La niebla de colores comenzó a disiparse dejando ver a cuatro personas, dos hombres y dos mujeres, eran jóvenes no tendrían más de treinta años, parecían desorientados. Cada uno iba vestido del color de la niebla en la que habían aparecido, por sus ropas parecían sacado de una feria medieval o eso pensaron los padres de Hermione que eran los únicos que no tenían idea de quienes podrían ser esas personas y no estaban tan sorprendidos como los demás, después de lo que habían visto y leído se esperaban cualquier cosa.

Los extraños parecieron darse cuenta de donde estaban y que habían un montón de gente observándolos, uno de los hombres dio un paso hacia ellos y para sorpresa de todos en vez de apuntarles con la varita desenfundó un magnifica espada adornada con rubíes que Harry reconoció al instante, el hombre se colocó delante de los otros como protegiéndolos.

- ¿Quiénes sois vosotros? ¿Por qué estamos en la sala de los Menesteres? ¿Cómo nos habéis traído aquí y como habéis entrado vosotros? – preguntó, bueno más bien exigió una respuesta, los otros estaban desde preocupados hasta curiosos e intrigados por lo que estaba pasando. Nadie le contestó pero eso hizo que salieran del shock y empezaran a fijarse bien en los extraños. El hombre que les amenazaba con la espada era alto, iba vestido al estilo de juego de tronos, llevaba una capa roja con un león amarillo dibujado, los otros iban vestidos parecido solo cambiaba el color de la capa y el animal dibujado, en cualquier momento aparecerían Merlin y Arturo y podría empezar la reunión de la mesa redonda… O quizá estuvieran esperando a Gandalf para llevar el anillo a Mordor, quien sabe pero si iban a pedirles ayuda para eso Harry se negaría ya tenía demasiados problemas que se buscaran un hobbit insensato… Esto… en donde estaba que me he desviado un poco, ah sí, el hombre de la espada tenía el pelo negro aunque con algún tono rojizo en algunas partes, tenía una expresión decidida, orgullosa y algo arrogante y tenía un aire familiar, parecido a algunos presentes. El otro hombre era un poco más alto, iba vestido de verde, tenía el pelo castaño un poco más largo que el otro hombre, les observaba con curiosidad, podría haber pasado fácilmente por miembro de la familia Black. Una de las mujeres era rubia, tenía los ojos de un gris tormentoso e iba vestida de azul, también les miraba curiosa, parecía que estuviera analizando todo lo que había pasado buscando una respuesta a la vez que los analizaba.

La otra mujer era pelirroja, aunque tenía el pelo oscuro casi castaño, iba vestida de amarillo y negro, tenía una expresión bondadosa lo que la hacía parecerse un poco a Molly Weasley un poco más joven, en ese momento parecía un poco preocupada y se había colocado justo detrás del hombre de rojo y les apuntaba con la varita.

- Tranquilícense mis señores, se encuentran ustedes en el colegio Hogwarts de magia y hechicería y puedo asegurarles que no corren ningún peligro. – dijo Dumbledore adoptando un tono y una forma de hablar propio de la Edad Media. Habia sido tan espontaneo y natural que muchos volvieron a preguntarse qué edad tendría Dumbledore.

El hombre de la espada se giró hacia él, al verle su expresión se relajó y soltó una carcajada.

- Vaya Merlín, no esperaba verte aquí, así que ha sido cosa tuya ¿eh? Debí imaginarlo

- Me alaga que me confunda con Merlín joven, pero he de decirle que no soy él – contestó Dumbledore – mi nombre es Albus Dumbledore, director del colegio Hogwarts.

Eso pareció confundir bastante al hombre - ¿Cómo que director?... – preguntó pero fue interrumpido por la mujer rubia.

- Disculpe señor Dumbledore pero que año es este – preguntó amablemente, tenía una expresión que al director le sonaba de algo.

- Nos encontramos en el año 1977 – la mujer no pareció sorprenderse como si esperara una respuesta parecida. El de la espada soltó una carcajada.

- Os dije que no era buena idea hacerle cosquillas a un dragón dormido, su estornudo nos ha mandado mil años al futuro. – Siguió riéndose un poco – bueno tendré que presentarme – hizo una reverencia – buenas gentes del futuro Hogwarts estáis ante el gran Godric Gryffindor. – Les guiñó el ojo a Lily y Ginny.

- Yo soy Helga Hufflepuff – continuó la mujer pelirroja después de darle una colleja a Godric.

- Salazar Slytherin – se presentó el otro hombre, inclinando la cabeza a modo de saludo.

- Y yo soy Rowena Ravenclaw – terminó la otra mujer, sonriente.

Todos se habían quedado en shock otra vez, lo habían sospechado pero todavía no terminaban de creerse que los fundadores estuvieran allí realmente.

- ¿Cómo habéis hecho para traerlos? – le susurró Sirius a su hijo

- No tengo ni idea de que ha pasado, no hemos sido nosotros – contestó el chico. Dumbledore le escuchó.

- Mis señores, no sabemos por qué han aparecido aquí – les explicó el director – ¿es posible que al estar realizando viajes en el tiempo hayan acabado aquí por casualidad? – les preguntó

- Es una posibilidad – contestó Rowena, que estaba perdida en sus pensamientos

- En efecto, el estornudo de ese dragón fue muy fuerte, además parecía muy enfadado. – empezó Godric con una sonrisa. Todos rieron por eso.

- ¿puedo preguntar por qué estáis viajando en el tiempo? – intervino tímidamente Helga.

- Nos encontramos leyendo unos libros sobre la vida de estos jóvenes, que vienen de otro año, dentro de casi 20 años, y nos lo ha traído ese joven de allí que es de muchos años más en el futuro y venia con otra señorita que ahora mismo no estamos seguros de donde esta – explicó Dumbledore – los libros nos ayudaran a derrotar a un malvado mago tenebroso y a salvar muchas vidas en las guerras que se avecinan.

- Genial – decidió Godric mientras se sentaba – pues vamos a leer – miro a los otros fundadores – vamos sentaos.

Una vez se hubieron sentado y James le había pedido a Lily que le pellizcara para comprobar que estaba despierto, les explicaron todo lo que había pasado hasta ahora en el libro.

- ¿Así que os quedasteis en la selección? Genial, será divertido.

- ¿Y aparecimos aquí cuando el sombrero cantó la canción? – preguntó Rowena, todos asintieron y ella se quedó pensativa.

- Se nos ocurrió una buena forma de seleccionar a los alumnos ¿no creéis? – les dijo Helga.

- Pues sí, aunque echare de menos ese sombrero, aunque estoy deseando oírle cantar, ¿podemos volver a oír la canción? – pidió poniendo cara de cachorrito.

- Por supuesto, así que continuemos con la historia…