mi hija aquí.- ironizó con frialdad. -¿Cómo se comportó hoy? ¿No hubo problemas?- amaba a su chiquita, pero sabía que podía ponerse un poco intratable, más si ella no estaba cerca.
-No, en absoluto.- sonrió un poco, viendo con adoración a la niña. –Ella es un ángel.-
-Sí, lo es.- se arrodilló junto a la silla de ruedas y tendió los brazos para tomar a la niña. –Dámela, tengo que alimentarla, debe tener mucha hambre.- la había alimentado mucho en la mañana antes de irse y probablemente le habían dado leche, pero obvio seguía necesitando beber del pecho de su madre más de una vez al día.
-Oh, claro.- se la dio sin peros y ella fue a sentarse en la cama, desatándose el kimono mientras despertaba a Shimo. -¡¿Qué haces?!-
-Le doy de comer a tu hija.- dijo tranquilamente sin inmutarse por su chillido.
Bajó un lado del kimono y dejó su pecho al descubierto para que su hija bebiera, cosa que hizo ansiosa. Ja, sabía que había extrañado eso, la pequeña glotona.
-¡V-ve a hacer eso a otro lado!- siguió chillando él tapándose los ojos.
-Oh, por favor, solo la estoy amamantando, y no es como si fueras a ver algo que no has visto antes.- volvió a rodar los ojos.
Él se sonrojó rojo cereza y, con los ojos fuertemente cerrados, se fue como pudo maniobrando la silla de ruedas hasta salir de la habitación, chocándose con un librero, una pared y la puerta antes de finalmente lograr salir de la habitación.
Karin una vez más rodó los ojos, sintiéndose también como si pudiera reír pero sin llegar a hacerlo.
De pronto, Rangiku simplemente despertó de golpe, mirándola con ojos adormilados, antes de tomar otro sorbo de la pequeña botella de Sake y sellarla y guardarla en su amplio escote.
-¡Karin-chan! ¡Ya regresaste, que bien!- habló solo con el más leve de los indicios de alcohol en su voz. Ya sabía de dónde había sacado el padre de su hija la capacidad de no sonar como borracho aun cuando se haya bebido media cantina. -¿Cómo estuvo el viaje?- preguntó preocupada obviamente por la reacción de su familia.
-Yuzu lo aceptó de buenas a primeras, pero costó convencer a mi padre, y creo que aun así me dejó ir muy desconfiado.- hizo una mueca. –Voy a echarlos de menos.- suspiró.
-Seguro que sí, querida. Realmente eres muy fuerte por tolerar esto.- la miró con ojos compasivos. –Pero de cualquier forma, ¿Ikami-kun accedió a volver o decidió quedarse? Y, ¿trajiste a tu yegua?- inquirió con curiosidad.
-Sí, él accedió aunque le dije que no estaba obligado a seguirme siempre, y mañana traerá a Mei con él cuando venga.-
-Ya veo, ya veo.- asintió. –Y, querida, con respecto al divorcio… ¿planeas seguir adelante con él?- la miró intrigante.
-Claro.- contestó simplemente. -¿Por qué?- alzó una ceja.
-Bueno, es que no lo veo conveniente en las circunstancias actuales.- se cruzó de brazos solemnemente. –Quiero decir que es inapropiado que te divorcies de él ahora que volverás a vivir aquí, o bien, por lo menos no es recomendable.-
-Explícate.- la observó con ojos entrecerrados.
-Sí te divorcias de él, dejaras de ser la reina, y no tendrás tanta autoridad sobre lo que él o el consejo puedan querer decidir sobre Shimo-chan en el futuro. Sin mencionar que tampoco tendrás derecho si quieres estar involucrada en los asuntos del reino, cosa que yo sé que te interesa.- explicó.
-Es cierto.- concedió. –Pero no tengo deseos de seguir siendo su esposa.- rebatió.
-Y yo lo comprendo, pero no es realmente la gran cosa, teniendo en cuenta que ahora tienes al rey en la palma de tu mano y tú eres completamente la dominante en la relación.-
-Ese es el punto. No quiero que seamos una relación.- hizo una mueca.
-Oh, permíteme diferir, querida. Ustedes tienen una hija, tienen una relación, hasta el fin de sus días.- declaró y tuvo que admitir que tenía razón. –Y creo que sería más conveniente para ti y para tu hija que tú continúes siendo la reina al menos hasta que surja un tercero que amerite disolución por el interés de uno u otro.-
-¿Y a qué se supone que te refieres con eso?- no creía haberlo entendido.
-Me refiero a que tú te enamores de otro hombre, querida, o a que él se enamore de otra mujer, y quieran volverse a casar, obvio.-
Karin se quedó mirando pensativa a la pared de la habitación acariciando distraídamente el cabello de su hijita, pensando. ¿Ella queriendo volver a casarse con alguien más? ¿Él enamorándose de otra mujer?
Su ceja se retorció con molestia ante la idea, sin ninguna razón coherente en lo absoluto.
-Oh, entonces está bien.- se encogió de hombros tratando de parecer casual. –Me quedare casada con él hasta que surja "un tercero" que acabe de una vez este matrimonio de quinta.- murmuró bruscamente.
-Wow, ok.- no pareció haberse esperado la tosquedad en su tono. –Entonces solo… avísame sí te enamoras.- le guiñó un ojo y Karin se decidió a salir de esa habitación de una vez antes de que el monarca pudiera regresar.
Acostó a Shimo en su cunita, encontrando con agrado que los sirvientes ya habían acomodado todo en su lugar, dejando las maletas en un rincón del cuarto.
Se acostó a dormir y pronto se despertó a la madrugada con el llanto de su hija. Ella siempre lloraba a la madrugada cuando más cansada estaba su pobre madre… que angelito adorable.
Fue a desayunar no muy temprano llevando a su hijita después de horas de darse un baño demasiado lleno de salpicaduras ambas juntas creando un desastre en el baño, pesé a que fue muy divertido de todas maneras.
Encontró a Hitsugaya ya desayunando, con su enfermera Kyoshi Nikita, Niki, sentada a su lado, pero eso fue opacado de inmediato cuando Matsumoto llegó corriendo al comedor anunciándole que Kouzu ya estaba aquí.
De inmediato dejó a su pequeña con su padre y fue corriendo a recibir a su amigo y a Mei, por supuesto.
Abrazó a su chica equina un largo rato, y luego le dio un gran abrazo a Kouzu y lo jaló al comedor para que desayunara con ella y recobrara fuerzas del extenuante viaje en caballo desde Karakura a Juubantai.
Cuando los dos amigos llegaron al comedor en compañía de la rubia de gran delantera, notaron que el rey ni siquiera había terminado su desayuno con tal de prestarle atención a su hija y hacerla reír jugueteando con su cara y su cabello, jalándolo dolorosamente de ellos pero sin ser apartada porque era obvio que Hitsugaya malcriaría a su primogénita.
Niki tampoco había terminado su desayuno, mirando con una sonrisa dulce el espectáculo que montaban padre e hija.
Karin frunció el ceño, conteniéndose de decir barra gruñirle a Niki que no tenía por qué estar mirando a su marido y a su hija de esa forma. ¿Quién se creía? ¿Por qué lo hacía? ¿A caso no tenía mejores cosas que hacer? ¡¿Por qué no dejaba de verlos?!
Se cruzó de brazos y pisoteó fuertemente su camino hasta su asiento, siendo seguida vacilante por Matsumoto y su amigo. Eso pareció llamar la atención de los tres que ya estaban en la mesa, y Karin hubiera exigido de inmediato que le devolviera a su hija, pero justo en ese momento notó algo bastante… interesante.
Kouzu y Niki se quedaron mirándose.
Los ojos celestes de su amigo se quedaron enclavados en los celestes aún más claros de la chica, que lo miraba con la misma intensidad. Karin y Rangiku compartieron una mirada, con sus cejas arqueándose. ¿Oh?
-Oh, claro, permítanme presentarlos.- miró del chico dulce a la chica dulce. –Niki, él es mi amigo Ikami Kouzu. Kouzu, ella es la enfermera de mi marido, Kyoshi Nikita.- miró expectante sus reacciones en lo que arrastraba a Kouzu a sentarse junto a Niki.
-E-es un placer.- dijeron los dos al mismo tiempo, inclinando torpemente la cabeza.
Su casi-suegra le lanzó una mirada de complicidad, y pareció querer decir algo, pero justo en ese momento Gin entró a la habitación y todo lo demás desapareció para ella.
-Karin, creo que la niña tiene hambre.- murmuró Toshiro llevando su atención lejos de cómo Kouzu y Niki seguían mirándose. –No ha dejado de babear desde que llegaste.- parecía divertido y enternecido por el comportamiento de su hija.
-Glotona.- rió tomándola en sus brazos lejos de los de él. -No tienes remedio.- sonrió con ternura, besándole la frente.
Bajó un lado de su kimono cuidando que Kouzu y Gin no la vieran, principalmente Gin, porque ese tipo era escalofriante, y se dispuso a alimentar a su niña mientras tomaba el desayuno escuchando las conversaciones alegres del matrimonio de mayor edad.
Urahara y Tessai se sumaron poco después, y tuvo que admitirse que se sentía bastante a gusto en Juubantai, desayunando con estas personas a las que estaba tan acostumbrada y que adoraban a su princesita, aunque extrañaba a su familia, no se sentía nada mal pasar tiempo con lo que consideraba una segunda familia.
Después de terminar de desayunar, Niki se llevó al rey tomando la silla de ruedas, despidiéndose mirando un segundo más de lo necesario a Kouzu.
Rangiku de inmediato echó a Gin y a todos los otros hombres y las dos abordaron a Kouzu, mirándolo con los ojos muy abiertos.
-Muy bien. ¿Qué pasa entre tú y esa chica?- Karin entrecerró los ojos, tratando de no hablar muy fuerte para no despertar a su hija que ahora dormía.
-N-nada.- contestó él vacilante.
-¡Oh, vamos! Vi cómo se miraban, eso no es cosa de "nada", querido.- la voluptuosa sonrió, ansiosa por otro buen chisme, de seguro. –Ahí hay química, no me engañas, casi puedo olerla.- olfateó el aire como para comprobar sus palabras. –Sip, huele a amor floreciendo.- guiñó un ojo.
-N-no sé por qué hacen tanto drama con esto, acabo de conocerla.- se cruzó de brazos e infló las mejillas infantilmente. –A-admito que es… linda y todo, ¡pero no tienen por qué interrogarme al respecto!- chilló ruborizado e indignado.
-¿Alguna vez has tenido novia o te has enamorado antes, Ikami-kun?- siguió interrogando la mayor ignorando toda protesta.
-No y no.- Kouzu suspiró resignado al interrogatorio. –Debería ir a instalarme a la cocina así que…- trató de zafar.
-Oh, claro. Prepara un delicioso platillo para impresionar a Niki.- Karin sonrió con burla al verlo sonrojarse más, pero él no perdió tiempo en aprovechar la oportunidad para escapar en ese momento.
-¡Cielo santo, Karin-chan! ¡Esto es un romance en potencia! ¡Es nuestra oportunidad para jugar de cupido juntas!- chilló emocionada.
-Eh, no lo sé.- hizo una mueca. Esto sonaba a algo que haría Yuzu, no ella.
-Oh, vamos.- hizo un mohín. –Momo-chan y yo siempre soñamos con actuar de cupidos para Toshiro algún día pero las cosas no salieron como esperábamos.- torció los labios. –Y ahora ella no está y tú eres como una hija para mí, es nuestra oportunidad para hacer cosas de chicas juntas.- la miró con ojos brillantes.
-No son "cosas de chicas", se trata de la vida amorosa de dos personas.- señaló con sequedad.
-Pff, detalles.- agitó la mano despectivamente. -¡Vamos, es obvio que a tu amiguito le gusto la chica! Le estarías haciendo un favor.- volvió a guiñar su ojo.
-Agh.- Karin gimió disgustada. –No puedo creer lo que voy a hacer pero… Adelante, vamos, hagámoslo.- cedió y su casi-suegra chillo de alegría para celebrar, dándole un abrazo con cuidado de no aplastar a su bebé en sus brazos.
Entonces, comenzó la operación Juntar a las medias cerezas (porque esos dos eran demasiado dulces para ser naranjas), y también algo así como una apuesta, porque Rangiku dudaba de su capacidad para emparejar, y a la reina se le había ocurrido salir con la gran idea de que podría juntarlos antes que ella, y se volvió una competencia con libros o Sake de premio dependiendo la ganadora.
-Así que, Karin-san, ¿qué quieres que prepare para el rey y su enfermera esta ocasión?- indagó Kouzu con mala cara enclavado en la cocina trabajando frente a los hornos, un mes después de su retorno a Juubantai.
-En realidad, esta vez quería que vinieras a unirte a nosotros en nuestra merienda en el jardín.- sonrió inocentemente, tratando de ocultar sus verdaderas intenciones tras su invitación, aunque probablemente ya las sospechara.
-¿Eh? ¿Vas a merendar con el rey?- la miró preocupado cuando ella borró su sonrisa.
-Con él y nuestra hija.- corrigió fríamente. –Te estaré esperando allá, lleva comida para cuatro y no tardes.- sin más se retiró al otro lado de la cocina a preparar una papilla para su bebita de ahora cinco meses.
-Sí, sí.- lo oyó exclamar desde lejos. –Y feliz cumpleaños, por cierto.- la felicitó de dientes para afuera, todavía algo molesto, por lo que hizo caso omiso de él, teniendo sus propias razones para estar molesta.
Últimamente pasaba más tiempo con Hitsugaya, era cierto, Niki siempre estaba cuidándolo así que sí quería encontrar una excusa para acercarla a Kouzu lo ideal era tener cenas juntos, entre otras excusas para acercar a los dos de ojos celestes.
No le gustaba nada, pero aprendió a ignorar su presencia y todo sobre él a menos que tuviera que ver con su hija, por lo demás, para ella él no existía, o al menos eso era lo que pretendía lograr, pero a veces le costaba contener sus ganas de comenzar a gritarle histéricamente sin ninguna razón en específico.
Terminó la papilla y se fue de la cocina para tomar rumbo al jardín, donde ya estaban instalados bajo una gran sombrilla para cubrirlos del sol Hitsugaya en su silla de ruedas sosteniendo a su pequeña con Niki sentada a su lado haciéndole mimos.
Frunció el ceño al ver la mano de la enfermera en el hombro del rey y se apresuró a llegar hasta ellos, dejando la papilla en la mesilla y tomando a su hija sin previo aviso, a lo que los dos que la habían estado cuidando la miraron interrogante pero ella solo se bajó un lado de la Yukata para darle de comer a su hija, que prefería primero la leche y luego la papilla, la pequeña exigente.
-¡Karin-chan!- Rangiku llegó pavoneándose contenta del brazo de su marido. -¡Te llegaron unas cartas, querida!- agitó cuatro sobres que seguramente venían desde sus familiares.
-Oh, gracias.- sonrió tomando los sobres, comprobando que efectivamente pertenecían a su padre, sus hermanos, y una también era de su cuñada Momo, que considerada.
-Y feliz cumpleaños, querida.- le dio un beso en la mejilla y luego se retiró junto a su esposo, que también la felicitó pero sin verdadero interés, no perdiendo el tiempo en seguir a su mujer como perrito.
-Oh, ¿es su cumpleaños, reina?- Niki le sonrió lindamente. –Feliz cumpleaños.-
-Gracias, Niki.- correspondió su sonrisa, pero luego notó algo por el rabillo del ojo. –Oh, es Kouzu.- vio a su amigo venir atiborrado de bandejas. –Parece tener las manos muy llenas, ¿por qué no vas a ayudarlo?- le dijo a la enfermera, que no protestó y de inmediato se dirigió a ayudar a su amigo. Perfecto.
-Karin.- Hitsugaya la llamó y ella solo lanzó un gruñido en señal de que lo escuchaba mientras dejaba de darle el pecho a Shimo y comenzaba darle de su papilla. –F-feliz c-cumpleaños.- felicitó vacilante.
Lo miró solo por el más breve de los segundos.
-Gracias.- agradeció secamente.
-¿Cuántos años cumples?- preguntó un poco temeroso.
-Veinte años.- siguió contestando con sequedad, dándole una cucharada de la papilla a su hijita cuidando que no se le escape de la boca. –Tú… habías cumplido años un mes antes de que nazca Shimo, ¿cierto?- recordó de algo que le dijo Rangiku y lo notó asentir. -¿Cuánto cumpliste?- había olvidado su edad.
-Veintidós.- se frotó la nuca. –En realidad solo te llevo dos años y medio.- se vio en la necesidad de murmurar.
Gruñó a modo de contestación sin prestarle real atención, su hija no dejaba de escupir la papilla pesé a que ella sabía que le gustaba.
Pareció que él diría algo más, pero en ese momento Kouzu y Niki llegaron cargando las bandejas charlando animadamente.
Desde ese entonces, Hitsugaya se animaba a hablarle mucho más seguido, y ella solo le contestaba de mala gana a lo que sea que dijera, preguntándose cuándo notaría lo mucho que apenas toleraba tenerlo cerca ni que le dirigiera la palabra.
Pasó un mes más y Shimo agarró la molesta tendencia a querer comerse todo, por lo que había que mantener una estrecha vigilancia.
Una vez, mientras ella la sostenía en el comedor, trató de llevarse a la boca un cuchillo, pero afortunadamente Toshiro llegó a avisarle a tiempo y pudo quitárselo antes de que lograra su cometido.
Otro mes, siete meses de vida y su hija no dejaba de llorar desesperadamente, asustándola mucho tanto a ella como a Hitsugaya. Tuvo que venir Momo, que tenía un poco de conocimiento en este ámbito, y descubrió que la razón de tanto llanto era que le estaban saliendo los dientitos.
Ocho meses y Shimo balbuceaba sin parar todo el día, tratando de imitar las palabras que escuchaba. Aplaudía y se reía de formar adorable, y Karin le hacía más y más peinaditos porque era tan linda, incluso le enseñó a Toshiro a hacerle pequeñas trenzas sin lastimarla, en lo que resulto ser sorprendentemente metódico y muy cuidadoso.
Y no importa cuánto trataron el rey y la reina de hacer que su primogénita dijera como primera palabra mamá o papá, la que se llevó el premio fue Rangiku, que casi deja sordo a medio palacio después de chillar tan fuerte de la emoción cuando la primera palabra más o menos clara que dijo la princesita fue una versión bebé de la palabra "abuela".
Si alguna vez existieron un rey y una reina que sintieron envidia por la suerte de una consejera, esos fueron ellos.
Noveno mes, Shimo se volvió un mini torbellino adorable, que tenía a todo el palacio corriendo tras ella. Sip, la princesita empezó a gatear, gatear por todas partes, todo el tiempo. Seguía babeando las cosas, pero ahora parecía más interesada en los juguetes, sobre todo los que tenían campanitas, le encantaba agitarlas, también había agarrado la mala costumbre de tirar sus cosas y todo lo que estuviera a su alcance, o al menos así lo hizo hasta que recibió una pequeña reprimenda de sus dos padres, que fue un regaño suave que la tuvo llorando una hora con ellos conteniéndose de consolarla, pero al menos después de eso dejó de romper las cosas. Ya decía papá y mamá con fluidez, aunque eso no haría a Rangiku desistir de seguir mofándose por haber sido la primera.
Las cosas en el reino iban bien, por mientras. Ahora ella acompañaba a su marido a las reuniones del consejo y participaba de las decisiones. Tenían un gran número de pedidos de reinos extranjeros para apoyarlos económicamente debido a las pérdidas de la guerra, y el consejo quería rechazarlos a todos, pero Karin pidió revaluar la situación y dar la ayuda con un precio, por supuesto, que incluiría el recibir gratis algún producto que el reino débil tuviera en exceso por todos los años que les costara pagar la deuda. Esto le pareció una buena idea conveniente al Consejo y Toshiro la felicitó alabando su habilidad para manipular a los idiotas seniles del Consejo, cosa que hasta la hizo contener una risa porque ella la primera vez que los vio en serio lo primero que pensó fue que eran unos idiotas seniles.
Diez meses y ya era imprescindible que siempre hubiera alguien vigilando atentamente a la bebé, que quería tocar todo, examinar todo como si cada cosa fuera más fascinante que la otra, y se había vuelto muy inquieta también. Gateaba más que nunca y hasta se paraba con ayuda, luego sola en su cuna, y después trató hasta de hacerlo sola, pero a Karin le daba demasiado miedo dejarla intentarlo y la rodeaba con los brazos, cosa que la ponía de mal humor.
Fue poco a poco que Shimo accedió a que se le permitiera pararse sola en el círculo protector de los brazos de su madre. Poco a poco, ella empezó a aprender a caminar en lo que Karin tomaba sus manitas con las suyas y guiaba sus pasos, sonriéndole y alentándola.
Eran momentos muy felices, pero la ex Kurosaki no podía evitar sentir un pinchacito de tristeza al observar la inmensa nostalgia e impotencia en los ojos de Toshiro al verla enseñarle a caminar a su hijita desde la silla de ruedas, observando desde lejos sin poder participar. Él realmente había sido un padre muy presente y dedicado, y le provocaba mucha pena ver lo dolido que estaba por no poder formar parte de algo tan importante en la vida de su heredera.
Llegaron los once meses de vida de su princesita y ella ya se notaba mucho más inteligente, señalando cosas y nombrándolas en su idioma bebé, hablaba mucho más y parecía tener más en claro lo que quería. Ya tenía dientes y hasta insistía en comer solita, quitándole la cuchara de las manos para llevarse ella misma la papilla a la boca, aunque seguía prefiriendo el beber del pecho. Estaba progresando mucho en el aprender a caminar, pero aún no lo lograba solita.
Llegó el cumpleaños número veintitrés de Toshiro y la princesa Momo vino de visita al palacio, junto con su marido y muchas maletas, anunciándoles a todos la sorpresa de que se iban a quedar un mes entero en el palacio para no tener que estar yendo y viviendo por todas las fiestas que se les aglomeraba en el fin e inicio de año.
Karin estaba encantada con la idea, sobre todo porque Shimo estaba cerca de dar su primer paso y quería que todos lo presenciaran.
A la hora de la cena, ordenó a los sirvientes correr un poco la mesa para tener más espacio y colocó a Shimo en el piso parada mientras la sostenía arrodillada, apreciando con ternura la mirada de determinación en sus ojitos turquesas y su peinado en una coleta bien peinada adornada por algunas flores.
Carraspeó para que la charla cesara y todos fijaran su atención en ella y su hija.
-Damas y caballeros.- masculló teatralmente haciendo reír a varios. –Estamos aquí reunidos porque a la bella princesita de Juubantai quiso darle un regalo de cumpleaños muy especial a su papi.- miró a Toshiro, que tenía sus ojos fijos en su hija. –Pero también decidió invitarlos ya que estaban aquí de colados.- más risas. –Ahora, guarden silencio absoluto por favor, y sean testigos de la más grande hazaña hasta ahora que nuestra heredera ha estado ensayando.- terminó con el tonito bobo y se inclinó más cerca de su hijita. -¿Lista, mi vida?- susurró en su oído, sonriendo enormemente cuando ella le contesto con un "sí, mami" en idioma bebé.
Confiando en la miradita de determinación en sus ojitos, soltó a la bebita dejándola pararse en sus dos pies por sí sola y le hizo porras animándola cuando la vio dar un tambaleante pasito.
-¡Wow! ¡Está caminando!- Momo brinco de la emoción en su asiento.
Shimo dio otro paso y Karin la seguía de cerca, confiaba en ella pero eso no significaba que fuera arriesgarse a que se lastimara.
Dio otro paso, y otro, tambaleante pero sin caer, sonriendo pero mirando atentamente a sus piecitos, pero luego alzó la vista y cambió su rumbo derecho a caminar hacia su padre, que la miraba con los ojos muy abiertos.
Karin sonrió al verla tomar más confianza en sus pasitos al dirigirse hacia su papá, pero entonces la pequeña extendió los brazos hacia él y trastabilló, tropezándose y a punto de caer de cara golpeándose con una de las grandes ruedas de la silla de ruedas del rey, pero por más que el rey y la reina se lanzaron a tomarla en brazos desesperadamente, fue Niki quien alcanzó a tomarla en brazos primero antes de que llegara a golpearse.
De inmediato la ex Kurosaki la agarró y puso una gran sonrisa en su rostro para no asustarla y que creyera que acababa de hacer algo malo o probablemente se traumaría y no querría volver a intentarlo.
-¡Muy bien, mi vida, muy bien!- le dio muchos besitos hasta hacerla reír y dar palmadas. Bien, no se traumaría. Entonces, notó a Toshiro posar las manos en las ruedas y comenzar a retirarse lo más rápido que podía del comedor. –Ehh… Rangiku-san, cuida a Shimo, por favor.- le dio a la niña y siguió a su esposo ante la mirada atónita de todos los presentes. -¡Toshiro, espera!- lo llamó.
-¡Déjame solo, por favor!- gritó entrando a un cuarto cualquiera, pero antes de que pudiera cerrar la puerta ella alcanzó a meterse a lo que era un almacenamiento de cajas a oscuras, que solo iluminaba tenuemente la luz del pasillo.
-No de nuevo esta mierda del "veté por favor".- rodó los ojos. -¿Qué fue eso? ¿Por qué te fuiste? Es muy importante para la bebé tener tu apoyo como su padre en un momento como este y tú no puedes…-
-¿Apoyo?- sonrió amargamente. -¿Cómo esperas que la apoye?- apartó la mirada, sus ojos aguándose. –Ni siquiera puedo tomarla en brazos sin ayuda, no cuando camina hacia mí, yo… no la alcanzaba. No es que no llegara, no la alcancé porque soy un inútil.- bajó la cabeza y golpeó con fuerza la pared con el puño. –No pude ayudarla, casi dejó que se lastime solo por… por esta mierda.- golpeó con furia la silla a la que estaba condenado. –No puedo apoyarla.- sollozó.
-Toshiro.- conmoviéndose un poco por su dolor, Karin tomó su rostro entre sus manos y lo hizo alzar la vista. –Deja de decir esas cosas tan horribles.- mandó con fiereza. –No eres un inútil, y puedes apoyar a tu hija, y no necesitas correr detrás de ella para hacerlo. Solo sonríele, dile que la amas, que estás orgulloso.- sonrió alentadoramente. –Es todo lo que necesita.- aseguró.
-Karin…- él se la quedó mirando con los ojos muy abiertos, y ella pensó que finalmente lo había hecho comprender y que dejara de decir tantas idioteces, pero entonces lo sintió.
Sintió sus labios presionarse contra los suyos.
Abrió los ojos como platos ante el toque frío, pero suave y dulce, tímido y vacilante mientras tiernamente moldeaba su boca con la suya. Y entonces le dio una gran bofetada que le volteó el rostro y dejó su mejilla roja.
-¡¿PERO QUÉ HICISTE?!- los recuerdos llovieron frenéticos en su mente, horribles, frescos como si hubieran sido ayer. –Estábamos bien…- sollozó, con las lágrimas cayendo sin remedio por sus mejillas. –Todo estaba bien…- escupió al suelo, limpiándose la boca desesperadamente. -¡¿Por qué lo arruinaste?! ¡¿POR QUÉ ARRUINAS TODO?!- volvió a abofetearlo, fuerte y en el mismo lugar. -¿Por qué lo hiciste?- sollozó tapándose los ojos como si eso pudiera lograr que dejara de ver todos los recuerdos espantosos.
-¡L-lo siento!- tartamudeó él desesperadamente, como si no supiera que hacer o qué decir. –N-no… no sé qué me pasó… P-perdóname…- su voz era pequeña, arrepentida. –Perdón… s-solo que… s-sabes que te amo y yo… no me pude controlar, yo…-
-¡Deja de hablarme de amor!- eso era lo peor que podía hacerle, eran como dagas en su corazón. -¡No me importa tu amor, no quiero tu amor!- siguió sollozando.
-Pero lo tienes.- su voz de pronto cobró algo de valor. –Lo tienes y yo haría lo que sea por ti. Te amo, en serio, si hay algo que pueda…-
-¡CÁLLATE!- lo cortó de manera contundente. –Y entiéndelo.- lo miró ferozmente a través de sus lágrimas. -No importa cuántas veces digas que me amas, te odio, y ya es demasiado tarde para que cambies eso.- él pareció mortalmente devastado y ella no sintió más compasión alguna. –Mételo en tu cabeza, y agradece que no me voy y me llevó a mi hija en este momento.- volvió a escupir al suelo y se fue de allí solo para correr a su habitación, donde se lanzó a su cama a llorarse la vida esperando que Rangiku o Momo decidieran secuestrar a Shimo y cuidarla por esta noche.
Ella estaba demasiado destrozada y sumida en el odio y el rencor como para ser lo que su hija necesitaba en ese momento. Era un fracaso como madre, una inútil. Y todo era culpa de Hitsugaya Toshiro.
Continuara...
Holaaaaaa! :D
Lamento el retraso, pero he estado algo enferma, y estoy a fin de año y tengo q cerrar todas mis materias bien o sera precioso tiempo de vacaciones perdido y excusas, excusas, excusas :v
Bueno, lamento mucho si he estado dando demasiado la lata con este fic nwnU Pero tengo que desarrollarlo cuidadosamente para lograr darle el final que quiero darle y me temo que cada parrafo es necesario así que si les gusta lean y si no solo esperen mis OS's xP
No sé, pero ultimamente me ha tocado ver a personas que leen historias mías que realmente no les gustan pero las leen porq en general les gusta el resto de lo q yo escribo, y amados lectores, no tienen por qué xD No van a herir mis sentimientos si no les gusta algo o varias cosas de lo q escribo, yo soy la primera q entiende cuando a alguien le desagrada mi contenido, sé que soy muy WTF o dramatica o cursi o todo junto XD
Jeje, hablando de WTF, dramatico y cursi, estoy segura de q este cap lo fue :'v Pero era necesario para la trama o3o
Pero para q no me odien, en mi pagina de Facebook mañana dejare lo q es el titulo del proximo capitulo, q estoy segura les dara una idea muy buena de lo q va a pasar ;D
Mmm, veo q este fic ha creado bastante polemica, más de la q esperaba :P No se preocupen, ahora todo parece oscuro, pero quién sabe lo q pasara mañana owo
Ahora, volvemos a las elecciones XP Qué quieren q sea lo proximo q suba? Capítulo 12 de Mi Rey? O One-shot? Decidan! n.n
Ok, ya dejo de joder y los personajes del Kubo xS
COMENTEN! *o*
CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
