En la semana pasada nos encontramos con el nuevo Santo de Lobo, Yoshitomi, con quien Kouga ha tenido la fortuna de toparse, ambos buscarán abrirse camino entre los Martian, y salir al rescate de sus camaradas.
Capítulo dieciocho
El lobo no está solo
– ¡Malditos sean estos Martian!
– ¿Los conoces?
– Sí, es parte de la razón por la cual me encerraron aquí, descubrí demasiado sobre ellos y sobre el director, Ionia.
– Ah, ¿y qué cosas descubriste?
– Pues… Bastante, no es tiempo para decirte ahora, ¡acelera, rápido!
– Lo que digas…
Los dos jóvenes Santos iban codo a codo para poder salir de los túneles subterráneos donde se encontraban, a menudo se hallaban con derrumbes que caían por los potentes relámpagos que golpeaban en la tierra, o callejones sin salida y debían volver sobre sus pasos, vagaron en los túneles casi cinco minutos, hasta que Yoshitomi de Lobo oyó pasos aparte de los propios y su compañero, Kouga de Pegaso, se ocultó en la oscuridad, y oyó con atención.
– Dentro de nada, el señor Mars acabará con todo, ¡el Santuario no será más que ruinas! – Escuchó decir a alguien de voz chillona.
– Sí, será una victoria fácil cuando acabemos con los Santos de Oro que no se nos han aliado.
– ¡¿Santos de Oro…?! ¿Que no se aliaron? – Se alarmó mucho Yoshitomi, conocía bastante información, pero no tanta como para que haya aún más traidores, además de Ionia. – Esto es… ¡Es imposible! ¡No solo perderemos a los de Oro, sino que tendremos a algunos tan poderosos como ellos en contra! ¿Cómo ganaremos aquí? ¡Si todo va como aprendí de mi hermano…! ¡La Palestra será destruida, no habrá Santos de Bronce prácticamente, y los de Plata seguro morirán a manos de Mars! – Estaba rígido en su postura, pero apretaba los dientes con rabia, mientras Kouga lo miraba con preocupación.
– Eso… No es muy bueno, ¿no? – Preguntó con la voz un poco alta.
– ¡Silencio! – "Gritó" en voz baja. – ¡Si nos oyen quizás huyan o nos ataquen, necesito oír más!
– Oíste suficiente, lobito. – Oyó, se volteó instintivamente, y sin pensarlo dos veces, actuó con velocidad, mientras daba un salto hacia atrás y empujaba a Kouga.
Fuji Ryu Ninpo Iwatogeshi!
(Estilo Ninja Fuji: ¡Muro de piedra!)
Cruzó los dedos en sus manos, los movió con velocidad, y al apuntar a la puerta del túnel, hizo cerrarla al crear una pared hecha con tierra y piedras.
– ¡Escapemos, Kouga! – Le advirtió y ambos se echaron a la carrera.
Al poco tiempo de correr, oyeron como se derrumbaba la pared recién levantada, lo que significaba que estaban en su búsqueda. Corrían casi a ciegas por los túneles, Yoshitomi mostraba habilidad a pesar de la falta de visión, pero Kouga parecía pisar huevos a cada paso que daba. En un momento, Yoshitomi se esperanzó al ver luz al final de un túnel, lo siguió rápidamente para escapar de una vez, sin embargo, se llevó una sorpresa poco agradable, intentó atravesar hacia el exterior a toda velocidad, sin embargo, solo atravesó una gigantesca sala en la cueva, sin más salida que la propia entrada, estaba totalmente iluminada por antorchas.
Entonces, sus cazadores aparecieron en ese momento. Eran Martian, efectivamente, no parecían de muy alto rango a excepción de uno con contextura bastante grande, llevaba un mazo gigantesco, recargado con bolas de pinchos, mientras el otro, algo más pequeño, llevaba una espada totalmente de acero, firme y recta.
– ¡Destrocémoslos, hermano! – Dijo el más pequeño, el grande respondió con sonidos guturales e incomprensibles.
– ¡No tenemos tiempo para perder con ustedes! ¡Kouga, tú ataca al del mazo, el de la espada déjamelo a mí!
– ¿Por qué tú das todas las órdenes?
– ¡Porque eres un imbécil! ¡Anda, ataca!
Apenas había tiempo de prestar atención a la escena, Yoshitomi se había lanzado veloz contra su oponente que blandía la espada, con ella preparaba contraatacar los ataques del Lobo. Se escuchó un fuerte sonido metálico.
– ¡Ugh…!
– ¡Agh…!
Los dos estaban forcejeando, el Martian había lanzado un ataque desde arriba, pero agachándose ligeramente, Yoshitomi lo detuvo utilizando un pequeño kunai oculto, debía hacer mucha fuerza para no cesar ante el tamaño y peso de la espada.
– Uno… ¡Dos, tres!
Contó rápido, y apenas llegó al tres, se movió hacia su derecha, soltando el kunai, que caía junto al Martian, al no habar predicho la situación, ejerció fuerza de más y caía directo al suelo. Antes de que cayera, el Lobo hizo una arriesgada maniobra al tomar la hoja entre sus palmas, giró a un costado, y lo hizo caer al suelo, antes de que tuviese oportunidad de levantarse, se hizo con la espada, ya que su enemigo la había soltado, posteriormente, la alzó en el aire, y el Martian detectó la intención perfectamente, ya sentía una herida en el pecho, la sangre brotándole, su dolor interminable, y su muerte… Solo escuchó como su casco se rompía, y se desmayó.
– Creo que con eso lo asusté bien. – Se rió un poco.
En tanto, Kouga evadía como podía los ataques de su enemigo, intentaba atacarlo pues era muy torpe para moverse, sin embargo, estos golpes no eran útiles, los recibía como si fuesen una cosquilla. Yoshitomi estaba de espaldas, y Kouga alejado, el Martian estaba cerca y vio una clara oportunidad. Elevó el mazo, luego lo hizo descender, cortando el aire, dispuesto a destrozarle la cabeza.
– ¡NO!
Antes de que los pinches se encajaran en el despistado Yoshitomi, una mano la detuvo en el aire, estaba temblorosa, y le hizo saltar sangre de la palma. Cuando Lobo se dio cuenta, vio al Pegaso deteniendo el ataque, no solo le sorprendía la rápida reacción de Kouga y su audacia, sino, además, de su error al no darse cuenta el peligro.
– ¡Ahora sí, te tengo! – Kouga hizo elevar velozmente su Cosmos, rápidamente cubría todo su cuerpo, y le permitió incrementar su fuerza para poder abrir grietas en el arma del Martian con presionarla, hasta hacerla estallar en añicos. La mano izquierda de Kouga soltó aún más sangre y parecía haber perdido sensibilidad. – ¡Toma esto…! – Aún con su mano totalmente dañada, se agarró del mango del arma, se impulsó hacia arriba en un salto, flexionó el brazo derecho hacia atrás, mientras concentraba el Cosmos en su puño que brillaba cada vez con más energía.
Pegasus Senko Ken!
(¡Destello de Pegaso!)
Su puñetazo hendió el aire, y cruzó con fiereza el rostro del Martian, desgarró el casco con facilidad, Kouga simplemente golpeó todo el rostro pálido del Martian, cubierto por una melena oscura, toda su faz estaba rasgada por el puñetazo, de mentón hasta el cuero cabelludo había una marca grabada en rojo fuego.
– Este tipo… Casi pierde la mano para salvarme… No puedo dudar de él…
Kouga vio al tipo caer y se alegró de su victoria, pero luego volvió a la situación, y volteó a ver a un asombrado Yoshitomi, mirándolo fijamente.
– ¿Estás bien? ¿Llegó a golpearte? – Preguntó, sin preocuparse por su herida, y se acercó.
– Estoy perfectamente bien… Gracias a ti, Kouga de Pegaso. – Le sonrió, era la primera vez que lo veía sonreír.
– ¡Oh, vamos, no es nada! ¡Tú habrías hecho lo mismo por mí! – Contestó humilde, mientras se rascaba la cabeza con la mano herida, y ahí recordó que le dolía como un infierno.
– Lo dudo, Kouga, lo dudo…
– ¿Hm? – El Pegaso presintió algo, pero no estuvo atento por verse la mano sangrando.
– Nada, eh… – No comprendió como, pero ese ingenuo niño leyó algo extraño en su mente y lo hizo titubear.
– ¡Oh! ¡Hay que salir de aquí! Será mejor que salgamos a buscar una salida.
– No, aquí hay una salida, podemos salir por el techo, puedo percibir cómo todos caminan por la tierra constantemente. – Señaló el Lobo.
– Ya veo… ¿Pero cómo saldremos, Yoshitomi?
– Kouga de Pegaso… Puso su mano por mi pellejo… No merece mi desconfianza. – Meditó un segundo, con los ojos cerrados. – Kouga, no me llames Yoshitomi, ese no es mi nombre.
– ¡¿Eh?! ¡¿Cómo?! – Exclamó, desconcertado.
– Mi verdadero nombre es… – Se mordió los labios, pero finalmente habló seguro. – Haruto, Haruto de Lobo…
– ¿Haruto…? Ya… Veo. – Parecía tomárselo con calma, alzaba la vista, como no prestando atención, pero de repente le apuntó con su mano ensangrentada. – ¡¿Por qué me mentiste, Haruto?!
– Tienes razón de desconfiar de mí, intentaré contártelo rápido, por cierto, quítate el brazo de la Cloth. – Habló con tono frío como antes.
– ¿Eh? ¿Y cómo hago eso?
– Solo concéntrate un poco y harás que desaparezca, apresúrate, no hay tiempo.
– D–De acuerdo… – Cerró los ojos un momento, y logró lo que le habían pedido, la protección de su brazo se desvaneció al instante, Haruto le tomó el brazo y le miró la palma.
– Como imaginaba, el corte te lo hiciste tú, pero no tu Cloth, tienes una hendidura hecha por los pinchos de ese mazo. – Dame un segundo, te lo arreglaré rápido, mientras te cuento lo que ocurrió… Diablos, tiene un pincho dentro de él, tendré que quitárselo antes que le cause una infección.
Lo primero que hizo Haruto fue tomar uno de sus escondidos kunai, cuando Kouga lo vio se estremeció, pero Haruto logró calmarlo, le dijo que si no lo hacía, perdería la mano, y tuvo que aceptar. Mientras buscaba como retirar el pedazo metálico, haciendo una pequeña palanca con el arma, hacía gritar a Kouga como puerco a punto de ser sacrificado, con agudos que a Haruto le parecían demasiado… Poco varoniles. Hasta que finalmente la condenada pieza salió volando por los aires, Kouga la miró con odio, y luego con alivio, su martirio había terminado, ahora que lo escuchaba, Haruto empezó a hablar.
– Yoshitomi era mi hermano mayor… Bueno, así se puede decir, en realidad era mi maestro, pero yo lo consideraba mi hermano. – Comenzó, mientras se retiraba la venda que ataba su larguísimo cabello, este cayó hasta su cintura, como una cascada castaño oscuro que ondulaba de un lado al otro. – Él era el antiguo Santo de Lobo, de él heredé mi ClothStone, después de que fuese… – Se mordió el labio mientras ponía la larga venda en la mano de Kouga, y empezaba a enrollarla. – Asesinado.
– ¿L–Lo mataron? ¿Por qué?
– Sabía demasiado, descubrió secretos sobre Palestra, el viejo Ionia, y Mars, tenía información sobre los ataques que podrían realizar, y por eso se encargaron precisamente de eliminarlo, no contaban con que yo conocería sus secretos que guardaba por escrito, además de que recibiría la ClothStone del Lobo, seguramente notaron mi desconfianza hacia ellos, y se decidieron a atraparme para interrogarme sobre posibles rebeliones, por supuesto, no respondí, aunque eso le costó, y de hecho, le cuesta la estabilidad a mi estómago. – Le ajustó las vendas, Kouga se sintió más aliviado. – Son vendas especiales, están recargadas con mi Cosmos, ciertamente sería mejor si fuese el tuyo, pero definitivamente ayudarán a mantener la mano sin dolor, la podrás usar tranquilamente.
– Genial. – Se alegró Kouga. – Pero aún no me dices por qué mentiste sobre tu nombre.
– No me sorprende que este chico no pueda adivinarlo… Pues, ciertamente los días aquí, y el hambre, me han tenido algo… Paranoico, sabes, al ver que llegaste, temí que te harían pasar por un aliado mío para sacarme información, al ver que decidieron matarme en vez de tenerme captivo, y que casi pierdes tu mano por salvarme el pellejo, eso me ha hecho confiar en ti. – Confesó, con una pequeña sonrisa que resaltó sus ojos claros. – Usé el nombre de mi hermano pues él nunca lo reveló al enemigo, así, no podrías conocerlo… ¡Diablos!
Oyeron como empezaban a desprenderse piedras, junto a movimientos de tierra que parecían sacudirlos como si fuese una pequeña rata.
– ¡Kouga, hay que salir de aquí, ya!
– ¿Pero cómo?
– ¡Agárrate bien! – Le tendió la mano, Kouga agarró el brazo de la desesperación. – Maldita sea… – Giró la cabeza con una expresión sarcástica en los ojos. – ¡Bien, aquí vamos! – Se agachó un poco, y comenzó a elevar su Cosmos con gran velocidad.
– ¡Espera! – Kouga se soltó de repente.
– ¡¿Qué diablos quieres…?!
– ¡Tengo una idea de cómo salir de aquí! ¡Quiero probarla!
– ¡Kouga…! – Haruto se asustó cuando vio que el lugar se desmoronaba más.
– ¡Déjame intentar!
– ¡INTENTARÁS EN EL INFIERNO, IMBÉCIL! – Haruto no había parado de incrementar su Cosmos, tomó rápido el brazo de Kouga.
Fujiryu Ninpo Nozuchi Kazuki!
(Estilo Ninja Fuji: ¡Serpiente de Tierra Destructora!)
Con el impulso de su Cosmos, Haruto y Kouga se despegaron del suelo envueltos en un aura verde, como si de un cometa se tratase, destruyó por completo el techo y lo atravesó. Sintió como las gotas de agua rozaron su rostro, estaban ya en la superficie, una intensa lluvia imparable caía sobre ellos, empapándolos, pero ya estaban fuera, y eso era lo importante. Subieron dos metros más de la superficie, Kouga calló de llano en ella, mientras Haruto, preparado, colocó sus pies para detener la caída rápido.
– ¡Kouga…! ¡Mira! – Haruto le señaló algo, pero Kouga no pudo verlo bien, la lluvia cubría mucho la visión, además de la noche, los incesantes relámpagos.
– No… Veo nada, Haruto. – Dijo al recomponerse de la caída y levantarse.
– ¡Martians! ¡Están todos atacando a los alumnos! ¡Aún están vivos, no podemos dejar que termine así! ¡Apresúrate!
– ¡Souma…! ¡Ryuuhou, Yuna! ¡Todos están ahí, hay que ir a ayudarlos!
– ¡No hay tiempo que perder, Kouga, prepárate, esta vez no somos dos contra dos, sino que lucharemos contra todo un ejército! ¡Rápido!
– ¡Por supuesto que estoy preparado! ¡Nací para luchar por Athena!
– Heh. – Sonrió de costado. – ¡Vamos…!
